Debiéramos trabajar como lo hizo nuestro divino Maestro, sembrando las semillas de verdad con cuidado, ansiedad y abnegación. Debemos tener la mente de Cristo si no queremos cansarnos en el bien hacer. La vida de él fue una vida de continuo sacrificio por el bien de otros. Debemos seguir su ejemplo. Debemos sembrar la semilla de verdad y confiar que Dios la vivificará. La preciosa semilla puede yacer dormida por algún tiempo mientras la gracia de Dios logre convencer el corazón y la semilla que ha sido sembrada sea despertada a la vida y brote y lleve fruto para la gloria de Dios. Se necesitan misioneros en esta gran obra para trabajar desinteresada, ferviente y perseverantemente como colaboradores con Cristo y con los ángeles celestiales en la salvación de sus semejantes (Testimonios para la iglesia, t. 3, pp. 233, 234).
De la raíz de la verdadera humildad surge la más preciosa grandeza mental: grandeza que lleva a los hombres a conformarse a la imagen de Cristo. Los que poseen esta grandeza ganan paciencia y confianza en Dios. Su fe es invencible. Su verdadera consagración y dedicación mantienen oculto al yo. Las palabras que salen de sus labios se modelan en forma de expresiones de ternura y amor semejantes a Cristo. Comprendiendo su propia debilidad, aprecian la ayuda que les da el Señor, y anhelan su gracia para poder hacer lo que es correcto y leal. Por su comportamiento, su actitud y su espíritu, llevan consigo las credenciales de estudiantes en la escuela de Cristo (A fin de conocerle, p. 39).
La paciencia es un atributo de Dios (Éxo. 34:6). Domingo 24 de enero
[Se cita 2 Pedro 3:8, 9] Ahora alabo a Dios por su prolongada y misericordiosa paciencia. El mensaje ha sido llevado a muchos países. Es un mensaje mundial... Hemos tenido oportunidad de enviar la luz a muchos miles que se han gozado en la verdad y han sacrificado sus recursos y sus medios para construir los sanatorios y las iglesias en todas partes... Se han establecido escuelas y se abren nuevos campos... Los ángeles esperan a fin de preparar a hombres y mujeres convertidos para que hagan esta obra si quieren consagrar todo su corazón, mente y alma al trabajo. No tenemos tiempo que perder (A fin de conocerle, p. 351).
La razón por la tardanza del Esposo es por su paciencia hacia nosotros, "no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento". ¡Qué preciosa es la paciencia de nuestro misericordioso Salvador! ¡Ojalá que cada joven apreciara el valor del alma que ha sido comprada a un precio infinito en la cruz del Calvario y que estimara correctamente las capacidades que le han sido dadas por Dios! Mediante Cristo, cada uno puede subir en la escalera del progreso y poner todas las energías bajo el control de Jesús; cada uno puede representar su carácter y mostrar por sus acciones, pensamientos, palabras y espíritu, que es dirigido por el Espíritu de Cristo. De esa manera podrá ejercer una poderosa influencia sobre los demás.
El tiempo en que vivimos dentro de la historia del mundo ha dado a cada uno capacidades morales y los ha colocado bajo influencias religiosas, dándoles oportunidades y facilidades para desarrollar caracteres como el de Cristo. Resta ver si cada uno cooperará con las agencias divinas para hacer su llamado y su elección segura. Cada uno debe orar, creer, obedecer y apropiarse de la ayuda provista, porque en su propia fuerza nadie puede hacer nada. Pero por la gracia de Cristo se pueden emplear las energías de tal manera que traigan las mayores bendiciones para la propia alma y para las almas de los demás. Al aferrarse de Jesús se llegarán a hacer las obras de Cristo y finalmente se recibirá la eterna recompensa (The Youth's Instructor, septiembre 20, 1894).
Se requiere paciencia (Efe. 4:1, 2). Lunes 25 de enero
"Fortalecidos en todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad" (Colosenses 1:11).
El amor es la ley del reino de Cristo. El Señor requiere que cada uno alcance una norma elevada. La vida de sus hijos ha de revelar amor, mansedumbre y tolerancia. La tolerancia nos permite soportar... muchas cosas, sin que tratemos de vengarnos por palabra o acción.
La "tolerancia" es la paciencia inofensiva. Si sois tolerantes, no transmitiréis a los demás vuestro pretendido conocimiento de los errores y equivocaciones de vuestro hermano. Trataréis de salvarlo porque fue comprado con la sangre de Cristo "Redargúyele entre ti y él solo; si te oyere, has ganado a tu hermano". "Hermanos, si alguno fuere tomado en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restaurad al tal con el espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, porque tú no seas también tentado". Ser tolerante no significa ser sombrío o andar triste, amargado o endurecido, es precisamente todo lo contrario.
Tratad de vivir en paz con todos los hombres, y permitid que el ambiente que os rodee sea grato y de suave fragancia. El Señor oye cualquier palabra necia que se pronuncia. Si lucháis contra la egoísta naturaleza humana, avanzaréis a paso firme en la obra de vencer las tendencias hereditarias y cultivadas que os arrastran hacia el mal. Por medio de la paciencia, la tolerancia y la lenidad lograréis mucho. recordad que no os pueden humillar las expresiones insensatas de los demás; pero en cambio, cuando dais una respuesta necia, perdéis una victoria que podríais haber ganado. Tened cuidado con lo que decís.
La tolerancia y la ausencia de egoísmo señalan las palabras y acciones de los que han nacido de nuevo para vivir la nueva vida en Cristo (Meditaciones matinales 1952, p. 53).
¿Logramos algo con ser impacientes? Los gritos y duras palabras, así como un espíritu malhumorado y criticón son evidencia de una mente presumida y caprichosa. La impaciencia produce luchas, acusaciones y tristeza. En cambio la paciencia es un bálsamo de amor y paz en las experiencias de la vida en familia. Cuando practicamos la preciosa gracia de la paciencia hacia los demás, estamos reflejando nuestra unión con Cristo. La paciencia siempre busca la unidad, tanto en la familia como en la iglesia y la comunidad. Cada uno debiera entretejerla en su vida y agregar a la fe, la virtud, la temperancia y la gracia de la paciencia (Peter's Counsel to Parents, p. 19). Los que tienen sus corazones llenos del amor de Dios mostrarán paciencia y bondad en su trato con los demás. No desearán que alguien sea contado entre los incrédulos el día en que Cristo venga. por el contrario, los seguidores del Señor desearán hacer todo lo que les sea posible para salvar a las almas. No podemos actuar de tal manera con aquellos que están fuera del redil que los prive de acercarse y de recibir la esperanza del evangelio (Sermons and Talks, t. 2, p. 266).
El mundo no tiene derecho a dudar de la verdad del cristianismo porque en la iglesia haya miembros indignos, ni debieran los cristianos descorazonarse a cada de esos falsos hermanos. ¿Qué ocurrió en la iglesia primitiva? Ananías y Safira se unieron con los discípulos. Simón el mago fue bautizado... Judas Iscariote figuró entre los apóstoles. El Redentor no quiere perder un alma, su trato con Judas fe registrado para mostrar su larga paciencia con la perversa naturaleza humana; y nos ordena que seamos indulgente como él lo fue (Conflicto valor, p. 318).
La paciencia en el evangelio (2 Tim. 4:2). Martes 26 de enero
La vida del Salvador en esta tierra, pese a haber sido vivida en medio de conflictos, fue una vida de paz... Ninguna tormenta de la ira satánica pudo alterar la calma de aquella perfecta comunión con Dios. Y nos dice: "Mi paz os doy".
Aquellos que aceptan la palabra de Cristo y confían sus almas a su cuidado, sus vidas a su ordenación, encontrarán paz y quietud. Nada en el mundo podrá ponerlos tristes siendo que Jesús les da gozo con su presencia. En la perfecta conformidad hay perfecto descanso. El Señor dice: "Tu guardarán en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado" (Isaías 26:3).
