Sábado 9 de abrilLee Para el Estudio de esta Semana: 2 Timoteo 3:16, 17; Lucas 21:36; Génesis 2:15-17; 2:20-25; 3:6-11, 21.Para memorizar: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Gén. 1:27).
COMO HEMOS ESTUDIADO, LA CAÍDA DE LUCIFER no se limitó al cielo.
Trajo sus engaños y sus tretas también a la tierra. Lo que también asombra es con cuánto éxito ha pervertido las verdades más obvias de la Palabra de Dios y ha hecho creer a millones lo opuesto a esas verdades.Por ejemplo, el Génesis es muy claro: los seres humanos comenzaron en la cima de la “cadena de la alimentación” de la tierra. Fueron creados, desde el principio, a la “imagen de Dios”. Esta imagen no es algo que evolucionó durante miles de millones de años por procesos naturales. El evolucionismo enseña lo opuesto: que los humanos comenzaron a un nivel bajo (como microbios) y, finalmente, por medio del proceso brutal de la violencia y la muerte, treparon con las uñas hasta subir al tope de la cadena de la alimentación.
Las Escrituras, en contraste, enseñan que los seres humanos comenzaron en la cima, siendo imagen de Dios, y por causa del pecado viven una caída constante.Esta semana, con algunas imágenes de vestiduras que aparecen en el Génesis, consideraremos cómo comenzó ese descenso y cuál es la única solución para ello.LOS PRIMEROS DÍAS
Domingo 10 de abril
► Repasa los dos primeros capítulos del Génesis. Imagínate cómo debió de haber parecido esta tierra, recién salida de las manos del Creador, sin manchas de pecado. ¿De qué manera nuestro mundo de hoy difiere de aquel?
Adán y Eva fueron puestos en un ambiente que sobrepasa nuestra imaginación más atrevida: un hermosísimo hogar, en un precioso jardín, con animales y otras criaturas como amigos leales. Se gozaban en las escenas espectaculares, las flores fragantes, las aves y los animales, y con el amor de Dios y del uno por el otro. No querían ni necesitaban ninguna otra cosa, y cuidaban del jardín como Dios les había indicado. Adán y Eva seguramente esperaban las visitas de su Dueño mientras paseaban juntos por el jardín, y activamente se comunicaban con él. Sabían que él los amaba y, a su vez, el amor de ellos por Dios aumentaba cada día.
► La conexión de Adán y de Eva con su Hacedor se desarrollaba y crecía con esos esperados contactos diarios, en un mundo que no conocía el pecado ni la decadencia y la devastación que el pecado trajo consigo. ¿Cómo podríamos tener una relación similar con nuestro Creador, ahora, en un mundo corrompido por largo tiempo por el pecado? Ver 2 Tim. 3:16, 17; Luc. 21:36; Mat. 6:25-34; Juan 17:3.
Adán y Eva tenían comunión cara a cara con Dios, un privilegio que no tenemos ahora. Sin embargo, tenemos el privilegio de vivir en constante conexión con el mismo Dios de Adán y de Eva. Claro, el pecado estorba el camino, pero, por medio de Jesús, quien conectó el Cielo con la tierra con lazos que nunca se quebrarán, se ha preparado un camino para que vivamos tan cercana e íntimamente con nuestro Creador como es posible hacerlo ahora.
► ¿Cuán íntima y estrechamente caminas con Dios? Mientras piensas en tu respuesta, pregúntate: ¿Qué cosas hago que fortalecen esa intimidad, y qué cosas la destruyen? ¿Qué elecciones tengo que hacer si quiero caminar más cerca del Señor?
DESNUDOS, PERO NO AVERGONZADOS
Lunes 11 de abril
Es muy difícil, para nosotros, imaginarnos plenamente la condición moral de Adán y de Eva en el Edén, ya que nuestro concepto del mundo, de la realidad, de todo, está filtrado, teñido y distorsionado por el pecado. Ellos no conocían el dolor, ni el sufrimiento, ni el engaño, ni la traición, ni la muerte, ni la pérdida, ni la vergüenza, especialmente la vergüenza sexual (que tal vez sea la más generalizada en un mundo tan compenetrado hoy con las consecuencias del pecado).
► Lee Génesis 2:20 al 25. ¿Qué clase de relación de estrecha intimidad entre Adán y Eva se revela en estos textos?
Como “una carne” (ver Gén. 2:24), Adán y Eva eran íntimos, entonces, no solo con Dios sino también el uno con el otro. El texto es muy claro, sin ambigüedades: estaban desnudos y no se avergonzaban (vers. 25). ¡Eso es pureza e inocencia!
“La inmaculada pareja no llevaba vestiduras artificiales. Estaban rodeados de una envoltura de luz y gloria, como la que rodea a los ángeles. Mientras vivieron obedeciendo a Dios, este atavío de luz continuó revistiéndolos” (PP 26).
No se nos dice exactamente cómo se veía esta luz, cómo actuaba, cuál era su propósito. Solo que, aun con ella, se consideraban “desnudos”. El hecho de que no se avergonzaran debió haber significado que esa cubierta de luz no ocultaba completamente su desnudez, pero en ese ambiente sin pecado no importaba, porque no existía la vergüenza.
En un sentido, el énfasis en la desnudez parece revelar la clase de cercanía física que gozaba la pareja sin pecado. Había una franqueza, una transparencia, una inocencia acerca de ellos y de todo lo que ellos hacían que permitía este estado de cosas. Vivían en completa honestidad, sinceridad y libertad el uno ante el otro, y ambos ante Dios. Era, después de todo, como Dios lo había ordenado. ¡Cuán bueno debió haber sido!
► ¿Cuánta transparencia y franqueza existe en tu propia vida? ¿O estás constantemente escondiendo cosas, tomando atajos morales, disfrazándote con vestiduras que no revelan lo que está sucediendo? (Ver Mat. 10:26.) Si sucede esto último, ¿qué aspectos de tu vida tienes que comenzar a cambiar?
LA PRUEBA
Martes 12 de abril
La lección de la semana pasada hablaba de una verdad vital: la libertad que Dios permite a todos los seres morales. Otra vez, sin esa libertad, podrían hacer obras “morales”, del mismo modo que la alarma de una casa que protege del crimen a la gente a veces hace algo “moral”; no obstante, ¿quién llamaría a la alarma misma algo “moral”? Del mismo modo, los seres que no pueden elegir nada, sino hacer lo recto, no son “morales” tampoco. Solo los seres libres pueden ser morales.
A Adán y a Eva, Dios les dio una prueba sencilla, para ver si –en su libertad– lo obedecerían. En un sentido, era un tiempo de prueba para estas criaturas libres. La libertad significa precisamente eso, libertad, y ellos tenían que demostrar que harían lo recto con la libertad que se les había dado.
► Lee Génesis 2:15 al 17, la prueba que fue dada a Adán (y oportunamente, también a Eva). Piensa en el ambiente en el que se realizó esta prueba. ¿Por qué ese ambiente hacía que su transgresión fuera más extraordinaria?
► Lee Génesis 3:1 al 4. Considera cuidadosamente lo que Satanás le dijo a Eva. ¿Qué verdad desafortunada mezcló con todas sus mentiras?
Es interesante notar que el árbol era “del bien y del mal”. Dios, obviamente, no quería quitar de Adán y Eva lo bueno. De hecho, todo el mundo que Dios había creado, incluyéndolos a ellos, era bueno y, más aún, “bueno en gran manera” (Gén. 1:31). Dios quería evitarles el conocimiento del mal.
