Lee Para el Estudio de esta Semana: Salmo 139; Lucas 15:4-24; Juan 15:10, 11; Hebreos 11:16.
Para Memorizar: “Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido” (Juan 15:11).
El gozo y la alegría no son necesariamente lo mismo. La alegría es el resultado de circunstancias favorables; el gozo, en contraste, es el resultado de estar conectado a Jesús, la Vid Verdadera.
En Salmo 4:7, se contrastan el gozo y la alegría: “Tú diste alegría a mi corazón mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto”. La “alegría mayor” (el gozo), es el resultado de conocer y confiar en Dios; la alegría es un resultado de circunstancias agradables, tales como una cosecha abundante. El gozo interior es constante mientras confiamos en Dios; la alegría es tan impredecible como una cosecha. El gozo interior derrota el desánimo; la alegría lo cubre. El gozo interior es duradero; la alegría es temporaria.
El gozo es un deleite en la vida que cala más profundo que el dolor o el placer. Este tipo de gozo surge de percibir la presencia de Dios en nuestra vida, permitiéndonos elevarnos por sobre las circunstancias, y concentrarnos en la bondad y el amor de Dios. En el centro del gozo cristiano está el hecho de que Dios ha actuado y está actuando para salvar a los que confían en él. El mandato de regocijarse (Fil. 4:4). Domingo 10 de enero
Muchos creyentes permiten que las circunstancias los afecten y por ello su espiritualidad tiene altibajos. Para ellos, regocijarse parece irrazonable, aun imposible. Por eso el mandato es regocijarse “en el Señor” (Fil. 4:4).
No siempre podemos regocijarnos en nuestras circunstancias o en las de otras personas, porque pueden ser negativas. Sin embargo, podemos regocijarnos en el Señor, porque él es siempre bueno y nunca cambia.
Nuestra estabilidad espiritual está relacionada directamente con nuestro conocimiento de Dios y nuestro compromiso con él. Conocerlo nos ayuda a vivir por sobre nuestras circunstancias y nos proporciona estabilidad. Por eso los salmos fueron escritos en forma poética y se cantaban, de modo que el pueblo de Israel pudiera memorizar las Escrituras y cantar himnos a fin de profundizar su conocimiento de Dios. Conocerlo hace que todo lo demás sea menos importante.
Lee el Salmo 139; Romanos 8:28; y 1 Pedro 1:8 y 9. ¿Qué razones se dan aquí para que nos regocijemos? ¿Cómo podemos aprender a regocijarnos en estas promesas de Dios?
¿Necesitas otras razones para regocijarte? Regocíjate porque Dios nos salvó, nos adoptó, y prometió darnos una herencia en Jesucristo (Efe. 1:1-11). Cuando Cristo regrese, gozaremos de su presencia y de los lugares celestiales preparados para nosotros (Juan 14:2, 3). Hasta entonces, es un gozo saber que Dios promete suplir todas nuestras necesidades (Fil. 4:19). Además, tenemos el privilegio de servir a Aquel a quien amamos. Eso incluye compartir las buenas noticias con los perdidos, y animar a otros a que aumenten su amor y servicio a él. También es un gozo poder orar a Dios en cualquier momento (Heb. 4:15, 16). Finalmente, podemos gozarnos en saber que la muerte no tiene la última palabra (1 Cor. 15:54).
A pesar de estas promesas y de tantas razones que tenemos para regocijarnos, todos luchamos con la tristeza, el desánimo y el dolor. Estos son “hechos de la vida” ahora. Cualesquiera sean nuestras circunstancias, ¿cómo podemos aprender a encontrar el gozo que se nos ofrece en Cristo? ¿Qué elecciones estamos haciendo que podrían afectar el gozo que puede ser nuestro?
El gozo de Cristo. Lunes 11 de enero
A fin de comprender plenamente el gozo cristiano, debemos considerar el estilo de vida, de Cristo lleno de gozo. ¿De dónde procedía su gozo? ¿Cuáles eran los principios según los cuales vivía?
¿Qué papel tiene el gozo en tres de las parábolas más populares que Jesús contó? ¿Cuál es el elemento común en las tres historias?
* La oveja perdida (Luc. 15:4-7) * La moneda perdida (Luc. 15:8-10) * El hijo pródigo (Luc. 15:11-24)
Estas tres parábolas nos dan una vislumbre del corazón de Dios. Es un corazón que está dispuesto a celebrar. Es el gozo puro de Dios, la alegría de alcanzar al perdido. No es extraño que, a pesar de las pruebas y los sufrimientos, Jesús fue ungido con gozo, porque él sabía que –por lo que realizaría– muchas personas se salvarían.
Considera la importancia de las palabras registradas en Hebreos 12:2, 3. Con oración piensa en las palabras: “el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio”. Escribe algunos de los pensamientos que te vienen a la mente mientras meditas en el significado de estas palabras. ¿Cuál fue el gozo puesto delante de él? ¿Por qué la salvación de las almas perdidas es tan importante para Dios?
¿De qué modo puedes reconciliar la idea de que Jesús fue “varón de dolores, experimentado en quebranto” (Isa. 53:3) y no obstante, al mismo tiempo, fue un hombre de gozo? Escoge un problema específico de tu vida que te causa tristeza y dolor. ¿De qué modo, a pesar de esta tristeza, puedes experimentar por ti mismo la clase de gozo que experimentó Jesús?
Gozo en la obediencia (Juan 15:11). Martes 12 de enero
Lee Juan 15:10 y 11. ¿Con qué está vinculando Jesús el gozo? ¿De qué modo, en un sentido práctico, funciona esto? Es decir, ¿por qué esto debería conducir al gozo?Lee Juan 15:10 y 11. ¿Con qué está vinculando Jesús el gozo? ¿De qué modo, en un sentido práctico, funciona esto? Es decir, ¿por qué esto debería conducir al gozo?
“Sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche” (Sal. 1:2).
“El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón” (Sal. 40:8).
No hay mayor gozo que el gozo de ser obediente a la voluntad de Dios. Aunque a algunos pueda parecerles que un énfasis en la obediencia a la ley de Dios sencillamente sirve para exasperar una conciencia ya culpable, el hecho es que la obediencia a la voluntad de Dios es liberadora.
Recuerda que fue la desobediencia lo que produjo guerra en el cielo, y trajo el pecado y la muerte a este planeta. Todo el dolor y el sufrimiento humanos son el resultado de que los hombres no siguieron la voluntad de Dios. Así que será la obediencia a la voluntad de Dios, por la fe, lo que nos ayudará a restaurar el gozo.
Lee Salmo 19:8; Jeremías 15:16; y Mateo 7:21 al 27. ¿De qué manera estos textos vinculan la obediencia con el gozo?
Si bien es claro que la Biblia enfatiza que no somos salvados por las obras, también es claro que las obras son un aspecto inseparable de lo que significa ser salvos. Las obras revelan al universo la realidad de nuestra salvación, la realidad de nuestro compromiso con Dios. Llamar a alguien legalista meramente porque esa persona se mantiene firme en obedecer la voluntad de Dios es, en un sentido real, caer en la trampa contra la cual nos advirtió Isaías: “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!” (Isa. 5:20).
Lee Salmo 19:8; Jeremías 15:16; y Mateo 7:21 al 27. ¿De qué manera estos textos vinculan la obediencia con el gozo?
Si bien es claro que la Biblia enfatiza que no somos salvados por las obras, también es claro que las obras son un aspecto inseparable de lo que significa ser salvos. Las obras revelan al universo la realidad de nuestra salvación, la realidad de nuestro compromiso con Dios. Llamar a alguien legalista meramente porque esa persona se mantiene firme en obedecer la voluntad de Dios es, en un sentido real, caer en la trampa contra la cual nos advirtió Isaías: “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!” (Isa. 5:20).
¿Cómo has experimentado por ti mismo el gozo que proviene de la obediencia? O, para hacer la pregunta en forma negativa: ¿cómo has experimentado el dolor y el sufrimiento que provienen de no obedecer al Señor?
Gozo en tiempos difíciles (Juan 16:33). Miércoles 13 de enero
“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).
Una creencia sostenida por mucho tiempo sugiere que si una persona está pasando por situaciones difíciles es porque esa persona debe estar haciendo algo malo o no tiene suficiente fe. ¡Qué forma imperfecta y fría de considerar a Dios! Jesús dijo claramente que en esta vida todos tendríamos dificultades, tanto los creyentes como los incrédulos. Por mucho que nos guste la historia de Daniel en el foso de los leones, el hecho es que la mayoría de los cristianos que fueron arrojados a los leones fueron destrozados por las bestias. Lo mismo es valedero para los tres hebreos que sobrevivieron al horno de fuego: la mayoría de los cristianos atados a la estaca realmente fueron quemados allí.
Lee Gálatas 6:9; Santiago 1:2 al 4; y 1 Pedro 1:6. ¿Qué esperanza, qué promesas podemos encontrar en estos versículos que podrían ayudarnos durante esos tiempos dolorosos?
Considera la posibilidad de que muchos creyentes hoy no tienen gozo sencillamente porque están centrados en sí mismos. Por reales que sean nuestros problemas, al concentrarnos únicamente en ellos solo los empeoramos en nuestras propias mentes. En realidad, tenemos razones para regocijarnos, no en nosotros mismos, sino en Dios.
Después de todo, ¿no dijo Dios que “aun vuestros cabellos están todos contados” (Mat. 10:30)? Piensa en la promesa implícita en esas palabras. Si, sabiendo que nuestra seguridad está en Jesús, tratáramos de ayudar a otra persona durante nuestros tiempos de prueba, sabríamos que la conmiseración propia puede ser transformada en gozo por un sencillo acto de la voluntad. “Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos” (Job. 42:10).
No importa con qué estás luchando ahora, sal a ayudar a alguien que, tal vez, está pasando también por un momento difícil. Seguramente conoces una persona que necesita ayuda, ánimo, apoyo. ¿De qué manera el hecho de sobrellevar la carga de otro puede aliviar la tuya?
Gozo duradero (Heb. 11:24, 25). Jueves 14 de enero
“Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado” (Heb. 11:24, 25). ¿Qué principios de la vida cristiana se encuentran en estos versículos? (Ver también Luc. 9:23; Hech. 14:22; Fil. 1:29.) ¿Cómo podemos vincular estos versículos con la promesa de gozo? (Ver Heb. 11:16; 1 Ped. 1:6-8).
La decisión de Moisés de dar la espalda al trono de Egipto no fue políticamente correcta. Podría haber decidido quedar en Egipto y ser el siguiente Faraón. Podría haber racionalizado que esa era la voluntad de Dios para él. Después de todo, no habría sido difícil dado que porque, a menudo, hay muchas “buenas” razones para tomar una decisión equivocada.
Piensa en la última vez que tomas una decisión equivocada basado en “buenas” razones. ¿Qué lecciones duras aprendiste?
