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sábado, 15 de agosto de 2009

Lección 8: Amar a los hermanos / Para el 22 de agosto de 2009

Sábado 15 de agosto.

Lee Para el Estudio de esta Semana: Marcos 12:28-31; Juan 14:15; 1 Juan 3:11-24; 4:7-5:4; Santiago 2:15, 16.

Para Memorizar: “Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano” (1 Juan 4:21).

Un pastor recibió la visita de una mujer llena de odio hacia su esposo. Ella no solo quería el divorcio; quería causarle tanto dolor como le fuera posible. El pastor le sugirió que se fuera a casa y actuara como si realmente lo amara. Ella debía decirle cuánto significaba él para ella, y ser tan amable con él como pudiera. Después de haberlo convencido del amor imperecedero de ella, ella debía informarle que quería el divorcio. Eso le garantizaría herirlo todo lo que fuera posible.

Con la venganza brillando en sus ojos, ella dijo que haría precisamente eso: derramaría amor sobre él por unos pocos meses como nunca lo había hecho antes. Luego el pastor la llamó y le preguntó acerca del divorcio. “¡De ninguna manera!”, contestó ella, “he descubierto que realmente lo amo”.

El amor es capaz de cambiar nuestro mundo, nuestras iglesias, nuestras familias y nuestros matrimonios. Esta semana veremos un poco de lo que Juan dice acerca de este tema vital, y cómo aquellos que afirman seguir al Maestro han de manifestar el amor.
Un Vistazo a la Semana: ¿Qué enseña Juan acerca de la importancia del amor? ¿De qué modo se manifiesta el amor cristiano? ¿De qué manera revela el plan de salvación el verdadero significado del amor? ¿Cómo podemos nosotros, como pecadores, tener la certeza de la salvación? ¿Cómo deben manifestar amor los cristianos?

Los Dos Pasajes del Amor (1 Juan 3:11-24; 4:7-5:4).
Domingo 16

El pasaje que analizamos la semana pasada terminaba diciendo que los hijos de Dios se pueden reconocer porque hacen lo que es correcto, y aman a sus hermanos y sus hermanas en el Señor (1 Juan 3:10). Ese versículo establece un puente hacia la discusión del amor que aparece en el resto de la epístola.

¿Cuáles son algunas semejanzas entre 1 Juan 3:11 al 24 y 1 Juan 4:7 a 5:4?

Los dos pasajes son notablemente similares. Ambos contienen la frase amaos unos a otros repetidamente (1 Juan 3:11, 23; 4:7, 11, 12). Ambos enfatizan que los objetos del amor son primariamente otros creyentes, y ambos nos advierten contra el odiar a nuestros hermanos y nuestras hermanas. Ambos pasajes también enfatizan el amor de Dios por nosotros.

Primera de Juan 3:11 al 24 se concentra en el amarse unos a otros, y usa las variantes de la frase “amar” ocho veces; el segundo pasaje lo emplea más de treinta veces y amplía el tema: Somos llamados a amar no solo a los hijos de Dios sino también a Dios mismo. Por otro lado, Dios nos amó primero y todavía nos ama.

Primera de Juan 4:7 a 5:4 debe entenderse también en el contexto de los anticristos, que estaban equivocados en sus ideas acerca de Jesús. El pasaje dice que Jesús es el Hijo de Dios (1 Juan 4:15) y el Cristo (1 Juan 5:1), y que llegó a ser el sacrificio expiatorio por nuestros pecados y el Salvador del mundo. Solo mediante él y lo que él hizo por nosotros puede el amor de Dios ser comprendido en su sentido más profundo. Es decir, solo si comprendemos lo que sucedió en la Cruz y cómo Cristo llevó sobre sí mismo el castigo de nuestros pecados podemos llegar a amar a Dios como deberíamos hacerlo.
Lee de nuevo los pasajes para la sección de hoy. ¿Qué punto específico, o puntos, se destacan ante ti, te hablan, te convencen, más? ¿Cuán bien estás haciendo lo que Juan dice aquí? ¿Cuán bien reflejas hacia otros el amor que Dios tiene hacia ti? ¿Qué cambios necesitas hacer a fin de mostrar mejor ese amor?

La “Definición” del Amor (1 Juan 3:11-16; 4:7-16).
Lunes 17

Aunque Juan habla mucho acerca del amor en estos versículos, ¿cómo define y explica él el amor? 1 Juan 3:12-16; 4:7-10, 16.

Es interesante notar que Juan no procura dar una definición semántica del amor. Más bien, comienza usando el ejemplo de Caín para mostrar lo que el amor no es.

¿De qué modo ese ejemplo destaca el punto que quiere presentar Juan?

El ejemplo negativo es seguido por uno positivo. Jesús entregó su vida por nosotros. El Padre envió a su Hijo como un sacrificio expiatorio. Él lo envió para ser el Salvador del mundo. Este es el significado más profundo del amor. El amor significa hacer todo lo que sea necesario para ayudar a otros, aun si incluye el sacrificio propio. Por ello, qué contraste establece con lo que Caín le hizo a su hermano. El amor significa también perdonar y olvidar el pasado. En el caso de Jesús, significó una negación propia completa por el bien de otros.

Pero el amor no es un mero espectáculo para ser contemplado. Debe tener un impacto sobre la vida de otros. Si alguien saltara al agua y se ahogara solamente para demostrar su amor, no significaría nada. Pero si la persona que saltó perdiera su vida a fin de salvar la de otro, eso es amor.

La mejor definición de amor es el carácter y la obra de la Deidad como se revelaron en el plan de salvación, en el que Jesús se dio a sí mismo por nosotros.

El amor cristiano tiene su fuente en el amor de Dios. Permanecer en amor significa gozar de una relación íntima con Dios. No hay amor, en el sentido bíblico que, en última instancia, no provenga de Dios (1 Juan 4:7). Sin embargo, la afirmación de que “todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios”, en el mismo versículo podría ser mal entendida. Tiene que ser interpretada en el contexto de 1 Juan. De acuerdo con 1 Juan 3:23, la fe (una creencia verdadera) y el amor van juntos; de acuerdo con 1 Juan 5:2, el amor y el guardar los mandamientos también van juntos. Cualquiera puede decir que ama a Dios; Juan nos muestra de qué manera ese amor ha de ser revelado.

