Mostrando entradas con la etiqueta Justicia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Justicia. Mostrar todas las entradas

sábado, 4 de junio de 2011

El vestido de bodas / Lección 11, para el 11 de junio de 2011 + recursos y descargas

Sábado 4 de junio

Lee Para el Estudio de esta Semana: Mateo 21; 22:1-14; Apocalipsis 21:2, 9; Eclesiastés 12:14; Daniel 7:10; Génesis 3:9-19.

Para memorizar: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Rom. 8:1).

LA HISTORIA CRISTIANA TIENE MUCHAS PÁGINAS OSCURAS. Profesos seguidores de Cristo han hecho cosas horribles y la profecía indica que se hará todavía más mal, en el nombre de Cristo, antes de que él retorne.

Las parábolas que consideraremos esta semana son fascinantes, y revelan la triste verdad de que no todos los que profesan seguir a Cristo lo hacen. Por supuesto, ¿quién puede juzgar entre los fieles y los infieles? ¿Quiénes somos para mirar “la paja que está en el ojo de tu hermano, y no [...] ver la viga que está en tu propio ojo”? (Mat. 7:3). Solo Dios puede hacer ese juicio.

“Los convidados a la fiesta del evangelio son aquellos que profesan servir a Dios, aquellos cuyos nombres están escritos en el libro de la vida. Pero no todos los que profesan ser cristianos son verdaderos discípulos. Antes de que se dé la recompensa final, debe decidirse quiénes son idóneos para compartir la herencia de los justos. Esta decisión debe hacerse antes de la segunda venida de Cristo en las nubes del cielo; porque, cuando él venga, traerá su galardón consigo, ‘para recompensar a cada uno según sea su obra’ (Apoc. 22:12)” (PVGM 251, 252).


DÍAS DE FERVOR
Domingo 5 de junio

Mateo 21, al contar algunos de los últimos días del ministerio de Jesús, está lleno de drama, tensión y excitación. También revela la alarmante capacidad de nuestros corazones de engañarnos, y el poder del mal para cegar nuestras mentes aun a las verdades más obvias. Es fácil, ahora, mirar hacia atrás y pensar: ¿Cómo pudieron esos líderes ser tan duros, tan ciegos, frente a toda la evidencia que Jesús les había dado?

Sin embargo, no debemos engañarnos. ¿Hay alguna razón para pensar –aun con tanta luz– que somos muy diferentes? ¿No mostramos, a veces, una indiferencia obstinada hacia la verdad, especialmente cuando ella interfiere con nuestros pecados favoritos y nuestra mundanalidad? Claro, Cristo murió por nosotros, y el perdón está disponible para todos. Pero, esas mismas palabras también pueden decirse de las personas que aparecen en este capítulo, los que le dieron las espaldas a Jesús y actuaron contra él. Cuán cuidadosos debemos ser, porque nos engañamos a nosotros mismos al pensar que no podemos ser engañados.

► Lee Mateo 21 completo, que es la espina dorsal de la parábola del capítulo siguiente. ¿Cuál es el tema básico del capítulo? Si tuvieras que dar un resumen de él en pocas palabras, ¿qué dirías? ¿Qué lecciones espirituales podemos obtener para nosotros mismos?

Las últimas dos líneas son las más fascinantes de todo el capítulo. No importa cuán endurecidos estuvieran los corazones del pueblo hacia Jesús, algo de su mensaje les llegó, porque sabían que él había estado hablando de ellos. Una cosa hubiera sido si no captaban nada, pero no fue así. Ese era el problema: parecieron haberlo entendido lo suficiente para querer sacar a Jesús del camino. Cuán fascinante era el hecho de que las multitudes judías atraídas a Jesús refrenaban a los líderes para no arrestarlo. Cuán triste es que quienes deberían haber sido maestros de los demás eran quienes tenían más que aprender y, en muchos casos, nunca lo aprendieron. Cuando finalmente lo hagan, será demasiado tarde (Rom. 14:10).


LA INVITACIÓN DEL REY
Lunes 6 de junio

Una cosa es tener un casamiento. Otra cosa es que un rey tenga un casamiento. Y ser invitado a un casamiento celebrado por un rey para su propio hijo debió haber sido realmente un gran honor. Las imágenes de unas bodas aquí, específicamente del hijo, son una referencia obvia a la relación entre Jesús y su iglesia (Apoc. 21:2, 9; Efe. 5:21-23).

► Lee Mateo 22:1 al 8. ¿Cuál es la relación de esta parte de la parábola con lo que vimos en el capítulo anterior? ¿Qué tema aparece aquí?

Nota, también, que el rey hizo todos los preparativos: arregló el casamiento, preparó la cena, hizo matar a los animales. De hecho, el mensaje era: “Todo está listo; vengan a las bodas”. Al final, todo lo que la gente debía hacer era aceptar lo que se le ofrecía.

Además, nota los factores que hicieron que la gente despreciara la invitación. Algunos no la tomaron en serio, no creyeron que era importante. Eso podría simbolizar a los que hoy no toman en serio las demandas de Dios, que por diversas razones no se abren a la verdad. Otros “se fueron”. Jesús dijo que el camino a la salvación es angosto (Mat. 7:14); la gente encuentra toda suerte de excusas para evitar y rechazar la invitación. Para otros, el atractivo fueron sencillamente las cosas materiales. Y, finalmente, mientras algunos simplemente ignoraron la invitación, otros hasta persiguieron a los que la daban. Cualquiera que haya sido la razón, todos quedaron afuera. Piensa, además, acerca de las palabras del rey, que dijo que los que habían rechazado la invitación “no eran dignos”. ¿Cómo entendemos esto, a la luz de la universalidad de todos los pecados humanos y su condición pecaminosa? ¿Hay alguno de nosotros que realmente sea digno de ser invitado a la fiesta del rey? Al final “ser digno”, en el sentido bíblico, proviene de lo que Cristo hace por nosotros; nuestra dignidad no está en nosotros mismos sino en lo que permitimos que Dios haga por nosotros y en nosotros.

► De las razones que dieron los que rechazaron la invitación, ¿cuál encuentras más difícil de manejar en tu propia vida? ¿Qué promesas puedes reclamar que te permitirán resistirla?


LOS QUE FUERON A LA FIESTA
Martes 7 de junio

Después de que fueran rechazadas dos llamadas, el rey envió ahora otra: esta vez a “cuantos halléis” (Mat. 22:9), y ordenó a sus siervos que los invitaran a las bodas. Sin embargo, esta vez, la recepción fue diferente porque, de acuerdo con el texto, ellos salieron y “juntaron a todos los que hallaron” (Mat. 22:10).

► Lee el resto de la parábola (Mat. 22:9-14). ¿Quiénes vinieron a la fiesta de bodas? ¿Qué significa que fueron “juntamente malos y buenos”?

¿Notaste alguna vez que algunas de las personas más detestables, más mezquinas y más odiosas son profesos cristianos? ¿O que algunas de las personas más criticonas, hipócritas y malvadas son las que van a la iglesia, que reclaman las promesas de salvación y que profesan la certeza de la salvación?

Esto no es nada nuevo. ¿Cómo entendemos, por ejemplo, la fe de los Cruzados, tan dedicados al Señor Jesús que saquearon y despojaron a los que encontraban en su camino a la Tierra Santa? Un testigo ocular informó que “nuestras tropas hirvieron a adultos paganos en grandes vasijas. Empalaron a niños en palos agudos y los devoraron asados”. ¿Cómo pudieron esos horrores hacerse en el nombre de Jesús?

