Comentario a cargo del Pr. Doug Batchelor,principal orador, Director de"Amazing Facts" ypastor de la Iglesia Central Adventista del Séptimo Día de Sacramento, California.
Guía de Estudio de la Biblia: El Fruto del Espíritu Periodo: Trimestre Enero-Marzo de 2010. Autor: Richard O'Fill, es escritor (El Cristiano Victorioso, Un Fruto Divino entre otros libros) y orador del ministerio Revival Sermons, ha trabajado para la iglesia en tres continentes, incluyendo siete años en las oficinas centrales de la Asociación General. Reside actualmente en Orlando, Florida, EE.UU. Editor: Clifford Goldstein
Lee Para el Estudio de esta Semana: Génesis 50:20; Mateo 5:5; 11:29; Romanos 12:3; Gálatas 6:1; Filipenses 2:2, 3; 1 Pedro 3:4.
Para Memorizar:“Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad” (Mat. 5:5).
La mansedumbre es un fruto del Espíritu que se ha perdido mucho en nuestra cultura agresiva y egocéntrica. Por cuanto la gente la asocia con la debilidad, la mayoría no admira a otros por ser mansos. Pero hemos sido llamados a ser mansos.
¿Qué es la mansedumbre? Es una actitud de humildad hacia Dios y de amabilidad hacia las personas. Es cuando reconocemos que Dios está en el control y que podemos confiar en él, aun cuando las cosas no sean como nos gustaría que fueran, lo que sucede a menudo. Para ser manso se necesita confianza, no en uno mismo, sino en Dios.
Aunque la debilidad y la mansedumbre pueden parecer similares, no lo son. La debilidad es debida a circunstancias negativas, tales como falta de fuerza o de valor, palabras que no describen a Jesús, quien dijo: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mat. 11:29). La mansedumbre, más bien, es el resultado de la elección consciente de una persona de confiar en Dios y apoyarse en él, en lugar de seguir los caminos propios. De modo que la mansedumbre surge de la fortaleza, no de la debilidad.
Manso y humilde de corazón. Domingo 21 de febrero
“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mat. 11:29). ¿Qué nos está diciendo Jesús aquí? ¿De qué modo ser mansos y humildes de corazón puede dar descanso a nuestras almas?
La mansedumbre es abandonar absolutamente toda lucha por nuestra agenda y creer que Dios luchará por nosotros en favor de su agenda. La mansedumbre es lo opuesto a la arrogancia y al egoísmo. Surge de la confianza en la bondad de Dios y en su control sobre la situación. La persona mansa no está ocupada con el yo (ver Luc. 22:42), y esa actitud es clave para la promesa de encontrar reposo para nuestras almas. Después de todo, nuestra agitación y perturbación ¿no se deben muy a menudo a que buscamos solamente nuestro propio beneficio? En el sentido más verdadero, entonces, una persona mansa es alguien que ha aprendido a morir al yo, y que tiene fe, valor y perseverancia, rasgos que el mundo no necesariamente asocia con la mansedumbre.
Lee Romanos 12:3. ¿De qué modo la idea de la mansedumbre está representada aquí? ¿De qué modos esta es la clave para ser manso?
Efesios 4:2 es otro texto que nos ayuda a comprender lo que es la mansedumbre. Nota cómo está relacionado con Romanos 12:3: ambos textos enfatizan, cada uno a su manera, por qué la arrogancia y el egoísmo son contrarios al caminar del cristiano. Después de todo, ¿por qué un cristiano habría de ser arrogante? ¿No somos todos pecadores? ¿No estaríamos todos condenados a la destrucción eterna si no fuera por Jesús? ¿No dependemos todos de Dios, completamente, para cada respiración, cada latido del corazón? ¿No proceden todos nuestros dones y talentos de Dios? ¿De qué podemos enorgullecernos? ¡De nada! En efecto, considerando todo lo que costó salvarnos, los cristianos deberíamos ser las personas más mansas y humildes de la tierra.
Piensa en cuán absolutamente dependiente eres de Dios para todo. ¿De dónde, entonces, proviene ese orgullo y en arrogancia en tu corazón, y cómo puedes eliminarlo, de ti?
Modelos de mansedumbre. Lunes 22 de febrero
¿Recuerdas las crisis que afrontó Abrahán al decidir con su sobrino Lot cómo dividir la tierra? (Ver Gén. 13:8, 9.) Siendo que Dios le había prometido hacer de su descendencia una gran nación, ¿cuál podría haber sido la justificación de Abraham para tomar la mejor parte para sí? En cambio, Abraham le permitió a Lot elegir primero, y dijo que él tomaría lo que quedara. ¿De qué modo esto fue una característica de mansedumbre?
Conocemos la historia de José cuando fue vendido como esclavo a Egipto por sus hermanos. Luego ellos fueron a él, que era el segundo en el gobierno de Egipto, y suplicaron que se les permitiera comprar alimentos (Gén. 45). ¿De qué modo la mansedumbre de José determinó su trato para con sus hermanos? Si no hubiera sido manso, ¿qué habría hecho él? ¿De qué modo Génesis 50:20 es un ejemplo de la visión del mundo que tienen aquellos que son mansos?
Siendo joven, David fue ungido para ser el siguiente rey de Israel. El rey Saúl se puso increíblemente celoso y durante años persiguió a David y sus hombres con la intención de matarlos. En dos ocasiones David tuvo la oportunidad de matar a Saúl (1 Sam. 24:3-7; 26:7-12). Si David no hubiera sido manso, ¿cuál podría haber sido su racionalización para matar a Saúl? ¿Por qué es tan fácil para nosotros usar una excusa espiritual para hacer algo en nuestro propio beneficio?
