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viernes, 2 de octubre de 2009

Lección 1: Un orden nuevo / Comentarios de Doug Batchelor




Comentario del Pr. Doug Batchelor, Director de "Amazing Facts" para todo el mundo desde la Iglesia Central Adventista del Séptimo Día de Sacramento, California.

"Lección 1: Un orden nuevo" de la Guía de Estudios de la Biblia / Lección de Escuela Sabática, titulada Un pueblo en marcha: El libro de Números que estudiamos durante los meses octubre, noviembre y diciembre 2009.

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Lección 1: Un orden nuevo / Comentarios de Alejandro Bullón





Comentario del Pr. Alejandro Bullón de la "Lección 1: Un orden nuevo" de la Guía de Estudios de la Biblia / Lección de Escuela Sabática, titulada Un pueblo en marcha: El libro de Números que estudiamos durante los meses octubre, noviembre y diciembre 2009.

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sábado, 26 de septiembre de 2009

Lección 1: Un orden nuevo / para el 3 de octubre de 2009

Sábado26 de septiembre

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Génesis 15:14-16; Levítico 10:1-11; Números 1-4; Jeremías 23:23, 24; Juan 14:15-18, 23.

PARA MEMORIZAR: “Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos” (1 Cor. 10:11).

UN CRISTIANO INICIÓ UNA CONVERSACIÓN con otro hombre, un biólogo profesional. Buscando una manera de dar su testimonio, el cristiano le preguntó: “¿Ve usted la mano de un Creador al estudiar las cosas de las que se ocupa?”

Al instante, el biólogo respondió: “Dondequiera que usted mire, ya sea hacia afuera o hacia adentro, usted ve orden”.

Por más que nuestro mundo haya sido dañado por el pecado, todavía podemos ver la obra de nuestro Creador en el diseño y en el orden del mundo natural. Aun un darvinista fanático fue forzado a admitir que la naturaleza es algo que da “la ilusión de un diseño”.

¿Ilusión? ¡Por favor! El diseño y el orden son reales, y representan la mano de nuestro Hacedor.

Pero, el orden de Dios no termina meramente en la naturaleza. También se ve en el trato con su pueblo del Pacto, los israelitas, aun mientras peregrinaban por el desierto. Esta semana consideraremos, de primera mano, cómo Dios organizó a su pueblo para su sagrada vocación, y todos obtendremos algunas lecciones para nosotros mismos en la actualidad.

LA ORGANIZACIÓN DEL EJÉRCITO
Domingo 27 de septiembre

Salido milagrosamente de Egipto, Israel avanzaba hacia Sinaí. Acampados al pie del monte, oyeron la voz de Dios proclamando su voluntad (Éxodo 20). A pesar de esa manifestación increíble del poder de Dios, algunos adoraron el becerro de oro (Éxo. 32). Después, la Nación, arrepentida, construyó un santuario portátil (Éxo. 25:8). La obra se completó el primer día del primer mes del segundo año (Éxo. 40:17).

El mes siguiente, Dios organizó a la Nación más completamente (Núm. 1:1). Y, con la nueva organización el orden nuevo, comienza el libro de Números, continuando la historia de la relación de Dios con su pueblo.

¿Qué clase de censo pidió Dios a Moisés y Aarón que hicieran, y por qué? Núm. 1:2, 3

Los israelitas no eran una nación guerrera. Había sido pastores (Gén. 47:3). Además, eran esclavos recientemente liberados, sin armas ni adiestramiento para la guerra. Puede parecer extraño que Dios los organizara en batallones. Pero, debe recordarse que su tarea incluía la destrucción de varias naciones de las más malvadas y corruptas del Cercano Oriente; entre ellos, los amorreos y los cananeos. Israel ejecutaría a esas naciones, que habían llenado la copa de su transgresión (Gén. 15:14-16). Israel era ahora una teocracia, dirigida por Dios mismo, y eran un pueblo, un ejército poderoso, en marcha.

Lee Génesis 15:14 al 16 (ver también Deut. 9:5). ¿Qué se implica aquí? ¿Cómo nos ayudan estos pasajes a comprender las guerras de Israel con los amorreos?

En tiempos de Abraham, Dios no hubiera permitido la destrucción de los amorreos, revelando su gran paciencia. “Los amorreos estaban enemistados contra la ley de Dios [...] pero entre ellos había unas pocas personas buenas y, por causa de esas pocas, él fue indulgente mucho tiempo”.-”Comentarios de Elena G. de White” (CBA 1:1.107).

Muchos se preguntan por qué Israel destruyó a esas personas, y es comprensible que así sea. ¿Por qué, en casos así, necesitamos avanzar por fe, confiando en la bondad de Dios, quien se reveló por medio de Jesús? Juan 14:9

LA PRESENCIA DE DIOS
Lunes 28 de septiembre

¿Qué tarea se le destinó a la tribu de los levitas? Núm. 1:50-54

Moisés levantó el Tabernáculo portátil en medio del campamento de Israel. Los levitas ubicaron sus carpas alrededor de él, por los cuatro lados. Su presencia actuaba como una especie de barrera, protegiendo el lugar en el que Dios manifestaba su presencia.

¿Por qué se ubicaron de ese modo? La Biblia no lo dice directamente, pero se pueden aprender algunas lecciones importantes de esta disposición.

Yahweh, el Dios viviente, estaba en medio de ellos. Él, el Creador, estaba en medio de su pueblo: de modo que, ¿qué podría sucederles de malo si ellos permanecían fieles a él? No obstante, al mismo tiempo, ellos levantaron sus tiendas a cierta distancia del Tabernáculo (Núm. 2:2), y eso fue porque Dios es santo, y así ellos, como pecadores, como seres caídos, solo podían llegar a cierta distancia. De este modo, por un lado, tenían la realidad de la cercanía de Dios y su cuidado compasivo; pero, al mismo tiempo, constantemente se les recordaba su grandeza y su santidad, y que solo por una mediación podían ellos, como pecadores, acercarse a un Dios santo.

