Jesús dijo: "Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado". Todo lo que había sido hecho y dicho tenía este único propósito en vista: afianzar la verdad en la mente de ellos para que pudieran alcanzar la vida eterna. Jesús no vino para asombrar a los hombres con un gran anuncio sobre algún tiempo especial cuando ocurría un gran suceso, sino vino para instruir y salvar a los perdidos. No vino para despertar y complacer la curiosidad, pues sabía que eso sólo aumentaría el apetito por lo desconocido y lo maravilloso. Su propósito era impartir conocimiento mediante el cual los hombres pudieran crecer en fortaleza espiritual y avanzaran por el camino de la obediencia y la verdadera santidad. Sólo impartía las instrucciones que podían ser apropiadas para las necesidades de la vida diaria de ellos, sólo la verdad que pudiera ser dada a otros de la misma manera. No hizo nuevas revelaciones a los hombres, sino que les abrió el entendimiento a verdades que por mucho tiempo habían sido oscurecidas o tergiversadas por las falsas enseñanzas de los sacerdotes y maestros. Jesús restituyó las gemas de verdad divina a su debido lugar, en el orden en que había sido dadas a los patriarcas y los profetas. Y después de haberles impartido esa preciosa instrucción, prometió darles el Espíritu Santo por medio del cual deberían recordar todas las cosas que les había dicho (Comentario bíblico adventista, t. 6, p. 1052).
“Yo soy... la verdad”. Domingo 14 de marzo
El amor de la verdad tal como es en Jesús significa amar todo lo que está comprendido en la verdad que Cristo enseñó. Esfuércense nuestros maestros por seguir su ejemplo, por albergar su espíritu y simpatía. Ninguno excluya el amor de Cristo de sus labores, sino que cada uno se pregunte: ¿Es mi vida consecuente? ¿Estoy yo guiado por el Espíritu Santo? Es privilegio de cada maestro revelar el poder de un obrero puro, consecuente y amante de Cristo. El maestro espiritualmente dispuesto no tendrá nunca una religión incierta. Si ama verdaderamente el servicio de Cristo, tendrá discernimiento y vida espirituales (Consejos para los maestros, pp. 347, 348).
Dios requiere que cada instrumento humano desarrolle los talentos que la gracia celestial le ha provisto a fin de ser más eficiente en la obra de Dios, a la vez que se le ofrece toda la ayuda para que la santidad, la pureza y el amor cristianos también crezcan. Sus talentos y habilidades pueden multiplicarse mientras están al servicio del divino Maestro. Sin embargo muchos que profesan creer en Jesús, como no crecen, no dan testimonio del poder santificador de la verdad en la vida y en el carácter. Cuando recibimos por primera vez a Jesús en el corazón, no somos más que criaturas en la religión; pero no podemos permanecer en esa etapa en nuestra experiencia cristiana; tenemos que crecer en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, para llegar a la plenitud de la estatura de hombres y mujeres en él.
Debemos avanzar siempre, obteniendo nuevas y más ricas experiencias en confianza, fe y amor. En vista de las grandes facilidades que ha provisto para nuestro desarrollo, el Señor espera que crezcamos; pero muchos no son más eficientes porque no usan el poder que Dios está dispuesto a darles. Mediante el uso de los talentos todos pueden adquirir tacto, sabiduría y eficiencia. El siervo negligente le devolvió a su señor el talento que le había sido dado, pero su amo le recriminó porque no lo había hecho producir como debía (The Youth's Instructor, junio 8, 1893).
Al concedernos su Palabra, Dios nos puso en posesión de toda verdad esencial para nuestra salvación. Millares han sacado agua de estas fuentes de vida, y sin embargo la provisión no ha disminuido. Millares han puesto al Señor delante de sí, y contemplándolo han sido transformados a su misma imagen. Su espíritu arde dentro de ellos mientras hablan de su carácter, contando lo que Cristo es para ellos y lo que ellos son para Cristo. Pero estos investigadores no han agotado estos temas grandiosos y santos. Millares más pueden empeñarse en la obra de investigar los misterios de la salvación. Mientras uno se espacie en la vida de Cristo y el carácter de su misión, rayos de luz brillarán más distintamente con cada intento de descubrir la verdad. Cada nuevo estudio revelará algo más profundamente interesante que lo que ya ha sido desplegado. El tema es inagotable. El estudio de la encarnación de Cristo, su sacrificio expiatorio y su obra de mediación, embargarán la mente del estudiante diligente mientras dure el tiempo; y mirando al cielo con sus innumerables años, exclamará: "Grande es el misterio de la piedad" (Palabras de vida del Gran Maestro, pp. 103, 104).
El Espíritu y la verdad. Lunes 15 de marzo
La ciencia es demasiado limitada para comprender la expiación el misterioso y maravilloso plan de redención es tan abarcante que la filosofía no lo puede explicar; permanecerá para siempre como un misterio que la razón más profunda no lo podrá sondear. Si la sabiduría finita lo pudiera explicar, perdería su carácter sagrado y su dignidad. Es un misterio que alguien igual al Padre se humillara a sí mismo hasta sufrir la muerte de cruz para rescatar al hombre; y es un misterio que Dios amara al mundo de tal manera que permitiera que su Hijo hiciera este gran sacrificio. Es Espíritu Santo exalta y glorifica al Salvador; su misión es presentar a Cristo, la gran salvación que tenemos mediante él, y la elevada pureza de su justicia. Cristo dice de él: "El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber" (S. Juan 16:14). El Espíritu de verdad es el único maestro inequívoco de la verdad divina y los que son enseñados por él han entrado en la escuela de Cristo ¡Cuánto estima Dios a la raza humana que dio a su Hijo para que muriese por ella y les da su Espíritu para ser su maestro y su guía! (Signs of the Times, octubre 24, 1906).
Jesús oró por sus discípulos: "Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad". "Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros".
Anteriormente, les había dado la promesa: "Cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad" (S. Juan 17:17, 31; 16:13). Es mediante el Espíritu Santo que Cristo presenta más claramente a los creyentes lo que él ha inspirado a los santos hombres de Dios a escribir con relación a la verdad. De esta manera, la unidad por la que él oró, será alcanzada...
Pero por importante que sea alcanzar la unidad, no podemos lograrla dejando de lado algún principio de la verdad, quien es el que nos santifica. La sabiduría humana cambiaría la base de la unidad diciendo que es muy limitada; que es necesario tomar en cuenta las opiniones populares para llegar cierto compromiso con el mundo. Pero es justamente la verdad lo que Dios ha establecido como base para la unidad de su pueblo (Gospel Workers, edición 1892, p. 391).
El Consolador es llamado el "Espíritu de verdad". Su obra consiste en definir y mantener la verdad. Primero mora en el corazón como el Espíritu de verdad, y así llega a ser el Consolador. Hay consuelo y paz en la verdad, pero no se puede hallar verdadera paz ni consuelo en la mentira. Por medio de falsas teorías y tradiciones es como Satanás obtiene su poder sobre la mente. Induciendo a los hombres a adoptar normas falsas, tuerce el carácter. Por medio de las Escrituras, el Espíritu Santo habla a la mente y graba la verdad en el corazón. Así expone el error, y lo expulsa del alma. Por el Espíritu de verdad, obrando por la Palabra de Dios, es como Cristo subyuga a sí mismo a sus escogidos (El Deseado de todas las gentes, pp. 624, 625).
Dios quiere que aun en esta vida las verdades de su Palabra continúen siempre revelándose a su pueblo. Y hay sólo un modo para obtener este conocimiento. No podemos llegar a entender la Palabra de Dios sino por la iluminación del Espíritu por el cual fue dada la Palabra. "Porque el espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios... Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios" (1 Corintios 2:10, 11) (El camino a Cristo, p. 111).
“Con todo vuestro corazón”. Martes 16 de marzo
"Entonces me invocaréis, e iréis y oraréis a mí, y yo os oiré: y me buscaréis y hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón" (Jeremías 29:12, 13).
Hay dos clases de oración: la que es una fórmula y la oración de fe. La repetición de frases establecidas y habituales, cuando el corazón no siente necesidad de Dios, es una oración de forma... Debemos tener sumo cuidado para que nuestras oraciones expresen los deseos del corazón y lo que realmente queremos decir. Todas las palabras rebuscadas que están a nuestro alcance no equivalen a un solo deseo santo. Las oraciones más elocuentes son vanas repeticiones si no expresan los deseos del corazón. Pero la oración que nace del corazón ferviente, (cuando expresamos nuestros sencillos anhelos tal como pediríamos un favor a un amigo terrenal, esperando que nos fuera concedido), esa es la oración de fe. El publicano que subió al templo a orar es un buen ejemplo de adorador sincero y devoto. Él sentía que era un pecador y su gran necesidad lo indujo a dar expresión a su apasionado deseo: "Dios, se propicio a mí, pecador" (Meditaciones matinales 1952, p. 21).