En Números 12:3 se describe a Moisés como el hombre más manso de su tiempo. Aun así, algunas de sus acciones no parecen encajar con el concepto popular de mansedumbre. Su demanda de que el Faraón dejara ir a Israel era fuerte, y fue seguida de acciones. Cuando Israel adoró el becerro de oro, su “irá ardió” y, tomando el becerro, lo quemó, lo molió hasta hacerlo polvo, e hizo que ellos lo bebieran (Éxo. 32:19, 20). ¿Cómo hemos de entender la mansedumbre de Moisés?
Jesús es el mayor modelo de mansedumbre (Mat. 11:29). ¿Cuáles son algunos ejemplos de su mansedumbre? ¿Cómo se reveló su mansedumbre en Juan 18:21 al 23? ¿O qué diremos acerca de Mateo 26:39? Al mismo tiempo, encontramos ejemplos de Jesús haciendo cosas que no parecen ser muy mansas, como cuando expulsó a los cambistas de dinero del templo, o las veces que confrontó a los fariseos y a otros por su hipocresía. ¿De qué modo estos ejemplos nos ayudan a entender que la mansedumbre puede manifestarse, a veces, en maneras muy valientes?
¿Qué encuentras en común en estos ejemplos de mansedumbre? ¿Qué puedes aprender de ellos que te ayude a comprender lo que es la mansedumbre y lo que no es?
La importancia de la mansedumbre. Martes 23 de febrero
“Buscad justicia, buscad mansedumbre; quizás seréis guardados en el día del enojo de Jehová” (Sof. 2:3). La mansedumbre es lo opuesto al orgullo. Hoy hay mucho énfasis en la importancia de tener autoestima. ¿En qué momento la autoestima da el salto y se convierte en orgullo?
La mansedumbre es necesaria para recibir la Palabra de Dios. “Recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas” (Sant. 1:21). Una persona que no tiene un espíritu humilde no puede recibir la Palabra de Dios porque hay un conflicto de intereses. ¿Por qué esto es así?
La mansedumbre es necesaria para una testificación eficaz. “Sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Ped. 3:15).
“Nuestra influencia sobre los demás no depende tanto de lo que decimos, como de lo que somos. Los hombres pueden combatir y desafiar nuestra lógica, pueden resistir nuestras súplicas; pero una vida de amor desinteresado es un argumento que no pueden contradecir. Una vida consecuente, caracterizada por la mansedumbre de Cristo, es un poder en el mundo” (DTG 115).
La mansedumbre da gloria a Dios. Primera de Pedro 3:4 dice: “en el incorruptible ornado de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios”.
“Es correcto amar lo bello y desearlo; pero Dios desea que primero amemos y busquemos las bellezas superiores, que son imperecederas. Ningún adorno exterior puede ser comparado en valor o belleza con aquel ‘espíritu afable y apacible’, el ‘lino finísimo, blanco y limpio’ (Apoc. 19:14) que usarán todos los santos de la tierra. Esas ropas les conferirán hermosura y atractivo aquí, y serán en el futuro la credencial que les franqueará la entrada en el palacio del Rey. Su promesa es: ‘Y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignos’ (Apoc. 3:4, VM)” (HAp 432).
¿De qué modo hacer énfasis en la belleza exterior está en conflicto potencial con el desarrollo del fruto del Espíritu, específicamente el de la mansedumbre? A medida que el fruto crece en ti, ¿de qué modo tu vida debería ser diferente de como era antes? En el área de la mansedumbre, ¿Qué cambios has visto en tu vida desde que aceptaste a Cristo? ¿Qué actitudes puedes estar albergando que te hacen difícil ser manso?
Practicar el fruto de la mansedumbre. Miércoles 24 de febrero
La mansedumbre se manifestará en cómo nos relacionamos con otros. Es decir, es algo activo, algo que se revelará en nuestras palabras, actitudes y acciones. Puedes pensar que eres manso, pero eso no necesariamente significa que lo eres. Ser manso es manifestarlo.
¿De qué modo los versículos siguientes muestran cómo la mansedumbre ha de ser revelada en nuestras vidas? ¿Por qué la mansedumbre es tan importante en estas situaciones? Mat. 5: 39: Mat. 18:21-22; Gál. 6:1; 2 Tim. 2:24, 25; Tito 3:2; Fil. 2:2, 3.
Como hemos mencionado, la mansedumbre se asocia equivocadamente con la debilidad. Pero de ninguno modo es eso. De hecho, repasa los versículos que consideramos hoy. ¿Puedes ver que se requiere fortaleza, y fuerza moral y espiritual para revelar mansedumbre en la mayoría de esas situaciones?
Por supuesto, si la mansedumbre es el fruto del Espíritu, es algo que nos viene de Dios y no de nosotros mismos. No obstante, necesitamos entregarnos diariamente al Señor y tener la disposición diaria de obedecer con fe, a fin de que esto se manifieste en nuestras vidas.
La recompensa de los mansos. Jueves 25 de febrero
E. D. Hulse dijo: “La humildad es una cosa extraña. En el momento en que piensas que la obtuviste, la perdiste”.
Un pueblo pequeño quería reconocer y recompensar a su ciudadano más manso. Se hizo una encuesta en esa pequeña comunidad, y se identificó a esa persona. En una ceremonia a la que asistieron todas las personas importantes, al ciudadano más manso se le entregó una cinta en la que estaban impresas las siguientes palabras: “El Hombre más Manso del Pueblo”. Sin embargo, al día siguiente tuvieron que retirarle la cinta ¡porque la estaba exhibiendo!
