sábado, 8 de agosto de 2009

Lección 7: Vivir como hijos de Dios / Notas de Elena de White

Sábado 8

"Mirad cual amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios: por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoce a él" (1 Juan 3:1).

¡Qué amor, qué amor incomparable, que nosotros, pecadores y extranjeros, podamos ser llevados de nuevo a Dios, y adoptados en su familia!...

Todo el amor paterno que se haya transmitido de generación a generación por medio de los corazones humanos, todos los manantiales de ternura que se hayan abierto en las almas de los hombres, son tan sólo como una gota de ilimitado océano, cuando se comparan con el amor infinito e inagotable de Dios. La lengua no lo puede expresar, la pluma no lo puede describir. Podéis meditar en él cada día de vuestra vida; podéis escudriñar las Escrituras diligentemente a fin de comprenderlo; podéis dedicar toda facultad y capacidad que Dios os ha dado al esfuerzo de comprender el amor y la compasión del Padre celestial, y, sin embargo, queda infinitamente más allá. Podéis estudiar este amor durante siglos, sin comprender nunca plenamente la longitud y la anchura, la profundidad y la altura del amor de Dios al dar a su Hijo a fin de que muriese por el mundo. La eternidad misma no lo revelará nunca plenamente. Sin embargo, cuando estudiemos la Biblia, y meditemos en la vida de Cristo y el plan de redención, estos grandes temas se revelarán más y más a nuestro entendimiento (La fe por la cual vivo, p. 45).

Hijos de Dios (1 Juan 3:1).
Domingo 9

Los temas de la redención son temas trascendentes, y sólo los que tienen su mente dirigida a las cosas espirituales pueden discernir su profundidad y significado. Nuestra vida, nuestra seguridad y nuestro gozo se aumentan al espaciarnos en las verdades del plan de salvación. La fe y la oración son necesarias para poder contemplar las profundas cosas de Dios. Nuestras mentes están tan atadas por ideas estrechas que apenas tenemos una visión limitada de la experiencia que es nuestro privilegio tener. Poco comprendemos lo que quiso decir el apóstol cuando expresó: "Para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en él hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestro corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén" (Efesios 3:14-21) (Review and Heral, noviembre 17, 1891).

¡Qué amor incomparable éste, que permite que siendo pecadores y extranjeros, podamos volver a Dios y ser adoptados en su familia! Podemos dirigirnos a él usando el tierno nombre de "Padre", que es una muestra del afecto que le profesamos y una prenda de su tierno cuidado por nosotros. Al contemplar a los herederos de la gracia, el Hijo de Dios "no se avergüenza de llamarlos hermanos". Tienen una relación con Dios más sagrada que la de los ángeles que nunca cayeron (Meditaciones matinales 1952, p. 298).

Que nadie piense que se está rebajando al convertirse en hijo de Dios. Fue el unigénito Hijo de Dios quien se rebajó.... Abandonando su esplendor, su majestad, su alto mando, y vistiendo su divinidad con humanidad, para que la humanidad pudiera tocar a la humanidad, y la divinidad se aferrara a la divinidad, él vino a esta tierra, y en nuestro beneficio sufrió la muerte de cruz...

Cristo ha hecho un sacrificio infinito. Él dio su propia vida por nosotros. Él tomo sobre su alma divina los resultados de la transgresión de la ley de Dios. Dejando de lado su corona real, condescendió a descender paso a paso hasta el nivel de la humanidad caída. Él pendió de la cruz del Calvario, muriendo por nosotros, para que nosotros pudiéramos tener vida eterna... ¿Parece una cosa muy pequeña que él haya tenido que soportar todo, para que nosotros pudiéramos ser llamados hijos de Dios? ¿Le parece a uste una cosa muy pequeña llegar a ser miembro de la familia real, hijo del Rey celestial, participante de la herencia inmortal?

Es tal la infinita bondad de Dios, que a través de los méritos de Cristo Jesús, él no sólo se compadece sino que nos perdona y justifica, y mediante la justicia de Cristo nos imputa justicia a nosotros, y nos exalta y ennoblece haciéndonos hijos de su adopción. Nos convertimos en miembros de la familia real, en hijos de su adopción. Él eleva a los hombres y a las mujeres de su degradación y los exalta hasta la justicia...

Él los llama joyas suyas, y un tesoro peculiar para él. Ellos son trofeos de su gracia y poder, y de su grandeza, riqueza y gloria. Por lo tanto ellos no se pertenecen a sí mismos, sino que han sido comprados por precio, y a través del extraordinario oficio de la expiación de Cristo, han sido llevados a una relación más cercana y sagrada con Cristo Jesús. Son llamados herencia suya, hijos suyos, los miembros del cuerpo de Cristo, de su carne y de sus huesos, sí, se unen al Señor por una relación más íntima con él (Nuestra elevada vocación, p. 19).

Resultados y responsabilidades (1 Juan 3:2, 3).
Lunes 10

"Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es" (1 Juan 3:2). La herencia del pueblo de Dios se discierne por medio de la fe en la Palabra de Dios. "Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado" (S. Juan 17:3).

Mediante la fe los hijos de Dios obtienen un conocimiento de Cristo y acarician la esperanza de su aparición para juzgar al mundo con justicia, hasta que llega a ser una gloriosa expectación; porque entonces le verán tal como él es, y serán hechos semejantes a él, y estarán siempre con el Señor. Los santos que duermen en sus tumbas serán entonces resucitados para recibir una gloriosa inmortalidad. Cuando llegue el día de la liberación, "entonces os volveréis, y discerniréis la diferencia... entre el que sirve a Dios y el que no le sirve". Cuando Cristo venga, será para ser admirado por todos los que creyeron, y los reinos de este mundo han de ser los reinos de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Los que están esperando la manifestación de Cristo en las nubes del cielo con poder y gran gloria, como Rey de reyes y Señor de señores, mediante su vida y carácter procurarán representarlo ante el mundo. "Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro" (1 Juan 3:3). Aborrecerán el pecado y la iniquidad, así como Cristo aborreció el pecado. Guardarán los mandamientos de Dios, como Cristo guardó los mandamientos de su Padre. Comprenderán que no es suficiente asentir a las doctrinas de la verdad, sino que la verdad debe ser aplicada en el corazón y practicada en la vida, a fin de que los seguidores de Cristo puedan ser uno con él, y que los hombres puedan ser tan puros en sus esferas como Dios lo es en la suya (Fe y obras, pp. 118, 119).

Satanás comenzó su revuelta contra Dios en el cielo porque aspiraba ser igual a Dios y deseaba tener un poder independiente de él. Su historia ha revelado una perseverante determinación de establecer su propio imperio, con leyes y recursos independientes de Dios. El resultado de su orgulloso y exaltado plan ha sido toda especie de idolatría, sensualidad, crimen, rebelión e irreligiosidad (Review and Herald, junio 21, 1898).

Nuestros primeros padres decidieron creer las palabras de una serpiente, según pensaban, que no les había dado prueba alguna de su amor. No había hecho nada por su felicidad y su beneficio, mientras Dios les había dado todo lo que era bueno para comer y agradable a la vista. Doquiera descansaba la mirada había abundancia y belleza; sin embargo, Eva fue engañada por la serpiente, y llegó a pensar que se les había ocultado algo que podía hacerlos tan sabios como Dios mismo. En vez de creer en Dios y confiar en él, rechazó mezquinamente su bondad y aceptó las palabras de Satanás (La historia de la redención, pp. 38, 39).

Una Definición de Pecado (1 Juan 3:4).
Martes 11

Un destino terrible aguarda al pecador, y por lo tanto es necesario que sepamos qué es el pecado, a fin de que podamos escapar de su poder. Juan dice: "Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley" (1 Juan 3:4). Aquí tenemos la verdadera definición de pecado; es "infracción de la ley". Cuán a menudo el pecador es instado a abandonar sus pecados y acudir a Jesús; pero, el mensajero que debería conducirlo a Cristo ¿le ha señalado claramente el camino? ¿Le ha señalado el hecho de que "el pecado es infracción de la ley", y de que debe arrepentirse y dejar de quebrantar los mandamientos de Dios?

Dios no podía alterar una jota ni una tilde de su santa ley a fin de ir al encuentro del hombre en su condición caída; porque esto habría producido descrédito sobre la sabiduría de Dios al hacer una ley por la cual había de gobernarse el cielo y la tierra. Pero Dios podía dar a su Hijo unigénito para que llegara a ser el Sustituto y Garante del hombre, para que sufriera la penalidad que merecía el transgresor y para que impartiera al alma penitente su perfecta justicia. Cristo vino a ser el sacrificio inmaculado en favor de una raza caída, convirtiendo a los hombres en prisioneros de esperanza, de manera que, mediante el arrepentimiento ante Dios por haber quebrantado su santa ley, y por medio de la fe en Cristo como su Sustituto, Garante y Justicia, pudieran ser traídos de vuelta a la lealtad a Dios y a la obediencia a su santa ley (Fe y obras, p. 121).

La ética presentada en el evangelio no reconoce otra norma que la perfección de la mente de Dios, de la voluntad de Dios. La imperfección de carácter es pecado, y el pecado es la transgresión de la ley. Todas las virtudes del carácter se encuentran en Dios como un todo armonioso y perfecto. Todo el que recibe a Cristo como su Salvador personal tiene el privilegio de poseer estos atributos. Esta es la ciencia de la santidad.

¡Cuán gloriosas son las posibilidades para la raza caída! Por medio de su Hijo, Dios ha revelado la excelencia que el hombre es capaz de alcanzar. Por medio de los méritos de Cristo, el hombre es elevado de su estado depravado, es purificado y hecho más precioso que el oro de Ofir. Le resulta posible llegar a ser compañero de los ángeles en gloria y reflejar la imagen de Jesucristo, que brillará aun ante el esplendor del trono eterno. Es su privilegio tener la fe que por medio del poder de Cristo lo haga inmortal. Sin embargo, ¡cuán pocas veces se da cuenta de las alturas que podría alcanzar si permitiera que Dios guíe cada uno de sus pasos! (Reflejemos a Jesús, p. 27).