El Salvador dijo repetidamente: "Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros" (S. Mateo 19:30). Jesús desea que los que trabajan en su servicio no estén ansiosos por recibir recompensas, ni que sientan que deben recibir una compensación por todo lo que hacen. El Señor quiere que nuestras mentes se encaucen por un conducto diferente, porque él no ve en la forma como el hombre ve. Él no juzga por las apariencias sino que estima a un hombre por la sinceridad de su corazón.
Los que han puesto en su servicio un espíritu de verdadero sacrificio, de la negación de sí mismos, son los que ocuparán el primer lugar al final. Los obreros que fueron contratados primero, representan a los que poseen un espíritu envidioso y de justicia propia, y que pretenden recibir un trato preferencial por sus servicios por encima de los demás. El padre de familia dijo a uno que puso en duda su derecho de dar más a los demás que a él: "Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario?" (S. Mateo 20:13). Yo he cumplido mi parte del acuerdo.
En nuestra esfera de acción, todos nosotros deberíamos respetar el monto de la recompensa.
Pero mientras apreciamos la promesa de bendición, deberíamos tener perfecta confianza en Jesucristo, creyendo que él hará bien y nos dará una recompensa que esté de acuerdo con lo que han sido nuestras obras. El don de Dios es la vida eterna, pero Jesús no desea que estemos tan ansiosos acerca de las recompensas como por hacer la voluntad de Dios, porque es correcto hacerlo así, independientemente de toda ganancia (Consejos sobre mayordomía cristiana, pp. 353, 354).
El que regala a los hombres riquezas infinitas y una vida eterna de bienaventuranzas en su reino como recompensa de la obediencia fiel, no aceptará un corazón dividido. Estamos viviendo en medio de los peligros de los últimos días, cuando se manifiesta todo lo que puede apartar de Dios la mente y los afectos. Podremos discernir y apreciar nuestro deber únicamente cuando lo consideremos a la luz que irradia de la vida de Cristo. Así como el sol sale por el oriente y baja por el occidente, llenando el mundo de luz, así el que sigue verdaderamente a Cristo será una luz para el mundo. Saldrá al mundo como una luz brillante y resplandeciente, para que aquellos que están en tinieblas sean iluminados y calentados por los rayos que despida. Cristo dice de los que le siguen: "Vosotros sois la luz del mundo: una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder" (S. Mateo 5:14) (Joyas de los testimonios, t. 1, p. 384).
Una conciencia cauterizada. Miércoles 17 de marzo
Una correcta interpretación de las Escrituras no es lo único que el Señor requiere; no sólo debemos conocer la verdad tal como es en Jesús sino practicarla. El espíritu de aquel que nos dio la verdad debe mostrarse en nuestra relación con los demás. Si somos colaboradores con Dios, investigaremos la verdad para hallar sus tesoros escondidos, pero también conoceremos las condiciones establecidas para llegar a ser maestros aptos, que tengamos el espíritu de Cristo en nuestros corazones, a fin de que podamos enseñar a otros las verdades reveladas en su Palabra.
Cualquier vulgaridad y superficialidad; cualquier broma o chanza barata, debe ser puesta a un lado por el pueblo de Dios. Todo orgullo, envidia, celos, conjeturas y presunciones, deben ser vencidos por la gracia de Cristo, y la sobriedad, la humildad, la pureza y la piedad deben aparecer en la vida y en el carácter. Al comer la carne y beber la sangre del Hijo de Dios, su vida se entretejerá con la nuestra, y mostraremos el espíritu y las obras de Cristo. Entonces seremos uno con Cristo así como él es uno con el Padre; entonces seremos participantes de la naturaleza divina habiendo huido de la corrupción que está en el mundo debido a la concupiscencia. La única seguridad de que nuestra doctrina sea correcta y libre de paja y error, es estar haciendo la voluntad de Dios, porque "El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios" (S. Juan 7:17). Entonces veremos la verdad en su sagrada belleza; entonces la aceptaremos, la reverenciaremos, y estaremos en condiciones de enseñarla a otros. En esta solemne tarea no habrá sentimientos de superioridad o de exaltación propia, porque el que ama a Dios y a su causa será manso y humilde de corazón (The Ellen G. White 1888 Materials, pp. 201, 202).
Todo rincón del templo del alma se ha contaminado en mayor o menor grado y debe ser limpiado. Las telarañas que cubren la conciencia deben ser removidas y las ventanas del alma deben ser cerradas hacia las cosas de la tierra y abiertas hacia el cielo para que los rayos del Sol de justicia tengan libre acceso. La memoria debe ser refrescada con los principios bíblicos, y toda la mente purificada para distinguir entre el bien y el mal. Al pronunciar la oración que Cristo enseñó a sus discípulos, y al esforzarse por cumplirla en la vida cotidiana, el Espíritu Santo renovará la mente y el corazón y dará la fuerza necesaria para alcanzar propósitos más altos y más santos (Manuscript Releases, t. 5, p. 215).
Queremos que todos comprendan la manera en que un alma es destruida. No es que Dios expida un decreto declarando que el hombre no se salvará; no envía una oscuridad impenetrable para la vida; pero el hombre que resiste una sugerencia del Espíritu de Dios y ya habiendo resistido una vez, es menos difícil hacerlo la segunda, la tercera y menos aún la cuarta. Luego viene la cosecha producida por la semilla de incredulidad y resistencia. Oh, ¡qué cosecha más grande de indulgencia pecaminosa está siendo preparada para la hoz!
Cuando se descuidan hoy la oración secreta y la lectura de las Escrituras, mañana también podrán ignorarse con menos remordimiento de conciencia. Resultará una larga lista de omisiones, todo por causa de un solo grano sembrado en el terreno del corazón. Por el contrario, todo rayo de luz atesorado producirá una cosecha de luz. El resistir la tentación una vez dará poder para hacerle frente con mayor firmeza la segunda; cada nueva victoria que se obtenga sobre el yo suavizará el camino para triunfos más elevados y nobles. Cada victoria es una semilla que se siembra para vida eterna (Testimonios para la iglesia, t. 5, pp. 112, 113).
Andar en la verdad. Jueves 18 de marzo
La religión de Jesucristo es algo más que hablar. La justicia de Cristo consiste en acciones rectas y buenas obras impulsadas por motivos puros y generosos. La justicia exterior, sin el adorno interior, no vale nada. "Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado" (1 Juan 1:5-7). Si no poseemos la luz y el amor de Dios, no somos sus hijos. Si no juntamos con Cristo, derramamos. Todos ejercemos influencia, y esta influencia es decisiva en el destino de los demás para su bien presente y futuro, o para su eterna perdición.
Todos tenemos que aprender lecciones en la escuela de Cristo a fin de perfeccionar caracteres cristianos y mantener unidad con Jesús... Nos ha asignado el deber de vivir en favor de los demás. Vino a este mundo desde las reales cortes del cielo para manifestar el gran interés que tenía por el hombre, y el precio infinito pagado por la redención de éste revela que es de tan gran valor que Cristo pudo sacrificar sus riquezas, su honor y las cortes reales, para librarlo de la degradación del pecado.
Si la Majestad del cielo pudo hacer tanto para poner en evidencia su amor por el hombre, ¿qué no debería éste estar dispuesto a hacer por los demás, para ayudarles a salir del pozo del sufrimiento las tinieblas? (Cada día con Dios, p. 182).
La verdadera simpatía entre el hombre y su prójimo ha de ser la señal que distinga a los que aman y temen a Dios de los que no tienen en cuenta su ley (El ministerio de la bondad, p. 40).
Con esta parábola queda establecido para siempre el deber del hombre hacia sus prójimos. Debemos cuidar cada caso de sufrimiento y considerarlo como propio, como agentes de Dios para aliviar a los necesitados hasta donde nos sea posible. Debemos ser colaboradores junto con Dios. Hay quienes manifiestan gran aflicción por sus parientes, sus amigos y protegidos, pero que fallan en ser buenos y considerados con aquellos que necesitan bondadosa simpatía, que necesitan consideración y amor. Con corazones fervientes preguntémonos: ¿Quién es mi prójimo? Nuestros prójimos no son solamente nuestros íntimos y amigos especiales; no son simplemente aquellos que pertenecen a nuestra iglesia o que piensan como nosotros. Nuestros prójimos son toda la familia humana. Debemos ser buenos con todos los hombres y especialmente con aquellos que son de la familia de la fe. Debemos dar al mundo una demostración de lo que significa cumplir la ley de Dios. Debemos amar a Dios por sobre todo y a nuestro prójimos como a nosotros mismos (El ministerio de la bondad, pp. 49, 50).
En la lección de fe que Cristo enseñó en el monte se revelan los principios de la verdadera religión. La religión conduce al hombre a una relación personal con Dios, pero no exclusivamente con él; porque los principios del cielo han de vivirse de manera que puedan ayudar y bendecir a la humanidad. Un verdadero hijo de Dios lo amará con todo su corazón, y amará a su prójimo como a sí mismo. Se interesará en sus semejantes. La verdadera religión es el resultado de la obra de la gracia en el corazón, que hace que la vida fluya en forma de buenas obras, como lo hace una fuente alimentada de corrientes vivas. La religión no consiste meramente de meditación y oración. La luz del cristiano se manifiesta en buenas obras, y así lo reconocen los demás. No habrá de divorciarse la religión de la vida de los negocios. Debe penetrar y santificar sus compromisos y empresas. Si un hombre está verdaderamente conectado con Dios y el cielo, el espíritu que mora en el cielo influirá en todas sus palabras y acciones. Glorificará a Dios en sus obras y conducirá a otros a honrarle (Dios nos cuida, p. 34).