Es el amor al yo el que destruye la paz. Mientras el yo está vivo, permanecemos continuamente listos para guardarlo de mortificación e insulto. Pero cuando el yo está muerto y nuestra vida está oculta con Cristo en Dios no nos dejaremos afectar por descuidos o menosprecios...
Cuando recibimos a Cristo en el alma como un huésped permanente, la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará nuestros corazones y mentes. No hay otros fundamento de paz sino éste. La gracia de Cristo, recibida dentro del corazón, domina la enemistad, apacigua la contienda y llena el alma con amor (En lugares celestiales, p. 249).
La vida de cada hombre testifica acerca de la verdad de las palabras de la Escritura: "Los impíos son como la mar en tempestad, que no puede estarse quieta... No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos". El pecado ha destruido nuestra paz. Mientras el yo no está subyugado, no podemos hallar descanso. Las pasiones predominantes en el corazón no pueden ser regidas por facultad humana alguna. Somos tan impotentes en esto como los discípulos para calmar la rugiente tempestad. Pero el que calmó las olas de Galilea ha pronunciado la palabra que puede impartir paz a cada alma. Por fiera que sea la tempestad, los que claman a Jesús: "Señor, sálvanos" hallarán liberación. Su gracia, que reconcilia al alma con Dios, calma las contiendas de las pasiones humanas, y en su amor el corazón descansa. "Hace parar la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas. Alégranse luego porque se reposaron; y él los guía al puerto que deseaban".
"Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo". "Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre" (El Deseado de todas las gentes, pp. 303, 304).
Poco antes de su crucifixión, Cristo había dejado a sus discípulos un legado de paz: "La paz os dejo -dijo- mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo". Esta paz no es la paz que proviene de la conformidad con el mundo. La que Cristo dejó a sus discípulos es interior más bien que exterior. Afuera habrá guerras y luchas, oposición de los enemigos declarados y frialdad y suspicacia de los que dicen ser amigos. La paz de Cristo no destierra la división y las luchas sino que permanece en el corazón en medio de los conflictos (Review and Herald, enero 16, 1900).
La paciencia tiene sus límites (Gén. 6:3). Miércoles 27 de enero
En los días de Noé, la maldad del mundo llegó a ser tan grande que Dios no podía soportarla más, y dijo: "Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombre que he creado" (Génesis 6:7). Pero se compadeció de la raza humana, y en su amor proveyó un refugio para todos los que lo aceptaran. Le dio a Noé el mensaje que debía proclamar a la gente: "No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre" (Génesis 6:3).
Se le indicó a Noé que construyera un arca, y que al mismo tiempo predicara que Dios enviaría un diluvio de agua sobre la tierra para destruir a los impíos. Los que creyeran el mensaje, y se prepararan para ese acontecimiento mediante el arrepentimiento y la reforma, recibirían perdón y serían salvos; pero la resistencia continua a los ruegos y las advertencias del cielo, dadas por su siervo Noé, los separarían de Dios y, como resultado, la misericordia y el amor infinitos cesarían en sus súplicas.
El Espíritu de Dios continuó luchando con el hombre rebelde hasta que casi expiró el tiempo estipulado, cuando Noé y su familia entraron al arca, y la mano de Dios cerró la puerta. El Dios de la misericordia, al dejar el trono de oro, terminó la intercesión por el pecador culpable.
No todos los hombres de esa generación eran paganos idólatras en el más amplio sentido de la palabra. Muchos tenían conocimiento de Dios y de su ley; pero no sólo rechazaron el mensaje del fiel predicador de justicia, sino que utilizar su influencia para evitar que otros obedecieran a Dios. A todos les llega el día de prueba y de decisión. Esa generación tuvo su día de oportunidad y privilegio mientras Noé hacía resonar la nota de advertencia acerca de la destrucción venidera; pero cedieron sus mentes al control de Satanás antes que al de Dios, y él los engañó, como lo hizo con nuestros primeros padres. Les presentó oscuridad y falsedad en lugar de luz y verdad; y ellos prefirieron sus sofisterías y mentiras, porque les resultaban aceptables al estar en armonía con sus vidas corruptas; mientras que la verdad, que podría haberlo salvado, fue rechazada como un error (Recibiréis poder, p. 256).
En toda época, la transgresión de la ley de Dios fue seguida por el mismo resultado. En los días de Noé, cuando se violó todo principio del bien hacer, y la iniquidad se volvió tan arraigada y difundida que Dios no pudo soportarla más, se promulgó el decreto: "Raeré los hombres que he creado de sobre la faz de la tierra" (Génesis 6:7). En los tiempos de Abrahán, el pueblo de Sodoma desafió abiertamente a Dios y a su ley; y se manifestó la misma perversidad, la misma corrupción y la misma sensualidad desenfrenada que habían distinguido al mundo antediluviano. Los habitantes de Sodoma sobrepasaron los límites de la tolerancia divina, y contra ellos se encendió el fuego de la venganza.
El tiempo que precedió al cautiverio de las diez tribus de Israel se destacó por una desobediencia y una perversidad similares. No se tenía en cuenta para nada la ley de Dios, y esto abrió las compuertas de la iniquidad sobre Israel. Oseas declaró: "Jehová pleitea con los moradores de la tierra; porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra. Perjurar, y mentir, y matar, y hurtar y adulterar prevalecieron, y sangres se tocaron con sangres" (Oseas 4:1, 2) (Profetas y reyes, p. 222).
Cómo desarrollar la paciencia (Sant. 1:2-4). Jueves 28 de enero
"Sabiendo que la prueba de vuestra fe obra paciencia. Más tenga la paciencia perfecta su obra, para que seáis perfectos y cabales, sin faltar en alguna cosa" (Santiago 1:3, 4). El apóstol dice que debemos recibir la gracia de la temperancia para que podamos recibir la de la paciencia. La paciencia, cuando hay pruebas, evitará que digamos y hagamos aquellas cosas que herirán nuestras propias almas, y herirán a aquellos con quienes nos relacionamos. No importa cuántas sean vuestras pruebas, ninguna cosa podrá dañaros seriamente si ejercitáis la paciencia, si manifestáis calma y serenidad cuando estáis en situaciones difíciles...
Podemos ver la sabiduría de Pedro, al colocar la temperancia como una gracia que debía añadirse al conocimiento, antes de adquirir la paciencia. Esta es una de las razones por las cuales es necesario vencer el apetito hacia todos los estimulantes, porque cuando los nervios se excitan por la influencia de esas substancias irritantes, ¡cuántos y cuán penosos son los males que se hacen!...
El cristiano tiene necesidad de añadir paciencia a la temperancia. Es necesario tener principios firmes y propósitos fijos, para no ofender en palabra o acción, ya sea a nuestra conciencia o al sentimiento de los demás. Debe haber una elevación por encima de las costumbres del mundo, a fin de soportar el reproche, el chasco, las pérdidas y las cruces, sin murmurar, pero con una dignidad exenta de toda queja. Un hombre o una mujer petulante y de mal genio, realmente no sabe lo que es ser feliz. Toda copa que lleva a sus labios parece ser amarga, y su senda parece estar sembrada con ásperas piedras, con espinas y abrojos; pero a la temperancia debe añadirse paciencia, y no deben verse ni sentirse las cosas desagradables.
La paciencia debe realizar su obra perfecta, o no podremos ser perfectos y completos, sin que nada nos falte. Se nos han señalado dificultades y aflicciones, que nosotros debemos soportar pacientemente, ¿o bien amargaremos a todos con nuestras quejas? El oro se pone en el crisol para quemar la escoria. ¿No seremos nosotros pacientes bajo el ojo del refinador? Debemos rehusar hundirnos en un estado mental deprimido y desconsolado; debemos mostrar una tranquila confianza en Dios, experimentando gozo cuando se nos permite soportar las pruebas por Cristo (Nuestra elevada vocación, p. 72).
