viernes, 17 de julio de 2009

Informe Misionero Mundial / 3 trimestre 2009 / video 01



Este trimestre comentaremos acera de la División Sudamericana, hogar de unos 305 millones de habitantes que viven en ocho países y varias islas. Hay alrededor de 2.6 millones de adventistas del séptimo día que comparten la fe en esta división. Eso nos da un promedio de aproximadamente un adventista por cada 117 habitantes.

Este trimestre presentamos especialmente necesidades del norte de Brasil y de Ecuador.

El desafío

El norte de Brasil es el hogar de aproximadamente 20 millones de personas, de las cuales más de 350.000 son adventistas. Eso es un adventista por cada 58 personas.
La región se define por el río Amazonas que atraviesa prácticamente el país entero. Los misioneros Leo y Jessie Halliwell navegaron a lo largo de este caudaloso río ofreciendo atención médica y el amor de Dios a sus habitantes.
La iglesia creció rápidamente en esta región, pero sus jóvenes se ven obligados a viajar miles de kilómetros con el fin de prepararse para servir a Dios ya que no hay un colegio más cerca de sus
hogares. Para remediar esta dificultad, ahora se construye un Nuevo colegio cerca de la desembocadura del río Amazonas, para capacitar a los jóvenes para que sirvan a la iglesia en el norte de Brasil.
Parte de las ofrendas de este decimotercer sábado se destinará para completar la primera fase de la construcción del Colegio Adventista del Amazonas.

El país de Ecuador se encuentra en la línea ecuatorial, en la región occidental de Sudamérica. Uno de cada 175 habitantes de este país es adventista.

Radio Nuevo Tiempo alcanza a miles de personas para Cristo.
Actualmente mil personas estudian la Biblia como resultado directo de las cuatro radioemisoras de Radio Nuevo Tiempo. El año pasado se bautizaron 150 radioescuchas. Sin embargo las radioemisoras necesitan ser actualizadas y enlazadas en red para que trabajen con más eficiencia y alcanzar a más personas para Cristo.
En el pasado, los jóvenes de Ecuador que deseaban servir a Dios tenían que viajar a otro país para estudiar en un colegio adventista.
El gobierno acaba de autorizar el funcionamiento de un colegio de nivel universitario en el plantel de la escuela secundaria adventista.
Pero el campus requiere mejoras sustanciales para cumplir con los requerimientos gubernamentales.
Parte de las ofrendas de este decimotercer sábado se usará para enlazar las radioemisoras en red y mejorar las instalaciones del Instituto Tecnológico Superior Adventista de Ecuador.

Su segura servidora para el reino,

Charlotte Ishkanian
Editora de Misión

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sábado, 11 de julio de 2009

Lección 3: Andar en la luz: Apartarse del pecado. Para el 18 de julio de 2009

Sábado 11 de julio.

Lee Para el Estudio de esta Semana: Juan 3:19; 8:12; Romanos 3:10-20; 1 Timoteo 1:15; 1 Juan 1:5-2:2.

Para Memorizar: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

EN 1982 SE PUSO EN EXHIBICIÓN una obra poco usual de arte moderno. Era una escopeta fijada a una silla. Se podía contemplar la obra de arte sentándose en la silla y mirando directamente al cañón de la escopeta. El problema era que el arma estaba cargada y conectada con un cronómetro para que se disparara en un momento no determinado dentro de los próximos cien años. Es sorprendente que hubiera gente haciendo fila para sentarse y mirar el paso de la bala, aunque ellos sabían que el arma podía dispararse en cualquier momento.

¡Qué manera de tentar la suerte!

Desgraciadamente, la gente hace lo mismo con el pecado, pensando que pueden mirarlo fijamente a la cara y salir sin sufrir daño. Sin embargo, a diferencia de la escopeta, el pecado –a menos que se recurra a Cristo– definidamente los matará.

Esta semana, Juan considera el problema del pecado y su solución en Jesucristo.

Un Vistazo a la Semana: ¿Qué quiere decir la Biblia cuando llama “luz” a Dios? ¿Qué clase de errores con respecto a la realidad del pecado procuró tratar Juan en estos primeros versículos? ¿Qué promesas nos presenta Juan como el remedio para el pecado en nuestras vidas? ¿Por qué necesitamos esas promesas?

La Luz (1 Juan 1:5).
Domingo 12 de julio

Lee 1 Juan 1:5. ¿Qué quiere decir Juan cuando afirma que “Dios es luz”? Después de todo, la luz es meramente un fenómeno físico, una forma de energía compuesta de fotones. ¿Qué quería decir Juan? Ver Sal. 27:1; 36:9; Mat. 4:16; Juan 3:19; 8:12; 12:46; 1 Tim. 6:16.

La Luz se usa con referencia tanto a Jesús como al Padre. La gloria de Dios es luz, y lo señala como aquel que trae la salvación. La imagen también enfatiza el concepto de verdad y revelación. Y, especialmente en nuestro contexto inmediato, destaca sus cualidades morales de justicia, santidad y perfección (ver también 1 Juan 2:9).

¿Por qué Juan no se contenta con decir que Dios es “luz” sino que añade que en él “no hay ningunas tinieblas”?

Al añadir esa frase, el apóstol subraya en los términos más fuertes posibles la perfección de Dios y su separación del pecado. Él no es comparable con los dioses griegos o romanos, en quienes supuestamente se encontrarían virtudes y vicios combinados. Dios es santidad pura, bondad pura, justicia pura. Él es, en un sentido, tan opuesto al pecado como la oscuridad lo es a la luz.

La mención de la oscuridad que hace Juan, entretanto, presenta un elemento nuevo, uno que establece el escenario para lo que sigue. Como seres caídos, sumergidos en el pecado, los seres humanos pertenecen por naturaleza al ámbito de la oscuridad en vez de pertenecer a la esfera de la luz. Si Dios es luz y nosotros estamos en la oscuridad, el contraste entre nosotros y Dios, especialmente en cuanto a santidad y justicia, no podría ser mayor.

Piensa en la oscuridad. ¿Qué clase de emociones, imágenes y pensamientos evoca en ti? Anota lo que pienses de la oscuridad, acerca de lo que representa y acerca de cómo te hace sentir. ¿Por qué esta es una imagen muy apropiada para el pecado y la falta de santidad? Lleva tus respuestas a la clase el sábado.

El Problema del Pecado (1 Juan 1:6, 8, 10).
Lunes 13 de julio

Primera Juan 1:6 al 10 constituye una unidad. Después de su declaración principal acerca del carácter de Dios, Juan trata con algunas creencias que aparentemente circulaban entre los creyentes. Y él critica estas creencias.

Los cinco versículos comienzan más o menos del mismo modo; es decir, “si...” Sin embargo, notamos una diferencia marcada entre ellos.

¿Cuáles son algunas de las afirmaciones de las que trata Juan en los versículos 6, 8 y 10? ¿Qué declaraciones falsas se hacían, y qué tienen ellas en común?

La primera declaración analiza el compañerismo con Dios. La gente pretende tener comunión con Dios, pero en realidad camina en la oscuridad, lo que significa que realmente no está caminando con Dios.

En contraste, andar (vers. 7) en la luz resulta en verdadera comunión. Los que hacen esto son limpiados de sus pecados. Por lo tanto, el caminar en la oscuridad tiene que ver con vivir en el pecado. Vivir en el pecado y pretender tener comunión con Dios es, de acuerdo con Juan, una mentira.

Las siguientes dos afirmaciones, en los versículos 8 y 10, también están vinculadas con el pecado. Aunque Juan habla en contra de la práctica del pecado, él es muy claro acerca de la realidad del pecado en nuestras vidas. En el versículo 8 parece hacer frente a la creencia de que los seres humanos no son pecadores, una enseñanza que va en contra de la doctrina cristiana más básica.

¿Por qué la declaración de Juan en el versículo 10 es tan importante? ¿Cuáles son las implicaciones de la idea de que “no hemos pecado”?

Nota la progresión en estos versículos. En el versículo 6, la gente está mintiendo. En el versículo 8, se engaña a sí misma. En el versículo 10, hace que Dios aparezca como mentiroso. Obviamente, Juan comprende la realidad y seriedad del problema del pecado para la humanidad.

¿Cuán abierto y honesto eres contigo mismo con respecto a la realidad del pecado en tu propia vida? ¿Tiendes a ignorarlo, a justificarlo o a regañarte por causa de él? ¿Cuál debería ser tu actitud hacia tus propias luchas con el pecado, y qué puedes hacer a fin de cultivar la actitud correcta? ¿Cuál es la actitud correcta?

Respuestas al Problema del Pecado (1 Juan 1:7, 9; 2:2).
Martes 14 de julio

Es claro que en estos versículos Juan se está refiriendo a la seriedad del pecado. ¿De qué modo él comprende el pecado? En 1 Juan 3:4, lo iguala a la ilegalidad. De acuerdo con 1 Juan 5:17, el pecado es injusticia o mal hacer. Es un apartarse de la voluntad de Dios como se nos revela en las Escrituras. El pecado también es opuesto a la verdad. La persona que comete pecado se aparta de Dios, y esta alienación conduce a la muerte espiritual. Pecado, en singular, puede señalar a la separación del pecador de Dios; en el plural, pecados, puede señalar a los actos pecaminosos. De cualquier manera que lo consideremos, una cosa es segura: el pecado es real y, a menos que lo resolvamos, nos destruirá.

Hay promesas divinas en 1 Juan 1:7 y 9 con respecto a la solución del problema del pecado. ¿Cuáles son estas promesas, y cómo podemos hacer que sean reales en nuestras propias vidas? ¿Cómo podemos experimentar por nosotros mismos lo que Dios nos está prometiendo aquí?

El perdón de los pecados ha llegado a ser posible por causa de la muerte de Cristo en la cruz, el derramamiento de su sangre como sacrificio. Por cuanto hemos transgredido la Ley y por ello merecemos la muerte, él murió en nuestro lugar y nos ha liberado de la condenación eterna que nuestra transgresión nos acarrearía. Más aún, su sangre nos purifica de todo pecado.

Sin embargo, de nuestra parte, es necesaria la confesión de los pecados. El término confesar, en 1 Juan 1:9, también puede significar admitir, reconocer. El texto no menciona a quién debemos confesar los pecados. Ciertamente se implica que a Dios, porque en la siguiente parte del versículo escuchamos que, si se confiesan los pecados, Dios es fiel y justo, y nos perdonará nuestros pecados. Puede ser que la confesión de los pecados incluya también la confesión pública ante aquellos a quienes hemos herido por medio de nuestros pecados; aun así, el perdón del pecado viene solamente de Dios.

Primera Juan 1:9 también tiene la fuerza de una orden. Deberíamos poner nuestros pecados delante de Dios, y él nos perdonará y nos purificará. Pecar nos hace culpables; necesitamos el perdón. El pecado nos contamina; necesitamos purificación. Por medio de Jesús, Dios ha abierto el camino para que tengamos ambas cosas.

¿Qué áreas de tu vida podrían necesitar cambiar a fin de aprovechar mejor estas promesas maravillosas? ¿Qué te retiene de elegir entregarle todos tus caminos pecaminosos a Dios?

El Blanco del Cristiano (1 Juan 2:1).
Miércoles 15 de julio

En 1 Juan 2:1, Juan nos llama a no pecar. ¿De qué modo deberíamos comprender esta amonestación?