No es la magnitud del acto de desobediencia lo que constituye el pecado sino el desacuerdo con la voluntad expresa de Dios en el detalle más mínimo, porque demuestra que todavía hay comunión entre el alma y el pecado. El corazón está dividido en su servicio. Niega realmente a Dios, y se rebela contra las leyes de su gobierno (El discurso maestro de Jesucristo, p. 48).

La Aparición de Jesús (1 Juan 3:5, 8).
Miércoles 12

Únicamente el manto que Cristo mismo ha provisto puede hacernos dignos de aparecer ante la presencia de Dios. Cristo colocará este manto, esta ropa de su propia justicia sobre cada alma arrepentida y creyente. "Yo te amonesto -dice él- que de mí compres... vestiduras blancas, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez".

Este manto, tejido en el telar del cielo, no tiene un solo hilo de invención humana. Cristo, en su humanidad, desarrolló un carácter perfecto, y ofrece impartirnos a nosotros este carácter. "Como trapos asquerosos son todas nuestras justicias". Todo cuanto podamos hacer por nosotros mismos está manchado por el pecado. Pero el Hijo de Dios "apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él". Se define el pecado como "transgresión de la ley". Pero Cristo fue obediente a todo requerimiento de la ley. Él dijo de sí mismo: "Me complazco en hacer tu voluntad, oh Dios mío, y tu ley está en medio de mi corazón". Cuando estaba en la tierra dijo a sus discípulos: "He guardado los mandamientos de mi Padre". Por su perfecta obediencia ha hecho posible que cada ser humano obedezca los mandamientos de Dios. Cuando nos sometemos a Cristo, el corazón se une con su corazón, la voluntad se fusiona con su voluntad, la mente llega a ser una con su mente, los pensamientos se sujetan a él; vivimos su vida. Esto es lo que significa estar vestidos con el manto de su justicia (Palabras de vida del Gran Maestro, p. 253).

Gracias a Dios que quien derramó su sangre por nosotros vive para rogar en nuestro favor, para hacer intercesión por cada alma que lo recibe: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad". La sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado... Siempre debiéramos recordar la eficacia de la sangre de Jesús. La sangre purificadora y sustentadora de la vida, aceptada mediante fe viviente, es nuestra esperanza. Nuestro aprecio por su inestimable valor debiera crecer, porque habla en favor nuestro sólo cuando clamamos por fe su virtud, si tenemos la conciencia limpia y estamos en paz con Dios (Hijos e hijas de Dios, p. 228).

La misma ley que fue grabada en tablas de piedra es escrita por el Espíritu Santo sobre las tablas del corazón. En vez de tratar de establecer nuestra propia justicia, aceptamos la justicia de Cristo. Su obediencia es aceptada en nuestro favor. Entonces el corazón renovado por el Espíritu Santo producirá los frutos del Espíritu. Mediante la gracia de Cristo viviremos obedeciendo a la le de Dios escrita en nuestro corazón. Al poseer el Espíritu de Cristo, andaremos como él anduvo. Por medio del profeta, Cristo declaró respecto a sí mismo. "El hacer tu voluntad, Dios mío, hame agradado; y tu ley está en medio de mis entrañas" (Salmo 40:8). Y cuando vivió entre los hombres, dijo: "No me ha dejado el Padre; porque yo, lo que a él agrada, hago siempre" (S. Juan 8:29) (Patriarcas y profetas, p. 389).

¡Sin Pecado! (1 Juan 3:6, 9).
Jueves 13

"Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro".

¿Significa este texto que el ser humano puede quitar una mancha de pecado de su alma? No. Entonces, ¿qué significa purificarse a sí mismo? Significa contemplar la gran norma moral de justicia, la santa ley de Dios, y ver que es un pecador a la luz de esa ley. "Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley. Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él".

Por medio de la fe en Jesucristo la verdad es aceptada en el corazón, y el ser humano es purificado y limpiado... Dispone de un principio permanente en el alma que lo capacita para vencer la tentación. Todo aquel que permanece en él, no peca". Dios tiene poder para guardar el alma que está en Cristo, que sufre la tentación...

Una simple profesión de piedad no tiene valor. Es cristiano el que permanece en Cristo... A menos que la mente de Dios se convierta en la mente del hombre, será inútil todo esfuerzo para purificarse a sí mismo, pues es imposible elevar al hombre a menos que sea mediante un conocimiento de Dios (Comentario bíblico adventista, t. 7, p. 962).

"El que es nacido de Dios no practica el pecado" (1 Juan 3:9; 5:8). Siente que ha sido comprado por la sangre de Cristo y que está sujeto por los votos más solemnes a glorificar a Dios tanto en su cuerpo como en su espíritu, los cuales pertenecen a Dios. El amor al pecado y el amor propio están en sujeción en su ser. Diariamente se pregunta: "¿Qué pagaré a Jehová por todos sus beneficios para conmigo?" (Salmo 116:12). "Señor, qué quieres que haga?" El verdadero cristiano nunca se quejará de que el yugo de Cristo es una mortificación. Considera el servicio a Jesús como la libertad más plena. La ley de Dios es su delicia. En lugar de procurar rebajar los mandamientos divinos para que coincidan con sus propias deficiencias, se esmera constantemente para colocarse al nivel de la perfección de ellos (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 204).

"Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo" (1 Juan 2:1). Aun aquellos que están tratando con sinceridad de guardar la ley de Dios, no siempre están libres de pecado. Mediante tentaciones disfrazadas son engañados y caen en el error. Sin embargo, cuando su conciencia les muestra el pecado, se ven a sí mismos condenados por los santos preceptos de la ley; pero no se rebelan contra la ley sino que se arrepienten de su pecado y buscan el perdón mediante los méritos de Cristo, quien murió para que pudieran ser justificados por la fe en su sangre. No intentan excusarse para evitar la confesión y el arrepentimiento. En cambio los que pretenden se justos y santos dicen: Estoy santificado, soy justo, no puedo pecar. Es a esta clase de personas a quienes el apóstol reprende, diciéndoles: "Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros" (1 Juan 1:8). Es evidente que cuando alguien asevera estar sin pecado, la ley de Dios no ha sido escrita en el corazón, porque el Señor conoce los pensamientos y las intenciones del corazón. El apóstol escribe palabras de ánimo a todos aquellos que comprenden que son pecadores: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad" (1 Juan 1:9) (Signs of the Times, abril 30, 1896).


Guía de Estudio de la Biblia: Amadas y llenas de amor: Las Epístolas de Juan / Notas de Elena de White.
Periodo: Trimestre Julio-Septiembre de 2009
Autor: Ekkehardt Mueller, nacido en Alemania, doctor en Teología y Ministerio. Es uno de los directores asociados del Instituto de Investigaciones Bíblica (Biblical Research Institute) de la Asociación General. Sus especialidades son Nuevo Testamento, el libro de Apocalipsis, hermenéutica y teología aplicada. Es casado y tiene dos hijos adultos.
Editor: Clifford Goldstein

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Lección 7: Vivir como hijos de Dios / Edición para Maestros

El sábado enseñaré...
Texto Clave: 1 Juan 3:1-10.

Enseña a tu clase a:

Saber que somos hijos de Dios y estamos llamados a ser como él.
Sentir el gozo de estar envueltos en el amor de Dios.
Hacer la decisión de responder al amor de Dios resistiendo la tentación a pecar.

Bosquejo de la Lección

1. Saber: Somos llamados a ser como nuestro Padre

A. ¿Cómo entiendes el concepto de ser semejantes a Dios cuando lo veamos (1 Juan 3:2) ¿De qué modo la idea de que los niños se parecen a sus padres terrenales te ayuda a profundizar tu comprensión de este concepto?
B. Satanás quería ser como Dios; Adán y Eva quisieron ser como Dios: ¿De qué modo esta ambición difería de la promesa de que seremos como Dios cuando lo veamos?

2. Sentir: Cobijados en un manto de amor

A. ¿Qué sinónimos te recuerda la palabra dado (1 Juan 3:1)? ¿Cómo te sientes cuando te das cuenta de que esto describe la manera en que Dios te ama?
B. A veces nos ponemos impacientes esperando nuestra herencia prometida en el cielo: ¿Cómo podemos alimentar un espíritu de paciencia y de gozo?

3. Hacer: Resistir y regocijarnos

A. ¿De qué modo la Cruz nos proporciona el antídoto para nuestras insuficiencias?
B. ¿Por qué ningún costo es demasiado alto para permitirte eliminar el pecado de tu vida?

Resumen

Dios nos concede su amor, llamándonos para ser sus hijos y ofreciéndonos la victoria sobre el pecado.

CICLO DE APRENDIZAJE

PASO 1: ¡Motiva!

Concepto clave: Ser llamados hijos de Dios es un privilegio que demanda una vida responsable.

Solo para los maestros: Al estudiar la lección de esta semana, concéntrate en los privilegios y las obligaciones de ser hijos de Dios.

Dios es amor. Todas las religiones están de acuerdo con esto. Sin embargo, si se nos preguntara cómo se expresa ese amor, muy probablemente las respuestas apuntarían a los beneficios que Dios da: el sol y la luna, la lluvia y una cosecha abundante, la salud y la riqueza. En la Biblia, el amor de Dios se manifiesta no solo en bendiciones materiales sino también en relaciones: él creó la humanidad a su imagen, envió a su único Hijo para morir a fin de salvar a los pecadores, y los hace sus hijos. ¡Ante esta generosidad, Juan queda prácticamente sin palabras! Exclama: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre” (1 Juan 3:1).

Analiza: ¿De qué manera está involucrado el amor de Dios al hacernos sus hijos? (Juan 3:16; Rom. 5:7, 8).

PASO 2: ¡Explora!

Solo para los maestros: Juan usa muchas veces la frase nacido de Dios (1 Juan 2:29; 3:9; 4:7; 5:1, 4, 18). Subraya que la vida cristiana no es un accidente, sino el resultado de la obra redentora de Cristo (Juan 3:1-3, 16; Col. 2:12, 13; Tito 3:4-7). Al aceptar esta obra por fe, “nacemos de nuevo” y, por ello, somos llamados hijos de Dios (Rom. 8:14). Analiza con la clase qué significa nacer de nuevo en relación con ser llamados hijos de Dios.

