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miércoles, 16 de diciembre de 2009

Lección 12: La segunda generación: Amonestaciones / Comentarios de Alejandro Bullón



Comentario del Pr. Alejandro Bullón
Nació en Perú, estudió y se graduó de Teología en el Seminario de la Unión Peruana. Trabajó diez años en su país como consejero de jóvenes, y luego fue invitado a continuar el desarrollo de dicho ministerio en el Brasil. Actualmente es evangelista de la
Voz de la Esperanza. Ex secretario de la Asociación Ministerial de la División Sudamericana de los Adventistas del Séptimo Día, y evangelista para toda América del Sur. Ha escrito varios libros, tales como "Conocer a Jesús es todo", "La crisis existencial", "Tú eres mi vida" y "Vuelve a casa hijo".

Guía de Estudio de la Biblia: Un pueblo en marcha: El libro de Números / Notas de Elena de White.
Periodo: Trimestre Octubre-Diciembre de 2009
Autor: Frank B. Holbrook. B.D., M.Th. Teólogo adventista ya desaparecido. De 1981 a 1990, fue director asociado del Instituto de Investigación Bíblica de la Conferencia General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Silver Spring, Maryland. También fue Profesor de Religión de la hoy Southern Adventist University.
Editor: Clifford Goldstein

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sábado, 12 de diciembre de 2009

Lección 12: La segunda generación: Amonestaciones / para el 19 de diciembre de 2009

Sábado 12 de diciembre.

Lee Para el Estudio de esta Semana: Números 26-32; Romanos 5.

Para Memorizar: “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas” (Deut. 6:4, 5).

FIEL A LO QUE DIOS HABÍA DICHO, de que la generación rebelde que rehusó entrar en la Tierra Prometida no entraría en ella, Dios llevó ahora a una generación nueva a las mismas fronteras. Allí les indicó a Moisés y al sumo sacerdote Eleazar que contaran la congregación de varones de 20 años hacia arriba, “todos los que pueden salir a la guerra” (Núm. 26:2). Sorpresivamente, el total de este segundo censo llegó a 601.730 (vers. 51), casi la misma cantidad que los del primer censo (603.550), cuarenta años antes (Núm. 2:32). A pesar de los castigos divinos sobre la Nación, en los cuales la primera generación (excepto Josué y Caleb) pereció, Dios los había multiplicado abundantemente, y los ejércitos de Israel allí en los campos de Moab eran, prácticamente, tan grandes como los de la primera generación.

Pero, quedaban muchas preguntas: ¿Estaba esta generación nueva, que había visto los resultados de los errores de sus padres, lista para aprender de ellos y obedecer a Dios? ¿Estaban listos para asumir el lugar que se les daba? ¿Qué lecciones tenían que aprender, y qué podemos aprender de ellos?

La División de la Tierra.
Domingo 13 de diciembre

Después del desastre en Sitim, se tomó un censo de los varones de 20 años hacia arriba (Núm. 26:1-4). Con unas pocas excepciones notables (ver los vers. 64, 65), la generación mayor había muerto, y una nueva había aparecido.

¿Cuál fue una de las razones por las que se tomó el censo? ¿Por qué era importante? Núm. 26:52-56.

Una vez que la segunda generación hubiera conquistado la tierra, habría que dividirla en forma justa; de otro modo, esto podría llegar a ser una fuente de peleas y confusión. Afortunadamente, Moisés todavía vivía y podía dirigir este importante asunto. Como lo afirma el texto, las tribus con muchos miembros recibieron más tierra; las que tenían menos, menos. ¿Qué podría ser más justo que esto?

Lee Números 27:1 al 11. ¿Qué principios importantes vemos que se manifiestan aquí?

Un elemento clave aquí es la santidad de la familia, especialmente con respecto a la propiedad y a los derechos de herencia. Es claro que la idea era guardar la propiedad tan cerca como fuera posible dentro de la familia. La tierra, después de todo, era una “heredad”, y así pertenecía a la familia.

Como vemos, también, esto no era un acuerdo de una vez para siempre. Por cuanto estas mujeres tenían fe y valor para acercarse a Moisés sobre un problema de justicia básica, Dios estableció un “estatuto de derecho” (Núm. 27:11) que permanecería para generaciones futuras y protegería a las mujeres que pudieran haberse encontrado en circunstancias similares.

Es muy fácil permitir que cosas como las posesiones nos dominen tanto que olvidemos aun los principios cristianos más básicos. ¿Cómo podemos protegernos de permitir que nuestro deseo de cosas arruine nuestra relación con Dios y con los demás?

El Sucesor.
Lunes 14 de diciembre

Después de tantos años en el desierto, los hijos de Israel pronto cruzarían a la Tierra Prometida. Había surgido una nueva generación, que pronto heredaría la tierra que había sido prometida primero a ellos cuando todavía estaban en los lomos de Abraham muchos siglos antes (Gén. 17:8). De este modo, a pesar de las demoras, las rebeliones, las murmuraciones, la falta de fe, de su pueblo, Dios cumpliría su palabra. Solo que lo haría con una nueva generación.

Lee Números 27:12 al 23, y responde las siguientes preguntas:

* En Números 27:12, Dios habla acerca de la tierra que él había dado (en el tiempo pasado) a los hijos de Israel, aun cuando ellos todavía no estaban allá. ¿Qué nos indica esto acerca de las promesas de Dios?
* Después de que Dios le dijo a Moisés otra vez que él no podría cruzar a esa tierra por causa de su pecado, ¿de qué modo respondió Moisés? Esto es, ¿cuál era la preocupación principal de Moisés? ¿Qué nos sugiere esto acerca de la clase de hombre que era?
* ¿Por qué era importante que Josué recibiera su cargo delante de toda la congregación?

Moisés pronto habría de morir, habiendo terminado su obra. El cargo pasaba ahora a Josué, el designado sucesor de Moisés. Cuán interesante es que no era uno de los hijos de Moisés, sino, en cambio, alguien que había demostrado su propia valía. Dios, no Moisés o la congregación, eligió a Josué.

Además, los textos aclaran muy bien que, como con Moisés, Josué había de dirigir únicamente por medio de la conducción de Dios; es decir, además de las leyes y los mandamientos escritos, él también debía buscar la voluntad de Dios por medio del “juicio del Urim delante de Jehová” (vers. 21).

¿Cuán a menudo buscas a Dios en oración con respecto a decisiones importantes que necesitas hacer? ¿Sobre qué base haces decisiones, si no es buscando la voluntad de Dios?

Reafirmación del Sistema de Sacrificios.
Martes 15 de diciembre

Cuando Dios proclamó en forma audible los Diez Mandamientos (Éxo. 20) en el Monte Sinaí, y ordenó la construcción del Tabernáculo (Éxo. 25), la segunda generación eran niños. Ahora Dios eligió reafirmar, en forma resumida, el sistema de sacrificios para los adultos de la segunda generación.

Números 28:1 al 8 describe la ofrenda “diaria”, o “continuo”, un cordero por la mañana y otro por la tarde. Se arreglaba de tal manera que este sacrificio siempre estuviera ardiendo (Lev. 6:9, 13). Esta ofrenda “diaria”, o “continuo”, era la pieza central del Santuario. Tenía prioridad sobre todos los demás sacrificios, y era central para la adoración de Israel. Este sacrificio representaba la constante disponibilidad del perdón y la aceptación de Dios por medio del Redentor prefigurado en el sacrificio.

Lee Romanos 5. ¿Qué nos indica esto acerca de la plenitud y lo completo que fue el sacrificio de Jesús por nosotros?

El sábado se hacía una ofrenda especial (aparte del “diario”). Consistía en dos corderos, de mañana y de tarde (Núm. 28:9, 10). Luego, en Números 28:11 al 15, se detallan los sacrificios para los días de luna nueva; luego, los festivales: la Pascua, el Pentecostés (Fiesta de las Semanas), la Fiesta de las Trompetas, el Día de la Expiación y la Fiesta de los Tabernáculos (Núm. 28, 29).

“Algunos se preguntan por qué Dios deseaba tantos sacrificios y estableció la ofrenda de tantas víctimas sangrantes en el sistema judío.

“Cada víctima que moría era un símbolo de Cristo, cuya lección era impresa en la mente y el corazón de la solemnísima y sacratísima ceremonia, y era explicada claramente por los sacerdotes. Los sacrificios fueron explícitamente diseñados por Dios mismo para enseñar esta grande e importante verdad: que solo mediante la sangre de Cristo hay perdón de los pecados” (MS 1:125).

¿Por qué es tan importante confiar únicamente en los méritos y la justicia de Cristo, no en algo que haya en nosotros mismos, como el único medio de salvación? ¿Qué ocurre si nos miramos a nosotros mismos, como si pudiéramos ser lo suficientemente buenos como para merecer o ganar la salvación?

Mantener la Palabra.
Miércoles 16 de diciembre

Lee Números 30 con respecto a votos y juramentos. ¿Qué principio importante podemos obtener de este capítulo para nosotros hoy? ¿Qué nos enseña acerca de la importancia de nuestras palabras? ¿Qué advertencias deberíamos aprender de esto?

Una cosa es una mentira directa; eso es obviamente pecaminoso y malo. Pero, no se habla de esto aquí. Cuán a menudo hemos hecho promesas solemnes, o un voto en el nombre del Señor, que teníamos en ese momento la intención seria de cumplir, y eventualmente nos apartamos de ella por una razón u otra. En este contexto inmediato, estamos tratando con votos hechos “a Jehová”; pero, en realidad, cuando nosotros –especialmente como cristianos profesos– decimos que haremos algo, deberíamos hacerlo. Si tuvimos solamente la intención de hacerlo en ocasión de pronunciarlo, representará poca diferencia para aquel a quien hicimos la promesa. Tal vez la persona nos creerá; tal vez, no. El punto es que, como cristianos profesos, ¿qué clase de representantes de Cristo somos si solo andamos haciendo promesas o votos que –por cualquier razón– terminamos no cumpliendo? ¿Cuán buena es nuestra religión si no cumplimos nuestra palabra? Por esto es vital que seamos muy cuidadosos en lo que prometemos o en los votos que hacemos, porque podremos encontrarnos en la posición vergonzosa de no ser capaz de cumplirlos, no importa cuán buenas hayan sido nuestras intenciones.

“La obligación incurrida al empeñar uno su palabra, con tal de que no sea para cometer un acto malo o ilícito, debe tenerse por sagrada” (PP 540). En la cultura israelita, el no cumplir uno la promesa, jurada en nombre de Dios, era considerado como un pecado de omisión. En un sentido real, el dejar de cumplir un voto es tomar el nombre de Dios en vano, especialmente si somos cristianos, quienes, idealmente, hacemos todas las cosas en el nombre de Cristo.

¿Cuántas veces has hecho votos y promesas a otros, a Dios o a ti mismo, que hayas quebrantado? ¿Qué promesas puedes reclamar que te ayudarán a impedir que esto suceda continuamente?

En la Frontera.
Jueves 17 de diciembre

Después de todo este tiempo, había surgido una nueva generación, más lista para dejar el desierto y finalmente tener un hogar que pudieran llamar propio. Algunos, de hecho, estaban más que listos para asentarse.

Lee Números 32:1 al 5. ¿Qué está sucediendo aquí? ¿Por qué harían este pedido?

En Números 32:6 al 15, Moisés da su respuesta. Él no está feliz, y considera que su acción es pecaminosa. La compara con lo que sucedió la última vez que estuvieron en la frontera y listos para cruzarla. Excepto que, es esta ocasión, sus razones eran diferentes. La primera vez había sucedido que sencillamente se habían asustado de la gente de la tierra, y no confiaron en Dios lo suficiente para avanzar. Esta situación no era parecida. No estaban atemorizados de cruzar la frontera; en cambio, les gustaba donde estaban, y querían quedarse allí.

¿De qué modo respondieron los líderes de Rubén y Gad, y cómo respondió Moisés a su vez? Núm. 32:16-42.

La respuesta de los rubenitas y los gaditas mostraba que ellos estaban dispuestos a hacer su parte en favor del resto de sus compatriotas. Es decir, por más que ellos querían la tierra que ya poseían, no iban a ser egoístas con respecto a eso. Por mucho que estuvieran seducidos por lo que poseían, iban a asegurarse que el resto de los israelitas obtuvieran sus posesiones también, antes de que ellos mismos se establecieran para gozar de las suyas.

Viendo su disposición, Moisés les advirtió que si no lo hacían “vuestro pecado os alcanzará” (vers. 23); no obstante, les tomó la palabra y accedió a las condiciones estipuladas.

Piensa en tu propia relación con el cuerpo de la iglesia como un todo. ¿Cuánto estás procurando dar a la iglesia, en contraste con cuánto podrás recibir de ella? ¿Qué te dice tu respuesta acerca de ti mismo? Al mismo tiempo, ¿no sería tiempo de que, debido a las circunstancias, necesites tomar más de lo que puedes dar?


Para Estudiar y Meditar.
Viernes 18 de diciembre

Estudia los siguientes textos con respecto a puntos específicos que Moisés eligió para recordarle a la segunda generación de israelitas. Sus observaciones están basadas en el principio: “No tenemos nada que temer en lo futuro, excepto que olvidemos la manera en que el Señor nos ha conducido y sus enseñanzas en nuestra historia pasada” (JT 3:443).