¿Cuáles son algunos ejemplos de esta clase amor que tú has visto manifestado entre otros? ¿Quiénes manifestaron este amor, qué hicieron y qué aprendiste de ellos acerca del verdadero significado del amor?

Una Crisis de Certeza.
Martes 18

Lee 1 Juan 3:19 al 21. ¿Qué aspecto está destacando Juan? ¿Qué nos está queriendo enseñar? ¿Quién no ha experimentado, en algún momento, el sentimiento del que Juan está hablando aquí? Lee también 1 Juan 4:17 y 18. ¿De qué problema está ocupándose aquí Juan? Otra vez, ¿quién no ha experimentado esta preocupación?

¿Qué cristiano, en algún momento, mirándose a sí mismo, a sus debilidades, a su falta de amor, a sus limitaciones, no se ha sentido condenado, culpable, aun perdido? Cuán importante es recordar que Dios es mayor que nosotros, mayor que nuestra culpabilidad, mayor que nuestros corazones. Cuán vital es que nos demos cuenta, día tras día, que nuestra esperanza de salvación debe descansar en Jesús y su obra en nuestro favor. Solo si dependemos de él, de sus méritos, y no de los nuestros, podemos tener confianza y seguridad.

La confianza se enfatiza varias veces en 1 Juan. Juan quiere que los creyentes tengan confianza cuando se acercan a Dios en oración (1 Juan 3:21, 22), confianza ante la realidad de la venida de Cristo (1 Juan 2:28) y confianza acerca del Juicio divino (1 Juan 4:17). Dios quiere el bien de nosotros, sus hijos. Estar afirmados en su amor echa fuera todo temor.

“Satanás sabe que aquellos que buscan a Dios fervientemente para alcanzar perdón y gracia los obtendrán; por lo tanto, les recuerda sus pecados para desanimarlos. Constantemente busca motivos de queja contra los que procuran obedecer a Dios. Trata de hacer aparecer como corrompido aun su servicio mejor y más aceptable. Mediante estratagemas incontables, y de las más sutiles y crueles, intenta obtener su condenación.

“El hombre no puede, por sí mismo, hacer frente a estas acusaciones del enemigo. Con sus ropas manchadas de pecado, confiesa su culpabilidad delante de Dios. Pero Jesús, nuestro Abogado, presenta una súplica eficaz en favor de todos los que mediante el arrepentimiento y la fe le han confiado la guarda de sus almas. Intercede por su causa y vence a su acusador con los poderosos argumentos del Calvario. Su perfecta obediencia a la Ley de Dios le ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra, y él solicita a su Padre misericordia y reconciliación para el hombre culpable” (MGD 316).

¿Qué esperanza puedes obtener para ti de estas palabras inspiradas?

El Amor en Acción (1 Juan 3:17, 18; 4:19-21).
Miércoles 19

Juan no se contenta con teorizar acerca del amor. Él nos hace saber que Dios quiere que pongamos el amor en acción. Por lo tanto, afirma que el odio es incompatible con una actitud amante, y que aun es una forma de homicidio (1 Juan 3:15). Él dice, además, que no deberíamos amar solo de palabra, sino también con acciones (vers. 18).

Por supuesto, Juan no se opone a que hablemos palabras bondadosas y animadoras los unos a los otros. Las palabras son una parte importante de compartir el amor. ¿Cómo se sentirían los cónyuges, los hijos, los familiares y los amigos si nunca recibieran confirmaciones verbales de nosotros? Aun Juan mismo usó palabras para compartir el amor de Dios con los demás.

Sin embargo, Juan se opone a una declaración superficial de amor sin compromiso. En 1 Juan 3:17, describe una situación similar a la que encontramos en Santiago 2:15, 16. Un miembro de iglesia tiene una necesidad. Otros tienen los medios para ayudarlo, pero no hacen nada más que decir cosas lindas a esa persona. Eso no es suficiente. Dios no solo nos informó que él nos ama; él envió a su Hijo para morir en nuestro lugar. Las personas que aman mucho hacen mucho, porque el amor verdadero es activo.

Lee 1 Juan 3:16 y 17. ¿Qué mandamiento es el más difícil de seguir, y por qué?

No es probable que alguno de nosotros tenga que morir por otro creyente. Pero, lo más probable es que seamos llamados a demostrar amor por alguien que está en necesidad. Podemos tener los medios para proporcionar trabajo, alimento, ropa, una educación cristiana, un lugar de refugio; lo que sea. En lugar de eso, sin embargo, tal vez preferimos vivir nuestras vidas con comodidad. Los primeros cristianos compartieron sus medios financieros. Amar a otros es un desafío, especialmente porque demanda un sacrificio de nuestra parte.

El hogar es el lugar donde el amor debe manifestarse aunque a veces sea el más difícil). Hay incontables maneras en que podemos mostrar nuestro amor a los miembros de la familia. A veces, aun las cosas más pequeñas pueden enviar un mensaje poderoso de amor y aceptación: una ayuda extra en las tareas de la casa, una comida agradable, una salida especial de toda la familia junta; lo que sea. Hay muchas maneras en que podemos manifestar amor. El amor piensa primero en los demás; más aún, actuará sobre la base de esos pensamientos.

Imagínate cómo sería vivir en un hogar en el que se manifestara el verdadero amor. ¿Qué cambios debieras hacer tú que podrían ayudar a traer ese ideal más cerca de la realidad en tu hogar?

El Amor y los Mandamientos (1 Juan 3:22-24; 4:21-5:4).
Jueves 20

Ambos pasajes que estamos estudiando esta semana terminan con una referencia a los mandamientos. El término se usa cuatro veces en ambas secciones. En 1 Juan 5:2, se habla acerca de guardar los mandamientos, lo mismo que en 1 Juan 3:22 y 24 y 5:3, donde se enfatiza la obediencia, o el guardar los mandamientos.