Comentario de la Biblia

Aquel que llamó a la existencia a los mundos por la palabra de su boca (Sal. 33:9) por medio de su palabra encarnada ahora nos ha llamado a ser sus hijos. Por naturaleza somos pecadores, en enemistad con Dios. Estamos enemistados con nuestro Creador. Pero, por medio de Cristo Jesús, somos reconciliados (2 Cor. 5:18), estamos en paz con él (Rom. 5:1) y ahora somos adoptados como sus hijos (Efe. 1:5). Esta es una realidad indudable. Pero, ser hijos de Dios no es solo un privilegio sino también una profunda responsabilidad.
I. Ser hijos de Dios: El privilegio (1 Juan 3:1, 2)

Con Dios como el Creador, todos los seres humanos son sus hijos. Pero, siendo creyentes, somos hijos en un sentido especial: redimidos del pecado y adoptados en la familia escatológica de Dios. Esta idea de adopción retrocede al propósito divino original inherente al Pacto. Ese propósito era crear una familia redimida que heredaría el Reino de Dios, a diferencia de nuestra primera familia, que falló al elegir un camino que era contrario a la voluntad de Dios. El designio humano no tiene nada que ver con esta adopción: fue realizada por Jesús, “según el puro afecto” de la voluntad de Dios, “para alabanza de la gloria de su gracia” (Efe. 1:5, 6).

Por cuanto somos adoptados en la familia de Dios, ya no somos extraños, huérfanos o distantes, abandonados para vagar en el desierto desesperado del pecado. Más bien, Dios ha puesto un círculo de amor alrededor de nosotros, y hemos llegado a ser los herederos privilegiados de su promesa del Pacto. Por esto “somos hijos de Dios” (1 Juan 3:2). Ese es nuestro privilegio actual. El mundo puede no entenderlo. La comunidad a nuestro alrededor, ajena a la revelación de Cristo, puede no captar su profundidad. Pero nosotros estamos seguros de ello. Lo que es más, hay un futuro añadido al privilegio presente. No sabemos plenamente cómo será ese futuro, pero “sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Juan 3:2).

Ser semejantes a Jesús, estar con él, verlo cara a cara: qué maravilloso privilegio es este para los hijos de Dios. Por eso, Juan exclamó: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre” (1 Juan 3:1).

Analiza: “Nacidos de Dios” puede ser contrastado con “nacidos del diablo”. Enumera algunas características que bien pueden ser ubicadas en cada categoría, incluyendo lo que puede aparecer superficialmente como cualidades positivas.
II. Ser hijos de Dios: La responsabilidad (1 Juan 3:1-10)

Habiéndonos mostrado el elevado privilegio de ser hijos de Dios, el apóstol rápidamente bosqueja tres grandes obligaciones que son inherentes a la condición de ser hijos de Dios.

Primero, los hijos de Dios viven con la esperanza de la segunda venida de Cristo. Esto demanda una vida de pureza así como Jesús es puro (vers. 3). Si los creyentes han de ser como Jesús cuando venga (vers. 2), deben ser semejantes a él aquí. La santificación nunca puede ser minimizada en un creyente que espera el retorno del Señor.

Segundo, los hijos de Dios que permanecen en él no continuarán en el pecado (vers. 6, 9). Juan no está enseñando una perfección sin pecado (ver 1 Juan 2:1) sino la libertad de la cautividad del pecado. Ninguno puede pretender ser cristiano y, no obstante, seguir pecando. La dirección de la vida de un cristiano debe cambiar: del pecado a la justicia, de la oscuridad a la luz, de este mundo al mundo por venir, de los hijos del diablo a los hijos de Dios. El mandato cristiano es claro: pertenecemos a Cristo y, por su gracia, seremos semejantes a él. La integridad moral y espiritual no es una opción entre otras para los hijos de Dios. Una vida santificada es la señal de que uno es hijo de Dios. De otro modo, no tendría valor estar pretendiendo que Jesús “apareció para quitar nuestros pecados” (1 Juan 3:5).

Tercero, los hijos de Dios se darán cuenta plenamente de la seriedad del pecado. El pecado es una rebelión contra la Ley de Dios (vers. 4). Tuvo su origen en el diablo (vers. 8). Costó la vida del Hijo de Dios (vers. 5, 8). Consentir vivir en el pecado es negar a Jesús (vers. 6) y llegar a ser hijos del diablo (vers. 10). Aunque los cristianos no pueden pretender la perfección aquí en la tierra (1 Juan 1:8-10), no deben continuar viviendo en pecado (1 Juan 3:6, 9).

Analiza: Uno de los miembros de tu iglesia cita 1 Juan 3:9 y dice que un cristiano nacido de nuevo no puede pecar. ¿Cómo le contestarías?

PASO 3: ¡Aplica!

Solo para los maestros: somos llamados No solo a ser hijos de Dios, sino también somos sus hijos. Hay una seriedad y un carácter decisivo en cuanto a esto. Pide a los miembros de tu clase que comenten cómo pueden practicar esta verdad en la iglesia y en la comunidad.

Preguntas para reflexionar:

1. La Biblia retrata a la iglesia como una familia bajo la autoridad de Cristo. Todos somos hijos de la misma familia y, por ello, somos hermanos y hermanas. Piensa en casos en los que puedes no haber tratado a otra persona como a un miembro de la familia. ¿Cuál es el remedio para esta falla? 2. Piensa en esto: El Cristo de la historia, el Cristo de la experiencia y el Cristo de la esperanza –de cualquier manera que lo mires– es incompatible con el pecado. ¿Qué puedes hacer para hacer progresar la causa de Cristo?

Preguntas de aplicación:

1. ¿De qué modo se relaciona la espera de la segunda venida de Cristo con el andar en una vida de pureza? Reflexiona sobre 2 Pedro 3:10 al 14. 2. ¿Qué clase de defensa se necesita para luchar en la guerra engañosa de Satanás contra los santos de Dios? (Ver Efe. 6:11).

PASO 4: ¡Crea!

Solo para los maestros: Como hijos de Dios, somos llamados a caminar como hijos de luz. La lección señala dos implicaciones importantes de andar en la luz: 1) vivir en la esperanza de la segunda venida de Cristo y 2) vivir plenamente conscientes de las formas engañosas en que Satanás nos tienta para volver a pecar. Anima a tu clase a aplicar estas implicaciones en sus vidas.

1. Concluye la clase con un himno o una música especial acerca de esta idea muy importante de vivir en la esperanza de la segunda venida de Cristo.
2. Pide a un miembro de la clase que concluya con una oración, pidiendo el cuidado vigilante de Dios durante la semana. Oren especialmente para que ninguno de nosotros sea entrampado por el engaño mientras procuramos andar en la luz del amor de Dios.


Guía de Estudio de la Biblia: Amadas y llenas de amor: Las Epístolas de Juan / Edición Maestros.
Periodo: Trimestre Julio-Septiembre de 2009
Autor: Ekkehardt Mueller, nacido en Alemania, doctor en Teología y Ministerio. Es uno de los directores asociados del Instituto de Investigaciones Bíblica (Biblical Research Institute) de la Asociación General. Sus especialidades son Nuevo Testamento, el libro de Apocalipsis, hermenéutica y teología aplicada. Es casado y tiene dos hijos adultos.
Editor: Clifford Goldstein

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viernes, 7 de agosto de 2009

Informe Misionero Mundial / 3 trimestre 2009 / video 02



Este trimestre comentaremos acera de la División Sudamericana, hogar de unos 305 millones de habitantes que viven en ocho países y varias islas. Hay alrededor de 2.6 millones de adventistas del séptimo día que comparten la fe en esta división. Eso nos da un promedio de aproximadamente un adventista por cada 117 habitantes.

Este trimestre presentamos especialmente necesidades del norte de Brasil y de Ecuador.

El desafío

El norte de Brasil es el hogar de aproximadamente 20 millones de personas, de las cuales más de 350.000 son adventistas. Eso es un adventista por cada 58 personas.

La región se define por el río Amazonas que atraviesa prácticamente el país entero. Los misioneros Leo y Jessie Halliwell navegaron a lo largo de este caudaloso río ofreciendo atención médica y el amor de Dios a sus habitantes.
La iglesia creció rápidamente en esta región, pero sus jóvenes se ven obligados a viajar miles de kilómetros con el fin de prepararse para servir a Dios ya que no hay un colegio más cerca de sus hogares. Para remediar esta dificultad, ahora se construye un Nuevo colegio cerca de la desembocadura del río Amazonas, para capacitar a los jóvenes para que sirvan a la iglesia en el norte de Brasil.
Parte de las ofrendas de este decimotercer sábado se destinará para completar la primera fase de la construcción del Colegio Adventista del Amazonas.

El país de Ecuador se encuentra en la línea ecuatorial, en la región occidental de Sudamérica. Uno de cada 175 habitantes de este país es adventista.

Radio Nuevo Tiempo alcanza a miles de personas para Cristo.
Actualmente mil personas estudian la Biblia como resultado directo de las cuatro radioemisoras de Radio Nuevo Tiempo. El año pasado se bautizaron 150 radioescuchas. Sin embargo las radioemisoras necesitan ser actualizadas y enlazadas en red para que trabajen con más eficiencia y alcanzar a más personas para Cristo.
En el pasado, los jóvenes de Ecuador que deseaban servir a Dios tenían que viajar a otro país para estudiar en un colegio adventista.
El gobierno acaba de autorizar el funcionamiento de un colegio de nivel universitario en el plantel de la escuela secundaria adventista.
Pero el campus requiere mejoras sustanciales para cumplir con los requerimientos gubernamentales.
Parte de las ofrendas de este decimotercer sábado se usará para enlazar las radioemisoras en red y mejorar las instalaciones del Instituto Tecnológico Superior Adventista de Ecuador.
Su segura servidora para el reino,

Charlotte Ishkanian
Editora de Misión

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sábado, 1 de agosto de 2009

Lección 6: Andar en la luz: Rechazar a los anticristos / Para el 8 de agosto de 2009

Sábado 1º de agosto

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Juan 15:4-10; Hechos 2:15-17; Hebreos 1:1, 2; 2 Tesalonicenses 2:3, 4; 1 Juan 2:18-29; 4:1-6.

