sábado, 24 de abril de 2010

Lección 5: El medioambiente / Notas de Elena G. de White.


Sábado 24 de abril

Aunque la Biblia debe ocupar el primer lugar en la educación de los niños y jóvenes, el libro de la naturaleza le sigue en importancia. Las obras creadas por Dios testifican de su amor y poder. El ha llamado al mundo a la existencia, con todo lo que contiene. Dios ama lo bello; y en el mundo que ha preparado para nosotros, no solo nos ha dado todo lo necesario para nuestra comodidad, sino que ha llenado los cielos y la tierra de belleza. Vemos su amor y cuidado en los ricos campos del otoño, y su sonrisa en la alegre luz del sol. Su mano ha hecho las rocas como castillos y las sublimes montañas. Los altos árboles crecen a su orden; él ha extendido la verde y aterciopelada alfombra de la tierra, y la ha tachonado de arbustos y flores.

¿Por qué revistió él la tierra y los árboles de verde vivo, en vez de un marrón oscuro y sombrío? ¿No es acaso para que fuesen más agradables a la vista? ¿Y no se llenará nuestro corazón de gratitud al ver las evidencias de su sabiduría y amor en las maravillas de su creación? (Consejos para los maestros, padres y alumnos, p. 177).


Creación del medioambiente
Domingo 25 de abril

Puesto que el libro de la naturaleza y el de la revelación llevan el sello de la misma mente maestra, no pueden sino hablar en armonía. Con diferentes métodos y lenguajes, dan testimonio de las mismas grandes verdades. La ciencia descubre siempre nuevas maravillas, pero en su investigación no obtiene nada que, correctamente comprendido, discrepe con la revelación divina. El libro de la naturaleza y la Palabra escrita se alumbran mutuamente. Nos familiarizan con Dios al enseñarnos algo de las leyes por medio de las cuales él obra.

Sin embargo, algunas deducciones erróneas de fenómenos observados en la naturaleza, han hecho suponer que existe un conflicto entre la ciencia y la revelación y, en los esfuerzos realizados para restaurar la armonía entre ambas, se han adoptado interpretaciones de las Escrituras que minan y destruyen la fuerza de la Palabra de Dios. Se ha creído que la geología contradice la interpretación literal del relato mosaico de la creación. Se pretende que se requirieron millones de años para que la tierra evolucionara a partir del caos, y a fin de acomodar la Biblia a esta supuesta revelación de la ciencia, se supone que los días de la creación han sido vastos e indefinidos períodos que abarcan miles y hasta millones de años.

Semejante conclusión es enteramente innecesaria. El relato bíblico está en armonía consigo mismo y con la enseñanza de la naturaleza. Del primer día empleado en la obra de la creación se dice: "Y fue la tarde y la mañana un día". Lo mismo se dice en sustancia de cada uno de los seis días de la semana de la creación. La inspiración declara que cada uno de esos períodos ha sido un día compuesto de mañana y tarde, como cualquier otro día transcurrido desde entonces. En cuanto a la obra de la creación, el testimonio divino es como sigue: "Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió". ¿Cuánto tiempo necesitaría para sacar la tierra del caos aquel que podía llamar de ese modo a la existencia a los mundos innumerables? Para dar razón de sus obras, ¿hemos de violentar su Palabra? (La educación, pp. 128, 129).

En la creación del hombre resulta manifiesta la intervención de un Dios personal. Cuando Dios hubo hecho al hombre a su imagen, el cuerpo humano quedó perfecto en su forma y organización, pero estaba aún sin vida. Después, el Dios personal y existente de por sí infundió en aquella forma el soplo de vida, y el hombre vino a ser criatura viva e inteligente. Todas las partes del organismo humano fueron puestas en acción. El corazón, las arterias, las venas, la lengua, las manos, los pies, los sentidos, las facultades del espíritu, todo ello empezó a funcionar, y todo quedó sometido a una ley. El hombre fue hecho alma viviente. Por medio de Cristo el Verbo, el Dios personal creó al hombre, y lo dotó de inteligencia y de facultades (El ministerio de curación, pp. 322, 323).