¿Qué enseñan los dos pasajes acerca de los mandamientos además de que deben ser guardados? 1 Juan 3:22; 1 Juan 3:23; 1 Juan 3:24; 1 Juan 4:21; 1 Juan 5:2; 1 Juan 5:3.

Juan enseña que guardar los mandamientos de Dios y hacer lo que le agrada (1 Juan 3:22) les da confianza a los cristianos de que Dios escucha sus oraciones. El mandato de Dios es creer en Jesús y amarse unos a otros. Guardar los mandamientos permite el permanecer mutuo: nosotros en Dios y Dios en nosotros. Amar a Dios incluye guardar los mandamientos y, de hecho, podemos guardarlos porque no son una carga.

Cuando Juan habla acerca de mandamiento, en singular, menciona el mandamiento de creer en Jesús como el Mesías y amarse unos a otros. En el capítulo 4, el mandamiento es que nosotros, que amamos a Dios, debemos amar también a nuestros hermanos y nuestras hermanas.

Cuando le preguntaron a Jesús cuál de los mandamientos era el más importante o el principal de ellos, él respondió señalando al mandamiento de amar a Dios con todo el corazón, el alma, la mente y las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo (Mar. 12:28-31). No obstante, él enfatizó también que los que aman a Dios guardan sus mandamientos (Juan 14:15), y en el Sermón del Monte se refirió a varios mandamientos diferentes.

Cambiando de mandamiento (singular) a los mandamientos (plural), Juan pudo haber indicado que el mandamiento del amor se expresa en una multiplicidad de mandamientos.

¿De qué modo podemos nosotros, en nuestro andar con el Señor, experimentar la realidad de los mandamientos de Dios como algo más que solo un conjunto de reglas? ¿Es esto todo lo que son ellos? ¿O son ellos algo más? Si es así, ¿qué son?

Para Estudiar y Meditar.
Viernes 21

Lee 1 Corintios 13; y, en Los hechos de los apóstoles, “Un testigo fiel”, páginas 452 y 453.
“Nunca debemos pasar junto a un alma que sufre sin tratar de impartirle el consuelo con el cual somos nosotros consolados por Dios. Todo esto no es sino el cumplimiento del principio de la Ley: el principio ilustrado en la historia del buen samaritano y manifestado en la vida de Jesús. Su carácter revela el verdadero significado de la Ley, y muestra qué es amar al prójimo como a nosotros mismos. Y, cuando los hijos de Dios manifiestan misericordia, bondad y amor hacia todos los hombres, también atestiguan el carácter de los estatutos del Cielo.[...] El amor de Dios en el corazón es la única fuente de amor al prójimo” (DTG 466).

“Ustedes deberían eliminar la formalidad fría, congelada que tienen, tan pronto como sea posible. Necesitan cultivar sentimientos de ternura y amistad en su vida diaria. Deberían manifestar verdadera cortesía y urbanidad cristiana. El corazón que realmente ama a Jesús ama a aquellos por los cuales él murió. Tan ciertamente como la aguja apunta al polo, el verdadero seguidor de Cristo, con un espíritu de labor ferviente, procurará salvar almas por las cuales Cristo dio su vida. Trabajando por la salvación de los pecadores mantendrá el amor de Cristo con calidez en el corazón, y dará a ese amor un crecimiento y un desarrollo adecuados” (T 3:466).

Preguntas Para Dialogar:

1. Tendemos a pensar en todas las amonestaciones a amar como un asunto personal, entre Dios y nosotros mismos. Y, aunque eso es cierto, ciertamente no se limita a nosotros como individuos, ¿verdad? Es decir, ¿qué puede hacer tu iglesia local, como cuerpo de iglesia, para mostrar amor, de maneras que tú solo, como persona, no podrías lograr? ¿Cuán bien revela tu iglesia local el amor de Dios a la comunidad? ¿Qué puedes hacer para ayudar en esta área tan importante?

2. En la clase, conversen acerca de varias personas que han mostrado la clase de amor del que se habla esta semana. ¿Qué hicieron? ¿Qué clase de sacrificio propio estuvo involucrado? ¿Qué tuvieron en común sus acciones, que puede ayudarnos a comprender mejor lo que es el verdadero amor?

3. La Biblia dice que el amor es de Dios. ¿Por qué debe ser esto así? Piensa en ello: ¿de dónde más podría venir el amor? Es difícil imaginarse cómo la materia y la energía solas, es decir, la materia física y los átomos, pudieran crear por sí mismos algo como el amor. ¿De qué modo la realidad del amor nos ayuda a comprender mejor la realidad de Dios? ¿De qué modo tu expresión del amor revela a otros la existencia de Dios? ¿De qué maneras la manifestación del amor podría ser la mejor evidencia para la existencia de Dios?

Guía de Estudio de la Biblia: Amadas y llenas de amor: Las Epístolas de Juan / Edición Adultos.
Periodo: Trimestre Julio-Septiembre de 2009
Autor: Ekkehardt Mueller, nacido en Alemania, doctor en Teología y Ministerio. Es uno de los directores asociados del Instituto de Investigaciones Bíblica (Biblical Research Institute) de la Asociación General. Sus especialidades son Nuevo Testamento, el libro de Apocalipsis, hermenéutica y teología aplicada. Es casado y tiene dos hijos adultos.
Editor: Clifford Goldstein

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Lección 8: Amar a los hermanos / Notas de Elena de White

Sábado 15

El amor de Juan por su Maestro no era una mera amistad humana, sino que era el amor de un pecador arrepentido, que sentía que había sido redimido por la preciosa sangre de Cristo. Estimaba como el mayor honor trabajar y sufrir en el servicio de su Señor. Su amor por Jesús lo inducía a amar a todos aquellos por quienes Cristo murió. Su religión era práctica. Razonaba que el amor a Dios debía manifestarse en el amor a sus hijos. Se lo oyó reiteradamente diciendo... "Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?" (1 Juan 4:19, 20). La vida del apóstol estaba en armonía con sus enseñanzas. El amor que brillaba en su corazón por Cristo, lo indujo a realizar el más ferviente esfuerzo y la más incansable labor por sus semejantes, especialmente por sus hermanos en la iglesia cristiana.