PARA MEMORIZAR: “Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre” (1 Juan 2:23).

DESDE LOS PRIMEROS TIEMPOS, la iglesia ha tenido que luchar con falsas enseñanzas y herejías. Pablo había advertido a los líderes de la iglesia de Éfeso contra “lobos rapaces” que atacarían “al rebaño” y contra falsos maestros de entre ellos mismos, que apartarían a los miembros de la iglesia (Hechos 20:29, 30). También Jesús había advertido contra falsos cristos y falsos profetas (Mateo 24:5, 11, 24). Hoy, la iglesia afronta lo mismo.

En Apocalipsis 13, la bestia que sube del mar es presentada como una imitación de Jesús. Por lo tanto, los comentadores han llamado a esta bestia el anticristo (anti, en griego, significa “en lugar de”). Es muy intere­sante que Juan, en su primera carta también hable acerca de anticristo(s). ¿Quiénes son estas personas? ¿Qué enseñan ellas?

Esta semana consideraremos lo que Juan tuvo que enfrentar y pro­curaremos obtener lecciones de ello para nosotros hoy en día.

UN VISTAZO A LA SEMANA: ¿Qué es el “último tiempo” (1 Juan 2:18)? ¿Contra qué amenaza advierte Juan a sus lectores? ¿Hay alguna diferencia entre el anticristo y los anticristos? ¿Qué quiere decir Juan acerca de permanecer en Cristo? ¿De qué modo los cristianos han de probar los espíritus?

“El Último Tiempo” (1 Juan 2:18).
Domingo 2

“Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el an­ticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por eso conoce­mos que es el último tiempo” (1 Juan 2:18).

Al final de 1 Juan 2, Juan comienza a hablar con mayor detalle acer­ca del grupo o grupos que habían causado problemas a sus feligreses. En las actividades de esos grupos, él reconoce que “ha llegado el último tiempo”.

Juan habla acerca del “último tiempo” alrededor del fin del primer siglo después de Cristo. ¿De qué modo nosotros, casi dos mil años más tarde, entendemos lo que quiere decir “los postreros días” en Hechos 2:15 al 17; Hebreos 1:1 y 2; 1 Pedro 1:20; y 1 Juan 2:18?

La expresión “el último tiempo” aparece solo aquí. En contraste, en el Nuevo Testamento, otros escritores han usado la frase “los postreros días” para referirse al tiempo después de la primera venida de Cristo.

Con Jesús llegó una nueva era. Todo el tiempo entre la primera y la segunda venidas de Cristo es considerado “los postreros días”. Dado el contexto de su escrito, “el último tiempo” de Juan sencillamente es su manera de decir lo mismo que “los postreros días”, es decir, el período entre la primera y la segunda venidas de Cristo.

Jesús mismo había usado la expresión hora en Juan 4:23 y 16:2 (en algunas versiones se la traduce como “tiempo” o “días”), y está señalando un período específico en el futuro, pero antes de su retorno. Juan parece usar la frase “el último tiempo” también en este mismo sentido.

Sin embargo, lo importante de notar es que Juan no fija una fecha, ni describe una cronología precisa de eventos detallados que deban ocurrir antes de que el Señor regrese. Ese no es el punto. En cambio, su tema tiene que ver muy probablemente con la necesidad de ser diligente y cuidadoso, porque los falsos maestros están allí, así como Jesús mismo les había advertido.

Si Juan estaba impresionado en su tiempo para advertir acer­ca de los peligros de “el último tiempo”, ¿qué podríamos decir en cuanto a nosotros? ¿Qué clases de enseñanzas nos confrontan cada día, tanto dentro como fuera de la iglesia, que si son aceptadas nos desviarían? ¿Cómo podemos protegernos de estos engaños?

La Venida de los Anticristos (1 Juan 2:18, 19, 22, 23).
Lunes 3

¿Quién es el anticristo? 1 Juan 2:18, 19, 22.

El término anticristo se usa solamente en 1 y 2 Juan. Un anticristo trata de tomar el lugar de Cristo y se opone a Cristo. Eruditos de diferentes confesiones religiosas han llamado “anticristo”, por ejemplo, a la bestia que surge del mar de Apocalipsis 13 y al hombre de pecado de 2 Tesalonicenses 2. Esta es una designación correcta, porque el lenguaje usado en Apoca­lipsis 13:2 al 4 muestra que esta bestia surgida del mar es una imitación y parodia de Cristo, el Cordero; en 2 Tesalonicenses 2:4 el anticristo, el hom­bre de pecado, procura tomar el lugar del Señor. Aunque no usa el mismo término, la Escritura en diversos lugares habla acerca de este concepto, y obviamente Juan está familiarizado con él. De hecho, en Apocalipsis él mismo usa este concepto, aunque no el término mismo.

En 1 Juan 2:18, Juan emplea anticristo en singular así como en plural: El anticristo ha de venir; muchos anticristos ya han aparecido. ¿Renuncia Juan a la idea de un anticristo específico, al llamar anticristos a otras per­sonas? ¡Lo más probable es que no! En 1 Juan 4:3, encontramos ayuda. El texto habla del espíritu del anticristo: estas personas revelan el espíritu del anticristo, pero el verdadero anticristo todavía debe venir.

¿Por qué Juan llamaría anticristos a esas personas que tenían algún problema con la comprensión correcta de la naturaleza de Cristo? 1 Juan 4:3; 2 Juan 7.

Juan pudo no haber considerado “anticristos” a aquellos miembros de su iglesia que sencillamente estaban luchando con una correcta com­prensión de Jesús, o que momentáneamente estaban dudando, sacudidos por falsas enseñanzas. Tenían que tomar una decisión entre las enseñan­zas del cristianismo y los conceptos del anticristo con respecto a Jesús como el Mesías y/o la naturaleza de Cristo.

Sin embargo, había personas que habían abandonado la iglesia y pro­clamaban con éxito falsas doctrinas (1 Juan 4:5). Estos eran los anticristos.

En un sentido real, cualquier cosa que ocupa el lugar del verdade­ro Dios en nuestras vidas puede ser un “anticristo”. ¿Cuáles son al­gunos de los “anticristos” que confrontamos en nuestras vidas hoy? ¿Cómo podemos reconocerlos y, más importante aún, neutralizar su poder contra nosotros?

Probar los Espíritus (1 Juan 4:1-6).
Martes 4

En 1 Juan 4:1 al 6, Juan retoma el tema que estaba tratando en 1 Juan 2:18 al 27, sobre las enseñanzas erróneas que se propalaban entre ellos. Es interesante notar que muy pronto el enemigo se puso a trabajar en la iglesia, procurando dividir a los creyentes con la introducción de fal­sas enseñanzas. Aún hoy, ¿no luchamos como adventistas con lo mismo, enseñanzas falsas que procuran dividirnos?

Lee 1 Juan 2:19. ¿Qué relevancia tiene esto para nosotros hoy, co­mo adventistas?

Aunque no sabemos todos los detalles, Juan parece estar luchando contra varios conceptos heréticos acerca de Jesús, que estaban promo­viendo muchos de los ex miembros. Algunos pudieron haber enseñado que Cristo solamente pareció ser un ser humano pero que realmente no lo había sido. Otros pudieron haber enfatizado que Cristo entró en el ser humano Jesús en ocasión de su bautismo, y lo abandonó antes de la cruci­fixión. Todavía otros pudieron haber rechazado a Jesús como el Mesías.

Tal vez estos falsos maestros pretendían ser inspirados, que es la ra­zón por la cual en 1 Juan 4:1 Juan advirtió acerca de los falsos profetas. Sus conceptos erróneos demostraban, sin embargo, que estaban influidos por el espíritu del anticristo.

Compara 1 Juan 2:18 al 27 con 1 Juan 4:1 al 6. Aun en medio de las advertencias acerca del anticristo y sus falsas enseñanzas, ¿qué espe­ranza y seguridad positiva brinda Juan a sus lectores? ¿Qué esperanza podemos obtener de estos pasajes?

Nota el paralelismo entre 1 Juan 2:21 y 1 Juan 4:6. En ambos ca­sos, una gran defensa contra estos errores es un conocimiento de Dios, un conocimiento de la verdad. Juan está enfatizando la importancia de tener una comprensión correcta de la enseñanza, especialmente acerca de Jesús. Aquí hay evidencia muy clara de la importancia de la doctrina correcta.

La Unción (1 Juan 2:20, 21, 27).
Miércoles 5

Muchos han comprendido la “unción” de 1 Juan 2:20 como el Espíri­tu Santo. ¿De qué modo los siguientes textos ayudan a dar validez a esta conclusión? 1 Samuel 16:13; Juan 14:17; 15:26; 16:7; 1 Juan 2:20, 21, 27.

Los verdaderos creyentes han recibido la unción, que permanece en ellos, les enseña y no tiene falsedad. Lo que se dice acerca de la unción y sus funciones puede recordar a los lectores las afirmaciones de Jesús acerca del Espíritu Santo en sus discursos de despedida (Juan 13-16). Ya Isaías 61:1 vincula el ser ungido con el Espíritu Santo. Por lo tanto, es muy probable que la unción simbolice al Espíritu Santo.

Sin embargo, hay todavía otra dimensión. Hasta cierto punto, 1 Juan 2:24 es paralelo al versículo 27:

“En cuanto a vosotros, lo que habéis oído desde el principio perma­nezca en vosotros” (1 Juan 2:24, BJ; el énfasis fue añadido).

“En cuanto a vosotros, la unción que de Él habéis recibido permane­ce en vosotros” (1 Juan 2:27, BJ; el énfasis fue añadido).

Lo que los verdaderos creyentes han oído desde el principio es el evangelio de Jesús. Además, la Palabra de Dios (1 Juan 2:14) y la verdad (2 Juan 2) permanecen en el cristiano. En 2 Corintios 1:21 y 22, la divi­na unción está vinculada con el sellamiento del Espíritu Santo, mientras en Efesios 1:13 escuchar la palabra de verdad y creerla conducen al se­llamiento por el Espíritu Santo. Por lo tanto, la unción también puede apuntar hacia las Escrituras.