... La paciencia es una planta que crecerá rápidamente si se cultiva con esmero. Al conocernos cabalmente a nosotros mismos, y combinando nuestra firme decisión con la gracia de Dios, podremos ser vencedores y llegar a la perfección en todas las cosas sin que nada nos falte (Meditaciones matinales 1952, p. 100).
Pero la adopción en la familia de Dios nos hace hijos y no esclavos. Cuando el amor de Cristo entre en el corazón, nos esforzamos por imitar el carácter de Cristo... El Espíritu Santo infunde claro entendimiento en el corazón de cada verdadero hacedor de la Palabra. Mientras más crucificamos las prácticas egoístas impartiendo nuestras bendiciones a otros y ejerciendo nuestras facultades recibidas de Dios, más se fortalecerán las gracias celestiales y aumentarán en nosotros. Creceremos en espiritualidad, en paciencia, en fortaleza, en humildad, en delicadeza (A fin de conocerle, p. 120).
Guía de Estudio de la Biblia: El Fruto del Espíritu / Notas de Elena de White. Periodo: Trimestre Enero-Marzo de 2010
Autor: Richard O'Fill, es escritor (El Cristiano Victorioso, Un Fruto Divino entre otros libros) y orador del ministerio Revival Sermons, ha trabajado para la iglesia en tres continentes, incluyendo siete años en las oficinas centrales de la Asociación General. Reside actualmente en Orlando, Florida, EE.UU.
Texto Clave: "Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada". Santiago 1:2-5.
Enseña a tu clase a:
Saber aceptar la realidad de que el ejercicio de la paciencia puede ser difícil. Sentir el deseo sincero de desarrollar la paciencia. Hacer: practicar la paciencia en situaciones de pruebas y dificultades.
Bosquejo de la Lección
1. Saber: Aprender paciencia
A. El texto clave vincula dos dones del Espíritu: gozo y paciencia. a. ¿Cómo sabemos que necesitamos paciencia? ¿Por qué nos resulta difícil mostrar paciencia? ¿En qué situaciones es más difícil ejercer paciencia? b. Pide a los miembros de tu clase que cuenten situaciones en las que han sido impacientes. ¿Cómo creen que esas circunstancias podrían haberse evitado? c. ¿Dónde interviene el gozo en los momentos que demandan paciencia?
2. Sentir: La necesidad de desarrollar paciencia
A. El desarrollo de la paciencia, como el de todos los dones del Espíritu, demanda el ejercicio de la elección. ¿Cómo podemos mostrar paciencia al tratar con los fracasos?
3. Hacer: Practicar la paciencia en medio del conflicto
A. Siendo que los conflictos a menudo son una parte inevitable de la vida, ¿cómo podemos prepararnos mejor para enfrentarlos? B. Santiago nos dice que “sabemos” o entendemos que soportar la prueba de nuestra fe lleva a la paciencia y a la madurez espiritual. ¿Cómo podemos reaccionar ante las pruebas de manera que nos ayuden a evitar llegar a ser impacientes? ¿De qué modo una preocupación por el yo puede ser la raíz de la impaciencia?
Resumen:Desarrollar la paciencia es a menudo difícil. Nos ayuda el contemplar la paciencia de Dios con nosotros. El estar centrados en nosotros mismos es un obstáculo importante para el crecimiento, y nos lleva a buscar la gracia de Dios para llegar a ser espiritualmente maduros.
CICLO DE APRENDIZAJE
PASO 1: ¡Motiva!
Concepto clave para el crecimiento espiritual: La paciencia es un rasgo divino que soporta por mucho tiempo la debilidad. Nos da la oportunidad de aprender, de crecer y de volvernos a Dios.
Solo para los maestros: A fin de demostrar la paciencia en acción, pide a alguien que esté dispuesto a demostrar, como una lección objetiva, cómo se hace algo en una profesión o afición manual que exija cuidado y tiempo. Toma algunos momentos con tu clase para observar el proceso, o parte de él, y analízalo. Luego comparte la siguiente cita:
“Todos los que en este mundo prestan verdadero servicio a Dios o al hombre, reciben una educación preparatoria en la escuela del dolor. Cuanto mayor sea la confianza y más elevado el servicio, más estrecha será la prueba y más severa la disciplina” (Ed 151).
Considera: Requiere paciencia, cuidado y mucho tiempo elaborar algo de calidad. Dios ha usado todas esas cualidades en su obra con nosotros. Un elemento realizado hábilmente a mano por lo general es altamente cotizado. ¿Por qué esto es así? ¿De qué manera evalúa Dios la obra de sus manos? ¿De qué modo sus prolongados esfuerzos con nosotros nos dan paciencia para trabajar esforzada y cuidadosamente con otros?
PASO 2: ¡Explora!
Solo para los maestros:Somos peregrinos en un viaje hacia el cielo. Una parte importante de nuestra jornada espiritual es la paciencia. Esta semana conduce a tu clase a concentrarse en las siguientes preguntas: ¿Qué es la paciencia? ¿De qué modo se relaciona la paciencia con el carácter de Dios? ¿Por qué la paciencia es tan importante para el camino y el crecimiento espirituales?
Comentario de la Biblia
El apóstol Pablo, en Gálatas 5:16 al 26, presenta la vida cristiana como una guerra entre la vida de la carne y la vida del Espíritu. Después de advertir a los cristianos a que renuncien a las obras de la carne, el apóstol les encarga que vivan de modo tal que puedan llevar el “fruto del Espíritu”. El llevar fruto es una parte esencial de la experiencia de la salvación y del crecimiento espiritual. Después de describir tres aspectos de este fruto –amor, gozo y paz– el apóstol enfatiza un cuarto aspecto importante: la paciencia.
I. La paciencia: una definición bíblica (Repasa con tu clase Gál. 5:22; Éxo. 34:6).
El Nuevo Testamento usa dos palabras para paciencia. La primera es hupomoné, traducida como “paciencia” (Rom. 5:3; 2 Cor. 6:4; 2 Tes. 1:4). Paciencia no significa aquí una resignación paciente, sino soportar toda aflicción que lo confronte a uno en la jornada espiritual. La segunda palabra, makrothumía, significa longanimidad, ser sufrido, el fruto del Espíritu (Gál. 5:22). También traducida como “paciencia”, indica una característica que el cristiano debiera tener hacia otros, aun si éstos son hostiles, provocadores o vengativos. Sin paciencia, no podemos caminar dignamente en nuestra vocación cristiana (1 Cor. 13:4; Col. 3:12; 1 Tes. 5:14).
La paciencia o el ser sufridos es un fruto del Espíritu Santo. Es una virtud para ser desarrollada en una persona redimida, pero la paciencia no puede tener su origen en los seres humanos. La naturaleza humana misma es pecaminosa (Rom. 3:23) y, como tal, esta naturaleza está inclinada a la ira, al apresuramiento, a la impaciencia y a la intolerancia. Por otro lado, se espera que una persona redimida con una vida nueva en el Espíritu tenga su fruto: la paciencia.
La paciencia es más que tolerancia; es makrothumía, el soportar por mucho tiempo, en un mundo marcado por su rápida venganza y por represalias sin sentido. Por ejemplo, 2 Corintios 6:3 al 10 menciona cómo la “paciencia”, que es fruto del Espíritu, motivará al cristiano a enfrentar las pruebas de la vida y los obstáculos perturbadores. La longanimidad (“ánimo largo”) es poner la otra mejilla (Mat. 5:39). Es la paciencia con un propósito redentor. Es una vestidura del Espíritu, dada al cristiano, para presentar una nueva moda de conducta moral (Col. 3:12-17).
Considera: La mayoría de las religiones consideraría que la paciencia es una muestra de debilidad, pero la Biblia presenta la paciencia como una virtud. Analiza las dos posiciones.