Juan deseaba llegar a ser semejante a Jesús, y bajo la influencia transformadora del amor de Cristo, llegó a ser manso y humilde de corazón. El yo estaba escondido en Jesús. Estaba íntimamente unido con la vid viviente, y así llegó a ser participante de la naturaleza divina. Tal será siempre el resultado de la comunión con Cristo. Esto es verdadera santificación (Reflejemos a Jesús, p. 84).

Los Dos Pasajes del Amor (1 Juan 3:11-24; 4:7-5:4).
Domingo 16

El mayor peligro de la iglesia de Cristo no es la oposición del mundo. Es el mal acariciado en los corazones de los creyentes lo que produce el más grave desastre, y lo que, seguramente, más retardará el progreso de la causa de Dios. No hay forma más segura para destruir la espiritualidad que abrigar envidia, sospecha, crítica o malicia. Por otro lado, el testimonio más fuerte de que Dios ha enviado a su Hijo al mundo, es la armonía y unión entre hombres de distintos caracteres que forman su iglesia. El privilegio de los seguidores de Cristo es dar ese testimonio. Pero para poder hacerlo, deben colocarse bajo las órdenes de Cristo. Sus caracteres deben conformarse a su carácter, y sus voluntades a la suya.

"Un mandamiento nuevo os doy -dijo Cristo- Que os améis unos a otros: como os he amado, que también os améis los unos a los otros" (S. Juan 13:34). ¡Qué maravillosa declaración! Pero, ¡cuán poco se la practica! Hoy día en la iglesia de Dios, el amor fraternal falta, desgraciadamente. Muchos que profesan amar al Salvador, no se aman unos a otros. Los incrédulos observan para ver si la fe de los profesos cristianos ejerce una influencia santificadora sobre sus vidas; y son prestos para discernir los defectos del carácter y las acciones inconsecuentes. No permitan los cristianos que le sea posible al enemigo señalarlos diciendo: Mirad cómo esas personas, que se hallan bajo la bandera de Cristo, se odian unas a otras. Todos los cristianos son miembros de una familia, hijos del mismo Padre celestial, con la misma esperanza bienaventurada de la inmortalidad. Muy estrecho y tierno debe ser el vínculo que los une.

El amor divino dirige sus más conmovedores llamamientos al corazón cuando nos pide que manifestemos la misma tierna compasión que Cristo mostró. Solamente el hombre que tiene un amor desinteresado por su hermano, ama verdaderamente a Dios. El verdadero cristiano no permitirá voluntariamente que un alma en peligro y necesidad camine desprevenida y desamparada. No podrá mantenerse apartado del que yerra, dejando que se hunda en la tristeza y desánimo, o que caiga en el campo de batalla de Satanás.

Los que nunca experimentaron el tierno y persuasivo amor de Cristo, no pueden guiar a otros a la fuente de la vida. Su amor en el corazón es un poder competente, que induce a los hombres a revelarlo en su conversación, por un espíritu tierno y compasivo, y en la elevación de las vidas de aquellos con quienes se asocian. Los obreros cristianos que tienen éxito en sus esfuerzos deben conocer a Cristo, y a fin de conocerle, deben conocer su amor. En el cielo se mide su idoneidad como obreros por su capacidad de amar como Cristo amó y trabajar como él trabajó.

"No amemos de palabra", escribe el apóstol, "sino de obra y en verdad". La perfección del carácter cristiano se obtiene cuando el impulso de ayudar y beneficiar a otros brota constantemente de su interior. Cuando una atmósfera de tal amor rodea el alma del creyente, produce un sabor de vida para vida, y permite que Dios bendiga su trabajo.

Un amor supremo hacia Dios y una amor abnegado hacia nuestros semejantes, es el mejor don que nuestro Padre celestial puede conferirnos. Tal amor no es un impulso, sino un principio divino, un poder permanente. El corazón que no ha sido santificado no puede originarlo ni producirlo. Únicamente se encuentra en el corazón en el cual reina Cristo. "Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero". En el corazón que ha sido renovado por la gracia divina, el amor es el principio dominante de acción. Modifica el carácter, gobierna los impulsos, controla las pasiones, y ennoblece los afectos. Ese amor, cuando uno lo alberga en el alma, endulza la vida, y esparce una influencia ennoblecedora en su derredor (Los hechos de los apóstoles, pp. 438-440).

La “Definición” del Amor (1 Juan 3:11-16; 4:7-16).
Lunes 17

Los seres humanos pertenecen a una gran familia: la familia de Dios. El propósito del creador era que los seres humanos se despertaran y se amaran mutuamente, y que siempre manifestaran un interés puro y abnegado en el bienestar mutuo. Pero Satanás se ha propuesto interesar a los hombres en primer término en sí mismos, y éstos al ceder a su control han desarrollado un egoísmo que ha llenado al mundo de miseria y lucha, y ha indispuesto a los hombres entre sí.

El egoísmo es la esencia de la depravación, y debido a que los seres humanos han cedido a su poder, hoy se ve en el mundo lo opuesto a la obediencia a Dios. Las naciones, las familias y los individuos están deseosos de convertirse ellos mismos en la figura central. El hombre desea gobernar sobre su prójimo. Al separarse, en su egotismo, de Dios y sus semejantes sigue sus inclinaciones desenfrenadas. Actúa como si el bien de los demás dependiera de la sujeción de éstos a su supremacía.

El egoísmo ha introducido discordia en la iglesia y la ha llenado de una ambición no santificada... El egoísmo destruye la semejanza con Cristo y llena al hombre de amor propio. Conduce a un alejamiento continuo de la justicia. Cristo ha dicho: "Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto" (S. Mateo 5:48). Pero el egoísmo no percibe la perfección que Dios requiere...

Cristo vino a este mundo para revelar el amor de Dios. Sus seguidores deben continuar la obra que él comenzó. Esforcémonos por ayudarnos y fortalecernos mutuamente. La búsqueda del bien de los demás es el camino por el que puede hallarse la verdadera felicidad. El hombre no obra contra sus propios intereses cuando ama a Dios y a sus semejantes. Cuanto más desprendido sea su espíritu tanto más feliz será porque está cumpliendo el propósito de Dios para él. Así es como respira la atmósfera de Dios, la que lo llena de gozo. Para él la vida constituye un cometido sagrado que considera inestimable porque ha sido dado por Dios para ser empleado en el servicio por los demás (Consejeros sobre mayordomía cristiana, pp. 27. 28).