Guía de Estudio de la Biblia: El Fruto del Espíritu / Notas de Elena G. de White. Periodo: Trimestre Enero-Marzo de 2010
Autor: Richard O'Fill, es escritor (El Cristiano Victorioso, Un Fruto Divino entre otros libros) y orador del ministerio Revival Sermons, ha trabajado para la iglesia en tres continentes, incluyendo siete años en las oficinas centrales de la Asociación General. Reside actualmente en Orlando, Florida, EE.UU. Editor: Clifford Goldstein
Texto Clave:"Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado". Juan 17:3.
Enseña a tu clase a:
Saber que la verdad se encuentra en forma suprema en Jesús. Sentir deleite en la libertad que da la verdad. Hacer vivir tu vida para mostrar que las Escrituras son la guía máxima para la salvación, la vida y la esperanza.
Bosquejo de la Lección
1. Saber: Jesús define la verdad
A. Las verdades que se encuentran en las Escrituras son verdades reveladas. No pueden ser deducidas por la razón; pero no son contrarias a la razón. Son aceptadas por fe. B. Jesús define la verdad espiritual. No hay autoridad mayor. a. Enumera algunas verdades que no pueden ser discernidas por la razón. b. ¿Por qué creemos que Jesús define la verdad? c. ¿Cómo entendemos la afirmación de Jesús de que él es el único Camino a Dios y de que es la Verdad y la Vida? d. ¿De qué modo el Espíritu Santo nos guía a la verdad?
2. Sentir: Libertad y verdad
A. Jesús dice que la verdad nos liberta. ¿Cuáles son algunas de las libertades que nos trae la verdad? B. Jesús define la vida eterna como conocer “al único verdadero Dios” y a Jesús mismo. ¿Qué entendemos por conocer?
3. Hacer: Tomar la verdad como nuestra guía
A. Comprender la verdad como se revela en las Escrituras requiere un pensamiento y un esfuerzo decidido. No obstante, por esencial que sea la comprensión, no tiene verdadero valor a menos que estemos dispuestos a someternos a la verdad. a. ¿En qué forma las Escrituras llegan a ser la guía para nuestra vida diaria? b. ¿Cuál es la relación de la verdad con la esperanza?
Resumen: Las Escrituras son verdades reveladas como las define Jesús y se comprenden por la sumisión a la conducción del Espíritu Santo; son la guía para nuestra vida.
CICLO DE APRENDIZAJE
PASO 1: ¡Motiva!
Concepto clave para el crecimiento espiritual: La Verdad es una Persona, Jesucristo. Tanto la verdad objetiva como la subjetiva se reúnen en Jesús. Para que el creyente conozca y comprenda la verdad, debe tener a Jesús. Para que el creyente viva una vida de lealtad a la verdad, debe tener a Jesús.
Pocos seres humanos han deseado vivir una vida de verdad más que Gandhi, el gran catalizador de la liberación de la India en el siglo XX por medio de la ética de la acción civil no violenta. Tal vez esta es la razón por la que subtituló su autobiografía: La historia de mis experimentos con la verdad, y por la cual soportó pruebas y persecuciones extremas. No obstante, Gandhi comprendió que perseguir la verdad requiere la ayuda de un vidente “perfecto”, un conocedor. Gandhi nunca abrazó el cristianismo o a Jesús, pero sin duda captó el dilema de perseguir la verdad sin el Auxiliador.
Jesús no escatimó palabras cuando declaró: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6). Jesús no solo nos ayuda a encontrar la verdad; él es la Verdad. Ese es el mensaje central que los alumnos necesitan llevar consigo del estudio de esta semana.
Considera: Muchas agrupaciones religiosas difieren en su comprensión de la verdad. ¿Están equivocados esos grupos en su comprensión e interpretación de la verdad? ¿Por qué sí, o por qué no?
¿Por qué un seguidor del hinduismo, del budismo o del islam siquiera consideraría llegar a ser un seguidor de Jesús? ¿Qué hace que la verdad cristiana sea atrayente?
PASO 2: ¡Explora!
Comentario de la Biblia
I. Podemos conocer la verdad (Repasa con tu clase Juan 14:6; Juan 8:32).
Antes de que Jesús declarara a sus discípulos que él era la Verdad, les dijo que era posible conocer la verdad, y que conocer la verdad los haría libres (Juan 8:32). Por supuesto, ellos no tenían la menor idea acerca del significado más profundo de sus palabras. Estaban literalmente caminando y hablando, comiendo y durmiendo con la Verdad, pero no percibían la sutil transformación que había comenzado en sus propias vidas. Estaban comenzando a conocer la verdad.
La palabra conocer que usó Jesús en Juan 8:32 viene de la palabra griega ginósko, que significa “percibir, comprender, reconocer, obtener conocimiento, llegar a saber”. Es el conocimiento de la verdad que comienza como una percepción y avanza hasta el logro completo. Es la verdad obtenida por medio de la experiencia personal. Este concepto de conocer la verdad es radicalmente diferente de dominar un conjunto de hechos. Es relacional.
Antes de la primera venida de Jesús, la verdad había sido oscurecida por muchas prácticas espirituales “creativas”. La gente andaba a tientas en oscuridad espiritual, tanto es así que cuando leían el Antiguo Testamento no podían comprenderlo ni veían a Aquel a quien señalaban los antiguos profetas (2 Cor. 3:14, 15). Hoy no podemos apreciar completamente cuán radical fue que Jesús dijera que la verdad podía ser conocida por las personas comunes de su época. Esta verdad en sí misma había libertado a muchos en los días de Jesús.
Considera: ¿De qué modo la verdad, tal como es en Jesús, todavía nos liberta hoy?
II. La gran excavación (Repasa con tu clase 2 Tim. 2:15; Juan 5:39).
La Biblia, la Santa Palabra de Dios, revela quién es Jesús. Es el medio por el cual comprendemos la gran historia que está detrás de la existencia humana: el gran conflicto entre Dios y Satanás, el plan de salvación, y el fin del pecado y de Satanás para siempre. Por lo tanto, es imposible conocer la Verdad –a Jesús– sin la Santa Palabra de Dios.
Pablo aconsejó a Timoteo que estudiara la Palabra de Dios diligentemente, de modo que pudiera usarla correctamente y nunca avergonzarse. Con tantas vidas en la balanza, un conocimiento claro de los hechos objetivos de la verdad era esencial para el ministerio del joven Timoteo. Los que profesan amar a Jesús debieran encontrarse diligentemente profundizando en la Palabra de Dios.
Considera: Si el estudiar la Palabra de Dios es esencial para conocer y usar bien la verdad, ¿por qué Jesús reprendió a los fariseos de sus días por escudriñar las Escrituras? (Ver Juan 5:39.) Enfatiza el punto de que los fariseos creían que ellos podían ser salvos por su conocimiento de las Escrituras. No sentían necesidad de un Salvador. Esto explica parcialmente por qué estaban tan preparados para matar a Jesús. A la luz de esto, ¿qué tenían específicamente los hábitos de estudio de los fariseos que mereció la condenación de Jesús?
III. Desplegando el Infinito (Repasa con tu clase Juan 15:26; Juan 16:13).
Ambos textos subrayan el papel principal que desempeña el Espíritu Santo en ayudar al creyente a conocer y vivir la verdad como se encuentra en Jesús. No importa cuán fervientes sean nuestros esfuerzos, no importa cuánto excavemos buscando la verdad, no servirá de mucho sin la conducción del Espíritu Santo. ¿Por qué necesitamos el Espíritu Santo? Por un lado, la mente humana es finita y está severamente debilitada por el pecado. La verdad infinita puede ser comprendida por las mentes finitas, solo, en forma limitada. Solo por esta razón, necesitamos el Espíritu Santo.
Jesús prometió que el Espíritu Santo nos guiaría “a toda verdad”. Esto es una noticia muy buena, pero hay más en las palabras de Jesús que lo que podemos ver a primera vista. Esta promesa se refiere no solo a las verdades que se desplegarán mientras estemos aquí sobre la tierra, sino también a las verdades que se desplegarán en el mundo venidero. Debe ser así, porque la verdad de Dios es infinita. El hecho de que los redimidos continuamente estarán aprendiendo las verdades de Dios puede darnos un indicio acerca del papel del Espíritu Santo en el plan educativo del cielo para los redimidos.
Considera: Hemos aprendido hasta aquí que la Verdad es una persona –Jesús– y que esa verdad se despliega a los creyentes por medio de la persona del Espíritu Santo. Es posible llegar a conocer a Jesús, la Verdad. ¿Cómo es posible también conocer al Espíritu Santo? ¿Cómo podemos distinguir la voz del Espíritu en medio del coro de voces que reclaman nuestra atención?
PASO 3: ¡Aplica!