¿Qué dicen los escritores bíblicos acerca de la distancia (transcendencia) de Dios y su cercanía (inmanencia) respecto de la humanidad? Sal. 139:1-10; Isa. 57:15; Jer. 23:23, 24; Juan 14:15-18, 23.

“En toda ocasión y lugar, en todas las tristezas y aflicciones, cuando la perspectiva parece sombría y el futuro nos deja perplejos, y nos sentimos impotentes y solos, se envía al Consolador en respuesta a la oración de fe. Las circunstancias pueden separarnos de todo amigo terrenal, pero ninguna circunstancia ni distancia puede separarnos del Consolador celestial. Dondequiera que estemos, dondequiera que vayamos, está siempre a nuestra diestra para apoyarnos, sostenernos y animarnos” (DTG 623).

¿De qué maneras has experimentado tú mismo la realidad de la presencia de Dios, de su cuidado compasivo y de su cercanía? Por otro lado, ¿qué cosas estás haciendo que te impiden una intimidad más profunda con Dios?

BAJO LAS BANDERAS
Martes 29 de septiembre

“E hicieron los hijos de Israel conforme a todas las cosas que Jehová mandó a Moisés; así acamparon por sus banderas, y así marcharon cada uno por sus familias, según las casas de sus padres” (Núm. 2:34).

Lee Números 2. ¡Hablando de religión organizada! ¿Qué cosa resulta aparente acerca de cómo se suponía que debían vivir los israelitas?

El gobierno de Israel estuvo caracterizado por una estructura organizativa muy precisa, que se ve, por ejemplo, en cómo Dios había dispuesto el campamento mismo para que fuera ordenado y dónde la gente había de levantar sus tiendas. El campamento hebreo estaba separado en tres grandes divisiones, cada una de las cuales tenía su posición asignada en el campamento, todas basadas en lazos tribales y familiares.

La ubicación de cada tribu en el campamento también estaba especificada. Cada una debía marchar y acampar junto a su propia bandera. Nada era dejado al azar. Dios había organizado cuidadosamente, y en forma precisa, a la Nación. Y, aunque eran un pueblo, no se quebraron las conexiones familiares distintivas.

Lee Números 2:34. A pesar del claro diseño organizativo, ¿qué nos sugiere esto acerca de cómo Dios dejó lugar para lo distintivo y lo peculiar de las diversas tribus? ¿Qué lecciones podemos obtener de esto para nosotros?

¿Por qué es tan importante que la iglesia hoy también sea organizada? ¿Qué sucede cuando la gente hace lo que le parece bien? ¿Por qué eso es, muy a menudo, una receta para el caos y el engaño? ¿De qué modo el pertenecer a un cuerpo organizado te ayudó en tu jornada espiritual?

LLAMADO AL MINISTERIO
Miércoles 30 de septiembre

En memoria de su liberación de la esclavitud egipcia, cuando ocurrió la muerte de los primogénitos egipcios, y de la liberación de los de ellos mismos bajo la señal de la sangre, Dios pidió que los primogénitos de Israel fueran consagrados a él (Éxo. 13:2, 12-15).

Entregar a Dios nuestros primogénitos? Eso es muy fuerte. ¿Qué lección poderosa deberíamos obtener de esto acerca de cuánto debemos a Dios por nuestra redención y nuestra liberación? ¿Por qué, en este contexto, el orgullo y la autosuficiencia son tan pecaminosos?

En el monte Sinaí, Dios hizo un intercambio para los primogénitos de todo Israel. En lugar de ellos, él tomaría a los Levitas (Núm. 3:12, 13). Este acto, entonces, requería que se contara a los levitas, que hasta ese momento no habían sido contados con el resto de Israel. Se le dijo a Moisés que censara a los hombres levitas, desde la edad de 1 mes en adelante (vers. 14, 15). Para hacer el intercambio, Moisés entonces contó a todos los hijos primogénitos de 1 mes de edad en adelante. El total fue de 22.273; es decir, los primogénitos israelitas eran 273 más que los levitas.

¿Qué habían de hacer esos israelitas excedentes para su redención? ¿A quién se debía dar ese rescate? Núm. 3:46-51

Dios también entregó los levitas a Aarón, a sus hijos sacerdotes y a sus descendientes. Ellos debían ayudar en la adoración a Dios y en el cuidado del Tabernáculo. En un sentido, se los llamó al ministerio de la iglesia en el desierto.

Una vez que los hebreos alcanzaron la Tierra Prometida, los levitas continuaron estando ligados al Santuario en una variedad de tareas (1 Crón. 23:27-32): esparcidos entre las tribus, algunos llegaron a ser jueces (2 Crón. 19:8-11), que debían instruir al pueblo en los caminos de Dios.

¿De qué modos puedes ver que la Cruz, la muerte sustitutiva de Jesús (Juan 3:16), estuvo prefigurada en estos ritos de sustitución? ¿Qué significa que Jesús fue tu Sustituto? ¿De qué modo saber esta realidad debería cambiar tu vida?

PROTEGE LO SAGRADO
Jueves 1ro. de octubre

Al establecer el sistema de adoración en el Sinaí, Dios eligió a una familia de levitas para actuar como sacerdotes, según Números 3 y 4. Moisés consagró a Aarón como sumo sacerdote, y a sus cuatro hijos -Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar- como sacerdotes ayudantes. El resto de la tribu de Leví ayudaría a los sacerdotes, pero no actuarían como tales. Cada levita en condiciones de trabajar tenía su lugar y su servicio, y lo hacían para conservar y proteger el carácter sagrado del sistema de culto de Israel.