* La plaga de Sitim, en la que murieron veinticuatro mil israelitas (Núm. 25:9; 26:1).
* La rebelión de Coré, Datán y Abiram (Núm. 26:9-11).
* Er y Onán, hijos de Judá (vers. 19).
* Nadab y Abiú, hijos sacerdotales de Aarón (vers. 61).
* La primera generación murió en el desierto, excepto Caleb y Josué (vers. 63-65).

La mayor parte de estos eventos enumerados por Moisés fueron eventos que experimentó la segunda generación. ¿Por qué mencionó estas tragedias en la historia hebrea? El apóstol Pablo explica: “Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos” (1 Cor. 10:11).

Preguntas Para Dialogar:

1. ¿Cómo puede transmitir una generación a la siguiente sus valores, creencias y celo? ¿O realmente no puede hacerlo? O, considéralo de esta manera: ¿Debería una generación esperar que la siguiente tenga la misma clase de experiencias y fe que la que tuvo ella? Analiza.

2. Medita más en el tema de nuestro lugar en la iglesia. Primero, ¿cuál es el papel de la iglesia como un todo? ¿De qué modo nos ubicamos dentro de ese rol? ¿Deberíamos siempre estar en la posición de dar? ¿Cuándo es apropiado tomar?

3. Hemos estudiado que los hijos de Israel estaban en marcha por el desierto; ¿qué equivocaciones cometieron que estamos en riesgo de realizar también nosotros? ¿Qué lecciones principales podemos aprender de lo que ellos hicieron? Más importante todavía, ¿qué podemos hacer para asegurarnos de no caer en la misma trampa? O, si ya hemos caído, ¿cómo podemos salir de ella?

Resumen: Mientras Moisés vivía todavía, era apropiado que Dios lo instruyera para dar sus indicaciones finales a la segunda generación, reafirmar su fe y también designar a Josué como el nuevo líder de la Nación, bajo la dirección de Dios.


Guía de Estudio de la Biblia: Un pueblo en marcha: El libro de Números /
Edición Adultos.

Periodo: Trimestre Octubre-Diciembre de 2009
Autor: Frank B. Holbrook. B.D., M.Th. Teólogo adventista ya desaparecido. De 1981 a 1990, fue director asociado del Instituto de Investigación Bíblica de la Conferencia General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Silver Spring, Maryland. También fue Profesor de Religión de la hoy Southern Adventist University.
Editor: Clifford Goldstein

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Lección 12: La segunda generación: Amonestaciones / Notas de Elena de White

Sábado 12 de diciembre.

Moisés pronto iba a morir; se le ordenó entonces reunir a los hijos de Israel antes de su muerte para informarles acerca de todas las peregrinaciones de la hueste hebrea desde su partida de Egipto, y todas las grandes transgresiones de sus padres, que les habían acarreado los juicios de Dios, y habían obligado al Señor a decirles que no entrarían en la tierra prometida. Sus padres habían muerto en el desierto, de acuerdo con la palabra del Señor. Sus hijos habían muerto en el desierto, de acuerdo con la palabra del Señor. Sus hijos habían crecido, y en ellos había de cumplirse la promesa de posesión de la tierra de Canaán. Muchos de ellos eran pequeños cuando se dio la ley, y no recordaban en absoluto la grandiosidad de ese evento. Otros nacieron en el desierto, y frente a la posibilidad de que no comprendieran la necesidad de obedecer los Diez Mandamientos y todas las leyes y reglamentos dados a Moisés, Dios lo instruyó para que recapitulara los Diez Mandamientos y todas las circunstancias relacionadas con la promulgación de la ley (La historia de la redención, p. 174).

Nuestra salvación es completa porque está fundada en el plan establecido antes de la fundación del mundo. Antes de que viniera Cristo se podía obtener una santidad ceremonial basada en la ofrenda de sangre de toros y carneros; pero estos sacrificios no limpiaban la conciencia; eran sólo una representación de Cristo, el gran sacrificio, quien vino a este mundo para darle valor a todos los sacrificios y ofrendas, ofreciéndose a sí mismo para hacer la voluntad de Dios y ponerse a la cabeza de la humanidad. Y mediante Cristo recibimos el Espíritu Santo quien nos da un claro testimonio del valor del sacrificio ofrecido por el Señor. La Palabra de Dios declara: "En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre" (Hebreos 10:10). El sacrificio que se hizo por nosotros fue completo y suficiente (Review and Herald, julio 25, 1899).

La División de la Tierra.
Domingo 13 de diciembre

Por orden de Dios, Moisés estableció los límites de la tierra de Canaán y seleccionó un príncipe por cada tribu con el propósito de dividir la tierra que cada una de ellas tendría cuando llegaran a poseerla. Pero la tribu de Leví no estaba incluida en la distribución; habían sido elegidos para un servicio sagrado y no tendrían herencia entre sus hermanos. No obstante, cuarenta y ocho ciudades en diferentes partes del territorio serían su lugar para vivir (Signs of the Times, enero 20, 1881).

En el plan de Dios para Israel, cada familia tenía su propia casa en suficiente tierra de labranza. De este modo quedaban asegurados los medios y el incentivo para hacer posible una vida provechosa, laboriosa e independiente. Y ninguna especulación humana ha mejorado jamás semejante plan. Al hecho de que el mundo se apartó de él, se debe en gran parte la pobreza y la miseria que imperan hoy.

Al establecerse Israel en Canaán, la tierra fue repartida entre todo el pueblo, menos los levitas que, en calidad de ministros del Santuario, quedaban exceptuados de la repartición. Las tribus fueron empadronadas por familias, y a cada familia, según el número de sus miembros, le fue concedida una heredad.

Y si bien era cierto que uno podía enajenar su posesión por algún tiempo, no podía, sin embargo, deshacerse definitivamente de ella en perjuicio de la herencia de sus hijos. En cuanto pudiese rescatar su heredad, le era lícito hacerlo en cualquier momento. Las deudas eran perdonadas cada séptimo año, y cada cincuenta años, o sea en ocasión del jubileo, todas las fincas volvían a sus primitivos dueños.

"La tierra no se venderá rematadamente -mandó el Señor- porque la tierra mía es; que vosotros peregrinos y extranjeros sois para conmigo. Por tanto, en toda la tierra de vuestra posesión, otorgaréis redención a la tierra. Cuando tu hermano empobreciere, y vendiere algo de su posesión, vendrá el rescatador, su cercano, y rescatará lo que su hermano hubiere vendido. Y cuando el hombre... hallare lo que basta para su rescate... volverá a su posesión. Mas si no alcanzara su mano lo que basta para que vuelva a él, lo que vendió estará en poder del que lo compró hasta el año del jubileo".

"Santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis libertad en la tierra a todos sus moradores: éste os será jubileo; y volveréis cada uno a su posesión, y cada cual volverá a su familia" (Levítico 25:23-28, 10).

De este modo cada familia quedaba segura de su posesión, y había una salvaguardia contra los extremos, tanto de la riqueza como de la pobreza (El ministerio de curación, pp. 138, 139).

El Sucesor.
Lunes 14 de diciembre

Sin murmurar, Moisés se sometió a lo decretado por Dios. Y su preocupación se concentró en el pueblo de Israel. ¿Quién sentiría el interés que él había sentido por el bienestar de ese pueblo? Con el corazón desbordante de emoción exhaló esta oración: "Ponga Jehová, Dios de los espíritus de toda carne, varón sobre la congregación, que salga delante de ellos, y que entre delante de ellos, que los saque y los introduzca; porque la congregación de Jehová no sea como ovejas sin pastor" (Números 27:16, 17).

El Señor oyó la oración de su siervo; y la contestación fue: "Toma a Josué hijo de Nun, varón en el cual hay espíritu, y pondrás tu mano sobre él. Y ponerlo has delante de Eleazar el sacerdote, y delante de toda la congregación; y le darás órdenes en presencia de ellos. Y pondrás de tu dignidad sobre él para que toda la congregación de los hijos de Israel le obedezcan" (Versículos 18-20). Josué había sido asistente de Moisés por mucho tiempo; y siendo hombre de sabiduría, capacidad y fe, se le escogió para que le sucediera.

Por la imposición de las manos de que le hizo objeto Moisés al mismo tiempo que le hacía recomendaciones impresionantes, Josué fue consagrado solemnemente caudillo de Israel. También se le admitió entonces a participar en el gobierno. Moisés transmitió al pueblo las palabras del Señor relativas a Josué: "Él estará delante de Eleazar el sacerdote, y a él preguntará por el juicio del Urim delante de Jehová: por el dicho de él saldrán, y por el dicho de él entrarán, él, y todos los hijos de Israel con él, y toda la congregación" (Versículo 21).

Antes de abandonar su puesto como jefe visible de Israel, Moisés recibió la orden de repetirle la historia de su libramiento de Egipto y de sus peregrinaciones a través de los desiertos, como también de darle una recapitulación de la ley promulgada desde el Sinaí. cuando se dio la ley, eran pocos los miembros de la congregación presente que tenían suficiente edad para comprender la terrible y grandiosa solemnidad de la ocasión. Como pronto iban a cruzar el Jordán y tomar posesión de la tierra prometida, Dios quería presentarles las exigencias de su ley, e imponerles la obediencia como condición previa para obtener prosperidad (Patriarcas y profetas, pp. 494, 495).

La posición de Josué difería en algunos aspectos de la de Moisés. Éste no sólo era profeta y gobernante de Israel, sino oficiaba como sumo sacerdote y recibía el consejo directamente de Dios. Después de Moisés, ni a Josué ni a ningún otro de los gobernantes de Israel, le fue permitido acercarse directamente al Señor, excepto mediante el sumo sacerdote (Signs of the Times, enero 13, 1881).

Reafirmación del Sistema de Sacrificios.
Martes 15 de diciembre

Se acercaba el momento en que Moisés debía traspasar a otros el comando de Israel. Pronto debía subir al monte Nebo, según la orden divina, para morir allí. Pero antes de hacerlo, debía repetir ante toda la congregación los principales hechos referidos a su liberación de la cautividad en Egipto y su peregrinación en el desierto. Debía recordarles las maravillosas manifestaciones del poder de Dios al sacarlos de ese "horno de fuego", una buena ilustración de su cruel y degradante esclavitud, de la cual no hubieran podido librarse si no hubiese sido por la intervención del Dios del cielo.

Y Moisés no solamente debía recordarles las misericordiosas manifestaciones del poder divino en toda su peregrinación, sino también repetirles la ley divina promulgada en el Sinaí. Cuando sus padres habían escuchado la ley, la congregación presente era demasiado joven para comprender la grandeza y la solemnidad de la ocasión. Sus padres habían escuchado la voz de Dios y sido testigos de su poder, por lo tanto podían comprender el carácter sagrado de la santa ley; pero no la habían guardado, y por sus transgresiones cayeron en el desierto sin poder entrar en la tierra prometida. Sus hijos debían ahora comprender los terribles resultados de transgredir la ley divina. Tan pronto como cruzaran el Jordán y tomaran posesión de la tierra prometida, Dios les daría una clara idea de los reclamos de su ley y de la obediencia requerida como condición para su prosperidad. No era suficiente nombrarse como el pueblo de Dios; su amor por él y su derecho a ser parte del Israel de Dios, debían mostrarse por su obediencia.

Moisés se presentó ante el pueblo con el objeto de repetirle sus últimas advertencias y amonestaciones. Una santa luz iluminaba su rostro. La edad habían encanecido su cabello; pero su cuerpo se mantenía erguido, su fisonomía expresaba el vigor robusto de la salud, y tenía los ojos claros y penetrantes. Era aquella una ocasión importante y solemne, y con profunda emoción y poética elocuencia magnificó al Señor Dios de Israel. Su gran amor y misericordia fueron presentados en el lenguaje más sublime e impresionante. Sus consejos, amonestaciones, reproches y ánimo, provenían de las palabras que Cristo mismo ponía en su mente (Signs of the Times, marzo 10, 1881).

La muerte de Cristo en la cruz fue consumada por su obediencia voluntaria, de lo contrario no hubiera habido ningún mérito en ello; porque la justicia no hubiera habido ningún mérito en ello; porque la justicia no hubiera castigado en lugar del pecador a un ser inocente que no hubiese estado dispuesto voluntariamente a sufrir la pena. Fue la decisión libre y completa del Salvador lo que hizo su sacrificio aceptable en cada punto. Por eso el pecador puede rendir su propia voluntad a Dios y aceptar a Cristo como su sustituto y seguridad. Él es el único que puede transformar pecadores en santos, cuando esos pecadores reconocen su culpa, aceptan el perdón que ofrece Cristo, y deciden con sinceridad hacer su voluntad y andar en sus caminos. De ellos se dice: "Vosotros estáis completos en él", porque no dependen de su propia justicia, sino de la que reciben por la fe en Cristo (Signs of the Times, agosto 22, 1900).

La muerte y la resurrección de Cristo completaron su pacto. Antes de ese tiempo se revelaba por medio de símbolos y sombras que señalaban hacia la ofrenda que sería hecha por el Redentor del mundo, ofrecida como promesa por los pecados del mundo. Los creyentes eran salvados antiguamente por el mismo Salvador de ahora; pero es un Dios velado. Veían la misericordia de Dios en símbolos. La promesa hecha a Adán y a Eva en el Edén era el evangelio para una raza caída. Se había dado la promesa de que la simiente de la mujer heriría la cabeza de la serpiente, y que ésta le heriría el calcañar. El sacrificio de Cristo es el glorioso cumplimiento de todo el sistema hebreo. Ha salido el Sol de justicia. Cristo nuestra justicia está brillando esplendorosamente sobre nosotros (Comentario bíblico adventista, t. 7, p. 944).