El llamado a no pecar está en el contexto de caminar en la luz, que fue introducida con la afirmación de que Dios es luz. Si queremos vivir en comunión con él y con sus hijos, debemos andar en la luz, y andar en la luz significa renunciar al pecado (1 Juan 2:1).

Juan se dirige a los creyentes en una forma atenta e íntima, llamándolos “hijitos”, y diciéndoles una razón para escribirles su carta: Ellos deben renunciar al pecado completamente. Al hacerlo, no está sugiriendo que sea posible una existencia completamente libre de pecado, sino que está suplicando a los cristianos que se aparten de cualquier acto específico de pecado.

¿Por qué equilibra Juan su amonestación a no pecar con la frase “si alguno hubiere pecado”? Ver también 1 Rey. 8:46; Rom. 3:10-20; 1 Tim. 1:15.

La referencia al pecado aquí podría haber sido mal entendida en el sentido de que alguien podría pensar que el pecado no importa: “No pretendan estar sin pecado; de todos modos, ustedes son pecadores. Por lo tanto, vivan su vida y no se preocupen por el pecado”.
Por lo tanto, Juan tiene que equilibrar sus declaraciones acerca del pecado, y lo hace con 1 Juan 2:1. La meta de un discípulo de Cristo es no pecar. Los cristianos deben admitir que son pecadores; no obstante, deben procurar vivir sin pecar.

Al mismo tiempo, Juan no quiere dar la idea de que podemos estar perfectamente sin pecado. Por lo tanto, junto con su amonestación contra el pecar, dice: “Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos...” Este es un claro reconocimiento de la realidad del pecado en las vidas de los cristianos. Aun los cristianos consagrados y sinceros podrían cometer pecados. Desgraciadamente, el pecar es siempre una posibilidad real para los miembros de la iglesia. Por lo tanto, necesitan ayuda. Necesitan que alguien los ayude a resistir la tentación, pero también necesitan alguien que intervenga en favor de ellos después de que hubieren pecado.

¿Cómo podemos aprender a vivir con la tensión de ser pecadores y, no obstante, ser amonestados –muy fuertemente en la Biblia– a no pecar?

El Consuelo de los Cristianos (1 Juan 2:1, 2).
Jueves 16 de julio

Primera Juan 2:1 y 2 contienen declaraciones maravillosas que consuelan a los pecadores arrepentidos, y los llenan con esperanza y ánimo. A pesar del pecado y la culpa, y las horribles consecuencias que a menudo surgen de nuestros pecados, hay una solución. Juan ya ha mencionado el perdón y la purificación de los pecados. Ahora vuelve a este tema, diciendo que este perdón ha llegado a ser posible por medio de Jesús.

¿De qué modo? Primero, él es nuestro Abogado, y él intercede en nuestro favor. Este Abogado se identifica como el Mesías (“Cristo”), y se dice que él es justo. La justicia fue atribuida a Dios el Padre en 1 Juan 1:9. En 1 Juan 2:1 se le atribuye al Hijo, y es por causa de su carácter justo que él puede interceder por nosotros.

Segundo, nuestro perdón está asegurado porque, por medio de su muerte como sacrificio, Jesús produjo la propiciación, o expiación; esto significa que él pagó la penalidad por nuestros pecados. La deuda que nosotros debíamos, la que nunca podríamos pagar, Jesús la pagó por nosotros.

Por lo tanto, Juan describe a Jesús como el Sacrificio y el Intercesor. En el contexto del testimonio del Nuevo Testamento, esto implica que Jesús vivió entre nosotros una vida sin pecado, murió en la cruz, resucitó de los muertos y ascendió al cielo, donde intercede en nuestro favor.

El término paráklētos, traducido como abogado en 1 Juan 2, ha sido traducido de varias maneras; p. ej.: consolador, ayudador, abogado, mediador, o intercesor (Ver Juan 14:16, 26; 15:26; 16:7; 1 Juan 2:1). Es una persona que es llamada a estar al lado de otra persona y ocupa el lugar de otra. Un paráklētos puede ser una persona que ayuda a un amigo. En el Evangelio de Juan, el Espíritu Santo es el ayudador. En la Primera Epístola de Juan, Jesús es el ayudador e intercesor (1 Juan 2:1).

Cuando hablamos acerca de Jesús como nuestro Abogado y recibimos gran consuelo en el hecho de que él es el instrumento que provee el perdón de nuestros pecados, debemos ser cuidadosos de no dar la impresión de que el Padre es malvado y severo, y que debe ser persuadido por un intermediario para que nos perdone. Tal cuadro de Dios es injustificado. Él es quien envió a Jesús a nuestro favor (Juan 3:16). También, unos pocos versículos antes, se nos dice que él es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos (1 Juan 1:9). Jesús no tiene que pacificar al Padre. Por lo contrario, el Padre es quien ha revelado, por medio de Jesús, que él desea nuestra salvación.

Basados en lo que acabamos de leer, ¿de qué modo comprendes las maravillosas promesas que se nos dan en 1 Juan 2:1 y 2? ¿Qué significan en términos de nuestro caminar diario con el Señor? ¿Cómo puedes hacer que esas promesas sean más reales en tu propia vida? ¿Qué cambios deberían producir esas promesas en tu experiencia?

Para Estudiar y Meditar
Viernes 17 de julio

Lee, en El camino a Cristo, “Para obtener la paz interior”, pp. 36-41.

“‘Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad’. Las condiciones que debemos cumplir para obtener la misericordia de Dios son sencillas y razonables. El Señor no requiere que hagamos algo penoso para obtener perdón. No necesitamos hacer largas y cansadoras peregrinaciones o dolorosas penitencias para recomendar nuestras almas al Dios del cielo o para expiar nuestra transgresión. El que ‘confiesa’ su pecado y ‘se aparta’ de él ‘alcanzará misericordia’ (Prov. 28:13). En los atrios celestiales, Cristo intercede por su iglesia, por aquellos en cuyo favor pagó el precio de la redención con su sangre. Los siglos y las edades no podrán disminuir la eficacia de su sacrificio expiatorio. Ni la vida ni la muerte, ni lo alto ni lo bajo, pueden separarnos del amor de Dios que es en Cristo Jesús, no porque nosotros estemos tan firmemente asidos de él, sino porque él nos sostiene fuertemente. Si nuestra salvación dependiera de nuestros propios esfuerzos, no podríamos ser salvos; pero depende del que respalda todas sus promesas” (HAp 456).

Preguntas Para Dialogar:

1. En la clase, lean lo que escribieron acerca de los pensamientos, las emociones y las imágenes que la idea de “oscuridad” les produjo. ¿De qué modo eso los ayuda a comprender mejor no solo lo que significa ser impío y estar en pecado sino también lo que significa andar en la luz de Dios?

2. ¿Cómo podrías ayudar a los que están tan abrumados con sus pecados y sus culpas que están listos a renunciar a Dios completamente? ¿Qué promesas y ánimo puedes ofrecerles? ¿Qué ejemplos de la Biblia puedes encontrar en los que Dios perdonó algún pecado muy terrible?

3. Algunas personas creen que tenemos que ser totalmente libres de todo pecado antes de poder ser salvados. ¿Cómo tratas esta creencia, sin dar, al mismo tiempo, la impresión de que el pecado no importa?

4. Alguien mató a la mayor parte de una familia de personas que no eran cristianas y que nunca profesaron fe en Jesús. Años más tarde, en su lecho de muerte, el asesino confesó sus actos y aceptó a Cristo como su Salvador. ¿Cómo responderías a este comentario de un miembro sobreviviente de la familia?: “Así que, de acuerdo con ustedes, los cristianos, toda mi familia está destinada para el castigo final, mientras que la persona que los asesinó ahora tiene la promesa del cielo? ¿Es eso lo que enseña la religión de ustedes?”


Guía de Estudio de la Biblia: Amadas y llenas de amor: Las Epístolas de Juan / Edición Adultos.
Periodo: Trimestre Julio-Septiembre de 2009
Autor: Ekkehardt Mueller, nacido en Alemania, doctor en Teología y Ministerio. Es uno de los directores asociados del Instituto de Investigaciones Bíblica (Biblical Research Institute) de la Asociación General. Sus especialidades son Nuevo Testamento, el libro de Apocalipsis, hermenéutica y teología aplicada. Es casado y tiene dos hijos adultos.
Editor: Clifford Goldstein

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Lección 3: Andar en la luz: Apartarse del pecado / Notas de Elena de White

Sábado 11

En la manifestación de Dios a su pueblo, la luz había sido siempre un símbolo de su presencia. A la orden de la palabra creadora, en el principio, la luz resplandeció de las tinieblas. La luz fue envuelta en la columna de nube de día y en la columna de fuego de noche, para guiar a las numerosas huestes de Israel. La luz brilló con tremenda majestad, alrededor del Señor, sobre el monte Sinaí. La luz descansaba sobre el propiciatorio en el tabernáculo. La luz llenó el templo de Salomón al ser dedicado. La luz brilló sobre las colinas de Belén cuando los ángeles trajeron a los pastores que velaban el mensaje de la redención.

Dios es luz; y en las palabras: "Yo soy la luz del mundo", Cristo declaró su unidad con Dios, y su relación con toda la familia humana. Era él quien al principio había hecho "que de las tinieblas resplandeciese la luz". Él es la luz del sol, la luna y las estrellas. Él era la luz espiritual que mediante símbolos, figuras y profecías, había resplandecido sobre Israel. Pero la luz no era dada solamente para los judíos. Como los rayos del sol penetran hasta los remotos rincones de la tierra, así la luz del Sol de justicia brilla sobre toda alma (El Deseado de todas las gentes, p. 429).

La Luz (1 Juan 1:5).
Domingo 12

Cristo es el único canal mediante el cual el ser humano puede tener acceso a Dios y llegar a ser participante de la naturaleza divina. El Señor brinda su luz a los que le buscan con fervor. "Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él" (1 Juan 1:5). Dios, en sus misteriosos caminos, se comunica con el alma y la ilumina. "La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples" (Salmo 119:130). Dios sustituye las ideas e invenciones humanas con sus ideas grandes, nobles y luminosas (Ellen G. White 188 Materials, p. 981).

Cristo dice a sus seguidores: "Vosotros sois la luz del mundo". Dios es luz, vida y amor, y de allí emana el evangelio de verdad. Y de esos principios de verdad, amor y vida, deben apropiarse los seguidores de Cristo así como el pámpano se nutre de la savia de la vid. "Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí" (S. Juan 6:57). Al permanecer en Cristo el alma será iluminada, lavada y purificada. Y no sólo eso, porque Cristo dice además: "El que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida" (S. Juan 8:12). De esa manera sus seguidores llegan a ser "la luz del mundo". Los que están en Cristo harán las obras de Cristo. En cambio, si conocemos los principios de la verdad pero no los practicamos, ese conocimiento no nos evitará hundirnos más profundamente en la perdición. Debemos orar con fervor para que se nos revele lo que es recto, y cuando lo sepamos, que podamos cumplir con nuestro deber de todo corazón por amor a Cristo (The Medical Missionary, agosto 1, 1892).

"Dios es luz, y no hay ninguna tinieblas en él... Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado (1 Juan 1:5, 7).