¿Cómo entiendes las promesas y recompensas mencionadas en los siguientes textos? Sal. 22:26; Sal. 25:9; Sal. 37:11; Sal. 147:6; Isa. 29:19; Mat. 5:5.
Estos versículos son consoladores porque hay ocasiones cuando la gente se aprovecha de los mansos. Pero hemos aprendido en este estudio que una persona mansa no está preocupada por elevarse a sí misma ante los hombres, sino que más bien desea elevar a Dios. Como resultado, Dios promete exaltar al que es manso. Las recompensas pueden ser experimentadas tal vez ahora pero, muy ciertamente, en el nuevo cielo y la nueva tierra de la eternidad.
Para Estudiar y Meditar. Viernes 26 de febrero
“No hay que ocultar a Cristo en el corazón y encerrarlo como un tesoro codiciado, sagrado y dulce, para ser disfrutado únicamente por el que lo posee. Debemos tener a Cristo en nuestro corazón como una fuente de agua que salta para vida eterna, que refresca a todos los que se ponen en contacto con nosotros. Debemos confesar a Cristo abiertamente y con valor, y demostrar en nuestro carácter su humildad, mansedumbre y amor, hasta que los hombres experimenten el encanto de la hermosura de la santidad. La mejor forma de preservar nuestra religión no es colocarla en una botella, como si fuera perfume, para que no se escape su fragancia” (CSS 397).
“La paz de Cristo, esa paz que el dinero no puede comprar, que el talento no puede conseguir, que el intelecto no puede obtener es el don de Dios. La religión de Cristo: ¿cómo podría hacer que todos comprendieran su gran pérdida si dejaran de obedecer sus principios santos en su vida diaria? La mansedumbre y humildad de Cristo es el poder del cristiano. Es en realidad más precioso que todas las cosas que el genio puede crear o la riqueza pueda adquirir. De todas las cosas que se buscan, que se anhelan y se cultivan, no hay nada tan valioso ante la vista de Dios como un corazón puro, una disposición llena de agradecimiento y de paz” (CSS 400, la cursiva fue añadida).
Preguntas Para Dialogar:
1.Dios promete aumentar el gozo en la vida de los que son mansos. ¿Por qué crees que las personas mansas pueden ser alegres? Sugiere varias razones. ¿De qué modo el cultivar el fruto del Espíritu que es mansedumbre mejorará tu vida diaria?
2.¿En qué formas la mansedumbre puede ser mal entendida como debilidad?
3.Todo este análisis de la mansedumbre plantea una pregunta importante: los cristianos ¿nunca deben defender sus propios derechos? ¿Permitiremos que nos traten como alfombras o felpudos de puerta, constantemente pisoteados sin hacer nada en nuestra defensa? ¿Hay algún equilibrio aquí? Y, si lo hay, ¿cómo podemos encontrarlo?
4.Nietzsche alegaba que el cristianismo era una religión nacida de los que eran débiles, que no tenían poder, y que por eso tomaron rasgos como la humildad y la mansedumbre, y los hicieron aparecer como buenos, algo que se debería procurar lograr. ¿Cómo responderías a este argumento?
Guía de Estudio de la Biblia: El Fruto del Espíritu / Edición para Adultos. Periodo: Trimestre Enero-Marzo de 2010
Autor: Richard O'Fill, es escritor (El Cristiano Victorioso, Un Fruto Divino entre otros libros) y orador del ministerio Revival Sermons, ha trabajado para la iglesia en tres continentes, incluyendo siete años en las oficinas centrales de la Asociación General. Reside actualmente en Orlando, Florida, EE.UU. Editor: Clifford Goldstein
La mansedumbre es un fruto del Espíritu y una evidencia inequívoca de que somos pámpanos de la vid viviente y que llevamos mucho fruto. También es una evidencia de que, por la fe, contemplamos al Rey en su hermosura y estamos siendo transformados a su semejanza. Si se muestra mansedumbre es porque las tendencias naturales están bajo el control del Espíritu. No es una especie de cobardía sino todo lo contrario: es el espíritu de Cristo mostró cuando era insultado, abusado y lastimado. No significa renunciar a nuestros derechos, sino controlarnos para no caer en la tentación de dar lugar a la ira y la venganza, y para que nuestras pasiones no se salgan de su lugar (Signs of the Times, agosto 22, 1895).
Dios desea que la mansedumbre y la bondad, las características distintivas en la vida de Cristo, sean vistas en las vidas de sus seguidores. El Salvador hace la invitación: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas" (S. Mateo 11:28, 29).
En el amor al yo, la exaltación propia y el orgullo, hay gran debilidad; pero en la humildad hay gran fuerza. Nuestra verdadera dignidad no se mantiene cuando pensamos más en nosotros mismos, sino cuando Dios está en todos nuestros pensamientos y en nuestro corazón arde el amor hacia nuestro Redentor y hacia nuestros semejantes. Al separarnos de Dios, nuestro orgullo nos lleva constantemente a elevarnos a nosotros mismos, y nos olvidamos que el ser humildes de corazón nos brinda verdadero poder. La fuerza de nuestro Salvador no residía en un gran despliegue de palabras agudas que podían penetrar hasta el alma, era su amabilidad lo que conquistaba los corazones. Se nos invita a aprender de aquel que era manso y humilde de corazón (The Youth's Instructor, diciembre 6, 1900).