Las cosas de la naturaleza que hoy miramos nos dan solo un débil concepto de la belleza y gloria del Edén. Sin embargo, el mundo natural, con voz inequívoca, proclama la gloria de Dios. En las cosas de la naturaleza, desfiguradas como están por la marchitez del pecado, permanece mucho que es bello. Alguien, omnipotente en poder, grande en bondad, en misericordia y en amor, ha creado la tierra, y aun en su estado marchito, inculca verdades en cuanto al hábil Artista Maestro. En este libro de la naturaleza, abierto ante nosotros, en las bellas y perfumadas flores, con sus variados y delicados matices, Dios nos da una expresión inconfundible de su amor. Después de la transgresión de Adán, Dios podría haber destruido cada capullo que se abría y cada flor que crecía, o podría haberles quitado su fragancia, tan grata a los sentidos. En la tierra, marchita y malograda por la maldición, en las zarzas, los cardos, las espinas, los abrojos, podemos leer la ley de la condenación; pero en el delicado color y perfume de las flores, podemos aprender que Dios todavía nos ama, que su misericordia no se ha retirado completamente de la tierra (Mensajes selectos, tomo 1, p. 342).


El ambiente del sábado
Lunes 26 de abril

El sábado fue dado a la humanidad entera para conmemorar la obra de la creación. Después de colocar los fundamentos de la tierra, después de vestir al mundo entero con su manto de hermosura, y de crear todas las maravillas de la tierra y el mar, el gran Jehová instituyó el día sábado y lo santificó. Cuando cantaban juntas las estrellas del alba, y todos los hijos de Dios daban voces de júbilo, el sábado fue apartado como un monumento divino. Dios santificó y bendijo el día durante el cual reposó de toda su obra admirable. Y este sábado santificado por Dios, debía guardarse como un pacto perpetuo. Era un monumento conmemorativo que debía perdurar durante todas las edades, hasta el fin de la historia terrenal (Exaltad a Jesús, p. 47).

El sábado fue santificado en la creación. Tuvo su origen "cuando alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios” (Job 38:7). Había paz en el mundo porque la tierra estaba en armonía con el cielo. "Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Génesis 1:31), y descansó regocijándose en sus obras creadas. Dios bendijo el séptimo día y lo santificó, apartándolo de esa manera para un uso sagrado, y se lo ofreció a Adán como su día de descanso. Había de ser el monumento conmemorativo de la creación y una señal del poder y el amor divinos. La Escritura declara que "las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa" (Romanos 1:20).

Todas las cosas fueron creadas por el Hijo de Dios: "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Éste era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho" (Juan 1:1-3). Por lo tanto, el sábado, monumento conmemorativo de la creación, es también una señal del amor y el poder de Cristo.

El sábado dirige nuestros pensamientos hacia la naturaleza y nos pone en comunión con el Creador. En el trino de los pájaros, el susurro de los árboles y las ondas del mar, todavía podemos escuchar la voz que le hablaba a Adán en el Edén al aire del día. Y al contemplar su poder en la naturaleza se renueva nuestro ánimo porque la voz que creó todas las cosas es la misma que le habla al alma: "Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo" (2 Corintios 4:6) (Review and Herald, 18 de agosto, 1910).

Los judíos acusaban a Cristo de quebrantar el sábado cuando en realidad él trataba de restaurar sus características originales. Las interpretaciones de la ley por parte de los rabinos, que habían transformado al sábado en una pesada carga, le quitaban su verdadero propósito y daban un falso concepto de la ley y el carácter de Dios. Sus enseñanzas lo representaban como ordenando leyes imposibles de cumplir, tanto para los judíos como para los otros pueblos. Mientras profesaban servirle, estaban realizando el trabajo de Satanás al mal interpretar el carácter de Dios y presentarlo como un tirano. De esa manera, la observancia del sábado hacía que la gente endureciera su corazón y se rebelara (General Conference Bulletin, 5 de marzo, 1895).


Cambios en el medioambiente después del pecado
Martes 27 de abril

Aunque la tierra estaba marchitada por la maldición, la naturaleza debía seguir siendo el libro de texto del hombre. Ya no podía representar bondad solamente, porque el mal estaba presente en todas partes y arruinaba la tierra, el mar y el aire con su contacto contaminador...

En las flores mustias, y la caída de las hojas, Adán y su compañera vieron los primeros signos de decadencia. Fue presentada con vividez ante su mente la dura realidad de que todo lo viviente debía morir. Hasta el aire, del cual dependía su vida, llevaba los gérmenes de la muerte.