La belleza del carácter de Cristo se verá en los que le siguen. Era su delicia hacer la voluntad de Dios. El poder predominante en la vida de nuestro Salvador era el amor a Dios y el celo por su gloria. El amor embellecía y ennoblecía todas sus acciones. El amor es de Dios, no puede producirlo u originarlo el corazón inconverso. Se encuentra solamente en el corazón donde Cristo reina. "Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero" (1 Juan 4:19). En el corazón regenerado por la gracia divina, el amor es el móvil de las acciones. Modifica el carácter, gobierna los impulsos, restringe las pasiones, domina la enemistad y ennoblece los afectos. Este amor alimentado en el alma, endulza la vida y derrama una influencia purificadora en todo su derredor (El camino a Cristo, pp. 58, 59).

La verdadera finalidad del evangelio es desarrollar en los seres humanos un amor santo y supremo por Dios y un amor abnegado los unos por los otros. Esta clase de amor no es solamente un impulso que nos lleva a ser benevolentes o a practicar la filantropía; es el fruto de un corazón purificado y lavado de toda maldad (Loma Linda Messages, p. 62).

Una Crisis de Certeza.
Martes 18

Cristo nunca debiera estar alejado de nuestra Mente. Los ángeles dijeron de él: "Llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (S. Mateo 1:21). ¡Qué precioso Salvador es Jesús! Seguridad, auxilio, confianza y paz hay en él. Es el disipador de todas nuestras dudas, la prenda de todas nuestras esperanzas. Cuán precioso es el pensamiento de que realmente podemos llegar a ser participantes de la naturaleza divina, con la que podemos vencer así como Jesús venció. Jesús es la plenitud de nuestras expectativas. Es la melodía de nuestros himnos, la sombra de una gran roca en el desierto. Es el agua viva para el alma sedienta. Es nuestro refugio en la tempestad. Es nuestra justicia, nuestra santificación, nuestra redención. Cuando Cristo es nuestro Salvador personal, anunciaremos las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable...

Cristo murió porque la ley había sido transgredida, para que el hombre pudiera ser liberado de la penalidad de su enorme culpa. Pero la historia ha demostrado que es más fácil destruir al mundo que reformarlo; pues los hombres crucificaron al Señor de la gloria, que había venido para unir el cielo con la tierra, al hombre con Dios (Reflejemos a Jesús, p. 13).

Debe enseñarse la fe, la fe salvadora. La definición de esta fe en Jesucristo se puede hacer con pocas palabras: es el acto del alma por medio del cual todo el hombre se entrega a la guarda y el control de Jesucristo. Por la fe él mora en Cristo y Cristo mora supremamente en su alma. El creyente encomienda su alma y su cuerpo a Dios, y con seguridad puede decir: Cristo es capaz de guardar lo que le he encomendado hasta aquel día. Todos los que hagan esto serán salvos para la vida eterna. Habrá seguridad de que el alma ha sido lavada en la sangre de Cristo, revestida con su justicia, y es preciosa a la vista de Jesús. Nuestros pensamientos y nuestras esperanzas están concentrados en la segunda venida de nuestro Señor. Ese es el día cuando el Juez de toda la tierra recompensará la confianza de su pueblo (Mente, carácter y personalidad, t. 2, p. 550).

Hay, gracias a Dios, cuadros más brillantes y halagüeños que el Señor nos ha presentado. Agrupemos las bienaventuradas seguridades de su amor, como tesoros preciosos, para que podamos mirarlas de continuo. El Hijo de Dios abandonando el trono de su Padre, vistiendo su divinidad de humanidad, a fin de rescatar al hombre del poder de Satanás; su triunfo en nuestro favor, abriendo el cielo al hombre, revelando a la visión humana la cámara de la presencia donde la divinidad revela su gloria; la especie caída levantada desde el abismo de la ruina en que el pecado la había sumido, y puesta de nuevo en relación con el Dios infinito, habiendo soportado la prueba divina por la fe en nuestro Redentor, revestida con la justicia de Cristo y exaltada a su trono, éstos son los cuadros son los cuales Dios nos invita a alegrar las cámaras del alma. Y mientras no miremos "a las cosas que se ven, sino a las que no se ven" resultará cierto que "lo que al presente es momentáneo y leve de nuestra tribulación, nos obra un sobremanera alto y eterno peso de gloria" (2 Corintios 4:18, 17) (Joyas de los testimonios, t. 2, p. 342).

El alma imbuida con el amor de Jesús, gusta de contemplar a Jesús, y contemplándolo, será transformada a su semejanza. Cristo, la esperanza de gloria, se forma en el interior. Su confianza aumenta... y su amor se profundiza y amplía, a medida que tiene la seguridad de que mora en Cristo, y Cristo en él... Y nosotros podemos volvernos a Jesús en busca de su más tierna simpatía y recibir ánimo para perseverar, poniendo toda nuestra confianza en el que dijo: "Confiad, yo he vencido al mundo" (Hijos e hijas de Dios, p. 312).

El Amor en Acción (1 Juan 3:17, 18; 4:19-21).
Miércoles 19

"Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano" (1 Juan 4:21).

El amor es la base de la piedad. Cualquiera que sea la profesión que se haga, nadie tiene amor puro para con Dios a menos que tenga amor abnegado para con su hermano... Cuando el yo está sumergido en Cristo, el amor brota espontáneamente. La plenitud del carácter cristiano se alcanza cuando el impulso a ayudar y beneficiar a otros brota constantemente de adentro, cuando la luz del cielo llena el corazón y se revela en el semblante...

Relacionados con Cristo, estamos relacionados con nuestros semejantes por los áureos eslabones de la cadena del amor. Entonces la piedad y la compasión de Cristo se manifestarán en nuestra vida. No esperaremos que se nos traigan los menesterosos e infortunados. No necesitaremos que se nos suplique para sentir las desgracias ajenas. Será para nosotros tan natural ministrar a los menesterosos y dolientes como lo fue para Cristo andar haciendo bienes...