Manso y humilde de corazón. Domingo 21 de febrero
La aceptación de la verdad es uno de los medios que Dios utiliza para santificar. Cuanto más claramente la entendamos, y más fieles seamos en obedecerla, más humildes seremos en la estima propia. En consecuencia, más exaltado será el concepto que tendrá de nosotros el universo celestial. Cuanto menos egoístas sean nuestros esfuerzos en favor de Dios, seremos más semejantes a Cristo, y, como consecuencia, mayor será nuestra influencia para el bien. Hay una diferencia abismal entre el espíritu del mundo y el de Cristo. Uno conduce al egoísmo, que se afana por los tesoros que serán destruidos por el fuego en el día final, y el otro conduce al renunciamiento propio y a la abnegación para obtener los tesoros imperecederos. Cuando es recibido por la fe, el Espíritu Santo quebranta los corazones contumaces. Esta es la esencia del poder santificador de la verdad, la fuente de la fe que obra por amor y purifica el corazón. Toda verdadera exaltación nace de la humillación desarrollada en la vida de Cristo, y demostrada en el maravilloso sacrificio que realizó para salvar a los que perecen. El que es exaltado por Dios, primero se ha humillado a sí mismo. El Padre ensalzó a Cristo por sobre todo otro nombre, y sin embargo, al simpatizar con la raza caída, primero descendió a las profundidades de la miseria humana a fin de compartir su suerte con mansedumbre y bondad. De este modo, estableció el ejemplo que deben seguir todos los que desean participar en su servicio (Recibiréis poder, p. 57).
Cristo dice: "Venid a mí, todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil y ligera mi carga" (S. Mateo 11:28-30). El que acaricia orgullo y sentimientos egoístas, buscará constantemente exaltarse a sí mismo, tanto en las cosas pequeñas como en las cosas grandes de la vida... Los que realmente son dignos de recibir atención y preferencia, nunca se colocarán en primera fila, porque considerarán que la mejor posición y los lugares más elevados son para otros, a quienes consideran mejores que ellos mismos. Pero la modestia y la humildad de carácter no se puede esconder. Los que no buscan ser reconocidos y exaltados, serán estimados por todos, porque su vida mostrará la fragancia de sus acciones generosas. No habrá ostentación en ellos ni el deseo de mostrarse superiores a los demás. La gracia divina trabajará silenciosamente, educando al alma en los principios en los cuales la verdadera educación está fundada. Es el Espíritu de Dios quien modela al ser humano a la semejanza del carácter de Cristo. Y al prestar atención y ser fieles en las cosas pequeñas, formarán un carácter que los llevará a ser fieles en asuntos mayores. Tendrán la fe que obra por amor y purifica el alma.
Dios nos ha hecho suyos por creación y por redención, y si estamos dispuestos a ocupar una posición humilde en esta vida, y nos contentamos con no ser grandemente reconocidos aquí, recibiremos pleno reconocimiento en la vida futura cuando nuestro Redentor nos dirá: "Hijo, sube a las alturas". Y así como Dios permite que el sol alumbre no solamente las altas montañas sino los valles y las llanuras, también hará que el Sol de justicia ilumine las almas de aquellos que son sencillos y contritos; que son mansos y humildes de corazón. El amor y la gracia de Cristo llenarán el alma de aquel que camina humildemente delante de su Dios como lo hizo Enoc. Y en la medida en que el corazón sea santificado por la gracia y llenado del amor por Dios y por el prójimo, no se hará nada que busque la exaltación o el reconocimiento humano (Review and Herald, octubre 8, 1895).
Modelos de mansedumbre. Lunes 22 de febrero
La combinación de la fe y las obras de Noé condenó al mundo. No sólo predicó la verdad presente apropiada para su época, sino que puso en práctica cada sermón que pronunció. Aunque nunca hubiera elevado su voz para formular sus amonestaciones, sus obras, su carácter santo en medio de los corruptos e impíos, habrían sido sermones condenatorios para los incrédulos y disolutos de aquella época. Soportó con paciencia y humildad semejante a la de Cristo las provocaciones, los insultos, las burlas y los escarnios (Cada día con Dios, p. 235).
Este pedido no fue presentado con un espíritu desafiante, sino solicitado como un gran favor... Daniel y sus compañeros... fueron corteses, bondadosos, respetuosos y poseían la gracia de la mansedumbre y la modestia. Y ahora que Daniel y sus compañeros fueron llevados a la prueba, se colocaron totalmente del lado de la justicia y de la verdad. No actuaron caprichosamente, sino inteligentemente. Decidieron que así como la carne no había compuesto su dieta en el pasado, tampoco sería incluida en su dieta en el futuro; y como el uso del vino había sido prohibido a todos aquellos que debían ocuparse en el servicio de Dios, decidieron que no participarían de él (En lugares celestiales, p. 261).
La atención de Elías fue atraída por Eliseo, el hijo de Safat, que junto con sus siervos araba con doce yuntas de bueyes. Era educador, director y obrero. Eliseo no vivía en las ciudades densamente pobladas. Su padre trabajaba la tierra, era agricultor. Eliseo había recibido su educación lejos de la ciudad y de la corrupción de la corte. Había adquirido hábitos de sencillez, de obediencia a sus padres y a Dios. Así, en la quietud y el contentamiento, estaba preparado para la humilde obra de cultivar la tierra. Pero aunque era de un espíritu humilde y tranquilo, Eliseo no tenía un carácter voluble. Poseía integridad, fidelidad, y amor y temor de Dios. Tenías las características de un dirigente, pero además poseía la humildad del que está dispuesto a servir. Su mente se había ejercitado en las cosas pequeñas para ser fiel en cualquier cosa que le correspondiera realizar. De manera que si Dios lo llamaba para ocuparse en algo más directo para el cielo, estaba preparado para oír su voz (Comentario bíblico adventista, t. 2, p. 1029).