Es fácil (dices tú): Esta gente no eran cristianos reales. Pero ¿cómo lo sabes? ¿Cómo puedes juzgar sus corazones, qué se les enseñó, qué oportunidades tuvieron de saber mejor? ¿No podría ser que algunos más tarde se hayan arrepentido, reclamando las mismas promesas de perdón y gracia que nosotros reclamamos? ¿Qué dices acerca de los horrendos actos de quienes resultaron ser, al parecer, almas muy piadosas? ¿Quiénes somos nosotros para juzgar los corazones?

No deberíamos juzgar, pero Dios lo hace, debería hacerlo y lo hará (Rom. 14:10; Heb. 10:30; Ecl. 12:14; Dan. 7:9, 10). Los Adventistas del Séptimo Día llamamos a esto el “juicio investigador”, y se revela en esta parábola.

► Piensa en algunas de las cosas que han sido hechas por profesos cristianos a lo largo de la historia y, a veces, en el nombre de Jesús. ¿Cómo nos ayuda esta parábola a comprender la manera en que Dios los tratará con justicia?


SIN EL VESTIDO
Miércoles 8 de junio

► ¿Qué representa el vestido de bodas en la parábola? ¿Por qué el rechazo del vestido es, literalmente, un asunto de vida o muerte eterna?

A menos que uno crea en “una vez salvo, siempre salvo”, ¿cuál es el problema con la idea de que Dios, en algún momento de la historia, en forma final y definitiva, separará el trigo de la cizaña (Mat. 13:24-30); los prudentes, de los insensatos (Mat. 25:1-13); los fieles, de los infieles (Mat. 25:14-30); y los que realmente están cubiertos por su justicia, de los que no lo están (Mat. 22:1-14)? ¿Los separará de entre los que han profesado seguirlo, especialmente cuando algunos de ellos hicieron y podrían todavía estar haciendo cosas horribles, tal vez aun en su nombre?

¿No habrá algún tipo de arreglo de cuentas, al final, entre los verdaderos y los falsos que reclaman las mismas promesas de salvación que nosotros siempre hacemos, especialmente en una religión cuya base es que eres salvo por lo que otro hizo por ti?

Piensa: si la salvación fuera puramente por nuestras obras, sería fácil; basta hacer la suma de todas ellas. Pueden alcanzar el nivel o no. Punto. Pero, en una fe donde la salvación descansa en los méritos de lo que algún otro ha hecho por nosotros, una fe en la cual la justicia necesaria para la salvación existe en otro fuera de nosotros, el problema llega a ser más sutil, más lleno de matices. Por eso, el juicio de Uno que nunca comete errores parecería más necesario aquí que en una religión en la que las obras son la norma.

Y ¿acerca de qué trata esta parábola? De entre los que han profesado seguirlo, Dios separa lo verdadero de lo falso. Y ¿cuál es el factor decisivo? Es si ellos han sido revestidos con la maravillosa vestidura de justicia que Cristo ha ofrecido gratuitamente a todos.

► Esta parábola hace una distinción importante entre ser miembro de una iglesia y ser un pecador salvado por la justicia de Cristo. Claramente no son lo mismo. Considera tu vida, tus actos, tus acciones, tus palabras, tus pensamientos, tus actitudes hacia amigos y enemigos. ¿Reflejan si estás vistiendo el manto de justicia o si eres alguien que solo ha venido a la fiesta?


LA INVESTIGACIÓN
Jueves 9 de junio

Como ya se dijo, a menos que creas que una vez que la persona es “salvada” nunca puede caer, es difícil imaginar que Dios no hiciera una separación final entre los que están vestidos con su justicia y los que solo pretenden estar vestidos así. De eso se trata esta parábola. Otra vez, para una religión basada no en nuestras obras sino en las obras de algún otro por nosotros (que reclamamos por fe), ¿cómo no habría una separación divina final?

► Lee Eclesiastés 12:14 y 1 Corintios 4:5 a la luz de Mateo 22:11. ¿Cuál es el punto que tienen en común, y por qué eso es importante?

Como adventistas del séptimo día, sabiendo de la gran controversia (Apoc. 12:7-9; 1 Ped. 5:8; Job 1, 2) y del interés del universo entero en este gran conflicto (Dan. 7:1-9; 1 Cor. 4:9; Efe. 3:10), fácilmente podemos rechazar el argumento –tomado de 2 Timoteo 2:19, “Conoce el Señor a los que son suyos”– usado contra la idea de que una investigación de las obras es bíblica. El Señor conoce a los suyos, pero el resto del universo, incluyéndonos a nosotros mismos, no.

Debemos recordar el cuadro grande: el interés de todo el universo en lo que está sucediendo aquí con el pecado, la rebelión, la salvación y el plan de Dios para tratar con todos de una manera abierta, justa y equitativa.

La idea de un juicio presupone una investigación. Considera Génesis 3:9 al 19: desde el primer momento después de que entró el pecado, Dios se involucró directamente, haciendo preguntas para respuestas que él ya conocía. Así como esta “investigación” no era para sí mismo (ayudó a Adán y a Eva a comprender la gravedad de lo que habían hecho), lo mismo puede decirse del “Juicio Investigador”: no revela nada nuevo para Dios; es para el beneficio de otros.

Así como en Génesis, donde la gracia de Dios predominó sobre la sentencia de muerte (ver Gén. 3:15), su gracia hace lo mismo para todos los verdaderos seguidores de Dios, ahora y en el Juicio, ¡cuando lo necesitan más!

► ¿Una investigación de tus obras? ¿Sorprende que necesites que la justicia de Cristo te cubra todo el tiempo, o que la salvación tenga que ser por gracia y no por obras? ¿Qué esperanza tendrías si, cuando todas tus obras sean investigadas, no tuvieras el manto de Cristo cubriéndote?


PARA ESTUDIAR Y MEDITAR
Viernes 10 de junio

► Lee “Ante el tribunal supremo”, Palabras de vida del gran Maestro, pp. 249-260.

“Pero el plan de redención tenía un propósito todavía más amplio y profundo que el de salvar al hombre. Cristo no vino a la tierra solamente por este motivo; no vino meramente para que los habitantes de este pequeño mundo acatasen la ley de Dios como debe ser acatada; sino también vino para vindicar el carácter de Dios ante el universo” (PP 55).

“Sin embargo, Satanás no fue destruido entonces. Los ángeles no comprendieron ni aun entonces todo lo que entrañaba la gran controversia. Los principios que estaban en juego habían de ser revelados con mayor plenitud. Y, por causa del hombre, la existencia de Satanás debía continuar. Tanto el hombre como los ángeles debían ver el contraste entre el Príncipe de la luz y el príncipe de las tinieblas. El hombre debía elegir a quién quería servir” (DTG 709).

► PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

1. Piensa en la historia cristiana, piensa en las cosas terribles realizadas por cristianos profesos y, a menudo, en el nombre de Jesús. Piensa en cómo las personas usaron su fe como cubierta, como manto, como justificación de algunos crímenes horribles. ¿De qué modo este hecho desafortunado nos ayuda a comprender mejor la necesidad de separación entre los profesos seguidores de Jesús, como se revela en esta parábola y en otros textos de la Biblia?

2. Elena de White aclara bien que el manto de Cristo representa la justicia de Jesús que no solo nos cubre, o justifica, sino también nos cambia a su imagen y nos permite reflejar su carácter en nuestras vidas. ¿Cómo debemos entender las diferencias entre estas dos verdades esenciales, y por qué es importante que lo hagamos?
3. Reflexiona sobre la realidad de la gran controversia y cuánto impacta e influye sobre nuestra teología como Adventistas del Séptimo Día. Abre tu Biblia y reúne todos los textos que puedas encontrar que muestren cuán bíblico e importante es este tema.