Mientras que el gozo proviene de saber que estamos haciendo la voluntad de Dios, las consecuencias inmediatas a menudo pueden ser difíciles y dolorosas. Creer que cuando aceptamos a Jesús y obedecemos su Palabra todos nuestros problemas desaparecerán puede conducirnos a la desilusión. Llegar a ser un cristiano devoto no asegura obtener dinero, fama e influencia. Cada año miles de personas son perseguidas, y algunas de ellas martirizadas, por su fe en Cristo.
Al fin, nuestra esperanza, nuestra salvación, todo tiene que depender de algo más grande que este mundo, mayor que lo que este mundo ofrece. Cuán vital es que, no importa lo que nos está sucediendo, nos concentremos en lo que Jesús ha hecho por nosotros y lo que él nos ha prometido. De otro modo, no tenemos otra cosa que lo que este mundo nos ofrece y, como bien sabemos todos, lo que nos ofrece puede ser muy amargo.
Para Estudiar y Meditar. Viernes 15 de enero
“Es el deber de los cristianos convencer al mundo de que la religión de Cristo desviste el alma del ropaje de la pesadez y el luto, y la viste con gozo y alegría. Los que reciben a Cristo como un Salvador que perdona el pecado son vestidos con sus vestiduras de luz. Él quita sus pecados y les imparte su justicia. Su gozo es completo.
“¿Quién tiene más derecho que los cristianos de cantar himnos de regocijo? ¿No tienen ellos la expectativa de ser miembros de la familia real, hijos del Rey celestial? ¿No es el evangelio buenas noticias de gran gozo? Cuando se aceptan libre y completamente las promesas de Dios, el brillo del cielo entra en la vida” (Elena G. de White, A Call to Medical Evangelism and Health Education, p. 26, la cursiva fue añadida).
Preguntas Para Dialogar:
1. Recorre la Biblia y concéntrate en las vidas de algunos personajes bien conocidos. ¿Cuánto gozo piensas que experimentaron? ¿Qué en cuanto a Noé, a Abrahán, o a José? ¿A Daniel, a David, o a Jeremías? ¿A Pablo o Juan el Bautista? ¿Qué podemos aprender de sus experiencias, tanto las buenas como las malas, acerca de lo que realmente es el gozo cristiano?
2. ¿Cuáles son algunas maneras terrenales de ser “feliz”? ¿Cuán buen resultado producen? ¿Qué has aprendido acerca de las maneras terrenales de alcanzar la felicidad? ¿Son todas ellas malas, o pueden y deben tener su lugar en nuestras vidas?
3. ¿Cuánta felicidad, o aun gozo, podríamos o deberíamos esperar en esta vida, incluso como un cristiano que vive con el conocimiento del infinito amor de Dios? Es decir, cuando a nuestro alrededor vemos enfermedad, sufrimiento y muerte, y cuando sabemos que muchas almas se perderán eternamente, ¿cuánta alegría deberíamos tener? ¿No es una especie de egoísmo regocijarnos en nuestra buena suerte mientras sabemos que otros perecerán?
4. ¿Por qué cuanto más centrados en nosotros mismos estamos, tanto más miserables tendemos a ser? ¿Por qué la esperanza y la promesa de vida eterna en una tierra totalmente nueva es tan vital para toda nuestra experiencia cristiana? ¿Qué tendríamos sin ella? ¿Cuán importante es, entonces, que la mantengamos siempre ante nosotros? Después de todo, aun si lo pasamos bien aquí en este mundo, esta vida no durará. De modo que, en última instancia, ¿cuán satisfactoria podría ser?
Guía de Estudio de la Biblia: El Fruto del Espíritu / Edición para Adultos. Periodo: Trimestre Enero-Marzo de 2010
Autor: Richard O'Fill, es escritor (El Cristiano Victorioso, Un Fruto Divino entre otros libros) y orador del ministerio Revival Sermons, ha trabajado para la iglesia en tres continentes, incluyendo siete años en las oficinas centrales de la Asociación General. Reside actualmente en Orlando, Florida, EE.UU. Editor: Clifford Goldstein
En esta vida seremos tentados y probados. Los amigos pueden traicionarnos y los enemigos, inspirados por Satanás, pueden causarnos dolor. Pero volvamos al Todopoderoso para recibir fortaleza. Encontraremos consuelo y tierna simpatía.
Cristo se interpone entre nosotros y las dificultades que parecen formidables. Las llamas y la inundación quedan detrás de él. Exaltémoslo con nuestra voz y nuestro canto y permitamos que la melodía de nuestra gratitud y adoración se eleven al cielo en una vida de servicio.
Mantengámonos animados, llenos de fe, esperanza y valor. Elías estaba sujeto a las mismas pasiones que nosotros, pero el Señor era su fortaleza; oraba con fervor y el Señor escuchaba sus súplicas. Mantengamos nuestra confianza en Cristo bajo cualquier circunstancia. Permitamos que él sea el primero, el último y el mejor en todas las cosas. Eduquemos nuestra lengua para alabarlo y exaltarlo no solamente cuando nos sintamos gozosos y alegres, sino en todo momento (The Youth's Instructor, enero 10, 1901).
¿Cuál era el gozo de Cristo? El gozo de salvar a los perdidos. Dice el profeta: "Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho" (Isaías 53:11). Por ese gozo soportó la cruz despreciando la vergüenza. Su sufrimiento, su agonía, su muerte, fueron considerados como nada para que las almas fueran rescatas del pecado. Dondequiera que un alma se convierte y se acerca a Jesús, produce un tremendo gozo en el cielo. Toda alma que es arrancada de las garras de Satanás es ofrecida como un precioso regalo a Jesús, quien considera que no ha sufrido y muerto en vano, y nuevamente hay gran gozo en el cielo porque el perdido ha sido hallado; el que estaba muerto en delitos y pecados, ahora está vivo. Y Cristo desea que nosotros también podamos gozar del mismo gozo: un gozo profundo, rico, completo y permanente; el gozo que surge de los triunfos de la cruz de Cristo (Review and Herald, marzo 21, 1893). El mandato de regocijarse (Fil. 4:4). Domingo 10 de enero
"Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!" (Filipenses 4:4).
Al cristiano le es concedido el gozo de reunir rayos de luz eterna del trono de la gloria, y de reflejarlos no solamente en su propio sendero, sino sobre la senda de las personas con quienes se asocia. Al hablar palabras de esperanza y aliento, de alabanza agradecida y de bondad alegre, puede esforzarse por hacer mejores a quienes lo rodean, por elevarlos, por mostrarles el cielo y la gloria por encima de todas las cosas terrenales, por guiarlos en la búsqueda de las realidad eternas, la herencia inmortal y las riquezas imperecederas.
"Regocijaos en el Señor siempre -dice el apóstol- Otra vez digo: ¡Regocijaos!" Dondequiera que vayamos, deberíamos llevar una atmósfera de esperanza y alegría cristianas; entonces los que se encuentran sin cristo verán un atractivo en la religión que profesamos; los no creyentes observarán la consistencia de nuestra fe. Necesitamos tener una visión más clara del cielo, la tierra donde todo es gloria y felicidad. Necesitamos conocer más acerca de la plenitud de la bendita esperanza. Si constantemente nos estamos "regocijando en la esperanza", seremos capaces de hablar palabras de estímulo a las personas con quienes no encontramos. "La palabra a su tiempo, ¡cuán buena es!" (Proverbios 15:23). Las almas perecen debido a la falta de una labor personal (Exaltad a Jesús, p. 238).
"Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!" ¡Oh, si pudiéramos escuchar más alabanzas a Dios procedentes de corazones agradecidos! Necesitamos cristianos que vivan constantemente a plena luz del sol, y que en toda circunstancia alaben al Señor. Con toda la esperanza y la seguridad que hallamos en las promesas de Cristo, ¿cómo podemos ser infelices? No hay excusa ni justificación para que el cristiano esté descontento. Nunca causen la impresión de que están desilusionados con la senda que Cristo les ha trazado.
Nuestro caracteres deben concordar con la imagen de Cristo. Debemos someternos a la ley de Dios en hechos y en verdad. Entonces podrá demostrar por medio de nosotros las bendiciones que se reciben cuando se obedecen los principios de su Palabra. El Rey del cielo está dispuesto a reconocer al alma más humilde que le sirve aquí (Cada día con Dios, p. 304).
Orad, orad ferviente y sin cesar, pero no os olvidéis de alabar a Dios. Incumbe a todo hijo de Dios vindicar su carácter. Podéis ensalzar a Jehová; podéis mostrar el poder de la gracia sostenedora. Hay multitudes que no aprecian el gran amor de Dios ni la compasión divina de Jesús. Miles consideran con desdén la gracia sin par manifestada en el plan de redención. Todos los que participan de esa gran salvación no son inocentes al respecto. No cultivan corazones agradecidos. Pero el plan de la redención es un tema que los ángeles desean escudriñar; será la ciencia y el canto de los redimidos a través de las edades sin fin de la eternidad. ¿No es digno de reflexión y estudio cuidadoso ahora? ¿No alabaremos a Dios con corazón, alma y voz por sus "maravillas para con los hijos de los hombres" (Salmo 107:8)? (Recibiréis poder, p. 336).
El gozo de Cristo. Lunes 11 de enero
Cristo tenía siempre el resultado de su misión. Su vida terrenal, recargada de penas y sacrificios, era alegrada por el pensamiento de que su trabajo no sería inútil. Dando su vida por la vida de los hombres, iba a restaurar en la humanidad la imagen de Dios. Iba a levantarnos del polvo, a reformar nuestro carácter conforme al suyo, y embellecerlo con su gloria.
Cristo vio "del trabajo de su alma" y fue "saciado". Vislumbró lo dilatado de la eternidad, y vio de antemano la felicidad de aquellos que por medio de su humillación recibirían perdón y vida eterna. Fue herido por sus transgresiones y quebrantado por sus iniquidades. El castigo que les daría paz fue sobre él, y por sus heridas fueron sanados. Él oyó el júbilo de los rescatados, que entonaban el canto de Moisés y del Cordero. Aunque había de recibir primero el bautismo de sangre, aunque los pecados del mundo iban a pesar sobre su alma inocente y la sombra de indecible dolor se cernía sobre él, por el gozo que le fue propuesto, escogió sufrir la cruz y menospreció la vergüenza (¡Maranata: El Señor viene!, p. 314).
Cristo, "Habiéndole sido propuesto gozo, sufrió la cruz, menospreciando la vergüenza, y sentóse a la diestra del trono de Dios" (Hebreos 12:2). Murió en la cruz como sacrificio para el mundo, y mediante ese sacrificio nos llega la bendición más grande que Dios nos puede conceder: el don del Espíritu Santo. Todos los que aceptan a Cristo pueden recibir ese don.