II. La paciencia: el carácter de Dios (Repasa con tu clase Éxo. 34:6).
En una de las más majestuosas e íntimas revelaciones de Dios, él se revela a sí mismo como “misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad” (Éxo. 34:6). Si su gracia y misericordia procuran salvarnos, si su benignidad y verdad nos establecen en el sendero de la justicia, es su longanimidad la que nos capacita para caminar por el sendero largo y angosto, para poner nuestra confianza en él, quien nos recuerda que, si cae, “abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Juan 2:1). La paciencia de Dios hace posible la perseverancia de los santos.
Considera:Dios es santo, justo y fiel. También es amante, lleno de gracia, y longánimo. ¿De qué modo estos dos conjuntos de características se complementan mutuamente?
III. La paciencia: el mandato del Espíritu para el cristiano (Repasa con tu clase Rom. 15:5; 1 Tim. 6:11, 12; Sant. 1:2-4).
La jornada y el crecimiento cristianos demandan que nuestra conducta refleje el carácter de Dios. Por esto Pablo ora para que “el Dios de la paciencia [...] os dé entre vosotros un mismo sentir...” (Rom. 15:5). Este mandato de ser pacientes reflejar al Dios de la paciencia, sin límites ni fronteras (Rom. 5:5; Sant. 1:2-4; 1 Tim. 6:11, 12).
De este modo, el “hombre de Dios” es llamado a “seguir” la paciencia junto con “la justicia, la piedad, la fe, el amor, [...] la mansedumbre” a fin de pelear la buena batalla de la fe que conduce a la vida eterna (1 Tim. 6:11, 12). Sin el efecto activo de la paciencia, el crecimiento y la madurez cristianos no llegarán a su gloriosa consumación (Sant. 1:3, 4).
Considera: El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia. ¿En qué sentido puede este último estar vinculado con los primeros tres?
PASO 3: ¡Aplica!
Solo para los maestros: Divide a la clase en pequeños grupos y pide a cada uno que dé ejemplos de cosas que más prueban la paciencia en las siguientes áreas: consigo mismos, con sus familias (padres, hermanos, hijos), en su lugar de trabajo, en la iglesia, en la comunidad. Pide que uno o dos grupos representen una situación que prueba la paciencia. Analicen cómo se deben relacionar con esas circunstancias con paciencia piadosa, usando ejemplos de historias bíblicas para aclarar el análisis. Escribe las sugerencias de la clase en un pizarrón o un papel.
Aun cuando David había sido ungido como rey, pasaron muchos años de espera viviendo una vida peligrosa, ruda y difícil antes de que pudiera subir al trono (1 Sam. 16-24). Aprendió a depender completamente de Dios para su consuelo y apoyo. A menudo no realizaba ningún movimiento antes de buscar el consejo de Dios. Pero esos largos años de dependencia de Dios para cada necesidad le enseñaron a David las lecciones que necesitaba para ser un rey sabio y temeroso de Dios. “Mediante la instrucción recibida en la escuela de las dificultades y el dolor, David pudo merecer este juicio, [...] ‘Administraba justicia y equidad a todo su pueblo’ (2 Sam. 8:15)" (Ed 152).
Considera: ¿Qué experiencias atraviesas que te están enseñando paciencia? ¿Cómo podrían ser útiles en tu futuro servicio a Dios?
Aplicaciones a la vida: ¿En dónde entran en el cuadro los límites de la paciencia? ¿Cuál es la diferencia entre tolerancia y paciencia? Algunos dilemas de los padres se relacionan con temas como: cuánto tiempo deben ser pacientes con sus hijos que están aprendiendo lecciones, y cuándo usar las consecuencias y un amor firme. Situaciones similares suceden en relaciones entre adultos, en las que un compañero o un miembro de la familia hace elecciones malas, y necesitamos poner límites en un lugar o en otro. ¿Qué principios entran en juego en estas situaciones? (Una buena fuente sobre este tema es el libro titulado Boundaries [Límites], de Henry Cloud y John Townsend, si tienes acceso a él).
PASO 4: ¡Crea!
Solo para los maestros: Dibuja un boceto de una fruta en un papel y titúlalo “Paciencia”. Haz suficientes copias para cada miembro de tu clase, o reparte papeles y pídeles que hagan un esbozo de una fruta. O, alternativamente, dibuja la fruta en un pizarrón. Pide a cada miembro de la clase que identifique una situación en sus vidas en las cuales necesitan desarrollar más paciencia. Pídeles que escriban un texto favorito sobre la paciencia en el centro de la fruta, y una referencia a un personaje bíblico que fue un modelo del tipo de paciencia que ellos necesitan.
Analiza cómo preparar un plan de acción que ayude a los miembros de tu clase a identificar los pasos mediante los cuales pueden concentrarse en el carácter de Dios, y aprender a transferir sus sentimientos de frustración, que conducen a la pérdida de la paciencia, a una dependencia de Dios para lograr una ajuste de su actitud. Parte del plan de acción puede incluir poner límites a la paciencia, y establecer límites.
Actividad final: Vuelve a los textos y las promesas con respecto a la paciencia. En un gesto simbólico de reclamar esas promesas, pide a los miembros de la clase que pongan sus manos sobre los textos y las promesas de la Biblia, o en sus papeles, mientras alguien ora por el cumplimiento de esas promesas en la semana venidera.
Guía de Estudio de la Biblia: El Fruto del Espíritu / Edición para Maestros. Periodo: Trimestre Enero-Marzo de 2010
Autor: Richard O'Fill, es escritor (El Cristiano Victorioso, Un Fruto Divino entre otros libros) y orador del ministerio Revival Sermons, ha trabajado para la iglesia en tres continentes, incluyendo siete años en las oficinas centrales de la Asociación General. Reside actualmente en Orlando, Florida, EE.UU.
Comentario hoy a cargo del Pr. Doug Batchelor,principal orador, Director de"Amazing Facts" ypastor de la Iglesia Central Adventista del Séptimo Día de Sacramento, California.
Guía de Estudio de la Biblia: El Fruto del Espíritu / Edición para Adultos. Periodo: Trimestre Enero-Marzo de 2010. Autor: Richard O'Fill, es escritor (El Cristiano Victorioso, Un Fruto Divino entre otros libros) y orador del ministerio Revival Sermons, ha trabajado para la iglesia en tres continentes, incluyendo siete años en las oficinas centrales de la Asociación General. Reside actualmente en Orlando, Florida, EE.UU. Editor: Clifford Goldstein
Comentario delPr. Alejandro Bullón Nació en Perú, estudió y se graduó de Teología en el Seminario de la Unión Peruana. Trabajó diez años en su país como consejero de jóvenes, y luego fue invitado a continuar el desarrollo de dicho ministerio en el Brasil. Actualmente es evangelista de la Voz de la Esperanza. Ex secretario de la Asociación Ministerial de la División Sudamericana de los Adventistas del Séptimo Día, y evangelista para toda América del Sur. Ha escrito varios libros, tales como "Conocer a Jesús es todo", "La crisis existencial", "Tú eres mi vida" y "Vuelve a casa hijo".
Guía de Estudio de la Biblia: El Fruto del Espíritu / Edición para Adultos. Periodo: Trimestre Enero-Marzo de 2010
Autor: Richard O'Fill, es escritor (El Cristiano Victorioso, Un Fruto Divino entre otros libros) y orador del ministerio Revival Sermons, ha trabajado para la iglesia en tres continentes, incluyendo siete años en las oficinas centrales de la Asociación General. Reside actualmente en Orlando, Florida, EE.UU. Editor: Clifford Goldstein
Lee Para el Estudio de esta Semana: Mateo 8:23-27; 11:28, 29; Romanos 5:1-11; 12:9-21; Hebreos 12:14; Colosenses 3:13-15.
Para Memorizar: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:17).