4. Jesús terminó su parábola del vestido de bodas con estas palabras: “Porque muchos son llamados, y pocos escogidos” (Mat. 22:14). ¿Qué piensas que quiso decir con esa afirmación, dado el contexto de la parábola?




► RECURSOS COMPLEMENTARIOS / DESCARGAS:

Lección de Adultos (pdf), haciendo clic aquí.
Weekly Bible Study Guide (html), haciendo clic aquí.
Notas de Elena G. de White (pdf), haciendo clic aquí.
Edición auxiliar para Maestros (pdf), haciendo clic aquí.
Libro Complementario (pdf), haciendo clic aquí.

Resumen de Estudio Alternativo / Walla Walla University (pdf), haciendo clic aquí.
Comentario del Dr. Jonathan Gallagher, para Pine-Knoll Publications & Sabbath School Ministries, haciendo clic aquí.

Lección de Cuna (pdf), haciendo clic aquí.
Lección de Infantes (pdf), haciendo clic aquí.
Lección de Primarios (pdf), haciendo clic aquí.
Lección de Intermediarios (pdf), haciendo clic aquí.
Lección Juvenil / El Universitario (pdf), haciendo clic aquí.

Misionero para Adulto (pdf), haciendo clic aquí.
Misionero para Niños (pdf), haciendo clic aquí.




Guía de Estudio de la Biblia para la Escuela Sabática: "Vestidos de Gracia: Vestiduras figuradas en la Biblia"

Periodo: 2° Trimestre / abril-junio de 2011
Autores: Equipo Guía de Estudio de la Biblia
Dirección general: Clifford Goldstein

Las Guías de Estudio de la Biblia son preparadas por la oficina de las Guías de Estudio de la Biblia para Adultos de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día. La preparación de estas guías ocurre bajo la dirección general de una comisión mundial de evaluación de manuscritos para la Escuela Sabática, cuyos miembros actúan como consultores. Las lecciones publicadas reflejan las sugerencias de la comisión, de modo que no representan exclusivamente la intención del autor de ellas.

Dirección editorial (en español): Marcos G. Blanco
Traducción y redacción editorial (en español): Rolando A. Itin



+ Leer más...

martes, 13 de julio de 2010

Lección 3: Todos hemos pecado / Comentario de Alejandro Bullón




Comentario del Pr. Alejandro Bullón
Nació en Perú, estudió y se graduó de Teología en el Seminario de la Unión Peruana. Trabajó diez años en su país como consejero de jóvenes, y luego fue invitado a continuar el desarrollo de dicho ministerio en el Brasil. Actualmente es evangelista de la
Voz de la Esperanza. Ex secretario de la Asociación Ministerial de la División Sudamericana de los Adventistas del Séptimo Día, y evangelista para toda América del Sur. Ha escrito varios libros, tales como "Conocer a Jesús es todo", "La crisis existencial", "Tú eres mi vida" y "Vuelve a casa hijo".



Guía de Estudio de la Biblia: "La Redención en Romanos".

Periodo: Trimestre 3 / julio-setiembre de 2010
Autor: Don F. Neufeld
Dirección general: Clifford Goldstein
Dirección editorial: Marcos G. Blanco
Traducción y redacción editorial: Rolando A. Itin

+ Leer más...

lunes, 12 de julio de 2010

Lección 3: Todos hemos pecado / Comentario de Doug Batchelor



Comentario del Pr. Doug Batchelor.

Director y principal orador del ministerio "Amazing Facts". Desde la Iglesia Central Adventista del Séptimo Día de Sacramento, California, de la cual es su senior pastor.




Guía de Estudio de la Biblia: "La Redención en Romanos".
Periodo: Trimestre 3 / julio-setiembre de 2010
Autor: Don Neufeld

Dirección general: Clifford Goldstein
Dirección editorial: Carlos A. Steger
Traducción: Rolando A. Itin

+ Leer más...

sábado, 10 de julio de 2010

Lección 3: Todos hemos pecado / Para el 17 de julio de 2010


Sábado 10 de julio

Lee Para el Estudio de esta Semana: Romanos 1:16, 17, 22-32; 2:1-10, 17-23; 3:1, 2, 10-18, 23.

Para memorizar:
“...todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. (Rom. 3:23).

SI UNA PERSONA NO RECONOCE que es pecadora, no sentirá ninguna necesidad de justificación (la declaración de Dios de que un pecador es justo delante de sus ojos). Para Pablo, el primer paso en la justificación es que la persona reconozca que es pecadora, y está sin esperanza y desvalida. Al plantear esto, Pablo presenta primero la gran depravación de los gentiles. Ellos cayeron por eliminar a Dios de sus mentes. Pablo luego muestra que los judíos también están mal, ya que ninguno puede salvarse por sus buenas obras.

Elena de White dice: “Nadie adopte la posición limitada y estrecha de que algunas de las obras del hombre pueden ayudar en lo más ínfimo a liquidar la deuda de su transgresión. Este es un engaño fatal. Si deseáis entender esto, debéis [...] estudiar la expiación con corazón humilde.

“Este tema se comprende en forma tan confusa que miles y más miles que pretenden ser hijos de Dios son hijos del maligno, porque quieren depender de sus propias obras. Dios siempre demanda buenas obras, la ley las demanda; pero como el hombre entró en pecado, donde sus obras no tenían valor, solo puede valer la justicia de Cristo” (Comentarios de Elena G. de White, CBA 6:1.071).


No avergonzado del Evangelio
Domingo 11 de julio

“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá” (Rom. 1:16, 17). ¿Qué te dicen estos versículos? ¿Cómo has experimentado las promesas y la esperanza que se encuentran en ellos?

En este pasaje aparecen varias palabras clave:

1. Evangelio. Es la traducción de una palabra griega que significa literalmente “buen mensaje” o “buenas noticias”. Por sí sola, la palabra puede referirse a cualquier buen mensaje; pero modificada, como lo está aquí, por la frase “de Cristo”, significa “la buena noticia acerca del Mesías”. (Cristo es la transliteración de la palabra griega que significa “Mesías”).

La buena noticia es que el Mesías vino y los hombres pueden salvarse si creen en él. En Jesús y en su perfecta justicia –y no en nosotros mismos o siquiera en la ley de Dios– podemos encontrar salvación.

2. Justicia. Se refiere a la cualidad de ser “justos” para con Dios. En Romanos se desarrolla un significado especializado de esta palabra, que veremos más adelante. Debería señalarse que en Romanos 1:17 la palabra está calificada por la frase “de Dios”. Es la justicia que viene de Dios, una justicia que Dios mismo ha provisto. Como veremos, esta es la única justicia suficientemente buena para traernos la promesa de la vida eterna.

3. Fe. En griego, las palabras traducidas como creer y fe en este pasaje son las formas verbal y sustantiva de la misma palabra: pistéuo (creer), pístis (creencia o fe). El significado de la fe en relación con la salvación se desarrollará a medida que avancemos en el estudio de Romanos.

¿Luchas alguna vez con la duda? ¿Tienes momentos en que cuestionas si eres salvo o aun si puedes ser salvo? ¿De dónde te vienen estos temores? ¿En qué se basan? ¿Podrían estar basados en la realidad? Es decir, ¿podrías estar viviendo un estilo de vida que niegue tu profesión de fe? Si es así, ¿qué elecciones tienes que hacer a fin de tener la certeza y las promesas que son tuyas en Jesús?