El mundo caído es el campo de batalla del mayor conflicto que el universo celestial y los poderes terrenales pueden presenciar. Es el teatro donde se enfrentan los poderes del bien y del mal; la lucha entre el cielo y el infierno. Y cada ser humano es parte de este conflicto; nadie puede quedar neutral; todos deben decidir si aceptar o rechazar al Redentor del mundo; si estar con él o contra él. Cristo invita a todos los que se reúnen bajo su estandarte a ser fieles soldados en este conflicto para que puedan heredar la corona de la vida y para llegar a ser adoptados como hijos e hijas de Dios. A todos los que participen de su humillación y sufrimientos les promete la mayor recompensa: un lugar en el reino celestial.
La cruz del Calvario desafía a todo poder terrenal e infernal, y por fin acabará por eliminar a cada uno de ellos. La cruz es el centro de toda autoridad, y de ella toda autoridad procede. Es el gran centro de atracción, porque en ella Cristo entregó su vida por la raza humana. Este sacrificio fue ofrecido con el propósito de restaurar al hombre a su perfección original; sí, y más aún: fue ofrecido para concederle una completa transformación del carácter, y hacerlo más que vencedor. Los que por intermedio de la fuerza de Cristo vencen al gran enemigo de Dios y el hombre, en las cortes celestiales ocuparán una posición superior a la de los ángeles que nunca han caído (General Conference Bulletin, abril 1, 1899).
Gozo en la obediencia (Juan 15:11). Martes 12 de enero
"Estas cosas os he hablado, ara que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido" (S. Juan 15:11).
Como cristianos no se nos requiere que andemos con caras largas, suspirando y quejándonos como si no tuviéramos un Salvador ni una esperanza; esa actitud no glorifica a Dios. Él desea que andemos jubilosos, alabando su nombre, mostrando alegría en nuestro rostro y gozo en nuestro corazón. Nuestra esperanza debe brindarnos más felicidad que cualquier placer que el mundo pueda ofrecer, y eso debe mostrarse en nuestra actitud.
¿Por qué no sentirnos plenamente gozosos cuando tenemos la seguridad de que podemos participar de todas las provisiones y promesas que nuestro Salvador ha hecho en su palabra? Podemos creer en su promesa y saber que su gracia y su poder están a nuestra disposición. Él nos ha dado plena seguridad de que cumplirá lo que ha prometido.
Podemos gozarnos constantemente por su presencia en nosotros. No necesitamos estar de rodillas todo el tiempo, pero podemos en todo momento pedir su gracia, aun mientras caminamos por la calle o realizamos nuestros deberes cotidianos. Cuando nuestros pensamientos se dirigen hacia él, nos impartirá abundantemente su gracia pues ha prometido: "Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá" (S. Mateo 7:7) (Sermons and Talks, t. 2, p. 293).
La obediencia plena y completa nunca produce lamentos, dudas o incertidumbre, sino plenitud de gozo (Review and Herald, abril 12, 1898).
La voluntad de Dios se expresa en los preceptos de su sagrada ley, y los principios de esta ley son los principios del cielo. Los ángeles que allí residen no alcanzan conocimiento más alto que el saber la voluntad de Dios, y el hacer esa voluntad es el servicio más alto en que puedan ocupar sus facultades.
En el cielo no se sirve con espíritu legalista. Cuando Satanás se rebeló contra la ley de Jehová, la noción de que había una ley sorprendió a los ángeles casi como algo en que no habían soñado antes. En su ministerio, los ángeles no son como siervos, sino como hijos. Hay perfecta unidad entre ellos y su Creador. La obediencia no es trabajo penoso para ellos. El amor a Dios hace de su servicio un gozo. Así sucede también con toda alma en la cual mora Cristo, la esperanza de gloria. Ella repite lo que dijo él: "Me complazco en hacer tu voluntad, oh Dios mío, y tu ley está en medio de mi corazón" (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 93, 94).
Gozo en tiempos difíciles (Juan 16:33). Miércoles 13 de enero
Nuestro carácter debe formarse aquí en la tierra, y Dios nos probará y examinará colocándonos en situaciones que requerirán fortaleza, pureza y nobleza del alma, con perfecta paciencia y plena confianza en el Salvador crucificado. Nos enfrentaremos a fracasos, aflicción y severas pruebas que Dios permite para purificarnos y refinarnos como se purifica el oro y la plata, a fin de que su pueblo pueda presentarle una ofrenda en justicia.
La cruz de Cristo está cubierta de vituperio e infamia, pero es la única esperanza de vida y elevación para el ser humano. Nadie puede comprender el misterio de la piedad mientras se avergüence de llevar la cruz de Cristo. Nadie puede discernir y apreciar las bendiciones que Cristo ha comprado a un precio infinito para él, a menos que esté dispuesto a sacrificar gozosamente todos los tesoros terrenales para llegar a ser su seguidor. Cada sacrificio hecho por Cristo enriquece al dador y cada sufrimiento soportado en su querido nombre incrementa el gozo y la recompensa inmortal en el reino de la gloria (Confrontation, p. 93).
Siempre que el hombre procure ponerse en armonía con Dios, sabrá que la afrenta de la cruz no ha cesado. Principados, potestades y huestes espirituales de maldad en las regiones celestes, todos se alistan contra los que consienten en obedecer la ley del cielo. Por eso, en vez de producirles pesar, la persecución debe llenar de alegría a los discípulos de Cristo; porque es prueba de que siguen los pasos de su Maestro.
Aunque el Señor no prometió eximir a su pueblo de tribulación, le prometió algo mucho mejor. Le dijo: "Como tus días serán tus fuerzas"."Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad". Si somos llamados a entrar en el horno de fuego por amor de Jesús, él estará a nuestro lado, así como estuvo con tres fieles en Babilonia. Los que aman a su Redentor se regocijarán por toda oportunidad de compartir con él la humillación y el oprobio. El amor que sienten hacia su Señor dulcifica el sufrimiento por su causa...
Por las pruebas y persecuciones se revela la gloria o carácter de Dios en sus elegidos. La iglesia de Dios, perseguida y aborrecida por el mundo, se educa y se disciplina en la escuela de Cristo. En la tierra, sus miembros transitan por sendas estrechas y se purifican en el horno de la aflicción. Siguen a Cristo a través de conflictos penosos; se niegan a sí mismos y sufren ásperas desilusiones; pero los dolores que experimentan les enseñan la culpabilidad y la desgracia del pecado, al que miran con aborrecimiento.
Siendo participantes de los padecimientos de Cristo, están destinados a compartir también su gloria (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 29, 30).
Gozo duradero (Heb. 11:24, 25). Jueves 14 de enero
La opinión prevaleciente en algunas clases de la sociedad, de que la religión no favorece el logro de la salud o de la felicidad en esta vida, es uno de los errores más perniciosos. La Sagrada Escritura dice: "El temor de Jehová es para vida; y con él vivirá el hombre, lleno de reposo; no será visitado de mal". "¿Quién es el hombre que desea vida, que codicia días para ver bien? Guarda tu lengua de mal, y tus labios de hablar engaño. Apártate del mal, y has el bien; busca la paz, y síguela". Las palabras de la sabiduría "son vida a los que las hallan, y medicina a toda su carne" (Proverbios 19:23; Salmo 34:12-14; Proverbios 4:22).
La verdadera religión pone al hombre en armonía con las leyes de Dios, físicas, mentales y morales. Enseña el dominio de sí mismo, la serenidad y la templanza. La religión ennoblece el intelecto, purifica el gusto y santifica el juicio. Hace al alma participante de la pureza del cielo. La fe en el amor de Dios y en su providencia soberana alivia las cargas de ansiedad y cuidado. Llena de regocijo y de contento el corazón de los encumbrados y los humildes. La religión tiende directamente a fomentar la salud, alargar la vida y realzar nuestro goce de todas sus bendiciones. Abre al alma fuente inagotable de felicidad.
¡Ojalá que todos aquellos que no han escogido a Cristo se dieran cuenta de que él tiene algo que ofrecerles que es mucho mejor de lo que ellos buscan! El hombre hace a su propia alma el mayor daño e injusticia cuando piensa y obra en forma contraria a la voluntad de Dios. No se puede hallar gozo verdadero en la senda prohibida por aquel que sabe en qué consiste lo mejor, y procura el bien de sus criaturas. El sendero de la transgresión lleva a la miseria y a la perdición; pero los caminos de la sabiduría "son caminos deleitosos, y todas sus veredas paz" (Proverbios 3:17) (Patriarcas y profetas, pp. 649, 650).
Cuando las pruebas viene sobre nuestras vidas, cuando las nubes oscurecen el horizonte, cuán pronto olvidamos que Jesús es nuestro Salvador, que detrás de las nubes está brillando el Sol de Justicia, que los ángeles están muy cerca de nosotros, preservándonos del mal. Yo deseo decir al desesperado: Mira y vive. Espera en Dios, pues sobre la cruz del Calvario fue ofrecido un completo sacrificio por ti. Jesús es el amigo del pecador, el Redentor del pecador. Eterna alegría, una vida de felicidad sin mengua, aguarda a quien entrega todo a Cristo. Vuelve los ojos de ti mismo a Jesús, quien está intercediendo ante el trono de Dios en tu favor. Escucha sus palabras, "Venid a mí, y yo os haré descansar". "Y al que a mí viene, no le echo fuera" (S. Mateo 11:28; S. Juan 6:37). Apodérate de las promesas de Dios con la mano de la fe. Aprópiate de esas bendiciones para ti mismo, no en algún tiempo futuro, sino hoy (En lugares celestiales, p. 262).
Guía de Estudio de la Biblia: El Fruto del Espíritu / Notas de Elena de White. Periodo: Trimestre Enero-Marzo de 2010
Autor: Richard O'Fill, es escritor (El Cristiano Victorioso, Un Fruto Divino entre otros libros) y orador del ministerio Revival Sermons, ha trabajado para la iglesia en tres continentes, incluyendo siete años en las oficinas centrales de la Asociación General. Reside actualmente en Orlando, Florida, EE.UU.
Texto Clave: "Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo". Juan 16:33.
Enseña a tu clase a:
Saber reflexionar sobre la verdad de que el gozo es producto de hacer la voluntad de Dios. Sentir gratitud y alegría en todas las circunstancias. Hacer: desarrollar una influencia positiva en las relaciones personales y sociales.
Bosquejo de la Lección
1. Saber: El gozo de vivir para Cristo
A. El compañerismo con Jesús nos proporciona inmensos recursos para sobreponernos a cada dificultad y circunstancia. ¿Cómo accedemos a estos recursos en nuestra propia vida? B. ¿Cómo podemos regocijarnos siempre en las experiencias difíciles? C. ¿De qué modo el concentrarnos en nuestros problemas, independientemente de Dios, los hace peores? D. ¿De qué maneras podemos proporcionarle gozo a Dios? ¿Cómo podemos permitirle a Dios que mantenga vivo en nosotros su don del gozo?