La gloria del cielo consiste en elevar a los caídos, consolar a los angustiados... Dios no reconoce ninguna distinción por causa de la nacionalidad, la raza o la casta. Es el Hacedor de toda la humanidad. Todos los hombres son una familia por la creación, y todos son uno por la redención. Cristo vino para demoler todo muro de separación, para abrir todo departamento del templo, para que cada alma pudiese tener libre acceso a Dios. Su amor es tan amplio, tan profundo, tan completo, que penetra por doquiera. Libra de la influencia de Satanás a las pobres almas que han sido seducidas por sus engaños. Las coloca al alcance del trono de Dios, el trono circuido por el arco de la promesa...

Cristo está tratando de elevar a todos aquellos que quieran ser elevados a un compañerismo consigo, para que podamos ser uno con él, como él es uno con el Padre. Nos permite llegar a relacionarnos con el sufrimiento y la calamidad a fin de sacarnos de nuestro egoísmo, trata de desarrollar en nosotros los atributos de su carácter: la compasión, la ternura y el amor (¡Maranata: El Señor viene!, p. 99).

Es imposible que alguno tenga verdadero amor a Dios pero no tenga compasión por sus prójimos. El amor de Jesús en el corazón siempre se revelará en una tierna compasión por aquellos por quienes el pagó un precio tan elevado. "No amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad" (1 Juan 3:18). No existe tal cosa como un cristiano sin amor, porque el que está unido a Cristo en palabra, en vida y en acción, dará un testimonio viviente de que tiene la mente y el espíritu de Cristo (The Home Missionary, agosto 1, 1896).

El Amor y los Mandamientos (1 Juan 3:22-24; 4:21-5:4).
Jueves 20

La justicia es la práctica del bien, y es por sus hechos por lo que todos han de ser juzgados. Nuestros caracteres se revelan por lo que hacemos. Las obras muestran si la fe es genuina o no.

No es suficiente que creamos que Jesús no es un impostor, y que la religión de la Biblia no consiste en fábulas arteramente compuestas. Podemos creer que el nombre de Jesús es el único nombre debajo del cielo por el cual el hombre puede ser salvo, y sin embargo, no hacer de él, por la fe, nuestro Salvador personal. No es suficiente creer la teoría de la verdad. No es suficiente profesar fe en Cristo y tener nuestros nombres registrados en el libro de la iglesia. "El que guarda sus mandamientos, está en él, y él en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado". "Y en esto sabemos que nosotros le hemos conocido, si guardamos sus mandamientos". Esta es la verdadera evidencia de la conversión. No importa cuál sea nuestra profesión de fe, no nos vale de nada a menos que Cristo se revele en obras de justicia (Palabras de vida del Gran Maestro, p. 254).

La ley de Dios es la transcripción de su carácter. Los que profesan guardarla pero no aman a Dios con todo su corazón, su alma, su mente y sus fuerzas, no guardan los primeros cuatro mandamientos ni los seis últimos. "Por sus frutos los conoceréis". El verdadero amor a Dios se revela siempre; no se puede esconder. El que verdaderamente guarda los mandamientos revelará el amor que Cristo mostró por su Padre y por sus semejantes, porque el corazón en el que mora Jesús mostrará su carácter y sus obras en favor de aquellos que necesitan conocer el evangelio. Mostrará los frutos de su fe en palabras de ternura y obras de misericordia.

Los cristianos deben mostrar que su conocimiento de la ley de Dios no es sólo teórico, sino que es un principio viviente; deben mostrar que la ley está escrita en sus corazones. De esta manera podrán representar a su Redentor porque tendrán su mente y harán sus obras (Signs of the Times, agosto 8, 1900).

Para Estudiar y Meditar.
Viernes 21

Los hechos de los apóstoles, pp. 452, 453.

Las instrucciones formuladas en la Palabra de Dios no dan lugar para transigir con el mal. El Hijo de Dios se manifestó para atraer a todos los hombres a si mismo. No vino para adormecer al mundo arrullándolo, sino para señalarle el camino angosto por el cual todos deben andar si quieren alcanzar finalmente las puertas de la ciudad de Dios. Sus hijos deben seguir por donde él señaló la senda; sea cual fuere el sacrificio de las comodidades o de las satisfacciones egoístas que se les exija; sea cual fuere el costo en labor o sufrimiento, deben sostener una constante batalla consigo mismos.

La mayor alabanza que los hombres pueden ofrecer a Dios es llegar a ser medios consagrados por los cuales pueda obrar. El tiempo pasa rápidamente hacia la eternidad. No retengamos de Dios lo que le pertenece. No le rehusemos lo que, aun cuando no puede ser ofrecido con mérito, no puede ser negado sin ruina. El nos pide todo el corazón; démoselo; es suyo, tanto por derecho de creación como de redención. Nos pide nuestra inteligencia; démosela, es suya. Pide nuestro dinero; démoselo, pues es suyo. No sois vuestros, "porque comprados sois por precio." (1 Cor. 6: 19, 20.) Dios requiere el homenaje de un alma santificada, que, por el ejercicio de la fe que obra por medio del amor, se haya preparado para servirle. Sostiene ante nosotros el más alto ideal, el de la perfección. Nos pide que nos manifestemos absoluta y completamente en favor de él en este mundo, así como él está siempre en favor nuestro en la presencia de Dios.

"Porque la voluntad de Dios -acerca de vosotros- es vuestra santificación." (1 Tes. 4: 3.) ¿Es la vuestra también? Vuestros pecados pueden aparecer ante vosotros como montañas; pero si humilláis vuestro corazón, y los confesáis, creyendo en los méritos de un Salvador crucificado y resucitado, os perdonará y limpiará de toda injusticia. Dios demanda de vosotros una completa conformidad con su ley. Esa ley es el eco de su voz que nos dice: Más santo, sí, más santo aún. Desead la plenitud de la gracia de Cristo. Permitid que vuestro corazón se llene con un intenso anhelo de su justicia, cuya obra, declara 453 la Palabra de Dios, es paz, y su efecto quietud y seguridad para siempre.
Mientras vuestra alma suspire por Dios, encontraréis más y más de las inescrutables riquezas de su gracia. Mientras las contempléis, llegaréis a poseerlas y se os revelarán los méritos del sacrificio del Salvador, la protección de su justicia, la perfección de su sabiduría y su poder para presentaros ante el Padre "sin mácula, y sin reprensión." (2 Pedro 3: 14).