Mantener la Palabra.
Miércoles 16 de diciembre

Los corazones de Ananías y de su esposa fueron movidos por el Espíritu Santo a dedicar sus posesiones a Dios, tal como lo habían hecho sus hermanos. Pero después de haber hecho la promesa, se arrepintieron, y decidieron no cumplirla. Mientras pretendían darlo todo, retuvieron una parte del dinero recibido. Actuaron fraudulentamente en relación con Dios, mintieron al Espíritu Santo, y su pecado recibió un juicio rápido y terrible. Perdieron no sólo esta vida sino también la vida eterna.

El Señor vio que era necesaria esta señalada manifestación de su justicia para proteger a otros contra ese mismo mal. Esto constituyó un testimonio de que los hombres no pueden engañar a Dios, de que él detesta el pecado oculto en el corazón y de que nadie podrá burlarse de él. ese acontecimiento fue permitido como amonestación para la joven iglesia, para guiar a sus miembros a examinar sus motivos, para que tuvieran cuidado de no complacer el egoísmo y la vanagloria, para que se cuidaran de no robar a Dios.

En el caso de Ananías, el pecado de fraude contra Dios fue detectado y castigado rápidamente. Este ejemplo del juicio de Dios tenía el propósito de ser una señal de peligro para todas las generaciones futuras. Ese mismo pecado se repitió con frecuencia en la historia posterior de la iglesia, y en nuestra época muchos lo cometen; pero aunque no reciba la manifestación visible del desagrado de Dios, no por eso es menos horrible ante su vista ahora que en el tiempo de los apóstoles. La amonestación ha sido dada, Dios ha manifestado claramente su aborrecimiento de este pecado, y todos los que manifiesten una conducta semejante pueden tener la seguridad de que están destruyendo sus propias almas...

Las personas que hacen tales promesas a sus semejantes, no piensan generalmente en pedir que se los libre de sus compromisos. Un voto hecho a Dios, el Dador de todos los favores, es de importancia aun mayor; por lo tanto, ¿por qué habríamos de quedar libres de nuestros votos a Dios? ¿Considerará el hombre su promesa como de menos fuerza porque ha sido hecha a Dios? Por el hecho de que su voto no será llevado a los tribunales, ¿es menos válido? ¿Habrá de robar a Dios un hombre que profesa ser salvador por la sangre del infinito sacrificio de Jesucristo? ¿No resultan sus votos y sus actos pesados en las balanzas de justicia de los ángeles celestiales? (Consejos sobre mayordomía cristiana, pp. 326, 327).

Fue grande la indignación de los israelitas cuando supieron que se los había engañado. Y esta indignación aumentó cuando después de tres días de viaje, llegaron a las ciudades de los gabaonitas, cerca del centro del país. "Toda la congregación murmuraba contra los príncipes"; pero éstos rehusaron quebrantar la alianza que había hecho a pesar de que fue lograda por fraude, porque habían "jurado por Jehová Dios de Israel". "Y no los hirieron los hijos de Israel". Los gabaonitas se habían comprometido solemnemente a renunciar a la idolatría, y a aceptar el culto de Jehová; y al perdonarles la vida, no se violaba el mandamiento de Dios que ordenaba la destrucción de los cananeos idólatras. De manera que por su juramento los hebreos no se habían comprometido a cometer pecado. Y aunque el juramento se había obtenido por engaño no debía ser violado. La obligación incurrida al empeñar uno su palabra, con tal que no sea para cometer un acto malo o ilícito, debe tenerse por sagrada. Ninguna consideración de ganancia material, venganza o interés personal, puede afectar la inviolabilidad de un juramento o promesa. "Los labios mentirosos son abominación a Jehová". "Subirá al monte de Jehová" y estará en lugar de su santidad, "el que habiendo jurado en daño suyo, no por eso muda" (Proverbios 12:22; Salmo 24:3; 15:4) (Patriarcas y profetas, p. 540).

En la Frontera.
Jueves 17 de diciembre

Mientras los israelitas estaban todavía acampados al este del Jordán, las tribus de Gad y Rubén, viendo que la zona era favorable para dedicarse a la ganadería, deseaban establecerse allí. Se acercaron con ese pedido a Moisés; pero éste, suponiendo que estas tribus deseaban evitar las luchas que sus hermanos podrían encontrar contra los cananeos, se disgustó. "¿Irán vuestros hermanos a la guerra, y vosotros os quedaréis aquí?" - les dijo. Moisés temía que la cobardía, o el resultado de la incredulidad, fueran la razón de este pedido y que por lo tanto pudieran caer bajo el desagrado divino.

Los hombres de Rubén y Gad le aseguraron que no dejarían de compartir la s cargas y responsabilidades que el Señor había puesto sobre Israel. Una vez que construyeran hogares para sus familias, compartirían con sus hermanos todas las luchas y conflictos hasta que todos tomaran posesión de sus tierras. Moisés finalmente consintió, pero aún tenía la preocupación de que en el futuro no cumplieran su promesa; por eso les advirtió: "Mas si así no lo hacéis, he aquí habréis pecado contra Jehová; y sabed que vuestro pecado os alcanzará" (Números 36:6, 23).
Aquí hay una lección que pueden aprender los profesos cristianos de nuestros días. Dios no se agrada de aquellos que buscan su propia prosperidad temporal y una vida placentera, mientras sus hermanos pasan dificultades y privaciones al llevar pesadas responsabilidades en la iglesia. El conflicto entre la verdad y la santidad por un lado, y el error y la mundanalidad por el otro, están siempre presente. Todos los que dicen ser hijos de Dios deben estar armados para la batalla, puesto que el Señor no depende de unos pocos soldados para ir a la guerra mientras muchos otros descansan con tranquilidad. El gran apóstol Pablo les decía a los corintios: "Porque no digo esto para que haya para otros holgura, y para vosotros estrechez" (2 Corintios 8:13). Todos los que profesan tener interés en la causa de Dios, en la conversión de pecadores y en el avance de la verdad, debieran ser soldados en el ejército del Señor, con ese único interés, esa única motivación y ese único objetivo en la vida. La gran razón porque la causa de Dios no avanza más, es la indolencia y la indiferencia del profeso pueblo de Dios (Signs of the Times, mayo 5, 1881).

Las dificultades y malos entendidos que todavía se levantan entre el pueblo de Dios son a menudo similares en naturaleza a aquellos que probaron ser una amenaza desastrosa para Israel. Las diez tribus temían que el pueblo que Dios había elegido se dividiese en sus intereses y en su culto; por eso se apresuraron a rechazar la supuesta separación que sus hermanos querían realizar. Pero en su esfuerzo por mantener el honor de Dios y la pureza de Israel, ¡qué serios y fatales resultados podrían haber sobrevenido sólo por un simple mal entendido!

En ocasiones, los que buscan con sinceridad promover la causa de la verdadera religión son mal interpretados y severamente reprimidos; pero la sabiduría de los dirigentes para evitar males mayores en esa ocasión es digna de ser imitada. Grandes males pueden ser evitados en las iglesias cuando sus miembros siguen un curso de acción similar, y cuando los individuos que han sido tratados injustamente y censurados por sus hermanos no dan lugar a la ira ni a la venganza. Estas ocasiones dan a todos la oportunidad de desarrollar las preciosas virtudes de la mansedumbre y la paciencia (Signs of the Times, mayo 12, 1881).


Guía de Estudio de la Biblia: Un pueblo en marcha: El libro de Números / Notas de Elena de White.

Periodo: Trimestre Octubre-Diciembre de 2009
Autor: Frank B. Holbrook. B.D., M.Th. Teólogo adventista ya desaparecido. De 1981 a 1990, fue director asociado del Instituto de Investigación Bíblica de la Conferencia General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Silver Spring, Maryland. También fue Profesor de Religión de la hoy Southern Adventist University.
Editor: Clifford Goldstein

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Lección 12: La segunda generación: Amonestaciones / Edición para Maestros

El sábado enseñaré...

Texto Clave: “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas”. Deuteronomio 6:4, 5.

Enseña a tu clase a:

Saber cuáles fueron las lecciones grabadas en la segunda generación que recibió la Tierra Prometida.
Sentir aprecio por el estilo de liderazgo manifestado en la Biblia.
Hacer nuestra parte fielmente, como miembros de un solo cuerpo.

Bosquejo de la Lección

1. Saber: Aprender de generaciones pasadas

A. Aun cuando Moisés no entraría en Canaán, él ayudó a preparar al pueblo para este paso largamente esperado. ¿Cómo había de dividirse la tierra?
B. ¿Cómo fue elegido el nuevo líder para Israel? ¿Cuál fue la actitud de Moisés en este proceso?

2. Sentir: Cualidades de los líderes

A. ¿Qué peso tuvieron las necesidades de las familias en la distribución de la tierra? ¿Qué te dice esto con respecto al valor de las familias a los ojos de Dios?
B. ¿De qué modo respondieron Dios y Moisés al pedido de Rubén y Gad, y el de las hijas de Zelofehad? A la luz de estas experiencias, ¿qué función tienen la flexibilidad y las concesiones mutuas en el liderazgo? ¿Qué otros rasgos del liderazgo se ilustran?
C. ¿Qué actitudes hacia el liderazgo se fomentan con un estilo democrático de liderazgo frente a uno autoritario? ¿Cuándo el estilo autoritario es apropiado?

3. Hacer: Actuar como uno solo, el cuerpo de Cristo

A. ¿Por qué estaba Moisés preocupado acerca del pedido de los rubenitas y los gaditas que querían establecerse antes de cruzar el Jordán? ¿Hemos sido culpables de cuidarnos a nosotros mismos y las necesidades de nuestra familia, sin considerar las responsabilidades que tenemos con la iglesia y la comunidad?
B. ¿Qué responsabilidades tenemos hacia nuestra iglesia y nuestra comunidad que son tan críticas como las que Moisés enfatizó a los hijos de Rubén y de Gad?

Resumen: Aunque Moisés no conduciría al pueblo a entrar en Canaán, fielmente administró los preparativos finales para su entrada.

CICLO DE APRENDIZAJE

PASO 1: ¡Motiva!

Concepto clave: Dios nos llama a aprender, de nuestros antecesores, a pasar la antorcha de la sabiduría piadosa a quienes vienen después de nosotros.

Solo para los maestros: Aunque la mayoría de los eventos atléticos en las pistas son individuales, las carreras de relevos son el ejemplo más esencial de la cooperación de un equipo. Pasar el testimonio (posta o elemento que se pasa de un corredor al que le sigue) requiere precisión. La posta debe ser intercambiada en la zona de intercambio.

El sentido de oportunidad en el tiempo es crítico. Si los testimonios son pasados demasiado temprano o demasiado tarde, el equipo queda automáticamente descalificado. Si tanto el corredor que llega como el que sale de su carril interfieren con otro corredor, su equipo será castigado. El instante del intercambio requiere horas de práctica. Si el corredor que sale debe frenarse para recibir el testimonio, se pierde tiempo. Si los corredores que entran corren pasando a los que salen, es inevitable un traspaso pobre. Si un testimonio se cae, casi seguramente asegura una carrera perdida. No obstante, una posta bien ejecutada es el espectáculo más excitante en las carreras.

¿Cómo estamos pasando el testimonio de la fe a las generaciones futuras? ¿Cuán bien hemos recibido el testimonio de las generaciones pasadas? ¿Hemos aprendido de sus errores o los repetimos? ¿Hemos aprendido de su sabiduría o, en forma arrogante, ignoramos sus valores? ¿Hemos pasado el testimonio en forma apropiada o hemos sido descuidados al hacerlo? ¿De qué maneras podemos mejorar?

Actividad: Reparte hojas de papel y lápices. Pide a los miembros de la clase que enumeren cinco valores que son importantes para ellos. Permite tiempo para compartir sus listas. Pregunta a los miembros de la clase por qué esos valores son importantes para ellos. Ahora, pregúntales qué están haciendo para transmitir esos valores a otros. Pregúntales por qué es importante compartir nuestros valores con otros.

PASO 2: ¡Explora!

Comentario de la Biblia

I. La repartición de la tierra (Repasa, con la clase, Núm. 26; 27:1-11; 34:1-36:13).

Siendo que la sociedad hebrea era patriarcal (no matriarcal), uno puede fácilmente suponer que los derechos de las mujeres eran pasados por alto. Cuán importante es, entonces, que los textos que tenemos aquí para estudiar ilustren los siguientes puntos: 1) que Dios estaba también interesado en la posición de las mujeres; 2) que las leyes civiles fueron creadas para servir al principio de la equidad y podían ser modificadas cuando llegaba a ser claro que contravenían el principio que tenían la intención de proteger; y 3) que debían ser considerados los derechos de todas las personas afectadas, de modo que alcanzara un compromiso que atendiera las necesidades de todos.

El plan de Dios para la repartición de la tierra otorgaba la tierra basado en las necesidades de la tribu y garantizaba una justa distribución a perpetuidad. Este plan era sumamente importante en una sociedad agraria, porque la tierra significaba la capacidad de sustentar la vida y la cultura. El derecho de las mujeres a una herencia justa debía ser equilibrado frente a la garantía tribal de un medio perpetuo de sostén. Cuando las mujeres llegaban a ser dueñas, era posible que la tierra pasara a otra tribu porque, en una sociedad patriarcal, la tierra propia de las mujeres se transfería a la tribu de su esposo. Esto reduciría la tierra, el medio de sostén de una tribu comparada con otra. La resolución de este asunto muestra la debida consideración para ambas preocupaciones.