Es privilegio del cristiano relacionarse con la Fuente de la luz, y por medio de esa relación viviente llegar a ser la luz del mundo. Los verdaderos seguidores de Cristo andarán en la luz como él está en luz, y por lo tanto no avanzarán por caminos inciertos, ni tropezarán en medio de la oscuridad. El gran Maestro está tratando de que sus oyentes comprendan la bendición que pueden llegar a ser para el mundo, al compararlos con el sol naciente que dispersa la niebla y disipa la oscuridad. La aurora cede su lugar al día. El sol que dora, matiza y glorifica el cielo con sus haces de luz, es un símbolo de la vida cristiana. Así como el sol es luz, vida y bendición para todo ser viviente, los cristianos deberían ser la luz del mundo mediante sus buenas obras, su alegría y su valor. Así como la luz del sol aleja las sombras de la noche para derramar su gloria por valles y colinas, el cristiano debe reflejar el Sol de justicia que resplandece en él.

Ante la vida consecuente de los verdaderos seguidores de Cristo, la ignorancia, la superstición y la oscuridad desaparecerán, así como el sol disipa las sombras de la noche. De la misma manera los discípulos de Jesús irán a los lugares tenebrosos de la tierra, para diseminar la luz de la verdad hasta que la senda de los que se hallan en tinieblas sea iluminada por la luz de la verdad (Cada día con Dios, p. 92).

El Problema del Pecado (1 Juan 1:6, 8, 10).
Lunes 13

La religión de Jesucristo es algo más que hablar. La justicia de Cristo consiste en acciones rectas y buenas obras impulsadas por motivos puros y generosos. La justicia exterior, sin el adorno interior, no vale nada. "Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado" (1 Juan 1:5-7). Si no poseemos la luz y el amor de Dios, no somos sus hijos. Si no juntamos con Cristo, derramamos. Todos ejercemos influencia, y esta influencia es decisiva en el destino de los demás para su bien presente y futuro, o para su eterna pía con Dios, p. 182).

Hay quienes profesan santidad, quienes declaran que están completamente con el Señor, quienes pretender tener derecho a las promesas de Dios, mientras rehúsan prestar obediencia a sus mandamientos. Dichos transgresores de la ley quieren recibir todas las cosas que fueron prometidas a los hijos de Dios; pero eso es presunción de su parte, por cuanto Juan nos dice que el verdadero amor a Dios será revelado mediante la obediencia a todos sus mandamientos. No basta creer la teoría de la verdad, hacer una profesión de en Cristo, creer que Jesús no es un impostor, y que la religión de la Biblia no es una fábula por arte compuesta. "El que dice: Yo le he conocido, y no guarda sus mandamientos -escribió Juan- el tal es mentiroso, y no hay verdad en él, mas el que guarda su palabra, la caridad de Dios está verdaderamente perfecta en él: por esto sabemos que estamos en él". "El que guarda sus mandamientos, está en él, y él en él" (1 Juan 2:4, 5; 3:24) (Los hechos de los apóstoles, pp. 449, 450).

Las epístolas de Juan respiran el espíritu del amor. Sin embargo, cuando se encontraba con los que estaban transgrediendo la ley de Dios pero aseveraban que estaban viviendo sin pecado, no vacilaba en amonestarles acerca de su terrible engaño. "Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad, pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros" (1 Juan 1:6-10) (Review and Herald, febrero 22, 1881).

"Si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado" (1 Juan 1:7). Podemos orar por nuestra santificación, pero si la obtenemos o no, dependerá de si andamos en la luz y la reflejamos sobre quienes nos rodean. Mis hermanos y hermanas, la salvación del alma depende del curso de acción que se siga; si alguien pierde la vida eterna será porque ha fracasado en guardar los mandamientos divinos. La luz que brilla de la Palabra de Dios es suficiente para guiar a todo lo largo del camino al cielo; por lo tanto nadie tendrá excusa si se pierde (Review and Herald, julio 13, 1905).

Respuestas al Problema del Pecado (1 Juan 1:7, 9; 2:2).
Martes 14

Por estos pasajes resulta evidente que no es la voluntad de Dios que seas caviloso y tortures tu alma con el temor de que Dios no te aceptará porque eres pecador e indigno. "Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros" (Santiago 4:8). Presenta tu caso delante de él, invocando los méritos de la sangre derramada por ti en la cruz del Calvario. Satanás te acusará de ser un gran pecador, y tú debes admitirlo, pero puedes decir: Sé que soy pecador, y esa es la razón por la cual necesito un Salvador. Jesús vino al mundo para salvar pecadores. "La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado". "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad" (1 Juan 1:7, 9). No hay en mí mérito o bondad por la cual pueda reclamar la salvación, pero presento delante de Dios la sangre totalmente expiatoria del inmaculado Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es mi único ruego. El nombre de Jesús me da acceso al Padre. Su oído, su corazón, están abiertos a mi súplica más débil, y él suple mis necesidades más profundas (Fe y obras, p. 110).

Un requisito esencial para recibir e impartir el amor perdonador de Dios es conocer ese amor que nos profesa y creer en él. Satanás obra mediante todo engaño a su alcance para que no discernamos ese amor. Nos inducirá a pensar que nuestras faltas y transgresiones han sido tan graves que el Señor no oirá nuestras oraciones y que no nos bendecirá ni nos salvará. No podemos ver en nosotros mismos sino flaqueza, ni cosa alguna que nos recomiende a Dios. Satanás nos dice que todo esfuerzo es inútil. Cuando tratemos de acercarnos a Dios, sugerirá el enemigo: De nada vale que ores; ¿acaso no hiciste esa maldad? ¿Acaso no has pecado contra Dios y contra tu propia conciencia? "Pero podemos decir al enemigo que "la sangre de Jesucristo... nos limpia de todo pecado". Cuando sentimos que hemos pecado y no podemos orar, ése es el momento de orar. Podemos estar avergonzados y profundamente humillados, pero debemos orar y creer. "Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero". El perdón, la reconciliación con Dios, no nos llegan como recompensa de nuestras obras, ni se otorgan por méritos de hombres pecaminosos, sino que son una dádiva que se nos concede a causa de la justicia inmaculada de Cristo (El discurso maestro de Jesucristo, p. 98).

Jesús quiere que vengas a él. Si tropiezas una y otra vez, no te abandones a la desesperación. Si enfrentas tentaciones y fracasas, acércate arrepentido ante Dios, pero no te desesperes. Prueba otra vez sosteniéndote firmemente en los méritos de Cristo. El pecador no puede confiar en su propia justicia pero debe recordar que Cristo llega a ser su justicia; cuando siente que no tiene fuerzas para vencer, debe recordar que Jesús se ofrece para sostenerlo. El pecador puede con toda seguridad decir: Cristo murió por mí, y su sangre me limpia de todo pecado. Sé en quién he creído y su fuerza me permitirá enfrentar las pruebas y sufrimientos de la vida diaria y me fortalecerá para resistir las tentaciones más fuertes de Satanás (Review and Herald, mayo 4, 1876).

El Blanco del Cristiano (1 Juan 2:1).
Miércoles 15

Que nadie se engañe a sí mismo; las palabras de Cristo muestran claramente que si no seguimos sus mandatos, nos perderemos. Pero la ley sólo puede mostrarnos que somos transgresores; no nos puede salvar de la condena, porque "por medio de la ley es el conocimiento del pecado" (Romanos 3:20). Al mirarnos en este espejo podemos descubrir las manchas de nuestro carácter; pero para limpiarnos, debemos lavarnos en la fuente preparada por el Redentor del mundo. "Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo" (1 Juan 2:1). La ley no debe ser eliminada pensando que con eso se removerán nuestros defectos. Cristo no vino para salvarnos en nuestros pecados sino de nuestros pecados. Cuando nos sentimos condenados por la ley y nos acercamos a Dios con humildad de corazón para pedir su perdón, nuestro Abogado nos ofrece su justicia y se hace cargo de nuestro pecado. Podemos mirar por fe a nuestro Salvador crucificado y resucitado, y solicitar sus méritos. El gran Médico sanará con su sangre las heridas que el pecado ha producido y nos dará su justicia, su santidad y su redención (Signs of the Times, enero 7, 1897).

"Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo" (1 Juan 2:1). Aun aquellos que están tratando con sinceridad de guardar la ley de Dios, no siempre están libres de pecado. Mediante tentaciones disfrazadas son engañados y caen en el error. Sin embargo, cuando su conciencia les muestra el pecado, se ven a sí mismos condenados por los santos preceptos de la ley; pero no se rebelan contra la ley sino que se arrepienten de su pecado y buscan el perdón mediante los méritos de Cristo, quien murió para que pudieran ser justificados por la fe en su sangre. No intentan excusarse para evitar la confesión y el arrepentimiento. En cambio los que pretenden ser justos y santos dicen: Estoy santificado, soy justo, no puedo pecar. Es a esta clase de personas a quienes el apóstol reprende, diciéndoles. "Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros" (1 Juan 1:8). Es evidente que cuando alguien asevera estar sin pecado, la ley de Dios no ha sido escrita en el corazón, porque el Señor conoce los pensamientos y las intenciones del corazón. El apóstol escribe palabras de ánimo a todos aquellos que comprenden que son pecadores. "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad" (1 Juan 1:9). Si decimos que no tenemos pecado, cuando en verdad la ley nos muestra que somos transgresores, estamos demostrando que la verdad de Dios no está en nosotros.

El apóstol hace una clara distinción entre el transgresor que deliberadamente vive en pecado y en abierto desafío a la ley divina mientras declara vivir en santidad, y el pecador que reconoce sus defectos de carácter y humildemente se acerca a Dios para confesar sus pecados. Pablo dice: "¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás. Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia, porque sin la ley el pecado está muerto. y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí" (Romanos 7:7-9). ¡Qué peligrosa es la condición de aquellos que se consideran santificados y no se dan cuenta que si miraran a la ley ella les mostraría sus pecados! La santificación es conformidad a la voluntad de Dios, y su voluntad está expresada en su santa ley. Sólo aquellos que viven de toda palabra que sale de la boca de Dios pueden estar verdaderamente santificados. ¡Cuán terrible es esparcir una falsedad enseñando que se puede lograr la salvación por los méritos de la sangre de Cristo, mientras se están sembrando semillas de rebelión contra la ley divina (Signs of the Times, abril 30, 1896).

El Consuelo de los Cristianos (1 Juan 2:1, 2).
Jueves 16

Cuando el sumo sacerdote entraba en el lugar santo, que representaba el lugar donde nuestro Sumo Sacerdote está ahora intercediendo, y ofrecía sacrificios en el altar, afuera no se ofrecían sacrificios propiciatorios. Mientras el sumo sacerdote estaba intercediendo adentro, cada corazón había de inclinarse contrito delante de Dios, rogando el perdón de las transgresiones. A la muerte de Cristo, el símbolo se encontró con la realidad, el Cordero muerto por los pecados del mundo. El gran Sumo Sacerdote ha efectuado el único sacrificio que será de valor alguno...

En su intercesión como nuestro Abogado, Cristo no necesita de la virtud del hombre, de la intercesión del hombre. Cristo es el único que lleva los pecados, la única ofrenda por el pecado. La oración y la confesión han de ser ofrecidas únicamente a Aquel que ha entrado una sola vez para siempre en el lugar santo...