Es claro que los levitas tenían una solemne responsabilidad. Lo mismo tenían los hijos de Aarón, como sacerdotes, ante Dios, en el Tabernáculo. Piensa en lo que fueron llamados a hacer. Dios mismo, el Creador, reveló su presencia en el Santuario (Núm. 14:10, 11), un recordativo notable de que su seguridad existía solo en Dios, aquel que los había redimido de Egipto. Estos sacerdotes eran mediadores entre un Dios santo y un pueblo caído. Los sacerdotes también eran símbolos de Jesús, nuestro verdadero Sumo Sacerdote en el Santuario celestial (Heb. 8).

Lee Levítico 10:1 al 11. ¿Qué sucedió, y qué lecciones hay allí para nosotros hoy?

Es difícil imaginar que estos jóvenes, dada su responsabilidad sagrada y que ya habían recibido tanto (ver Éxo. 24:9-11), violaran abiertamente un mandato expreso de Dios. Por duro y severo que nos parezca su castigo, solo subraya la realidad de lo sagrada que era su responsabilidad. Sin duda, otros también recibieron el mensaje de cuán seriamente espera Dios que las órdenes dadas con respecto al Santuario fueran cumplidas.

“Manejar las cosas sagradas como lo haríamos con las cosas comunes constituye una ofensa para Dios, porque lo que Dios ha apartado para su servicio, en la obra de dar luz a este mundo, es santo. Los que tienen cualquier relación con la obra de Dios no deben andar con la vanidad de su propia sabiduría, sino según la sabiduría de Dios, porque en caso contrario correrán el peligro de colocar las cosas sagradas y las profanas en un mismo vaso, y en esa forma se separarán de Dios” (Ev 464).

Lee cuidadosamente Levítico 10:10. ¿Cómo podemos hoy distinguir entre lo sagrado y lo común, entre lo limpio y lo impuro? Trae tu respuesta a la clase el sábado.

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR
Viernes 2 de octubre

El tema de la santidad de Dios corre como un hilo de plata en todas las Escrituras. Define esa santidad. ¿Qué relación tiene con el creyente? Éxo. 28:36; Lev. 11:44, 45; Isa. 6:1-7; Heb. 12:14; 1 Ped. 1:15, 16.

“Los ángeles trabajan en forma armoniosa. Un orden perfecto caracteriza todos sus movimientos. Cuanto más de cerca imitemos la armonía y el orden de la hueste angelical, más éxito tendrán los esfuerzos de estos agentes celestiales en nuestro favor. Si [...] somos desordenados, indisciplinados y desorganizados en nuestra forma de obrar, los ángeles [...] se mueven en perfecto orden [y] no pueden trabar por nosotros con éxito. Se apartan apesadumbrados, porque no están autorizados a bendecir la confusión, la distracción y la desorganización. [...] Los que tienen la unción de lo Alto estimularán el orden, la disciplina y la unidad de acción en todo lo que emprendan, y entonces los ángeles de Dios podrán cooperar con ellos” (TM 28, 29).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

1. Conversen sobre la idea de la religión organizada. ¿Por qué resulta necesaria? Al mismo tiempo, ¿qué problemas potenciales podría traer? ¿Cómo podemos aprender a trabajar mejor con el sistema de la iglesia, a pesar de los problemas que podría originar?

2. Repasen las respuestas que dieron a la pregunta de la sección del jueves. Hagan una lista de lo que es santo y lo que es común. ¿Cómo podemos conocer la diferencia? ¿De qué maneras impactan nuestra cultura y nuestra educación sobre la comprensión de estas cosas?

3. Medita algo más en la idea de la sustitución (miércoles). ¿Por qué este concepto es tan central para todo el plan de salvación? ¿De qué modo actuó Jesús como nuestro Sustituto, y todavía lo hace, y por qué esto es tan importante?

RESUMEN: A fin de avanzar como pueblo de Dios, necesitamos reconocer y aplicar los principios divinos de orden y reverencia en nuestras vidas, nuestras familias y en la organización de la iglesia.


Guía de Estudio de la Biblia: Un pueblo en marcha: El libro de Números /
Edición Adultos.
Periodo: Trimestre Octubre-Diciembre de 2009
Autor:
Frank B. Holbrook. B.D., M.Th. Teologo adventista ya desaparecido. De 1981 a 1990, fue director asociado del Instituto de Investigación Bíblica de la Conferencia General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Silver Spring, Maryland. También fue Profesor de Religión de la hoy Southern Adventist University
Editor: Clifford Goldstein

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Lección 1: Un orden nuevo / Notas de Elena de White

Sábado 26

Dios es un Dios de orden y se complace con los esfuerzos de su pueblo de traer orden y organización en su obra en la tierra. Todo lo relacionado con el cielo está en perfecto orden y sólo mediante el orden y la acción armoniosa se puede alcanzar el éxito. Dios requiere la misma organización ahora que la que requirió en la antigüedad y desea que su obra se realice con exactitud y disciplina para que él pueda colocar su sello de aprobación sobre ella. El hermano debe unirse con el hermano; la iglesia con la otra iglesia; el instrumento humano con el divino, y todos subordinados al Espíritu Santo para llevar las buenas nuevas de la gracia de Dios al mundo.

"Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos" (1 Corintios 14:33). Todo se hacía ordenadamente cuando Cristo dirigía a los suyos, y después de su partida los discípulos siguieron estrictamente su ejemplo. En estos últimos días, cuando el Señor está trayendo a sus hijos a la unidad de la fe, el orden es más necesario que nunca antes, pues mientras Dios trata de unir a su pueblo, Satanás y sus ángeles buscan destruir la unidad (Review and Herald, febrero 16, 1911)

LA ORGANIZACIÓN DEL EJÉRCITO
Domingo 27 de septiembre

La construcción del Tabernáculo no principió sino cuando hubo transcurrido cierto tiempo después de la llegada de Israel al Sinaí; y la sagrada estructura se levantó por primera vez al principio del segundo año después de la salida. Siguió luego la consagración de los sacerdotes, la celebración de la Pascua, el censo del pueblo y la realización de varios arreglos esenciales para su sistema civil o religioso, así que Israel pasó casi un año en el campamento del Sinaí. Allí su culto tomó una forma más precisa y definitiva. Se le dieron las leyes que habían de regir la nación, y se verificó una organización más eficiente en preparación para su entrada en la tierra de Canaán.