Considera: ¿De qué modo las leyes civiles y la práctica de la iglesia proporcionan una distribución equitativa del poder, la riqueza, y el respeto entre los hombres y las mujeres en nuestra sociedad? Si la ley y las prácticas pasadas ya no sirven al principio de la equidad, ¿cuál es la manera adecuada para producir cambios apropiados?

II. Mantener la palabra y acerca de los bordes (Repasa, con la clase, Núm. 30; 32; 2 Cor. 1:20; Sant. 3:3-12).

Una comunicación honesta y abierta cierra la puerta a muchos malos entendidos. Dios quería que Moisés transmitiera este valor a la nueva generación. ¿Cuántos hijos son heridos porque los padres quebrantan las promesas de pasar tiempo con ellos? ¿Cuántas familias están bajo presión porque dejan de afrontar sus obligaciones financieras? ¿Cuántos matrimonios y empresas se disuelven porque los socios no pueden mantener su palabra?

Las molestias personales o las “promesas apresuradas” no son excusas aceptables para no guardar la palabra que uno ha dado. A menudo se requiere sacrificio personal para guardar una promesa; pero esto es lo que se espera de todos los que pretenden conocer a Dios. Dios siempre cumple sus promesas, y así debieran hacerlo todos los que llevan su nombre.

Esta responsabilidad fue el problema en la frontera de Canaán, cuando los rubenitas y los gaditas pidieron permiso para establecerse al este de Canaán. Al principio, Moisés supuso que su motivo era cobardía, un intento de no cumplir su palabra en cuanto a su obligación de pelear junto con sus compañeros hebreos en la conquista de Canaán. Cuán a menudo nosotros, como Moisés, suponemos lo peor de los demás. Sin embargo, esta no era la intención de ellos. Debemos darle el crédito a Moisés por darles una oportunidad de corregir la evaluación que él había hecho al principio. ¡Cuántas disputas en la iglesia podrían evitarse si siguiéramos este principio!

Considera: ¿Qué significa para ti “dar a otros el beneficio de la duda”? ¿Cómo podemos reemplazar acusaciones innecesarias con preguntas sinceras?

PASO 3: ¡Aplica!

Solo para los maestros: Pasar la antorcha de la fe y los valores puede ser una tarea frustrante, como lo ilustra el siguiente diálogo. Pide a dos personas que representen el siguiente incidente, y luego lo analicen en la clase.

Hijo: Papi, ¡no es nada que te interese! Es mi vida. ¿Por qué no me puedes dejar solo?

Papá: No puedo creer que estoy oyendo esto. ¡Mi propio hijo! ¿No te enseñé nada?

H: Mira, ya he tenido suficiente. Tú no puedes vivir mi vida por mí.

P: Eso no tiene nada que ver. Tú tienes una obligación moral aquí. No te puedes ir así no más, y dejar que otro haga lo que tú tendrías que haber hecho.

H: Bueno, tú eres el que habla. ¿Quién dijo que eras el “Sr. Perfecto”?

P: Tal vez no siempre he vivido a la altura de los valores que te enseñé. Lo lamento. Pero, créeme: he tratado de cumplir mis promesas. He tratado de hacer lo correcto.

H. Bueno, ¿pensaste alguna vez que tal vez estoy tratando de hacer lo mismo a mi manera?

P. Tal vez ese sea el problema. No tiene que ver con tu manera o con la mía. ¿Te has preguntado qué piensa Dios acerca de esto?

H: Lo sabía. Lo sabía. Tarde o temprano, tú...

P: Bueno, sigue... Tira a Dios afuera. Ahora, dime: ¿de dónde sacas tus valores? ¿O esto lo hace cada uno por sí mismo? Todos hacen lo que creen que es correcto, no importando a quién lastiman.

H: ¡Eso es muy injusto!

P: ¿Lo es? Mira, un día tendrás un hijo propio. ¿Qué quieres que él sea? ¿Tendrás algún valor para enseñarle a él? ¿O lo tirarás afuera como una botella en medio del océano, a la deriva, hasta que encuentre una orilla por obra del azar?

H: ¡Oh! Ya puedo oír lo que sigue: “¿Permitirás que los medios o Internet lo críen?” ¡Papá, tú eres muy predecible!

P: Tal vez sea así; pero un día tendrás que pensar por qué estás aquí, cuál es el propósito de tu vida, qué le da significado a tu vida: las grandes preguntas. Encontrarás que hay más que solo tú en el mundo. Tal vez entonces pensarás dos veces acerca de Dios.

H: Y tú ¿no crees que ya he hecho eso?

P: Bueno, si lo hiciste, no te olvides de que Dios te ama, y tiene un plan para tu vida. Aprende de mis debilidades. No las repitas. Elige lo mejor que la vida te ofrece.

H: (Pausa). Muy bien, no te hago ninguna promesa, pero pensaré en esto.

Preguntas: ¿Qué declaraciones verdaderas hicieron tanto el padre como el hijo? ¿Qué piensas que era el tema de la discusión? Lean “entre líneas”, y hablen acerca de maneras de hacer más fácil la transferencia de los valores de Dios a la generación siguiente.

PASO 4: ¡Crea!

Actividad: Basado en la discusión del incidente reciente, haz una lista de cinco cosas que personalmente intentas pasar acerca de tu fe y tus valores a la generación siguiente.



Guía de Estudio de la Biblia: Un pueblo en marcha: El libro de Números / Edición para Maestros.

Periodo: Trimestre Octubre-Diciembre de 2009
Autor: Frank B. Holbrook. B.D., M.Th. Teólogo adventista ya desaparecido. De 1981 a 1990, fue director asociado del Instituto de Investigación Bíblica de la Conferencia General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Silver Spring, Maryland. También fue Profesor de Religión de la hoy Southern Adventist University.
Editor: Clifford Goldstein

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miércoles, 11 de noviembre de 2009

Lección 7: Lucha por el poder / Comentarios de Alejandro Bullón





Comentario del Pr. Alejandro Bullón
Nació en Perú, estudió y se graduó de Teología en el Seminario de la Unión Peruana. Trabajó diez años en su país como consejero de jóvenes, y luego fue invitado a continuar el desarrollo de dicho ministerio en el Brasil. Actualmente es evangelista de la
Voz de la Esperanza. Ex secretario de la Asociación Ministerial de la División Sudamericana de los Adventistas del Séptimo Día, y evangelista para toda América del Sur. Ha escrito varios libros, tales como "Conocer a Jesús es todo", "La crisis existencial", "Tú eres mi vida" y "Vuelve a casa hijo".

Guía de Estudio de la Biblia: Un pueblo en marcha: El libro de Números / Notas de Elena de White.
Periodo: Trimestre Octubre-Diciembre de 2009
Autor: Frank B. Holbrook. B.D., M.Th. Teólogo adventista ya desaparecido. De 1981 a 1990, fue director asociado del Instituto de Investigación Bíblica de la Conferencia General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Silver Spring, Maryland. También fue Profesor de Religión de la hoy Southern Adventist University.
Editor: Clifford Goldstein

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sábado, 7 de noviembre de 2009

Lección 7: Lucha por el poder / Para el 14 de noviembre de 2009

Sábado 7 de noviembre.

Lee Para el Estudio de esta Semana: Génesis 17:10-17; Números 16; 17; Josué 4:3-9; Mateo 26:13; Lucas 22:19.

Para Memorizar: “Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu” (Prov. 16:18).

LA MULTITUD GUARDABA UN ODIO MAL DISIMULADO contra Moisés y Aarón. Vagar por el desierto hasta que la primera generación que salió de Egipto muriera parecía más de lo que podían tolerar. En lugar de someterse a Dios, algunos complotaron para librarse de los dos hermanos, como si ellos, y no Dios, fueran los responsables.

“Coré, el instigador principal de este movimiento, era un levita de la familia de Coat y primo de Moisés. Era hombre capaz e influyente. Aunque designado para el servicio del Tabernáculo, se había quedado desconforme de su cargo [...] y, por algún tiempo, Coré había estado resistiendo secretamente la autoridad de Moisés y de Aarón. [...] Por último, concibió el osado propósito de derrocar tanto la autoridad civil como la religiosa” (PP 417).

Esta lección debería recordarnos la corrupción del corazón humano. El orgullo, los celos y el amor al poder, si crecen, pueden dar frutos terribles. Solo Dios conoce cuánto dolor, sufrimiento y pérdida han resultado, y resultarán, de aquellos que permiten que esas semillas produzcan su cosecha. Aprendamos de estos errores, y no los cometamos nosotros.

Rebelión (Otra vez).
Domingo 8 de noviembre

Lee Números 16:1 al 3. Lee cuidadosamente las palabras que los rebeldes dijeron a Moisés. ¿Qué cuatro mentiras se encuentran allí?

La reacción de Moisés a este ataque (vers. 4) revela cuán frustrado debió haberse sentido por tales acusaciones distorsionadas y retorcidas, especialmente por parte de aquellos que deberían haber sabido mejor las cosas. “Pertenecían al grupo que acompañó a Moisés en el ascenso al monte y presenció la gloria divina.[...] Con la excusa de interesarse mucho en la prosperidad del pueblo, comenzaron a susurrar su descontento el uno al otro, y luego a los jefes de Israel. Sus insinuaciones encontraron tan buena acogida que se aventuraron a ir más lejos y, por último, creyeron verdaderamente que los movía el celo por Dios” (PP 419).

Otra vez vemos aquí la manifestación del pecado original de Satanás en el cielo. No importa cuán exaltados hayan sido estos hombres y príncipes, o los altos cargos que habían recibido, no era suficiente para ellos. Querían más.

¡Cuán cuidadosos debemos ser!

¿Qué otra cosa había detrás de esta rebelión? ¿Por qué, también, estas acusaciones eran totalmente falsas? Núm. 16:12-14.

Lo que es tan increíble son las palabras de estos hombres, llamando a Egipto (¡nada menos que a Egipto!) la tierra que “fluye leche y miel”. Es sorprendente cómo el pecado fue capaz de pervertir su juicio de tal modo que el país de su esclavitud se mencionaba en términos que representaban la Tierra Prometida por Dios.

¿En qué formas nos engañamos, formas en que racionalizamos o justificamos nuestros pecados y nuestros hechos malos? ¿Cómo podemos protegernos contra esta triste y peligrosa trampa espiritual?

Si Dios Creara Algo Nuevo.
Lunes 9 de noviembre

Consideren la reacción de Moisés ante estos hombres (Núm. 16:4-11). A pesar de la exaltada posición que ellos habían recibido, querían más. Moisés veía eso claramente.

Pero, más importante todavía, si observas sus palabras, parecía como si estuvieran rebelándose contra Moisés y Aarón, como si ellos dos hubieran usurpado toda esa autoridad, hubiesen sobrepasado sus límites y se hubieran exaltado por sobre todos los demás, así como si los hubiesen llevado al desierto para matarlos.

En realidad, sin embargo, ¿contra quién estaban rebelándose ellos? Núm. 16:11.

Otra vez, nos preguntamos de dónde sacaron estos hombres tales acusaciones falsas. ¿El poder de quién dividió las aguas del Mar Rojo: el de Dios o el de Moisés y Aarón? ¿Quién hizo que hubiera maná cada mañana: Dios o Moisés y Aarón? ¿Quién se encargó de la nube de día y del fuego de noche: Dios o Moisés y Aarón? Es difícil imaginarse cómo, con todo lo que habían presenciado, actuaron de esa manera.

Lee Números 16:15 al 35. Nota las palabras de Moisés en los versículos 28 al 30. ¿Qué está diciendo, que muestra cuál era el verdadero problema?

Piensa en su situación. Si estos hombres hubieran sido capaces de fomentar una rebelión más amplia, quién sabe que consecuencias podrían haber sucedido. Los hijos de Israel, apenas afirmados en Dios, fácilmente podrían haberse descarriado totalmente. Tenían que saber que Dios estaba en los controles, que Dios era quien que los estaba guiando, y que Moisés y Aarón estaban haciendo lo que Dios los había llamado a hacer, y que no estaban actuando por sí mismos. Todo eso debió haber sido obvio, pero otra vez vemos cómo el pecado tiene una manera tan fuerte de nublar nuestras mentes. El espíritu de rebelión, una vez fomentado, es difícil de apagar, y a menudo toma un gran impulso propio.

¿Cuán susceptible eres de albergar sentimientos de envidia con respecto a los que ocupan cargos o tienen autoridad sobre ti? ¿Qué puedes aprender del ejemplo de Cristo que podría ayudarte a vencer este sentimiento potencialmente dañino?

Recordativos.
Martes 10 de noviembre

La investigación arqueológica en Palestina no ha encontrado muchos materiales escritos (fuera de los rollos del Mar Muerto); no obstante, las Escrituras se refieren a una variedad de recordativos como señales visibles para traer continuamente a la memoria de Israel su significado. Por ejemplo, en Génesis 28:11 al 22, Jacob levantó una piedra como recordativo, a fin de rememorar las promesas del pacto que Dios les había hecho a él y a sus descendientes.

¿De qué manera se estableció un recordativo de esta rebelión terrible contra Moisés y Aarón? Núm. 16:36-40. ¿Qué debía hacerles recordar esto?