2. Sentir: Practicar una actitud de alabanza
A. ¿De qué modo la gratitud, el agradecimiento y la alabanza nos traen gozo?
3. Hacer: Vivir el gozo
A. ¿De qué forma la alabanza agrada a Dios y le da honra? B. ¿Cómo el sentirnos amados por Dios contribuye a nuestro gozo? C. ¿De qué modo obedecer a Dios nos hace gozosos? D. Las expresiones de alabanza y de gratitud promueven la salud mental y física. Como clase, enumeren tres maneras de expresarle gozo a Dios.
Resumen: El gozo viene por hacer la voluntad de Dios. La obediencia nos lleva a estar en armonía con las leyes de la vida. La gratitud y la alegría por la salvación inspiran gozo. Expresar gozo en las relaciones sociales y personales ensalza nuestra fe ante otros, y actúa para animarlos; esto honra a Dios. CICLO DE APRENDIZAJE
PASO 1: ¡Motiva!
Concepto clave para el crecimiento espiritual: El gozo es la reacción lógica ante el amor y el cuidado de Dios, como se manifiesta en lo que Cristo hizo y sigue haciendo en nosotros, y por nosotros.
Solo para los maestros: En esta lección nos concentramos en el gozo como un fruto del Espíritu. Reflexiona sobre la diferencia entre la felicidad (reacción a circunstancias positivas) y el gozo. Enfatiza que si confiamos en Dios y tenemos un sentido consistente de gratitud hacia él, el gozo será un resultado natural.
¿Cuán feliz eres tú? De acuerdo con las mejores investigaciones, 50 por ciento de tu capacidad para tener sentimientos positivos puede ser genético. Entre el 10 y el 15% puede ser atribuido a la situación socioeconómica, condición marital, salud, ingresos, y factores similares. El resto, de un 35 a un 40%, es el resultado de “variaciones no explicadas”. En resumen: la felicidad es algo que te ocurre –o deja de ocurrir–, tal vez antes de que hayas nacido. El gozo cristiano es algo enteramente diferente. Dios quiere dártelo, tengas o no “genes felices”. Permite que el gozo del Señor sea tus “variaciones no explicadas”. (Ver “Felicidad”)
Analiza con tu clase: Se puede alegar que la mayor parte de la actividad humana tiene la intención última de producir “felicidad”. ¿Qué falta en la mayoría de estos esfuerzos?
Considera: ¿De qué modo el gozo cristiano es la reacción natural ante la seguridad y la estabilidad que provienen del amor incondicional de Dios por nosotros?
PASO 2: ¡Explora!
Solo para los maestros: Enfatiza que la Biblia indica que Dios quiere que encaremos la vida cristiana con una actitud de gozo. Ayuda a tus alumnos a comprender lo que es el gozo bíblico, y lo que no es. Enfatiza especialmente que ser una persona gozosa no siempre significa que uno está exteriormente alegre en todo momento, aunque la expresión externa de gozo tiene su lugar.
Comentario de la Biblia
En el Nuevo Testamento, las palabras que principalmente suelen traducirse como “gozo” o “gozoso” son jára y jáiro, respectivamente. Jára se refiere al estado externo de estar gozoso o de regocijarse, mientras que jáiro se refiere a un estado sereno, de gozo interior. Estas palabras, como nuestra palabra “gozo”, no necesariamente tienen una connotación espiritual, aunque solo Dios puede proveer el gozo interior constante que tiene el cristiano. La principal diferencia objetiva entre el gozo cristiano y el gozo genérico o felicidad es aquello por lo que se regocija el cristiano. Este puede estar siempre gozoso, sabiendo que lo que causa su regocijo es constante e invariable.
I. Gozo externo (Repasa con tu clase Sal. 98:6; Sant. 5:13).
Las personas en la Biblia eran demostrativas. Cuando sentían gozo o alegría por algo, no eran tímidas para expresarlo. No solo los diversos autores bíblicos no lo desaprueban, sino que lo estimulan. Algunas veces hasta lo ordenaron. Por ejemplo, Salmo 98:4 dice que toda la humanidad y la naturaleza deben cantar al Señor. Para evitar cualquier malentendido, el salmista especifica los diferentes instrumentos musicales sonoros que se pueden usar para hacerlo: trompetas, cuernos, liras.
También es importante el hecho de que el salmista llama a la naturaleza a alabar a Dios haciendo lo que ella hace de todos modos; el mar brama, por ejemplo. Para el cristiano debería ser igual. No necesitamos que se nos diga que nos regocijemos. ¿Cómo podríamos no hacerlo?
La Biblia también indica que es completamente apropiado expresar el gozo en circunstancias positivas. Además de los muchos casos en los cuales personajes importantes se regocijaron en tiempos de buena fortuna, Santiago 5:13 nos dice que, si estamos contentos, deberíamos entonar cantos de alabanza. Aquí está el concepto clave: sé gozoso; regocíjate en las buenas circunstancias, pero recuerda de dónde vienen. Recuerda que aunque sean agradables, no son lo único ni lo principal. El Dios que te las dio es lo importante, y él estará allí también en las circunstancias adversas, así como está en las buenas.
Considera: Los dos pasajes que estamos examinando asocian el gozo con una reacción de adoración a Dios, ya sea por ser Dios, o a causa de cosas específicas que puede haber hecho por nosotros en nuestras vidas. ¿Debería estar señalada toda adoración por el gozo? ¿Debería todo gozo ser expresado como adoración?
II. Gozo interior (Repasa con tu clase Ecl. 3:1-4; Juan 16:33; Rom. 12:15; 1 Ped. 1:6).
En psicología, un síntoma de sicosis es el “afecto inapropiado”, o mostrar una emoción equivocada en una situación dada. Por ejemplo, reírse nerviosamente al describir a alguien que fue abusado de niño. La verdad es que hay situaciones en la vida que no pueden ser afrontadas con sonrisas, risas, o música alegre. La misma Biblia que nos dice “regocijaos siempre” también nos dice que hay “tiempo de llorar, y tiempo de reír” (Ecl. 3:4). En otras ocasiones, puede ser más apropiado apreciar con toda calma y serenidad lo que sucede.
Para el cristiano, lo que todas estas situaciones tienen en común es que nuestras vidas están edificadas sobre el sólido fundamento de la obra concluida por Dios en nuestro favor en el pasado, su presencia continua en nuestras vidas, y lo que sabemos que Dios hará en lo futuro. Por lo tanto, cualquier cosa que las circunstancias actuales demanden de nosotros, podemos enfrentar la vida con un sentido básico de gozo.
Considera: De acuerdo con la Biblia, ¿cuándo es apropiado lamentarse? (Ver Mat. 5:4; Sant. 4:8, 9).
PASO 3: ¡Aplica!
Solo para los maestros: Enfatiza que mientras el gozo, como tal, no es la meta central del viaje cristiano, ciertamente es inseparable de él. Donde está Cristo, también encontramos gozo. Y ese gozo es la garantía que nos da Dios de que nos acompañará a través de cualquier situación en que el mundo nos coloque.
Preguntas para reflexionar:
1. Juan Crisóstomo, un padre de la iglesia del siglo IV, señaló que en ninguna parte de la Biblia tenemos evidencias de que Jesús específicamente se sonrió o se rió. Siendo esto así, ¿qué certeza bíblica tenemos que Jesús mismo era un Hombre gozoso? ¿De qué modo exhibió este gozo de Dios, en su vida y la de otras personas? (Ver Mat. 9:14-16; 11:18.)
2. De acuerdo con la Biblia, ¿qué hace que el cristiano esté gozoso? (Ver. Sal. 40:8.) 3. ¿Cómo sugiere la Biblia que enfrentemos las dificultades que por lógica humana podrían hacernos perder nuestro gozo o “felicidad”? (Ver Luc. 6:22; Rom. 8:28; Fil. 4:4.)
Aplicaciones a la vida:
1. Filipenses 4:4 puede verse como un mandato para regocijarse. Si hemos de suponer que el gozarse está basado en las emociones, ¿cómo se nos puede mandar a regocijarnos más de lo que se nos pudiera mandar a sentir cualquier otra emoción? Si no es así, ¿qué está tratando de decir el autor?
2. Aunque no se nos puede mandar necesariamente a sentir gozo, podemos adoptar hábitos y actitudes que harán más fácil encarar la vida con regocijo. ¿Cuáles podrían ser algunos de estos hábitos y actitudes?
3. ¿De qué modo el pueblo de Israel exhibió su gozo en el Señor? ¿Qué podemos aprender de estos modos de expresión, y cómo podemos adaptarlos a nuestro contexto cultural?
4. ¿Cómo pueden las Escrituras ayudarnos a cultivar nuestra capacidad para el gozo cristiano?
Muchas personas tienen temor de testificar a otros, o encuentran que es una experiencia desagradable o atemorizadora. ¿Cómo puede una comprensión correcta del gozo cristiano hacer más fácil y más cómodo el compartir nuestra fe con otros? ¿Cómo puede un sentido contagioso de gozo hacer que otros sean más receptivos a nuestro mensaje?
PASO 4: ¡Crea!
Solo para los maestros: El cristiano encuentra gozo en aquello que agrada a Dios. Enfatiza que al procurar cosas que agradan a Dios, nos permitimos experimentar un sentido más duradero y verdadero de felicidad. Las siguientes actividades pueden ayudar a transmitir esto.
1. Decide pasar por lo menos una tardecita o una noche durante la semana próxima haciendo algo por otros. Visita a algún vecino que está solo; participa en un comedor popular como voluntario, o realiza algún otro trabajo comunitario; participa en alguna actividad cívica, tal como una reunión de vecinos. Asiste a la reunión semanal de oración o de estudio bíblico de tu iglesia. Comienza tu propio estudio de la Biblia, solo o con otros. Las posibilidades son interminables. Piensa en cómo te sientes después de hacer esto, y compara con la forma en que te sentías cuando te permitiste caer en la inercia, por ejemplo, de mirar televisión. ¿Cómo te sientes contigo mismo? ¿Cómo crees que Dios se siente acerca de ti? Recuérdalo. Hazlo otra vez. Dale a tu clase un informe de todo esto.
2. Resuelvan como clase realizar algún proyecto comunitario de servicio, aunque sea sencillo. Por ejemplo, poner avisos en diversos lugares del vecindario de la iglesia, solicitando comida no perecedera para ser retirada la semana próxima. Luego, reúnanse para tener una comida sencilla juntos. Analicen cómo los hizo sentir esto.