Cristo representó a su Padre ante el mundo, y delante de Dios representa a los escogidos, en quienes ha restaurado la imagen moral de Dios. Son su heredad... Los hombres tienen únicamente un Abogado e Intercesor que puede perdonar las transgresiones (A fin de conocerle, p. 75).

[Un testimonio personal para un corazón atribulado] Un alma a la cual Dios haya desamparado nunca se sentiría como usted se ha sentido y nunca amaría la verdad y la salvación, como usted la ha amado. Oh, si el Espíritu de Dios dejara de luchar con un alma, ésta quedaría en un estado de indiferencia, y siempre pensaría que todo va bastante bien... Usted no debe complacer en lo más mínimo al enemigo dudando y abandonando su confianza. Dijo el ángel: "Dios no abandona a su pueblo, aunque se aparte de él. No se vuelve airado hacia ellos por cualquier pequeñez. Si han pecado, tienen un abogado para con el Padre a Jesucristo el Justo".

Este Abogado intercede por los pecadores y el Padre acepta su oración. El no desoye el pedido de su Hijo amado. El que tanto lo amó que dio su propia vida por usted, no se apartará ni lo abandonará a menos que usted decidida y liberadamente lo abandone a él para servir al mundo y a Satanás. Jesús desea que usted vaya a él tal como es, sin esperanza y desamparado, y se aferre de su sobreabundante misericordia, y crea que él lo recibirá tal como usted es.

Usted está espaciándose en el lado oscuro. Debe cambiar de manera de pensar, y en vez de pensar todo el tiempo en la ira de Dios, piense en su abundante misericordia, en su disposición para salvar a los pobres pecadores, y crea que él lo salva. Usted debe, en el hombre de Dios, romper este hechizo. Usted debe clamar: "Yo quiero creer ¡yo creo!" Jesús tiene su nombre sobre su pectoral e intercede por usted ante su Padre, y si sus ojos se abrieran verían ángeles celestiales ministrándole, volando a su alrededor y rechazando a los malos ángeles para que no puedan destruirlo... Tenga ánimo. Mire hacia arriba, crea y verá la salvación de Dios (En lugares celestiales, p. 119).

Para Estudiar y Meditar.
Viernes 17

CAPÍTULO 4. Para Obtener la Paz Interior

"EL QUE encubre sus transgresiones, no prosperará; mas quien las confiese y las abandone, alcanzará misericordia" (Proverbios 28:13).

Las condiciones para obtener la misericordia de Dios son sencillas, justas y razonables. El Señor no nos exige que hagamos alguna cosa penosa para obtener el perdón de los pecados. No necesitamos hacer largas y cansadoras peregrinaciones, ni ejecutar duras penitencias, para encomendar nuestras almas al Dios de los cielos o para expiar nuestra transgresión; mas el que confiesa su pecado y se aparta de él, alcanzará misericordia.

El apóstol dice: "Confesad pues vuestros pecados los unos a los otros, y orad los unos por los otros, para que seáis sanados" (Santiago 5:16). Confesad vuestros pecados a Dios, quien sólo puede perdonarlos, y vuestras faltas unos a otros. Si has dado motivo de ofensa a tu amigo o vecino, debes reconocer tu falta, y es su deber perdonarte libremente. Debes entonces buscar el perdón de Dios, porque el hermano a quien has ofendido pertenece a Dios y al perjudicarlo has pecado contra su Creador y Redentor. Debemos presentar el caso delante del único y verdadero Mediador, nuestro gran Sumo Sacerdote, que "ha sido tentado en todo punto, así como nosotros, mas sin pecado" que es capaz de compadecerse de nuestras flaquezas" (Hebreos 4:15) y es poderoso para limpiarnos de toda mancha de pecado.

Los que no se han humillado de corazón delante de Dios reconociendo su culpa, no han cumplido todavía la primera condición de la aceptación. Si no hemos experimentado ese arrepentimiento, del cual nadie se arrepiente, y no hemos confesado nuestros pecados con verdadera humillación de alma y quebrantamiento de espíritu, aborreciendo nuestra iniquidad, no hemos buscado verdaderamente el perdón de nuestros pecados; y si nunca lo hemos buscado, nunca hemos encontrado la paz de Dios. La única razón porque no obtenemos la remisión de nuestros pecados pasados es que no estamos dispuestos a humillar nuestro corazón y a cumplir con las condiciones de la Palabra de verdad. Se nos dan instrucciones explícitas tocante a este asunto. La confesión de nuestros pecados, ya sea pública o privada, debe ser de corazón y voluntaria. No debe ser arrancada al pecador. No debe hacerse de un modo ligero y descuidado o exigirse de aquellos que no tienen real comprensión del carácter aborrecible del pecado. La confesión que brota de lo íntimo del alma sube al Dios de piedad infinita. El salmista dice: "Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón, y salva a los de espíritu contrito" (Salmo 34:18).

La verdadera confesión es siempre de un carácter específico y declara pecados particulares. Pueden ser de tal naturaleza que solamente pueden presentarse delante de Dios. Pueden ser males que deben confesarse individualmente a los que hayan sufrido daño por ellos; pueden ser de un carácter público y, en ese caso, deberán confesarse públicamente. Toda confesión debe hacerse definida y al punto, reconociendo los mismos pecados de que seáis culpables.

En los días de Samuel los israelitas se extraviaron de Dios. Estaban sufriendo las consecuencias del pecado; porque habían perdido su fe en Dios, el discernimiento de su poder y su sabiduría para gobernar a la nación y su confianza en la capacidad del Señor para defender y vindicar su causa. Se apartaron del gran Gobernante del universo y quisieron ser gobernados como las naciones que los rodeaban. Antes de encontrar paz hicieron esta confesión explícita: "Porque a todos nuestros pecados hemos añadido esta maldad de pedir para nosotros un rey" (1 Samuel 12:19). Tenían que confesar el mismo pecado del cual estaban convencidos. Su ingratitud oprimía sus almas y los separaba de Dios.

Dios no acepta la confesión sin sincero arrepentimiento y reforma. Debe haber un cambio decidido en la vida; toda cosa que sea ofensiva a Dios debe dejarse. Esto será el resultado de una verdadera tristeza por el pecado. Se nos presenta claramente la obra que tenemos que hacer de nuestra parte: "¡Lavaos, limpiaos; apartad la maldad de vuestras obras de delante de mis ojos; cesad de hacer lo malo; aprended a hacer lo bueno; buscad lo justo; socorred al oprimido; mantened el derecho del huérfano defended la causa de la viuda!" (Isaías 1:16, 17) "Si el inicuo devolviere la prenda, restituyere lo robado, y anduviere en los estatutos de la vida, sin cometer iniquidad, ciertamente vivirá; no morirá" (Ezequiel 33:15). San Pablo dice, hablando de la obra de arrepentimiento: "Pues, he aquí, esto mismo, el que fuisteis entristecidos según Dios, ¡qué solícito cuidado obró en vosotros! y qué defensa de vosotros mismos! y ¡qué indignación! y ¡qué temor! y ¡qué ardiente deseo! y ¡qué celo! y ¡qué justicia vengativa!

En todo os habéis mostrado puros en este asunto" (2 Corintios 7:11).

Cuando el pecado ha amortiguado la percepción moral, el injusto no discierne los defectos de su carácter, ni comprende la enormidad del mal que ha cometido y, a menos que ceda al poder convincente del Espíritu Santo, permanecerá parcialmente ciego sin percibir su pecado. Sus confesiones no son sinceras ni de corazón. Cada vez que reconoce su maldad trata de excusar su conducta declarando que si no hubiese sido por ciertas circunstancias, no habría hecho esto o aquello, de lo que se lo reprueba.

Después de que Adán y Eva hubieron comido de la fruta prohibida, los embargó un sentimiento de vergüenza y terror. Al principio solamente pensaban en cómo podrían excusar su pecado y escapar de la terrible sentencia de muerte. Cuando el Señor les habló tocante a su pecado, Adán respondió, echando la culpa en parte a Dios y en parte a su compañera: "La mujer que pusiste aquí conmigo me dio del árbol, y comí". La mujer echó la culpa a la serpiente, diciendo: "La serpiente me engañó, y comí" (Génesis 3:12, 13) ¿Por qué hiciste la serpiente? ¿Por qué le permitiste que entrase en el Edén? Esas eran las preguntas implicadas en la excusa de su pecado, haciendo así a Dios responsable de su caída. El espíritu de justificación propia tuvo su origen en el padre de la mentira y ha sido exhibido por todos los hijos e hijas de Adán. Las confesiones de esta clase no son inspiradas por el Espíritu divino y no serán aceptables para Dios. El arrepentimiento verdadero induce al hombre a reconocer su propia maldad, sin engaño ni hipocresía. Como el pobre publicano que no osaba ni aun alzar sus ojos al cielo, exclamará: "Dios, ten misericordia de mí, pecador", y los que reconozcan así su iniquidad serán justificados, porque Jesús presentará su sangre en favor del alma arrepentida.

Los ejemplos de arrepentimiento y humillación genuinos que da la Palabra de Dios revelan un espíritu de confesión sin excusa por el pecado, ni intento de justificación propia. San Pablo no procura defenderse; pinta su pecado como es, sin intentar atenuar su culpa. Dice: "Lo cual también hice en Jerusalén, encerrando yo mismo en la cárcel a muchos de los santos habiendo recibido autorización de parte de los jefes de los sacerdotes; y cuando se les daba muerte, yo echaba mi voto contra ellos. Y castigándolos muchas veces, por todas las sinagogas, les hacia fuerza para que blasfemasen; y estando sobremanera enfurecido contra ellos, iba en persecución de ellos hasta las ciudades extranjeras". (Hechos 26:10, 11). Sin vacilar declara: "Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores; de los cuales yo soy el primero" (1 Timoteo 1:15). El corazón humilde y quebrantado, enternecido por el arrepentimiento genuino, apreciará algo del amor de Dios y del costo del Calvario; y como el hijo se confiesa a un padre amoroso, así presentará el que esté verdaderamente arrepentido todos sus pecados delante de Dios. "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados, y limpiarnos de toda iniquidad' (1 S. Juan 1:9).


Guía de Estudio de la Biblia: Amadas y llenas de amor: Las Epístolas de Juan / Notas de Elena de White.
Periodo: Trimestre Julio-Septiembre de 2009
Autor: Ekkehardt Mueller, nacido en Alemania, doctor en Teología y Ministerio. Es uno de los directores asociados del Instituto de Investigaciones Bíblica (Biblical Research Institute) de la Asociación General. Sus especialidades son Nuevo Testamento, el libro de Apocalipsis, hermenéutica y teología aplicada. Es casado y tiene dos hijos adultos.
Editor: Clifford Goldstein

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Lección 3: Andar en la luz: Apartarse del pecado / Edición para Maestros

El sábado enseñaré...
Texto clave: 1 Juan 1:8-10.

Enseña a tu clase a:
Saber y aceptar que Jesús es la única solución para el pecado.
Sentir gratitud por el perdón tan libremente concedido.
Hacer la confesión de nuestros pecados y pedir el perdón.