La mayoría de los recordativos mencionados en el Antiguo Testamento debían rememorar a Israel la voluntad de Dios: su bondad, su gracia y las bendiciones del Pacto. Señalaban a las personas que miraran a Dios, hacia arriba. Por ejemplo, el arco iris después del Diluvio (Gén. 9:13), la circuncisión (Gén. 17:10-17), la celebración de la Pascua (Núm. 9:1-14), las franjas o borlas azules en su ropa (Núm. 15:38-41) o las piedras que levantó Josué en memoria del cruce del Jordán (Jos. 4:3-9).

En contraste, las placas de bronce en el atrio fueron una recordación preventiva, para advertir a un extraño o a alguien que no fuera descendiente de Aarón que no intentara usurpar el sacerdocio. En un sentido más amplio, recordaría a la gente lo que ocurrió cuando seres humanos –racionalizando su propia avaricia, ambición y deseo de poder– se rebelaron contra Dios. Era un recordativo, que advertía a la gente que “no sea como Coré y como su séquito” (Núm. 16:40).

¿Cuáles son algunos otros recordativos que puedes encontrar en la Biblia, y cuáles fueron sus propósitos? Ver, por ejemplo, Éxodo 20:8 al 11; Números 31:54; Mateo 26:13; Lucas 22:19. ¿De qué maneras los sacrificios animales eran una especie de recordativo? ¿Qué cosas acerca de Dios y de sus promesas necesitas recordar constantemente? ¿Por qué es importante mantener sus promesas constantemente delante de ti?

Recordativos.
Martes 10 de noviembre

Deberíamos pensar que los castigos que cayeron sobre Coré, Datán, Abiram y los doscientos cincuenta príncipes habrían serenado a la congregación en el desierto. Después de todo, el fuego descendió del cielo y consumió a algunos, mientras la tierra se abría y consumía a los otros. ¿Qué más podría haber hecho Dios para mostrar su justa indignación por esa rebelión y esa apostasía directas?

Lee Números 16:41 al 50. ¿Qué debería indicarnos esto acerca de la naturaleza humana caída? ¿De qué modo la acusación de ellos reflejaba la misma acusación que Coré y los otros acababan de hacer?

Lo que este sorprendente informe debería revelarnos es que el espíritu de rebelión, entre algunos del pueblo, no había terminado con Coré. Permaneció en el campamento, aun después de todo lo que había sucedido. Es difícil de comprender cómo alguien pudo haber actuado de esa manera, especialmente después de lo que recién habían presenciado. Pero, otra vez, esto solamente sirve para mostrarnos cómo, una vez que se inicia el camino de la rebelión y la apostasía, podremos encontrarnos haciendo cosas locas e irracionales. Cuán importante es que, por medio de la gracia de Dios, reclamando sus promesas (1 Cor. 10:13; Fil. 1:6), eliminemos estos sentimientos antes de que nos conduzcan a la ruina.

Lee Números 16:48. ¿Qué significa el hecho de que Aarón se paró entre los vivos y los muertos? ¿De qué modo, nosotros, en esta escena, obtenemos una vislumbre de lo que Jesús ha hecho por nosotros?

Hay solo dos clases de personas en este mundo, los vivos y los muertos, no los físicamente muertos sino los espiritualmente muertos. “El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:18). Jesús está entre los vivos y los muertos; él es el borde, el punto de transición de uno a otro. Solo por medio de él podemos pasar de muerte a vida.
¿Estás tú entre los vivos? Justifica tu respuesta.

La Vara de Aarón que Reverdeció.
Jueves 12 de noviembre

Aunque habían muerto varios miles en la rebelión iniciada por Coré, Dios sabía que el problema del liderazgo sacerdotal todavía tenía que resolverse. Aun con todo lo que Dios había hecho, los castigos grandes y dolorosos derramados sobre los rebeldes, Dios debió haber sabido que la gente todavía estaba inquieta. Justificadamente, él podría haber eliminado a todos, aunque nunca fue su deseo hacer eso. Aun después de todo lo que había sucedido, Dios estaba todavía dispuesto a trabajar con este pueblo y a revelarle su gracia salvadora.

Lee Números 17 y responde las siguientes preguntas: * ¿Cuál fue la razón de esta prueba? * ¿De qué manera esta prueba era un medio para prevenir otras rebeliones, con los castigos resultantes? * ¿De qué modo revela la reacción del pueblo que ellos parecen haber recibido finalmente el mensaje de que solo ciertas personas podían ser sacerdotes?

No había manera de negar el milagro del florecimiento y la producción de almendras de la vara de Aarón. Los israelitas tuvieron que admitir que Dios había realizado un milagro dentro del Tabernáculo que, de una vez por todas, asignaba a Aarón y a sus descendientes la tarea de ser sacerdotes del Santuario de Dios. La tragedia es que costó tanto sufrimiento llegar a este punto. Lo asombroso es que Dios estaba dispuesto aun a hacer esto por ellos, a fin de dejar claro el mensaje.

Desde nuestra perspectiva, es muy fácil condenar y juzgar a los hebreos. No obstante, ¿qué sucede si nos consideramos a nosotros mismos, individualmente (2 Cor. 3:15)? ¿Por qué a menudo es tan difícil para nosotros aprender las lecciones que Dios procura enseñarnos? ¿Por qué, aun cuando se nos ha dado evidencias más que suficientes del amor y la gracia de Dios, dejamos de confiar en él? ¿Por qué cometemos los mismos errores vez tras vez? Pero, aún más importante, ¿por qué es vital que no procuremos justificar nuestros errores?

Para Estudiar y Meditar.
Viernes 13 de noviembre

Lee en Patriarcas y profetas, “La rebelión de Coré”, pp. 417-429.

“La rebelión y la apostasía están en el mismo aire que respiramos. Seremos afectados por ellas a menos que, por fe, apoyemos en Cristo nuestras almas desvalidas. Si los hombres son tan fácilmente descarriados, ¿cómo podrán permanecer firmes cuando Satanás personifique a Cristo y obre milagros? [...] Profesando ser Cristo, cuando es tan solamente Satanás, cuando tome la persona de Cristo y aparentemente obre las obras de Cristo, ¿qué impedirá a los hijos de Dios entregar su lealtad a falsos Cristos? ‘No vayáis en pos de ellos’.

“Las doctrinas deben entenderse claramente. Los hombres que se acepten para enseñar la verdad deben estar anclados; entonces, su navío se sostendrá contra tormenta y tempestad, porque el ancla los sostendrá firmemente. Aumentarán los engaños, y hemos de llamar a la rebelión por su nombre correcto. Debemos mantenernos firmes, con toda la armadura puesta”.–“Comentarios de Elena G. de White” (CBA 1:1.128).

Preguntas Para Dialogar:

1. ¿De qué maneras el pecado nos engaña? ¿Cómo podemos saber si el pecado nos engaña? (Después de todo, ¿no es parte del engaño del pecado hacernos pensar que realmente no estamos siendo engañados?) ¿Cómo responde la Biblia esta pregunta? ¿De qué manera otros pueden también ayudarnos?

2. Por abierta y directa que haya sido la rebelión que consideramos esta semana, ¿de qué otras maneras ese mismo espíritu puede manifestarse entre nosotros? ¿Cómo podemos reconocerla cuando surge entre nosotros, especialmente cuando está revestida de tal forma que pensamos que no estamos rebelándonos, sino que realmente defendemos lo correcto? ¿Cómo podemos descubrir la diferencia?

3. ¿Por qué los recordativos, religiosos o seculares, son importantes? ¿Cuáles son algunos recordativos seculares comunes en tu cultura, y qué representan?

Resumen: La rebelión de Coré y sus asociados contra Moisés y Aarón era tan profunda que Dios tuvo que destruirlos con un terremoto, fuego y plagas. Esto debería servirnos como advertencia contra la envidia y los celos, como lo hicieron las placas de bronce sobre el altar. Si oráramos por nuestros dirigentes, y apreciáramos lo que Dios ha hecho por ellos y por nosotros, se podría evitar que los problemas internos que sufrió el antiguo Israel nos afectaran a nosotros.


Guía de Estudio de la Biblia: Un pueblo en marcha: El libro de Números /
Edición Adultos.
Periodo: Trimestre Octubre-Diciembre de 2009
Autor: Frank B. Holbrook. B.D., M.Th. Teólogo adventista ya desaparecido. De 1981 a 1990, fue director asociado del Instituto de Investigación Bíblica de la Conferencia General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Silver Spring, Maryland. También fue Profesor de Religión de la hoy Southern Adventist University.
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Lección 7: Lucha por el poder / Notas de Elena de White

Sábado 7 de noviembre.

Aquellos que simpatizaron con Coré, Datán y Abiram en su apostasía, trajeron sobre sí mismos condenación y muerte. Así también será en estos últimos días. La causa de cristo será traicionada por aquellos que tuvieran la luz de la verdad y gozaron de sus bendiciones, pero se apartaron de ella. Guiados por el espíritu de las tinieblas tratarán de destruir lo que antes ayudaban a construir. Pero todas las almas temerosas de Dios comprenderán que aunque ellos digan hablar con la verdad y la justicia, no se puede confiar en ellos; sus obras y actitudes testifican que están traicionando al Señor. Incluso lo que ellos denominan como manifestaciones del Espíritu Santo no son otra cosa que los atributos de Satanás (Review and Herald, mayo 24, 1898).

En la rebelión de Coré se ven en pequeña escala el desarrollo del espíritu que llevó a Satanás a rebelarse en el cielo. El orgullo y la ambición indujeron a Lucifer a quejarse contra el gobierno de Dios, y a procurar derrotar el orden que había sido establecido en el cielo. Desde su caída se ha propuesto inculcar el mismo espíritu de envidia y descontento, la misma ambición de cargos y honores en las mentes humanas. Así obró en el ánimo de Coré, Datán y Abiram, para hacerles desear ser enaltecidos, y para incitar en ellos envidia, desconfianza y rebelión. Satanás les hizo rechazar a Dios como su jefe, al inducirles a desechar a los hombres escogidos por el Señor. No obstante, mientras que, murmurando contra Moisés y Aarón, blasfemaban contra Dios, se hallaban tan seducidos que se creían justos, y consideraban a los que habían reprendido fielmente su pecado como inspirados por Satanás (Conflicto y valor, p. 108).

Rebelión (Otra vez).
Domingo 8 de noviembre

Esos israelitas estaban determinados a resistir toda evidencia que les probara que estaban equivocados, y prosiguieron más y más en su proceder leal hasta que muchos fueron impulsados a unirse a ellos. ¿Quiénes fueron esos? No los débiles, no los ignorantes, no los faltos de inteligencia. En esa rebelión, hubo doscientas cincuenta príncipes famosos de la congregación, varones de renombre.

Acusaron a Moisés de ser la causa de no entrar en la tierra prometida. Dijeron que Dios no los había tratado así. No había dicho que debían morir en el desierto. Nunca creerían que todo había dicho así, sino era Moisés el que había dicho eso, no el Señor; y que todo había sido arreglado por Moisés para no llevarlos nunca a la tierra de Canaán.

Coré había fomentado su envidia y rebelión hasta que se engañó a sí mismo, y realmente pensó que la congregación era gente muy justa y que Moisés era un gobernante tiránico que se ocupaba continuamente de la necesidad de eso, pues eran santos.

Los israelitas pensaron que si Coré podía guiarlos y animarlos, y ocuparse de sus buenas acciones en vez de recordarles sus faltas, ellos tendrían un viaje muy pacífico y próspero, y que sin duda los guiaría no avanzando y retrocediendo en el desierto sino entrando en la tierra prometida. Decían que era Moisés quien les había dicho así. Coré, con su exaltada confianza propia, reunió a toda la congregación contra Moisés y Aarón "a la puerta del Tabernáculo de reunión" (Comentario bíblico adventista, t. 1, p. 1129).

Coré y sus compañeros en la conspiración habían sido favorecidos con manifestaciones especiales del poder y de la grandeza de Dios. Pertenecían al grupo que acompañó a Moisés en el ascenso al monte y presenció la gloria divina. Pero desde entonces habían cambiado. Habían albergado una tentación ligera al principio, pero ella se había fortalecido al ser alentada, hasta que sus mentes quedaron dominadas por Satanás, y se aventuraron a emprender su obra de desafecto. Con la excusa de interesarse mucho en la prosperidad del pueblo comenzaron a susurrar su descontento el uno al otro, y luego a los jefes de Israel. Sus insinuaciones encontraron tan buena acogida que se aventuraron a ir más lejos, y por último, creyeron verdaderamente que los movía el celo por Dios.

Los conspiradores trabajaron luego con el pueblo. A los que yerran y merecen reprensión, nada les agrada más que recibir simpatía y alabanza. Y así obtuvieron Coré y sus asociados la atención y el apoyo de la congregación. Declararon errónea la acusación de que las murmuraciones del pueblo habían atraído sobre él la ira de Dios. Dijeron que la congregación no era culpable, puesto que sólo había deseado aquello a lo cual tenía derecho; pero Moisés era un gobernante intolerante que había reprendido al pueblo como pecador, cuando era un pueblo santo, entre el cual se hallaba el Señor.

Coré reseñó la historia de su peregrinación por el desierto, donde se los había puesto en estrecheces, y muchos habían perecido a causa de su murmuración y de su desobediencia. Sus oyentes creyeron ver claramente que se habrían evitado sus dificultades si Moisés hubiera seguido una conducta distinta. Decidieron que todos sus desastres eran imputables a él, y que su exclusión de Canaán se debía por lo tanto a la mala administración y dirección de Moisés y Aarón; que si Coré fuese su adalid, y les animara, espaciándose en sus buenas acciones en vez de reprender sus pecados, realizarían un viaje apacible y próspero; en vez de errar de acá para allá en el desierto, procederían inmediatamente a la tierra prometida (Patriarcas y profetas, pp. 419, 420).