Guía de Estudio de la Biblia: El Fruto del Espíritu / Edición para Maestros. Periodo: Trimestre Enero-Marzo de 2010
Autor: Richard O'Fill, es escritor (El Cristiano Victorioso, Un Fruto Divino entre otros libros) y orador del ministerio Revival Sermons, ha trabajado para la iglesia en tres continentes, incluyendo siete años en las oficinas centrales de la Asociación General. Reside actualmente en Orlando, Florida, EE.UU.
Comentario hoy a cargo del Pr. Doug Batchelor,principal orador, Director de"Amazing Facts" ypastor de la Iglesia Central Adventista del Séptimo Día de Sacramento, California.
Guía de Estudio de la Biblia: El Fruto del Espíritu / Edición para Adultos. Periodo: Trimestre Enero-Marzo de 2010. Autor: Richard O'Fill, es escritor (El Cristiano Victorioso, Un Fruto Divino entre otros libros) y orador del ministerio Revival Sermons, ha trabajado para la iglesia en tres continentes, incluyendo siete años en las oficinas centrales de la Asociación General. Reside actualmente en Orlando, Florida, EE.UU. Editor: Clifford Goldstein
Lee Para el Estudio de esta Semana: Deuteronomio 6:5; Mateo 5:43-48; 7:12; 22:39; Lucas 10:25-37; 1 Corintios 13:4-7.
Para Memorizar: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (1 Cor. 13:13).
La lista que da Pablo de los rasgos de carácter que identifican el fruto del Espíritu comienza con el amor. El amor es la virtud máxima para los cristianos porque es el rasgo que más caracteriza a Dios. Fue el amor lo que motivó a Dios a crearnos, sostenernos, darse a conocer a nosotros, y darnos a su Hijo a fin de redimirnos.
Juan lo dice así: “Dios es amor” (1 Juan 4:16). Por cuanto el amor es central en su carácter, debe ser también el centro del nuestro. “El que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él” (vers. 16).
Lamentablemente, la palabra amor se usa hoy en forma muy vaga. A menudo decimos que amamos el clima, una comida favorita, o a nuestro perro. Pero este amor no pasa la prueba del verdadero amor divino (ver 1 Cor. 13). Éste es muy diferente, es algo que impacta toda nuestra existencia, nuestra manera de vivir y de relacionarnos con otros. Los ingredientes del amor son un paquete, no una lista de la cual seleccionamos lo que más nos gusta y descartamos el resto. Eso no es, como veremos esta semana, amor verdadero. El amor tiene muchas dimensiones (Deut. 6:5) Domingo 3 de enero
“Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mat. 22:37-39; ver también Deut. 6:5).
Las traducciones bíblicas, como sucede en otras obras escritas, difieren en la elección de las palabras. Por ejemplo: “El ave era pequeña”, podría decir en una traducción, en otra, “El ave era diminuta”, o aun en otra, “El ave era minúscula”; y todas ellas serían correctas. Por lo tanto, al estudiar el fruto del Espíritu, es útil definir el significado en el idioma original. En Deuteronomio 6:5, la palabra hebrea para amor es ahábta, que se refiere al amor exhibido por la voluntad, la mente y las acciones, más bien que al amor demostrado por los sentimientos o las emociones. Es el tipo el amor más elevado porque motiva a la persona a hacer lo que es correcto y noble, no importa cómo se sienta ella. Así que, el amor del que habla Jesús en el más grande mandamiento es la forma más noble, pura y elevada del amor que se sacrifica a sí mismo, y es el que cada persona debe tener hacia Dios.
El pueblo judío ya sabía que el mandamiento número uno era amar a Dios con todo su corazón, su alma, su mente y, como añade Marcos, sus fuerzas (ver Mar. 12:30). Al mencionar los cuatro aspectos del ser humano, Jesús está reuniendo todo lo que es una persona. Está diciendo: “Necesitas amar a Dios con tu ser entero”. La intención de Jesús no era la de definir el sentido de cada palabra, aunque nos ayudaría mucho estudiar estos cuatro aspectos.
Lee Mateo 7:12 y Mateo 22:39. ¿Cuál es el punto importante que presentan estos textos? ¿De qué manera es esto esencial para todo el concepto del amor?
Amar a tu prójimo como a ti mismo significa amar a todas las personas con todo el corazón. El amor en este “segundo mandamiento” es el mismo que el del “primer mandamiento”. Es el amor en acción, que involucra la voluntad y la intención. Amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos significa cuidar a alguien como nos cuidaríamos a nosotros mismos.
Es fácil hablar acerca de amar a otros como a ti mismo; pero no es fácil hacerlo. ¿Cuál es tu experiencia en esta área? ¿Cómo puedes aprender a morir al yo a fin de ministrar a otros?
Lo que hace el amor (1 Cor. 13:4-8) Lunes 4 de enero
“El amor es sufrido, es benigno;... no guarda rencor;... se goza en la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser” (1 Cor. 13:4-8).
Definir el amor es el primer paso; aplicarlo es el siguiente. Debemos ser prudentes para no decir livianamente que amamos; más bien, necesitamos analizar con cuidado cómo vivimos y cuán bien aplicamos los principios del amor como se expresan en la Biblia.
Lee 1 Corintios 13:4 al 8. Considera cada aspecto de lo que es el amor, y pregúntate: ¿Cómo puedo aplicar estos principios en mi propio hogar?
Piensa por un momento cómo serían nuestros hogares si por la gracia de Dios practicáramos en forma consistente las cualidades del verdadero amor. Imagínate la bendición de vivir en un ambiente en el que los miembros de la familia sean positivos y se sostengan mutuamente. Tal vez no puedas conseguir que otros hagan esto, pero si tú aplicaras estos principios, podrías ver qué impacto poderoso producen sobre otros. No puedes discutir en contra del amor; es la fuerza más poderosa en toda la creación. Las personas pueden argumentar contra tu teología, tu estilo de vida, tus creencias, tu fe, contra todo. Pero ¿qué argumento podrían usar contra el amor incondicional, la clase de amor revelado al mundo por medio de Jesús, la clase de amor que podemos, mediante su gracia, manifestar a otros?
¿Qué características del amor bíblico encuentras más difíciles de poner en práctica en tu propia vida? ¿Cómo puedes hacer un esfuerzo decidido, para por medio de la gracia de Dios, cultivar más de este aspecto del amor? ¿Por qué es importante que lo hagas?
Lo que no hace el amor. Martes 5 de enero
Repasa 1 Corintios 13:4 al 8, pero esta vez considéralo desde una perspectiva diferente. Observa lo que el amor no hace. Aunque están expresados en forma negativa, son realmente otras características positivas del amor.
Repasa cada una de las expresiones “negativas” en 1 Corintios 13:4 al 8, y anota los atributos positivos que ellas implican. Además, mientras lo haces, pregúntate cuán bien o cuán mal manifiestas estos aspectos del amor, y cómo podrías ser capaz de mejorar en esa área.
* No tiene envidia * No es jactancioso * No se envanece * No hace nada indebido * No busca lo suyo * No se irrita * No guarda rencor * No se irrita * No se goza en la injusticia
Al contemplar el significado del amor detallado en el capítulo del amor (1 Cor. 13), podemos apreciar el carácter de nuestro Padre celestial, quien es la personificación del amor. También podemos ver que la palabra amor, como se usa en la cultura popular, no llega ni por lejos a una comprensión correcta del amor de Dios.
La prueba del amor (Mat. 5:43-48). Miércoles 6 de enero
Lee Mateo 5:43 al 48 y escribe una paráfrasis, en tus propias palabras, de lo que dijo Jesús. ¿Cuál es el punto principal de lo que nos dice Jesús acerca del amor?
Si hemos de amar a nuestros enemigos, es mejor que descubramos quiénes son exactamente nuestros enemigos. Si un enemigo es solo el que amenaza tu vida, puedes pensar que este texto no se aplica a ti, si tu vida no fue amenazada recientemente.
Pero, por definición, un enemigo es un adversario, un rival, un competidor, uno que te desafía, uno que pelea contigo. Un enemigo es alguien que te odia, o que te maltrata. Podría ser hasta un cónyuge u otro miembro de tu familia. Puede haber ocasiones cuando un miembro de la familia no es muy amoroso; e incluso busca maneras de irritarte o cosas aún peores. Cuando sucede eso, es fácil caer en la trampa de la represalia y de la mezquindad.
A veces puedes experimentar conflictos en el trabajo, y aquellos con quienes has trabajado lado a lado durante años pueden comenzar a pensar en ti como un adversario. Un enemigo podría ser alguien por quien te has interesado mucho, o puede aun ser alguien de tu iglesia.
Necesitamos darnos cuenta de que el enemigo a quien se refiere Jesús no se limita a alguien que amenaza nuestras vidas, sino es cualquiera que nos produce suficiente consternación como para tentarnos a desquitarnos.
Lee Proverbios 15:1; 25:21; y 1 Pedro 3:9. ¿De qué modo estos textos nos ayudan a comprender mejor este principio importante con respecto al amor?
¿Amar a nuestros enemigos? A muchas personas les resulta difícil mostrar amor a sus amigos, y mucho más a sus enemigos. ¿Cómo podemos aprender a seguir el ejemplo de Jesús en esto? ¿Cómo pueden nuestros corazones ser cambiados de modo que lleguemos amar a nuestros enemigos? ¿De qué modo el orar por ellos desempeña un papel importante en ayudarnos a alcanzar este ideal cristiano?
El amor en acción (Luc. 10:25-37). Jueves 7 de enero
En un seminario, un profesor organizó a los alumnos de su clase de oratoria de una manera poco usual. Le pidió a cada uno que preparara un sermón sobre la historia del buen samaritano. Uno por uno debían ir de aula en aula predicando amor y compasión por otros. Había solo un breve receso entre clase y clase, lo que obligaba a los futuros predicadores a correr para cumplir su horario. Cada uno de ellos tenía que recorrer cierto corredor y pasar junto a un mendigo que había sido ubicado allí intencionalmente por el profesor.
¡Lo que sucedió fue una lección poderosa! Muy pocos predicadores estudiantes se detuvieron para ayudar a este hombre, especialmente los que estaban bajo la presión del tiempo. ¡Corriendo para predicar su sermón sobre el buen samaritano, casi todos pasaron de largo junto al mendigo que estaba en el corazón de la parábola!
En la lección de ayer, hablamos acerca de quién es mi enemigo. Hoy la pregunta es: ¿Quién es mi prójimo? ¿De qué modo la respondió Jesús en Lucas 10:25 al 37? ¿De qué manera esta parábola se vincula con todo el tema de lo que es el verdadero amor? Además, mientras lees esta parábola, pregúntate: ¿Por qué puso Jesús, específicamente, gente religiosa, incluso líderes religiosos, en el papel de “los malos”? ¿Qué lección hay allí también para nosotros?