Preguntas para reflexionar:
1. En las Escrituras se nos anima a comprometer nuestras vidas con Jesús, a ir más allá de la profesión de la verdad y abrazarla completamente. ¿Por qué, sencillamente, no alcanza con vivir la verdad sin confesarla abiertamente?
2. Muchos creyentes bien intencionados usan su conocimiento de la verdad para golpear a quienes no comparten sus creencias. Si la Verdad es Jesús, ¿de qué modo esta conducta impacta la visión que tienen de Jesús los no creyentes?
Preguntas de aplicación:
1. Si abrazaras completamente la verdad que ya te ha sido revelada por el Espíritu Santo, ¿cómo cambiaría tu vida? Por ejemplo, tu actitud en el trabajo ¿sería diferente? ¿Y cómo sería tu lenguaje? ¿Necesitarías cambiar tus hábitos de conducir tu automóvil? ¿Y las elecciones que haces para tu entretenimiento? ¿Qué estás haciendo con la verdad que Dios ya te ha revelado?
2. Completa las siguientes declaraciones:
- La verdad que quisiera que Dios me ayude a vivir esta semana es... - Estoy eligiendo esta verdad para vivir, porque...
PASO 4: ¡Crea!
Solo para los maestros: Pregunta a los miembros de tu clase qué les enseñan las siguientes actividades acerca de por qué Jesús es la Verdad viviente y el único Camino al cielo.
Jesús vino a quitar el velo de los corazones de la gente con respecto a su falta de comprensión del Antiguo Testamento y a abrir sus ojos a la verdad. Invita a uno o más miembros de la clase, que tengan inclinación musical, a escribir un canto durante la semana próxima, que describa cómo Jesús quita el velo de nuestros corazones y elimina nuestra ceguera espiritual. Comienza o termina el estudio con este canto, o enséñalo a la clase. Analiza cómo las palabras del canto profundizan nuestra comprensión de la manera en que Jesús abre nuestras mentes y corazones a la verdad.
El programa de informática Map Quest te dará instrucciones para ir desde cualquier punto de origen a cualquier destino en el mundo. La tecnología GPS (sistema de posicionamiento global) indica la posición exacta de tu vehículo desde un satélite ubicado en el espacio. Ambas herramientas para navegar te ayudan, con eficiencia y exactitud, a llegar a donde necesitas ir. Si la Biblia es nuestro atlas para el cielo, ¿qué habría en el “mapa” que nos lleve allá? Si tuvieras que dar indicaciones a alguien para ir al cielo, o dibujar un mapa para ir al cielo, ¿qué vueltas, carteles de señales camineras, y postes indicadores espirituales incluirías en tus indicaciones? Para los que desean ir un paso más, ¿cómo sería un mapa real de este camino? Analiza las ideas de los miembros con la clase, y dibújalas en un papel. Provee marcadores y papeles si hacen esto durante la clase, o dibujen el mapa en el pizarrón, o una cartulina grande.
Guía de Estudio de la Biblia: El Fruto del Espíritu / Edición para Maestros. Periodo: Trimestre Enero-Marzo de 2010
Autor: Richard O'Fill, es escritor (El Cristiano Victorioso, Un Fruto Divino entre otros libros) y orador del ministerio Revival Sermons, ha trabajado para la iglesia en tres continentes, incluyendo siete años en las oficinas centrales de la Asociación General. Reside actualmente en Orlando, Florida, EE.UU.
Comentario a cargo del Pr. Doug Batchelor,principal orador, Director de"Amazing Facts" ypastor de la Iglesia Central Adventista del Séptimo Día de Sacramento, California.
Guía de Estudio de la Biblia: El Fruto del Espíritu Periodo: Trimestre Enero-Marzo de 2010. Autor: Richard O'Fill, es escritor (El Cristiano Victorioso, Un Fruto Divino entre otros libros) y orador del ministerio Revival Sermons, ha trabajado para la iglesia en tres continentes, incluyendo siete años en las oficinas centrales de la Asociación General. Reside actualmente en Orlando, Florida, EE.UU. Editor: Clifford Goldstein
Lee Para el Estudio de esta Semana:Mateo 23:25-28; Romanos 3:28; 8:4; 10:3; Gálatas 3:6; 1 Juan 2:3-6; 5:1-3.
Para Memorizar:“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados” (Mat. 5:6).
La semana pasada terminamos nuestro estudio de los nueve aspectos del fruto del Espíritu (Gál. 5:22, 23). Las próximas semanas estudiaremos dos más: “Porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad” (Efe. 5:9). En este versículo Pablo repite la referencia a la “bondad”, pero añade la justicia y la verdad. Esta semana consideraremos qué es la “justicia”.
Entendemos la justicia de dos maneras. La primera es la justicia imputada de Cristo, que es lo que Jesús hizo por nosotros, la justicia que nos cubre y que es nuestro pasaporte al cielo. La segunda es la justicia impartida de Cristo, que es lo que él hace en nosotros, por medio del Espíritu Santo, para modelarnos a su imagen. Entendida de este modo, la justicia tiene dos componentes inseparables, aun cuando todo es realmente una sola: la justicia de Cristo, sin la cual no tendríamos esperanza de salvación.
La necesidad de justicia. Domingo 7 de marzo
“Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley” (Rom. 3:28). “Porque Jehová es justo, y ama la justicia; el hombre recto mirará su rostro” (Sal. 11:7). “Abominación es a Jehová el camino del impío; mas él ama al que sigue justicia” (Prov. 15:9). “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia, y por cuya herida fuisteis sanados” (1 Ped. 2:24). “Para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Rom. 8:4). “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mat. 6:33). “Si sabéis que él es justo, sabed también que todo el que hace justicia es nacido de él” (1 Juan 2:29).
Refiriéndote a los textos transcriptos arriba, responde a las siguientes preguntas:
1. Si no podemos ser justificados por la ley, entonces, ¿cómo somos justificados? 2. Aunque sabemos que Dios odia el pecado, pero ama al pecador, ¿qué conclusiones erróneas debemos evitar? 3. ¿Qué significa: “Que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros”? ¿Podemos alguna vez cumplir la ley lo suficientemente bien como para satisfacerla? ¿O Pablo quiere decir otra cosa? Si es así, ¿qué es? 4. ¿Cómo deberían ser cambiadas nuestras vidas cuando buscamos primero el reino de Dios y su justicia? 5. ¿Qué significa “hacer justicia”? ¿Podemos ser justos sin hacer justicia? Justifica tu respuesta.
Justicia casera. Lunes 8 de marzo
“Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios” (Rom. 10:3). ¿De qué crees que está hablando Pablo aquí? ¿De quién está hablando, y cómo podrían haber tratado esas personas de establecer su “propia justicia”? Dada la naturaleza humana, ¿por qué eso es imposible, de todos modos?
Una actividad “hazlo tú mismo” es aquella en la que una persona hace algo (como el trabajo en madera o reparaciones domésticas) sin adiestramiento o ayuda profesional. En su sentido más amplio, es una actividad en la cual uno hace algo por sí mismo o por propia iniciativa. A veces nos referimos a una persona especialmente exitosa como un hombre o una mujer que se hicieron a sí mismos. De acuerdo con la Biblia, sin embargo, un enfoque de “hazlo tú mismo” respecto de la verdadera justicia es imposible. No hay nada que podamos hacer por nosotros mismos, no importa cuánto tratemos de hacerlo, para ser justos delante de Dios. Nuestra justicia es como “trapo de inmundicia” (Isa. 64:6). En realidad, procurar hacernos justos a nosotros mismos a menudo conduce al resultado opuesto.
Lee Mateo 5:20 y 23:25 al 28. ¿De qué modo Jesús destaca el problema que proviene de aquellos que procuran hacerse justos a sí mismos?
Lo que es vital que comprendamos los cristianos es cuán totalmente dependientes somos de Cristo para tener justicia. Lo que nos hace santos ante Dios es lo que Cristo ha hecho por nosotros, no lo que nosotros hacemos. El momento en que alguien pierde de vista esta verdad, es muy fácil que surja la justicia propia, junto con el orgullo y la corrupción interior. Los escribas y los fariseos fueron excelentes ejemplos de cómo ocurre esto. Tan preocupados estaban con sus actos externos de piedad, que perdieron de vista lo que realmente importa.
¿De qué modos podrías ser culpable del mismo pecado que el de los escribas y los fariseos? ¿Cómo podría esta trampa ser más sutil de lo que pensamos?
Cristo, nuestra justicia (Rom. 5:17). Martes 9 de marzo
Lee Romanos 5:17 al 19, y resume en tus propias palabras lo que Pablo está diciendo aquí. ¿De qué modo estamos condenados, y cómo llegamos a ser justos?
Si la justicia de Jesús es un regalo, ¿cómo la obtenemos? Gál. 3:6; Sant. 2:23.
En Romanos 5:19, nota el énfasis en la desobediencia y en la obediencia. La desobediencia de un hombre, Adán, llevó a que todos nosotros fuésemos pecadores. Esta es una enseñanza bíblica básica. El pecado de Adán produjo la caída de la raza humana. Todos y cada uno de nosotros, cada día de nuestras vidas, vivimos con los resultados de ella. Ninguno es inmune.