Si Dios Creara Algo Nuevo.
Lunes 9 de noviembre

Coré, el instigador principal de este movimiento, era un levita de la familia de Cota y primo de Moisés. Era hombre capaz e influyente. Aunque designado para el servicio del Tabernáculo, se había quedado desconforme de su cargo y aspiraba a la dignidad del sacerdocio. El otorgamiento a Aarón y a su familia del oficio sacerdotal, que había sido ejercido anteriormente por el primogénito de cada familia, había provocado celos y desafecto, y por algún tiempo Coré había estado resistiendo secretamente la autoridad de Moisés y de Aarón, aunque sin atreverse a cometer acto alguno de abierta rebelión. Por último, concibió el osado propósito de derrocar tanto la autoridad civil como la religiosa; y no dejó de encontrar simpatizantes...

Por algún tiempo esta obra se llevó adelante secretamente. No obstante, tan pronto como el movimiento hubo adquirido suficiente fuerza como para permitir una franca ruptura, Coré se presento a la cabeza de la facción, y públicamente acusó a Moisés y Aarón de usurpar una autoridad que Coré y sus asociados tenían derecho a compartir. Alegó, además, que el pueblo había sido privado de su libertad y de su independencia. "¡Mucho os arrogáis -dijeron los conspiradores- ya que toda la congregación, cada individuo de ella, es santo, y Jehová está en medio de ellos! ¿por qué pues os ensalzáis sobre la Asamblea de Jehová?" (Números 16:3, V.M.).
Moisés no había sospechado la existencia de tan arraigada maquinación y cuando comprendió su terrible significado, cayó postrado sobre su rostro en muda y fervorosa súplica a Dios. Se levantó entristecido, pero sereno y fuerte. Había recibido instrucciones divinas. "Mañana -dijo- mostrará Jehová quien es suyo, y al santo harálo llegar a sí; y al que él escogiera, él lo allegará a sí" (Números 16:5). La prueba había de postergarse hasta el día siguiente, a fin de dar a todos tiempo para reflexionar. Entonces los que aspiraban al sacerdocio habían de venir cada uno con un incensario y ofrecer incienso en el tabernáculo en presencia de la congregación. La ley decía explícitamente que sólo los que habían sido ordenados para el oficio sagrado debían oficiar en el Santuario. Y aun los sacerdotes, Nadab y Abiú, habían perecido por haber despreciado el mandamiento divino y ofrecido "fuego extraño". No obstante, Moisés desafió a sus acusadores a que refirieran el asunto a Dios, si osaban hacer una apelación tan peligrosa (Patriarcas y profetas, pp. 417, 421).

Recordativos.
Martes 10 de noviembre

Mientras Moisés suplicaba a Israel que huyera de la destrucción inminente, todavía podría haberse evitado el castigo divino, si Coré y sus asociados se hubiesen arrepentido y hubiesen pedido perdón. Pero su terca persistencia selló su perdición. La congregación entera compartía su culpa, pues todos, cual más, cual menos, habían simpatizado con ellos. Sin embargo, en su gran misericordia Dios distinguió entre los jefes rebeldes y aquellos a quienes habían inducido a la rebelión. Al pueblo que se había dejado engañar se le dio plazo para que se arrepintiera. Había tenido una evidencia abrumadora de que los rebeldes erraban y de que Moisés estaba en lo justo. La señalada manifestación del poder de Dios había eliminado toda incertidumbre.

Jesús, el Ángel que iba delante de los hebreos, trató de salvarlos de la destrucción. Se prolongó el plazo para obtener perdón. El juicio de Dios había venido muy cerca, y los exhortó a arrepentirse. Una intervención especial e irresistible del Cielo había detenido la rebelión de ellos. Si querían responder a la intervención de la providencia de Dios, podían salvarse. Pero aunque huyeron de los juicios por temor a la destrucción, su rebelión no fue curada. Regresaron a sus tiendas aquella noche, horrorizados, pero no arrepentidos.

Todo Israel había huido alarmado cuando oyó el clamor de los pecadores condenados que descendían al abismo, y dijo: "No nos trague también la tierra". Pero al "día siguiente toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón, diciendo: Vosotros habéis muerto al pueblo de Jehová", y estaba a punto de hacer violencia a sus fieles y abnegados jefes.
Se vio una manifestación de la gloria divina en la nube sobre el tabernáculo y salió de la nube una voz que habló a Moisés y a Aarón, diciendo: "Apartaos en medio de esta congregación, y consumirélos en un momento".

No había culpabilidad de pecado en Moisés. Por tanto, no temió ni se apresuró a irse para dejar que la congregación pereciera. Moisés se demoró y con ello manifestó en esta temible crisis el verdadero interés del pastor por el rebaño confiado a su cuidado. Rogó para que la ira de Dios no destruyera totalmente al pueblo por él escogido. Su intercesión impidió que el brazo de la venganza acabara completamente con el desobediente y rebelde pueblo de Israel.

Pero el ángel de la ira había salido; la plaga estaba haciendo su obra de exterminio. Atendiendo a la orden de su hermano, Aarón tomó un incensario, y con él se dirigió apresuradamente al medio de la congregación, "e hizo expiación por el pueblo". "Y púsose entre los muertos y los vivos". Mientras subía el humo de incienso, también se elevaban a Dios las oraciones de Moisés en el Tabernáculo, y la plaga se detuvo; pero no antes que catorce mil israelitas yacieran muertos, como evidencia de la culpabilidad que entraña la murmuración y la rebelión (Patriarcas y profetas, pp. 424-426).

Cuando Israel obtuvo victorias especiales después de salir de Egipto, se conservaron ciertos recordativos de estas victorias. Dios ordenó a Moisés y a Josué que hicieran esto mismo: edificar monumentos recordativos. Cuando los israelitas conquistaron una victoria especial sobre los filisteos, Samuel levantó una piedra conmemorativa y la llamó Eben-ezer, diciendo: "Hasta aquí nos ayudó Jehová" (1 Samuel 7:12).

¡Oh!, ¿dónde, como pueblo, están nuestras piedras conmemorativas?, ¿Dónde están establecidas nuestras columnas monumentales grabadas con letras que expresen la historia preciosa de lo que Dios ha hecho por nosotros en nuestra experiencia? ¿No podemos nosotros, en vista de lo pasado, esperar nuevas pruebas y perplejidades adicionales -aun aflicciones, privaciones y tristezas- y no desmayar, sino que, mirando hacia el pasado digamos: "Hasta aquí nos ayudó el Señor"? Yo encomendaré el cuidado de mi alma en manos del Todopoderoso como un fiel Creador. Él guardará lo que yo le encomendé para que lo guardara para aquel día. "Como tus días, serán tus fuerzas" (Mensajes selectos, t. 3, pp. 366, 367).

Entre los Vivos y los Muertos.
Miércoles 11 de noviembre

... Podemos aprender aquí lecciones preciosas de la paciencia de Jesús, el Ángel que fue delante de los hebreos en el desierto.

Su dirigente invisible los salvaría de una destrucción ignominiosa. Se prolonga para ellos el perdón. Pueden encontrar perdón aun si ahora se arrepienten. La venganza de Dios ha llegado ahora cerca de ellos y los ha llamado al arrepentimiento. Una intervención especial, irresistible, desde el cielo ha detenido su presuntuosa rebelión. Si responden ahora a la mediación de la providencia de Dios, pueden salvarse. Pero el arrepentimiento y la humillación de la congregación deben ser proporcionales a su transgresión. La revelación del poder notable de Dios los ha colocado más allá de la incertidumbre. Si lo aceptan, pueden tener un conocimiento de la verdadera posición y la sagrada investidura de Moisés y Aarón. Pero su descuido en considerar las evidencias que Dios les había dado fue fatal. No comprendieron la importancia de una acción inmediata de su parte para buscar el perdón de Dios por sus graves pecados.

Esa noche de prueba para los hebreos no la pasaron confesando y arrepintiéndose de sus pecados, sino ideando alguna manera para resistir las evidencias que les mostraban que eran grandes pecadores... Satanás estaba cerca para pervertir el juicio y guiarlos a ciegas a la destrucción. Sus mentes se habían envenenado completamente con desafecto... En su indignación estaban listos para atacar violentamente a los hombres designados por Dios, quienes, según ellos creían, habían cometido un gran error al matar a aquellos que eran buenos y santos...

Aquí encontramos una impresionante exhibición de la ceguera que envuelve a las mentes humanas que se apartan de la luz y la evidencia. Vemos la fuerza de la rebelión que se ha arraigado, y cuán difícil es someterla. Seguramente los hebreos habían tenido la evidencia más convincente en la destrucción de los hombres que los había engañado; pero todavía resistieron en forma audaz y desafiante, y acusaron a Moisés y Aarón de matar a hombres buenos y santos. "Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación" (1 Samuel 15:23) (Testimonios para la iglesia, t. 3, pp. 392-394).

Moisés aquí simboliza a Cristo. En este momento crítico Moisés manifestó el interés del verdadero pastor por el rebaño que está a su cuidado. Imploró que la ira de un Dios ofendido no destruyera completamente al pueblo de su elección. Y por su intercesión detuvo el brazo de la venganza para que no fuera exterminado completamente el Israel desobediente y rebelde. Le dio instrucciones a Aarón en cuanto a qué hacer en esa terrible crisis cuando la ira de Dios se había manifestado y había comenzado la plaga. Aarón se mantuvo de pie con su incensario, agitándolo ante el Señor, mientras la intercesión de Moisés ascendía con el humo del incienso. Moisés no se atrevió a cesar sus ruegos. Se aferró a la fuerza del Ángel, como hiciera Jacob en su lucha nocturna, y como Jacob, prevaleció. Aarón estaba entre los vivos y los muertos cuando llegó la misericordiosa respuesta: "He oído tu oración, y no consumiré completamente". Los mismos hombres a quienes la congregación despreciaba y a quienes habrían dado muerte fueron los que intercedieron en su favor para que la espada vengadora de Dios pudiera enfundarse y el Israel pecador fuera perdonado (Testimonios para la iglesia, t. 3, pp. 394, 395).

La Vara de Aarón que Reverdeció.
Jueves 12 de noviembre

Por misericordia, Dios condescendió en dar a las huestes de Israel otra evidencia, la que estaba calculada para corregir su juicio pervertido. Requirió que cada tribu tomara una vara y escribiera sobre ella el nombre de la casa de sus padres, y declaró: "Y florecerá la vara del varón que yo escoja, y haré cesar de delante de mí las quejas de los hijos de Israel con que murmuran contra vosotros. Y Moisés habló a los hijos de Israel, y todos los príncipes de ellos le dieron varas, cada príncipe por las casas de sus padres una vara, en total doce varas; y la vara de Aarón estaba entre las varas de ellos. Y Moisés puso las varas delante de Jehová en el Tabernáculo del testimonio. Y aconteció que el día siguiente vino Moisés al Tabernáculo del testimonio; y he aquí que la vara de Aarón de la casa de Leví había reverdecido, y echado flores, y arrojado renuevos, y producido almendras. Entonces sacó Moisés todas las varas de delante de Jehová a todos los hijos de Israel; y ellos lo vieron, y tomaron cada uno su vara. Y Jehová dijo a Moisés. Vuelve la vara de Aarón delante del testimonio, para que se guarde por señal a los hijos rebeldes; y harás cesar sus quejas de delante de mí, para que no mueran" (Números 17:5-10). Dios realizó un milagro que era suficiente para acallar las quejas de los israelitas y para confirmar la elección que él había hecho para el sacerdocio. Todos los notables cambios ocurrieron en la vara en una noche para convencerlos de que Dios positivamente había distinguido entre Aarón y el resto de los hijos de Israel. Después de ese milagro del poder divino, la autoridad del sacerdocio no fue más puesta en duda. Esta vara maravillosa fue preservada para ser mostrada con frecuencia al pueblo para recordarle el pasado, para impedir que murmurara y pusiera otra vez en duda a quién pertenecían legítimamente el sacerdocio. Después de que los hijos de Israel estuvieron plenamente convencidos de su error de acusar injustamente a Moisés y Aarón, como lo habían hecho, vieron su rebelión pasada en su verdadero significado y quedaron aterrorizados. Hablaron a Moisés diciendo: "He aquí nosotros somos muertos, perdidos somos, todos nosotros somos perdidos". Al fin fueron compelidos a creer la ingrata verdad, que su destino era morir en el desierto. Después de que creyeron que ciertamente era el Señor quien había dicho que no entrarían en la tierra prometida sino que morirían, entonces reconocieron que Moisés y Aarón estaban en lo correcto y que ellos habían pecado contra el Señor y justamente habían sufrido su ira (Spiritual Gifts, t. 4a, pp. 35, 36; parcialmente en, Comentario bíblico adventista, t. 1, p. 1129).