Considera estas palabras: “Tuve hambre, y tú formaste un club humanitario para analizar esto. Estuve en la cárcel, y tú te quejaste del aumento de la criminalidad. Estuve desnudo, y tú debatiste la moralidad de mi apariencia. Estuve enfermo, y agradeciste a Dios por tu salud. Estuve sin hogar, y tú me predicaste acerca del abrigo del amor de Dios. Tú pareces tan santo y tan cerca de Dios; pero yo sigo con hambre, solitario, con frío y con dolor. ¿Te importa?”
Sé honesto. ¿Qué clase de cambios de estilo de vida deberías hacer para llegar a ser un buen samaritano para otros? ¿A quién conoces, ahora mismo, que está del otro lado del camino, en el mundo del sufrimiento? ¿Cuánta muerte al yo se necesita para que trates a esta persona como a un “prójimo”?
Para Estudiar y Meditar. Viernes 8 de enero
El científico Arthur Zajonc llenó una caja con luz, de modo que nada de la luz se reflejara en ninguna de las superficies internas. Dentro de la caja había luz, y solo luz. Ahora, si miraras adentro de la caja, ¿qué verías? ¿A qué se parece la luz, en sí misma y por sí misma?
Verías pura oscuridad, la oscuridad del espacio vacío. A menos que se refleje sobre alguna cosa, o que mires directamente a la fuente de luz, la luz es invisible.
Zajonc entonces tomó una varilla y la movió en la oscuridad de la caja. Solo la varilla estaba iluminada del lado por el cual entraba la luz. Era como si una luz delgada brillara únicamente sobre la varilla. Aun cuando la luz estaba en todas partes dentro de la caja, solo cuando se reflejaba sobre una superficie (la varilla) se hacía visible. De otro modo, la luz era oscuridad.
La luz del sol sobre la Tierra hace que el cielo se vuelva azul, gris o rojo, dependiendo del tiempo y de la hora del día. En la luna, si miraras hacia arriba, sin importar cuánta luz del sol cae sobre ella, verías pura oscuridad, la del espacio vacío. Y eso es porque la luna no tiene atmósfera, ni aire, ni humedad, ni ninguno de los gases o vapores que, al reflejar la luz del sol, le dan al cielo los colores que vemos desde la Tierra.
¿Qué queremos decir? La luz, a menos que se refleje en algo, parece pura oscuridad.
Preguntas Para Dialogar:
1. ¿Qué lecciones espirituales sobre el amor podemos obtener de lo mencionado acerca de la naturaleza de la luz? Ver 1 Juan 1:5; 2:9-11; 4:8; Lucas 11:35.
2. Piensa en aquello de amar a nuestros enemigos. Lucas 23:34 dice: “Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. ¿Oras tú por tus enemigos? Es difícil tener la actitud correcta hacia los que nos odian, nos maltratan o nos persiguen. Pero el orar por nuestros enemigos cambia nuestro corazón y comenzamos a verlos como personas que necesitan la gracia de Dios. Eso nos ayudará a bendecirlos cuando nos maldigan y nos odien. ¿Cómo podemos cultivar la actitud de orar por aquellos a quienes desearíamos maldecir?
3. Una persona vio a alguien con un vehículo descompuesto. Se detuvo y se ofreció a ayudarlo, pero lo golpearon y lo asaltaron. Luego dijo: “Nunca más me detendré para ser un buen samaritano”. ¿Cómo le responderías a esa persona?
4. ¿Has conocido a alguien que parece que personifica al amor? ¿Qué hacía? ¿De qué modo manifestaba amor? ¿Cuánto sufrimiento piensas que soportó a fin de mostrar el amor que daba?
Guía de Estudio de la Biblia: El Fruto del Espíritu / Edición para Adultos. Periodo: Trimestre Enero-Marzo de 2010
Autor: Richard O'Fill, es escritor (El Cristiano Victorioso, Un Fruto Divino entre otros libros) y orador del ministerio Revival Sermons, ha trabajado para la iglesia en tres continentes, incluyendo siete años en las oficinas centrales de la Asociación General. Reside actualmente en Orlando, Florida, EE.UU.
El ejemplo del Salvador debe servirnos de modelo para nuestro servicio en pro de los tentados y extraviados. Hemos de manifestar para con los demás el mismo interés, la misma ternura y longanimidad que él manifestó hacia nosotros. "Como os he amado -dice- que también os améis los unos a los otros" (S. Juan 13:34). Si Cristo mora en nosotros, manifestaremos su abnegado amor para con todos aquellos con quienes tratemos. Cuando veamos a hombres y mujeres necesitados de simpatía y ayuda, no nos preguntaremos si son dignos, sino cómo podemos beneficiarles (El ministerio de curación, p. 120).
El maravilloso ejemplo de la vida de Cristo, su ternura sin límites por aquellos que estaban oprimidos y el gozo que experimentaba al verlos regocijarse en su amor, deben tener una profunda influencia en el carácter de quienes le siguen con sinceridad. Al aprender de él, esparcirán su simpatía con liberalidad, y mostrarán por medio de tiernas palabras y acciones, que tratan de facilitar el camino a los que están con los pies cansados. Sus actos de bondad y amor humanos revelarán que, por la gracia de Dios, muchas cosas que parecen imposibles serán superadas. La abnegación será para sus seguidores la ley de la vida (Signs of the Times, agosto 12, 1908).
Lo que más distingue al pueblo de Dios de las religiones populares no es solamente su profesión, sino su carácter ejemplar y sus principios de amor abnegado. La influencia poderosa y purificadora del Espíritu de Dios ejercida sobre el corazón, se manifiesta en palabras y obras, los separa del mundo y los señala como pueblo peculiar de Dios. El carácter y la disposición de los seguidores de Cristo serán como los del Maestro. Él es el modelo, el ejemplo santo y perfecto dado a los cristianos para que lo imiten (A fin de conocerle, p. 319). El amor tiene muchas dimensiones (Deut. 6:5). Domingo 3 de enero
En la seguridad del amor de Dios hacia nosotros, Jesús ordena en un abarcante principio que incluye todas las relaciones humanas, que nos amemos unos a otros.
Los judíos se preocupaban por lo que habían de recibir; su ansia principal era lo que creían merecer en cuanto a poder, respeto y servicio. Cristo enseña que nuestro motivo de ansiedad no debe ser ¿cuánto podemos recibir?, sino ¿cuánto podemos dar? La medida de lo que debemos a los demás es lo que estimaríamos que ellos nos deben a nosotros.
En nuestro trato con otros, pongámonos en su lugar. Comprendamos sus sentimientos, sus dificultades, sus chascos, sus gozos y sus pesares. Identifiquémonos con ellos, luego tratémoslos como quisiéramos que nos trataran a nosotros si cambiásemos de lugar con ellos. Esta es la regla de la verdadera honradez. Es otra manera de expresar esta ley: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Es la médula de la enseñanza de los profetas, un principio del cielo. Se desarrollará en todos los que se preparan para el sagrado compañerismo con él.
La regla de oro es el principio de la cortesía verdadera, cuya ilustración más exacta se ve en la vida y el carácter de Jesús. ¡Oh! ¡qué rayos de amabilidad y belleza se desprendían de la vida diaria de nuestro Salvador! ¡Qué dulzura emanaba de su misma presencia! El mismo espíritu se revelará en sus hijos. Aquellos con quienes mora Cristo serán rodeados de una atmósfera divina. Sus blancas vestiduras de pureza difundirán la fragancia del jardín del Señor. Sus rostros reflejarán la luz de su semblante, que iluminará la senda para los pies cansados e inseguros.
Nadie que tenga el ideal verdadero de lo que constituye un carácter perfecto dejará de manifestar la simpatía y la ternura de Cristo. La influencia de la gracia debe ablandar el corazón, refinar y purificar los sentimientos, impartir delicadeza celestial y un sentido de lo correcto (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 113, 114).
Los atributos más apreciados por Jesús son el amor abnegado y la pureza. "Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor". El que ama a Dios en forma suprema y a su prójimo como a sí mismo, está cumpliendo la ley completamente. ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz y buena voluntad para con los hombres! La obra que los cristianos deben hacer en el mundo es no despreciar la ley ni quitarle su sagrada dignidad sino escribirla en las mentes y los corazones. Cuando la ley de Dios es implantada en el alma, la vida eterna se aproxima para ella mediante los méritos de Cristo. "Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado". "Les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos" (S. Juan 17:3, 26). Cuando esto se alcanza, se cumple el gran propósito del evangelio: unir los corazones de sus seguidores en el espíritu de una hermandad universal, estableciendo así el sistema celestial de orden y armonía en la familia de Dios en la tierra, para que sus miembros puedan ser dignos de ser parte de la familia real en las alturas. En su misericordia y sabiduría, Dios prueba a los hombres y mujeres aquí para ver si obedecen su voz y respetan su ley, o se rebelan como lo hizo Satanás. Si eligen el camino del rebelde, no sería seguro admitirlos en el cielo pues podrían causar otra rebelión contra el gobierno de Dios en las cortes celestiales. Pero aquel que respeta la ley en todos sus aspectos, muestra que una perfecta obediencia es posible (Review and Herald, julio 21, 1891).
Lo que hace el amor (1 Cor. 13:4-8). Lunes 4 de enero
Una de las principales características del amor es la humildad. Dice el apóstol: "El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser" (1 Corintios 13:4-7). Quién tiene verdadero celo por Dios desconfiará de sí mismo y se sentirá pequeño a su propia vista, porque el amor le enseña a ser manso y humilde de corazón; le enseña a exhibir la gracia de la paciencia; a refrenar la impetuosidad, el mal humor y el descontento. El amor a Dios y a nuestro prójimo vencerá al odio, la amargura, la ira, la malicia, el prejuicio, la envidia y las conjeturas (Signs of the Times, febrero 24, 1890).
Para que la iglesia prospere, los miembros que la integran deben esmerarse por cultivar la preciosa planta del amor. Permitid que ella disfrute de todas las ventajas para que pueda florecer en el corazón. Todo verdadero cristiano debe desarrollar en esta vida las características del amor divino; ha de manifestar espíritu de tolerancia, de beneficencia, y estar libre de celos y envidia. Semejante carácter, desarrollado en palabra y en comportamiento, no repelerá y no será inaccesible, frío o indiferente a los intereses ajenos. La persona que cultiva la preciosa planta del amor será abnegada de espíritu, y no perderá el dominio propio bajo la provocación. No culpará a otros de malos motivos o intenciones, pero se lamentará profundamente cuando el pecado sea descubierto en cualquiera de los discípulos de Cristo (Testimonios para la iglesia, t. 5, pp. 115, 116).
La devoción que Dios requiere se revela en el amor sincero por las almas por las que Cristo dio su vida. Cuando Cristo vive en el corazón se manifestará por el amor que prescribe a sus discípulos. Sus hijos verdaderos preferirán a los demás antes que a sí mismos. No buscan la porción más grande en ningún lugar ni momento, porque no consideran que sus talentos sean superiores a los de sus hermanos. Cuando este es el caso, se mostrará la señal mediante una revelación del amor que Cristo manifestó por las almas de los hombres: un amor abnegado, genuino, que prefiere el bienestar de los demás antes que el propio (Mente, carácter y personalidad, t. 1, p. 247).