El gobierno de Israel se caracterizaba por la organización más cabal, tan admirable por su esmero como por su sencillez. El orden tan señaladamente puesto de manifiesto en la perfección y disposición de todas las obras creadas por Dios se veía también en la economía hebrea. Dios era el centro de la autoridad y del gobierno, el soberano de Israel. Moisés se destacaba como el caudillo visible que Dios había designado para administrar las leyes en su nombre. Posteriormente, se escogió de entre los ancianos de las tribus un consejo de setenta hombres para que asistiera a Moisés en la administración de los asuntos generales de la nación. En seguida venían los sacerdotes, quienes consultaban al Señor en el Santuario. Había jefes, o príncipes, que gobernaban sobre las tribus. Bajo éstos había "jefes de millares, jefes de cientos, y jefes de cincuenta, y cabos de diez" (Deuteronomio 1:15), y por último, funcionarios que se podían emplear en tareas especiales.

El campamento hebreo se ordenaba en exacta disposición. Quedaba repartido en tres grandes divisiones, cada una de las cuales tenía señalado su sitio en el campamento. En el centro estaba el Tabernáculo, la morada del Rey invisible. Alrededor asentaban los sacerdotes y los levitas. Más allá de éstos acampaban las demás tribus (Patriarcas y profetas, pp. 391, 392).

Dios le había prometido a Abrahán que sus descendientes poseerían la tierra de Canaán, pero habrían de pasar varios siglos hasta que pudieran poseerla. "Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí" (Génesis 15:16). Los amorreos habitarían la tierra de Canaán hasta que recibieran gradualmente los justos juicios de Dios por su iniquidad. Aunque ya habían caído en una completa idolatría y se dedicaban a las acciones inicuas, Dios no los destruiría todavía hasta que demostraran que no deseaban subordinarse al gobierno y al control divino. Cuando la iniquidad de los amorreos llegara a su apogeo, entonces ordenaría destruirlos. En esto vemos la paciencia de Dios: les da a las naciones un tiempo de prueba. Sin embargo, si ignoran la ley de Dios; si avanzan en un grado de maldad al otro más elevado; si los hijos heredan la maldad de los padres y su rebelión contra las leyes divinas e incluso son más inicuos que sus progenitores, el castigo caerá sobre ellos; no por haberse demorado dejará de cumplirse. Dios desea que recordemos estos hechos y entendamos cómo la justicia divina trata con los individuos y las naciones. El Dios infinito lleva un registro exacto de toda iniquidad y transgresión de sus leyes, y aunque la medida se vaya llenando, todavía toma tiempo para llamar al arrepentimiento y ofrecer perdón. Sin embargo, si se continúa rechazando la luz; si no se atienden sus advertencias, llegará un momento en que la justicia divina ejecutará el castigo, pues su iniquidad corrompería a los demás y se extendería ampliamente (Signs of the Times, junio 10, 1880).

LA PRESENCIA DE DIOS
Lunes 28 de septiembre

Dios había honrado a los levitas para que prestaran servicio en el Tabernáculo porque no tuvieron parte en hacer y adorar el becerro de oro y debido a su fidelidad en ejecutar la orden de Dios sobre los idólatras. También se les asignó a los levitas el oficio de erigir el Tabernáculo y de acampar alrededor de él, mientras que las huestes de Israel armaban sus tiendas a una distancia del mismo. Y cuando viajaban, los levitas desarmaban el Tabernáculo y lo transportaban junto con el arca y todos los artículos sagrados del mobiliario. Debido a que Dios honró así a los levitas, este grupo sintió ambición por un cargo todavía más elevado, a fin de poder tener mayor influencia sobre la congregación. "Y se juntaron contra Moisés y Aarón y les dijeron: ¡Basta ya de vosotros! Porque toda la congregación, todos ellos son santos, y en medio de ellos está Jehová; ¿por qué, pues, os levantáis vosotros sobre la congregación de Jehová? (Números 16:3) (Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 379).

Dios observa al pecador. El ojo que nunca dormita sabe todo lo que hacemos. Está escrito en su libro. Alguien podría ocultar su pecado del padre, la madre, la esposa, o los amigos; no obstante, todo permanece abierto delante de Dios y es consignado en su libro de registro... David fue un hombre que se arrepintió y, aunque confesó y detestó su pecado, no pudo olvidarlo. Exclamó: "¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tu; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano... Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día" (Salmo 139:7-12).

Dios está en todas partes. Ve, sabe todas las cosas, y entiende las intenciones y determinación del corazón. Intentar ocultar el pecado de su atención es tarea vana. Vio cuando nuestros primeros padres pecaron en el Edén. Vio cuando Caían levantó su mano contra Abel para matarlo. Observó los pecados del mundo antiguo, determinó sus días, y los castigó con el diluvio. También vio los pecados de su propio pueblo del pacto, los judíos, cuando se confabularon en contra del Hijo de Dios.

De la misma manera como es registrada cada transgresión, todo asunto secreto será traído a juicio. Pueden haber estado ocultos a los mortales, pueden haber estado encubiertos de los buenos, de los puros, de los santos, de los amigos y los enemigos; no obstante, Dios los ve. Todos los pecados serán revelados en el día del juicio y, a menos que hayan sido objeto de arrepentimiento previo, serán castigados de acuerdo con su magnitud, porque en el libro de memorias de Dios se lleva un registro de todos los hechos humanos. Todas las acciones de la vida, buenas o malas, se hallan registradas.