Pero se dio otra prueba de que el sacerdocio se había instituido en la familia de Aarón. Por orden divina cada tribu preparó una vara, y escribió su nombre en ella. El nombre de Aarón estaba en la de Leví. Las varas fueron colocadas en el Tabernáculo, "delante del testimonio". El florecimiento de cualquier vara indicaría que Dios había escogido a esa tribu para el sacerdocio. "A la mañana siguiente aconteció que... vino Moisés al Tabernáculo del testimonio; y he aquí que la vara de Aarón de la casa de Leví había brotado, y echado flores, y arrojado renuevos, y producido almendras". fue mostrada al pueblo, y colocada después en el Tabernáculo como testimonio para las generaciones venideras. El milagro decidió definitivamente el asunto del sacerdocio (Patriarcas y profetas, p. 426).

Para Estudiar y Meditar.
Viernes 13 de noviembre

Patriarcas y profetas, pp. 417-429

Los CASTIGOS infligidos a los israelitas lograron por un tiempo refrenar su murmuración y su insubordinación, pero aun tenían el espíritu de rebelión en el corazón, y produjo al fin los más amargos frutos. Las rebeliones anteriores no habían pasado de ser meros tumultos populares, nacidos de los impulsos repentinos del populacho excitado; pero ahora como resultado de un propósito obstinado de derrocar la autoridad de los jefes nombrados por Dios mismo, se tramó una conspiración de hondas raíces y grandes alcances.

Coré, el instigador principal de este movimiento, era un levita de la familia de Coat y primo de Moisés. Era hombre capaz e influyente. Aunque designado para el servicio del tabernáculo, se había quedado desconforme de su cargo y aspiraba a la dignidad del sacerdocio. El otorgamiento a Aarón y a su familia del oficio sacerdotal, que había sido ejercido anteriormente por el primogénito de cada familia, había provocado celos y desafecto, y por algún tiempo Coré había estado resistiendo secretamente la autoridad de Moisés y de Aarón, aunque sin atreverse a cometer acto alguno de abierta rebelión. Por último, concibió el osado propósito de derrocar tanto la autoridad civil como la religiosa; y no dejó de encontrar simpatizantes. Cerca de las tiendas de Coré y de los coatitas, al sur del tabernáculo, acampaba la tribu de Rubén, y las tiendas de Datán y Abiram, dos príncipes de esa tribu, estaban cerca de la de Coré. Dichos príncipes concedieron fácilmente su apoyo al ambicioso proyecto. Alegaban que, siendo ellos descendientes del hijo mayor de Jacob, les correspondía la autoridad civil, y decidieron compartir con Coré los honores del sacerdocio.

El estado de ánimo que prevalecía en el pueblo favoreció en gran manera los fines de Coré. En la amargura de su desilusión revivieron sus dudas, celos y odios antiguos, y nuevamente se elevaron sus quejas contra su paciente caudillo. Continuamente se olvidaban los israelitas de que estaban sujetos a la dirección divina. No recordaban que el Ángel del pacto era su jefe invisible ni que, velada por la columna de nube, la presencia de Cristo iba delante de ellos, como tampoco que de él recibía Moisés todas sus instrucciones.

No querían someterse a la sentencia terrible de que todos ellos debían morir en el desierto, y en consecuencia estaban dispuestos a valerse de cualquier pretexto para creer que no era Dios, sino Moisés, quien los dirigía, y quien había pronunciado su condenación. Los mejores esfuerzos del hombre más manso de la tierra no lograron sofocar la insubordinación de ese pueblo; y aunque en sus filas quebrantadas y raleadas tenían a la vista las pruebas de cuánto había desagradado a Dios su perversidad anterior, no tomaron la lección a pecho. Otra vez fueron vencidos por la tentación.

La vida humilde de Moisés como pastor, había sido mucho más apacible y feliz que su puesto actual de jefe de aquella vasta asamblea de espíritus turbulentos. Sin embargo, Moisés no se atrevía a escoger. En lugar de un cayado de pastor se le había dado una vara de poder, que no podía deponer hasta que Dios le exonerase.

El que lee los secretos de todos los corazones había observado los propósitos de Coré y de sus compañeros, y había dado a su pueblo suficientes advertencias e instrucciones para permitirle eludir la seducción de estos conspiradores. Los israelitas habían visto el castigo de Dios caer sobre María por sus celos y sus quejas contra Moisés. El Señor había declarado que Moisés era más que profeta. "Boca a boca hablaré con él," había dicho, y había agregado: "¿Por qué pues no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés?" (Núm. 12: 8.) Estas eran instrucciones que no iban dirigidas solamente a Aarón y a María, sino también a todo Israel.

Coré y sus compañeros en la conspiración habían sido favorecidos con manifestaciones especiales del poder y de la grandeza de Dios. Pertenecían al grupo que acompañó a Moisés en el ascenso al monte y presenció la gloria divina. Pero desde entonces habían cambiado. Habían albergado una tentación, ligera al principio, pero ella se había fortalecido al ser alentada, hasta que sus mentes quedaron dominadas por Satanás, y se aventuraron a emprender su obra de desafecto. Con la excusa de interesarse mucho en la prosperidad del pueblo comenzaron a susurrar su descontento el uno al otro, y luego a los jefes de Israel. Sus insinuaciones encontraron tan buena acogida que se aventuraron a ir más lejos, y por último, creyeron verdaderamente que los movía el celo por Dios.

Lograron conquistar a doscientos cincuenta príncipes, que eran hombres de mucho renombre en la congregación. Con estos poderosos e influyentes sostenedores se creyeron capaces de efectuar un cambio radical en el gobierno, y de mejorar en gran manera la administración de Moisés y Aarón.

Los celos habían provocado la envidia; y la envidia, la rebelión. Tanto habían discutido el derecho de Moisés a su gran autoridad y honor, que llegaron a considerarlo como ocupante de un cargo envidiable que cualquiera de ellos podría desempeñar tan bien como él. Se convencieron erróneamente, a sí mismos y mutuamente, de que Moisés y Aarón habían asumido de por sí los puestos que ocupaban. Los descontentos decían que aquellos caudillos se habían exaltado a sí mismos por sobre la congregación del Señor, al investirse del sacerdocio y el gobierno, sin que la casa de ellos mereciese distinguirse por sobre las otras casas de Israel. No eran más santos que el pueblo, y debiera bastarles el estar equiparados a sus hermanos, quienes eran igualmente favorecidos con la presencia y protección especiales de Dios.

Los conspiradores trabajaron luego con el pueblo. A los que yerran y merecen reprensión, nada les agrada más que recibir simpatía y alabanza. Y así obtuvieron Coré y sus asociados la atención y el apoyo de la congregación. Declararon errónea la acusación de que las murmuraciones del pueblo habían atraído sobre él la ira de Dios. Dijeron que la congregación no era culpable, puesto que sólo había deseado aquello a lo cual tenia derecho; pero Moisés era un gobernante intolerante que había reprendido al pueblo como pecador, cuando era un pueblo santo, entre el cual se hallaba el Señor.

Coré reseñó la historia de su peregrinación por el desierto, donde se los había puesto en estrecheces, y muchos habían perecido a causa de su murmuración y de su desobediencia. Sus oyentes creyeron ver claramente que se habrían evitado sus dificultades si Moisés hubiera seguido una conducta distinta. Decidieron que todos sus desastres eran imputables a él, y que su exclusión de Canaán se debía por lo tanto a la mala administración y dirección de Moisés y Aarón; que si Coré fuese su adalid, y les animara, espaciándose en sus buenas acciones en vez de reprender sus pecados, realizarían un viaje apacible y próspero; en vez de errar de acá para allá en el desierto, procederían inmediatamente a la tierra prometida.

En esta obra de desafecto reinó entre los elementos discordantes de la congregación mayor unión y armonía que en cualquier momento anterior. El éxito de Coré con el pueblo aumentó su confianza, y confirmó su creencia de que si no se la reprimía la usurpación de la autoridad por Moisés resultaría fatal para las libertades de Israel; también alegaba que Dios le había revelado el asunto, y le había autorizado para cambiar el gobierno antes de que fuese demasiado tarde. Pero muchos no estaban dispuestos a aceptar las acusaciones de Coré contra Moisés. Recordaban la paciencia y las labores abnegadas de éste último y el recuerdo perturbaba su conciencia. Fue menester, en consecuencia, atribuir a algún motivo egoísta el profundo interés de Moisés por Israel; y se reiteró la vieja imputación de que los había sacado a perecer en el desierto a fin de apoderarse de sus bienes.

Por algún tiempo esta obra se llevó adelante secretamente. No obstante, tan pronto como el movimiento hubo adquirido suficiente fuerza como para permitir una franca ruptura, Coré se presentó a la cabeza de la facción, y públicamente acusó a Moisés y Aarón de usurpar una autoridad que Coré y sus asociados tenían derecho a compartir. Alegó, además, que el pueblo había sido privado de su libertad y de su independencia. "¡Mucho os arrogáis -dijeron los conspiradores,- ya que toda la Congregación, cada individuo de ella, es santo, y Jehová está en medio de ellos! ¿por qué pues os ensalzáis sobre la Asamblea de Jehová?" (Núm. 16:3, V.M.)

Moisés no había sospechado la existencia de tan arraigada maquinación y cuando comprendió su terrible significado, cayó postrado sobre su rostro en muda y fervorosa súplica a Dios. Se levantó entristecido, pero sereno y fuerte. Había recibido instrucciones divinas. "Mañana-dijo-mostrará Jehová quien es suyo, y al santo harálo llegar a sí; y al que él escogiera, él lo allegará a sí." (Véase Números 16.) La prueba había de postergarse hasta el día siguiente, a fin de dar a todos tiempo para reflexionar. Entonces los que aspiraban al sacerdocio habían de venir cada uno con un incensario y ofrecer incienso en el tabernáculo en presencia de la congregación. La ley decía explícitamente que sólo los que habían sido ordenados para el oficio sagrado debían oficiar en el santuario. Y aun los sacerdotes, Nadab y Abiú, habían perecido por haber despreciado el mandamiento divino y ofrecido "fuego extraño." No obstante, Moisés desafió a sus acusadores a que refirieran el asunto a Dios, si osaban hacer una apelación tan peligrosa.

Hablando directamente a Coré y a sus coasociados levitas, Moisés dijo: "¿Os es poco que el Dios de Israel os haya apartado de la congregación de Israel, haciéndoos allegar a sí para que ministraseis en el servicio del tabernáculo de Jehová, y estuvieseis delante de la congregación para ministrarles? ¿Y que te hizo acercar a ti, y a todos tus hermanos los hijos de Leví contigo; para que procuréis también el sacerdocio? Por tanto, tú y todo tu séquito sois los que os juntáis contra Jehová: pues Aarón, ¿qué es para que contra él murmuréis?"

Datán y Abiram no habían asumido una actitud tan atrevida como la asumida por Coré; y Moisés, movido por la esperanza de que se hubieran dejado atraer por la conspiración sin haberse corrompido totalmente, los llamó a comparecer ante él, para oír las acusaciones que ellos tenían contra él. Pero no quisieron acudir, e insolentemente se negaron a reconocer su autoridad. Su contestación, pronunciada a oídos de la congregación, fue: "¿Es poco que nos hayas hecho venir de una tierra que destila leche y miel, para hacernos morir en el desierto, sino que también te enseñorees de nosotros imperiosamente? Ni tampoco nos has metido tú en tierra que fluya leche y miel, ni nos has dado heredades de tierras y viñas; ¿has de arrancar los ojos de estos hombres? No subiremos."

Así aplicaron al escenario de su esclavitud las mismas palabras con que el Señor había descrito la herencia prometida. Acusaron a Moisés de simular estar actuando bajo la dirección divina para afianzar su autoridad; y declararon que ya no se someterían a ser dirigidos como ciegos, primero hacia Canaán, y luego hacia el desierto, como mejor convenía a sus propósitos ambiciosos. Así se le atribuyó al que había sido como un padre tierno y paciente pastor, el negrísimo carácter de tirano y usurpador. Se le imputó la exclusión de Canaán que el pueblo sufriera como castigo de sus propios pecados.

Era evidente que el pueblo simpatizaba con el partido desafecto; pero Moisés no hizo esfuerzo alguno para justificarse. En presencia de la congregación, apeló solemnemente a Dios como testigo de la pureza de sus motivos y la rectitud de su conducta, y le imploró que lo juzgase.
Al día siguiente, los doscientos cincuenta príncipes, encabezados por Coré, se presentaron con sus incensarios. Se los hizo entrar en el atrio del tabernáculo, mientras el pueblo se reunía afuera, para esperar el resultado. No fue Moisés quien reunió la congregación para presenciar la derrota de Coré y su compañía, sino que los rebeldes, en su presunción ciega, la convocaron para que todos fuesen testigos de su victoria. Gran parte de la congregación se puso abiertamente de parte de Coré, cuyas esperanzas de realizar su propósito contra Aarón eran grandes.

Cuando estaban todos así reunidos delante de Dios, "la gloria de Jehová apareció a toda la congregación." Moisés y Aarón recibieron esta divina advertencia: "Apartaos de entre esta congregación, y consumirlos he en un momento." Pero ellos se postraron de hinojos y rogaron: "Dios, Dios de los espíritus de toda carne, ¿no es un hombre el que pecó? ¿y airarte has tú contra toda la congregación?"

Coré se había retirado de la asamblea, para unirse a Datan y a Abiram, cuando Moisés, acompañado por los setenta ancianos, bajó para dar la última advertencia a los hombres que se habían negado a comparecer ante él. Como multitudes los seguían, antes de pronunciar su mensaje, Moisés ordenó al pueblo por instrucción divina: "Apartaos ahora de las tiendas de estos impíos hombres, y no toquéis ninguna cosa suya, porque no perezcáis en todos sus pecados." La advertencia fue obedecida, porque se apoderó de todos la aprensión de que iba a caer un castigo. Los rebeldes principales se vieron abandonados por aquellos a quienes habían engañado, pero su osadía no disminuyó. Se quedaron de pie con sus familias a las puertas de sus tiendas, como desafiando la advertencia divina.