El antídoto contra los mensajes de los anticristos es la Palabra de Dios como fue comunicada por el Espíritu Santo. Es la norma objetiva por la cual se pueden evaluar las doctrinas. Los verdaderos creyentes dependen del Espíritu Santo, que se manifiesta en las Escrituras. La Biblia tiene que ser la autoridad final de todas nuestras enseñanzas. En el momento en que los creyentes comienzan a dudar de la autoridad de la Biblia, la confiabili­dad de ella y su inspiración, comienzan a abrirse a toda suerte de engaños y errores. El mundo está lleno de personas que una vez fueron cristianos firmes, pero que han abandonado su fe porque -al encontrar cosas que no comprendían o que no les gustaban- comenzaron a cuestionar la validez y la inspiración de la Biblia. Una cosa es admitir que hay asuntos en la Biblia que no comprendemos, o aun que nos parecen cuestionables; otra cosa es dudar de la autoridad de las Escrituras debido a esas cosas.

¿Cuál es tu actitud hacia los aspectos de la Palabra que no com­prendes o que no te gustan necesariamente? Al transcurrir el tiem­po, ¿te has encontrado dudando más y más de la Palabra? ¿Estás en ese sendero? Si es así, ¿cómo puedes salir de él?

Permanecer en Él.
Jueves 6

¿Cuál es el tema que tienen en común los siguientes versículos? ¿Por qué este mensaje es tan importante para nosotros? Juan 5:38; 6:56; 8:31; 15:4-10; 1 Juan 2:14, 28; 2 Juan 9.

La palabra traducida como permanecer también ha sido vertida como “quedar”, “vivir en”, “morar en”. Es un concepto importante en el Evan­gelio de Juan y en sus cartas. Aparece 25 veces en 1 Juan y 2 veces en 2 Juan.

El concepto enfatiza que es importante permanecer en el Hijo, en el Padre y en el Espíritu Santo. Una relación correcta con la Deidad es vital. También es importante tener una doctrina correcta basada en la Palabra, porque eso afectará nuestra relación con Dios. De hecho, eso parece ser un aspecto muy importante de la carta de Juan, porque él teme lo que estos falsos maestros y sus falsos conceptos pueden hacer a la fe del cre­yente.

Una de las promesas hechas a los que permanecen en Cristo es la promesa de la vida eterna. ¿Por qué esta promesa de la vida eterna es tan importante para nosotros? ¿Qué nos ofrecería nuestra fe si no tuviéramos esa promesa? ¿Por qué te preocuparías por ser un cristiano, después de todo? Ver 1 Corintios 15:1-19.

No hay dudas de que, para Juan, el aspecto más importante de la fe cristiana es permanecer en el Señor. Esto es sencillamente otra forma de afirmar que necesitamos “andar en la luz”, que necesitamos vivir en una estrecha relación con Jesús, lo que significa una entrega diaria de nues­tra voluntad a la suya revelada en la Palabra y la operación del Espíritu Santo en nuestras vidas. Tan pronto como comenzamos a desobedecer al Señor, tan pronto como comenzamos a pensar que podemos resolver las cosas independientemente de Dios, tan pronto como comenzamos a emitir juicios negativos sobre cualquier parte de la Biblia que no nos gusta, estamos avanzando en una dirección que, si no nos detenemos, nos separará de una relación salvadora con Jesús.

¿De qué modo “permaneces” en Cristo? ¿Qué cosas hiciste en las últimas 24 horas que te permitieron “permanecer” en él? Haz una lista de las cosas que podemos hacer que son parte de lo que significa “permanecer” en Cristo, y comparte tu lista con los demás miembros de tu clase, el sábado.

Para Estudiar y Meditar.
Viernes 7

Lee 2 Pedro 2, y Testimonios para la iglesia, tomo 2, pp. 177-179 (Testimonies for the Church, tomo 2, pp. 196, 197).

Se podría plantear la pregunta de por qué 1 Juan 2:29 es importan­te en este estudio acerca de los falsos maestros. Obviamente, junto con las falsas enseñanzas acerca de Jesús venía un estilo de vida falso. Esto a menudo ocurre aún hoy. Atacar una doctrina del cristianismo conduce a poner en duda otras, y tarde o temprano no solo afecta una construcción teórica sino también se manifiesta en términos prácticos. Las personas ya no viven vidas justas. Comienza un círculo vicioso desastroso, una espiral descendente que solo puede detenerse volviendo al Señor, a sus enseñan­zas y a su vida ejemplar.

“El Espíritu no fue dado -ni puede jamás ser otorgado- para invali­dar la Biblia; pues las Escrituras declaran explícitamente que la Palabra de Dios es la regla por la cual toda enseñanza y toda manifestación religiosa deben ser probadas. El apóstol Juan dice: ‘No creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo’ (1 Juan 4:5, VM)” (El conflicto de los siglos, pp. 9, 10).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

1. ¿De qué modo nosotros, como adventistas, que por mucho tiempo hemos esperado el regreso de Jesús, entendemos la pregunta de lo que significa vivir en “el último tiempo”? Si “el último tiempo” ha durado casi dos mil años, ¿qué se supone que significa para nosotros y la manera en que vivimos hoy nuestra vida?

2. ¿Cuál es la lista que hiciste en la sección del jueves mostrando for­mas prácticas en las que puedes permanecer en Cristo? ¿Qué pue­den aprender los unos de los otros?

3. ¿Cuáles son algunas maneras en que podemos manifestar el espíritu del anticristo hacia otros?

4. ¿Cuáles son algunos de los asuntos difíciles en la Biblia con los que a veces luchan los miembros de la iglesia? ¿Cómo podemos aprender a confiar en la Biblia a pesar de estas dificultades? ¿Cómo podemos ayudar a los que están luchando con su fe por causa de aspectos de la Biblia que no comprenden o no les gustan?

5. ¿De qué modo nosotros, como iglesia, debemos relacionarnos con los ex miembros que ahora nos atacan abiertamente? ¿Cuál debiera ser nuestra actitud hacia ellos?


Guía de Estudio de la Biblia: Amadas y llenas de amor: Las Epístolas de Juan / Edición Adultos.
Periodo: Trimestre Julio-Septiembre de 2009
Autor: Ekkehardt Mueller, nacido en Alemania, doctor en Teología y Ministerio. Es uno de los directores asociados del Instituto de Investigaciones Bíblica (Biblical Research Institute) de la Asociación General. Sus especialidades son Nuevo Testamento, el libro de Apocalipsis, hermenéutica y teología aplicada. Es casado y tiene dos hijos adultos.
Editor: Clifford Goldstein

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Lección 6: Andar en la luz: Rechazar a los anticristos / Notas de Elena de White

Sábado 1ro.

El corazón en que mora el amor de Cristo manifestará constantemente mayor refinamiento; porque la fuente de la vida es el amor hacia Dios y hacia el hombre. Cristo es el cristianismo. Tal es la gloria a Dios en las alturas, y en el tierra, paz y buena voluntad hacia los hombres. Tal es la ejecución del propósito de Dios.

El verdadero crecimiento cristiano tiende hacia arriba, hacia la plena estatura de hombres y mujeres en Cristo. La verdadera cultura, el verdadero refinamiento de pensamiento y modales, se obtiene mejor aprendiendo lecciones en la escuela de Cristo que por el esfuerzo más laborioso y esmerado de observar formas y reglas fijas, cuando el corazón no está bajo la disciplina del Espíritu de Dios.

El seguidor de Jesús mejorará constantemente sus modales, hábitos, espíritu y trabajo. Esto lo logra fijando los ojos, no en los meros progresos externos y superficiales, sino en Jesús. Se verifica una transformación en la mente, en el espíritu, en el carácter. El cristiano es educado en la escuela de Cristo para anhelar las gracias de su Espíritu con toda mansedumbre y humildad. Se está preparando para asociarse con los ángeles celestiales (Obreros evangélicos, p. 300).

“El Último Tiempo” (1 Juan 2:18).
Domingo 2

Aquellos que abandonen la fe en tiempos de prueba darán falso testimonio y traicionarán a sus hermanos para conseguir su propia seguridad. Revelarán los escondites de los creyentes y pondrán a los lobos rapaces en su búsqueda. Cristo ya nos ha advertido que no debemos sorprendernos de la manera en que actuarán nuestros supuestos amigos y familiares. "Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo. Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros" (1 Juan 2:18, 19).

"Muchos falsos profetas se levantarán y engañarán a muchos" (S. Mateo 24:11). De la misma manera en que se levantaron falsos cristos que engañaron a la gente y llevaron a muchos al desierto, y así como magos y hechiceros que pretendían tener un poder milagroso arrastraron a la gente en pos de sí a las soledades montañosas, de la misma manera se cumplirá esta profecía en los últimos días. Se formarán grupos inspirados por Satanás para engañar y seducir. Será una señal del segundo advenimiento (Review and Herald, diciembre 20, 1898).

Debemos atesorar cuidadosamente las palabras del nuestro Dios no sea que seamos contaminados por las obras engañosas de los que han abandonado la fe. Debemos resistir su espíritu e influencia con la misma arma que nuestro Maestro utilizó cuando fue asaltado por el príncipe de las tinieblas. "Escrito está". Debiéramos aprender a utilizar la Palabra de Dios con toda habilidad. Se ha dado esta exhortación: "Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad" (2 Timoteo 2:15). Hay que trabajar con diligencia y orar con fervor y fe para hacer frente a los sinuosos errores de los falsos maestros y los seductores; porque "En los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita (2 Timoteo 3:1-5). Estas declaraciones muestras la clase de personas que los siervos de Dios tendrán que enfrentar. Estos "calumniadores" y "aborrecedores de lo bueno" atacarán a los que son fieles a su Dios en medio de esta época depravada. Sin embargo, aquellos que son embajadores del cielo deben manifestar el mismo espíritu que mostró su Maestro; deben seguir trabajando con humildad y amor por la salvación de las almas (Review and Herald, enero 10, 1888).

La Venida de los Anticristos (1 Juan 2:18, 19, 22, 23).
Lunes 3

Toda la sociedad está clasificada en dos grandes clases: los obedientes y los desobedientes. ¿En cual de esas clases seremos hallados?