La condición humana
Lunes 12 de julio

Lee Romanos 3:23. ¿Por qué este mensaje es tan fácil de creer hoy para nosotros como cristianos? Al mismo tiempo, ¿por qué algunas personas cuestionan la veracidad de este texto?

Sorprende que algunas personas desafíen esta idea de la pecaminosidad humana, alegando que la gente es básicamente buena. El problema surge de una falta de comprensión de lo que es la verdadera bondad. La gente se compara con alguna otra persona y se siente bien consigo misma.

Aun el gánster Al Capone era bueno comparado con Adolfo Hitler. Sin embargo, si nos comparáramos con Dios, su santidad y su justicia, cada uno de nosotros saldría con un abrumador sentido de aborrecimiento y disgusto propio.

El versículo también habla acerca de “la gloria de Dios”. La frase ha sido interpretada de diversas maneras. Tal vez la interpretación más sencilla es dar a la frase el significado que tiene en 1 Corintios 11:7: “Pues él [el hombre] es imagen y gloria de Dios”. En griego, la palabra “gloria” puede considerarse aproximadamente equivalente a la palabra “imagen”.

El pecado ha arruinado la imagen de Dios en el hombre. El hombre pecador no refleja la imagen o la gloria de Dios.

Lee Romanos 3:10 al 18. ¿Ha cambiado alguna cosa en nuestros días? ¿Cuál de estas descripciones se aplica mejor a ti? o ¿a qué te parecerías si no fuera por Cristo en tu vida?

Aunque somos malos, nuestra situación no es desesperada. El primer paso es que reconozcamos nuestra total pecaminosidad y nuestra impotencia para hacer nada acerca de ello. El Espíritu Santo produce en nosotros tal convicción. Si el pecador no se resiste, el Espíritu lo guiará a
echar de sí la máscara de autodefensa, fingimiento y justificación propia, y a arrojarse a los pies de Cristo, rogándole su misericordia: “Dios, sé propicio a mí, pecador” (Luc. 18:13).

¿Cuándo fue la última vez que te miraste seriamente: tus motivos, tus actos y tus sentimientos? Esto puede ser una experiencia muy estresante, ¿verdad? ¿Cuál es tu única esperanza?


Del siglo I al siglo XXI
Martes 13 de julio

A comienzos del siglo XX, la gente vivía con la idea de que la humanidad estaba mejorando, que la moralidad aumentaría, y que la ciencia y la tecnología ayudarían a introducir una utopía. Se creía que los seres humanos estaban en el sendero hacia la perfección; es decir, por medio de la clase correcta de educación y la enseñanza moral, los seres humanos se mejorarían grandemente a sí mismos y a su sociedad. Todo esto se suponía que comenzaría a ocurrir, en masa, al entrar en el maravilloso nuevo mundo del siglo XX.

Desdichadamente, las cosas no resultaron de ese modo, ¿verdad? El siglo XX fue uno de los más violentos y bárbaros de toda la historia, en gran parte gracias –muy irónicamente– a los adelantos de la ciencia, que hicieron mucho más posible que la gente se matara en una escala que los locos más depravados del pasado solo podrían haber soñado. ¿Cuál era el problema?

Lee Romanos 1:22 al 32. ¿De qué maneras vemos que las cosas allí escritas en el primer siglo se manifiestan hoy en el siglo XXI?

Cuando la humanidad perdió de vista a Dios, se abrieron las compuertas del pecado, el error y la degradación. Hoy, cada uno de nosotros está viviendo las consecuencias de ese problema. De hecho, a menos que momento tras momento nos entreguemos a Dios, también llegaremos a ser parte del problema.

Concéntrate específicamente en Romanos 1:22 y 23. ¿De qué modo vemos manifestarse hoy este principio? Al rechazar a Dios, ¿qué han llegado a adorar e idolatrar los seres humanos en nuestro siglo? Al hacerlo, ¿cómo han llegado a ser necios? Lleva tu respuesta a la clase el sábado.


Judíos y gentiles juntos
Miércoles 14 de julio

En Romanos 1, Pablo se refería específicamente a los pecados de los gentiles, los paganos, que habían perdido de vista a Dios hacía mucho tiempo y habían caído en las prácticas más degradantes.

Pero no iba a pasar por alto a su propio pueblo. Ellos habían recibido ventajas (Rom. 3:1, 2), pero también eran pecadores, condenados por la Ley de Dios, y necesitaban la gracia salvadora de Cristo. Los judíos y los gentiles eran iguales en el sentido de que ambos pueblos eran pecadores, habían violado la ley de Dios, y necesitaban la gracia divina para la salvación.

Lee Romanos 2:1 al 3, y 17 al 24. ¿Contra qué cosa advierte Pablo aquí? ¿Qué mensaje debemos recibir todos, judíos y gentiles, de esta advertencia?

“No se estimen mejores que los demás ni se erijan en sus jueces. Ya que no pueden discernir los motivos, no pueden juzgar a otro. Si lo critican, están emitiendo una sentencia sobre vuestro propio caso; porque demuestran ser partícipes con Satanás, el acusador de los hermanos” (DTG 280, 281).

Es muy fácil ver y señalar los pecados en otros. Pero ¡cuán a menudo somos culpables de la misma clase de pecados que ellos, o aún peores! El problema es que somos ciegos hacia nosotros mismos, o nos sentimos mejor mirando cuán malos son los demás en contraste con nosotros mismos.

Pablo no acepta eso. Él advierte a sus conciudadanos que no sean rápidos para juzgar a los gentiles, porque ellos, los judíos –aun como el pueblo elegido– son pecadores, en algunos casos más culpables que los paganos que ellos condenan porque, como judíos, han recibido más luz
que los gentiles.

Lo que Pablo destaca es que ninguno de nosotros es justo, ni alcanza la norma divina, ni es intrínsecamente bueno o inherentemente santo. Judíos y gentiles, hombres y mujeres, ricos y pobres, los temerosos de Dios y los que rechazan a Dios, todos somos condenados; y si no fuera por la gracia de Dios, no habría esperanza para ninguno de nosotros.

¿Cuán grande es tu hipocresía? Es decir, ¿cuán a menudo, aunque sea solo en tu propia mente, condenas a otros por cosas de las que tú mismo eres culpable? ¿De qué manera podrías cambiar siguiendo lo que Pablo escribió aquí?


Arrepentimiento
Jueves 15 de julio

Un niño de cinco años empujó a su hermanita, y los padres le hicieron pedir perdón. Él no quería hacerlo, y sin nada de sinceridad y con los ojos en el suelo, apenas murmuró: “Lo lamento”. Realmente, no parecía un verdadero arrepentimiento.

Recordando esta historia, lee lo siguiente: “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?” (Rom. 2:4). ¿Qué mensaje hay aquí para nosotros?

Deberíamos notar que la bondad de Dios guía, no obliga, a los pecadores al arrepentimiento. Dios no usa la coerción. Él es infinitamente paciente y procura atraer a todos los hombres con su amor. Un arrepentimiento forzado destruiría todo el propósito del arrepentimiento, ¿verdad?

Si Dios forzara el arrepentimiento, entonces se salvarían todos, pues ¿por qué razón forzaría a algunos a arrepentirse y a otros no?

¿Qué sucede a quienes resisten al amor de Dios, rehúsan arrepentirse y permanecen en la desobediencia? Rom. 2:5-10.

En estos versículos, y con frecuencia a través del libro de Romanos, Pablo enfatiza el lugar de las buenas obras. No debe entenderse que la justificación por fe, sin las obras de la ley, indica que las obras no tienen lugar en la vida cristiana. Por ejemplo, en el versículo 7, se describe la salvación que viene a los que la buscan “perseverando en bien hacer”.