Es tan terrible el hecho que los pecados acumulados sean registrados y, finalmente, expuestos, como que los profesos hijos e hijas de Dios se aventuren a pecar contra sus propias conciencias, y por sus pecados involucren a otros en la misma ruina, a pesar de la luz y el conocimiento. Esto es un misterio. ¿Será que alguna vez han gustado de las virtudes del reino por venir? ¿Habrán gozado alguna vez de la dulce comunión con Dios? Por consiguiente, ¿cómo pueden volverse a esas prácticas sensuales, condenadas y degradantes? (Testimonios sobre conducta sexual, pp. 101, 102).

No hay consolador como Cristo, tan tierno y tan leal. Se conmueve con los sentimientos de nuestras debilidades. Su Espíritu habla al corazón. Las circunstancias pueden separarnos de nuestros amigos; el amplio e inquieto océano puede agitarse entre nosotros y ellos. Aunque exista su sincera amistad, quizá no puedan demostrarla haciendo para nosotros lo que recibiríamos con gratitud. Pero ninguna circunstancia ni distancia puede separarnos del Consolador celestial. Doquiera estemos, doquiera vayamos, siempre está allí. Alguien que está en el lugar de Cristo para actuar por él. Siempre está a nuestra diestra para dirigirnos palabras suaves y amables; para asistirnos, animarnos, apoyarnos y consolarnos (Dios nos cuida, p. 237).

BAJO LAS BANDERAS
Martes 29 de septiembre

A los levitas se les confiaba el cuidado del Tabernáculo y todo lo que se relacionaba con él, tanto en el campamento como cuando se viajaba. Cuando se levantaba el campamento para reanudar la marcha, eran ellos quienes desarmaban la sagrada tienda; y cuando se llegaba adonde se había de hacer alto, ellos debían levantarla. A ninguna persona de otra tribu se le permitía acercarse so pena de muerte. Los levitas estaban repartidos en tres divisiones, descendientes de los tres hijos de Leví, y cada una tenía asignadas su obra y posición especiales. Frente al Tabernáculo, y cercanas a él, estaban las tiendas de Moisés y Aarón. Al sur estaban los coatitas, que tenían la obligación de cuidar del arca y del resto del mobiliario; al norte, estaban los meraritas, quienes tenía a su cargo las columnas, los zócalos, las tablas, etc.; atrás estaban los gersonitas a quienes se les había confiado el cuidado de los velos y del cortinado en general.

Se especificaba también la posición de cada tribu. Cada uno tenía que marchar y acampar al lado de su propia bandera, tal como lo había ordenado el Señor: "Los hijos de Israel acamparán cada uno junto a su bandera, según las enseñas de las casas de sus padres"; "de la manera que asientan el campo, así caminarán, cada uno en su lugar, junto a sus banderas" (Números 2:2, 17). A la "multitud mixta" que había acompañado a Israel desde Egipto no se le permitía ocupar los mismos cuarteles que las tribus, sino que había de habitar en las afueras del campamento; y sus hijos había de quedar excluidos de la comunidad hasta la tercera generación (Deuteronomio 23:7, 8) (Patriarcas y profetas, p. 392).

El Señor designó una familia especial de la tribu de Leví para que llevara el arca. Otros de entre los levitas fueron especialmente señalados por Dios para llevar el Tabernáculo y todos sus muebles, y para realizar la obra de erigirlo y desarmarlo. Y si cualquier persona, llevada por la curiosidad o por el desorden se salía de su lugar y tocaba cualquier parte del Santuario o los muebles, o hasta se acercaba a cualquiera de los obreros, debía sufrir la muerte. Dios no dejó su santo Tabernáculo para que fuera llevado, armado o desarmado indiscriminadamente por cualquier tribu que pudiera elegir el cargo. En cambio, se eligieron personas que pudiera apreciar el carácter sagrado de la obra en que estaban ocupadas. A estos hombres elegidos por Dios se les indicó que impresionaran al pueblo con el carácter especialmente sagrado del archa y de todo lo que tuviera conexión con ella, de modo que no miraran a esas cosas sin darse cuenta de su naturaleza santa y fueran cortados de Israel. Todas las cosas pertenecientes al Lugar Santísimo debían ser consideradas con reverencia (Testimonios para la iglesia, t. 1, p. 564).

El Señor condujo a los israelitas en todas sus peregrinaciones por el desierto. Cuando era para el bien del pueblo y la gloria de Dios que levantaran sus tiendas en cierto lugar y morarán allí, el Altísimo lo manifestaba mediante la columna de nube que descendía directamente sobre el Tabernáculo. Y allí permanecía hasta que el Señor quería que emprendieran el viaje de nuevo. Entonces la nube de gloria se elevaba por encima del Tabernáculo, y así volvían a viajar.

En todos sus viajes manifestaban un orden perfecto. Cada tribu llevaba un estandarte con el emblema de la casa de su padre, y cada una de ellas había recibido la orden de acampar junto a su estandarte. Y cuando viajaban, las diferentes tribus marchaban en orden, cada una junto a su propio estandarte. Cuando descansaban de sus viajes, erigían el Tabernáculo, y entonces las diferentes tribus levantaban sus tiendas en orden, justamente en el lugar que Dios les había mandado, alrededor del Tabernáculo, a cierta distancia de él (La historia de la redención, p. 160).