También se les recordaba de continuo la pérdida de su dominio. Adán había sido rey de los seres inferiores, y mientras permaneció fiel a Dios, toda la naturaleza reconoció su gobierno, pero cuando pecó, perdió su derecho al dominio. El espíritu de rebelión, al cual él mismo había dado entrada, se extendió a toda la creación animal...

Sin embargo, el hombre no fue abandonado a los resultados del mal que había escogido. En la sentencia pronunciada contra Satanás se insinuó la redención... Esta sentencia pronunciada a oídos de nuestros primeros padres, fue para ellos una promesa. Antes que oyesen hablar de los espinos y cardos, del trabajo rudo y del dolor que les habían de tocar en suerte, o del polvo al cual debían volver, oyeron palabras que no podían dejar de infundirles esperanza. Todo lo que se había perdido al ceder a las insinuaciones de Satanás se podía recuperar por medio de Cristo.

Después de la transgresión de Adán, Dios podría haber destruido cada pimpollo y cada flor, o podría haberles quitado su fragancia, tan agradable a los sentidos. En la tierra seca y echada a perder por la maldición, en zarzas, cardos, espinas, y en la cizaña podemos leer la ley de la condenación; pero en el color delicado y el perfume de las flores, podemos conocer que Dios aún nos ama, que su misericordia no ha sido quitada por completo de la tierra (Conflicto y valor, p. 19).

Después de la caída en el pecado, la raza humana habría de ser afligida por las tentaciones satánicas. En lugar de un trabajo feliz y agradable, Adán tendría que luchar con una carga pesada de ansiedad y cansancio, de pesares y dolores, hasta que volviera al polvo, pues polvo era y al polvo tornaría.

Se les informó a Adán y Eva que perderían su hogar edénico. Habían cedido a los engaños satánicos y habían creído que Dios les había mentido. Le habían abierto la puerta a Satanás para que los tentara, y no era seguro para ellos que permanecieran en el jardín del Edén donde continuarían teniendo acceso al árbol de la vida, lo que perpetuaría una vida de pecado. Aunque reconocían su falta, rogaron que se les permitiera permanecer, prometiendo que en el futuro serían plenamente obedientes a Dios. Sin embargo, se les informó que su caída de su estado de inocencia los había hecho menos fuertes y más débiles para resistir las tentaciones. Si no habían mantenido su integridad cuando vivían en una santa y feliz inocencia, mucho menos permanecerían leales cuando eran conscientes de su culpabilidad. Estas palabras llenaron de angustia y remordimiento a la infeliz pareja. Ahora comprendían claramente que la paga del pecado era la muerte (Signs of the Times, 23 de enero, 1879).


Nuestra responsabilidad hacia el medioambiente
Miércoles 28 de abril

Dios le concede al ser humano el privilegio de cuidar de las riquezas de la tierra, cooperando con él al usar los preciosos dones recibidos para hacer avanzar su causa en el mundo. Dios podría hacer su obra sin la ayuda humana, pero ese no es su plan. En cambio le da a cada uno su obra y lo nombra mayordomo de sus tesoros y recursos intelectuales. Su misericordia y generosidad le permite a cada ser humano tener medios para devolverle a él, y para ser considerado un mayordomo fiel.

No importa cuán maravillosos sean los poderes y las habilidades de una persona, ésta no puede considerarlos sus propios méritos puesto que no posee nada que Dios no le haya permitido tener, y que podría retirárselos si no son apreciados y utilizados correctamente. Incluso los ángeles reconocen que todos sus dones son regalos celestiales que deben usar para aumentar la gloria del gran Dador. Por eso, si alguien utiliza sus capacidades dadas por Dios para su gratificación o glorificación propia, deshonra al Creador. Hermanos y hermanas, Dios pide que consagremos a su servicio todas las facultades que nos ha dado, y que digamos con David: "Porque todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos" (1 Crónicas 29: 14) (Review and Herald, 24 de agosto, 1905).