Moisés era un hombre humilde. Dios lo llamó el hombre más manso de la tierra. Era generoso, noble, bien equilibrado. No era defectuoso y sus cualidades no estaban meramente a medio desarrollar. Podía exhortar con éxito a su prójimo porque su vida misma era una representación viviente de lo que el hombre puede llegar a ser y realizar con Dios como su ayudador. Sabía de lo que enseñaba a otros, de lo que deseaba que fueran y de lo que Dios requería de él. Hablaba de corazón, y llegaba al corazón. Era versado en conocimiento y, sin embargo, sencillo como un niño en la manifestación de sus profundas simpatías. Dotado de un instinto notable, podía juzgar instantáneamente acerca de las necesidades de los que lo rodeaban y de las cosas que andaban mal y requerían atención, y no las descuidaba (Comentario bíblico adventista, t. 1, p. 1127).
Piense en la vida de Moisés. La mansedumbre en medio de las murmuraciones, reproches y provocaciones constituía el rasgo más destacado de su carácter. Daniel tenía un espíritu humilde. Aunque estaba rodeado de desconfianza y sospechas y sus enemigos habían puesto precio a su vida, él nunca se desvió de sus principios. Mantuvo una serena y tranquila confianza en Dios. Por encima de todo, permita que Cristo sea su maestro. Cuando fue ultrajado, no respondió con otro ultraje. Cuando sufrió, no amenazó. Aprenda esta lección o, de otro modo, nunca entrará al cielo. Haga de Cristo su fuerza. En su nombre será más que un conquistador. No prevalecerá ningún encantamiento contra Jacob ni ninguna adivinación contra Israel. Si su alma está engarzada en la Roca eterna, estará seguro. Ni viento ni marea lo apartarán de la justicia (Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 361).
La importancia de la mansedumbre. Martes 23 de febrero
El conservarse paciente y amable al ser maltratado no era característica digna de aprecio entre los gentiles o entre los judíos. La declaración que hizo Moisés por inspiración del Espíritu Santo, de que fue el hombre más manso de la tierra, no habría sido considerada como un elogio entre las gentes de su tiempo, más bien habría excitado su compasión o su desprecio. Pero Jesús incluye la mansedumbre entre los requisitos principales para entrar en su reino. En su vida y carácter se reveló la belleza divina de esta gracia preciosa (El discurso maestro de Jesucristo, p. 17).
Si somos corteses y amables en casa, nos acompañará el sabor de una disposición placentera cuando nos ausentemos del hogar. Si manifestamos tolerancia, paciencia, mansedumbre y fortaleza en el hogar, podremos ser una luz para el mundo (El hogar cristiano, p. 389).
El más precioso fruto de la santificación es la gracia de la mansedumbre. Cuando esta gracia preside en el alma, la disposición es modelada por su influencia. Hay un constante esperar en Dios, y una sumisión a la voluntad divina. La comprensión capta toda verdad divina, y la voluntad se inclina ante todo precepto de Dios, sin dudar ni murmurar. La verdadera mansedumbre suaviza y subyuga el corazón, y adecua la mente a la palabra injertada. Coloca los pensamientos en obediencia a Jesucristo. Abre el corazón a la Palabra de Dios, como fue abierto el corazón de Lidia. Nos coloca, junto con María, como personas que aprenden a los pies de Jesús. "Encaminará a los humildes por el juicio, y enseñará a los mansos su carrera" (Salmo 25:9) (Reflejemos a Jesús, p. 256).
... El éxito espiritual es solamente para los que han adquirido mansedumbre y humildad en la escuela de Cristo (Joyas de los testimonios, t. 3, p. 48).
El manso de espíritu, el que es más puro y más semejante a un niño, será fortalecido para la batalla con poder por medio del Espíritu de Dios en el hombre interior. Quien percibe su debilidad y lucha con Dios como lo hizo Jacob, y como este siervo de antaño clama: "no te dejaré si no me bendices", avanzará con una renovada unción del Espíritu Santo. La atmósfera del cielo lo rodeará. Andará haciendo bienes. Su influencia será positiva en favor de la religión de Cristo (Alza tus ojos, p. 44).
Practicar el fruto de la mansedumbre. Miércoles 24 de febrero
Hay una condición para el descanso y la paz que aquí nos ofrece Cristo. Es estar unidos en yugo con él. Todos los que acepten esta condición, encontrarán que el yugo de Cristo los ayudará a llevar cada carga que sea necesario que lleven. Sin Cristo a nuestro lado para llevar la parte más pesada de la carga, ciertamente debemos decir que es pesada. Pero unidos en yugo con él para cumplir nuestro deber, todas las cargas de la vida serán llevadas fácilmente. Y en la misma proporción en que actúe el hombre en obediencia voluntaria a los requisitos de Dios, vendrá el descanso de su espíritu...
La mansedumbre y la humildad caracterizarán a todos los que son obedientes a la ley de Dios, a todos los que llevan con sumisión el yugo de Cristo. Esas gracias proporcionarán los resultados deseables de paz en el servicio de Dios (A fin de conocerle, p. 122).
La paz de Cristo no puede ser comprada con dinero; el talento brillante no puede disponer de ella; el intelecto no la puede asegurar: es un don de Dios. ¿Cómo podría yo hacer comprender a todos la gran pérdida que experimentan si no siguen los santos principios de la religión de Cristo en la vida diaria? La mansedumbre y la humildad de Cristo constituyen el poder del cristiano. Son a la verdad más preciosas que todo lo que el genio puede crear o las riquezas comprar. De todas las cosas buscadas, apreciadas o cultivadas, no hay nada tan valioso a la vista de Dios como un corazón puro, una disposición rebosante de agradecimiento y paz (Joyas de los testimonios, t. 1, p. 579).