Bosquejo de la lección:

I. Saber: Jesús es la única solución para el pecado

A. De acuerdo con Juan, ¿cuál es el máximo engaño propio? (1 Juan 1:8).
B. En 1 Juan 2, parákletos es traducido como "abogado". Define la función de un abogado. ¿Qué impacto tiene sobre nuestra vida el saber que Jesús es nuestro abogado?
C. ¿Qué ocurre cuando confesamos nuestros pecados?

II. Sentir: la clave de la libertad

A. Imagínate que estás encerrado en una habitación oscura, cuando inesperadamente la puerta se abre, y la luz entra libremente. ¿Cómo te sentirías? Piensa en algunas otras analogías que describan tus sentimientos cuando has experimentado el perdón.
B. ¿Cómo podemos estimular un espíritu de gratitud y no tomar el perdón como algo dado por sentado?

III. Hacer: Vivir en la luz

A. ¿Cómo, cuándo y dónde debemos confesar nuestros pecados y pedir perdón?
B. ¿Qué impide que veamos la enormidad de nuestro pecado? ¿Qué pasos podemos dar para abrir nuestros ojos?
3. ¿Qué podemos hacer para cultivar una actitud apropiada hacia nuestras luchas contra el pecado?

Resumen: Hay solo una solución para el problema del pecado, y esa es Jesús. Él es capaz y está dispuesto a perdonarnos, si estamos dispuestos a confesar nuestros pecados.

CICLO DE APRENDIZAJE

PASO 1: ¡Motiva!

Concepto clave: para el crecimiento espiritual: Andar en la luz demanda que nuestra vida refleje, de alguna manera, la vida de Jesús, quien es la luz.

SOLO PARA MAESTROS: UNA PERSONA NO PUEDE ELEVARSE POR ENCIMA DIO DIOS QUE ADORA. POR EJEMPLO, CUANDO UNA PERSONA ADORA A UN DIOS QUE ES DUALISTA -BUENO Y MALO-, ¿PUEDE SER RECTA MORALMENTE, SIGUIENDO EL BIEN Y EVITANDO EL MAL? LA LECCIÓN DE ESTA SEMANA TRATA ACERCA DE DIOS COMO LUZ. LOS CRISTIANOS QUE ADORAN A ESTE DIOS NO PUEDEN ANDAR EN TINIEBLAS, SINO QUE ANDAN EN LA LUZ.

Descubre: Busca los siguientes textos y ve cómo la palabra "luz" se usa en la Biblia: Gén. 1:3; Sal. 119:105, 130; Isa. 5:20; Juan 1:5, 7; Juan 3:19-2; Efe. 5:8; Apoc. 21:23.

Analiza: ¿Qué te enseñó el ejercicio anterior acerca de la luz? ¿De qué manera los diversos significados de luz, cuando se los toma en conjunto te dan un sentido más desarrollado de quién es Dios?

PASO 2: ¡Explora!

Solo para maestros: JESÚS, COMO DIOS EN LA CARNE, TRAJO UN SIGNIFICADO BÁSICO A ESTE MUNDO. ESE MENSAJE REVELA EL CARÁCTER DE DIOS Y LO QUE ÉL DEMANDA DE NOSOTROS (1 JUAN 1:5-10; 2:1, 2). AMBOS SON IMPORTANTES A FIN DE EXPERIMENTAR LO QUE DIOS HA HECHO EN NUESTRO FAVOR MEDIANTE CRISTO. DESTACA ESTE HECHO EN EL ANÁLISIS DE ESTA SECCIÓN.

Comentario de la Biblia

¿Sobre qué se base la comprensión cristiana de Dios? No sobre la razón. Ni la lógica. Ni la naturaleza. Ni la filosofía. Sino en el "mensaje que hemos oído de él" (1 Juan 1:5), de Jesucristo. El mensaje es sencillo: Dios es luz, y él espera que andemos en la luz.

I. Dios es luz (1 Juan 1:5, 6)

Decir que "Dios es luz" (vers. 5) es decir que Dios es esencialmente puro, absolutamente santo, justo y sin compromisos, totalmente transparente, y que se revela a sí mismo. Nuestro conocimiento de él no descansa sobre nuestra capacidad innata sino sobre su revelación por medio de Jesucristo (Juan 14:9-12).

Como luz, Dios nos proporciona un camino de salida del caos y las tinieblas, no solo en el cosmos (Gén. 1:1-4), sino también en la vida humana: él "resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo" (2 Cor. 4:6). De aquí la seguridad del creyente: "Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré?" (Sal. 27:1).

Hay algo absoluto acerca de que Dios es la Luz: "No hay ningunas tinieblas en él" (1 Juan 1:5). Algunos filósofos enseñan que el bien y el mal necesariamente coexisten, y que ambos surgen de la misma fuente. El apóstol denuncia esa falsa enseñanza. Dios es Luz, y la naturaleza innata de la luz es dispersar las tinieblas. Es la absoluta santidad y la pureza moral de Dios lo que hace de él la única fuente de verdad y salvación.

Piensa en esto: Jesús dijo: "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida" (Juan 8:12). ¿De qué modo Dios, como Luz, no solo nos salva de las tinieblas sino también nos da poder para andar en la luz? (Compara con Efe. 5:8-14).

II. Andar en la luz (1 Juan 1:7-2:2)

Dios es luz. Nosotros, como pecadores, estamos en tinieblas morales y espirituales (Rom. 3:23; Isa. 1:5, 6). Pero, el "mensaje" que hemos recibido de Jesús es que por medio de él podemos pasar de las tinieblas a la luz y tener comunión con Dios. Ese compañerismo hace que nuestro gozo sea completo (1 Juan 1:3, 4) y nos permite andar en la luz. Andar en la luz demanda que seamos conscientes de tres peligros y tres seguridades. El apóstol introduce cada uno de estos peligros y seguridades con la frase "Si...", y pinta un cuadro de contraste entre el error y la verdad.

Primero, el peligro de la conducta inconsecuente. "Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos" (vers. 6). El evangelio demanda coherencia entre hablar y andar, profesión y conducta, adoración y comunión. No podemos decir que tenemos comunión con Dios y, a la vez, vivir una vida que sea contraria a la voluntad de Dios (ver también 2 Cor. 6:14). Tal vida inconsistente nos hace mentirosos, y somos juzgados como hijos de las tinieblas. Por otro lado, "si andamos en la luz", y mantenemos nuestra comunión "unos con otros", damos testimonio de que nuestros pecados han sido limpiados por la sangre de Jesucristo (vers. 7), y permanecemos en la luz.

Segundo, el peligro de negar la realidad del pecado. "Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros" (vers. 8). Algunos, en el mundo, refutan la existencia del pecado. Ven las caídas morales, los defectos de relaciones, o quebrantamientos de la ley civil, pero, según ellos dicen, todas esas son imperfecciones de conducta contra un código diseñado por la sociedad. Aunque tal conducta puede tener consecuencias (una multa o una sentencia de prisión), no tiene nada que ver con el pecado como una rebelión contra Dios. La negación de la existencia del pecado conduce a una negación de la necesidad del Salvador, y la "verdad no está" en quienes hacen esas afirmaciones. Por otro lado, la actitud del cristiano hacia el pecado no es negarlo, sino admitirlo y confesarlo. Porque "si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad" (vers. 9). La negación del pecado perpetúa las tinieblas morales y espirituales. Pero la confesión del pecado conduce a una vida de luz y perdón.

Tercero, el peligro de afirmar que no tenemos pecado. "Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros" (vers. 10). Decir que no hemos pecado o decir que hemos alcanzado la perfección de modo que no podemos pecar es hacer de Dios un mentiroso, porque su Palabra declara claramente que todos somos pecadores (Rom. 3:23; Sal. 51:5). La perfección de este lado del cielo haría que el ministerio intercesor de Jesús no fuera necesario. Por supuesto, Juan desea que todos los que son salvados "no pequen". Pero el apóstol es práctica y ofrece la seguridad: "Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo" (1 Juan 2:1).

Repasa las tres declaraciones contrastantes que se dieron arriba. Recuerda una experiencia personal durante la cual afrontaste uno de los tres peligros contra los cuales nos advierte Juan y la promesa de Dios que te ayudó a superarlo. ¿En qué forma la promesa divina ayudó a librarte?

PASO 3: ¡Practica!

Solo para maestros: ¿QUÉ ES LO PRIMERO QUE HACES CUANDO OYES UNA BUENA NOTICIA? TOMAS EL TELÉFONO Y SE LA CUENTAS A UN AMIGO, ¿VERDAD? NO OBSTANTE, ¿QUÉ HAS HECHO CON LA NOTICIA MÁS MARAVILLOSA QUE ESTE MUNDO HA CONOCIDO ALGUNA VEZ: QUE JESÚS NOS SALVA DEL PECADO Y NOS HACE HIJOS DE LA LUZ? CONSIDERA LO SIGUIENTE:

Preguntas para reflexionar:

1. Jesús dijo: "Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos" (Mat. 5:16). ¿De qué modo están vinculados el ser una luz con la obediencia y las buenas obras?

2. Primera de Juan 1:6 y 7 presenta un principio importante del evangelio: la comunión con Dios, la comunión unos con otros y andar en la luz son todas partes inseparables de la vocación cristiana. ¿Por qué, como cristianos, tenemos que practicar los tres aspectos?

Preguntas de aplicación:

1. ¿Cómo respondes a la vocación cristiana a) en tu comunidad, b) en tu iglesia y c) en tu familia? ¿Cuáles son algunas dificultades que puedes afrontar al tratar de hacer esto? ¿De qué modo afrontas el desafío?

2. Isaías declaró: "Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti" (Isa. 60:1). Una cualidad de la luz es la de brillar y dispersar las tinieblas. ¿De qué modo puedes brillar en forma radiante por Cristo?

PASO 4: ¡Aplica!

Solo para maestros: ANIMA A TU CLASE A OCUPARSE, ESTA SEMANA PRÓXIMA, EN EXPRESIONES CREATIVAS Y ACTIVIDADES COMO UNA MANERA DE VIVIR Y EXPERIMENTAR LA VERDAD DE LA LECCIÓN MÁS PLENAMENTE: JESÚS COMO NUESTRA LUZ.

1. La música es una estrategia para recordar cosas. Pide a cualquiera que recite el alfabeto. Es muy posible que uno de ellos comience a cantar las letras. Eso es porque aprender algo con música hace que sea más fácil recordarlo. Trata de memorizar 1 Juan 1:9. Luego, si tienes inclinación musical, trata de ponerle música, y también a otros versículos que estudiamos esta semana. O trata de aprender versículos a los que ya se les ha puesto música, como un defensa ante las tres tentaciones contra las que Juan nos advierte en su primera carta.

2. Estudia la manera en que se usa la palabra luz en las tres epístolas de Juan, contrastándola con el uso de la oscuridad, o tinieblas. ¿Qué te enseña esta comparación acerca del poder de la luz contra la oscuridad y el peligro de las tinieblas?

3. Los faros evitan que los barcos naufraguen contra las rocas. Conviértete en un faro viviente. Busca a alguien en tu familia o en tu comunidad que tenga una necesidad específica, y satisfácela.