Los que guardan los mandamientos de Dios, los que viven no sólo de pan sino de toda palabra que sale de la boca de Dios, componen la iglesia del Dios viviente. Los que prefieren seguir al anticristo son súbditos del gran apóstata. Alineados bajo la bandera de Satanás quebrantan la ley de Dios e inducen a otros a quebrantarla. Se esfuerzan para redactar las leyes de las naciones para que los hombres demuestren su lealtad a los gobernantes terrenales hollando las leyes del reino de Dios.

Satanás distrae las mentes con cuestiones baladíes, de modo que no tengan una visión clara y distinta de los asuntos de gran importancia. El enemigo hace planes para entrampar al mundo (Comentario bíblico adventista, t. 7, p. 961).

La determinación del anticristo de llevar a cabo la rebelión que comenzó en el cielo continuará actuando en los hijos de desobediencia. Su envidia y odio contra los que obedecen el cuarto mandamiento serán cada vez más intensos. Pero el pueblo de Cristo no debe ocultar su bandera; no debe ignorar los mandamientos de Dios ni practicar el mal con la multitud para disfrutar de tranquilidad...

Mientras mayor sea la influencia del hombre para el bien, bajo el control del Espíritu de Dios, más determinado estará el enemigo para dar rienda suelta a su envidia y sus celos contra él mediante una persecución religiosa; pero todo el cielo está del lado de Cristo y no del anticristo. Dios honrará a los que amen a Dios y estén dispuestos a ser copartícipes de los sufrimientos de Cristo. El anticristo, lo cual incluye a todos los que se ensalzan contra la voluntad y la obra de Dios, experimentarán en el tiempo señalado la ira de Aquel que se dio a sí mismo para que no perecieran sino que tuvieran vida eterna. Dios registrará en el libro de la vida a todos los que perseveren en la obediencia, a todos los que no vendan sus almas por dinero o por el favor de los hombres (Comentario bíblico adventista, t. 7, p. 961).

El espíritu del anticristo se está desarrollando rápidamente. Pronto llegará el momento en el cual los que siguen su propia naturaleza humana, que manifiesten amor por la supremacía, se hallarán del lado de los vencidos. El Señor ha abatido reyes, y él dirá a todos los que hacen ostentaciones y se apartan de su consejo mientras profesan servirlo: "¿Qué hiciste tú para declarar mi ley, mientras que tú mismo vivías en transgresión?"...

Recuerde todo el que considere que es su privilegio hacer lo que le plazca, que el Señor le permitirá hacer su voluntad, pero pasará por experiencias amargas. Es la verdad, mis hermanos, la que todos necesitamos, la verdad que obra por amor y purifica el alma (Alza tus ojos, p. 291).

Probar los Espíritus (1 Juan 4:1-6).
Martes 4

En estos días peligrosos no debemos aceptar como verdad cualquier cosa que los hombres nos presenten. Cuando falsos maestros que dicen venir de Dios lleguen a nosotros declarando que tienen un mensaje de Dios, corresponde que averigüemos cuidadosamente: ¿cómo sabemos que es verdad? Jesús nos ha dicho que "falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos". Pero no necesitamos ser engañados, pues la Palabra de Dios nos da una prueba por la cual podemos saber lo que es verdad. El profeta dice: "¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido".

Según esta declaración es evidente que nos corresponde ser diligentes estudiantes de la Biblia para que podamos saber qué está de acuerdo con la ley y el testimonio. No hay otra forma en que podamos estar seguros. Jesús dice: "Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestido de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis".

En estos días de engaños, cada uno que esté establecido en la verdad tendrá que luchar por la fe que ha sido una vez dada a los santos. Todo matiz de error será puesto de manifiesto en la obra tenebrosa de Satanás, quien, de ser posible, engañaría a los mismos escogidos y los apartaría de la verdad...

Habrá falsos sueños y falsas visiones que contendrán algo de verdad, pero que descarriarán de la fe original. El Señor ha dado a los hombres una regla para detectar esos engaños: "¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido". Si menosprecian la ley de Dios, si no prestan atención a su voluntad tal como está revelada en los testimonios de su Espíritu, son engañadores. Son dirigidos por impulsos e impresiones que creen que proceden del Espíritu Santo y consideran más dignos de fe que la Palabra inspirada. Pretenden que cada pensamiento y sentimiento es una impresión del Espíritu, y cuando se les demuestra algo por medio de las Escrituras, declaran que tiene algo más digno de ser creído. Pero aunque piensan que son guiados por el Espíritu de Dios, en realidad están siguiendo una imaginación producida por Satanás (Comentario bíblico adventista, t. 7, p. 963).

El apóstol Juan escribe: "No os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira procede de la verdad. ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo" (1 Juan 2:21, 22). Están aquellos que dicen tener gran luz; que afirman tener comunicación con los espíritus de los muertos, pero niegan la divinidad de Cristo, y al hacerlo, niegan al Padre a quien Cristo representó en la tierra. "Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre" (vers. 23). Son más y más los que niegan al Padre y al Hijo, pero la Biblia los describe claramente como anticristos. Muchos cuyos nombres están registrados en las iglesias y que dicen poseer gran piedad, si Cristo apareciera en medio de ellos lo rechazarían. Incluso hay profesos ministros del evangelio que enseñan herejías, engañan a muchos y llevan a miles por el camino de la apostasía (The Youth's Instructor, septiembre 27, 1894).

El fiel apóstol Pedro habla de los peligros que enfrentaría la iglesia cristiana en los últimos días y describe en detalle las herejías que estos blasfemos levantarían para arrastrar a las almas detrás de ellos: "Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado" (2 Pedro 2:1, 2).

Aquí el Señor nos da la prueba para confrontar a esta clase de personas: Rehúsan reconocer a Cristo como el Hijo de Dios, y no tienen más reverencia por el Padre eterno que la que tienen por su Hijo Jesucristo. No tienen ni al Padre ni al Hijo, y al igual que su gran dirigente, están en rebelión contra la ley de Dios y desprecian la sangre de Cristo (Signs of the Times, abril 12, 1883).

La Unción (1 Juan 2:20, 21, 27).
Miércoles 5

"Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él" (1 Juan 2:27).

Es el mismo Espíritu el que enseña e ilumina. La más poderosa predicación de la Palabra, la lectura de las Escrituras, no será capaz de transformar el carácter y salvar el alma a menos que el Espíritu obre en los instrumentos humanos y por medio de ellos. Los planes que se tracen no debieran ser de tal carácter que atraigan la atención sobre el yo. La Palabra es un poder, una espada en las manos del agente humano, pero el Espíritu Santo con su poder vital es el elemento eficaz que causa impresión a la mente. "Y serán todos enseñados de Dios". Es Dios quien hace que la luz ilumine el corazón... Es esencial que Dios sea reconocido como la Fuente de toda fortaleza, como el Consolador. La razón por la cual Dios puede hacer tan poco en favor de nosotros es porque nosotros olvidamos que el poder viviente del Espíritu Santo debe combinarse con el instrumento humano.

Con la gran verdad que hemos tenido el privilegio de recibir, debiéramos -y gracias al poder del Espíritu Santo podemos- convertirnos en canales de luz. Entonces podríamos acercarnos al propiciatorio, y al contemplar el arco de la promesa, arrodillarnos allí con corazón contrito, y buscar el reino de los cielos con un fervor espiritual que produciría su propia recompensa. La tomaríamos por fuerza, como lo hizo Jacob. Entonces nuestro mensaje sería poder de Dios para salvación. Nuestras súplicas estarían llenas de fervor, llenas de una comprensión de nuestra gran necesidad; y no seríamos rechazados. La verdad sería expresada mediante la vida y el carácter, y los labios estarían tocados con el carbón ardiente del altar de Dios (Hijos e hijas de Dios, p. 32).

Es el propósito de Dios glorificarse a sí mismo en su pueblo ante el mundo. Anhela hacer de sus hijos canales a través de los cuales pueda derramar su abundante amor y misericordia... Aferrémonos a la ayuda del Señor... contra las poderosas potencias de las tinieblas. Satanás está obrando con intensidad de propósito para esclavizar y destruir las almas. Mantengamos una firme posición contra él. Aquel que esté consagrado enteramente al servicio de Dios será hecho fuerte para la batalla. Será fortalecido con "todo poder". Aquel que siente su debilidad, y lucha con Dios como lo hizo Jacob, diciendo: "No te dejaré, si no me bendices" (Génesis 32:26), avanzará con la refrigerante unción del Espíritu Santo. Lo rodeará la atmósfera del cielo. Andará haciendo bienes. Su influencia será una fuerza positiva en favor de la religión de Cristo (En lugares celestiales, p. 314).

Ahora, como nunca antes, necesitamos comprender la verdadera ciencia de la educación. Si dejamos de entender esto, nunca tendremos un lugar en el reino de Dios. "Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado" (S. Juan 17:3). Si este es el precio del cielo, ¿no conduciremos nuestra educación según este plan? Cristo debe ser todo para nosotros. "Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombre; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz" (Isaías 9:6). ¡Qué fundamento para la fe de los creyentes de todas las edades! Cuando Cristo ascendió al cielo lo hizo como nuestro abogado; tenemos un amigo en la corte. Y desde lo alto él envía su representante a toda nación, tribu, lengua y pueblo. El Espíritu Santo da su divina unción a todos los que reciben a Cristo (Christian Educator, agosto 1, 1897).

Permanecer en Él.
Jueves 6

Preguntaréis, tal vez: "¿Cómo permaneceremos en Cristo?" Del mismo modo en que lo recibisteis al principio. "De la manera, pues que recibisteis a Cristo Jesús el Señor, así andad en él". "El justo... vivirá por la fe" (Colosenses 2:6; Hebreos 10:38). Habéis profesado daros a Dios, con el fin de ser enteramente suyos, para servirle y obedecerle, y habéis aceptado a Cristo como vuestro Salvador. No podéis por vosotros mismos expiar vuestros pecados o cambiar vuestro corazón; mas habiéndoos entregado a Dios, creísteis que por causa de Cristo él hizo todo esto por vosotros. Por la fe llegasteis a ser de Cristo, y por la fe tenéis que crecer en él dando y tomando a la vez. Tenéis que darle todo: el corazón, la voluntad, la vida, daros a él para obedecer todos sus requerimientos; y debéis tomar todo: a Cristo, la plenitud de toda bendición, para que habite en vuestro corazón y para que sea vuestra fuerza, vuestra justicia, vuestra eterna ayuda, a fin de que os dé poder para obedecerle.