Guía de Estudio de la Biblia: Amadas y llenas de amor: Las Epístolas de Juan / Notas de Elena de White.
Periodo: Trimestre Julio-Septiembre de 2009
Autor: Ekkehardt Mueller, nacido en Alemania, doctor en Teología y Ministerio. Es uno de los directores asociados del Instituto de Investigaciones Bíblica (Biblical Research Institute) de la Asociación General. Sus especialidades son Nuevo Testamento, el libro de Apocalipsis, hermenéutica y teología aplicada. Es casado y tiene dos hijos adultos.
Editor: Clifford Goldstein

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Lección 8: Amar a los hermanos / Edición para Maestros

El sábado enseñaré...

Texto Clave: 1 Juan 3:11-24.

Enseña a tu clase a:

Saber que el amor de Dios nos impulsa a amar a nuestros hermanos y nuestras hermanas.
Sentir la experiencia de la libertad de las dudas y la culpabilidad, que pueden dañar nuestras relaciones.
Hacer que el amor de Dios sea puesto en práctica en las relaciones dentro de nuestra familia espiritual.

Bosquejo de la Lección

1. Saber: Una vida sin amor no es una opción

A. Hay un dicho que reza: “El amor hace girar al mundo”, pero una mirada a los titulares de las noticias muestra una clara falta de amor. ¿De qué modo esto se compara con el amor transformador de Dios?
B. La Cruz es un filtro que ayuda a poner las cosas en su perspectiva correcta. ¿De qué modo nos ayuda a comprender la naturaleza del amor de Dios y nos ayuda a devolver ese amor?
C. Define “amor” usando ejemplos bíblicos, para mostrar lo que es y lo que no es.

2. Sentir: Libertad para amar

A. Si experimentamos el amor de Dios y estamos llenos de él, ¿cómo se demostrará eso en nuestras relaciones?
B. El odio y los sentimientos negativos pueden limitar nuestra capacidad de amar. ¿De qué manera podemos tratar con ellos?

3. Hacer: Amor práctico

A. ¿Qué diferencia se produciría en nuestra iglesia si cada miembro mostrara verdadero amor en el hogar y en la iglesia? ¿Qué puedes hacer para contribuir a convertir esta idea en una realidad?

Resumen

El plan de salvación demuestra el amor de Dios hacia los pecadores. Tenemos la responsabilidad de mostrar ese amor a otros.

CICLO DE APRENDIZAJE

PASO 1: ¡Motiva!

Concepto clave: Mostramos que conocemos a Jesús por el amor que manifestemos a otros.

Solo para los maestros: Esta lección continúa el estudio de las amonestaciones de Juan a los miembros de la iglesia, concentradas en cómo debemos amarnos unos a otros a la luz del amor de Dios por nosotros. Esta introducción le dará a tu clase una oportunidad para examinar diversas maneras en que podemos expresar el amor y cómo las preferencias individuales pueden guiarnos en nuestros esfuerzos para atender las necesidades mutuas.

En su libro The Five Love Languages [Los cinco lenguajes del amor], Gary Chapman (1995) describe la importancia de expresar amor de maneras en que otros lo reconozcan y necesiten. Para presentar estos lenguajes, dale a tu clase el siguiente ejercicio.

Cuando me siento solo, lo que más aprecio es:


1. un abrazo
2. algo especial que llegue con el correo
3. comer afuera con alguien
4. una llamada que exprese aprecio
5. que me ayuden a hacer algo que necesito que se haga

Lo que más anhelo es:

1. reconocimiento de algo que he hecho
2. ayuda con mis tareas
3. que alguien se tome tiempo para escucharme
4. un regalo que me sorprenda, de vez en cuando
5. una palmada en el hombro, o un toque que indique cuidado y preocupación.

Mi forma favorita de expresar el amor a alguien generalmente involucra:

1. ofrecer palabras de aprecio
2. extenderme a otros con un abrazo
3. hacer cosas que ayuden
4. tomar tiempo de calidad para estar con esa persona
5. dar pequeños regalos

Haz cinco cartelitos que identifiquen estos lenguajes del amor: tiempo de calidad, recibir regalos, toques físicos, actos de servicio y palabras de afirmación. Pon esos cinco carteles en cinco lugares separados de la sala. Invita a los miembros de tu clase a sentarse cerca del cartel que mejor describa su preferencia. Conduce una breve conversación sobre experiencias que diferentes miembros hayan tenido al expresar interés por el bienestar de otros, o recibir atenciones con un significado especial.

PASO 2: ¡Explora!

Solo para los maestros: El siguiente estudio sobre el amor utiliza las perspectivas de las diferentes formas de expresar amor obtenidas con el ejercicio presentado en la introducción, por lo que pide a cada uno de los alumnos que quede en su grupo. Si alguno de los cinco lenguajes no fue elegido por ninguno, pide si hay alguna participante en los demás grupos que se identifique lo suficiente con ese lenguaje como para representarlo ante la clase.

Comentario de la Biblia

I. ¿Qué es el amor, y qué no es? (Repasa 1 Juan 3:11-24 ; 1 Juan 4:7-12,19-21).

El enojo y el odio de Caín hacia su hermano se contrastan con el amor que Cristo tiene hacia sus hermanos y sus hermanas. Pide a cada grupo que use la perspectiva que ofrece su lenguaje de amor para describir cómo el odio se expresa (y el amor se retiene) en la familia, y entre miembros de la iglesia. Por ejemplo, lo opuesto del toque físico de amor (u otra forma de lenguaje corporal) podría incluir miradas de ira, de desprecio o de indiferencia; empujar, dar una bofetada o agarrar a la persona con violencia.