Como campeón de la paz, Pablo escribió: “Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efe. 4:3). La palabra griega traducida aquí como “solícitos” es un imperativo, excluyendo toda pasividad, cualquier actitud de “espera y veamos”. Debemos tomar la iniciativa. Si peleamos y discutimos en nuestros hogares, si formamos bandos en la iglesia, si rehusamos amar y honrar a otros, entonces estamos negando la paz de Dios en Jesucristo, la cual él estableció en la cruz.
Cuán irónico es tener que pelear por la paz. Eleanor Roosevelt, en una transmisión radial de Voice of America, dijo: “No es suficiente hablar acerca de la paz; debemos creer en ella. Y no es suficiente creer en ella; debemos trabajar por ella”. La paz que Cristo ganó para nosotros también requiere esfuerzo, duro trabajo, y constante autoexamen.
Al estudiar esta semana, debemos preguntarnos: ¿He aprovechado esta paz que Jesús ganó para mí en la cruz? ¿Cómo puedo cooperar con el Espíritu Santo mientras él injerta esa paz en mi vida diaria? Paz con Dios (Rom. 5:1). Domingo 17 de enero
“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Rom. 5:1).
Tener paz con Dios es más que sentirnos cómodos en su presencia. Significa que nosotros, que una vez éramos “en otro tiempo extraños y enemigos en vuestras mentes, haciendo malas obras” (Col. 1:21), hemos sido reconciliados y restaurados al compañerismo con Dios. Estábamos en guerra con Dios pero, por su muerte en la cruz, Jesús ha hecho posible que cesen las hostilidades y que nosotros seamos amigos de Dios y no sus enemigos.
En un sentido, esta paz no es algo que crece en nosotros, comenzando con un poco de paz. Más bien, somos reconciliados con Dios de una vez por todas, por la cruz de Cristo. Es un hecho consumado. Hay otro sentido, sin embargo, por el cual crecemos en paz con Dios. Cuanto más claramente vemos los caminos de Dios y andamos en ellos, tanto más nos apropiamos de su poder para vivir como sus hijos e hijas. En este sentido, la paz con Dios es realmente un fruto del Espíritu.
Al crecer a la madurez como hijos de Dios, experimentamos más y más las bendiciones y beneficios de vivir en su reino hasta que podamos decir: “Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo” (Sal. 119:165).
Colosenses 1:20 al 22 dice que el pecado no hace que Dios sea misericordioso y perdonador; más bien, el pecado reveló a que él ha sido así desde la eternidad. El plan de salvación demostró que Dios nos amó y estuvo dispuesto a perdonarnos desde el principio.
Lee Romanos 5:1 al 11, y resume lo que crees que son los puntos principales allí. Medita sobre esta idea de que solamente por causa de lo que Jesús hizo, por causa de su vida perfecta acreditada a ti por fe, puedes ser perdonado y aceptado ante Dios, no importa cuál haya sido tu pasado. ¿Por qué esta enseñanza es tan importante para nosotros si hemos de conocer realmente la paz?
Encontrar paz: Parte 1 (Mat. 11:28, 29). Lunes 18 de enero
En una escala del 1 al 10 (1 es lleno de paz, 10 es muy ansioso), ¿cómo evaluarías tu vida? Las personas están cada vez más frustradas en su búsqueda de paz personal. En Mateo 11:28 y 29, Jesús hace una invitación. Aunque él no usa la palabra paz, usa una palabra que significa dar descanso, refrescar, reposar, tomar un descanso.
Lee los siguientes versículos: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mat. 11:28, 29). ¿Qué nos está diciendo Jesús aquí? ¿Cómo podemos experimentar por nosotros mismos la realidad de esta promesa maravillosa?
Por lo que Jesús está diciendo en estos versículos, ¿nos está proponiendo darnos paz como un regalo, o quiere indicarnos cómo obtenerla? ¿No está Jesús enseñando que la paz personal es un resultado de alguna causa, y nos invita a aprender de él cuál es esa causa?
“El amor a sí mismo es lo que trae inquietud. [...] Los que aceptan la palabra de Cristo al pie de la letra, y entregan su alma a su custodia, y su vida para que él la ordene, hallarán paz y quietud. Ninguna cosa del mundo puede entristecerlos cuando Jesús los alegra con su presencia. En la perfecta conformidad hay descanso perfecto. El Señor dice: ‘Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado’ (Isa. 26:3)” (DTG 298).
¿De qué modo el amor al yo conduce a la falta de tranquilidad personal y a la infelicidad?
¿Cómo podemos aprender a morir al yo y descansar en Jesús? ¿Qué elecciones tenemos que hacer, cada día, que pueden ayudarnos a hacer real la promesa de paz en Cristo? Es decir, ¿qué cosas estamos haciendo, o no haciendo, que nos impiden tener la paz que Jesús nos ofrece?
Encontrar paz: Parte 2 (Juan 14:27). Martes 19 de enero
Se cuenta la historia de dos pintores. Cada uno pintó un cuadro para ilustrar su concepto del descanso. El primero escogió para su escena un lago tranquilo, sereno, entre las montañas lejanas. El segundo pintó una atronadora catarata con un árbol frágil que se inclinaba sobre la espuma; en la horqueta de una rama, casi mojada con la niebla que levantaba la catarata, una avecilla estaba sentada en su nido.
¿Cuál de los dos mostraba mejor la esencia del descanso? No es frecuente en este mundo agitado que encontremos el descanso de un solitario lago de montaña. Más a menudo debemos encontrar nuestro reposo en medio de la agitación de la vida real.
Lee la historia registrada en Mateo 8:23 al 27, acerca de Jesús y sus discípulos en el Mar de Galilea (ver también Mar. 4:35-41; Luc. 8:22-25). Por singular que fuera la situación, ¿qué podemos obtener de este registro para nosotros? Es decir, ¿cuál es el mensaje para nosotros, y cómo podemos aplicarlo a nuestras vidas, no importa en qué situación nos encontremos?
Por qué crees que Jesús estaba preocupado de que sus discípulos tuvieran paz? Jesús nos dejó con una hermosa promesa acerca de la paz: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da” (Juan 14:27). ¿De qué modo la paz que el mundo trata de dar difiere de la paz que Jesús ofrece?
No debemos igualar la paz con una vida sin problemas. Es rara la persona, aun el cristiano más fiel, que pasa por la vida sin pruebas, dolor y sufrimiento. De hecho, algunas personas parecieran tener más que su cuota de sufrimiento. Sin embargo, la paz tiene más que ver con la forma en que manejamos estas situaciones que con las situaciones mismas. La paz tiene que ver con la confianza más profunda en un Dios amante y que se interesa en nosotros, que sabe por lo que estamos pasando, y que ha prometido no abandonarnos, no importa qué nos ocurra en el camino.
¿Qué tipo de cosas te perturban? Habla con Dios acerca de tus temores más profundos. Llámalos por su nombre. Pídele al Señor que te ayude a identificarlos. Luego tómate el tiempo para permitirle que comience a darte paz, suavemente, respecto de esos temores.
Paz en el hogar (Heb. 12:14). Miércoles 20 de enero
“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Heb. 12:14). “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres” (Rom. 12:18). ¿Qué podemos aprender de la vida y el ejemplo de Jesús que puede hacer que estas amonestaciones sean reales en nuestra vida? ¿Qué estamos haciendo que dificulta, si no imposibilita, que sean reales para nosotros?
Por extraño que parezca, el lugar más difícil para ser cristiano es el hogar. ¡Cuán trágico, puesto que el hogar debería ser el mejor lugar del mundo para que todos pudiéramos tener paz!
Dos jóvenes estaban en una batalla durante los días de la guerra de Vietnam. Las balas volaban y las bombas estallaban. Nada de esto parecía desconcertar a uno de los soldados. Cuando su amigo le preguntó cómo podía estar tan calmado, le contestó ¡que le hacía recordar su hogar!
Estudia Romanos 12:9 al 21. Identifica versículos que, si se pusieran en práctica, ayudarían a llevar paz al hogar. Sugiere una aplicación práctica para los versículos que elijas.