Sin embargo, el mismo versículo, también habla de la obediencia. ¿De quién? Por supuesto, la obediencia de Cristo, que es el único que tiene la justicia necesaria para la salvación, la justicia que se da a todos los que “reciben la abundancia de la gracia”. En realidad, en el mismo versículo, Pablo dice que los que reciben esta gracia obtienen el “don de la justicia”. Nota, es un don. Como un regalo, no debe ser merecido ni ganado. El momento en que es ganado, o merecido, ya no es más gracia (Rom. 4:4).
No obstante, no es un regalo universal. La justicia de Cristo no se otorga automáticamente a todos (Rom. 5:17). Pablo es claro: viene solo a aquellos que la reciben; es decir, se da a aquellos que la reclaman por fe: tal como Abraham, quien creyó a Dios, y le fue “contado por justicia” (Gál. 3:6).
¿Comprendes realmente lo que significa ser salvo por fe? ¿Cuán bien captas la idea de que es solo la justicia de Jesús, acreditada a ti por la fe, lo que te permite ser justo y estar justificado ante Dios? ¿Qué puedes hacer para comprender mejor esta provisión maravillosa, el fundamento del evangelio?
Justicia y obediencia (1 Juan 2:29). Miércoles 10 de marzo
Aunque nos cubre la justicia de Cristo, esa justicia debe revelarse en nuestras vidas. La justicia no es solo una declaración legal. También llega a ser una realidad en la vida de la persona que la tiene. Cuán cuidadosamente deberíamos escuchar las palabras de Juan: “Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo” (1 Juan 3:7).
¿Acerca de qué podríamos ser engañados con respecto a lo que significa ser justo?
La justicia es el fruto del Espíritu que está conectado con la obediencia. Para algunas personas, la obediencia es inconsistente con la salvación por la fe. A veces se puede escuchar: “Ahora que has aceptado a Jesús como tu Salvador, ¿no lo aceptarás como el Señor de tu vida?” La implicación parece ser que nuestra obediencia a la voluntad de Dios y nuestra salvación son problemas separados. Eso es una grave y mala interpretación de lo que es la salvación. Juan escribió que vivir una vida justa es un indicador verificable de aquellos que tienen la salvación.
Lee 1 Juan 2:3 al 6. ¿Qué es lo que Juan destaca aquí?
Cuando se plantea el tema de la obediencia, no es inusual que alguien señale que no somos salvados por las obras. Aunque no puede haber duda de que la obediencia de Lucifer a la voluntad de Dios no lo puso en el cielo, debemos recordar que fue su desobediencia lo que hizo que fuera expulsado de allí. Lo mismo puede decirse de Adán y Eva. Su obediencia no los puso en el Jardín del Edén, pero fue su desobediencia a la voluntad de Dios la que hizo que fueran puestos afuera del Jardín.
“La justicia es la práctica del bien, y es por sus hechos por lo que todos han de ser juzgados. Nuestros caracteres se revelan por lo que hacemos. Las obras muestran si la fe es genuina o no” (PVGM 254).
¿Cuán bien manifiestas el fruto de justicia en tu vida? ¿Qué prácticas podrías necesitar abandonar que están impidiendo el fruto de justicia en tu vida? (Ten cuidado de no tratar de racionalizarlas para hacerlas desaparecer).
La vida justa. Jueves 11 de marzo
“Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos” (1 Juan 5:1-3).
¿De qué manera vincula Juan el amor a Dios, con el amor que tienen los demás feligreses, y con el guardar los mandamientos? ¿Por qué uniría él todos estos elementos?
“El hombre que trata de guardar los mandamientos de Dios solamente por un sentido de obligación –porque se le exige que lo haga– nunca sentirá en el gozo de la obediencia. Él no obedece. Cuando los requerimientos de Dios son considerados como una carga porque se oponen a la inclinación humana, podemos saber que la vida no es una vida cristiana. La verdadera obediencia es el resultado de la obra efectuada por un principio implantado dentro. Nace del amor a la justicia, el amor a la ley de Dios. La esencia de toda justicia es la lealtad a nuestro Redentor. Esto nos inducirá a hacer lo bueno porque es bueno, porque el hacer el bien agrada a Dios” (PVGM 70; la cursiva fue añadida).
Y ¿qué mejor forma de inspirar en nosotros un deseo de ser leal a Dios que por medio de la contemplación de su increíble sacrificio en la cruz en nuestro favor? No hay poder en decir a la gente que tiene que guardar la ley. El poder viene al señalar a la gente a Jesús y su muerte sustitutiva en nuestro favor. El poder viene al permitir que los pecadores sepan que sus pecados pueden ser perdonados mediante Jesús, y que pueden estar perfectos ante Dios cubiertos con el manto de la justicia de Cristo.
El amor a Dios, y no el temor al infierno y la condenación, debería ser el poder que motiva nuestras vidas, y nada nos impulsará más a amar a Dios que concentrarnos en la cruz y las riquezas y promesas que son nuestras por intermedio de ella.
¿Realmente amas a Dios? Si es así, ¿cómo lo sabes? (¿Podrías estar engañándote a ti mismo?) ¿Qué haces o dices que revela la realidad de este amor? En otras palabras, ¿qué evidencia hay de que este amor es real?
Para Estudiar y Meditar. Viernes 12 de marzo
“No es suficiente que creamos que Jesús no es un impostor, y que la religión de la Biblia no consiste en fábulas arteramente compuestas. Podemos creer que el nombre de Jesús es el único nombre debajo del cielo por el cual el hombre puede ser salvo, y sin embargo, no hacer de él, por la fe, nuestro Salvador personal. No es suficiente creer la teoría de la verdad. No es suficiente profesar fe en Cristo y tener nuestros nombres registrados en el libro de la iglesia. ‘El que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado’. ‘Y en esto sabemos que nosotros le conoceremos, si guardamos sus mandamientos’ (1 Juan 3:24; 2:3). Esta es la verdadera evidencia de la conversión. No importa cuál sea nuestra profesión de fe, no nos vale de nada a menos que Cristo se revele en obras de justicia” (PVGM 254).
Preguntas Para Dialogar:
1.¿Cómo podemos evitar la trampa del legalismo, de pensar que nuestras obras nos salvarán, o la trampa de la gracia barata, de pensar que nuestras obras no tienen nada que ver con nuestra salvación? ¿Cómo llegamos a un equilibrio correcto aquí? ¿Hacia qué cuneta te sueles inclinar más, a la de la gracia barata, o a la del legalismo?
2.¿Cuál es el peligro inherente de que nuestras vidas sean motivadas por el deseo de hacer buenas obras? ¿Hacia qué puede conducir esto, y cómo podemos evitarlo?
3. Piensa en una persona que conoces que parece ser “justa”. ¿Cómo es esta persona? ¿De qué manera actúa? ¿De qué modo trata a la gente? ¿De qué habla esta persona? ¿Qué puedes aprender de esta persona?
4.Tendemos a pensar en la justicia en términos individuales, lo cual es correcto. Pero ¿no hay también un elemento comunitario? ¿Puede la comunidad de nuestra iglesia ser “justa”? Si es así, ¿cómo? ¿Cómo se vería la comunidad de una iglesia justa? ¿De qué modo se compara tu iglesia con el ideal que recién tenías en la mente?
5. Si la salvación por la fe significa más que meramente hacer una profesión de fe en Cristo y tener nuestros nombres registrados en la lista de la iglesia, entonces, ¿qué significa realmente? ¿Qué es “fe” en el sentido bíblico del término?
Guía de Estudio de la Biblia: El Fruto del Espíritu / Edición para Adultos. Periodo: Trimestre Enero-Marzo de 2010
Autor: Richard O'Fill, es escritor (El Cristiano Victorioso, Un Fruto Divino entre otros libros) y orador del ministerio Revival Sermons, ha trabajado para la iglesia en tres continentes, incluyendo siete años en las oficinas centrales de la Asociación General. Reside actualmente en Orlando, Florida, EE.UU. Editor: Clifford Goldstein
Nuestro bienestar eterno depende de nuestra obediencia a Dios; por lo tanto debiera ser nuestra prioridad buscarlo a él y conocerlo. Todo lo demás debiera ocupar un lugar secundario. La Palabra, que es nuestra guía, declara: "Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas" (S. Mateo 6:33). Siendo que todos los poderes de la mente, el alma y las fuerzas deben ser usadas y aumentadas para la gloria de Dios, debemos investigar con fervor y diligencia las Escrituras para conocer nuestros deberes hacia el Creador. Al hacerlo, comprenderemos que Dios no nos requiere algo para lo cual no haya hecho amplia provisión para ayudarnos. Mediante la gracia de Cristo, el ser humano puede cumplir todo lo que se requiere de él (Signs of the Times, agosto 2, 1899).
"Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, muchos serán constituidos justos" (Romanos 5:19).