La mansedumbre es una gracia preciosa, que nos hace dispuestos a sufrir en silencio y a soportar las pruebas. La mansedumbre es paciente, y trabaja para ser feliz en toda circunstancia. La mansedumbre es siempre agradecida, compone sus propios cantos de felicidad y llena el corazón de melodías para Dios. La mansedumbre no consiste en callar y enfurruñarse. Un temperamento sombrío es lo opuesto de la mansedumbre; porque no hace sino herir y causar dolor a otros, sin obtener placer para sí (Joyas de los testimonios, t. 3, pp. 48, 49).
Cuando él [Cristo] ve a los hombres levantando las cargas, tratando de llevarlas con mente humilde, desconfiando de sí mismos y confiando en él, añade a la obra de ellos la perfección y suficiencia de él, y eso es aceptado por el Padre. Somos aceptos en el Amado. Los defectos del pecador son cubiertos por la perfección y plenitud del Señor, justicia nuestra. Los que con la voluntad sincera y corazón contrito se esfuerzan humildemente para vivir a la altura de los requerimientos de Dios, son considerados por el Padre con amor compasivo y tierno (En lugares celestiales, p. 23).
En vista de lo que pronto ha de sobrevenir a la tierra, os suplico, hermanos y hermanas, que caminéis delante de Dios con toda mansedumbre y humildad, recordando el cuidado que Jesús tiene de vosotros. Todos los humildes de la tierra son exhortados a buscar a Dios... Rómpase el yo en pedazos delante de Dios. Es difícil hacerlo; pero se nos amonesta a caer delante de la Roca y ser quebrantados, de lo contario ella caerá sobre nosotros y nos reducirá a polvo. Jesús habla a los humildes de corazón. Sus brazos eternos los rodean y no los dejará que perezcan en las manos de los impíos (En lugares celestiales, p. 30).
La recompensa de los mansos. Jueves 25 de febrero
"Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad" (S. Mateo 5:5). La tierra ofrecida a los mansos será una tierra mejor que la actual; purificada de toda mancha y pecado, tendrá la impronta de la imagen divina. Satanás ha establecido su trono en esta tierra; pero aquí, donde el usurpador ha gobernado, Jesús establecerá su trono y no habrá mas maldición. La gloria de Jehová cubrirá la tierra como las aguas cubren los mares. Jesús desea ofrecer a sus hijos un hogar donde no habrá más pecado, sufrimiento o muerte. Todo será gozo y felicidad... El Señor desea que cada hijo e hija de Adán sea purificado; que sea levantado de su miseria, degradación y pecado, para que pueda llegar a ser heredero de su glorioso descanso. Es la incredulidad y la impiedad humanas lo que previene que Dios haga su obra en la humanidad. Jesús murió por todo el mundo, pero muchos rechazan ser transformados a la divina similitud debido a su obstinación e incredulidad (The Bible Echo, junio 1°, 1892).
Jesús espera que su nobleza y condescendencia sea reproducida en aquellos a quienes él bendice. Cuando él vino a este mundo, eligió la vida más sencilla y la posición más humilde, dejándonos ejemplo para que sigamos sus pisadas. La Majestad del cielo fue manso y humilde de corazón, y espera que sus seguidores tengan el mismo espíritu para ayudar a los enlutados. No hay un momento en esta vida en que no necesitemos ser mansos y humildes de corazón. Especialmente los que ministran con Cristo deben mostrar estos atributos a los que se están iniciando en la escuela de Cristo. Ser gentiles y nobles como lo fue Cristo manifestará la verdadera dignidad. El adorno de un espíritu manso y humilde es de gran valor a la vista de Dios; de mucho más valor que el oro, la plata y las piedras preciosas.
Los atributos de Dios son la bondad, la misericordia, el amor y la paciencia, y sus seguidores deben alcanzar estos mismos atributos del carácter para representar a Cristo en su vida espiritual y cotidiana. La mansedumbre, un tesoro de inapreciable riqueza interior, puede poseerse en medio de la pobreza o el sufrimiento; tiene su origen en la fuente de todas las bendiciones, produce verdadera unidad entre los seguidores de Cristo, y muestra que el alma está en armonía con el Padre y con el Hijo. Si la mansedumbre y el amor no son parte de nuestro carácter, no somos verdaderamente discípulos del Señor Jesucristo, y nuestra experiencia completa es débil e incierta (Signs of the Times, agosto 22, 1895).
Guía de Estudio de la Biblia: El Fruto del Espíritu / Notas de Elena G. de White. Periodo: Trimestre Enero-Marzo de 2010
Autor: Richard O'Fill, es escritor (El Cristiano Victorioso, Un Fruto Divino entre otros libros) y orador del ministerio Revival Sermons, ha trabajado para la iglesia en tres continentes, incluyendo siete años en las oficinas centrales de la Asociación General. Reside actualmente en Orlando, Florida, EE.UU. Editor: Clifford Goldstein
Texto Clave: "Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas..." Mateo 11:29.
Enseña a tu clase a:
Saber que ser manso es asemejarse a Jesús, y reflexionar sobre esta verdad. No es cobardía, temor o debilidad. Sentir el descanso y la seguridad que provienen de reflejar la mansedumbre de Cristo en la vida. Hacer: relacionarse con madurez en las dificultades y el conflicto.
Bosquejo de la Lección
1. Saber: La mansedumbre de Cristo
A. Manifestar mansedumbre es comportarse de una manera que honre a Cristo. Esto requiere confianza en Dios y valor frente al peligro, los conflictos y la provocación. a. ¿De qué modos la mansedumbre sirve para neutralizar conflictos? b. ¿De qué manera una conducta agresiva generalmente es una indicación de que la persona está centrada en sí misma?