Pide a cada grupo que examine y analice con el resto de los grupos qué sucedió en el arresto, la crucifixión y la resurrección de Cristo, en el contexto de su lenguaje específico del amor (ver Mat. 26-28; Juan 18-20). ¿De qué modo fue tratado Cristo físicamente? ¿Qué clase de palabras se usaron contra él? Describe los actos de servicio (o de daño) que se le ofrecieron. ¿Qué lenguaje de amor se reflejó en los pedidos de Cristo en el Huerto antes de su arresto? ¿Qué regalos le fueron dados a Cristo (y qué regalos le fueron quitados)?

Dirige la atención de tu clase a los actos de servicio, palabras de afirmación, toque físico, regalos y tiempo de calidad que Cristo y el Padre ofrecieron en la crucifixión.

Analiza: ¿En qué otros momentos de la historia del mundo habló Dios con diversos lenguajes de amor? Dale tiempo a cada grupo para que comparta cómo Dios ha usado su lenguaje de amor específico.

II. El amor nos da confianza (Repasa 1 Juan 3:19-21; 4:17, 18).

El Comentario bíblico adventista ofrece esta paráfrasis de 1 Juan 3:19 y 20: “Si amamos verdaderamente a nuestro hermano, podemos saber que somos hijos de la verdad, o de Dios. Este conocimiento nos capacitará para permanecer confiadamente en la presencia de Dios, pues aunque nuestro corazón nos condene, aunque todavía seamos pecadores, sabemos que Dios es mayor que nuestro corazón. El conocimiento y la comprensión del Señor sobrepasan en mucho a los nuestros, y él puede percibir nuestra sinceridad y ser compasivo con los errores que cometemos” (t. 7, p. 674).

Considera: Podemos tener la seguridad de la misericordia de Dios en el Juicio, si sabemos que amamos genuinamente a nuestros hermanos y nuestras hermanas. Pero ¿cómo sabemos si nuestro amor es genuino? (Ver 1 Juan 4:17, 18; 1 Juan 3:18; 1 Ped. 1:22).

III. Dios nos manda amar (Repasa 1 Juan 3:22-24; 4:21),

En el progreso del razonamiento desde 1 Juan 3:18 a 1 Juan 4:21, vemos que Dios nos ama. Cuando respondemos a Dios con amor, también amamos a nuestros hermanos y nuestras hermanas. Al amar a Dios y amar a nuestros hermanos y nuestras hermanas, estamos cumpliendo los mandamientos de Dios. Este amor resulta en confianza en nuestra relación con Dios y en que no tememos el Juicio.

Analiza: ¿De qué modo con el amar a otros cumplimos los mandamientos de Dios? ¿Por qué el amor es un cumplimiento de la santa Ley de Dios?

PASO 3: ¡Aplica!

Solo para los maestros: Esta sección ayudará a tu clase a poner en una perspectiva práctica las lecciones acerca del amor a los hermanos que acaban de estudiar en sus Biblias. Necesitarán papel y lápices.

Una ayuda visual: Pide a cada grupo que ilustre el avance del razonamiento en 1 Juan 3:18 hasta 1 Juan 4:21, por medio de un dibujo o un diagrama. Sin embargo, no hagas planes de compartir este ejemplo con los grupos hasta que hayan tenido la oportunidad de dibujar y compartir sus propias ideas.

Aplicación a la vida: La inseguridad en nuestra relación con Dios y la falta de confianza en su amor hacia nosotros es causa de dolor y de temor profundo por el futuro. ¿Cómo podrías aconsejar a alguien que te expresa esos sentimientos, basado en nuestro estudio de 1 Juan 3 y 4?

PASO 4: ¡Crea!

Solo para los maestros: Esta sección le da a tu clase una oportunidad de expresar amor a Dios y a sus hermanos y sus hermanas en sus actividades diarias.

Al analizar el uso de los lenguajes del amor, el autor Gary Chapman reconoció que a veces expresar amor que no sentimos, o de una manera que no es natural para nosotros, puede al comienzo ser incómodo. Al comentar sobre Lucas 6:27 y 28, él declaró: “Si pretendes tener sentimientos que no tienes, eso es hipocresía, y una falsa comunicación como esta no es la manera de edificar relaciones íntimas. Pero expresar un acto de amor que está diseñado para beneficiar o dar placer a la otra persona es sencillamente una elección. No estás pretendiendo que la acción surja de un profundo vínculo emocional. Sencillamente estás eligiendo hacer algo para su beneficio. Pienso que eso es lo que Jesús quiso decir” (The Five Love Languages, p. 156).

1. Considera a quienes prefieren un lenguaje de amor con el cual no te sientes cómodo. Elige a varias personas con las que has tenido dificultades para relacionarte, o alguna hacia la cual has sentido una necesidad de conocerla mejor. Nota sus preferencias de lenguaje de amor, y prepara una lista de cosas que podrías hacer para mejorar tus relaciones con ellas, aun cuando estas actividades caigan un poco fuera de tu zona de comodidad. Pon algunas de esas actividades en tu agenda diaria, para ayudarte a recordar ponerlas en práctica.

2. Encuentra pasajes, en los Salmos, que expresen las palabras de afirmación de Dios para ti por medio de la naturaleza. Mientras paseas, ofrece palabras de alabanza a Dios acerca de tus partes favoritas de su creación. Prueba la misma técnica con los otros lenguajes del amor.

3. Tómate tiempo, durante el culto de familia, para preguntar a los miembros de tu familia acerca de los lenguajes del amor que atienden mejor sus necesidades. Haz planes para expresar tu amor por ellos de esas maneras.

Guía de Estudio de la Biblia: Amadas y llenas de amor: Las Epístolas de Juan / Edición Maestros.
Periodo: Trimestre Julio-Septiembre de 2009
Autor: Ekkehardt Mueller, nacido en Alemania, doctor en Teología y Ministerio. Es uno de los directores asociados del Instituto de Investigaciones Bíblica (Biblical Research Institute) de la Asociación General. Sus especialidades son Nuevo Testamento, el libro de Apocalipsis, hermenéutica y teología aplicada. Es casado y tiene dos hijos adultos.
Editor: Clifford Goldstein

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