Como cristianos, se nos llama a seguir una norma increíblemente elevada, la norma presentada por Jesús mismo. Todos nosotros aun no hemos llegado a esa meta. Esto no significa que no podamos todavía reflejar los principios revelados en la vida de Jesús, principios de amor, de sacrificio propio, y una actitud intransigente hacia el mal y el pecado.
Imagínate cómo serían nuestros hogares si reflejáramos estos principios. Imagínate cómo sería si aprendiéramos a pensar en los demás antes que en nosotros mismos; si mostráramos a los demás un amor incondicional, aun a quienes no lo merecen. Imagínate si perdonáramos a quienes nos hieren. Imagínate si estuviéramos tan preocupados por el bienestar de los demás como lo estamos por el nuestro. Aunque poner en práctica estos principios no resolvería todos nuestros problemas familiares, sin duda sería de enorme ayuda.
Paz en la iglesia (Mat. 5:23, 24). Jueves 21 de enero
“Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mat. 5:23, 24). ¿Qué principio básico está enseñando Jesús con estas palabras? ¿Por qué nos resulta tan difícil poner en práctica este principio en nuestras vidas?
Es evidente que Jesús toma con mayor seriedad nuestras relaciones mutuas de lo que las tomamos nosotros. No es raro que la amargura y el resentimiento existan durante años entre algunos miembros de la iglesia. Imagínate cuán diferentes serían las cosas si todos siguiéramos esta enseñanza.
Identifica una característica de los hijos de Dios como se registra en Mateo 5:9. ¿Qué significa esto?
De acuerdo con Colosenses 3:13 al 15, ¿cuáles son tres maneras de relacionarnos mutuamente como miembros de iglesia? ¿Qué significa cada una de ellas?
Nota la secuencia de las gracias cristianas en Santiago 3:17: “Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía”. ¿Cómo serían nuestras iglesias si permitiéramos que el Espíritu Santo alimentara estas cualidades en nuestra feligresía? ¿Qué cosas estarían notablemente ausentes?
Piensa acerca de la última vez que tuviste un problema con otro miembro de la iglesia. ¿Seguiste las palabras de Cristo en Mateo 5? Lo más probable es que no, ¿verdad? Analiza las razones por las que elegiste la ruta “fácil”, mundana, en lugar del sendero que hubiera requerido humildad y negación propia. ¿Cómo puedes aprender a hacer lo que Jesús nos pide que hagamos en tales situaciones?
Para Estudiar y Meditar. Viernes 22 de enero
Sal. 4:3; 119:165; Isa. 26:3; Rom. 8:6; Fil. 4:7.
“Poco antes de su crucifixión, Cristo había dejado a sus discípulos un legado de paz: “La paz os dejo –aseveró–; mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27). Esta paz no es la paz que proviene de la conformidad con el mundo. Cristo nunca procuró paz transigiendo con el mal. La que Cristo dejó a sus discípulos es interior más bien que exterior, y había de permanecer para siempre con sus testigos a través de las luchas con contiendas” (HAp 70).
“La lucha por la supremacía manifiesta un espíritu tal que si se lo alberga cerrará el reino de Dios a aquellos que lo acarician. La paz de Cristo no puede morar en la mente y el corazón del obrero que critica y encuentra faltas en otro obrero simplemente porque el otro no practica los métodos que él cree mejores, o porque siente que no es apreciado. El Señor nunca bendice al que critica y acusa a sus hermanos, porque esta es la obra de Satanás (Manuscrito 21, 1894)” (Ev 79).
Preguntas Para Dialogar:
1. ¿De qué formas puedes trabajar en tu iglesia local para ayudar a mantener la paz entre los miembros cuando surgen tensiones y desacuerdos inevitables?
2. ¿Cuáles son las situaciones comunes que afrontamos en nuestras vidas diarias que amenazan nuestra paz? ¿Qué promesas bíblicas puedes reclamar cuando surge cada una de ellas?
3. Por supuesto, siempre es fácil hablar acerca de confiar en Dios no importa cuáles sean las circunstancias, y que esa confianza debiera darnos paz. Y eso es cierto. Al mismo tiempo, ¿qué pasos concretos y prácticos podemos dar para cambiar las circunstancias que hacen difícil que haya paz? En otras palabras, ¿cuán a menudo nuestra inquietud y nuestro temor son el resultado de las elecciones que hacemos?
4. ¿Qué cosas prácticas podemos hacer para ayudar a otros que están pasando por circunstancias que hacen que la paz sea difícil de lograr?
5. ¿Cuánta paz deberíamos esperar, en forma realista, en un mundo lleno de tanta lucha, caos, sufrimiento y agitación?
Guía de Estudio de la Biblia: El Fruto del Espíritu / Edición para Adultos. Periodo: Trimestre Enero-Marzo de 2010
Autor: Richard O'Fill, es escritor (El Cristiano Victorioso, Un Fruto Divino entre otros libros) y orador del ministerio Revival Sermons, ha trabajado para la iglesia en tres continentes, incluyendo siete años en las oficinas centrales de la Asociación General. Reside actualmente en Orlando, Florida, EE.UU. Editor: Clifford Goldstein
Jesús dijo: "La paz os dejo, mi paz os doy, yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo". La paz a la cual se refirió el gran Maestro es más amplia y abarcante de lo que nos hemos imaginado. Cristo está dispuesto a realizar grandes cosas en favor nuestro; listo a restaurar nuestra naturaleza haciéndonos participantes de su naturaleza divina. El Señor está deseoso de unir nuestro corazón con su corazón de amor infinito para que nos reconciliemos totalmente con Dios; pero también es nuestro privilegio comprender que Dios nos ama tanto como ama a su propio Hijo. Cuando creemos en Cristo como nuestro Salvador personal, la paz de Cristo se hace nuestra. El fundamento de nuestra paz es la reconciliación provista para nosotros mediante el sacrificio expiatorio de Cristo; pero los sentimientos sombríos no constituyen una evidencia de que las promesas de Dios no sean efectivas. A veces nos dejamos llevar por los sentimientos, y puesto que las cosas no nos parecen brillantes, comenzamos a apretar más el manto de pesadumbre alrededor del alma. Nos miramos a nosotros mismos, y pensamos que Dios se ha olvidado de nosotros. Hay que mirar a Cristo. En mí, dice Cristo, hallaréis paz. Nos adentramos en el terreno de la paz, cuando comenzamos a tener comunión (Exaltad a Jesús, p. 326).
La felicidad derivada de fuentes mundanales es tan mudable como la puede hacer las circunstancias variables; pero la paz de Cristo es constante, permanente. No depende de las circunstancias de la vida, ni de la cantidad de bienes materiales ni del número de amigos que se tenga en esta tierra. Cristo es la fuente de agua viva, y la felicidad que proviene de él no puede agotarse jamás (Reflejemos a Jesús, p. 255). Paz con Dios (Rom. 5:1). Domingo 17 de enero
El pecado ha destruido nuestra paz. Mientras el yo no sea subyugado, no podemos encontrar descanso. Ningún poder humano puede regir las dominantes pasiones del corazón. En esto somos tan impotentes como lo fueron los discípulos para dominar la rugiente tempestad. Pero aquel que apaciguó las olas de Galilea ha pronunciado las palabras que proporcionan paz a cada alma. No importa cuán fiera sea la tempestad, los que se vuelven a Jesús clamando "Señor, sálvanos", hallarán liberación. La gracia de Jesús, que reconcilia el alma con Dios, aquieta la contienda de la pasión humana y en su amor halla descanso el corazón... "Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo" (Romanos 5:1). "El efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre" (Isaías 32:17).