Aunque el esfuerzo humano no puede traer la salvación, es parte de la experiencia entera de la salvación. Es difícil ver cómo alguno puede leer la Biblia y salir con la idea de que las obras y los actos no importan para nada. El verdadero arrepentimiento, esa clase que se produce desde el corazón, siempre será seguido por una decisión de vencer y dejar a un lado las cosas de las que necesitamos arrepentirnos.

¿Cuán a menudo tienes una actitud de arrepentimiento? ¿Es sincero o tiendes a pasar por alto tus faltas, limitaciones y pecados? Si es lo último, ¿cómo puedes cambiar? ¿Por qué debes cambiar?


Para estudiar y meditar
Viernes 16 de julio

Lee Palabras de vida del gran Maestro, pp. 233-237; “La más urgente necesidad del hombre”, El camino a Cristo, pp. 15-20; “Hablemos bien de los demás”, El ministerio de curación, pp. 392-394; y Joyas de los testimonios, t. 2, pp. 35, 36.

“Muchos están engañados acerca de la condición de su corazón. No comprenden que el corazón natural es engañoso más que todas las cosas y desesperadamente impío. Se envuelven con su propia justicia y están satisfechos con alcanzar su propia norma humana de carácter. Sin embargo, cuán fatalmente fracasan cuando no alcanzan la norma divina y, por sí mismos, no pueden hacer frente a los requerimientos de Dios” (MS 1:376).

“Se me ha presentado un horrible cuadro de la condición del mundo. La inmoralidad cunde por doquiera. La disolución es el pecado característico de esta era. Nunca alzó el vicio su deforme cabeza con tanta osadía como ahora. La gente parece aturdida, y los amantes de la virtud y de la verdadera bondad casi se desalientan por esta osadía, fuerza y predominio del vicio. La iniquidad prevaleciente no es del dominio exclusivo del incrédulo y burlador. Ojalá fuese tal el caso; pero no sucede así. Muchos hombres y mujeres que profesan la religión de Cristo son culpables. Aun los que profesan esperar su aparición no están más preparados para ese suceso que Satanás mismo. No se están limpiando de toda contaminación. Han servido durante tanto tiempo a su concupiscencia que sus pensamientos son, por naturaleza, impuros, y sus imaginaciones, corruptas” (JT 1:253).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR

1. Repasen la pregunta del martes. ¿Cómo se manifiestan estos principios en la sociedad de hoy?

2. Considera la segunda cita de Elena de White que leíste más arriba. Si te ves a ti mismo allí, ¿cuál es la solución? ¿Por qué es importante no desesperar, sino seguir reclamando las promesas de Dios: primero, la de perdón; segundo, la de limpieza? Satanás quiere que digas: “No vale la pena. Soy demasiado corrupto. Nunca podré ser salvo, así que, renuncio”. ¿Por qué no escuchas a Jesús, que dice: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (Juan 8:11)?

3. ¿Por qué es tan importante para los cristianos comprender la pecaminosidad y depravación de los seres humanos? ¿Qué sucede cuando perdemos de vista esa triste pero verdadera realidad? ¿A qué errores puede llevarnos esa falsa comprensión de nuestra verdadera condición?





Guía de Estudio de la Biblia: "La Redención en Romanos" / Edición para Adultos

Periodo: Trimestre 3 / julio-setiembre de 2010
Autor: Don F. Neufeld
Dirección general: Clifford Goldstein
Dirección editorial: Marcos G. Blanco
Traducción y redacción editorial: Rolando A. Itin

+ Leer más...

Lección 3: Todos hemos pecado / Notas de Elena G. de White


Todos hemos pecado
Sábado 10 de julio

¿Acaso no es la recompensa a la obediencia suficiente y completa? ¿Acaso el Señor no ha abierto las puertas del Paraíso, y al hacerlo, le ha dado al buscador fiel todos los tesoros del mundo eterno? "Pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego, pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego; porque no hay acepción de personas para con Dios" (Romanos 2:8-11).

Jesús declara: "El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él. Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo?" Noten la respuesta de Jesús: "El que me ama, mi palabra guardará" (Juan 14:21-23). El que le ama no traicionará su sagrado cometido; no tratará irrespetuosamente ni dejará de prestar atención a las palabras de Jesús; sus mandamientos serán considerados con reverencia. Los requerimientos humanos pueden llevamos lejos de Dios; las leyes terrenales, con sus "haz esto y no hagas aquello" a menudo se interponen en el camino de la obediencia a los santos requerimientos de Dios (Signs of the Times, 16 de noviembre, 1891).


No avergonzado del evangelio
Domingo 11 de julio

Jesús contempló al mundo caído con infinita compasión. Tomó sobre sí la humanidad para acercase a ella y elevarla. Vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Descendió hasta las profundidades de la miseria humana para buscar a los que habían sido manchados por la corrupción, degradados por el vicio, depravados por el pecado y unidos a la apostasía de Satanás, para elevarlos y sentarlos sobre su trono. Por su abnegación y sacrificio nos dio el ejemplo para que sigamos en sus pasos. Dejando a un lado nuestro propio placer y evitando las trampas satánicas que quieren llevamos por el camino fácil y egoísta, debemos salir a buscar y salvar a los perdidos, trayendo a las almas de las tinieblas a la luz del amor de Dios. Hemos sido comisionados para ir y predicar el evangelio a toda criatura con las buenas nuevas que Cristo puede perdonar el pecado, renovar la naturaleza, vestir al alma con el manto de justicia, transformar la mente del pecador para enseñarle y capacitarle, a fin de llegar a ser un obrero juntamente con Dios.

El alma convertida vive en Cristo. Las tinieblas se han disipado y una nueva luz celestial brilla en el alma. "Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad" (Daniel 12:3). La obra en la que cooperan los seres humanos y Dios, es una obra que permanecerá a través de las edades eternas. El que hace de Dios su sabiduría y crece hasta alcanzar la plena estatura de hombres y mujeres en Cristo Jesús, llegará a estar delante de reyes y de los así llamados grandes hombres del mundo, para alabar a Aquel que lo llamó de las tinieblas a su luz admirable. La ciencia y la literatura no pueden iluminar al alma entenebrecida como puede hacerlo el glorioso evangelio del Hijo de Dios. Solo él puede hacer la gran obra de iluminar el alma. Por eso el apóstol Pablo exclama: ''No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree" (Romanos 1:16). El evangelio de Cristo transforma a los creyentes en epístolas vivientes "conocidas y leídas por todos los hombres" (2 Corintios 3:2). De esa manera, la levadura de la piedad se esparce entre la multitud, y los agentes celestiales son capaces de discernir a quienes tienen los elementos que forman la verdadera grandeza en el carácter; la grandeza que es estimada a la vista de Dios.

"Separados de mí –dijo Cristo– nada podéis hacer" (Juan 15:5). Nuestra fe, nuestro ejemplo, deben ser considerados más sagrados de lo que algunos los han considerado. La Palabra de Dios debe ser más estudiada que nunca, porque es la ofrenda que podemos ofrecerle a nuestros semejantes para que obtengan la paz y la vida que se mide con la vida de Dios. La sabiduría humana, tan exaltada entre la gente, se hunde en la insignificancia cuando se la compara con aquella que lleva a los redimidos del Señor a caminar en su senda. Solo la Biblia permite distinguir entre el camino que lleva a la vida y el que lleva a la perdición y a la muerte (Review and Herald, 15 de diciembre, 1891).