2. Sentir: El profundo sentimiento de paz que proviene de comportarse mansamente
A. ¿Cómo el comportarse mansamente frente a la provocación nos ayuda a ver la necedad de una conducta agresiva?
3. Hacer: La herencia prometida a los mansos es la vida en el paraíso de Dios
A. ¿Cómo el ejercitar la mansedumbre contribuye a la madurez cristiana? B. ¿De qué forma la agresión y la afirmación del yo nos hieren? C. ¿De qué modo la mansedumbre le rinde honor y alabanza a Dios? D. ¿De qué manera hay una correlación definida entre la mansedumbre en el aquí y ahora con la mansedumbre en la Tierra Nueva?
Resumen: Cuando los cristianos se confrontan con luchas o provocaciones, y responden con mansedumbre, se están conduciendo de una manera cristiana. La mansedumbre no es cobardía. Es la expresión de confianza en el estilo de vida que los prepara para el Cielo. Tiene el poder de diluir la hostilidad, y crear paz y armonía. Es un antídoto para el egoísmo.
CICLO DE APRENDIZAJE
PASO 1: ¡Motiva!
Concepto clave para el crecimiento espiritual: La mansedumbre, como la de Cristo, se obtiene por una dependencia humilde de la voluntad de Dios, y se refleja en el trato suave y amante hacia los demás.
Solo para los maestros: Escribe la palabra “H-U-M-I-L-D-A-D” verticalmente en el lado izquierdo de una pizarra o papel. Pide a los miembros de tu clase que propongan frases que definan y describan la humildad. Cada frase debe comenzar con una letra de la palabra.
Analiza la diferencia entre humildad y baja estima propia, mansedumbre y debilidad. Escribe mansedumbre y humildad a un lado de la pizarra, y baja estima propia y debilidad del otro lado. Luego pide a los miembros de tu clase que comparen y contrasten los términos. Por ejemplo, ¿fue Jesús manso durante su juicio y crucifixión? (Ver Mateo 27). ¿Qué aspecto tenía esta mansedumbre y con qué palabras se la oía? ¿Respondió Jesús de esta manera porque era débil o tenía baja estima propia? ¿Cómo reaccionaría alguien que fuera tímido o no se valorara mucho, en situaciones similares?
PASO 2: ¡Explora!
Solo para los maestros: Para introducir esta sección de la lección, provee figuras de personajes bíblicos, como José o Moisés, que son modelos de mansedumbre tal como lo fue Jesús (tal vez, también un breve video de su nacimiento o su juicio).
Comentario de la Biblia
I. Jesús, manso y humilde (Repasa con tu clase Mat. 11:29).
Que Jesús haya nacido de padres humildes, en un establo, fue una indicación del lugar que ocuparía entre la humanidad. Por causa de las circunstancias singulares de su nacimiento, Jesús sería llamado hijo ilegítimo hasta el día de su muerte. La muchedumbre que lo rodeaba en su juicio fue más que cruel en sus insultos en este punto. Sus padres eran trabajadores pobres, como lo indica el sacrificio económico de dos palomas, ofrecido en el templo cuarenta días después del nacimiento. Jesús mismo trabajó como carpintero en una pequeña e insignificante aldea hasta que cumplió treinta años.
Jesús no solo se identificó con los pobres y con los que a menudo lo insultaban por las circunstancias de su nacimiento, sino que también tomó sobre sí la suerte de ellos en la vida. ¿Cómo puede alguno que nació sobre esta tierra reclamar superioridad por causa de su rango, su clase social o su sangre, cuando el Rey del universo, que en todo sentido es superior al mortal de mayor categoría, aceptó ocupar la posición más humilde en los círculos humanos? La aceptación tranquila y mansa de su posición da dignidad y esperanza a todos, por humildes e ignominiosas que sean sus circunstancias. Su vida ilustró el hecho de que es la bondad de Dios y su evaluación de nosotros lo que hace que cada uno de nosotros tenga valor infinito.
Considera: ¿Qué otros ejemplos de la vida de Jesús ilustran su disposición a identificarse con los pobres, los ridiculizados y los débiles? ¿De qué modo el aprender acerca de Jesús, el manso y humilde, y tomar su yugo sobre nosotros nos ayuda a encontrar descanso?
II. José: De esclavo y preso a primer ministro (Repasa con tu clase Gén. 37; 39; 50).
José había tenido una posición favorecida como el hijo honrado y muy amado de un hombre rico, antes de ser vendido por sus hermanos para ser esclavo en una tierra extranjera, y de allí pasar a estar preso. José pudo haber buscado vengarse de sus hermanos si hubiera querido hacerlo; su mansedumbre ciertamente no fue el resultado de la debilidad o de una baja estima. Cuando sus hermanos fueron a Egipto buscando granos, José usó su posición y poder para interrogar a sus hermanos y ponerlos a prueba completamente antes de ceder al anhelo que tenía de reunirse con ellos y con su padre. Finalmente, cuando ellos expresaron su tristeza y arrepentimiento, José respondió con toda la calidez y el amor apasionado de un hermano que desea la reconciliación.
Considera: ¿Cómo manifestó José la verdadera humildad? ¿Cómo podemos practicar la clase de humildad que tiene suficiente confianza en los caminos de Dios a largo plazo, para que podamos pasar por alto nuestros planes y comodidades de corto alcance? ¿Qué cualidades de mansedumbre demostró José como los que se mencionan en Mateo 18:21 y 22; 2 Timoteo 2:24 y 25; y Gálatas 6:1?