Esto no es difícil de comprender, ¿verdad? Aun en nuestro mundo caído, ¿qué padre no quiere proteger a sus hijos del conocimiento del mal? Cuánto más, entonces, Dios quiso proteger a Adán y a Eva del mal, del conocimiento de aquello que les haría perder sus vestiduras de luz, y conocer la vergüenza, el sufrimiento y la muerte.
► El mal no siempre viene con manifestaciones vociferantes, que son muy fáciles de ver, de detectar y, a menudo, de evitar (después de todo, ¿cuántas personas hay que son asesinos seriales o algo similar?) Sin embargo, hay manifestaciones muy sutiles del mal. ¿Cuáles podrían ser estas? ¿Cómo podemos aprender a identificar estas formas del mal, y luego protegernos de ellas?
NUEVAS VESTIDURAS
Miércoles 13 de abril
Como todos sabemos demasiado bien, Adán y Eva fracasaron en la prueba, aun una prueba sencilla como esa. Llamar trágicos a los resultados es, por supuesto, exageradamente modesto en la historia humana. Trágico difícilmente transmite los horribles resultados de la desobediencia de nuestros padres.
► Lee Génesis 3:6 al 11. ¿Qué fue lo primero que les ocurrió a Adán y a Eva después de que cayeron (que era exactamente lo que Satanás, en el versículo 5, había dicho que sucedería), y qué significa eso? ¿Cuáles fueron los resultados de sus transgresiones?
Se abrieron sus ojos, así como Satanás dijo que sucedería, solo que ahora veían el mundo y la realidad en forma diferente de lo que los habían visto antes. En todos estos versículos, el tema de la desnudez reaparece. Es el hilo conductor de la sección. Su caída de la inocencia, su transgresión, y su nueva relación con Dios y del uno para con el otro, todo se expresó en el tema de que sabían que estaban desnudos.
Nota, también, la pregunta que les hizo Dios: “¿Quién te enseñó que estabas desnudo?” (vers. 11). Implicaba que, en su inocencia, nunca se dieron cuenta de su desnudez; que solo les parecía la forma natural de ser, de modo que ni pensaron en ello. Sin embargo, ahora, no solo pensaron en ello, sino también quedaron dominados por la vergüenza que eso les trajo.
► ¿Cuál es el significado de la respuesta de Adán y de Eva a su desnudez?
Imagínate a Adán y a Eva escondiéndose detrás de unos arbustos, mirándose con la boca abierta e intentando cubrirse ante el Señor. Examinando las posibilidades que tenían para cubrirse, debieron de haber decidido que las hojas de higuera eran las mejores. De este modo, aquí tenemos la primera lección de salvación por las obras, según la cual los seres humanos intentan resolver el problema del pecado con sus propias obras y actos. Tan patéticos como fueron sus intentos son los nuestros hoy en día.
PIELES DE ANIMALES
Jueves 14 de abril
► “Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió” (Gén. 3:21).
Ya vimos la respuesta de Adán y de Eva a su pecado; hoy veremos la de Dios. En un sentido, aquí está el evangelio prefigurado.
Primero, la cubierta de hojas de higuera de Adán y Eva no era adecuada. Si lo hubiera sido, no habría sido necesario matar animales inocentes para vestir a la pareja caída. Del mismo modo, tanto nuestros esfuerzos para guardar bien la ley de Dios como para ser salvos son inadecuados. Si trabajar para nuestra salvación fuera adecuado, entonces Cristo no hubiera tenido que morir. Así como las hojas de higuera hubieran sido más baratas y menos traumáticas que la muerte de animales inocentes, también nuestras obras habrían sido más baratas que la muerte de Jesús. Nuestras obras, o las hojas de higuera, no son suficientes; por eso animales inocentes tuvieron que morir; por eso Jesús tuvo que morir por nosotros. No podía ser de otra manera. (Gál. 3:21; Rom. 3:21-28.)
Segundo, ¿cuál es la diferencia entre hojas de higuera y pieles de animales? ¿Qué tienen los animales que no tienen las hojas? Por supuesto, la sangre. Eso nos dice cómo aparece el evangelio en Génesis 3:21 (ver Lev. 17:11; Apoc. 12:11; 1 Ped. 1:18, 19; Heb. 9:22).
Tercero, tal vez la parte más notable del texto sea la última, en la que se dice que “los vistió” (Gén. 3:21). El hebreo es claro: Dios puso las pieles de animales sobre Adán y Eva. Fue un acto de Dios lo que cubrió la vergüenza de su desnudez. La consecuencia inmediata de su pecado fue la desnudez; pero Dios mismo resuelve el problema vistiéndolos, con una ropa hecha de animales inocentes que fueron degollados. El texto dice solamente que los cubrió con “pieles”; no nos dice de qué clase. Tal vez no es muy difícil de adivinar, ¿verdad? (Ver Gén. 22:8; Juan 1:36; 3:16.)
Así, desde el mismo principio, Dios reveló el plan de la salvación. Nunca deberíamos olvidar que, por horrible que haya sido el pecado de Adán y de Eva, la gracia de Dios para salvarlos de él fue mayor.
Medita en la promesa de la salvación por la fe en Jesús, y en la promesa de que nuestra salvación se encuentra en lo que él hizo por nosotros, y no en lo que alguna vez podamos hacer. ¿Cómo podemos aprender a hacer de la promesa del evangelio, de la justicia de Dios como nuestro manto, el centro y el fundamento de nuestra vida y de nuestro caminar con Dios?
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR
Viernes 15 de abril
► Lee “La creación”, “La tentación y la caída”, y “El plan de redención”, Patriarcas y profetas, pp. 24-57.
“La ropa blanca de la inocencia era llevada por nuestros primeros padres cuando fueron colocados por Dios en el santo Edén. [...] El hombre no puede idear nada que pueda ocupar el lugar de su perdido manto de inocencia. [...] Únicamente el manto que Cristo mismo ha provisto puede hacernos dignos de aparecer ante la presencia de Dios. Cristo colocará este manto, esta ropa de su propia justicia, sobre cada alma arrepentida y creyente. [...] Este manto, tejido en el telar del cielo, no tiene un solo hilo de invención humana. Cristo, en su humanidad, desarrolló un carácter perfecto, y ofrece impartirnos a nosotros este carácter” (MSV 76).
“El Señor Jesucristo ha preparado una vestidura, el manto de su propia justicia, que él pondrá sobre toda alma arrepentida y creyente que por fe quiera recibirla. [...] Entonces, cuando el Señor mire al pecador creyente, él verá, no la vestidura de hojas de higuera sobre él, sino su propio manto de justicia” (ARSH, 15 de noviembre de 1898).
► PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Lee Génesis 3:6. ¿Cuáles fueron las avenidas del alma de Eva que el diablo aprovechó al querer hacerla caer? ¿De qué modo las mismas cosas lo ayudan a él hoy?
2. Medita más en la centralidad del tema de la desnudez en la narración del Edén. ¿Qué otro elemento podemos obtener, de esta idea, que podría ayudarnos a entender lo que estaba pasando allí?
3. Lee las dos citas en la sección del viernes. ¿De qué modo la maravillosa verdad del evangelio se revela en esas palabras?
4. Considera Hebreos 5:14. “Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal”. Medita más en el tema del mal. ¿Qué queremos decir con el término “mal”? ¿Es algo absoluto y que no cambia? ¿O el mal es un término relativo, por el cual algunas culturas consideran malo lo que otras culturas consideran bueno? ¿Cuánto influye la cultura misma sobre nuestro concepto de lo que es malo o lo que no lo es? ¿Cómo podemos mirar más allá de nuestra cultura, y saber con seguridad qué es bueno y qué es malo? ¿Cómo debemos entender Isaías 5:20: “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!”