Puesto que el hombre caído no podía vencer a Satanás con su fortaleza humana, vino Cristo de las reales cortes del cielo para ayudarlo con su fortaleza humana y divina combinadas. Cristo sabía que Adán en el Edén, con sus excelentes ventajas, podía haber resistido la tentación de Satanás y podía haber vencido. Sabía también que no era posible que el hombre, fuera del Edén, separado de la luz y del amor de Dios desde la caída, resistiera con su propia fuerza las tentaciones de Satanás. A fin de proporcionar esperanza al hombre y salvarlo de su completa ruina, se humilló a sí mismo al tomar la naturaleza humana, para que, con su poder divino combinado con el humano, pudiera alcanzar al hombre donde éste está. Obtuvo para los caídos hijos e hijas de Adán aquella fortaleza que es imposible que logren por sí mismos, para que en el nombre de Cristo puedan vencer las tentaciones de Satanás (¡Maranata: El Señor viene!, p. 222).
La necesidad de justicia. Domingo 7 de marzo
Los que tienen hambre y sed de justicia se llenarán de un deseo de poseer un carácter similar al de Cristo, contemplar su imagen para ser transformados a su semejanza, andar en los caminos del Señor y hacer justicia y juicio. Y esto significa cultivar un ferviente deseo de recibir la justicia de Cristo. Nada de las cosas temporales debiera desviar la mente de tal manera que dejemos de experimentar el hambre del alma por tener los atributos del Señor. Su mandato es: "Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas" (Signs of the Times, agosto 29, 1895).
"Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados" (1 Pedro 2:24).
Gracias a que Cristo sufrió el castigo en su propio cuerpo sobre la cruz, el hombre dispone de una segunda oportunidad. Si quiere, puede volver a ser leal. Pero si no quiere obedecer los mandamientos de Dios, si rechaza las amonestaciones y los mensajes del Señor para aceptar más bien las palabras seductoras pronunciadas por los que se hacen eco del engañador, su ignorancia es voluntaria, y la condenación de Dios está sobre él. Elige la desobediencia porque la obediencia significa llevar la cruz y practicar la abnegación, y seguir a Cristo en la senda de la obediencia. La mente natural se inclina hacia el placer y la complacencia propia, y es el plan de Satanás proveer estas cosas en abundancia para que la excitación domine a los hombres y no les dé tiempo para considerar esta pregunta: "¿En qué condición está mi alma?" El amor a los placeres es contagioso...
La capacidad de gozar de las riquezas de la gloria aumentará con el deseo que tengamos de poseerlas. ¿Cómo podremos aumentar nuestro aprecio por Dios y las cosas celestiales a menos que sea en esta vida? Si permitimos que las exigencias y los cuidados de este mundo absorban todo nuestro tiempo y toda nuestra atención, nuestras facultades espirituales se debilitarán y morirán por falta de ejercicio. En una mente totalmente entregada a las cosas terrenales, está cerrado todo intersticio por medio del cual se podría filtrar la luz del cielo. En ese caso no se puede sentir el efecto de la gracia transformadora de Dios sobre la mente y el carácter. Se ignoran y se descuidan los talentos que se podrían usar. ¿Cómo se puede responder, entonces, cuando se oye esta invitación: "Venid, que ya todo está preparado" (S. Lucas 14:17)? ¿Cómo es posible que un hombre reciba esta alabanza: "Bien, buen siervo fiel" cuando ha sido desobediente desagradecido e impío? Ha educado su mente para descartar los claros requerimientos de Dios y para sentir disgusto por lo religioso. ama las cosas de la tierra más que las celestiales.
La obediencia a los mandamientos de Dios dará como resultado que nuestros nombres sean inscriptos en el Libro de la Vida del Cordero. "Porque somos hechos participantes de Cristo" (Hebreos 3:14) (Cada día con Dios, p. 87).
Justicia casera. Lunes 8 de marzo
La justicia propia no es verdadera justicia, y los que se adhieran a ella tendrán que sufrir las consecuencias de haberse atenido a un fatal engaño. Muchos pretenden hoy día obedecer los mandamientos de Dios, pero no tienen en sus corazones el amor de Dios que fluye hacia otros. Cristo los llama a unirse con él en su obra por la salvación del mundo, pero ellos se contentan diciendo: "Yo, señor, voy". Pero no van. No cooperan con los que están realizando el servicio de Dios. Son perezosos. Como el hijo infiel, hacen a Dios promesas falsas. Al encargarse del solemne pacto de la iglesia se han comprometido a recibir y obedecer la Palabra de Dios, a entregarse al servicio de Dios; pero no lo hacen. Profesan ser hijos de Dios, pero en su vida y carácter niegan su relación con él. No se rinden a la voluntad de Dios. Están viviendo una mentira (Palabras de vida del Gran Maestro, pp. 221, 222).
Se ha pensado que una religión legalista era la religión adecuada para este tiempo. Pero es un error. El reproche de Cristo para los fariseos es aplicable a los que han perdido su primer amor en su corazón. Una religión fría y legalista nunca puede conducir las almas a Cristo, pues es una religión sin amor y sin Cristo. Cuando el ayuno y la oración se practican con un espíritu de justicia propia, esto resulta algo abominable para Dios. La reunión solemne para el culto, la rutina de las ceremonias religiosas, la humillación externa, el sacrificio impuesto, todos proclaman al mundo el testimonio de que quien realiza esas cosas se considera justo. Esas cosas llaman la atención al que observa esos rigurosos deberes y dice. Este hombre tiene derecho al cielo. Pero todo es un engaño. Las obras no nos comprarán la entrada en el cielo. La única gran ofrenda que ha sido hecha es amplia para todos los que crean. El amor de Cristo animará al creyente con nueva vida. El que bebe del agua de la fuente de la vida, estará lleno con el vino nuevo del reino. La fe en Cristo será el medio por el cual es espíritu y los motivos correctos moverán al creyente, y toda bondad e inclinación celestial procederán de aquel que contempla a Jesús, el autor y consumador de su fe. Confiad en Dios, no en los hombres. Dios es vuestro Padre celestial que está dispuesto a sobrellevar pacientemente vuestras debilidades, y a perdonarlas y curarlas. "Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado" (S. Juan 17:3). Contemplando a Cristo, seréis transformados hasta el punto de que aborreceréis vuestro orgullo anterior, vuestra vanidad y vuestro amor propio anteriores, vuestra justicia propia e incredulidad. Os desprenderéis de esos pecados como de una carga inútil y caminaréis humilde, mansa y confiadamente delante de Dios. Os ejercitaréis en el amor la paciencia, la delicadeza, la bondad, la misericordia y en toda gracia que mora en el hijo de Dios y que al fin encontrará un lugar entre los santificados y puros (Mensajes selectos, t. 1, pp. 454, 455).
Podemos lisonjearnos como Nicodemo de que nuestra vida ha sido muy buena, de que nuestro carácter es perfecto, y pensar que no necesitamos humillar nuestro corazón delante de Dios como el pecador común, pero cuando la luz de Cristo resplandece en nuestras almas, vemos cuán impuros somos; discernimos el egoísmo de nuestros motivos y la enemistad contra Dios que han manchado todos los actos de nuestra vida. Entonces conocemos que nuestra propia justicia es en verdad como andrajos inmundos y que solamente la sangre de Cristo puede limpiarnos de las manchas del pecado y renovar nuestro corazón a su semejanza (Conflicto y valor, p. 292).
Cristo, nuestra justicia (Rom. 5:17). Martes 9 de marzo
La posibilidad de vencer está en nuestras manos, pero no lo lograremos en nuestro propio nombre o con nuestras propias fuerzas. Por nosotros mismos no podemos guardar los mandamientos de Dios; su Espíritu debe ayudarnos en nuestra debilidad. Cristo ha llegado a ser nuestro sacrificio; se hizo pecado por nosotros para que nosotros podamos llegar a ser justicia de Dios en él. Mediante la fe, su justicia nos es imputada y llega a ser un principio viviente en nuestra vida. El apóstol nos muestra cuál es el privilegio del cristiano. "Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda plenitud de Dios" (Efesios 3:14-19).
Cristo nos ofrece su carácter impecable y nos presenta delante del Padre con su propia pureza. Hay muchos que piensan que es imposible escapar del poder del pecado, pero la promesa es que seremos llenos de toda la plenitud de Dios. Nos ponemos blancos muy bajos; el ideal es mucho más alto. Nuestras mentes necesitan expandirse para comprender la magnitud de las provisiones divinas. Tenemos que reflejar los más altos atributos del carácter de Dios, pero podemos agradecer que no debemos hacerlo por nosotros mismos. La ley de Dios es el ideal que debemos alcanzar pero solamente podemos hacerlo mediante la justicia imputada de Cristo. No podemos caminar de acuerdo a nuestras propias ideas y dar ese ejemplo de modelo humano para que otros lo sigan. Por el contrario, debemos seguir las pisadas de Cristo para que nuestros pies caminen por el sendero correcto a fin de que otros, con mayores dificultades, no se salgan del camino (Review and Herald, julio 12, 1892).
Dios tiene abundancia de gracia y poder esperando que los pidamos. Pero la razón por la cual no sentimos nuestra gran necesidad de él es que nos miramos a nosotros mismos en lugar de mirar a Jesús. No exaltamos a Jesús ni reposamos plenamente en sus méritos.