Conságrate a Dios todas las mañanas; haz de esto tu primer trabajo. Sea tu oración: "Tómame ¡oh Señor! como enteramente tuyo. Pongo todos mis planes a tus pies. Úsame hoy en tu servicio. Mora conmigo y sea toda mi obra hecha en ti". Este es un asunto diario. Cada mañana conságrate a Dios por ese día. Somete todos tus planes a él, para ponerlos en práctica o abandonarlos según te lo indicare su providencia. Sea puesta así tu vida en las manos de Dios y será cada vez mas semejante a la de Cristo.

La vida en Cristo es una vida de reposo. Puede no haber éxtasis de la sensibilidad, pero debe haber una confianza continua y apacible. Vuestra esperanza no está en vosotros; está en Cristo. Vuestra debilidad está unida a su fuerza, vuestra ignorancia a su sabiduría, vuestra fragilidad a su eterno poder. Así que no debéis miraros a vosotros, ni depender de vosotros, mas mirad a Cristo. Pensad en su amor, en su belleza y en la perfección de su carácter. Cristo en su abnegación, Cristo en su humillación, Cristo en su pureza y santidad, Cristo en su incomparable amor: esto es lo que debe contemplar el alma. Amándole, imitándole, dependiendo enteramente de él, es como seréis transformados a su semejanza.

Jesús dice: "Permaneced en mí" Estas palabras dan idea de descanso, estabilidad, confianza. También nos invita: "¡Venid a mí... y os daré descanso!" (S. Mateo 11:28). Las palabras del salmista expresan el mismo pensamiento: "Confía calladamente en Jehová, y espérale con paciencia". E Isaías asegura que "en quietud y confianza será vuestra fortaleza" (Salmo 37:7; Isaías 30:15). Este descanso no se funda en la inactividad. porque en la invitación del Salvador la promesa de descanso está unida con el llamamiento al trabajo: "Tomad mi yugo sobre vosotros, y... hallaréis descanso" (S. Mateo 11:29). El corazón que más plenamente descansa en Cristo es el mas ardiente y activo en el trabajo para él (El camino a Cristo, pp. 69-71).

Para Estudiar y Meditar.
Viernes 7

Testimonios para la iglesia, t. 2, pp. 177-179.

El Misterio de Iniquidad - 31

SIEMPRE ha sido el proyecto de Satanás desviar la mente de la gente de Jesús y volverla a los hombres, desvaneciendo la idea de responsabilidad individual. Fracasó Satanás en su proyecto cuando tentó al Hijo de Dios; pero tuvo más éxito en su esfuerzo con los caídos hombres. Corrompióse el cristianismo. Papas y sacerdotes se arrogaron elevadas posiciones y enseñaron a la gente que a ellos debía acudir para obtener el perdón de sus pecados en vez de dirigirse directamente a Cristo.

La gente quedó del todo engañada. Se le dijo que el papa y los sacerdotes eran los representantes de Cristo, cuando en verdad lo eran de Satanás, y a Satanás adoraban cuantos ante ellos se rendían. La gente pedía la Biblia; pero el clero creyó peligroso que la leyeran los fieles por sí mismos, por temor de que se ilustrasen y descubriesen los pecados de sus instructores. De modo que se enseñó a la gente a recibir las palabras de estos engañadores maestros como si salieran de labios de Dios. Se arrogaban sobre la mente un poder que sólo pertenece a Dios.

Fue odiada la Biblia, y se hicieron esfuerzos para raerla de la tierra. Quedó prohibida su lectura bajo la pena de muerte, y se quemaban cuantos ejemplares se descubrían. Pero Dios tuvo cuidado especial de su Palabra, y la protegió. En diferentes períodos sólo quedaron unos cuantos ejemplares de la Biblia, pero no consintió Dios que se perdiese su Palabra, porque más tarde, en estos últimos días, se había de difundir de tal manera que toda la familia pudiese poseerla.

Ví que cuando había pocos ejemplares de la Biblia, hallaban en ella inestimable tesoro y profundo consuelo los perseguidos discípulos de Jesús. La leían secretamente, y quienes disfrutaban de este excelso beneficio sentían que habían conversado con Dios, con su Hijo Jesús y con sus discípulos. Pero este bendito privilegio les costó a muchos la vida. Si los descubrían, los mandaban al tajo del verdugo, a la hoguera o a lóbregas mazmorras donde los dejaban morir de hambre.

No podía Satanás impedir el plan de salvación. Jesús fue crucificado y resucitó al tercer día. Pero Satanás les dijo a sus ángeles que se aprovecharía en favor suyo de la crucifixión y resurrección. Estaba conforme con que los que profesaban la fe de Jesús diesen por invalidadas después de la muerte de Cristo las leyes que regulaban los sacrificios y ofrendas judaicos, con tal que, yendo más lejos, creyesen que también la ley de los diez mandamientos había cesado.

Muchos cedieron fácilmente a este engaño de Satanás. El cielo entero se indignó al ver pisoteada la sacrosanta ley de Dios. Jesús y las huestes celestiales conocían la índole de la ley de Dios, y sabían que no era posible alterarla ni abrogarla. La miserable situación del hombre después de la caída había causado en el cielo profundísima tristeza, moviendo a Jesús a ofrecerse para morir por los transgresores de la Santa ley de Dios. En caso de haberse podido abrogar la ley, el hombre se hubiese salvado sin necesidad de la muerte de Jesús. Por lo tanto, su muerte no destruyó la ley de su Padre, sino que la magnificó y honró, obligando a todos a la obediencia de sus santos preceptos.

Si la iglesia hubiese permanecido pura y firme, no habría podido Satanás engañarla ni inducirla a que pisotease la ley de Dios. En este descarado plan, Satanás embiste directamente contra las bases del gobierno de Dios en el cielo y en la tierra. Por su rebelión fue expulsado del cielo, y después quiso salvarse pretendiendo que Dios alterase su ley; pero ante la hueste del cielo se le manifestó que la ley de Dios era inalterable. Sabe Satanás que induciendo a otros a quebrantar la ley de Dios los gana para su causa, porque todo transgresor de la ley debe morir.

Resolvió Satanás ir todavía más lejos. Les dijo a sus ángeles que algunos serían tan celosos de la ley de Dios que no se dejarían prender en esa trampa, pues los diez mandamientos eran tan explícitos, que muchos creerían que seguían válidos, y por lo tanto le era preciso corromper tan sólo uno de los mandamientos. Así que indujo a sus representantes en la tierra a intentar cambiar el cuarto, o sea el mandamiento del día de reposo, y alterar así el único de los diez que expone el concepto del verdadero Dios, el Creador de cielos y tierra. Satanás puso ante la mente de sus representantes la gloriosa resurrección de Jesús, diciéndoles que por haber resucitado el primer día de la semana, el Salvador había trasladado el descanso del séptimo al primer día de la semana.

Así se valió Satanás de la resurrección en provecho de sus propósitos, y él y sus ángeles se congratularon de que los errores por ellos preparados cundiesen tan favorablemente entre quienes se llamaban amigos de Cristo. Lo que unos repugnaban con religioso horror, lo admitían otros, y así fueron celosamente admitidos y defendidos diversos errores. La voluntad de Dios, tan claramente revelada en su Palabra, fue encubierta con errores y tradiciones que eran enseñados como mandamientos de Dios. Aunque este engaño que desafía al Cielo se consentirá hasta la segunda venida de Jesús, no ha quedado Dios sin testigos durante todo este tiempo de error y engaño. En medio de las tinieblas y persecuciones contra la iglesia, siempre hubo cristianos que guardaron fielmente todos los mandamientos de Dios.

Guía de Estudio de la Biblia: Amadas y llenas de amor: Las Epístolas de Juan / Notas de Elena de White.
Periodo: Trimestre Julio-Septiembre de 2009
Autor: Ekkehardt Mueller, nacido en Alemania, doctor en Teología y Ministerio. Es uno de los directores asociados del Instituto de Investigaciones Bíblica (Biblical Research Institute) de la Asociación General. Sus especialidades son Nuevo Testamento, el libro de Apocalipsis, hermenéutica y teología aplicada. Es casado y tiene dos hijos adultos.
Editor: Clifford Goldstein

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Lección 6: Andar en la luz: Rechazar a los anticristos / Edición para Maestros

El sábado enseñaré…

Texto clave: 1 Juan 4:1-6.

Enseña a tu clase a:

Saber y comprender lo que significa permanecer en Cristo, y estar enterado de los anticristos.
Sentir la urgencia y la necesidad de depender de la fortaleza de Cristo.
Hacer una guardia permanente contra el poder del anticristo.

Bosquejo de la Lección

I. Saber: Reconocer a los anticristos

A. La Biblia es la norma objetiva y dotada de autoridad para todas las doctrinas y las enseñanzas. ¿Cómo podemos estar seguros de que la interpretamos correctamente?
B. ¿Cuál es la diferencia entre admitir que hay cosas que no entendemos de la Biblia y dudar de su validez?
C. Juan enfatiza el concepto de permanecer en Cristo. ¿Qué significa esto para nosotros, como cristianos de hoy?

II. Sentir: La urgencia

A. Alimentar un sentido de vigilancia y urgencia es importante para afrontar los engaños de los anticristos: ¿Cómo podemos evitar la complacencia?
B. Permanecer en Cristo es vital para una vida cristiana victoriosa. ¿Cómo podemos depender completamente de la fortaleza de Cristo?

III. Hacer: Ser vigilante contra el engaño

A. Nombra algunos de los engaños del anticristo que predominan hoy en día.
B. Prevenir es mejor que curar. ¿Qué medidas podemos tomar para no ser engañados por los falsos maestros y los anticristos?
C. ¿Qué pasos podemos dar para limitar la posibilidad de caer bajo la influencia de enseñanzas falsas y de los anticristos?