► RECURSOS COMPLEMENTARIOS / DESCARGAS:
• Lección de Adultos (pdf), haciendo clic aquí.
• Weekly Bible Study Guide (html), haciendo clic aquí.
• Notas de Elena G. de White (pdf), haciendo clic aquí.
• Edición auxiliar para Maestros (pdf), haciendo clic aquí.
• Libro Complementario (pdf), haciendo clic aquí.
• Resumen de Estudio Alternativo / Walla Walla University (pdf), haciendo clic aquí.
• Comentario del Dr. Jonathan Gallagher, para Pine-Knoll Publications & Sabbath School Ministries, haciendo clic aquí.
• Lección de Cuna (pdf), haciendo clic aquí.
• Lección de Infantes (pdf), haciendo clic aquí.
• Lección de Primarios (pdf), haciendo clic aquí.
• Lección de Intermediarios (pdf), haciendo clic aquí.
• Lección Juvenil / El Universitario (pdf), haciendo clic aquí.
• Misionero para Adulto (pdf), haciendo clic aquí.
• Misionero para Niños (pdf), haciendo clic aquí.
Guía de Estudio de la Biblia para la Escuela Sabática: "Vestidos de Gracia: Vestiduras figuradas en la Biblia"
Periodo: 2° Trimestre / abril-junio de 2011
Autores: Equipo Guía de Estudio de la Biblia
Dirección general: Clifford Goldstein
Las Guías de Estudio de la Biblia son preparadas por la oficina de las Guías de Estudio de la Biblia para Adultos de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día. La preparación de estas guías ocurre bajo la dirección general de una comisión mundial de evaluación de manuscritos para la Escuela Sabática, cuyos miembros actúan como consultores. Las lecciones publicadas reflejan las sugerencias de la comisión, de modo que no representan exclusivamente la intención del autor de ellas.
Dirección editorial (en español): Marcos G. Blanco
Traducción y redacción editorial (en español): Rolando A. Itin
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Sábado 5 de septiembre.Lee Para el Estudio de esta Semana: Mateo 5:13; Juan 14:6; Efesios 4:25-5:21; 1 Timoteo 3:15; 1 Juan.
Para Memorizar:
“Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Juan 3:2).
LA TRAGEDIA OCURRIDA EL 11 DE SEPTIEMBRE DE 2001, los ataques terroristas en Nueva York y Washington, D.C., tuvo, sin embargo, algo positivo: para muchas personas resonó como el toque de muerte para el relativismo moral. La matanza a sangre fría de miles de personas, en plena luz del día, frente a nuestros televisores, demostró claramente el horror involucrado en tal asesinato en masa. Repentinamente fue muy obvio que un mal como este nunca podría justificarse sobre la base de la cultura. El 11 de septiembre la gente vio el rostro de un mal moral, un mal que trascendía toda cultura, todas las tradiciones, todas las épocas; y, repentinamente, a mucha gente le demostró la naturaleza objetiva de la moralidad, específicamente del mal, como nunca antes.
Por supuesto, para Juan, la relatividad moral nunca fue un problema. Él sabía que había una verdad absoluta, centrada en Cristo. Esta semana repasaremos algunos de los grandes temas de 1 Juan, incluyendo su comprensión de la naturaleza de la verdad, que siempre forma el fundamento de la moralidad.
Un Vistazo a la Semana:
¿Qué nos enseña Juan acerca de la obra de la Deidad? ¿Qué imágenes usa él para transmitir la idea de cómo debería ser la iglesia? ¿Cuál es la única base de nuestra salvación? ¿Qué enseña Juan acerca de la verdad?
La Deidad.
Domingo 6
En 1 Juan se nos da una vislumbre de la Deidad, del Padre (1 Juan 2:16), del Hijo (vers. 23) y del Espíritu Santo (1 Juan 5:6). Sin embargo, el énfasis principal está puesto en Jesús y el Padre. La carta nos cuenta que Dios es luz y que la oscuridad (el mal) no se encuentra en él. Nos dice que Dios es justo y que es amor. De hecho, nuestra capacidad de amar depende del Dios que es amor. La relación de Dios con los creyentes se expresa con el término hijitos, que en sí mismo revela el amor y el cuidado que él tiene por nosotros. Es decir, 1 Juan nos pinta un cuadro muy positivo y lleno de esperanza de cómo es Dios.
Pero, la carta también nos dice algo más. Nos dice lo que Dios está haciendo por nosotros. Aquí es donde debería encontrarse nuestra verdadera esperanza y estímulo.
De acuerdo con 1 Juan, ¿qué ha hecho Dios por nosotros y qué está haciendo por nosotros ahora? 1 Juan 1:9; 1 Juan 2:1, 2; 1 Juan 2:27; 1 Juan 3:8; 1 Juan 4:8-10; 1 Juan 5:11; 1 Juan 5:14.
La carta se refiere a la venida de Cristo en carne humana, así como a su muerte por nosotros, que nos ofrece la oportunidad de tener vida eterna. Al mismo tiempo, su muerte derrotó las obras del diablo, nuestro enemigo. De acuerdo con 1 Juan, Dios perdona nuestros pecados, nos limpia, intercede por nosotros y nos da vida eterna. Él nos ofrece seguridad y nos hace sus hijos. El resultado final es que solo la cruz y la sangre de Jesús nos salvan, ninguna otra cosa.
¿Hay áreas de tu vida que no has entregado completamente al Señor? Es decir, ¿estás haciendo cosas que sabes, en lo profundo de tu interior, que son malas pero que todavía no has abandonado? Si es así, al fin solamente tú puedes hacer la elección de abandonarlas. Si el Espíritu te está tocando, ¿por qué no haces la elección ahora mismo? Cuanto más esperes, más difícil se volverá.
La Iglesia.
Lunes 7
En el Nuevo Testamento, se presenta a la iglesia mediante muchas imágenes tales como la sal (Mat. 5:13), una columna (1 Tim. 3:15), un edificio o una casa (Efe. 2:21, 22), un templo (1 Cor. 3:16, 17), una madre (Apoc. 12:1, 2), una novia o una esposa (Apoc. 21:2) y el cuerpo de Cristo (Efe. 1:22, 23).
En 1 Juan, aunque la palabra iglesia misma no aparece, el concepto está presente. ¿Qué imágenes encuentras en el libro que te ayudan a comprender mejor acerca de qué debe ocuparse la iglesia? 1 Juan 2:9-11; 1 Juan 2:13, 14; 1 Juan 2:12, 18; 1 Juan 3:1.
En 1 Juan, la iglesia aparece principalmente como una familia. Está el Padre celestial (doce veces). Además, Juan mismo es una especie de figura paterna, al llamar a los miembros de la iglesia o “hijitos” (1 Juan 2:18). Los miembros de la iglesia son hijos (trece veces), padres y jóvenes (dos veces cada uno), y hermanos (trece veces).
Estos términos implican cierta clase de intimidad, una relación estrecha y de amor por cada uno, y contienen el concepto de pertenecer juntos a una familia. Cada uno es necesario, y todos tienen lugar en la familia de Dios. Además, esta familia incluye a la Deidad. En consecuencia, esta comunidad tiene una dimensión horizontal y una dimensión vertical. Como miembros de la iglesia, somos literalmente partes de la familia de Dios.
“Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios” (1 Juan 4:7). ¿De qué modo este texto refleja la clave de lo que significa ser parte de la iglesia de Dios? ¿Cómo describirías tu relación con la familia de la iglesia? ¿Eres un hijo descarriado? ¿Un padre dominante? ¿Una madre amante? ¿Un bebé indefenso? ¿Qué cambios necesitas hacer a fin de ser una parte más productiva de esta familia especial?