Guía de Estudio de la Biblia: Amadas y llenas de amor: Las Epístolas de Juan / Edición Maestros.
Periodo: Trimestre Julio-Septiembre de 2009
Autor: Ekkehardt Mueller, nacido en Alemania, doctor en Teología y Ministerio. Es uno de los directores asociados del Instituto de Investigaciones Bíblica (Biblical Research Institute) de la Asociación General. Sus especialidades son Nuevo Testamento, el libro de Apocalipsis, hermenéutica y teología aplicada. Es casado y tiene dos hijos adultos.
Editor: Clifford Goldstein

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sábado, 4 de julio de 2009

Lección 2: Experimentar la Palabra de vida / Para el 11 de julio de 2009

Sábado 4 de julio.

Lee Para el Estudio de esta Semana: Deuteronomio 4:1-4; 1 Corintios 15:4-8; 1 Juan 1:1-5; Apocalipsis 19:13.

Para Memorizar: “Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo” (1 Juan 1:3).

En un tribunal, un hombre es acusado de asesinato. Él jura a voz en cuello que es inocente, que él no lo hizo y que ni siquiera estaba en el lugar del crimen cuando eso ocurrió. Parece muy convincente. Por sus palabras, uno podría estar tentado a creerle.

Entonces, sin embargo, aparecen testigos. Uno tras otro, los testigos presenciales dicen lo mismo: Ellos vieron al acusado en el lugar del crimen, y lo vieron (y aun, en algunos casos, lo oyeron) cometer el crimen. Aunque los detalles individuales difieren, dependiendo de dónde estuvieron en el momento del incidente, sus testimonios presenciales son abrumadores, y la culpabilidad del hombre resulta evidente.

En una forma similar, Juan inicia su carta asegurando que él pertenece al círculo de los testigos presenciales que, habiendo visto y experimentado personalmente a Jesús, son capaces de compartir con otros esta información que transforma vidas.

Un Vistazo a la Semana: ¿Por qué Jesús es la “Palabra de vida”? ¿Qué espera lograr Juan al escribir esta introducción? ¿De qué modo podemos nosotros, aún hoy, ser testigos presenciales de Jesús? ¿Qué lugar tiene la comunidad en la vida de un cristiano?

La Introducción de la Primera Carta de Juan (1 Juan 1:1-4).
Domingo 5 de julio

Lee 1 Juan 1:1 al 4. ¿Qué nos enseña Juan con esas palabras? ¿Qué esperanza puedes obtener de ellas para ti mismo? Además, ¿por qué le crees a él?

Juan comienza señalando que él, junto con otros, es un testigo ocular del “Verbo (o Palabra) de vida”. El versículo 2 explica algo más de esta “vida” y, junto con la primera parte del versículo 3, enfatiza su proclamación.

¿Qué dos cosas dice Juan que sucederán como resultado de su declaración acerca del “Verbo de vida”?

En los versículos 1 y 3, Juan hace siete declaraciones antes de terminar la oración: 1)Lo que era desde el principio, 2)lo que hemos escuchado, 3)lo que hemos visto, 4)lo que hemos contemplado, 5) lo que hemos palpado, 6) lo que hemos visto, y 7)lo que hemos oído. Entonces, concluye: “Eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros” (vers. 3). En el versículo 2, que es una inserción y una clarificación, una cuádruple enumeración termina con la frase: “Y os anunciamos la vida eterna”.

El punto central en todo esto parece ser que Juan quiere que sepamos, por nosotros mismos, la realidad de Dios que él mismo había experimentado por medio de Jesús. Él quiere que conozcamos, por nosotros mismos, la vida eterna, la comunión y el gozo que podemos tener por medio de Jesús, el mismo Jesús que él había escuchado, visto y tocado.

¿Cómo comprendes y experimentas lo que significa tener “gozo” en el Señor? ¿Has conocido a algún cristiano que esté siempre gozoso? ¿Cómo entendemos las promesas de gozo cuando tan a menudo, aun como cristianos, nuestras vidas están llenas de dolor y sufrimiento?

Primera Juan 1 y Juan 1.
Lunes 6 de julio

Los que conocen el Evangelio de Juan quedan intrigados cuando comienzan a leer la Primera Epístola de Juan, y encuentran una introducción similar a la introducción del Evangelio de Juan.

Lee 1 Juan 1:1 al 5, y compáralo con Juan 1:1 al 5. ¿Qué elementos tienen en común?

Ambos pasajes comienzan en forma casi idéntica. Ambos señalan a un tiempo en el pasado, usando “el principio”, una referencia evidente a Génesis 1:1, la Creación. Ambos distinguen entre Dios el Padre y el Verbo (o la Palabra), y ambos los ponen juntos, en estrecha conexión. Ambas secciones también usan las imágenes de “vida” y “luz”. Sin duda, las dos secciones tienen mucho en común. Pero también hay diferencias.

¿Qué énfasis encontramos en Juan 1:1 al 5, que no se observa en 1 Juan 1:1 al 5?

El Evangelio de Juan enfatiza fuertemente a Jesús como Dios y a Jesús como Creador. Aunque el título completo: “su Hijo, Jesucristo”, en 1 Juan 1:3, señala tanto la humanidad de Jesús como su divinidad, el término Dios no se aplica directamente a Jesús en la introducción a 1 Juan, como aparece en la introducción al Evangelio de Juan. El Evangelio de Juan también es muy claro con respecto a Jesús en su papel como Creador. Nada que fue hecho –es decir, nada creado– fue creado aparte de él. Difícilmente Juan podría haber sido más claro, no solo acerca de la divinidad de Cristo, sino también acerca del hecho de que fue el Creador.

Además, 1 Juan enfatiza el lugar de los testigos oculares y su proclamación (y, por lo tanto, su autoridad), un énfasis que no aparece en el Evangelio de Juan, que habla desde una perspectiva más neutral y menos “personal”.

Tomadas en conjunto, ambas secciones revelan verdades acerca de Jesús que son centrales para el plan de salvación.

Piensa en todo lo que sabes acerca de la vida de Jesús. ¿Qué cosas hizo, dijo y sufrió? Además, pregúntate: ¿Por qué hizo esas cosas? Al hacerlo, medita en el hecho de que este Hombre también era Dios, el Creador. ¿Qué esperanza y ánimo te ofrecen estas verdades? ¿De qué modo pueden ayudarte a soportar el estrés y las tensiones de la vida?

La Palabra de Vida (1 Juan 1:1, 2).
Martes 7 de julio

¿Qué crees que significa la frase “Verbo (o Palabra) de vida”? ¿Por qué es un término tan exacto para aplicar a Jesús?

En 1 Juan 1:1 se menciona el “Verbo de vida”. El término verbo también se encuentra en Juan 1:1 al 3, y se refiere específicamente a Jesús. En Apocalipsis 19, el jinete del caballo blanco es llamado “El Verbo de Dios” (Apoc. 19:13) y se refiere también a Jesús. Siendo que en los escritos de Juan el término verbo [que en griego puede significar tanto verbo como palabra] puede, en ciertos contextos, designar a Jesús, en 1 Juan 1:1 muy probablemente también se refiere a Jesús.

Lo mismo es cierto para el término vida. Jesús se llamó a sí mismo “el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6). Así que, vida en 1 Juan 1:2 sin duda se refiere también a Cristo. No resulta sorprendente, entonces, que él sea “el Verbo de vida”.

¿Qué otras evidencias, en estos versículos, muestran que Juan se estaba refiriendo a Jesús cuando usó la frase “Verbo de vida”?

Aunque algunas personas han alegado que la frase “Verbo de vida” significa la proclamación del evangelio, la evidencia en cambio señala a Jesús mismo. Aunque es posible escuchar el evangelio de Jesús con los oídos, es más difícil verlo con los ojos. Entretanto, es imposible tocar al “Verbo de vida” con las manos, si esa frase se estuviera refiriendo a la proclamación del evangelio. Oír, ver y tocar a una persona tiene más sentido que oír, ver y tocar el evangelio. Además, la frase “la vida [...] estaba con el Padre, y se nos manifestó” (1 Juan 1:2) también sugiere que Juan tenía en mente a una persona cuando mencionó el Verbo y la vida.

Si aceptamos que Jesús es el “Verbo de vida”, ¿qué significa eso para nosotros? Considera cada parte de la frase: verbo y vida. ¿De qué modo los siguientes textos nos ayudan a comprender mejor lo que significa esta frase por sí misma y, aún más importante, qué significa para nosotros, personalmente? Gén. 1:14; Dan. 5:23; Mat. 8:8; Juan 1:1 - 4; Hech. 17:28.

Testigos Oculares.
Miércoles 8 de julio

A muchas personas les gusta ir a ver un juego de fútbol, un concierto, una reunión política, lo que sea. Quieren ver por sí mismos lo que sucede, y quieren experimentar el evento por sí mismos. Después, pueden compartir lo que vieron y oyeron con otras personas. Otros son testigos oculares involuntarios, por ejemplo, de un accidente, o de un crimen, y pueden ser citados para actuar como testigos en un tribunal.

Los apóstoles fueron testigos presenciales de la vida, la muerte y la resurrección de Cristo. Este “evento de Cristo” influyó sobre ellos de tal manera que no podían dejar de comunicarlo a otros.

Esto es lo que encontramos con Juan. En 1 Juan 1:1 al 4, Juan afirma haber sido un testigo ocular de Jesús. Él refuerza su afirmación diciendo que no solo vio a Jesús sino también lo tocó y lo escuchó. Juan repite estas afirmaciones en estos versículos, tratando de enfatizar la realidad de su experiencia personal con Jesús.

Juan no es el único escritor bíblico que hace estas afirmaciones tan sólidas acerca de eventos en los que fueron testigos. ¿Qué tienen en común los siguientes versículos con 1 Juan 1:1 al 3? ¿Quién está hablando, y cuál es el trasfondo de sus afirmaciones? Deut. 4:1-9; Hech. 4:20; 1 Cor. 15:4-8.

Hoy no podemos ser testigos oculares directos, por lo menos no de los eventos de la vida de Jesús o de los eventos históricos de la historia bíblica. Pero eso no significa que no podamos ser testigos presenciales de la realidad de Cristo y lo que él ha hecho por nosotros. De alguna manera, especialmente en un mundo posmoderno, nuestra propia historia personal, nuestro informe testimonial personal, puede ser un testimonio más poderoso de la realidad y la bondad de Dios de lo que pueden ser los eventos históricos registrados en la Biblia.

¿Cuál es tu informe personal como “testigo presencial” de Jesús? Escríbelo, y llévalo a la clase el sábado.

Comunión con los Santos.
Jueves 9 de julio

Alguien ha afirmado que Dios no tiene nietos; solo hijos. Una experiencia cristiana no es una experiencia hereditaria. Necesitamos hacer la decisión, en nuestros corazones, de entregarnos a Jesús. Nadie puede hacerlo por nosotros, así como nadie puede estornudar por nosotros. Tenemos que hacer la decisión nosotros mismos, y tiene que ser una entrega completa a él. En este sentido, ser cristiano es una experiencia muy personal y solitaria.

Al mismo tiempo, en esos primeros versículos, Juan añade otra dimensión de lo que significa ser cristiano. Juan nos invita a aceptar su testimonio acerca de Jesús y, con ello, experimentar el compañerismo (o comunión) con él y con otros cristianos. En otras palabras, la proclamación de Jesús edifica a la comunidad. Aceptar a Jesús como Salvador y Señor, como Dador de vida eterna, significa ser añadido a la familia de los creyentes.