Lo que no hace el amor. Martes 5 de enero
La palabra de Dios ha de tener un efecto santificador en nuestra relación con cada miembro de la familia humana. La levadura de la verdad no producirá espíritu de rivalidad, ambición, deseo de la supremacía. El amor verdadero nacido del cielo no es egoísta y cambiable. No depende de la alabanza humana. El corazón de aquel que recibe la gracia de Dios desborda de amor a Dios y aquellos por lo cuales Cristo murió. El yo no lucha para ser reconocido. No ama a otros porque ellos lo aman a él y le agradan, o porque aprecian sus méritos, sino porque constituyen una posesión comprada por Cristo. Si sus motivos, palabras o acciones son mal entendidos o falseados, no se ofende, sino que prosigue invariable su camino. Es amable y considerado, humilde en la opinión que tiene de sí mismo, y sin embargo lleno de esperanza, y siempre confía en la misericordia y el amor de Dios (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 72, 73).
El amor no se ensalza. Es humilde; nunca hace que una persona se jacte o se exalte a sí misma. El amor hacia Dios y hacia nuestro prójimo no se revelará en actos precipitados ni nos hará dominantes, criticadores o dictatoriales. El amor no se envanece. El corazón en el cual reina el amor será guiado hacia un comportamiento bondadoso, cortés y compasivo hacia los demás, sean éstos o no de nuestro agrado, sea que nos respeten o que nos traten mal (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 116).
Jesús dice: "Como yo os he amado, que también os améis unos a otros". El amor no es sencillamente un impulso, una emoción transitoria que depende de las circunstancias; es un principio viviente, un poder permanente. El alma se alimenta de las corrientes de amor puro que fluyen del corazón de Cristo como de un manantial que nunca falla. ¡Oh, cómo se vivifica el corazón, cómo se ennoblecen sus motivos y se profundizan sus sentimientos mediante esa comunión! Los hijos de Dios, bajo la educación y la disciplina del Espíritu Santo se aman mutuamente, con lealtad, con sinceridad, sin afectación, "sin incertidumbre ni hipocresía". Y esto sucede porque el corazón ama a Jesús. Nuestro afecto mutuo fluye de nuestra relación común con Dios. Somos una familia, nos amamos entre nosotros como él nos amó. Cuando este afecto verdadero, santificado y disciplinado se compara con la cortesía superficial del mundo y las expresiones vacías de amistad, éstas son como el tamo comparado con el trigo (Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1114).
El amor cristiano no es inconsecuente; si lo tenemos, anulará el egoísmo del corazón. No dirá: "Yo amo a los hermanos que me aman, pero no puedo amar a los que no me aman", porque el verdadero amor "es sufrido, es benigno" (The Bible Echo, junio 1, 1887).
El amor "no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor". El amor que se asemeja al de Cristo atribuye las razones más favorables a los motivos y los actos de los demás. No expone innecesariamente sus faltas; no escucha con ansia los informes desfavorables; más bien trata de recordar las buenas cualidades de los demás (Mente, carácter y personalidad, t. 1, p. 213).
La prueba del amor (Mat. 5:43-48). Miércoles 6 de enero
Satanás está enemistado con la verdad, y luchará de todos modos contra sus defensores.
Nuestra vida debe estar de tal modo oculta con Cristo en Dios, que cuando hagamos frente a amargos discursos y palabras burlonas y miradas perversas, no permitiremos que nuestros sentimientos se agiten contra nuestros adversarios, sino que sentiremos profunda simpatía con ellos, porque no saben nada del precioso Salvador a quien pretender conocer. Debemos recordar que están al servicio del más acérrimo enemigo de Jesucristo, y que al paso que todo el cielo está abierto a los hijos e hijas de Dios, ellos no tienen ese privilegio. Debéis sentiros como el pueblo más feliz que mora en la tierra. Sin embargo, como representantes de Cristo, sois como corderos en medio de lobos, tenéis a alguien que puede ayudaros en todas las circunstancias, y no seréis devorado por esos lobos, si os mantenéis cerca de Jesús. ¡Cuán cuidadosos debéis ser de representar a Jesús en cada palabra y acción! Cuando os levantáis por la mañana, cuando vais a la calle, cuando volvéis, debéis sentir que Jesús os ama, que está a vuestro lado, y que no debéis fomentar pensamientos que ofendan a vuestro Salvador (A fin de conocerle, p. 185).
[Se cita S. Mateo 5:44-48] Yo he sido impresionada profundamente por estas palabras. Debemos comprender su significado verdadero. Si representáramos el carácter de Cristo al obedecer este requerimiento, habría un cambio mayor en los obradores de maldad. Muchas almas se convencerían de su pecaminosidad y se convertirían por las impresiones hechas en ellos porque no nos ofendemos por las acciones impías de quienes están controlados por las agencias satánicas. Debemos obrar en forma decidida y con oración del lado del Señor. En todos los asuntos que provoquen al alma debemos resistir el mal y negarnos a abusar del malhechor.
Representemos diariamente el gran amor de Cristo amando a nuestros enemigos como Cristo los amó. Si reveláramos de esa forma la gracia de Cristo, se quebrantarían los fuertes sentimientos de odio y en muchos corazones surgiría el amor genuino. Se verían muchas más conversiones de las que ocurren ahora (El ministerio médico, pp. 335, 336).
Cuando nuestro carácter no conocía el amor y éramos "aborrecibles" y nos aborrecíamos "unos a otros", nuestro Padre celestial tuvo compasión de nosotros. "Cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros habíamos hecho, sino por su misericordia" (Tito 3:4, 5). Si recibimos su amor, nos hará igualmente tiernos y bondadosos, no sólo con quienes nos agradan, sino también con los más defectuosos, errantes y pecaminosos.
Los hijos de Dios son aquellos que participan de su naturaleza. No es la posición mundanal, ni el nacimiento, ni la nacionalidad, ni los privilegios religiosos, lo que prueba que somos miembros de la familia de Dios; es el amor, un amor que abarca a toda la humanidad. Aun los pecadores cuyos corazones no estén herméticamente cerrados al Espíritu de Dios responden a la bondad. Así como pueden responder al odio con el odio, también corresponderán al amor con el amor. Solamente el Espíritu de Dios devuelve el amor por odio. El ser bondadoso con los ingratos y los malos, el hacer lo bueno sin esperar recompensa, es la insignia de la realeza del cielo, la señal segura mediante la cual los hijos del Altísimo revelan su elevada vocación (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 65, 66).
El amor en acción (Luc. 10:25-37). Jueves 7 de enero
La formación completa del carácter cristiano se alcanza cuando el impulso de ayudar y bendecir a otros fluye constantemente desde nuestro interior; cuando la luz del cielo llena el corazón y se expresa en el rostro. No existe tal cosa como un cristiano sin amor porque es imposible para un corazón en el que habita Cristo no mostrar amor. Un corazón duro y frío no está recibiendo los rayos luminosos y suavizantes del Sol de justicia (Review and Herald, abril 3, 1900).
Así la pregunta: "¿Quién es mi prójimo?" está para siempre contestada. Cristo demostró que nuestro prójimo no es meramente quien pertenece a la misma iglesia o fe que nosotros. No tiene que ver con distinción de raza, color o clase. Nuestro prójimo es toda persona que necesita nuestra ayuda. Nuestro prójimo es toda alma que está herida y magullada por el adversario. Nuestro prójimo es todo aquel que pertenece a Dios (El Deseado de todas las gentes, p. 464).
Entre los judíos la pregunta: "¿Quién es mi prójimo?" causaba interminables disputas. No tenían dudas con respecto a los paganos y los samaritanos. Estos eran extranjeros y enemigos. Pero, ¿dónde debía hacerse la distinción entre el pueblo de su propia nación y entre las diferentes clases de la sociedad?... Cristo contestó esta pregunta con la parábola del buen samaritano. Mostró que nuestro prójimo no significa una persona de la misma iglesia o la misma fe a la cual pertenecemos. No tiene que ver con la raza, el color o la distinción de clase. Nuestro prójimo es toda persona que necesita nuestra ayuda. Nuestro prójimo es toda alma que está herida y magullada por el adversario. Nuestro prójimo es todo el que pertenece a Dios.
Cualquiera que sufre es nuestro prójimo. Cualquier hijo e hija de Adán que se haya extraviado, entrampado por el enemigo de las almas, y se encuentre esclavizado por malos hábitos que agostan la virilidad de origen divino, es mi prójimo.
Nuestro prójimo no son solamente nuestros compañeros y amigos dilectos, ni los que pertenecen a nuestra iglesia, o piensan lo mismo que nosotros. Nuestro prójimo es toda la raza humana. Debemos hacer el bien a todos los hombres, y especialmente a los que pertenecen a la familia de la fe. Debemos exponer ante el mundo lo que significa cumplir la ley de Dios. Debemos amar a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimos como a nosotros mismos.
Hoy Dios nos da la oportunidad de demostrar si amamos a nuestro prójimo. El que verdaderamente ama a Dios y a sus semejantes es el que revela misericordia hacia los pobres, enfermos, heridos y moribundos. Dios invita a todos los hombres a que emprendan esta obra que se ha descuidado, a fin de tratar de restaurar la imagen moral del Creador en la humanidad (Meditaciones matinales, 1952, p. 239).
Guía de Estudio de la Biblia: El Fruto del Espíritu / Notas de Elena de White. Periodo: Trimestre Enero-Marzo de 2010
Autor: Richard O'Fill, es escritor (El Cristiano Victorioso, Un Fruto Divino entre otros libros) y orador del ministerio Revival Sermons, ha trabajado para la iglesia en tres continentes, incluyendo siete años en las oficinas centrales de la Asociación General. Reside actualmente en Orlando, Florida, EE.UU.
Texto Clave: "...todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero si hay dones de profecía, se acabarán; si hay lenguas, cesarán; si hay conocimiento, se acabará". 1 Corintios 13:7, 8.
Enseña a tu clase a:
Saber reconocer que el amor proviene de Dios. Sentir confianza en el amor de Dios. Hacer que el amor se exprese a otros.
Bosquejo de la Lección
1. Saber: El amor de Dios nos viene como un regalo de él
A. Primera de Corintios 13 claramente afirma que el amor de Dios es el mayor poder del universo. a. ¿Cómo podemos definir el amor de Dios? b. ¿De qué modo el amor de Dios llena nuestros corazones? (Ver Rom. 5:5.) B. El amor debe expresarse. ¿Cuáles son las evidencias de que el amor está actuando en nuestras vidas: a. en relación con otras personas? b. en relación con Dios? c. ¿Cómo puede el amor involucrar elementos de dolor? ¿Negación propia? ¿Gozo? ¿Paz? ¿Frustración? ¿Rechazo? ¿Sacrificio?