La Salvación.
Martes 8
Toda la Biblia, del Génesis al Apocalipsis, trata acerca de Jesús. Pero no acerca de Jesús en un vacío. Es acerca de Jesús y la redención. Es acerca de lo que Dios ha hecho en favor de la raza caída. Es acerca del asombroso sacrificio propio de Dios mismo a fin de restaurarnos a lo que se nos dio originalmente, y aun más.
En suma, la Biblia trata acerca de la salvación, y ese también es un tema clave en 1 Juan.
De acuerdo con los siguientes textos, ¿de qué modo se nos da la salvación? 1 Juan 1:9; 1 Juan 2:2; 1 Juan 4:9, 10.
El medio de nuestra salvación es la sangre de Cristo (1 Juan 1:7; 5:6, 8); es decir, su sacrificio expiatorio (1 Juan 2:2; 4:10). La Cruz no se menciona directamente en 1 Juan. Sin embargo, la sangre y el sacrificio expiatorio señalan la Cruz. No es el ejemplo de Jesús lo que nos salva, por importante que sea. Es su muerte. Y, no obstante, su ejemplo nos invita a caminar como él lo hizo (1 Juan 2:6).
Para Juan, la salvación de los creyentes es una realidad presente. Él la describe de diversas maneras:
- Ellos han llegado a conocerlo (1 Juan 2:2, 3).
- Ellos están en él (1 Juan 2:5; 5:20).
- Los pecados de ellos han sido perdonados (1 Juan 2:12).
- Ellos han vencido al maligno (vers. 13).
- Ellos han pasado de muerte a vida (1 Juan 3:14).
- Ellos tienen vida eterna (1 Juan 5:12, 13).
Esta es una descripción maravillosa de lo que significa la salvación.
Considerando las grandes promesas y la esperanza que tenemos en Jesús, ¿qué más podrías hacer para alcanzar a más personas con las buenas noticias? ¿Qué sacrificios estás dispuesto a hacer a fin de dar a otros la oportunidad de conocer a Jesús y su salvación?
Conducta Cristiana.
Miércoles 9
Aunque Juan, en su primera carta, trata acerca de una teología errónea, una y otra vez trata acerca de la ética. Juan ve claramente que la teología informa a la ética y que una teología errónea puede conducir a acciones equivocadas. Por eso, es importante que nuestra teología sea tan correcta como sea posible. Una comprensión equivocada, por ejemplo, de la Ley y la gracia ha provocado que incontables millones de personas pisoteen el sábado de Dios. Así que, debemos asegurarnos que nuestra comprensión teológica de Dios y de la Escritura sea madura, creciente y correcta.
También debemos asegurarnos que nuestra teología se traduzca correctamente a la práctica. Es triste ver a alguien, a un gran defensor de la teología ortodoxa, escaparse con la esposa de su prójimo. Es trágico que los estudiantes de Teología sean deshonestos en los exámenes. Es lamentable cuando los guardadores del sábado, que conocen la verdad acerca de la salvación, el Santuario celestial, y el estado de los muertos, se mienten los unos a los otros.
Repasa los siguientes textos y, en las líneas que siguen, resume lo que nos enseñan acerca de una conducta ética. 1 Juan 1:7; 2:1, 15, 16; 3:4, 7, 15, 17, 18; 4:7; 5:2, 3.
Juan enfatiza la conducta ética con súplicas directas e indirectas. Invita a los cristianos a no mentir, a no pecar, a no odiar a los hermanos, a no amar al mundo con sus pasiones y orgullo jactancioso, y a no practicar la ilegalidad. En cambio, dice que debemos ser obedientes, hacer lo que es correcto y amarnos unos a otros en una forma tangible. Aunque Pablo es más detallado que Juan (ver, p. ej.: Efe. 4:25-5:21), Juan ha resumido todo esto cuando exalta la observancia de los mandamientos de Dios, y el caminar como Jesús caminó y vivió (1 Juan 2:6).
Juan aclara que ser nacido de Dios, conocer a Dios, amar a Dios, es algo que cambiará nuestras vidas. Para Juan, la verdad no es sencillamente algo que se cree; es algo que se vive. Tal vez ningún versículo lo dice más claramente que 1 Juan 3:7: “Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo”.
¿De qué modo hemos de andar y vivir para imitar la manera en que Jesús vivió? ¿Qué significa esto de una manera práctica y diaria? ¿Estás afrontando ahora mismo, tal vez, algo que requiera mucha gracia y fortaleza para actuar como Cristo lo haría?
La Verdad y las Mentiras.
Jueves 10
Desde el tiempo de los antiguos griegos hasta nuestros días, ha existido el concepto de que la verdad es relativa, que no hay absolutos, y que los seres humanos, lejos de tener alguna norma absoluta y trascendente para guiarlos a ellos y a sus actos, tienen que decidir más o menos por sí mismos lo que es verdad y lo que es el error, qué es bueno y qué es malo, qué es moral y qué es inmoral. Esto se conoce como relativismo; y, aunque viene en diferentes disfraces, el punto básico es el mismo: No hay norma absoluta de verdad, de bondad, de moralidad. Según este concepto, tenemos que arreglarnos con estas cosas nosotros mismos, haciendo lo mejor que podamos de acuerdo con nuestra propia cultura, comunidad y tradiciones.
Lee Juan 14:6. ¿Qué está enseñando Jesús aquí acerca de la naturaleza de la verdad absoluta?
Jesús, evidentemente, no aceptó la idea de que la verdad sea relativa. En palabras tan claras y directas como es posible, Jesús nos muestra la realidad de la verdad absoluta, y ¡en él la vemos manifestada en la forma de una persona!
¿Qué enseña Juan acerca de la verdad? 1 Juan 2:4, 21; 3:19; 4:6; 5:20.
Juan sabe que hay absolutos; más todavía, él muestra muy claramente que hay una distinción aguda entre la verdad y las mentiras, un contraste que tiende a borrarse en los conceptos relativistas. Hay verdad absoluta. Dios es verdadero. Jesús y el Espíritu Santo son verdad. Por otro lado, un mentiroso es una persona que hace afirmaciones sin sustento, que dice amar y no guarda los mandamientos, y que niega que Jesús sea el Cristo. En contraste, los cristianos sinceros conocen la verdad, aman la verdad y pertenecen a la verdad. De este modo, la verdad es tanto lo que captamos intelectualmente, como lo que practicamos.
No hay dudas: de acuerdo con la Biblia, la verdad absoluta existe. Pero ¿es todo absoluto? ¿Hay cosas que no son tan firmes, sino más bien contingentes, personales, culturales y cambiantes? ¿Cómo podemos aprender a diferenciar entre lo que debe ser absoluto e inmutable y lo que puede cambiar y ser relativo, dependiendo de las circunstancias?
Para Estudiar y Meditar.
Viernes 11
Lee, en Los hechos de los apóstoles, el capítulo “Un testigo fiel”, en las páginas 136 a 142.
Para nosotros hoy, 1 Juan es muy necesario, porque se están promoviendo toda suerte de ideas falsas. Juan llama a sus oyentes, y a nosotros, a no creer a cualquiera y no aceptar nuevas doctrinas sin analizarlas críticamente, sino a probar si son enseñanzas verdaderamente bíblicas o no. Se necesita discernimiento para distinguir la verdad del error.