La condición humana
Lunes 12 de julio

La maldad que llena nuestro mundo es el resultado del rechazo de Adán de tomar la palabra de Dios como suprema. Desobedeció y cayó bajo la tentación del enemigo. "Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron" (Romanos 5:12). Dios declaró: "El alma que pecare, esa morirá" (Ezequiel 18:20). Aparte del plan de redención, los seres humanos están condenados a muerte, "por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios" (Romanos 3:23). Pero Cristo dio su vida para salvar al pecador de la sentencia de muerte. Murió para que nosotros podamos vivir. Y a todos aquellos que le reciben, les da poder para separarse de todo lo que podría llevarlos nuevamente a la condenación y el castigo.

Cristo es la única esperanza del pecador. Mediante su muerte puso la salvación al alcance de todos, y mediante su gracia todos pueden llegar a ser súbditos leales de su reino. Su sacrificio hizo posible que todos los hombres y mujeres puedan cumplir las condiciones establecidas en los concilios del cielo.

Cristo vino a esta tierra y vivió una vida de perfecta obediencia a fin de que, mediante su gracia, todos puedan vivir vidas de perfecta obediencia. Esto es necesario para su salvación puesto que sin la santidad nadie podrá ver al Señor.

Ante nosotros está la maravillosa posibilidad de ser obedientes como Cristo a todos los principios de la ley de Dios. Pero somos extremadamente incapaces de alcanzar por nosotros mismos esa condición. Todo lo que es bueno en el hombre le llega mediante Cristo. La santidad que la Palabra de Dios dice que debemos tener antes de poder ser salvados es el resultado de la obra de la gracia divina cuando nos sometemos a la disciplina y a la influencia moderadora del Espíritu de verdad.

La obediencia del hombre puede ser hecha perfecta solo por el incienso de la justicia de Cristo que llena de fragancia divina cada acto de verdadera obediencia. La parte del cristiano consiste en perseverar en la tarea de vencer toda falta. Debe orar constantemente al Salvador para que sane las dolencias de su alma enferma. No tiene la sabiduría y la fuerza sin las cuales no puede vencer. Estas pertenecen al Señor quien las concede a aquellos que con humildad y contrición lo buscan pidiendo ayuda (Review and Herald, 15 de marzo, 1906; parcialmente en, Dios nos cuida, p. 172).

Si el transgresor fuera tratado de acuerdo con la letra de este pacto, en ese caso no habría esperanza para la raza caída, pues todos han pecado y están destituidos de la gloria de Dios. La raza caída de Adán no puede contemplar en la letra de este pacto otra cosa sino el ministerio de muerte, y la muerte será la retribución de todo el que procure vanamente idear una justicia propia que cumpla las demandas de la ley. Dios se ha comprometido mediante su Palabra a ejecutar el castigo de la ley sobre todos los transgresores. Los hombres cometen pecados vez tras vez, y sin embargo no parecen creer que deben sufrir el castigo por quebrantar la ley. Presentan sus buenas intenciones ante el Señor y calman sus conciencias rogando por su misericordia. Pero la única esperanza para los caídos hijos e hijas de Adán es separarse de sus pecados y aceptar la justicia de Cristo; deben abandonar toda esperanza de salvación basada en su propia justicia, porque el Señor no puede salvar a nadie por sus buenas obras (Signs of the Times, 5 de septiembre, 1892; parcialmente en, Comentario bíblico adventista, tomo 6, p. 1095).



Del siglo I al siglo XXI
Martes 13 de julio

Los antiguos filósofos se enorgullecían de su conocimiento superior. Leamos la comprensión inspirada del apóstol acerca de este asunto. Dice: "Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles... Cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador" (Romanos 1:22-25). El mundo no puede conocer a Dios en su sabiduría humana. Sus sabios obtienen un conocimiento imperfecto de Dios, de sus obras creadas, y luego, en su necedad, exaltan la naturaleza y sus leyes por encima del Dios de la naturaleza. Los que no tienen un conocimiento de Dios mediante la aceptación de la revelación que ha hecho de sí mismo en Cristo, obtendrán solamente un conocimiento imperfecto de él en la naturaleza, y ese conocimiento, lejos de dar conceptos elevados de Dios y de colocar a todo el ser en conformidad con la voluntad divina, convierte a los hombres en idólatras. Profesando ser sabios, se hacen necios.

Los que creen que pueden obtener un conocimiento de Dios aislados de su Representante, a quien la Palabra declara "la imagen misma de su sustancia" (Hebreos 1:3), necesitarán reconocerse como necios ante sí mismos antes de que puedan ser sabios. Es imposible obtener un perfecto conocimiento de Dios por la naturaleza sola, pues la naturaleza en sí es imperfecta. En su imperfección, no puede representar a Dios, no puede revelar el carácter de Dios en su perfección moral. Pero Cristo vino como un Salvador personal para el mundo. Representó a un Dios personal. Como un Salvador personal, ascendió a lo alto y vendrá otra vez como ascendió al cielo: como Salvador personal. Es la expresa imagen de la sustancia del Padre. "En él habita corporalmente la plenitud de la Deidad" (Colosenses 2:9) (Mensajes selectos, tomo 1, pp. 346, 347).

La sabiduría del mundo no logra conocer a Dios. Muchos han hablado con elocuencia acerca de él, pero sus razonamientos no acercan a los hombres a Dios, porque ellos mismos no tienen una relación vital con él. Al pretender ser sabios, llegan a ser insensatos. Su conocimiento de Dios es imperfecto. No concuerdan con él.

No podemos descubrir a Dios mediante la investigación. Pero él se ha revelado en su Hijo, que es el resplandor de la gloria del Padre y la expresa imagen de su persona. Si deseamos un conocimiento de Dios, debemos ser como Cristo... El vivir una vida pura por fe en Cristo como Salvador personal, llevará al creyente a un concepto más claro y elevado de Dios.

Cristo es una perfecta revelación de Dios. "A Dios nadie le vio jamás –dice él– el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer" (Juan 1:18). Solo si conocemos a Cristo podremos conocer a Dios. Y a medida que lo contemplemos, seremos transformados a su imagen, preparados para salir a su encuentro cuando venga (¡Maranata: El Señor viene!, p. 74).


Judios y Gentiles juntos
Miércoles 14 de julio

La frase "Tú que juzgas haces lo mismo", no alcanza a describir la magnitud del pecado del que se atreve a censurar y a condenar a su hermano. Dijo Jesús: "¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?" Sus palabras describen al que está pronto para buscar faltas en sus prójimos. Cuando él cree haber descubierto una falla en el carácter o en la vida, se apresura celosamente a señalarla; pero Jesús declara que el rasgo de carácter que se fomenta por aquella obra tan opuesta a su ejemplo resulta, al compararse con la imperfección que se crítica, como una viga al lado de una paja. La falta de longanimidad y de amor mueve a esa persona a convertir un átomo en un mundo. Los que no han experimentado la contrición de una entrega completa a Dios no manifiestan en la vida el influjo enternecedor del amor de Cristo. Desfiguran el espíritu amable y cortés del evangelio y hieren las almas preciosas por las cuales murió Cristo. Según la figura empleada por el Salvador, el que se complace en un espíritu de crítica es más culpable que aquel a quien acusa; porque no solamente comete el mismo pecado, sino que le añade engreimiento y murmuración.

Cristo es el único verdadero modelo de carácter, y usurpa su lugar quien se constituye en dechado para los demás. Puesto que el Padre "todo el juicio dio al Hijo", quienquiera que se atreva a juzgar los motivos ajenos usurpa también el derecho del Hijo de Dios. Los que se dan por jueces y críticos se alían con el anticristo, "el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios".