III. Moisés, el hombre más manso de la tierra (Repasa con tu clase Núm. 12; 16; 20).
Cuando sus hermanos, Aarón y María, cuestionaron la autoridad de Moisés, lo que ellos realmente cuestionaban era la autoridad de Dios al designar a Moisés como el líder del pueblo. La autoridad de Moisés fue puesta en duda a menudo, no solo por su familia más cercana, sino también por otros dirigentes en el campamento y por el pueblo mismo. Sin embargo, Moisés no respondió con el orgullo herido, y enojado por haber sido cuestionado en su derecho a conducir al pueblo. “Moisés suportó sus acusaciones en silencio paciente y sin queja. [...] ‘Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra’, y por este motivo Dios le otorgó más de su sabiduría y dirección que a todos los demás” (PP 403).
Al depender de Dios para que lo defendiera y al interceder por María y por los seguidores rebeldes de Coré, Datán y Abiram, Moisés ilustró la abnegación de alguien que descansa seguro en el lugar donde Dios lo ha puesto, que solo procura cumplir los deberes que Dios le ha dado. Al tener el amor de Dios en su corazón, no sentía la necesidad de ser aprobado u honrado por otros.
Sin embargo, Moisés no siempre fue manso. El joven que perdió la paciencia con el pendenciero egipcio al comienzo de su carrera fue también el hombre que la perdió en Meriba con un pueblo que había conducido durante cuarenta años por el desierto hacia la Canaán. Este fue un asunto tan serio que le impidió a Moisés entrar en la Tierra Prometida. El pueblo de Israel probó al mismo Dios con sus quejas y sus rebeliones, pero esta conducta difícil no era excusa para que Moisés y Aarón perdieran la paciencia.
Considera: ¿Cuál fue la diferencia entre la reacción de Moisés con el pueblo en Meriba y sus reacciones previas ante otras rebeliones? ¿Qué principios ilustra esto acerca de responder a las situaciones frustrantes con enojo en vez de con mansedumbre?
IV. Necesidad especial de humildad en los últimos días (Repasa con tu clase Eze. 9).
Mientras Ezequiel veía en visión a aquellos que estaban lamentando las cosas detestables que se hacían en Jerusalén, se le dieron instrucciones de poner una marca sobre ellos y destruir a quienes en la ciudad no tuvieran la marca, comenzando por el Santuario. Los que están marcados por la humildad de su corazón y por el profundo dolor y la humillación por el pecado estarán sellados, escondidos con seguridad en Dios cuando concluya el tiempo de prueba. Al acercarse a Jesús y mantener sus ojos fijos en su perfecta pureza, reconocen cuán terrible es realmente el pecado. Al escudriñar sus corazones y al humillarse ante Dios durante los momentos finales del gran Día de la Expiación, él puede vestirlos con el manto de la justicia de Cristo. “Su contrición y humillación propias son infinitamente más aceptables a la vista de Dios que el espíritu de suficiencia propia y altanero de aquellos que no ven causa para lamentarse, que desprecian la humildad de Cristo. [...] La mansedumbre y humildad de corazón son las condiciones para tener fuerza y alcanzar la victoria” (JT 2:178).
Considera: ¿Por qué un espíritu manso y humilde es tan vital en estos últimos días? ¿Cuán importante es buscar continuamente el rostro de Cristo con humildad, humillarnos ante él, y aceptar su blanco manto de pureza en lugar de nuestros trapos de inmundicia?
PASO 3: ¡Aplica!
1.Un espíritu sereno y manso es un argumento poderoso en favor de Cristo. ¿Por qué es así? Analiza ejemplos del poder de la humildad, que hayas presenciado en otros, tanto en casa como en el lugar de trabajo.
2. Un espíritu tranquilo y manso nos hace fáciles de querer y amados aquí sobre la tierra, y los que están adornados con este espíritu serán admitidos en el palacio del Rey del universo (ver 1 Ped. 3:4). ¿Cuáles son las tentaciones del adorno externo aquí sobre la tierra, y por qué se nos anima a obtener la belleza superior del adorno interior?
PASO 4: ¡Crea!
1. ¿Qué aspectos de tu vida han sido difíciles de sobrellevar, en términos de pobreza, burlas y humillación? ¿Qué puedes aprender de las vidas de Jesús, de José y de Moisés acerca de cómo manejar esas situaciones en las próximas semanas?
2.Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un asta, y todos los que eran mordidos por las serpientes venenosas podían mirarla y ser sanados. Esta era una profecía visual de Cristo, en su obra más humillante, un objeto maldito sobre una cruz, levantado para nuestra sanidad. ¿Qué ayuda visual podrías crear acerca de la humildad del Rey del universo, quien sufrió y murió por ti?
3.Considera la posibilidad de escribir versículos de Efesios 2 acerca de cómo debemos imitar la humildad de Cristo en nuestra relación con los demás.
Guía de Estudio de la Biblia: El Fruto del Espíritu / Edición para Maestros. Periodo: Trimestre Enero-Marzo de 2010
Autor: Richard O'Fill, es escritor (El Cristiano Victorioso, Un Fruto Divino entre otros libros) y orador del ministerio Revival Sermons, ha trabajado para la iglesia en tres continentes, incluyendo siete años en las oficinas centrales de la Asociación General. Reside actualmente en Orlando, Florida, EE.UU. Editor: Clifford Goldstein
Mientras estudia la Lección o Guía de Estudio de la Biblia / Escuela Sabática, en Ojo Adventista, lo invitamos -para beneficio de todos- escribir sus comentarios y consideraciones sobre dicho estudio al pie de cada entrada.