De acuerdo con 1 Juan 1:3, ¿cuáles son las dimensiones de esta comunión?

Jesús mismo estableció su comunidad, o iglesia (Mat. 16:18), y se preocupa por ella en la misma forma que un pastor cuida de sus ovejas (Juan 10:14-16). Jesús y su iglesia van juntos. La proclamación de Jesús y del evangelio lleva a las personas a la comunión, no solo con el Padre y el Hijo sino también con otros creyentes. No solo hay una conexión celestial invisible sino también una conexión visible y real entre estos creyentes.

¿Cómo se describe esta comunión cristiana en su forma ideal, en el Nuevo Testamento? Ver Hech. 2:42-47; Rom. 12:3-17.

Nuestro pasaje de 1 Juan termina con el versículo 4. El propósito de Juan no solo es que la gente goce de la comunión con Dios y con los creyentes, sino también que su gozo sea completo.

El versículo 4 está, tal vez, enfocando los versículos precedentes. Nuestro gozo está completo porque Jesús, “la vida eterna”, ha aparecido. El versículo también puede estar mirando al futuro, al resto de la primera carta de Juan, en la cual se presenta a Jesús y la salvación mediante él, así como la vida con Dios (que es una vida de amor). Finalmente, puede referirse a la futura aparición de nuestro Señor. Así, 1 Juan 1:1 al 4 podría abarcar el tiempo desde el Cristo preexistente hasta la consumación final en la segunda venida de Cristo.

¿Cuál ha sido tu experiencia con respecto a la comunión cristiana? ¿Qué puedes hacer en forma diferente? ¿Cómo puedes gozar mejor, y ayudar a otros a gozar, la comunión del compañerismo que tenemos el privilegio de tener?

Para Estudiar y Meditar.
Viernes 10 de julio

Lee, El Deseado de todas las gentes, la página 307.“Juan, que personalmente había conocido a Cristo, deseaba compartir su conocimiento con sus lectores, para que pudieran participar de la misma comunión que él ya disfrutaba con el Padre y el Hijo. Al expresar este amante deseo, Juan afirma la divinidad, la eternidad y la encarnación –y por lo tanto la humanidad– del Hijo. Transmite este maravilloso conocimiento con un lenguaje que es sencillo pero enfático, para que los lectores contemporáneos del apóstol –y también los de nuestros días– no tuvieran ninguna duda acerca del fundamento de la fe cristiana y la naturaleza de la obra de Jesucristo” (CBA 7:647).

Preguntas Para Dialogar:

1. Como clase, repasen sus propios informes como “testigos presenciales” de Jesús. ¿Qué tienen en común? ¿De qué manera se diferencian? ¿Qué puedes aprender de la experiencia de otros que te puede ayudar a conocer mejor al Señor? Al mismo tiempo, ¿qué presenciaste tú que, al compartirlo, pudo beneficiar a otros?

2. ¿Qué hay en los testimonios de los testigos oculares que los hacen tan poderosos? Al mismo tiempo, ¿por qué no deberíamos creer todos los informes presenciales? Después de todo, las personas pueden mentir, o sencillamente no ver las cosas con exactitud. ¿Pensaste alguna vez que viste algo, para darte cuenta más tarde de que estabas equivocado? Si es así, comparte tu experiencia con la clase. Al mismo tiempo, ¿qué hay en los informes de los testigos presenciales descritos en la Biblia que les da tanta credibilidad? ¿Creemos que son ciertos porque están en la Biblia? ¿O están en la Biblia porque son ciertos? ¿O son ambas cosas?

3. Repasa todo este tema de la comunión. ¿Por qué la comunión es tan importante para todos los creyentes? ¿Qué ocurre con los que tienden a arreglarse solos, a independizarse del cuerpo de Cristo? Al mismo tiempo, ¿qué peligros potenciales surgen de ser demasiado dependientes de otros o de la iglesia? ¿De qué modo podemos alcanzar un equilibrio adecuado?

4. ¿Qué puedes hacer para ayudar a tu iglesia local a ser más receptiva de las necesidades de sus miembros, ayudándola así a cumplir algunos de los ideales del compañerismo, como se ve en varios aspectos de la iglesia primitiva? ¿En qué áreas puede tu iglesia hacer mejor las cosas?


Guía de Estudio de la Biblia: Amadas y llenas de amor: Las Epístolas de Juan / Edición Adultos.
Periodo: Trimestre Julio-Septiembre de 2009
Autor: Ekkehardt Mueller, nacido en Alemania, doctor en Teología y Ministerio. Es uno de los directores asociados del Instituto de Investigaciones Bíblica (Biblical Research Institute) de la Asociación General. Sus especialidades son Nuevo Testamento, el libro de Apocalipsis, hermenéutica y teología aplicada. Es casado y tiene dos hijos adultos.
Editor: Clifford Goldstein

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Lección 2: Experimentar la Palabra de vida / Notas de Elena de White

Sábado 4

Como testigo de Cristo, Juan no entró en controversias ni en fastidiosas disputas. Declaró lo que sabía, lo que había visto y oído. Estuvo asociado íntimamente con Cristo, oyó sus enseñanzas y fue testigo de sus poderosos milagros. Pocos pudieron ver las bellezas del carácter de Cristo como Juan las vio. Para él las tinieblas había pasado; sobre él brillaba la luz verdadera. Su testimonio acerca de la vida y muerte del Señor era claro y eficaz. Hablaba con un corazón que rebosaba de amor hacia su Salvador; y ningún poder podía detener sus palabras.

"Lo que era desde el principio -declaró- lo que hemos oído, lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros: y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre y con su Hijo Jesucristo" (1 Juan 1:1-3).

Asimismo puede todo creyente estar capacitado, por medio de su propio experiencia, para afirmar "que Dios es veraz" (S. Juan 3:33). Puede testificar de lo que ha visto, oído y sentido del poder de Cristo (Los hechos de los apóstoles, pp. 443, 444).

La Introducción de la Primera Carta de Juan (1 Juan 1:1-4).
Domingo 5

Representemos la vida cristiana como realmente es; hagamos que el camino sea alegre, invitador, interesante. Podremos hacerlo si lo deseamos. Podemos llenar nuestra mente con cuadros vívidos de las cosas espirituales y eternas, y al hacerlo así contribuir a que sean una realidad para otras mentes. La fe contempla a Jesús que permanece como nuestro Mediador a la diestra de Dios. La fe contempla las mansiones que ha ido a preparar para los que lo aman. La fe ve el manto y la corona preparados para el vencedor. La fe oye los cantos de los redimidos, y acerca las glorias eternas. Debemos acercarnos a Jesús en amorosa obediencia, si queremos ver al Rey en su hermosura.

Tener comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo equivale a ser ennoblecido y elevado, hechos partícipe de indecibles goces y plenitud de gloria. El alimento, la ropa, la condición y la riqueza pueden tener su valor, pero tener relación con Dios y ser participante de su naturaleza divina es de valor inapreciable. Nuestras vidas deberían estar escondidas con Cristo en Dios; y aunque todavía no se manifieste "lo que hemos de ser", "cuando Cristo" nuestra "vida se manifieste", "seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es". La principesca dignidad del carácter cristiano resplandecerá como el sol, y los rayos de luz que emanan del rostro de Cristo se reflejarán sobre los que se han purificado a sí mismos así como él es puro. El privilegio de llegar a ser hijos de Dios se consigue a bajo precio, aunque sacrifiquemos todo lo que poseamos, hasta la vida misma (La maravillosa gracia de Dios, p. 341).

Una gran luz ha brillado sobre nosotros, por lo tanto una vida de pureza y piedad debiera distinguir al pueblo de Dios en el mundo. El Señor no desea que los que integran su pueblo se desanimen y miran hacia lo que los rodea, sino que miren a las cosas que no se ven; a las que son eternas. Y mientras avanzan por fe en el camino que Cristo les muestra, no habrá retroceso sino avance, porque seguirán las providencias de Dios. Y al tener comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo, los tesoros del mundo se hundirán en la insignificancia, porque sus ojos estarán fijos en los tesoros imperecederos. Que Dios sea el objeto de nuestro amor supremo para que nuestra influencia sobre la familia y el vecindario alcance hasta la misma eternidad (Ellen G. White 1888 Materials, p. 205).

Primera Juan 1 y Juan 1.
Lunes 6

"Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de Vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros, y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido" (1 Juan 1:1-4).

Al apóstol Juan, que escribió estas palabras, Dios le permitió llegar a la ancianidad porque había estado con Cristo desde el comienzo de su ministerio; había escuchado sus enseñanzas y presenciado sus milagros; lo había acompañado en sus viajes misioneros y lo había seguido al Getsemaní; había presenciado su traición, su juicio, su condenación, y su sufrimiento y muerte sobre la cruz del Calvario; también había sido testigo ocular de su resurrección y ascensión. Por lo tanto tenía un mensaje que podía repetir dondequiera estuviese; un mensaje que era una verdad presente para su tiempo y una verdad que se mantendría presente mientras el mudo durase. Declaraba a todos los que lo escuchasen lo que había visto y oído, y lo que sus manos habían palpado tocante al Verbo de vida.

El Señor Jesús se manifestó a Juan y le mostró lo que debía escribir acerca del futuro. Esa revelación que el apóstol escribió en el pasado es la verdad presente para el mundo actual. En su providencia Dios protegió la vida de sus mensajeros que, como Juan, eran testigos de un mensaje importante que debía llegar hasta nuestro tiempo. Aquellos que experimentaron desde el principio el poder divino y el cumplimiento de la palabra profética, son testigos que pueden revelar al mundo lo que vieron y escucharon acerca del Verbo de vida, y también pueden darnos los mensajes de amonestación y advertencia para este tiempo (Signs of the Times, mayo 23, 1895).

La mente y la mano divinas han conservado puro a través de los siglos el relato de la creación. Únicamente la Palabra de Dios nos presenta los anales auténticos de la creación de nuestro mundo. Esta Palabra ha de constituir el estudio principal en nuestras escuelas. En ella podemos aprender lo que nuestra redención costó al que desde el principio era igual al Padre, y sacrificó su vida para que un pueblo pudiese subsistir ante él, redimido de todo lo terreno, renovado en la imagen de Dios.

Son ilimitadas las concesiones de Dios en nuestro favor. El trono de la gracia reviste la atracción más elevada, porque lo ocupa Aquel que nos permite llamarle Padre. Pero Jehová no consideró completo el plan de la salvación mientras estaba solamente investido de su amor. Colocó en su altar a un Abogado revestido de su naturaleza. Como nuestro intercesor, el cargo de Cristo consiste en presentarnos a Dios como sus hijos e hijas. Intercede en favor de los que le reciben. Con su propia sangre pagó su rescate. En virtud de sus propios méritos, les da poder para ser miembros de la familia real, hijos del Rey celestial. Y el Padre demuestra su amor infinito hacia Cristo recibiendo como a sus amigos, a los amigos de Cristo y dándoles la bienvenida. Está satisfecho con la expiación hecha. Queda glorificado por la encarnación, la vida, la muerte y la mediación de su Hijo.