El pecado que conduce a los resultados más desastrosos es el espíritu frío de crítica inexorable, que caracteriza al farisaísmo. Cuando no hay amor en la experiencia religiosa, no está en ella Jesús ni el sol de su presencia. Ninguna actividad diligente, ni el celo desprovisto de Cristo, pueden suplir la falta. Puede haber una agudeza maravillosa para descubrir los defectos de los demás; pero a toda persona que manifiesta tal espíritu, Jesús le dice: "¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano". El culpable del mal es el primero que lo sospecha. Trata de ocultar o disculpar el mal de su propio corazón condenando a otro. Por medio del pecado fue como los hombres llegaron al conocimiento del mal; apenas Adán y Eva incurrieron en pecado, empezaron a recriminarse mutuamente. Esta será la actitud inevitable de la naturaleza humana, siempre que no sea gobernada por la gracia de Cristo (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 106-108).


Arrepentimiento
Jueves 15 de julio

La palabra inspirada pregunta a quienes rechazan ser llevados a Cristo: "¿Menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?" (Romanos 2:4). ¿Qué significa esto? Significa que las agencias celestiales están constantemente tratando de poner a los seres humanos en armonía con Dios. Cada medio posible, en el cielo y en la tierra, es empleado para acercarlos al gran centro de esperanza para el mundo, y cuando los seres humanos fijan sus ojos en el desfalleciente Hombre del Calvario y exclaman: ¿Por qué, oh, por qué tanto sufrimiento?, llega la respuesta, diciéndoles: "Es la bondad de Dios; es la que te lleva al arrepentimiento".

Cristo sufrió la penalidad por la transgresión del pecador a la santa ley de Dios. La misericordia y el amor divinos, tan plenos, tan ricos, tan gratuitos, quiebran toda barrera y el alma se rinde a Dios. Tal agonía, tal humillación del Hijo de Dios, lleva al pecador a arrepentirse de sus pecados que costaron tal sacrificio. Se arrepiente de haber transgredido su santa ley y mira con fe a Jesús, su única esperanza, como Aquel que puede salvar hasta 10 sumo a los que con fe se acercan a Dios por él. Entonces, la posición del pecador frente a Dios es la de uno cuyos pecados han sido perdonados y cubiertas sus transgresiones; es la de alguien que puede ser participante "de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia" (2 Pedro 1:4). Se le brinda un nuevo elemento de vida y poder. Pero éste no es impartido hasta que el pecador ve a Cristo como su única esperanza y comprende la magnitud de su culpa por haber transgredido la ley de Jehová.

La inspiración pronuncia juicio contra todo aquel que recibe esta maravillosa revelación del amor de Dios y rehúsa aceptar el don que el Padre le ha dado al mundo en su Hijo unigénito. "Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia" (Romanos 2:5-8). Debemos tomar nota de estas palabras puesto que es esencial conocer las condiciones a fin de trabajar por nuestra salvación con temor y temblor. Debemos permitir que Dios obre en nosotros, "así el querer como el hacer, por su buena voluntad". No podemos confiar en la multitud porque sus caminos son falsos caminos. Debemos conocer por nosotros mismos los requerimientos de Dios y estar seguros de que los estamos obedeciendo (Signs of the Times, 16 de noviembre, 1891).


Para estudiar y meditar
Viernes 16 de julio

Palabras de vida del Gran Maestro, pp. 233-237; El camino a Cristo, pp. 15-20; El ministerio de curación, pp. 392-394; Joyas de los testimonios, tomo 2, pp. 35, 36. 22




Guía de Estudio de la Biblia: "La Redención en Romanos" / Notas de Elena G. de White
Periodo: Trimestre 3 / julio-setiembre de 2010
Autor: Don Neufeld

Dirección general: Clifford Goldstein
Dirección editorial: Carlos A. Steger
Traducción: Rolando A. Itin

+ Leer más...

Lección 3: Todos hemos pecado / Edición Auxiliar para Maestros


Texto Clave: “...todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. Romanos 3:23

Enseña a tu clase a :

Saber describir la profundidad de la depravación tanto de los paganos como de los que profesan ser cristianos pero están sin Cristo.
Sentir la desesperante necesidad de una relación salvadora con Cristo.
Hacer: recurrir a Cristo en reconocimiento de nuestro quebranto total, y de su poder y disposición para salvar.


Bosquejo de la lección

I. Saber: Desesperados sin Cristo

A. ¿Por que primero debemos reconocer nuestro quebrantamiento total, y la imposibilidad de tener alguna esperanza o ayuda fuera del poder salvador de Dios?
B. ¿De qué modo los que han sido bendecidos con un conocimiento de Dios pero no tienen intimidad con él pueden tener mayores problemas que los que no conocen a Dios?

I. Sentir: Mirar hacia arriba

A. Al tener evidencias de nuestra depravación y nuestra gran necesidad de Dios, podemos elegir perdernos en sentimientos de desánimo y desesperación, o podemos arrojarnos sobre la bondad de Dios. ¿Qué hemos experimentado en nuestras propias vidas que demuestra nuestra gran necesidad de Dios y la necesidad diaria de un Salvador?
B. ¿Qué hemos experimentado que demuestra el gran amor de Dios y su compasión hacia nosotros?

III. Hacer: Depender de Cristo

A. ¿Cómo podemos responder a las evidencias abrumadoras de nuestra condición pecaminosa natural?
B. ¿Cómo podemos expresar cada día, en oración, no solo la realidad de nuestra necesidad, sino también nuestra aceptación de las provisiones de Cristo para nuestra salvación?

Resumen: Los cristianos y los paganos, por igual, deben reconocer su total necesidad y completa dependencia del poder de Cristo para salvarlos de sus naturalezas pecaminosas


Paso 1 ¡Motiva!

Ciclo de aprendizaje

Concepto clave para el crecimiento espiritual: Solamente recibimos el don de la salvación mediante la gracia de Dios.

Solo para los maestros: En la lección de esta semana, analizamos y exploramos el hecho de que la mera bondad humana no alcanza a llegar a la justicia de Dios.

En el siglo XVIII, las personas reflexivas comenzaron a considerar la sociedad occidental y se dieron cuenta de que, a pesar de todas las pretensiones de cristianismo y moralidad, la gente todavía no era buena. De hecho, era bastante mala y, tal vez, la civilización –incluyendo definidamente a la iglesia– tenía la culpa. ¿Será posible –se preguntaban– que la gente, en lo que ellos llaman el “estado natural”, es esencialmente buena y que la iglesia, el estado y la sociedad hacen que las personas parezcan ser malas? A medida que los exploradores volvían de otras regiones con informes de diversas sociedades que parecían vivir en idílica armonía con la naturaleza, estos pensadores tomaron los informes como confirmación de sus sospechas. De esa mezcla entre una insatisfacción legítima con el status quo y los informes condescendientes y mal comprendidos de otras sociedades, nació el concepto del salvaje noble.

Desde entonces, diversas ideologías y filosofías han intentado hacer regresar a la humanidad a su estado natural, virtuoso y feliz. La mayoría de los intentos terminaron en chascos o catástrofes. La moralidad personal y social parece estar en caída libre. Si la sociedad nos hace malos y la naturaleza nos hace malos, ¿qué esperanza hay? ¡Sigue leyendo!

Considera: ¿Por qué nos resulta tan difícil aceptar el hecho de que nuestra naturaleza es pecaminosa?


Paso 2 ¡Explora!