La provisión hecha es completa y la justicia eterna de Cristo es acreditada a cada alma creyente. El manto costoso e inmaculado, tejido en el telar del cielo, ha sido provisto para el pecador arrepentido y creyente, y él puede decir: "En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia" (Isaías 61:10).
Se ha dispuesto gracia abundante para que el alma creyente pueda ser preservada del pecado, pues todo el cielo, con sus recursos ilimitados, ha sido colocado a nuestra disposición. Hemos de extraer del pozo de la salvación... Somos pecadores por nosotros mismos, pero somos justos en Cristo. Habiéndonos hecho justos por medio de la justicia imputada de Cristo, Dios nos declara justos y nos trata como a tales. Nos contempla como a sus hijos amados. Cristo obra contra el poder del pecado, y donde abundó el pecado, sobreabunda la gracia (La maravillosa gracia de Dios, p. 181).
Justicia y obediencia (1 Juan 2:29). Miércoles 10 de marzo
No ganamos la salvación con nuestra obediencia; porque la salvación es el don gratuito de Dios, que se recibe por la fe. "Sabéis que él fue manifestado para quitar los pecados, y en él no hay pecado. Todo aquel que mora en él no peca; todo aquel que peca no le ha visto, ni le ha conocido" (1 Juan 3:5, 6). He aquí la verdadera prueba. Si moramos en Cristo, si el amor de Dios mora en nosotros, nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, nuestras acciones, tienen que estar en armonía con la voluntad de Dios como se expresa en los preceptos de su santa ley. "¡Hijitos míos, no dejéis que nadie os engañe! el que obra justicia es justo, así como él es justo" (1 Juan 3:7). Sabemos lo que es justicia por el modelo de la santa ley de Dios, como se expresa en los Diez Mandamientos dados en el Sinaí.
Esa así llamada fe en Cristo, que según se declara exime a los hombres de la obligación de la obediencia a Dios, no es fe sino presunción. "Por gracia sois salvos, por medio de la fe". Mas "la fe, si no tuviere obras, es de suyo muerta" (Efesios 2:8; Santiago 2:7). Jesús dijo de sí mismo antes de venir al mundo: "Me complazco en hacer tu voluntad, oh Dios mío, y tu ley están en medio de mi corazón" (Salmo 40:8). Y cuando estaba por ascender a los cielos, dijo otra vez: "Yo he guardado los mandamientos de mi padre, y permanezco en su amor" (S. Juan 15:10). La Escritura dice: "¡Y en eso sabemos que le conocemos a él, a saber, si guardamos sus mandamientos... El que dice que mora en él, debe también él mismo andar así como él anduvo" (1 Juan 2:3-6). "Pues que Cristo también sufrió por vosotros, dejándoos ejemplo, para que sigáis en sus pisadas" (1 Pedro 2:21) (El camino a Cristo, pp. 60, 61).
La provisión hecha para la salvación de los seres humanos mediante la justicia imputada de Cristo no anula la ley ni disminuye sus requerimientos. Cristo vino para exaltar la ley, para establecerla, y para revelar su carácter inmutable. El evangelio de la gracia no ofrece otro camino de salvación que no sea la obediencia a la ley de Dios, pero ésta debe ser hecha en la persona de Jesucristo, el divino sustituto. En la antigua dispensación los creyentes también eran salvados por la gracia de Cristo. El pacto abrahámico no ofrecía otro medio de salvación aparte de lo que ofrece el evangelio.
Aunque se nos amonesta a obedecer, no debemos pensar que nuestras buenas obras nos dan algún mérito para la salvación; ésta es un don gratuito de Dios y se recibe por la fe. La ofrece Cristo al alma arrepentida mediante el gran plan de redención. Pero la prueba de nuestro amor a él, la evidencia de nuestra fe, es la obediencia a su santa ley. Nuestro Salvador dice: "El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él" (S. Juan 14:21). Cristo nos pide que guardemos los mandamientos porque sabe que el resultado será formar un carácter de acuerdo a la semejanza divina (Signs of the Times, mayo 16, 1895).
La vida justa. Jueves 11 de marzo
El amor puro es sencillo en su obra, y separado de todo otro principio de acción. Cuando se combina con motivos terrenales e intereses egoístas, deja de ser puro. Dios considera más con cuánto amor trabajamos, que cuánta cantidad de trabajo hacemos. El amor es un atributo celestial. El corazón natural no puede originarlo. Esta planta celestial solamente florece donde Cristo reina en forma suprema. Donde existe amor, allí hay poder y verdad en la vida. Dios hace el bien y sólo el bien. Los que tienen amor llevan fruto de santidad, y finalmente reciben la vida eterna (Hijos e hijas de Dios, p. 51).
Se necesita orar mucho y velar para no caer en tentación. Nadie puede guardar los mandamientos de Dios si no tiene amor en su corazón, porque sin amor no existe verdadera obediencia. Cuando el amor a Dios es el principio supremo en el alma, se manifestará en palabras y actos amantes hacia los que nos rodean (Signs of the Times, febrero 24, 1898).
La gracia es un favor inmerecido y el creyente es justificado sin ningún mérito de su parte, sin ningún derecho que presentar ante Dios. Es justificado mediante la redención que es en Cristo Jesús, quien está en las cortes del cielo como el sustituto y la garantí del pecador. Pero si bien es cierto que es justificado por los méritos de Cristo, no está en libertad de proceder injustamente. La fe obra por el amor y purifica el alma. La fe brota, florece y da una cosecha de precioso fruto. Donde está la fe, aparecen las buenas obras. Los enfermos son visitados, se cuida de los pobres, no se descuida a los huérfanos ni a las viudas, se viste a los desnudos, se alimenta a los desheredados. Cristo anduvo haciendo bienes, y cuando los hombres se unen con él, aman a los hijos de Dios, y la humildad y la verdad guían sus pasos. La expresión del rostro revela su experiencia y los hombres advierten que han estado con Jesús y que han aprendido de él. Cristo y el creyente se hacen uno, y la belleza del carácter de Cristo se revela en los que están vitalmente relacionados con la fuente de poder y de amor. Cristo es el gran depositario de la rectitud que justifica y de la gracia santificante (Mensaje selectos, T. 1, pp. 465, 466).
Guía de Estudio de la Biblia: El Fruto del Espíritu / Notas de Elena G. de White. Periodo: Trimestre Enero-Marzo de 2010
Autor: Richard O'Fill, es escritor (El Cristiano Victorioso, Un Fruto Divino entre otros libros) y orador del ministerio Revival Sermons, ha trabajado para la iglesia en tres continentes, incluyendo siete años en las oficinas centrales de la Asociación General. Reside actualmente en Orlando, Florida, EE.UU. Editor: Clifford Goldstein
Texto Clave: "Como está escrito: 'No hay justo, ni aun uno...'" Romanos 10:3.
Enseña a tu clase a:
Saber que la justicia se encuentra solo en Jesús. Sentir el deseo de tener paz con Dios y con uno mismo. Hacer una entrega completa a la voluntad de Dios en Cristo.
Bosquejo de la Lección
1. Saber: Jesús, la única Fuente de justicia
A. La justicia que salva y santifica se encuentra solo en Jesús. No hay alternativa. Esta verdad fundamental se expresa de varios modos en las Escrituras. a. En la parábola de la Vid, ¿de qué modo ilustró Jesús que solo en él podemos ser justos? b. ¿De qué manera un elevado concepto de la santidad nos ayuda a comprender que la justicia no se puede lograr por esfuerzos humanos? c. ¿De qué formas la justicia propia nos hace víctimas?
2. Sentir: Paz con Dios
A. La nación judía no se sometió a la justicia provista por Jesús y puso su confianza en la obediencia a la ley. a. Siendo que la obediencia es un producto de la justificación por la fe, ¿de qué forma hay peligro de que pueda conducirnos a un formalismo legalista en la conducta? b. La mayoría de los dones del Espíritu encuentran su expresión en nuestra relación con otras personas. ¿Qué conexión hay entre el amor, la paz, la benignidad, la bondad y la justificación por la fe? c. ¿De qué manera deberíamos comprender la definición de la justificación como hacer lo recto, pero evitar el legalismo?
Resumen: La justicia solo se encuentra en Jesús; no hay otro camino a la victoria cristiana. Ríndete a Cristo, y la obediencia a su voluntad resultará en crecimiento espiritual.
CICLO DE APRENDIZAJE
PASO 1: ¡Motiva!
Concepto clave para el crecimiento espiritual: La justicia de Jesucristo es la única justicia que satisface la norma de santidad de Dios. La humanidad es impotente para igualarla, o duplicarla. Es un don gratuito de Dios, que opera en la vida del creyente por medio de la obra del Espíritu Santo, que mora en la persona.
Solo para los maestros: La tarea del maestro esta semana es ayudar a la clase a comprender que Dios nos ha provisto con el poder de vivir con justicia aquí mismo en la tierra. Pero para hacerlo, debemos aceptar el don de la justicia de Cristo y entregarnos sin reservas a la conducción del Espíritu Santo que lleva la vida de Jesús a la vida del creyente. La promesa de Dios es que todos los que “tienen hambre y sed de justicia, [...] serán saciados” (Mat. 5:6), ¡con Jesús!