Hay necesidad de conocer más acerca de los métodos para la preparación del suelo. Si no se ha hecho lo suficiente para preparar la tierra antes de sembrar solo se recibirán resultados desanimadores. Dios quiere que se mejoren los métodos de trabajo y se ponga habilidad e inteligencia en la construcción de edificios, en la chacra, y en cualquier otro departamento, a fin de que los obreros no trabajen en vano. El que hizo el mundo para beneficio del ser humano hará que la tierra produzca una buena cosecha cuando el suelo es cabalmente preparado por el obrero diligente, y preparará mesa para su pueblo en el desierto. Muchos que se quejan de que la tierra no produce deberían leer las Escrituras del Antiguo Testamento para ver que el Señor conoce mucho más que ellos acerca del trato del suelo. Después de producir tesoros para beneficio de sus poseedores, se le debería permitir a la tierra descansar y después cambiar el tipo de siembra. En el Antiguo Testamento podemos aprender mucho acerca de como tratar la tierra (The Advocate, 1º de marzo, 1901).


Adoradores del sol
Jueves 29 de abril

En la construcción de casas es de gran importancia asegurar completa ventilación y mucho sol. Haya circulación de aire y mucha luz en cada pieza de la casa. Los dormitorios deben estar dispuestos de tal modo que el aire circule por ellos día y noche. Ningún cuarto es adecuado para servir como dormitorio a menos que pueda abrirse de par en par cada día para dar acceso al aire y a la luz del sol...

Al construir la casa, muchos cuidan de disponer sitio para plantas y flores. El invernáculo o el lugar que se les dedica está abrigado y asoleado, pues sin calor, aire y sol, las plantas no pueden vivir. Si estas condiciones son necesarias para la vida de las plantas, ¡cuánto más lo serán para nuestra salud y para la de nuestras familias y huéspedes! (El ministerio de curación, pp. 208, 209).

Con demasiada frecuencia los inválidos se privan de la luz solar. Este es uno de los agentes más sanadores de la naturaleza. Es un remedio muy sencillo, y por eso no &y de moda, disfrutar de los divinos rayos del sol y hermosear nuestro hogar con su presencia. Está de moda cuidar de excluir la luz del sol de nuestras salas y dormitorios; se cuelgan cortinas y se cierran las celosías, como si sus rayos fueran perjudiciales para la vida y la salud. No es Dios el que nos ha enviado las muchas penas que sufren los mortales. Nuestra propia insensatez nos ha llevado a privamos de cosas que son preciosas, de bendiciones que Dios ha provisto, y que, si se usan correctamente, son de inestimable valor para recuperar la salud. Si deseáis que vuestros hogares sean dulces y acogedores, iluminadlos con aire y sol. Quitad las pesadas cortinas, abrid las ventanas y las celosías, y disfrutad de la rica luz del sol, aun a costa del color de las alfombras. Los preciosos rayos del sol pueden decolorar vuestras alfombras, pero darán un color saludable a las mejillas de vuestros hijos. Si tenéis la presencia de Dios y poseéis corazones fervientes y amantes, un hogar humilde, brillante de aire y sol y alegre con una hospitalidad sin egoísmo, será para vuestra familia y para el cansado viajero, un cielo en la tierra (Testimonios para la iglesia, tomo 2, p. 467).

Muy pocos comprenden que, para disfrutar de buena salud y ánimo es necesario tomar mucho sol y aire puro, y hacer ejercicio físico. Compadecemos a los niños que están siempre encerrados cuando el sol resplandece esplendoroso afuera.

Vestid a vuestros hijos con ropa cómoda y apropiada... Luego permitidles salir afuera y hacer ejercicios al aire libre, y vivir para gozar de salud y alegría.

El brote pálido y enfermizo de los cereales que ha luchado por surgir en medio del frío del principio de la primavera, se tiñe de verde profundo y natural después de recibir los saludables y vivificadores rayos del sol durante algunos días. Salid a recibir la luz y el calor del sol radiante... y compartid con la naturaleza su poder vivificante y sanador (Meditaciones matinales 1952, p 142).


Para estudiar y meditar
Viernes 23 de abril

- Patriarcas y profetas, pp. 24-33.
- El conflicto de los siglos, pp. 729-737.




Guía de Estudio de la Biblia: "SALUD y SANIDAD" / Notas de Elena G. de White.
Periodo: Trimestre 2 / abril-junio de 2010

Autor: Alian Handysides, Kathleen Kuntaraf, Peter Landless, Stoy Proctor y Thomas Zirkle (Departamento de Salud y Temperancia de la Asociación General).
Colaboradores: Cheryl Des Jarlais, Dan Solís, John C. Cress, Elizabeth Lechleitner.
Dirección general: Clifford Goldstein
Dirección editorial: Carlos A. Steger
Traducción: Rolando A. Itin

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