De acuerdo con Juan, el cristianismo auténtico tiene estas características: 1) la creencia en Jesús como el Hijo de Dios, quien vino en la carne; 2) la observancia de los mandamientos de Dios; y 3) el amor hacia Dios y hacia los demás. Juan quiere poner un fundamento sólido y ayudar a sus oyentes a tener la seguridad de la salvación por medio de la fe en Jesucristo, como lo proclaman las Escrituras.
Preguntas Para Dialogar:
1. Aunque a los que creemos en absolutos morales nos cueste entenderlo, la idea del relativismo moral tiene cierto sentido lógico. Si no hay un Dios Creador y somos puramente los resultados de fuerzas al azar, entonces, ¿de dónde podría venir la moralidad sino de nosotros mismos? Y, si cambiamos nuestro concepto de lo que es moral, entonces ¿qué sucede? Desde un nivel puramente práctico, ¿qué tiene de equivocada esa manera de pensar?
2. Hace años, cuando le preguntaron al primer ministro Harold McMillan qué podía hacer el Gobierno británico para ayudar a los ciudadanos a ser más morales, este contestó: “Yo soy solamente el primer ministro. Vayan a hablar con el Arzobispo”. ¿De qué modo lo que estudiamos esta semana podría ayudar a nuestros miembros de iglesia a ser más morales? ¿Es el propósito del evangelio hacernos más morales?
3. Fiorello Enrico La Guardia era un juez durante los duros años de la depresión en los Estados Unidos. Un día, un padre fue llevado al tribunal, por haber robado pan. Cuando el juez La Guardia le preguntó por qué lo había hecho, el hombre, sollozando, dijo que era para dar de comer a sus hijos hambrientos. La Guardia le dijo al hombre: “Usted ha cometido un crimen, ¿sabe?” El hombre, compungido, apenas pudo alzar los ojos, asintió con la cabeza y dijo: “Sí, señor”. La Guardia dijo entonces, con severidad, que “la ley no tiene excepciones”. El hombre asintió. El juez puso entonces su mano en el bolsillo, sacó diez dólares y dijo: “Aquí está el pago de la multa que usted debe. Yo mismo la pagaré. Aunque usted es culpable, no tendrá que afrontar el castigo”. ¿De qué modo este incidente nos ayuda a comprender no solo el evangelio sino también lo que significa vivir como Jesús?
Guía de Estudio de la Biblia: Amadas y llenas de amor: Las Epístolas de Juan / Edición Adultos.
Periodo: Trimestre Julio-Septiembre de 2009
Autor: Ekkehardt Mueller, nacido en Alemania, doctor en Teología y Ministerio. Es uno de los directores asociados del Instituto de Investigaciones Bíblica (Biblical Research Institute) de la Asociación General. Sus especialidades son Nuevo Testamento, el libro de Apocalipsis, hermenéutica y teología aplicada. Es casado y tiene dos hijos adultos.
Editor: Clifford Goldstein
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Sábado 5Por fe en Cristo nos convertimos en miembros de la familia real, herederos de Dios y coherederos de Dios y coherederos con Cristo. En Cristo somos unos. Al llegar a la vista del Calvario, y al ver al Sufriente Real, que en la naturaleza humana llevó la maldición de la ley en lugar del hombre, son raídas todas las distinciones nacionales, todas las diferencias sectarias; se pierden todo honor de rango, todo orgullo de casta. La luz que brilla desde el trono de Dios sobre la cruz del Calvario da fin para siempre a las separaciones hechas por los hombres entre clase y raza. Los hombres de todas las clases se convierten en miembros de una familia, hijos del Rey celestial, no mediante un poder terrenal, sino por medio del Rey celestial, no mediante un poder terrenal, sino por medio del amor de Dios que dio a Jesús una vida de pobreza, aflicción y humillación, permitió que muriera en la vergüenza y la agonía, para que pudiera traer muchos hijos e hijas a la gloria (A fin de conocerle, p. 105).
Con gracia en el corazón los creyentes deben hacer las obras de Cristo, colocándose de su lado con alma, cuerpo y espíritu, como su mano humana, al compartir su amor con los que están fuera del redil. Los creyentes deben unirse en una comunidad cristiana, considerándose entre ellos como hermanos y hermanas en el Señor. Deben amarse mutuamente como Cristo los amó. Debe ser luces para Dios, que brillen en la iglesia y en el mundo, recibiendo gracia tras gracia al impartirla a los demás. De este modo son guardados constantemente en cercanía espiritual a Dios. Reflejan la imagen de Cristo (El ministerio médico, p. 421).
La Deidad.
Domingo 6
La gloria del evangelio consiste en que se encuentra fundado sobre el principio de restauración, en la humanidad caída, de la imagen divina por medio de una manifestación constante de benevolencia. Esta obra comenzó en las cortes celestiales. Allí Dios decidió dar a los seres humanos evidencia inequívoca del amor que sentía por ellos. "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (S. Juan 3:16).
La Divinidad se conmovió de piedad por la humanidad, y el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se dieron a sí mismos a la obra de formar un plan de redención. Con el fin de llevar a cabo plenamente ese plan, se decidió que Cristo, el Hijo unigénito de Dios, se entregara a sí mismo como ofrenda por el pecado. ¿Con qué se podría medir la profundidad de este amor? Dios quería hacer que resultara imposible para el hombre decir que hubiera podido hacer más. Con Cristo, dio todos los recursos del cielo, para que nada faltara en el plan de la elevación de los seres humanos. Este es amor, y su contemplación debiera llenar el alma con gratitud inexpresable. ¡Oh, cuánto amor, cuánto amor incomparable! La contemplación de este amor limpiará el alma del egoísmo. Hará que el discípulo se niegue a sí mismo, tome su cruz y siga al Redentor (Consejos sobre la salud, pp. 219, 220).
Los que salen del mundo en espíritu y en todas sus prácticas, pueden considerarse como hijos e hijas de Dios; pueden creer en la Palabra del Señor como un niño cree cada palabra de sus padres. Para el que cree, toda promesa es segura. Los que se unen con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que demuestran con su vida que no siguen más el camino que seguían antes de que se unieran con sus agentes divinos, recibirán la sabiduría de lo alto; no dependerán de la sabiduría humana. Los cristianos, como miembros de la familia real e hijos del Rey celestial, para tratar correctamente con el mundo deben sentir la necesidad de un poder que sólo se origina en los instrumentos celestiales que se han comprometido a trabajar en favor de ellos.
Después de que hemos formando una unión con el gran triple poder, consideraremos nuestro deber para con los miembros de la familia de Dios con un temor reverente, muchos más sagrado que el que hemos sentido antes. Este es un aspecto de la reforma religiosa que muy pocos aprecian. Los que procuran contestar la oración, "hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra", mediante vidas puras y santificadas buscarán mostrar al mundo cómo se cumple la voluntad de Dios en el cielo (Comentario bíblico adventista, t. 6, p. 1102).
En nuestro bautismo nos comprometimos a romper con Satanás y sus agentes y a poner alma, mente y corazón en la obra de extender el reino de Dios. Todo el cielo está trabajando para este fin. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo están empeñados en cooperar con los instrumentos humanos santificados. Si somos fieles a nuestros votos, está abierta para nosotros una puerta de comunicación con el cielo: una puerta que ninguna mano humana o agente satánico podrá cerrar (En lugares celestiales, p. 61).
La Iglesia.
Lunes 7
Cuando nos unimos con la iglesia asumimos una gran responsabilidad, porque la iglesia es la familia de Dios, y los miembros de esta familia deben apartarse del egoísmo y buscar el interés de los demás; deben orar y trabajar por la salvación de todos (Review and Herald, enero 19, 1905).