Entonces Moisés declaró, en el nombre del Dios de Israel, a oídos de la congregación: "En esto conoceréis que Jehová me ha enviado para que hiciese todas estas cosas; que no de mi corazón las hice. Si como mueren todos los hombres murieren éstos, o si fueren ellos visitados a la manera de todos los hombres, Jehová no me envió. Mas si Jehová hiciese una nueva cosa, y la tierra abriere su boca, y los tragare con todas sus cosas, y descendieron vivos al abismo, entonces conoceréis que estos hombres irritaron a Jehová."

De pie, llenos de terror y expectación, en espera del acontecimiento, todos los israelitas fijaron los ojos en Moisés. Cuando terminó de hablar, la tierra sólida se partió, y los rebeldes cayeron vivos al abismo, con todo lo que les pertenecía, "y perecieron de en medio de la congregación." El pueblo huyó, sintiéndose condenado como copartícipe del pecado.

Pero el castigo no terminó en eso. Un fuego que fulguró de la nube alcanzó a los doscientos cincuenta príncipes que habían ofrecido incienso, y los consumió. Estos hombres, que no habían sido los primeros en rebelarse, no fueron destruidos con los conspiradores principales. Se les dio oportunidad de ver el fin de ellos, y de arrepentirse; pero sus simpatías estaban con los rebeldes, y compartieron su suerte.

Mientras Moisés suplicaba a Israel que huyera de la destrucción inminente, todavía podría haberse evitado el castigo divino, si Coré y sus asociados se hubiesen arrepentido y hubiesen pedido perdón. Pero su terca persistencia selló su perdición. La congregación entera compartía su culpa, pues todos, cual más, cual menos, habían simpatizado con ellos. Sin embargo, en su gran misericordia Dios distinguió entre los jefes rebeldes y aquellos a quienes habían inducido a la rebelión. Al pueblo que se había dejado engañar se le dio plazo para que se arrepintiera. Había tenido una evidencia abrumadora de que los rebeldes erraban y de que Moisés estaba en lo justo. La señalada manifestación del poder de Dios había eliminado toda incertidumbre.

Jesús, el Ángel que iba delante de los hebreos, trató de salvarlos de la destrucción. Se prolongó el plazo para obtener perdón. El juicio de Dios había venido muy cerca, y los exhortó a arrepentirse. Una intervención especial e irresistible del Cielo había detenido la rebelión de ellos. Si querían responder a la intervención de la providencia de Dios, podían salvarse. Pero aunque huyeron de los juicios, por temor a la destrucción, su rebelión no fue curada. Regresaron a sus tiendas aquella noche, horrorizados, pero no arrepentidos.

Tanto los había lisonjeado Coré y sus asociados, que se creyeron realmente muy buenos, y que habían sido perjudicados y maltratados por Moisés. Si llegaban a admitir que Coré y sus compañeros estaban equivocados, y que Moisés estaba en lo justo, entonces se verían obligados a recibir como palabra de Dios la sentencia de que debían morir en el desierto. No querían someterse a esto, y procuraron creer que Moisés los había engañado. Habían acariciado la esperanza de que se estaba por establecer un nuevo orden de cosas, en el cual la alabanza reemplazarla a la reprensión, y el ocio y el bienestar a la ansiedad y la lucha. Los hombres que acababan de perecer habían pronunciado palabras de adulación, y habían profesado gran interés y amor por ellos, de modo que el pueblo concluyó que Coré y sus compañeros debieron ser buenos hombres, cuya destrucción Moisés había ocasionado por alguno u otro medio.

Es casi imposible a los hombres infligir a Dios mayor insulto que el que consiste en menospreciar y rechazar los instrumentos que él quiere emplear para salvarlos. No sólo habían hecho esto los israelitas, sino que hasta se habían propuesto dar muerte a Moisés y a Aarón. No obstante, no se percataban de la necesidad que tenían de pedir perdón a Dios por su grave pecado. No dedicaron aquella noche de gracia al arrepentimiento y la confesión, sino a idear alguna manera de resistir a las pruebas de que eran los mayores de los pecadores. Seguían albergando odio contra los hombres designados por Dios, y se preparaban para resistir la autoridad de ellos. Satanás estaba allí para pervertir su juicio, y llevarlos con los ojos vendados a la destrucción.

Todo Israel había huido alarmado cuando oyó el clamor de los pecadores condenados que descendían al abismo, y dijo: "No nos trague también la tierra." Pero al "día siguiente toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón, diciendo: Vosotros habéis muerto al pueblo de Jehová." Y estaba a punto de hacer violencia a sus fieles y abnegados jefes.

Se vio una manifestación de la gloria divina en la nube sobre el tabernáculo y salió de la nube una voz que habló a Moisés y a Aarón, diciendo: "Apartaos de en medio de esta congregación, y consumirélos en un momento."

No había culpabilidad de pecado en Moisés. Por tanto, no temió ni se apresuró a irse para dejar que la congregación pereciera. Moisés se demoró y con ello manifestó en esta temible crisis el verdadero interés del pastor por el rebaño confiado a su cuidado. Rogó para que la ira de Dios no destruyera totalmente al pueblo por él, escogido. Su intercesión impidió que el brazo de la venganza acabara completamente con el desobediente y rebelde pueblo de Israel.

Pero el ángel de la ira había salido; la plaga estaba haciendo su obra de exterminio. Atendiendo a la orden de su hermano, Aarón tomó un incensario, y con él se dirigió apresuradamente al medio de la congregación, "e hizo expiación por el pueblo." "Y púsose entre los muertos y los vivos." Mientras subía el humo de incienso, también se elevaban a Dios las oraciones de Moisés en el tabernáculo, y la plaga se detuvo; pero no antes que catorce mil israelitas yacieran muertos, como evidencia de la culpabilidad que entraña la murmuración y la rebelión.

Pero se dio otra prueba de que el sacerdocio se había instituido en la familia de Aarón. Por orden divina cada tribu preparó una vara, y escribió su nombre en ella. El nombre de Aarón estaba en la de Leví. Las varas fueron colocadas en el tabernáculo, "delante del testimonio." (Véase Números 17,) El florecimiento de cualquier vara indicaría que Dios había escogido a esa tribu para el sacerdocio. A la mañana siguiente aconteció que ... vino Moisés al tabernáculo del testimonio; y he aquí que la vara de Aarón de la casa de Leví había brotado, y echado flores, y arrojado renuevos, y producido almendras." Fue mostrada al pueblo, y colocada después en el tabernáculo como testimonio para las generaciones venideras. El milagro decidió definitivamente el asunto del sacerdocio.

Quedó plenamente probado que Moisés y Aarón habían hablado por autoridad divina; y el pueblo se vio obligado a creer la desagradable verdad de que había de morir en el desierto. "He aquí nosotros somos muertos -dijeron,- perdidos somos, todos nosotros somos perdidos." Confesaron que habían pecado al rebelarse contra sus jefes, y que Coré y sus coasociados habían recibido de Dios un castigo justo.

En la rebelión de Coré se ve en pequeña escala el desarrollo del espíritu que llevó a Satanás a rebelarse en el cielo. El orgullo y la ambición indujeron a Lucifer a quejarse contra el gobierno de Dios, y a procurar derrocar el orden que había sido establecido en el cielo. Desde su caída se ha propuesto inculcar el mismo espíritu de envidia y descontento, la misma ambición de cargos y honores en las mentes humanas. Así obró en el ánimo de Coré, Datán y Abiram, para hacerles desear ser enaltecidos, y para incitar en ellos envidia, desconfianza y rebelión. Satanás les hizo rechazar a Dios como su jefe, al inducirles a desechar a los hombres escogidos por el Señor. No obstante, mientras que, murmurando contra Moisés y Aarón, blasfemaban contra Dios, se hallaban tan seducidos que se creían justos, y consideraban a los que habían reprendido fielmente su pecado como inspirados por Satanás.

¿No subsisten aún los mismos males básicos que ocasionaron la ruina de Coré? Abundan el orgullo y la ambición y cuando se abrigan estas tendencias, abren la puerta a la envidia y la lucha por la supremacía; el alma se aparta de Dios, e inconscientemente es arrastrada a las filas de Satanás. Como Coré y sus compañeros, muchos son hoy, aun entre quienes profesan ser seguidores de Cristo, los que piensan, hacen planes y trabajan tan anhelosamente por su propia exaltación, que para ganar la simpatía y el apoyo del pueblo, están dispuestos a tergiversar la verdad, a calumniar y hablar mal de los siervos del Señor, aun a atribuirles los motivos bajos y ambiciosos que animan su propio corazón. A fuerza de reiterar la mentira, y eso contra toda evidencia, llegan finalmente a creer que es la verdad. Mientras procuran destruir la confianza del pueblo en los hombres designados por Dios, creen estar realmente ocupados en una buena obra y prestando servicio a Dios.

Los hebreos no querían someterse a la dirección y a las restricciones del Señor. Estas los dejaban inquietos, y no querían recibir reprensiones. Tal era el secreto de las murmuraciones de ellos contra Moisés. Si se les hubiera dejado hacer su voluntad, habría habido menos quejas contra su jefe. A través de toda la historia de la iglesia, los siervos de Dios han tenido que arrostrar el mismo espíritu.

Al ceder al pecado, los hombres dan a Satanás acceso a sus mentes, y avanzan de una etapa de la maldad a otra. Al rechazar la luz, la mente se obscurece y el corazón se endurece de tal manera que les resulta más fácil dar el siguiente paso en el pecado y rechazar una luz aun más clara, hasta que por fin sus hábitos de hacer el mal se hacen permanentes. El pecado pierde para ellos su carácter inicuo. El que predica fielmente la Palabra de Dios y así condena a los pecados de ellos, es con demasiada frecuencia el objeto directo de su odio. No queriendo soportar el dolor y el sacrificio necesarios para reformarse, se vuelven contra los siervos del Señor, y denuncian sus reprensiones como intempestivas y severas. Como Coré, declaran que el pueblo no tiene culpa; quien lo reprende es causa de toda la dificultad. Y aplacando su conciencia con este engaño, los celosos y desconformes se combinan para sembrar la discordia en la iglesia y debilitar las manos de los que quieren engrandecerla.

Todo progreso alcanzado por aquellos a quienes Dios llamó a dirigir su obra, despertó sospechas; cada una de sus acciones fue falseada por críticos celosos. Así fue en tiempo de Lutero, Wesley y otros reformadores, y así sucede hoy.

Coré no hubiera tomado el camino que siguió si hubiera sabido que todas las instrucciones y reprensiones comunicadas a Israel venían de Dios. Pero podría haberlo sabido. Dios había dado evidencias abrumadoras de que dirigía a Israel. Pero Coré y sus compañeros rechazaron la luz hasta quedar tan ciegos que las manifestaciones más señaladas de su poder no bastaban ya para convencerlos, Las atribuían todas a instrumentos humanos o satánicos. Lo mismo hicieron los que, al día siguiente después de la destrucción de Coré y sus asociados, fueron a Moisés y Aarón y les dijeron: "Vosotros habéis muerto al pueblo de Jehová." A pesar de que en la destrucción de los hombres que los sedujeron, habían recibido las indicaciones más convincentes de cuánto desagradaba a Dios el camino que llevaban, se atrevieron a atribuir sus juicios a Satanás, declarando que por el poder de éste Moisés y Aarón habían hecho morir hombres buenos y santos.

Este acto selló su perdición. Habían cometido el pecado contra el Espíritu Santo, pecado que endurece definitivamente el corazón del hombre contra la influencia de la gracia divina. "Cualquiera que hablare contra el Hijo del hombre, le será perdonado: mas cualquiera que hablare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado" (Mat. 12: 32), dijo nuestro Salvador cuando las obras de gracia que había realizado en virtud del poder de Dios fueron atribuidas por los judíos a Belcebú. Por medio del Espíritu Santo es cómo Dios se comunica con el hombre; y los que rechazan deliberadamente este instrumento, considerándolo satánico, han cortado el medio de comunicación entre el alma y el Cielo.

Por la manifestación de su Espíritu, Dios obra para reprender y convencer al pecador; y si se rechaza finalmente la obra del Espíritu, nada queda ya que Dios pueda hacer por el alma. Se empleó el último recurso de la misericordia divina. El transgresor se aisló totalmente de Dios; y el pecado no tiene ya cura. No hay ya reserva de poder mediante la cual Dios pueda obrar para convencer y convertir al pecador. "Déjalo" (Ose. 4: 17), es la orden divina. Entonces "ya no queda sacrificio por el pecado, sino una horrenda esperanza de juicio, y hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios." (Heb. 10: 26, 27.)


Guía de Estudio de la Biblia: Un pueblo en marcha: El libro de Números / Notas de Elena de White.

Periodo: Trimestre Octubre-Diciembre de 2009
Autor: Frank B. Holbrook. B.D., M.Th. Teólogo adventista ya desaparecido. De 1981 a 1990, fue director asociado del Instituto de Investigación Bíblica de la Conferencia General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Silver Spring, Maryland. También fue Profesor de Religión de la hoy Southern Adventist University.
Editor: Clifford Goldstein

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