2. Sentir: El amor es la base de la salvación
A. ¿Qué razones hay para confiar en la naturaleza real e inextinguible del amor de Dios?
3. Hacer: El amor de Dios como lo demostró Cristo
A. ¿Por qué no hay razones o bases para dudar de la realidad del amor de Dios por cada uno de nosotros individualmente? B. Si alguna vez sentimos que somos tan malos que Dios no puede amarnos, ¿cuál es el remedio? C. ¿Qué daño y pérdida sufrimos si dudamos del amor de Dios?
Resumen: El amor proviene de Dios. Es inextinguible. Trae paz, confianza y libertad a nuestras vidas. Cuando Dios lo demuestra a través de nosotros, bendice y enriquece inmensamente otras vidas. Los cristianos amantes y amables tienen un valor enorme. CICLO DE APRENDIZAJE
PASO 1: ¡Motiva!
Concepto clave para el crecimiento espiritual:El amor es el mayor de los dones espirituales porque es la base de los otros dones, y de todo lo que esperamos realizar como cristianos y que conduce e informa todo esto.
Solo para los maestros: Enfatiza que el amor no es principalmente un sentimiento, sino más bien una manera disciplinada y consistente de relacionarnos con el mundo.
El 27 de junio de 1967, los Beatles (un grupo de música rock) presentaron por primera vez la canción “Todo lo que necesitas es amor”. De acuerdo con su representante, Brian Epstein, “lo bueno acerca de ella es que no puede ser mal interpretada. Es un mensaje claro que dice que el amor es todo”. http://en.wikipedia.org/wiki/All_you_Need_Is_Love.
Pero puede ser mal interpretado, y lo ha sido. Uno no debería presumir que sabe lo que los Beatles querían decir... Ellos convenientemente se olvidaron definir el amor; pero el Nuevo Testamento es bien claro respecto de que el amor no es principalmente una emoción positiva, sino una manera de ser.
Analiza con tu clase: ¿A quién o qué amas? ¿Cómo lo demuestras? Por ejemplo, si amas a Dios, ¿haces un esfuerzo para averiguar cuál es su voluntad para tu vida, y actúas basándote en ello?
Considera: Si “todo lo que necesitas es amor”, ¿son esas necesariamente buenas noticias para nosotros, los humanos, si hemos de suponer que el amor es más que meramente tener sentimientos positivos acerca de algo o de alguien? ¿De dónde obtenemos el amor?
PASO 2: ¡Explora!
Solo para los maestros: Como 1 Corintios 13:4 al 7 lo deja bien claro, el amor es el principio central de la fe cristiana. Para el pensamiento moderno, el amor es un concepto nebuloso. Enfatiza que Pablo quería definir claramente tanto lo que es el amor como lo que no es. Gran parte de su descripción –en especial la parte negativa, desafortunadamente– es probable que haya surgido surgió de su observación de las conductas en la comunidad cristiana.
Comentario de la Biblia
I. Filía (Repasa con tu clase Tito 3:4).
El griego koiné, en el que escribió Pablo, tenía cuatro palabras separadas y diferentes para “amor”. Estas eran: agápe, filía, éros, y storgé. De ellas, solo agápe y filía se usan con cierta frecuencia en el Nuevo Testamento. Storgé, el amor necesitado de un niño pequeño por su madre o padre, se usa solo una vez –en la palabra compuesta filóstorgos en Romanos 12:10– para describir el amor mutuo entre padres e hijos, o esposos y esposas. Éros, aunque no necesariamente se refiere al amor sexual, lo incluye, y aparece solamente dos veces en las traducciones griegas del Antiguo Testamento (Prov. 7:18; 30:16).
Filía es la palabra que se acerca más al significado corriente de la palabra “amor”. Se refiere principalmente al afecto que siente alguien por otra persona, por algo o por una idea. La mayoría de nosotros sabe, por ejemplo, que Filadelfia –el nombre de una ciudad antigua y actual– significa “amor fraternal” o, más literalmente, “afecto fraternal”.
Muchos comentadores dirán que filía es amor condicional, y eso es cierto en el sentido de que el afecto surge del aprecio de las cualidades de su objeto. Pero no es condicional en el sentido en que lo son éros o storgé, por cuanto estas implican un cierto uso egoísta de su objeto para satisfacer deseos o necesidades.
Los escritores del Nuevo Testamento consideraban filía como una palabra útil y un tanto moralmente neutra, y la usaron muchas veces para describir todo, desde “el amor al dinero” (filarguría; 1 Tim. 6:10) hasta el amor a Dios (filótheos; 2 Tim. 3:4).
Sin embargo, filía era primero y principalmente una palabra de “sentimiento”. Para describir el amor de Dios como se ve en el sacrificio de Jesucristo, el Nuevo Testamento necesitaba una palabra diferente, una que existía pero que rara vez se usaba. Esa palabra era agápe.
Considera: ¿Por qué el amor filía no es suficiente para describir el amor de Dios? (Ver Mat. 5:46, 47).
II. Agápe (Repasa con tu clase 1 Cor. 13:4-7).
La palabra para “amor” usada por Pablo en 1 Corintios 13:4 al 7 es agápe. Aunque tenía una historia como palabra griega, era poco usada. Se refería al amor como una emoción general, frente a la particularidad y parcialidad de filía. En la traducción griega del Antiguo Testamento llamada Septuaginta, agápe se usó con bastante frecuencia para traducir la palabra hebrea ahába, posiblemente por el sonido similar de ambas palabras.
Agápe posiblemente fue tan usada en el Nuevo Testamento por dos razones. Primero, los primeros cristianos a quienes escribieron Pablo y otros autores del Nuevo Testamento eran judíos que hablaban griego, o gentiles griegos que obtuvieron la mayor parte de su conocimiento del Antiguo Testamento de la Septuaginta. Segundo, la palabra agápe trasmitía mejor la generalidad y la imparcialidad del amor de Dios como se vio en Cristo.
Tal vez la mejor ilustración de la diferencia entre filía y agápe es la conversación entre Jesús y Pedro en Juan 21:15 al 17. En castellano, esta secuencia es poco menos que incomprensible. Podría parecer que Jesús estaba repitiéndola para dar énfasis, o que estaba dudando de la sinceridad de Pedro. O, tal vez, Jesús está dándole a Pedro la oportunidad de afirmar tres veces por haberlo negado antes tres veces también. Aunque estas interpretaciones puedan tener cierta validez, es importante saber que las primeras dos veces que Jesús le preguntó a Pedro si lo amaba, usó la palabra agapáo, y Pedro respondió con la palabra filéo, indicando que su devoción no era todavía lo que debía ser. Imagínate diciéndole a Dios que él te gusta mucho. ¿Por qué Pedro se sintió mal cuando Jesús le preguntó la tercera vez si lo amaba? Porque Jesús específicamente usó la misma palabras que usó Pedro, filéo, indicando que había notado el compromiso incompleto de Pedro.
Considera: ¿Qué nos dice el uso que hace Pedro del término filía acerca de su compromiso hasta ese momento? ¿Podría arrojar algo de luz sobre su conducta en los eventos que rodearon la crucifixión?
Si tienes acceso a algún diccionario bíblico, puedes buscar “El amor en el Antiguo Testamento”, y “El amor en el Nuevo Testamento”.
PASO 3: ¡Aplica!
Solo para los maestros: El amor es vital para la vida misma, y en el amor de Dios vemos el amor en su forma perfecta.
Preguntas para reflexionar:
1. Dado que la Biblia define el amor más como un asunto de la voluntad, la mente y las acciones que como una emoción, sería todavía más estéril y frío si no involucrara las emociones de ninguna manera. ¿Cuál es el lugar de las emociones en el esquema bíblico? ¿Por qué es correcto decir que las emociones deberían estar sujetas a la voluntad, a la mente y a las acciones, en vez de que aquéllas guiaran a éstas?
2. Jesús dijo que debemos amar a nuestros enemigos (Mat. 5:44). ¿Quiénes eran los enemigos de Jesús? ¿Cómo les demostró a ellos su amor?
Aplicaciones a la vida:
1. Jesús dijo que debemos amar a nuestros prójimos como a nosotros mismos (Mat. 22:39). Esto supone que nos amamos y que es correcto hacerlo. ¿Qué significa “amarnos a nosotros mismos”? ¿De qué manera se ajusta esto al consejo de morir al yo que se da en Romanos 8:13? ¿De qué modo el amor bíblico del yo es diferente del egoísmo y la indulgencia propia que la gente toma como el amor a sí mismas?
2. De acuerdo con Juan 13:35, los discípulos de Cristo serán conocidos por el hecho de que se aman unos a otros. Posiblemente, esto sea el punto distintivo de la vida y la práctica cristianas. Y no obstante, es lo más difícil de hacer. En realidad, muchos de nosotros encontramos que es más fácil “bombardear” con amor a los extraños y a los candidatos al bautismo que mostrar bondad a los miembros de la iglesia o de la familia que hemos conocido durante años. ¿Por qué es así? ¿Cómo podemos hacernos el hábito de mostrar nuestro amor y aprecio los unos a los otros?
PASO 4: ¡Crea!
Solo para los maestros: La siguiente actividad tiene la intención de enfatizar la centralidad del amor en la vida y en la experiencia cristianas, de tal modo que hagamos que el amor sea real en el enfoque de nuestra propia vida. Escoge la actividad que se ajusta más a las capacidades o al temperamento de tu clase.
Considera las cualidades positivas y las negativas enunciadas en 1 Corintios 13:4 al 7. Crea una breve dramatización de una o más de esas cualidades. Por ejemplo, podrías presentar a alguien que lee este versículo en un culto de la iglesia, y luego se baja de la plataforma y hace o dice algo claramente jactancioso, o nuestra envidia, etc. El personaje en esta dramatización se confronta con su propia conducta; ¿la racionaliza explicándola de alguna manera? ¿Se ofende? ¿Se arrepiente?
Guía de Estudio de la Biblia: El Fruto del Espíritu / Edición para Maestros. Periodo: Trimestre Enero-Marzo de 2010
Autor: Richard O'Fill, es escritor (El Cristiano Victorioso, Un Fruto Divino entre otros libros) y orador del ministerio Revival Sermons, ha trabajado para la iglesia en tres continentes, incluyendo siete años en las oficinas centrales de la Asociación General. Reside actualmente en Orlando, Florida, EE.UU.
Mientras estudia la Lección o Guía de Estudio de la Biblia / Escuela Sabática, en Ojo Adventista, lo invitamos -para beneficio de todos- escribir sus comentarios y consideraciones sobre dicho estudio al pie de cada entrada.