Aquellos que profesan ser miembros de la familia de Dios y esperan estar en pie alrededor del trono, deben cultivar aquí en la tierra el espíritu que prevalece en el cielo. "El amor es el cumplimiento de la ley", y el amor de Jesús en el corazón unirá a los miembros de la iglesia con lazos semejantes a los que existen en las cortes celestiales. Tenemos un ejemplo perfecto en la vida de Jesús, y el hecho de que nosotros mismos lo representamos tan pobremente, debiera hacernos sentir humildes frente a otros que también cometen errores. Si no cultivamos la humildad, nos tornaremos duros y ásperos, características que son satánicas. La frialdad, la desunión y las críticas en la iglesia, anulan el trabajo del Espíritu de Dios (Signs of the Times, mayo 18, 1888).
Creemos que al perfeccionar un carácter cristiano estaremos entre aquellos que formarán la familia de Dios en las mansiones que él ha ido a preparar para nosotros. Y nuestro Padre celestial nos lleva a su iglesia para que obtengamos un conocimiento que nos capacite para participar de la comunidad del cielo. "Bueno -dirán algunos- todo l oque yo quiero es que podamos mirar las cosas con nuestros propios ojos; pero están los quieren que todos vean como ellos ven". Todos tenemos características que deben ser cambiadas para estar listos para esperar al Señor en las nubes de los cielos. Debemos humillarnos ante Dios y aceptar el consejo: "Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado (1 Pedro 1:13).
El Señor no ha colocado en la iglesia a ningún individuo para que arregle las deficiencias de otros. Cada uno debe sentir que es su responsabilidad ante Dios ser una bendición para los demás con quienes se asocia, recordando que cada hermana y hermano ha sido comprado con la sangre de Cristo. Todos somos piedras vivas sacadas de la cantera, tenemos que hacer un trabajo por nosotros mismos. No debemos tenernos en alta estima sino estimar a los demás como mejores que nosotros. Debemos elevar nuestras almas a Dios y pedir su ayuda, no sea que caigamos. Algunos son muy diligentes en buscar las faltas en otros, mientras se olvidan de trabajar por su propia alma (Sermons and Talks, t. 1, pp. 39, 40).
La Salvación.
Martes 8
Ven a Jesús, y recibe descanso y paz. Ahora mismo puedes tener la bendición. Satanás te sugiere que seres impotente y que no puedes bendecirte a ti mismo. Es verdad; eres impotente. Pero exalta a Jesús delante de él: "Tengo un Salvador resucitado. En él confío y él nunca permitirá que yo sea confundido. Él es mi justicia y mi corona de regocijo". En lo que respecta a esto, nadie piense que su caso es sin esperanza, pues no es así. Quizá te parezca que eres pecador y que estás perdido, pero precisamente por eso necesitas un Salvador. Si tienes pecados que confesar, no pierdas tiempo. Los momentos son de oro. "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad" (1 Juan 1:9). Serán saciados los que tienen hambre y sed de justicia, pues Jesús lo ha prometido. ¡Precioso Salvador! Sus brazos están abiertos para recibirnos, y su gran corazón de amor espera para bendecirnos.
Algunos parecen sentir que deben ser puestos a prueba y deben demostrar al Señor que se han reformado, ante de poder demandar sus bendiciones. Sin embargo, esas queridas almas pueden pedir ahora mismo la bendición. Deben tener la gracia de Cristo, el Espíritu de Cristo que les ayude en sus debilidades, o no podrán formar un carácter cristiano. Jesús anhela que vayamos a él tal como somos: pecadores, impotentes, desvalidos (Fe y obras, p. 37).
Sería algo terrible estar delante de Dios, vestidos con la ropa del pecado, con su ojo que escudriña cada secreto de nuestras vidas. Pero mediante la eficacia del sacrificio de Cristo podemos aparecer delante de Dios puros y sin mancha, habiendo sido expiados y perdonados nuestros pecados. "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad" (1 Juan 1:9). El pecador redimido, ataviado con las vestiduras de la justicia de Cristo, puede estar en la presencia de un Dios que odia el pecado, hecho perfecto por los méritos del Salvador.
Solamente por la fe en el nombre de Cristo puede ser salvo el pecador... La fe en Cristo no es obra de la naturaleza, sino la obra de Dios en las mentes humanas, realizada en la misma alma por el Espíritu Santo, que revela a Cristo, como Cristo reveló al Padre. La fe es la sustancia de las cosas que se esperan, la evidencia de las cosas que no se ven. Con su poder justificador y santificador, está por encima de lo que los hombres llaman ciencia. Es la ciencia de las realidades eternas. La ciencia humana a menudo es engañosa, pero esta ciencia celestial nunca induce a engaño. Es tan simple que un niño puede entenderla, y sin embargo los hombres más sabios no pueden explicarla. Es inexplicable e inconmensurable, y está más allá de toda expresión humana (En lugares celestiales, p. 51).
Si alguien alcanza a cumplir con alguna cosa, es en cooperación con su Hacedor. Pero en lo que atañe a la salvación de las almas, Dios hace todo el trabajo. El ser humano es sólo su instrumento. Éste no puede hacer la obra de Dios a su manera, puesto que cualquier actividad externa es vana a menos que Dios intervenga. Para ser obreros juntamente con Dios, el poder divino debe combinarse con el esfuerzo humano; la capacidad humana debe cooperar con las agencias celestiales puestas a su disposición. El instrumento humano debe orar, investigar las Escrituras y tener fe en ellas; y debe saber que Cristo es la propiciación por sus pecados y por los de todo el mundo (Review and Herald, mayo 6, 1890).
Cuando, como consecuencia de la transgresión, Adán y Eva fueron privados de toda esperanza, y la justicia exigió la muerte del pecador, Cristo se dio a sí mismo como sacrificio por sus pecados. Todos los seres humanos cayeron bajo condenación, pero Cristo se ofreció para ser su sustituto y garantía. Daría su vida por la única oveja perdida que se había extraviado del redil, y que no tenía ninguna esperanza de retornar si no recibía ayuda. "En esto consiste el amor. no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados". "Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino, más Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros" (1 Juan 4:10; Isaías 53:6). Cada hijo e hija de Dios, si tiene a Cristo en su corazón, actuará como él; pero si no mora en Cristo, tampoco reflejará su carácter. Debemos exaltar a Jesús en nuestras palabras, en nuestras acciones, y en la forma de tratar a los que yerran (Fundamentals of Christian Education, pp. 283, 284).
Conducta Cristiana.
Miércoles 9
Toda alma que acepta a Jesús como su Salvador personal anhelará el privilegio de servir a Dios, y aprovechará ávidamente la oportunidad de señalar su gratitud dedicando sus capacidades al servicio de Dios. Anhelará manifestar su amor por Jesús y por su posesión comprada. Codiciará el trabajo, las prisiones, el sacrificio. Considerará un privilegio negarse a sí mismo, tomar la cruz, y seguir en las pisadas de Cristo, manifestando así su lealtad y su amor. Sus obras santas y benéficas testificarán de su conversión, y darán al mundo la evidencia de que no es un cristiano espurio, sino fiel y consagrado (Testimonios para los ministros, pp. 400, 401).
La fe genuina se manifestará en buenas obras, pues las buenas obras son frutos de la fe. Cuando Dios actúa en el corazón y el hombre entrega su voluntad a Dios y coopera con Dios, efectúa en la vida lo que Dios realiza mediante el Espíritu Santo y hay armonía entre el propósito del corazón y la práctica de la vida. Debe renunciarse a cada pecado como a lo aborrecible que crucificó al Señor de la vida y de la gloria, y el creyente debe tener una experiencia progresiva al hacer continuamente las obras de Cristo. La bendición de la justificación se retiene mediante la entrega continua de la voluntad y la obediencia continua.