LLAMADO AL MINISTERIO
Miércoles 30 de septiembre

Tanto el primogénito de los hombres como el de las bestias, había de ser del Señor, si bien podía ser redimido mediante un rescate con el cual reconocían que, al perecer los primogénitos de Egipto, los de Israel, que fueron guardados bondadosamente, habrían sufrido la misma suerte de no haber sido por el sacrificio expiatorio. "Mío es todo primogénito -declaró el Señor- desde el día que yo maté todos los primogénitos en Israel, así de hombres como de animales: míos serán" (Números 3:13). Después de la institución del culto en el Tabernáculo, el Señor escogió para sí la tribu de Leví, para la obra del Santuario, en vez de los primogénitos de Israel. Dijo: "Me son a mí dados los Levitas de entre los hijos de Israel... helos tomado para mí en lugar de los primogénitos de todos los hijos de Israel" (Números 8:16). Sin embargo, todo el pueblo debía pagar, en reconocimiento de la gracia de Dios, un precio por el rescate del primogénito (Números 18:15, 16) (Patriarcas y profetas, p. 281).

La dedicación de los primogénitos se remontaba a los primeros tiempos. Dios había prometido el Primogénito del cielo para salvar al pecador. Este don debía ser reconocido en toda familia por la consagración del primer hijo. Había de ser dedicado al sacerdocio, como representante de Cristo entre los hombres.

Cuando Israel fue librado de Egipto; la dedicación de los primogénitos fue ordenada de nuevo. Mientras los hijos de Israel servían a los egipcios, el Señor indicó a Moisés que fuera el rey de Egipto y le dijera: "Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito. Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo para que me sirva, mas no has querido dejarlo ir: he aquí yo voy a matar a tu hijo, tu primogénito" (Éxodo 4:22, 23) (El Deseado de todas las gentes, p. 35).

PROTEGE LO SAGRADO
Jueves 1ro. de octubre

Nadab y Abiú, los hijos de Aarón que ministraban en el sagrado oficio del sacerdocio, se sirvieron vino en abundancia, y, como acostumbraban, fueron a ministrar delante de Jehová. Los sacerdotes que quemaban incienso delante de Jehová tenían que usar el fuego del altar de Dios que ardía día y noche, y nunca se apagaba. Dios dio indicaciones explícitas acerca de la forma en que debía realizarse cada parte de su servicio para que todo lo que estuviera relacionado con su culto sagrado estuviese de acuerdo con su santo carácter. Toda desviación de las indicaciones expresas de Dios en relación con su sagrado servicio era pasible de muerte. Dios no aceptaría ningún sacrificio que no estuviese sazonado con la sal del fuego divino; que representaba la comunicación entre Dios y el hombre accesible solamente mediante Jesucristo. El fuego sagrado que debía ser puesto en el incensario era mantenido perpetuamente encendido, y mientras los hijos de Dios estaban afuera, orando fervientemente, el incienso alumbrado por el fuego sagrado había de subir delante de Dios mezclado con sus oraciones. Este incienso era un emblema de la mediación de Cristo.

Los hijos de Aarón tomaron fuego común, que Dios no aceptaba, y ofrecieron un insulto al Dios infinito presentando este fuego extraño delante de él. Dios los consumió con fuego por su desprecio deliberado de sus expresas indicaciones. Todas sus obras eran como la ofrenda de Caín. No se representaba en ellas al divino Salvador. Si esos hijos de Aarón hubiesen tenido el dominio completo de sus facultades pensantes, habrían discernido la diferencia entre el fuego común y el sagrado. La complacencia del apetito rebajó sus facultades y oscureció de tal forma su intelecto que se extinguió su facultad de discernimiento. Comprendían plenamente el carácter sagrado del servicio simbólico y la terrible solemnidad y responsabilidad que pesaba sobre ellos al presentarse delante de Dios para ministrar en el servicio sagrado.

Algunos podrán preguntar: ¿Cómo podían los hijos de Aarón ser tenidos por responsables cuando sus intelectos estaban tan paralizados por la embriaguez que no podían discernir la diferencia entre el fuego sagrado y el común? En el momento de llevar la copa a sus labios se hicieron responsables por todos los actos que cometiesen bajo la influencia del vino. La complacencia del apetito les costó la vida a esos sacerdotes. Dios prohibió expresamente el uso del vino que influyera en la obnubilación del intelecto (La temperancia, pp. 39, 40).

En los días de Israel, cuando fue instituido el servicio del Santuario, el Señor ordenó que sólo se debía usar fuego sagrado cuando se quemara incienso. El fuego sagrado fue encendido por Dios mismo, y el humo fragante representaba las oraciones del pueblo que ascendían delante de Dios. Nadab y Abiú fueron sacerdotes del Santuario, y aunque no era legítimo usar fuego común, cuando esos sacerdotes fueron delante de Dios, se atrevieron a encender sus incensarios con fuego sin consagrar. Los sacerdotes se habían estado complaciendo en el consumo de vino y estaba nublada su sensibilidad moral; no discernieron el carácter de sus acciones ni comprendieron cuál sería la terrible consecuencia de su pecado. Un fuego salió llameante del Lugar Santísimo y los consumió (La temperancia, p. 248).


Guía de Estudio de la Biblia: Un pueblo en marcha: El libro de Números / Notas de Elena de White.
Periodo: Trimestre Octubre-Diciembre de 2009
Autor:
Editor: Clifford Goldstein

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Lección 1: Un orden nuevo / Edición para Maestros

El sábado enseñaré...

Texto clave: Números 2:1, 34

Enseña a tu clase a:

Saber cómo Dios puso en orden al pueblo de Israel a fin de que pudiera representarlo.
Sentir las semejanzas entre Israel y la iglesia de Dios, e identificarnos con las lecciones que Dios está tratando de enseñarnos.
Hacer una aplicación de las lecciones de orden en nuestras vidas, familias e iglesia.