Todo el que consiente en renunciar al pecado y abre su corazón al amor de Cristo, se hace participante de esta paz celestial. No hay otro fundamento para la paz fuera de éste. La gracia de Cristo, recibida en el corazón, subyuga la enemistad; apacigua la lucha y llena el alma de amor. El que está en paz con Dios y su prójimo no puede ser desdichado. La envidia no estará en su corazón; no encuentran lugar allí las malas conjeturas; no puede existir el odio. El corazón que está en armonía con Dios es participante de la paz del cielo y difundirá por doquiera su bendita influencia. El espíritu de paz actuará como rocío sobre los corazones cansados y turbados con las contiendas mundanales.
Los seguidores de Cristo son enviados al mundo con el mensaje de paz. Quienquiera que, mediante la influencia silenciosa e involuntaria de una vida piadosa, dé a conocer el amor de Cristo; quienquiera que, por medio de sus palabras o de sus obras, lleve a otro a abandonar el pecado y a entregar su corazón a Dios, es un pacificador (En lugares celestiales, p. 35).
En nuestra búsqueda por los dones celestiales, somos dirigidos a un don que incluye todos los demás: Creer en aquel a quien Dios ha enviado para reconciliar al ser humano con él. Los atributos de Cristo deben ser estudiados e imitados para que, completos en él, podamos revelar la belleza de su carácter. Cuando el ser humano, mediante Cristo, se acerca a Dios y renueva su lealtad hacia él, gozará de descanso, paz y seguridad (Review and Herald, agosto 13, 1901).
Encontrar paz: Parte 1 (Mat. 11:28, 29). Lunes 18 de enero
Debemos llevar el yugo de Cristo para que nos coloquemos en completa unión con él. "Llevad mi yugo sobre vosotros", dice él. Obedeced mis requerimientos; pero estos requerimientos quizá sean diametralmente opuestos a la voluntad y propósitos de una persona en particular. ¿Qué se debe hacer entonces? Oíd lo que dice Dios: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame". El yugo y la cruz son símbolos que representan una misma cosa: la entrega de la voluntad a Dios. Cuando el hombre limitado lleva el yugo, se une en compañerismo con el amado Hijo de Dios. Cuando toma la cruz, el egoísmo se elimina del alma, y el hombre queda en condiciones de aprender a llevar las cargas de Cristo. No podemos seguir a Cristo sin llevar su yugo, sin llevar su cruz y seguirlo. Si nuestra voluntad no está de acuerdo con los requerimientos divinos, debemos renunciar a nuestras inclinaciones, abandonar nuestros deseos acariciados y seguir en las pisadas de Cristo...
Los hombres preparan yugos para su propio cuello, yugos que parecen fáciles y agradables de llevar, pero resultan ser extremadamente pesados. Jesús lo ve y dice: "Tomad mi yugo sobre vosotros. El yugo que vosotros colocaréis sobre vuestro cuello, pensando que es muy adecuado, no conviene en lo más mínimo. Colocad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí las lecciones esenciales que debéis aprender; pues soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas. Mi yugo es fácil y ligera mi carga". El Señor nunca se equivoca en el avalúo que hace su heredad. Él mide a los hombres con quienes trabaja. Cuando se sometan a su yugo, cuando renuncien a la lucha que ha sido estéril para ellos y para la causa de Dios, encontrarán paz y descanso. Cuando sientan sus propias debilidades y deficiencias, se deleitarán en cumplir con la voluntad de Dios. Se someterán al yugo de Cristo. Entonces Dios podrá obrar en ellos tanto el querer como el hacer por su buena voluntad, que con frecuencia es diametralmente opuesta a los planes de la mente humana. Cuando la unción celestial nos sobrevenga, aprenderemos la lección de humildad y mansedumbre que siempre proporciona descanso al alma (Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1066).
Nuestra tarea no es llevar nuestra propia carga sino tomar las cargas que Cristo quiere darnos. Al estudiar la Biblia comprenderemos qué tipo de cargas nos ofrece. Nos dice: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas" (S. Mateo 11:28, 29). Es verdad: hay un yugo que llevar; pero mediante la fe aceptaremos la promesa divina de colocar sobre nosotros el yugo de Cristo, el yugo que él quiere que llevemos. A menudo pensamos que nos toca llevar cargas muy pesadas, y en verdad ese es el caso, porque estamos cargando cosas para las cuales el Señor no ha hecho provisión. En cambio, cuando aceptamos su yugo y su carga, podemos testificar que su yugo es fácil y ligera su carga, y que él ha hecho provisión para tales circunstancias.
Si nos sentimos deprimidos y desanimados, no abandonemos la lucha; tenemos un Salvador que nos ayuda y en quien podemos hallar descanso. No intentemos poner sobre nosotros yugos que el Señor no ha diseñado para nosotros; yugos que el mundo y sus modas quieren establecer. En cambio, si buscamos llevar lo que Dios quiere que llevemos, hallaremos descanso para nuestras almas porque Cristo ha dicho: "Mi yugo es fácil, y ligera mi carga". Si el yugo que soportamos está irritando nuestro cuello, podemos saber que no es el yugo de Cristo, porque el suyo es fácil de llevar. Lo que el Señor quiere es que aprendamos cada día cómo formar caracteres para este tiempo y la eternidad (Review and Herald, mayo 10, 1887).
Encontrar paz: Parte 2 (Juan 14:27). Martes 19 de enero
La vida del Salvador en esta tierra, pese a haber sido vivida en medio de conflictos, fue una vida de paz... Ninguna tormenta de la ira satánica pudo alterar la calma de aquella perfecta comunión con Dios. Y nos dice: "Mi paz os doy".
Aquellos que aceptan la palabra de Cristo y confían sus almas a su cuidado, sus vidas a su ordenación, encontrarán paz y quietud. Nada en el mundo podrá ponerlos tristes siendo que Jesús les da gozo con su presencia. En la perfecta conformidad hay perfecto descanso. El Señor dice: "Tu guardarán en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado" (Isaías 26:3).
Es el amor al yo el que destruye la paz. Mientras el yo está vivo, permanecemos continuamente listos para guardarlo de mortificación e insulto. Pero cuando el yo está muerto y nuestra vida está oculta con Cristo en Dios no nos dejaremos afectar por descuidos o menosprecios...
Cuando recibimos a Cristo en el alma como un huésped permanente, la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará nuestros corazones y mentes. No hay otros fundamento de paz sino éste. La gracia de Cristo, recibida dentro del corazón, domina la enemistad, apacigua la contienda y llena el alma con amor (En lugares celestiales, p. 249).
La vida de cada hombre testifica acerca de la verdad de las palabras de la Escritura: "Los impíos son como la mar en tempestad, que no puede estarse quieta... No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos". El pecado ha destruido nuestra paz. Mientras el yo no está subyugado, no podemos hallar descanso. Las pasiones predominantes en el corazón no pueden ser regidas por facultad humana alguna. Somos tan impotentes en esto como los discípulos para calmar la rugiente tempestad. Pero el que calmó las olas de Galilea ha pronunciado la palabra que puede impartir paz a cada alma. Por fiera que sea la tempestad, los que claman a Jesús: "Señor, sálvanos" hallarán liberación. Su gracia, que reconcilia al alma con Dios, calma las contiendas de las pasiones humanas, y en su amor el corazón descansa. "Hace parar la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas. Alégranse luego porque se reposaron; y él los guía al puerto que deseaban".
"Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo". "Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre" (El Deseado de todas las gentes, pp. 303, 304).
Poco antes de su crucifixión, Cristo había dejado a sus discípulos un legado de paz: "La paz os dejo -dijo- mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo". Esta paz no es la paz que proviene de la conformidad con el mundo. La que Cristo dejó a sus discípulos es interior más bien que exterior. Afuera habrá guerras y luchas, oposición de los enemigos declarados y frialdad y suspicacia de los que dicen ser amigos. La paz de Cristo no destierra la división y las luchas sino que permanece en el corazón en medio de los conflictos (Review and Herald, enero 16, 1900).