Los que son justificados por la fe deben tener un corazón que se mantenga en la senda del Señor. Una evidencia de que el hombre no está justificador por la fe es que sus obras no correspondan con su profesión. Santiago dice: "¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?" (Santiago 2:22).
La fe que no produce buenas obras no justifica al alma. "Vosotros veis, pues, que el hombre es justificador por las obras, y no solamente por la fe" (Santiago 2:24). "Creyó Abrahán a Dios, y le fue contado por justicia" (Romanos 4:3) (Mensajes selectos, t. 1, pp. 464, 465).
La justicia es la práctica del bien, y es por sus hechos por lo que todos han de ser juzgados. Nuestros caracteres se revelan por lo que hacemos. Las obras muestran si la fe es genuina o no.
No es suficiente que creamos que Jesús no es un impostor, y que la religión de la Biblia no consiste en fábulas arteramente compuestas. Podemos creer que el nombre de Jesús es el único nombre debajo del cielo por el cual el hombre puede ser salvo, y sin embargo, no hacer de él, por la fe, nuestro Salvador personal. No es suficiente creer la teoría de la verdad. No es suficiente profesar fe en cristo y tener nuestros nombres registrados en el libro de la iglesia. "El que guarda sus mandamientos, está en él, y él en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado". "Y en esto sabemos que nosotros le hemos conocido, si guardamos sus mandamientos". Esta es la verdadera evidencia de la conversión. No importa cuál sea nuestra profesión de fe, no nos vale de nada a menos que Cristo se revele en obras de justicia (Palabras de vida del Gran Maestro, p. 254).
La religión de la Biblia es para guiar la conducta de todo aquel que cree sinceramente en Cristo. La Biblia debe guiarnos en nuestros deberes diarios de la vida. Podemos profesar ser seguidores de cristo y, con todo, si no somos hacedores de su Palabra, seremos como la moneda falsa. No tendremos el sonido verdadero. Cada uno de nosotros es un miembro de la familia humana. Debemos amar a Dios y manifestar devoción por él mediante nuestras palabras y acciones. Nos debemos a cada miembro de la familia humana, sea blanco o negro, encumbrado o humilde, y debemos tratarlo con bondad y manifestar interés por su alma. Como miembros de una familia, somos todos hermanos (En lugares celestiales, p. 293).
La Verdad y las Mentiras.
Jueves 10
El apóstol Juan escribe: "No os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira procede de la verdad. ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo" (1 Juan 2:21, 22). Están aquellos que dicen tener gran luz; que afirman tener comunicación con los espíritus de los muertos, pero niegan la divinidad de Cristo, y al hacerlo, niegan al padre a quien Cristo representó en la tierra. "Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre" (vers. 23). Son más y más los que niegan al Padre y al Hijo, pero la Biblia los describe claramente como anticristos. Muchos cuyos nombres están registrados en las iglesias y que dicen poseer gran piedad, si Cristo apareciera en medio de ellos lo rechazarían. Incluso hay profesos ministros del evangelio que enseñan herejías, engañan a muchos y llevan a miles por el camino de la apostasía.
Pero el apóstol escribe a los verdaderos seguidores de Cristo, diciéndoles: "Lo que habéis oído desde el principio permanece en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre. Y esta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna" (1 Juan 2:24, 25). Esta es una preciosa promesa que se cumplirá en todos aquellos que permanecen en la verdad y no permiten ser desviados por las artimañas del engañador. "Os he escrito esto sobre los que os engañan. Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él. Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados. Si sabéis que él es justo, sabed también que todo el que hace justicia es nacido de él" (1 Juan 2:26-29). Nuestro carácter debe ser modelado por el carácter de Cristo; y así como él vivió una vida de obediencia a los mandamientos de Dios, nos ha dejado el ejemplo para que sigamos sus pisadas. Al contemplar su carácter, seremos transformados a su semejanza. Debemos esperar que Dios revele sus planes para nosotros y entonces obedecer la verdad que nos santificará. Desobedecerle conscientemente, sería estar en el camino hacia la perdición (Signs of the Times, julio 4, 1895).
Para Estudiar y Meditar.
Viernes 11
DESPUÉS de la ascensión de Cristo, Juan se destaca como fiel y ardoroso obrero del Maestro. Juntamente con los otros discípulos disfrutó del derramamiento del Espíritu Santo en el día de Pentecostés, y con renovado celo y poder continuó hablando a la gente las palabras de vida, procurando llevar sus pensamientos hacia el Invisible. Era un predicador poderoso, ferviente y profundamente solícito. Con hermoso lenguaje y una voz musical, relataba las palabras y las obras de Cristo; hablaba en una forma que impresionaba los corazones de aquellos que le escuchaban. La sencillez de sus palabras, el poder sublime de la verdad que enunciaba, y el fervor que caracterizaba su enseñanza, le daban acceso a todas las clases sociales.
La vida del apóstol estaba en armonía con su enseñanza. El amor de Cristo que ardía en su corazón, le indujo a realizar una fervorosa e incansable labor en favor de sus semejantes, especialmente por sus hermanos en la iglesia cristiana.
Cristo había mandado a los primeros discípulos que se amasen unos a otros como él los había amado. Así debían testificar al mundo que Cristo, la esperanza de gloria, se había desarrollado en ellos. "Un mandamiento nuevo os doy -había dicho:- Que os améis unos a otros: como os he amado, que también os améis los unos a los otros." (Juan 13: 34.) Cuando se dijeron esas palabras, los discípulos no las pudieron entender; pero después de presenciar los sufrimientos de Cristo, después de su crucifixión, resurrección y ascensión al cielo, y después que el Espíritu Santo descendió sobre ellos en Pentecostés, tuvieron un claro concepto del amor de Dios y de la naturaleza del amor que debían tener el uno con el otro. Entonces Juan pudo decir a sus condiscípulos: "En esto hemos conocido el amor, porque él puso su vida por nosotros: también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos".
Después que descendió el Espíritu Santo, cuando los discípulos salieron a proclamar al Salvador viviente, su único deseo era la salvación de las almas. Se regocijaban en la dulzura de la comunión con los santos. Eran compasivos, considerados, abnegados, dispuestos a hacer cualquier sacrificio por la causa de la verdad. En su asociación diaria, revelaban el amor que Cristo les había enseñado. Por medio de palabras y hechos desinteresados, se esforzaban por despertar ese sentimiento en otros corazones.
Los creyentes habían de cultivar siempre un amor tal. Tenían que ir adelante en voluntaria obediencia al nuevo mandamiento. Tan estrechamente debían estar unidos con Cristo que pudieran sentirse capacitados para cumplir todos sus requerimientos. Sus vidas magnificarían el poder del Salvador, quien podía justificarlos por su justicia.
Pero gradualmente sobrevino un cambio. Los creyentes comenzaron a buscar defectos en los demás. Espaciándose en las equivocaciones, y dando lugar a una crítica dura, perdieron de vista al Salvador y su amor. Llegaron a ser más estrictos en relación con las ceremonias exteriores, más exactos en la teoría que en la práctica de la fe. En su celo por condenar a otros, pasaban por alto sus propios errores. Perdieron el amor fraternal que Cristo les había encomendado, y lo más triste de todo, era que no se daban cuenta de su pérdida. No comprendían que la alegría y el regocijo se retiraban de sus vidas, y que, habiendo excluido el amor de Dios de sus corazones, pronto caminarían en tinieblas.