Bosquejo de la lección:

I. Saber: Cada uno a su lugar

A. Al organizar las tribus de Israel y a los levitas alrededor del Santuario, Dios estaba prescribiendo no solo un campamento bien planificado y una marcha ordenada sino también el lugar que ocuparía Dios en el centro del campamento. ¿Por qué el Santuario estaba en el centro, y no a la cabeza?
B. ¿Dónde acampaban los levitas, y cuáles eran sus funciones especiales? ¿Qué tragedia ilustró las grandes responsabilidades que acompañaron al papel de liderazgo de los levitas?
C. Las familias ancestrales y los clanes en cada tribu se organizaron bajo sus respectivas banderas, y los hombres capaces fueron contados y organizados en un ejército. ¿Por qué recibían tanto valor los linajes familiares en este plan de organización?

II. Sentir: Identificarnos con el pueblo de Israel

A. ¿Qué ejemplos actuales puedes dar que ilustran la necesidad de orden, reverencia y familias sólidas en nuestra iglesia?

III. Hacer: Hacer lo que Dios manda

A. ¿Qué podemos hacer para situar a Cristo en forma más destacada y reverente en el centro de nuestra organización y de nuestras vidas personales?
B. ¿Qué importancia tienen nuestras familias en la organización y el progreso de nuestra iglesia hoy?

Resumen: A fin de avanzar como pueblo de Dios, necesitamos reconocer y aplicar los principios divinos de orden y reverencia en nuestras vidas, nuestras familias y en la organización de la iglesia.

CICLO DE APRENDIZAJE

PASO 1: ¡Motiva!

Concepto clave para el crecimiento espiritual: DIOS HA DESIGNADO QUE SU PUEBLO VIVA JUNTO, DE UNA MANERA ORDENADA QUE LO GLORIFIQUE A ÉL.

El orden es una característica central del ser de Dios. El pecado, la antítesis del carácter amante de Dios, inevitablemente conduce al caos. Por lo tanto, no debe sorprendernos que Dios asigne un elevado valor al orden entre sus seguidores.

La historia revela que el orden trajo éxito a las naciones, aun cuando no siempre honraron al verdadero Dios. La organización y el orden fueron lo que dio una ventaja estratégica a las legiones romanas en sus batallas para conquistar al mundo. La búsqueda del orden fue una factor motivador clave en el surgimiento de gobiernos nacionales. El mundo natural mismo demuestra la importancia del orden y el diseño.

Actividad inicial: Trae a la clase un juego de mesa popular, tal como el Ludo, Dilema, Uno o Monopoly (para esta ilustración, es mejor un juego que permita participar a varios jugadores en vez de uno donde solamente pueden jugar dos). Invita a un grupo representativo para que se una contigo en el juego, diciéndoles que jugar los llevará a un punto importante de la lección. Repasa las reglas del juego; pero, cuanto tú, el maestro, tienes tu turno, haz algo que claramente viole las reglas. Ahora, pide a la clase que analice cómo se sintieron acerca de los actos del maestro. Pregúntales si algún juego es divertido si no se aplican las reglas y el orden. Aplica el principio a la vida.

PASO 2: ¡Explora!

Comentario de la Biblia

I. Organización del ejército (Repasa, con la clase, Éxo. 20; 25:8, 32; 40:17; Núm. 1:1-3; Gén. 15).

¿Carisma u organización? A pesar de las manifestaciones carismáticas sobrenaturales exhibidas en la nube de día y el fuego de noche, en el atronador encuentro en el Monte Sinaí y en el maná diario. Dios sintió que era necesario organizar al pueblo hebreo con considerable detalle.

Un pueblo bien ordenado no se forma automáticamente como resultado de un encuentro con Dios. Requirió considerable esfuerzo. En la era del Nuevo Testamento, la gente demandaba señales carismáticas de Jesús (ver Mar. 8:11, 12; Luc. 16:27-31; Juan 6:28-33). Sin embargo, Jesús desaprobó el clamor por señales y manifestaciones sobrenaturales. Es digno de notar que él no desaprobó el proceso de organizar la iglesia primitiva.

Considera: Un pastor de cierta confesión religiosa, en una ocasión, le dijo a un pastor adventista que él no necesitaba estudiar y preparar sus sermones porque él le permitía a Dios que le dijera qué decir cuando se levantaba para predicar. El pastor adventista le contestó que él creía que un mensaje bien organizado y preparado hacía más para honrar a Dios. ¿Una manifestación carismática, o la operación directa del Espíritu Santo en nuestro mundo, ¿se oponen al orden y la organización? ¿De qué modo el carisma del Espíritu protege de una organización fría y formal? ¿Cómo puede una iglesia bien ordenada protegerse contra los excesos carismáticos? ¿Cómo puede un creyente llegar a un equilibrio adecuado entre los dos?

II. La presencia de Dios (Repasa, con la clase, Núm. 1:50-54; 2:2; Sal. 189:1-10; Isa. 57:15; Jer. 23:23, 24; Juan 14:15-18, 23).

La organización del campamento hebreo enseñaba dos conceptos que son clave para comprender el plan de salvación. Primero, Dios es santo y distante del pecado. Aunque él parece estar al alcance, hay una barrera que nos impide un encuentro directo. Segundo, Dios ha hecho todo lo posible para estar con nosotros. Aunque existía una barrera, Dios había establecido un medio por el cual podía estar cerca de su pueblo. Los sacerdotes desempeñaban un papel clave, como conductores por los cuales Dios se extendía a través de la barrera del pecado hacia el pueblo pecador. Su lugar en la mediación señalaba hacia adelante, al verdadero Mediador, que es Jesús (ver Heb. 10:18-23; Rom. 8:27-39; 2 Cor. 5:17-21).

Considera: A la luz del hecho de que Dios es santo, ¿cómo deberíamos considerar caracterizaciones triviales de Dios tales como llamarlo "el hombre que está arriba"?

En la era del Nuevo Testamento, todos los creyentes compartían la función sacerdotal de ser conductos por medio de los cuales Dios se extiende hacia el mundo pecaminoso.