Comentario de la Biblia

I. No me avergüenzo del evangelio (Repasa con tu clase Rom. 1:16, 17; y 1 Cor. 1:23.)

En el tiempo de Pablo, como ahora, había muchas voces que predicaban diversos evangelios. Algunos de ellos eran “cristianos” con algo adicional. Tal vez ese agregado era alguna forma de legalismo heredado de los fariseos. O tal vez era una mezcla de las enseñanzas de Cristo con cosmologías particulares y mapas del más allá que capacitaban al portador para llegar al cielo un poco más rápido. Todas estas cosas eran presentadas como “el evangelio” pero, supuestamente, con un poco más de poder.

Con todas esas posibilidades de elección, ¿por qué piensas que el creyente en perspectiva deseaba “conformarse” con el evangelio de Pablo, que era simplemente Cristo crucificado y resucitado? ¡Era tan sencillo! Demasiado sencillo. O así puede haber parecido a uno que lo veía sin el ojo de la fe.

En realidad, el evangelio de Pablo era el evangelio. El evangelio, no de Pablo, sino de Cristo. Y este evangelio no necesitaba suplementos de legalismo anticuado o cosmologías especulativas. No necesitaba más poder; era el verdadero poder de Dios. Y aquí está lo realmente chocante: no solo no le ayudaba ninguna adición de “algo más”; no podía coexistir con ese “algo más”.

Sin embargo, había, en realidad, algo más: la fe, el nuevo sentido que Dios nos da para que podamos percibir sus obras poderosas. Para la persona que no tenía fe, el evangelio era simplista e ilógico. ¿De qué modo podría la muerte de una persona histórica en un rincón remoto del Imperio Romano lograr mi salvación? Ese pensamiento estaba en contraste directo con los sistemas religiosos y filosóficos –de entonces y actuales– que apelaban al oyente con lógica poderosa, adulación y explicaciones complicadas acerca del significado de la vida.

El evangelio de Pablo –y de Cristo– puede haber parecido débil y necio a los intelectuales de la antigüedad, al igual que para muchos posmodernos de hoy; no obstante, su verdadero poder puede verse en las vidas de aquellas personas que permiten que Dios les dé el nuevo sentido conocido como fe y que las transforme por medio de ella. Todos queremos ser mejores de lo que somos, pero solo Dios puede hacer eso por nosotros; y el evangelio es su instrumento.

Considera: ¿Por qué el evangelio de Cristo crucificado y resucitado es todo lo que necesitamos para la salvación?


II. Conduce al arrepentimiento (Repasa con tu clase Rom. 2:4-12)

En este pasaje Pablo se está dirigiendo a personas que creían que eran justificadas por sus obras, y despreciaban a otras personas que eran presumiblemente menos justas que ellas (pero que en realidad tenían menos información), mientras que ellos mismos no llegaban a alcanzar sus propias normas. Podemos imaginarlos racionalizando –dándose un margen que nunca darían a otros– porque de alguna manera eran los favoritos de Dios. Seguramente Dios pasaría por alto sus diminutas transgresiones ya que, por lo demás, eran muy ejemplares.

Pablo señala correctamente que sus transgresiones no eran tan diminutas y que ellos, en realidad, hacían todo o casi todo lo que condenaban en otros. Al suponer que de algún modo estaban exentos del juicio, estaban contradiciendo su propia teología y condenando, no a otros, sino a sí mismos. En realidad, estaban en peor situación que una persona ignorante que tenía un sentido rudimentario del bien y del mal, e intentaba vivir según él. Otro punto es que mientras todos somos pecadores y no podemos guardar la ley, nuestro fracaso no es algo que podamos tomar livianamente. Todos pecan, pero no hay seguridad en los números. Lo que se espera es la obediencia a la ley y, si fallamos, estamos condenados. Dios nos ha redimido por medio de su gracia, pero el elevado costo fue la sangrienta, dolorosa y solitaria muerte de su Hijo.

Considera: ¿Por qué Pablo, al referirse a las recompensas y castigos por obedecer o desobedecer la ley, enfatiza que estas cosas vendrán al “judío primeramente y también al griego” (Rom. 2:9)?


Paso 3 ¡Explora!

Solo para los maestros: Anima a tus alumnos a usar estas preguntas para pensar acerca de la esperanza cristiana en relación con sus propias vidas y con el mundo en general.

Preguntas para reflexionar:

1. Pablo enfatiza el “evangelio de Cristo” en Romanos 1:16, como también en 1 Corintios 9:16 al 18. Para la mayoría de nosotros, hay solo un evangelio, que es el de Jesucristo. Pero Pablo pensaba que había otros (falsos) evangelios que competían con el suyo. Lo hace más explícito posteriormente, en Gálatas 1:6 al 9. En las últimas décadas hemos visto que esto era literalmente cierto con el descubrimiento de “evangelios” que se servían principalmente del nombre de Cristo para apoyar alguna idea o doctrina favorita. ¿Qué clase de falsos evangelios existe hoy?

2. Desde el púlpito se ha predicado que “no necesitas ser bueno para ser salvo, pero tienes que ser salvo para ser bueno”. ¿Estás de acuerdo con esto o no? ¿Por qué? ¿Es posible ser bueno sin ser salvo? Y, si es así, ¿qué significa ser “bueno” en este contexto?

Preguntas de aplicación:

1. ¿Por qué es tan difícil convencer a la gente, hoy, de la condición pecaminosa humana? ¿Por qué esto es vital para una aceptación salvadora de Jesucristo? ¿Cómo presentarías con tacto este concepto a quienes no lo comprenden o no lo aceptan?

2. ¿Cuáles son los peligros de tener una percepción demasiado aguda de los pecados de otros? Ver Romanos 2.


Paso 4 ¡Aplica!

Solo para los maestros: Esta semana hemos aprendido que ninguno de nosotros es aceptable a los ojos de Dios sin la intercesión de Cristo. Pero, en su infinita misericordia, Dios el Padre aceptó el sacrificio voluntario de Cristo y, por medio de esta ofrenda, somos aceptados como si nunca hubiéramos pecado. Enfatiza que así como todos somos igualmente pecadores por nuestros propios méritos, todos somos igualmente justos si aceptamos el sacrificio de Cristo en nuestro favor.

Para enfatizar el nivel de santidad que deberíamos alcanzar a fin de ser aceptables a Dios por nuestros propios méritos, haz lo siguiente: llena una jarra con agua y ponle una etiqueta con grandes letras que diga: “Agua casi pura”. Pregúntale a la clase si alguno de ellos quiere un vaso de esa agua “casi” pura. Ten a mano vasos desechables. Casi seguramente preguntarán por qué el agua es casi pura, en vez de ser pura. Diles que contiene más o menos 1% de cieno, pesticidas y desperdicios químicos no identificados, pero que el otro 99% es definidamente la mejor agua fresca de manantial. Pregunta otra vez si alguien quiere tomar de ella. Probablemente no querrán.

Destaca el hecho de que Dios ve de la misma manera nuestra bondad casi pura. Aun si somos justos en un 99% –lo que seguramente no es cierto– todavía tenemos 1% de veneno. Para que el agua sea totalmente potable, tiene que haber sido filtrada o destilada para quitar todas las impurezas. Jesús es nuestro filtro o destilador.





Guía de Estudio de la Biblia: "La Redención en Romanos" / Edición Auxiliar para Maestros de Escuela Sabática.

Periodo: Trimestre 3 / julio-setiembre de 2010
Autor: Don F. Neufeld
Dirección general: Clifford Goldstein
Dirección editorial: Marcos G. Blanco
Traducción y redacción editorial: Rolando A. Itin

+ Leer más...




Mientras estudia la Lección o Guía de Estudio de la Biblia / Escuela Sabática, en Ojo Adventista, lo invitamos -para beneficio de todos- escribir sus comentarios y consideraciones sobre dicho estudio al pie de cada entrada.