Comprendiendo Juan que el amor fraternal iba mermando en la iglesia, se esforzaba por convencer a los creyentes de la necesidad constante de ese amor. Sus cartas a las iglesias están llenas de este pensamiento. "Carísimos, amémonos unos a otros -escribe;- porque el amor es de Dios. Cualquiera que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no conoce a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó a nosotros, y ha enviado a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios así nos ha amado, debemos también nosotros amarnos unos a otros".
Tocante al sentido especial en que ese amor debería manifestarse por los creyentes, el apóstol dice: "Os escribo un mandamiento nuevo, que es verdadero en él y en vosotros; porque las tinieblas son pasadas, y la verdadera luz ya alumbra. El que dice que está en luz, y aborrece a su hermano, el tal aun está en tinieblas todavía. El que ama a su hermano, está en luz, y no hay tropiezo en él. Mas el que aborrece a su hermano, está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a donde va; porque las tinieblas le han cegado los ojos." "Porque éste es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros." "El que no ama a su hermano, está en muerte. Cualquiera que aborrece a su hermano, es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permaneciente en sí. En esto hemos conocido el amor, porque él puso su vida por nosotros: también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos'.
El mayor peligro de la iglesia de Cristo no es la oposición del mundo. Es el mal acariciado en los corazones de los creyentes lo que produce el más grave desastre, y lo que, seguramente, más retardará el progreso de la causa de Dios. No hay forma más segura para destruir la espiritualidad que abrigar envidia, sospecha, crítica o malicia. Por otro lado, el testimonio más fuerte de que Dios ha enviado a su Hijo al mundo, es la armonía y unión entre hombres de distintos caracteres que forman su iglesia. El privilegio de los seguidores de Cristo es dar ese testimonio. Pero para poder hacerlo, deben colocarse bajo las órdenes de Cristo. Sus caracteres deben conformarse a su carácter, y sus voluntades a la suya.
"Un mandamiento nuevo os doy -dijo Cristo:- Que os améis unos a otros: como os he amado, que también os améis los unos a los otros." (Juan 13: 34.) ¡Qué maravillosa declaración! Pero, ¡cuán poco se la practica! Hoy día en la iglesia de Dios, el amor fraternal falta, desgraciadamente. Muchos que profesan amar al Salvador, no se aman unos a otros. Los incrédulos observan para ver si la fe de los profesos cristianos ejerce una influencia santificadora sobre sus vidas; y son prestos para discernir los defectos del carácter y las acciones inconsecuentes. No permitan los cristianos que le sea posible al enemigo señalarlos diciendo: Mirad cómo esas personas, que se hallan bajo la bandera de Cristo, se odian unas a otras. Todos los cristianos son miembros de una familia, hijos del mismo Padre celestial, con la misma esperanza bienaventurada de la inmortalidad. Muy estrecho y tierno debe ser el vínculo que los une.
El amor divino dirige sus más conmovedores llamamientos al corazón cuando nos pide que manifestemos la misma tierna compasión que Cristo mostró. Solamente el hombre que tiene un amor desinteresado por su hermano, ama verdaderamente a Dios. El verdadero cristiano no permitirá voluntariamente que un alma en peligro y necesidad camine desprevenida y desamparada. No podrá mantenerse apartado del que yerra, dejando que se hunda en la tristeza y desánimo, o que caiga en el campo de batalla de Satanás.
Los que nunca experimentaron el tierno y persuasivo amor de Cristo, no pueden guiar a otros a la fuente de la vida. Su amor en el corazón es un poder competente, que induce a los hombres a revelarlo en su conversación, por un espíritu tierno y compasivo, y en la elevación de las vidas de aquellos con quienes se asocian. Los obreros cristianos que tienen éxito en sus esfuerzos deben conocer a Cristo, y a fin de conocerle, deben conocer su amor. En el cielo se mide su idoneidad como obreros por su capacidad de amar como Cristo amó y trabajar como él trabajó.
"No amemos de palabra," escribe el apóstol, "sino de obra y en verdad." La perfección del carácter cristiano se obtiene cuando el impulso de ayudar y beneficiar a otros brota constantemente de su interior. Cuando una atmósfera de tal amor rodea el alma del creyente, produce un sabor de vida para vida, y permite que Dios bendiga su trabajo.
Un amor supremo hacia Dios y un amor abnegado hacia nuestros semejantes, es el mejor don que nuestro Padre celestial puede conferirnos. Tal amor no es un impulso, sino un principio divino, un poder permanente. El corazón que no ha sido santificado no puede originarlo ni producirlo. Únicamente se encuentra en el corazón en el cual reina Cristo. "Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero." En el corazón que ha sido renovado por la gracia divina, el amor es el principio dominante de acción. Modifica el carácter, gobierna los impulsos, controla las pasiones, y ennoblece los afectos. Ese amor, cuando uno lo alberga en el alma, endulza la vida, y esparce una influencia ennoblecedora en su derredor.
Juan se esforzó por hacer comprender a los creyentes los eminentes privilegios que podían obtener por el ejercicio del espíritu de amor. Cuando ese poder redentor llenara el corazón, dirigiría cualquier otro impulso y colocaría a sus poseedores por encima de las influencias corruptoras del mundo. Y a medida que este amor llegara a dominar completamente y a ser la fuerza motriz de la vida, su fe y confianza en Dios y en el trato del Padre para con ellos serían completas. Podrían llegar a él con plena certidumbre y fe, sabiendo que el Señor supliría cada necesidad para su bienestar presente y eterno. "En esto es perfecto el amor con nosotros -escribió,- para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo. En amor no hay temor; mas el perfecto amor echa fuera el temor." "Y ésta es la confianza que tenemos en él, que si demandaremos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye,. . . sabemos que tenemos las peticiones que le hubiéramos demandado".
"Y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo; y él es la propiciación por nuestros pecados: y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo". "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados y nos limpie de toda maldad". Las condiciones para obtener la misericordia de Dios son sencillas y razonables. El Señor no requiere que hagamos algo doloroso a fin de obtener el perdón. No necesitamos hacer largas y cansadoras peregrinaciones o ejecutar penitencias penosas para encomendar nuestras almas a él o para expiar nuestra transgresión. El que "confiesa y se aparta" de su pecado "alcanzará misericordia." (Prov. 28: 13.)
En los atrios celestiales, Cristo intercede por su iglesia, intercede por aquellos para quienes pagó el precio de la redención con su sangre. Los siglos de los siglos no podrán menoscabar la eficiencia de su sacrificio expiatorio. Ni la vida ni la muerte, ni lo alto ni lo bajo, pueden separarnos del amor de Dios que es en Cristo Jesús; no porque nosotros nos asimos de él tan firmemente, sino porque él nos sostiene con seguridad. Si nuestra salvación dependiera de nuestros propios esfuerzos, no podríamos ser salvos; pero ella depende de Uno que endosa todas las promesas. Nuestro asimiento de él puede parecer débil, pero su amor es como el de un hermano mayor; mientras mantengamos nuestra unión con él, nadie podrá arrancarnos de su mano. (Los hechos de los apóstoles, pp. 436-442.)
Guía de Estudio de la Biblia: Amadas y llenas de amor: Las Epístolas de Juan / Notas de Elena de White.
Periodo: Trimestre Julio-Septiembre de 2009
Autor: Ekkehardt Mueller, nacido en Alemania, doctor en Teología y Ministerio. Es uno de los directores asociados del Instituto de Investigaciones Bíblica (Biblical Research Institute) de la Asociación General. Sus especialidades son Nuevo Testamento, el libro de Apocalipsis, hermenéutica y teología aplicada. Es casado y tiene dos hijos adultos.
Editor: Clifford Goldstein
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