No hay mayor desafío en la vida del creyente que producir obras que igualen su profesión de fe. Para muchos que luchan es algo parecido a la condena de Sísifo, el personaje mitológico griego cuya maldición eterna era hacer rodar una gran roca cuesta arriba de una colina cada día, solo para verla caer abajo otra vez. El apóstol Pablo capturó la lucha de Sísifo, que tiene el creyente, cuando escribió: “Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago” (Rom. 7:15).
Considera: Analiza con tu clase la siguiente pregunta: ¿De qué modo puede medirse la obra del Espíritu Santo en la vida del creyente, mientras el Espíritu le enseña a vivir con justicia?
PASO 2: ¡Explora!
Solo para los maestros: La meta de la sección “Comentario de la Biblia” de esta semana tiene tres partes: 1) Enfatizar que Jesús satisface nuestra hambre y sed de justicia. 2) Demostrar los peligros de entender mal el don de la justicia de Cristo. 3) Enfatizar que el conocimiento del ministerio de Cristo no es suficiente para que el creyente crezca en la gracia.
Comentario de la Biblia
I. Él es todo lo que necesitamos (Repasa con tu clase Mat. 5:6; Juan 6:32-35).
Jesús conocía a la audiencia que se había reunido delante de él para escuchar lo que más tarde se llamaría el Sermón del Monte. Estas personas corrientes sabían de los peligros de vivir en un lugar con muy poca lluvia anual. Entendían los peligros de perderse en el desierto semiárido del antiguo Cercano Oriente. Con poca vegetación y un suministro escaso de agua, saber dónde encontrar sustento no se tomaba con ligereza. No obstante, Jesús habló de un hambre y una sed más profundos, una escasez del alma que nunca podía ser llenada con nada terrenal.
Un tiempo después, en otro discurso, Jesús desarrolló algo que solo había mencionado de paso en el Sermón del Monte. En Juan 6, habló del motivo del hambre de justicia, pero esta vez ofreció un camino para resolver el problema. Se ofreció a sí mismo como el Pan de Vida. Jesús pareció decirles: “Todo lo que ustedes necesitan, está en mí”.
Considera: Para los que tienen hambre y sed de justicia –tanto la justicia impartida como la imputada– Jesús no ofrece una lista de cosas que hay que hacer y que no hay que hacer. Se ofrece a sí mismo. ¿Por qué es esto? ¿Por qué no le dio Jesús a la humanidad un código de conducta a seguir, tal como una ley, y luego le deseó buena suerte?
II. Ignorancia mortal (Repasa con tu clase Rom. 10:3)
La ignorancia puede ser buena cuando se consideran ciertos temas, pero no así cuando se trata de la obra de Jesús. La ignorancia nunca es más mortal que cuando los seres humanos dejan de comprender el significado del nacimiento, la vida, la muerte y la resurrección de Jesús, es decir, las buenas nuevas de la salvación.
El estudio de la sección del lunes destaca que muchos creyentes tratan de construir una justicia “hazlo-tú-mismo” para que, de algún modo, puedan hacerse aceptables a Dios. Esta pérdida de tiempo y esfuerzo surge de entender mal lo que Cristo hizo por nosotros por medio de su ministerio terrenal. ¡Las buenas nuevas son que Cristo ha obtenido la salvación plena y completamente para toda la humanidad! Solo necesitamos aceptarla por nosotros mismos.
En Romanos 10:3, Pablo se refiere a la ignorancia de los judíos, que deberían haber sabido que eran impotentes para construir una justicia propia. Tenían “celo de Dios”, pero no era “conforme a ciencia” (vers. 2), de modo que establecieron, o procuraron “establecer”, una justicia propia (vers. 3), una justicia impulsada por sus propias obras.
Considera: ¿Por qué algunas de las personas de los días de Pablo dejaron de entender y aceptar la justicia de Cristo? ¿De qué maneras estamos repitiendo el mismo error? ¿Cuál es el antídoto para evitar esto?
III. Ser transformados (Repasa con tu clase Isa. 64:6, Rom. 12:1, 2).
¿Hay alguna verdad más difícil para que los creyentes acepten, que la que se halla en Isaías 64:6? Los seres humanos hacen algunas pocas cosas bien, pero satisfacer la norma divina de justicia no es una de ellas. Pero hay buenas noticias, de modo que no necesitamos desesperarnos. ¿Cuáles son? Jesús no solo nos salvó de la pena máxima del pecado al morir la muerte segunda por nosotros; también nos salvó de una vida pecaminosa. Él es capaz de producir buenas obras (justicia) en nosotros.
En el análisis de Pablo de la inclinación que tenían los judíos para tratar de hacerse justos a sí mismos por medio de buenas obras, él menciona su fracaso en someterse a sí mismos a Dios (Rom. 10:3). Ellos “se enorgullecían de su conocimiento de Dios y de la ley divina (Rom. 2:17-20), pero en realidad se negaban a conformarse a la voluntad de Dios. [...] No hay obstáculo mayor para la salvación por medio de la gracia que la justicia propia del pecador” (CBA 6:591). El conocimiento que tenían los judíos acerca de Dios no era igualado por una disposición a obedecer y a ser transformados por Dios.
Las buenas obras que muchos cristianos anhelan hacer día tras día solo pueden llevarse a cabo cuando se someten a la conducción de Dios por medio del poder del Espíritu Santo que mora en ellos. El Espíritu Santo lleva la vida de Cristo –junto con las buenas obras– a la vida del creyente y hace que los esfuerzos del creyente sean efectivos.
Considera: ¿Es difícil someter la vida entera a Dios? ¿Qué significa entregarse a la conducción del Espíritu Santo? ¿Qué lugar tiene la Palabra de Dios en el proceso de sumisión y entrega?
PASO 3: ¡Aplica!
Preguntas para reflexionar:
1.¿Cómo es una vida justa? Describe en tus propias palabras lo que significa vivir una vida justa. Si tuvieras que explicar a un no creyente qué significa vivir una vida justa, ¿cómo sería tu definición? Toma el tiempo necesario para escribirla.
2.Algunos han descrito la vida del cristiano como una batalla sin fin. Otros tienen la idea contraria: todo lo que uno tiene que hacer es aceptar lo que Jesús ha hecho por nosotros por medio de su nacimiento, su vida, su muerte y su resurrección, y someterse momento tras momento a la conducción del Espíritu Santo. ¿Dónde te encuentras en esta línea entre los dos extremos? ¿Es tu caminar cristiano fácil, difícil, o una mezcla de ambos?
Preguntas de aplicación:
1.Vivir una vida cristiana victoriosa realmente significa permitir que Jesús viva su vida en nosotros. Este proceso requiere que el discípulo de Cristo se someta a la disciplina que llega a su vida por los impulsos del Espíritu Santo. ¿De qué modo las prácticas espirituales tales como la oración, el estudio de la Biblia, el servicio, la meditación y la testificación nos ayudan a vivir la vida de Cristo?
2.En Juan 15:1 al 8, Jesús imploró que sus discípulos permanecieran en él y que habitaran en él. Enumera por lo menos tres maneras prácticas en las que los creyentes pueden permanecer en Cristo.
PASO 4: ¡Crea!
Actividad final: Pide a tus alumnos que busquen un espacio tranquilo durante la semana venidera en el que ellos puedan pasar un tiempo con Dios, sin interrupciones. Pueden dedicar este tiempo a contemplar el sacrificio de Jesús, el don de la salvación o el reposo que Jesús ofrece. La clave de este ejercicio es que mediten en lo que Jesús ha hecho y está haciendo en sus vidas.
Guía de Estudio de la Biblia: El Fruto del Espíritu / Edición para Maestros. Periodo: Trimestre Enero-Marzo de 2010
Autor: Richard O'Fill, es escritor (El Cristiano Victorioso, Un Fruto Divino entre otros libros) y orador del ministerio Revival Sermons, ha trabajado para la iglesia en tres continentes, incluyendo siete años en las oficinas centrales de la Asociación General. Reside actualmente en Orlando, Florida, EE.UU. Editor: Clifford Goldstein
Comentario a cargo del Pr. Doug Batchelor,principal orador, Director de"Amazing Facts" ypastor de la Iglesia Central Adventista del Séptimo Día de Sacramento, California.
Guía de Estudio de la Biblia: El Fruto del Espíritu Periodo: Trimestre Enero-Marzo de 2010. Autor: Richard O'Fill, es escritor (El Cristiano Victorioso, Un Fruto Divino entre otros libros) y orador del ministerio Revival Sermons, ha trabajado para la iglesia en tres continentes, incluyendo siete años en las oficinas centrales de la Asociación General. Reside actualmente en Orlando, Florida, EE.UU. Editor: Clifford Goldstein
Mientras estudia la Lección o Guía de Estudio de la Biblia / Escuela Sabática, en Ojo Adventista, lo invitamos -para beneficio de todos- escribir sus comentarios y consideraciones sobre dicho estudio al pie de cada entrada.