El Cielo considera como de suma importancia la ciencia de la salvación, la ciencia de la verdadera piedad, el conocimiento que ha sido revelado desde la eternidad, que entra en el plan de Dios, que expresa su parecer y que revela su propósito. Si nuestros jóvenes obtienen este conocimiento, podrán adquirir todo lo demás que sea esencial; pero si no lo consiguen, todo el conocimiento que adquieran del mundo no los pondrá en las filas del Señor. Pueden alcanzar todo el conocimiento que puedan dar los libros, y sin embargo, ignorar los primeros principios de aquella justicia que les dará un carácter aprobado por Dios (Consejos para los maestros, padre y alumnos, pp. 15, 16).

La Palabra de Vida (1 Juan 1:1, 2).
Martes 7

Cristo adoptó la forma humana con el propósito de vivir la ley de Dios. Él es la Palabra de vida. Vino para ser el evangelio de salvación para el mundo, y para cumplir cada exigencia de la ley. Jesús es la Palabra, el Guía al que hay que recibir y obedecer en cada aspecto de la vida. Cuán necesario es, pues, que la mina de la verdad sea explorada para descubrir ese rico tesoro y ponerlo a buen recaudo como una joya preciosa. La encarnación de Cristo, su divinidad, su expiación, su extraordinario ministerio en el cielo como nuestro abogado y la obra del Espíritu Santo, todos estos temas del cristianismo son esenciales; y más aún, por ser vitales para nosotros, están revelados desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Los áureos eslabones de la cadena de la verdad evangélica, y lo principal, la material prima, se encuentran en las enseñanzas de Cristo Jesús. ¿Por qué entonces no habrían de ser ennoblecidas y exaltadas las Escrituras en cada escuela de tierra? ¡Cuán poco niños son educados para estudiar la Biblia como la Palabra de Dios, y para alimentarse con sus verdades, que son la carne y sangre del Hijo de Dios! (Recibiréis poder, p. 108).

Nuestra primer tarea es limpiar nuestro propio corazón de toda contaminación y permitir que sea santificado por la verdad. El amor de Cristo debe estar encendido sobre el altar del alma. Entonces, y sólo entonces, podremos compartir con otros lo que hemos visto y oído, y lo que nuestras manos han palpado tocante al Verbo de vida. Y cuando hayamos hecho todo lo posible por disipar las tinieblas del error, de la duda, de la incredulidad y la infidelidad en el mundo, debemos dejar el resto en las manos de Dios y no desanimarnos y dejar enfriar nuestro amor e interés por el hecho de que la iniquidad siga prevaleciendo.

Dios desea que sus hijos, que comprenden que han sido comprados por un precio infinito, den un testimonio viviente al mundo del cual forman parte, de lo que le costó la redención al Hijo de Dios. Desea que su iglesia esté integrada por fieles testigos que sean un espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres. Mi hermano, mi hermana, ¿No investigaremos las Escrituras para asegurarnos que nuestras doctrinas están correctas, y para aprender cómo vivir más plenamente para la gloria de Dios a fin de poder salvar a las almas por las que Cristo murió? (The Youth's Instructor, octubre 14, 1897).

Testigos Oculares.
Miércoles 8

La promesa del Espíritu Santo no se limita a ninguna edad ni raza. Cristo declaró que la influencia divina de su Espíritu estaría con sus seguidores hasta el fin. Desde el día de Pentecostés hasta ahora, el Consolador ha sido enviado a todos los que se han entregado plenamente al Señor y a su servicio. A todo el que ha aceptado a Cristo como Salvador personal, el Espíritu Santo ha venido como consejero, santificador, guía y testigo. Cuanto más cerca de Dios han andado los creyentes, más clara y poderosamente han testificado del amor de su Redentor y de su gracia salvadora. Los hombres y mujeres que a través de largos siglos de persecución y prueba gozaron de una gran medida de la presencia del Espíritu en sus vidas, se destacaron como señales y prodigios en el mundo. Revelaron ante los ángeles y los hombres el poder transformador del amor redentor (La maravillosa gracia de Dios, p. 204).

Después del derramamiento del Espíritu Santo, los discípulos, revestidos de la panoplia [armadura] divina, salieron como testigos, a contar la maravillosa historia del pesebre y la cruz. Eran hombres humildes, pero salieron con la verdad. Después de la muerte de su Señor eran un grupo desvalido, chasqueado y desanimado, como ovejas sin pastor; pero ahora salen como testigos de la verdad, sin otras armas que la Palabra y el Espíritu de Dios, para triunfar sobre toda oposición.

Su Salvador había sido rechazado, condenado y clavado en una cruz ignominiosa. Los sacerdotes y gobernantes judíos habían declarado burlonamente: "A otros salvó, a sí mismo no puede salvar. si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él". Pero esa cruz, ese instrumento de vergüenza y tortura, trajo esperanza y salvación al mundo. Los creyentes se reanimaron y reunieron; su desesperanza y su consciente sentimiento de desvalidez los había abandonado. Fueron transformados en carácter y unidos en los lazos del amor cristiano. Aunque carecían de riquezas, aunque eran reputados por el mundo como meros pescadores ignorantes, fueron hechos, por el Espíritu Santo, testigos de Cristo. Sin honores o reconocimiento terrenal, eran los héroes de la fe. De sus labios salieron palabras de divina elocuencia y poder que conmovieron al mundo (Testimonios para los ministros, pp. 63, 64).

Nuestra obra más importante es ser testigos de Cristo y obedecer sus palabras. A sus discípulos les dijo: "Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio" (S. Juan 15:37). Los discípulos tendrían el honor de ser testigos de la misión de Cristo, porque habían estado constantemente con él y podían compartir ese valioso conocimiento con otros. Y aunque nosotros no estuvimos con él en persona, él ha enviado su Espíritu Santo para guiarnos a toda la verdad y para darnos su poder para ser testigos del Salvador (The Gospel Herald, agosto 1, 1900).

Comunión con los Santos.
Jueves 9

Al cristiano se le presenta la posibilidad de realizar grandes conquistas. Puede estar siempre ascendiendo hacia mayores adquisiciones. Juan tenía una idea elevada del privilegio de un cristiano. Dice: "Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios" (1 Juan 3:1). A los que han sido exaltados de este modo se les revelan las inescrutables riquezas de Cristo, que tienen mil veces más valor que la opulencia del mundo. Por los méritos de Jesucristo, el hombre finito se eleva a la compañía con Dios y su querido Hijo (En lugares celestiales, p. 32).

La iglesia es la sociedad cristiana formada por los miembros que la componen, para que cada uno goce de la ayuda de todas las gracias y talentos de los demás miembros, y también de la operación de Dios en su favor, de acuerdo con los diversos dones y habilidades que Dios les concedió. La iglesia está unida en los sagrados vínculos del compañerismo a fin de que cada miembro se beneficie de la influencia de los demás. Todos deben unirse al pacto de amor y armonía que existe. Los principios y las gracias cristianas de toda la sociedad de creyentes han de comunicar fortaleza y poder en una acción armoniosa. Cada creyente debe beneficiarse y progresar por la influencia refinadora y transformadora de las variadas capacidades de otros miembros, para que las cosas que falten en uno puedan ser más abundantemente desplegadas en otros. Todos los miembros deben acercarse el uno al otro, para que la iglesia llegue a ser un espectáculo ante el mundo, ante los ángeles y ante los hombres.

El compromiso que caracteriza el pacto de los miembros deben acercarse el uno al otros, para que la iglesia llegue a ser un espectáculo ante el mundo, ante los ángeles y ante los hombres.

El compromiso que caracteriza el pacto de los miembros de la iglesia es que cada uno camine en los pasos de Cristo, que cada uno tome sobre sí el yugo de Cristo y aprenda de Aquél que es manso y humilde de corazón. Haciendo esto, "hallaréis -dice el amado Salvador- descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga" (S. Mateo 11:29, 30).

Los que llevan el yugo de Cristo marcharán unidos; cultivarán la simpatía y la tolerancia, y con santa imitación lucharán por mostrar a los demás la tierna simpatía y el amor que ellos mismos necesitan grandemente. El que es débil y carece de experiencia, aunque sea débil puede ser fortalecido por el que tiene más esperanza y por lo que poseen una experiencia madura. Aunque sea el menor de todas las excelencias del carácter del Señor, que éste no se avergüenza de llamarlo hermano.

¿Por qué los creyentes se constituyen como iglesia? Porque por este medio Cristo quiere aumentar su utilidad en el mundo y fortalecer su influencia personal para el bien. En la iglesia ha de mantenerse una disciplina que proteja los derechos de todos y aumente el sentido de mutua dependencia. Dios nunca se propuso que la mente y el juicio de un hombre fueran el poder dominante. Nunca dispuso que un hombre gobernara, planificara y dispusiera sin la consideración cuidadosa y acompañada de oración del cuerpo entero, a fin de que todos actuaran de una manera firme y armoniosa (Mensajes selectos, t. 3, pp. 15-17).

Para Estudiar y Meditar.
Viernes 10

El Deseado de todas las gentes, Pág. 307.

Jesús no se había espaciado en las especificaciones de la ley, pero no quería dejar que sus oyentes sacasen la conclusión de que había venido para poner de lado sus requerimientos. Sabía que había espías listos para valerse de toda palabra que pudiese ser torcida para servir su propósito. Conocía el prejuicio que existía en la mente de muchos de sus oyentes, y no dijo nada que pudiese perturbar su fe en la religión y las instituciones que les habían sido confiadas por medio de Moisés. Cristo mismo había dado la ley moral y la ceremonial. No había venido para destruir la confianza en sus propias instrucciones. A causa de su gran reverencia por la ley y los profetas, procuraba abrir una brecha en la muralla de los requerimientos tradicionales que rodeaban a los judíos. Mientras trataba de poner a un lado sus falsas interpretaciones de la ley, puso a sus discípulos en guardia contra la renuncia a las verdades vitales confiadas a los hebreos.

Los fariseos se jactaban de su obediencia a la ley; pero conocían tan poco de sus principios por la práctica diaria, que para ellos las palabras del Salvador eran como una herejía. Mientras él barría las inmundicias bajo las cuales la verdad había estado enterrada, los circunstantes pensaban que barría la verdad misma. Se murmuraban unos a otros que estaba despreciando la ley, pero él leyó sus pensamientos, y les dijo:

"No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas: no he venido para abrogar, sino a cumplir." Así refutó Jesús el cargo de los fariseos. Su misión en este mundo consistía en vindicar los sagrados derechos de aquella ley que ellos le acusaban de violar. Si la ley de Dios hubiese podido cambiarse o abrogarse, Cristo no habría necesitado sufrir las consecuencias de nuestra transgresión. El vino para explicar la relación de la ley con el hombre, e ilustrar sus preceptos por su propia vida de obediencia.


Guía de Estudio de la Biblia: Amadas y llenas de amor: Las Epístolas de Juan / Notas de Elena de White.
Periodo: Trimestre Julio-Septiembre de 2009
Autor: Ekkehardt Mueller, nacido en Alemania, doctor en Teología y Ministerio. Es uno de los directores asociados del Instituto de Investigaciones Bíblica (Biblical Research Institute) de la Asociación General. Sus especialidades son Nuevo Testamento, el libro de Apocalipsis, hermenéutica y teología aplicada. Es casado y tiene dos hijos adultos.
Editor: Clifford Goldstein

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