III. Bajo las banderas (Repasa, con la clase, Núm. 2:34).

Considera: A pesar de tener una estructura organizativa precisa, Dios permitió los rasgos distintivos y peculiares de las diversas tribus. Analiza por qué la unidad organizativa requiere uniformidad, o no la requiere. Si la masa de las galletitas (lo esencial) es la misma, ¿debe toda la masa ser cortada en galletitas iguales (la forma) a fin de ser sabrosas?

IV. Llamado al ministerio y a la protección de lo sagrado (Repasa, con tu clase, Éxo. 13:2; Lev. 10:1-11; Núm. 3:12-15, 46-51; 14:10, 11; 1 Crón. 23:27-32; 2 Crón. 17:7-9; 19:8-11).

Inicialmente, los hijos primogénitos y más tarde la tribu de Leví asumieron el lugar del "mediador", que se sitúa entre Dios y su pueblo. Este lugar significaba la ejecución de varias funciones, incluyendo la de enseñar, juzgar, cuidar el Santuario y la realización de los ritos sagrados. Para enfatizar la naturaleza sagrada de su obra, los levitas fueron puestos aparte, en una ceremonia especial de "ordenación". En la era del Nuevo Testamento, somos una nación de sacerdotes, que debemos tomar con seriedad nuestra vocación sagrada y realizar fielmente las tareas que Dios nos ha dado. ¿Cuáles de las funciones del Antiguo Testamento son aplicables todavía, y cómo deberían ser realizadas?

Considera: Analiza cómo podemos estar en peligro de volver trivial nuestra vocación sagrada, del mismo modo que lo hicieron los hijos de Aarón. ¿Por qué crees que los hijos de Elí más tarde, repitieron el mismo error? ¿Cómo podemos evitar esta trampa?

PASO 3: ¡Practica!

¿Cómo puedo cumplir mi función como miembro del orden de sacerdotes? Como cristianos, somos una parte del "nuevo orden sacerdotal" y, corporativamente, bajo el liderazgo de Cristo, hemos de cumplir las "funciones sacerdotales" en favor del ministerio de Dios en el mundo. En nuestro estudio aprendemos que estas funciones incluyen el enseñar, el juzgar, el cuidar, y ser intermediarios espirituales. Abajo hay descripciones de situaciones de la vida real. Primero, conversen sobre cuál de las cuatro funciones sacerdotales enumeradas arriba se aplica mejor a una situación específica. Luego, analicen de qué manera esa función puede llevarse a cabo. Usa las siguientes definiciones para guiar las selecciones.

Maestro: Una persona que instruye a otros acerca de cómo vivir la fe cristiana.

Juez: Una persona que fomenta los ideales de paz, equidad y justicia dentro de la comunidad cristiana.

Cuidador: Una persona que cuida los aspectos materiales (p. ej.: la propiedad de la iglesia) de la comunidad cristiana.

Intermediario espiritual: Una persona que ministra los aspectos espirituales de la fe, tales como el perdón, la paz, la esperanza, el amor y la compasión.

Situación 1: Un evangelista ha formado una iglesia de ciento veinte miembros nuevos en una sección económicamente necesitada del pueblo, donde los embarazos de adolescentes son un gran problema. Casi todos los miembros son cristianos nuevos, y no tienen ningún trasfondo de ética cristiana. ¿Cómo debería la iglesia atender el problema de los embarazos adolescentes?

Situación 2: Una fábrica grande se está cerrando, y hace planes para transferir las operaciones a otro país, donde la mano de obra es más barata. El ochenta por ciento de la congregación está afectada por el cierre.

Situación 3: Un gran desastre natural ha afectado a la ciudad, dañando las casas de la mayoría de los miembros, y provocando grandes daños a los edificios de la iglesia y la escuela.

Situación 4: Las tensiones raciales han llegado al punto de ebullición, y el edificio de la iglesia ha sufrido un ataque con bombas, por cuanto la iglesia apoyaba los derechos civiles.

PASO 3: ¡Aplica!

El pueblo de Dios, en el antiguo Israel, estaba organizado con precisión. esto le daba un sentido de pertenencia y de propósito. Durante el tiempo de los jueces, el sentido de pertenencia y de propósito comenzó a deteriorarse mientras el sentido de orden se desintegraba. Inicialmente organizado en lo religioso, lo social y lo militar, el pueblo hebreo más tarde llegó a parecerse a una turba desorganizada, que se encontraba a merced de los pueblos mejor organizados. Es posible que hoy los cristianos que tienen la verdad puedan encontrarse a merced de grupos antiteístas porque les falta organización. Elige individualmente, pero preferiblemente como un grupo, algún aspecto de la vida de tu iglesia que puedas poner en orden. Luego, desarrolla un plan y ponlo en práctica. Aquí hay algunas sugerencias:

1. ¿De qué modo la apariencia física de tu iglesia refleja los ideales de orden? Si no lo hace, desarrolla un plan para mejorar su apariencia.

2. ¿Sabe tu iglesia dónde encontrar a sus miembros? Recuerda que Dios había organizado a los hebreos de tal modo que era fácil encontrarlos. Trabaja en el desarrollo de un directorio exacto de los miembros de la iglesia.

3. El propósito principal de la iglesia está basado en adorar a Dios y alcanzar a los perdidos. ¿Refleja el orden del culto de adoración el orden, así como la influencia directa del Espíritu? ¿Tiene tu iglesia un plan organizado para alcanzar a otros? ¿Tiene tu iglesia un registro de aquellos que expresaron un interés en la fe cristiana?


Guía de Estudio de la Biblia: Un pueblo en marcha: El libro de Números / Edición Maestros.
Periodo: Trimestre Octubre-Diciembre de 2009
Autor:
Editor: Clifford Goldstein

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