Resumen

Aunque pasaron casi dos mil años desde la advertencia que hizo Juan, los peligros presentados por los anticristos están todavía ante nosotros. La única manera en que podemos vivir una vida cristiana victoriosa es permanecer en una correcta relación con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Ciclo de aprendizaje

Paso 1: ¡Motiva!

Concepto clave: Comprender la amenaza que plantea el anticristo nos ayuda a prevenirnos contra él en nuestro andar cristiano.

Sólo para los maestros: Los falsos maestros han sido una preocupación de la iglesia desde sus comienzos. Cristo mismo predijo la venida de falsos cristos (Mateo 24:24). Pablo los llamó “lobos rapaces” que atacan al rebaño (Hechos 20:29-31). Entender al lobo es comprender algo de la naturaleza del anticristo. Enfatiza a tu clase que, cuanto más conscientes seamos de los peligros que ofrece el enemigo, mejor preparados estaremos para resistirlo.

Pablo no comparó al enemigo con lobos sin causa. Pero ¿qué hace que los lobos sean cazadores astutos? Los lobos son criaturas nocturnas. Prefieren cazar después del crepúsculo, bajo la cubierta de la noche. Los lobos prueban los rebaños buscando señales de debilidad y se aprovechan de los animales enfermos o viejos. Huelen el aire buscando heridas o el olor de las infecciones. Una vez que escogieron su presa, los lobos viajan en la dirección opuesta a la del viento, para impedir que las presas huelan el olor de ellos.

Los lobos también observan los cuervos, para encontrar presas. Los cuervos vuelan en círculos por sobre los animales enfermos. Si hay aves que vuelan en círculos por sobre los animales enfermos. Si hay aves que vuelan en círculo, eso significa que hay comida cerca. Los lobos, silenciosamente, se acercarán a su blanco, a menudo en fila de a uno. Capturan su presa por el lomo o los lados, prefiriendo atacar de atrás.

Analiza: Basado en las tácticas de los lobos tienen cuernos. A diferencia del alce o de ciertos ciervos, el rebaño -o las ovejas-, como Pablo llama a la iglesia, no tiene cuernos ni defensas naturales. El único cordero con cuernos se encuentra en Apocalipsis 5:6, y ese Cordero es Jesús.

Paso 2: ¡Explora!

Solo para los maestros: ¿Qué enseña nuestra lección acerca del anticristo? ¿En qué forma esta descripción concuerda con el cuadro más amplio que presenta la Biblia? ¿De qué modo se relacionan con el gran conflicto que se está desarrollando con los eventos finales?

Comentario de la Biblia

Juan alerta a la iglesia acerca de las enseñanzas falsas específicas del anticristo durante el “último tiempo”. ¿Cuál es este “último tiempo”? ¿Cómo hemos de identificar al anticristo y su obra?

I. El “último tiempo”: qué significa (1 Juan 2:18)

La frase “último tiempo” describe no tanto una cronología sino una teología. Es el tiempo en el que los santos de Dios, habiendo experimentado las bendiciones del Reino de la gracia, esperan el Reino de gloria, que comenzará con la segunda venida de Cristo (Juan 14:1-3; 1 Tesalonicenses 4:16, 17). La primera venida de Cristo ya ha sellado la suerte de Satanás. Desde ese evento, los cristianos han esperado con ansias el nuevo orden de Dios. En ese sentido, cada día en la vida de un cristiano es el último tiempo: estar listos para su venida y estar alerta ante la manera de obrar engañosa del anticristo.

Durante el último tiempo, mientras el evangelio es predicado a todas las naciones, Satanás dirigirá las fuerzas del anticristo para “engañar, si fuere posible, aun a los escogidos” (Mateo 24:24, ver también Marcos 13:6); para desatar los tiempos peligrosos en los cuales la depravación moral y espiritual alcanzará su punto más bajo (2 Timoteo 3:1); para burlarse de la segunda venida de Cristo; y para desatar una guerra contra los santos que “guardan los mandamientos de Dios y tiene el testimonio de Jesucristo” (Apocalipsis 12:17).

El último tiempo es un período de espera, cuando la iglesia espera que regrese otra vez su Señor, un tiempo para estar velando ante la obra del anticristo, un tiempo de esperanza, un tiempo para vivir como si Cristo viniera en cualquier momento.

Analiza: Hablando del último tiempo, Pedro advierte: “Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración” (1 Pedro 4:7). Enumera algunas áreas en las que necesitamos velar.

II. El anticristo: su identidad y nuestra defensa

La palabra “anticristo” aparece cuatro veces en la Biblia, todas en las cartas de Juan (1 Juan 2:18, 22; 4:3; 2 Juan 7). Pero, como concepto, en un sistema malvado opuesto a todo lo que Cristo representa, y se remonta hasta el origen del pecado, al comienzo de la gran controversia. Juan describe al anticristo como uno que niega que Jesús es el Cristo (1 Juan 2:22) y el Dios encarnado (1 Juan 4:3; 2 Juan 7).

El anticristo original, por supuesto, es Satanás, quien desde el origen de la gran controversia ha estado opuesto a Cristo. “La resolución del anticristo de llevar a cabo la rebelión empezada por él en el cielo continuará animando a los hijos de desobediencia” (Joyas de los testimonios, tomo 3, pp. 393, 394).

La obra principal del anticristo es el engaño. Como una personificación del mal, y como adversario de Cristo, el anticristo es presentado de diferentes maneras en las Escrituras. Pablo habla del “hombre de pecado”, que engaña mediante toda suerte de milagros y maravillas (2 Tesalonicenses 2:3, 9). Cristo habló del engaño de los falsos cristos en los últimos días (Mateo 24:4, 5, 23, 24). Daniel predijo que el cuerno pequeño (Daniel 7:7, 8, 25-27), un sistema religioso que hablaría contra Dios, incluyendo el Mandamiento del sábado. Juan advirtió de la bestia de Apocalipsis 13:1 al 10, el poder del anticristo conocido por la blasfemia, la persecución y la apostasía, y cuya obra seguirá hasta que sea consumido por el Juicio final de Dios.

Así que, el anticristo es Satanás trabajando por medio de agencias humanas para distorsionar a Cristo y su ministerio redentor. Estas agencias pueden pretender ser parte de la iglesia; pero, en realidad, son lobos con “vestidos de ovejas” (Mateo 7:15; Hechos 20:29). Se oponen a Dios, a Cristo (1 Juan 2:22) y sus enseñanzas. Tales enseñanzas pueden estar dirigidas contra la Persona y la obra de Cristo, la Ley de Dios, el ministerio sumosacerdotal de Jesús, las demandas del discipulado, la realidad y la proximidad de la Segunda Venida, etc.

Analiza: La prueba de la doctrina -en el tiempo de Juan, la encarnación de Cristo (1 Juan 2:22; 4:1-3) - es una manera de identificar al anticristo. ¿Qué doctrinas específicas estarán bajo ataque en los últimos tiempos?

Paso 3: ¡Practica!

Solo para los maestros: La enseñanza de Juan del anticristo contiene una advertencia para cada cristiano. La advertencia está relacionada con la apostasía. “Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros” (1 Juan 2:19). A menos que permanezcamos en la verdad, y que la verdad permanezca en nosotros, corremos el peligro de caer en la apostasía. La vida cristiana no es una experiencia de una vez para siempre, sino un evento diario por el cual Jesús continúa estando en el puesto de comando de nuestras vidas.

Preguntas para reflexionar:

1. Primera de Juan 2:19 habla de dos grupos de personas: los que se van y los que quedan. ¿Qué hace que algunos abandonen la comunión de la fe y otros permanezcan? Considera a Judas y a Pedro: ambos habían estado a punto de apostatar. ¿Cuál fue la causa de que uno se perdiera y el otro fuera redimido?

2. Permanecer en Cristo nos da de confianza para encontrarnos con él en su venida (vers. 28). Para tales personas, “el último tiempo” no es un tiempo de terror sino un período de alegre espera para la reunión final. ¿Qué clase de vida se espera de nosotros en el “último tiempo”?

Preguntas de aplicación:

1. Un niñito de 5 años le preguntó a su hermanita de 7 años: “¿Por qué la abuelita pasa tanto tiempo leyendo la Biblia?” “Ella está repasando apresuradamente para su examen final”, le contestó la niña. ¿Cómo te estás preparando para tu examen final?

2. El cuarto Mandamiento y el ejemplo de Jesús nos muestran que debemos guardar el sábado. Pero, viene alguien y te ofrece una nueva “verdad”. Te dice: “Lo que vale es el principio del reposo; por eso, puede estar bien hacerlo en cualquier día”. ¿De qué modo reaccionarías?

Paso 4: ¡Aplica!

Solo para los maestros: Habiendo expuesto los procedimientos engañosos del anticristo, Juan habla de dos salvaguardias que mantendrían a los creyentes en el sendero angosto y recto. Ellas son: permanecer en el Hijo y en la Palabra (1 Juan 2:24), y ser ungido por el Espíritu Santo (versículo 27). Invita a los miembros de la clase a participar de los siguientes proyectos:

El comentario nos pide que consideremos la suerte de Pedro y de Judas. Repasa las semejanzas y las diferencias entre ellos. Ahora, imagínate que estaban con uno de ellos la noche en que Jesús fue arrestado. Basado en tu estudio de su carácter, escribe un breve monólogo que imagina las propias palabras que Pedro o que Judas pudieron haber dicho acerca de por qué hicieron la elección que hicieron esa noche.

Invita a uno de los miembros de la clase a leer su monólogo a la clase. Analiza los monólogos con la clase. ¿Qué percepciones espirituales pueden aprenderse que ayuden a reforzar el concepto clave de la lección?


Guía de Estudio de la Biblia: Amadas y llenas de amor: Las Epístolas de Juan / Edición Maestros.
Periodo: Trimestre Julio-Septiembre de 2009
Autor: Ekkehardt Mueller, nacido en Alemania, doctor en Teología y Ministerio. Es uno de los directores asociados del Instituto de Investigaciones Bíblica (Biblical Research Institute) de la Asociación General. Sus especialidades son Nuevo Testamento, el libro de Apocalipsis, hermenéutica y teología aplicada. Es casado y tiene dos hijos adultos.
Editor: Clifford Goldstein

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