Paz en el hogar (Heb. 12:14). Miércoles 20 de enero
Dios desea que su pueblo tenga manos limpias y corazones purificados. ¿Será posible que esto los haga infelices? ¿Acarrearía infelicidad a sus familias el hecho de que fueran bondadosos y pacientes, corteses y tolerantes? Lejos de ello. La bondad que manifiesten hacia sus familias se reflejará sobre ellos mismos. Esta es la clase de obra que debería llevarse a cabo en el hogar. Si los miembros de una familia no están preparados para vivir en paz aquí, tampoco están preparados para formar parte de la familia que se reunirá alrededor del gran trono blanco. Invariablemente el pecado produce oscuridad y esclavitud; pero el bien hacer produce paz y santo regocijo (Exaltad a Jesús, p. 135).
Dios quisiera que nuestras familias fuesen símbolos de la familia del cielo. Recuerden esto cada día los padres y los hijos, y relaciónense unos con otros como miembros de la familia de Dios. Entonces su vida será de tal carácter que dará al mundo una lección objetiva de lo que pueden ser las familias que aman a Dios y guardan sus mandamientos. Cristo será glorificado; su paz, su gracia y su amor compenetrarán el círculo familiar como un perfume precioso (El hogar cristiano, p. 13).
Si un hermano nos hiere, no debemos tratar de hacerle lo mismo; y si nosotros lo hemos herido, debemos ir a él y pedirle que nos perdone. Una herida entre hermanos no debe dejarse sin solucionar ni siquiera una noche; por el contrario, debemos decirnos: "Quiero dejar esto solucionado; quiero que haya armonía entre mi alma y la de mi hermano". Al hacerlo así estaremos dando un ejemplo a los demás. Y si un hermano cae en una falta. ¡Cuán ansiosos deberíamos estar de que se vuelva de sus malos caminos y retorne al Señor, quien tendrá misericordia de él y le ofrecerá su perdón abundante! Si vemos que nuestro hermano tropieza, nuestro primer deber será ayudarlo a pararse sobre sus pies para proseguir por el camino de la vida. Si el amor de Jesús está en el alma seremos misericordiosos con todos, porque él también es misericordioso. Pero si juzgamos y condenamos a otros, seremos juzgados por el Juez de toda la tierra.
Dios desea que los padres y las familias se alleguen a los pies de la cruz para que la paz de Jesús habite con cada miembro de la familia. Si le permitimos entrar a Jesús a nuestro hogar, el dirá: "Paz a vosotros"; pero no entrará donde haya riñas, irritabilidad y críticas entre los miembros de la familia. ¿Qué dice la Palabra? "Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor" (Hebreos 12:14).
Y esto es l oque significa seguir la paz con todos: Si alguien nos hiere, mantendremos la paz con él, no levantándonos contra él, porque recordaremos que somos hijos y siervos de Dios no queremos que haya algo que se interponga entre nuestra alma y Dios. ¿Qué es la santidad? Es la voluntad de servir de todo corazón a nuestro Redentor; es ser un representante de Dios en el mundo; es llevar nuestra religión a todas nuestras actividades y negocios y recordar que somos representantes de Cristo. Nuestro Padre celestial nos dará fuerza para huir del mal, para no caer en la tentación y para no llegar a ser cautivos de Satanás; nos ayudará a perfeccionar un carácter cristiano de tal manera que cada acto de nuestra vida sea un sermón. De esta forma, cuando lleguemos para adorar a Dios, nuestra conciencia no nos condenará, porque hemos revelado a Cristo en todos nuestros actos y conversaciones, y hemos hablado palabras de consuelo a las almas cansadas y abatidas (Review and Herald, agosto 14, 1888).
Paz en la iglesia (Mat. 5:23, 24). Jueves 21 de enero
El Salvador estableció los pasos que debemos seguir al tratar con los demás. En el Sermón del Monte declaró: "Si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda" (S. Mateo 5:23, 24). Si hay una diferencia con otro hermano en la iglesia, debemos acercarnos a él y tratar de solucionarla para que continúe la comunión entre nosotros. Es un deber y una obligación que debemos cumplir antes de presentar nuestras ofrendas, para que las mismas sean aceptables ante Dios. Si la falta ha sido nuestra, debemos quitar la piedra de tropieza que hemos colocado delante de sus pies.
El esfuerzo ferviente de remover cualquier mal entendido que exista entre hermanos abrirá nuevamente las puertas para recibir las bendiciones divinas. En cambio sus bendiciones quedarán retenidas si no se manifiesta la voluntad de solucionar los problemas debido a la falta de humildad de un corazón orgulloso. ¡Cuántas pequeñas diferencias podrían ser solucionadas fácilmente! Y hasta que esto ocurra no estaremos preparados para participar de los ritos y las ordenanzas del Señor (Pacific Union Recorder, diciembre 1, 1904).
Las relaciones en la iglesia no son un asunto sin importancia, por el contrario, cada creyente debiera preocuparse de todo corazón por mantener buenas relaciones en la iglesia de Dios. La prosperidad de la misma debiera ser su primer interés. Y si un miembro no siente la sagrada obligación de conectarse con el pueblo de Dios de tal manera que sea una bendición para toda la iglesia, en lugar de buscar solamente sus propios intereses, quizá la iglesia podría estar mejor sin él. Pero nadie necesita quedarse afuera porque sus talentos y medio sean limitados. Todos pueden hacer algo por la causa de Dios; todos pueden ilustrar en sus vidas y caracteres las enseñanzas de Cristo al buscar vivir en paz y en perfecta armonía. Por otra parte, todos pueden sacrificarse un poco para colaborar con las cargas financieras de la iglesia, y no pensar en recibir sus beneficios y privilegios sin hacer nada por ellos. Cuanto más entreguemos de los medios que Dios nos ha confiado, tanto más él colocará en nuestras manos (The Bible Echo, septiembre 1, 1888).
La obra del pueblo de Dios en el mundo consiste en refrenar el mal, en elevar, ennoblecer y purificar a la humanidad. Los principios del amor, de la bondad y la benevolencia deben desarraigar cada fibra de egoísmo que ha impregnado toda la sociedad y corrompido a la iglesia...
Si los hombres y las mujeres quieren abrir sus corazones a la influencia celestial de la verdad y del amor, estos principios fluirán de nuevo, como corrientes en el desierto, refrigerándolo todo, y produciendo frescura donde ahora hay sólo esterilidad y hambre. La influencia de los que siguen el camino del Señor será tan abarcante como la eternidad. Llevarán consigo la alegría de la paz celestial como un poder permanente, refrigerante e iluminador (La maravillosa gracia de Dios, p. 124).
Guía de Estudio de la Biblia: El Fruto del Espíritu / Notas de Elena de White. Periodo: Trimestre Enero-Marzo de 2010
Autor: Richard O'Fill, es escritor (El Cristiano Victorioso, Un Fruto Divino entre otros libros) y orador del ministerio Revival Sermons, ha trabajado para la iglesia en tres continentes, incluyendo siete años en las oficinas centrales de la Asociación General. Reside actualmente en Orlando, Florida, EE.UU. Editor: Clifford Goldstein
Texto Clave: Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús. Filipenses 4:7.
Enseña a tu clase a:
Saber que la paz de Dios protege y mantiene nuestras mentes y corazones. Sentir que abrazas la paz que solo viene de Dios. Hacer una demostración de paz en las relaciones y las situaciones difíciles.
Bosquejo de la Lección
1. Saber: conocer la paz de Dios en Cristo
A. La paz que viene de Dios se encuentra en el compañerismo con Jesús, no al aislarse de Dios. ¿Qué vislumbres te da el tomar el yugo de Dios sobre ti, en tu comprensión de cómo hacemos la paz con Dios? B. Jesús nos invita a aprender de él. ¿Cuál es la relación entre aprender acerca de Jesús y gozar de su paz? C. Decimos: “De tal palo, tal astilla”. ¿De qué modo la paz que está en nosotros crea paz en otros? D. El texto clave nos habla de que la paz de Dios nos guarda. ¿Cómo hemos de entender lo que significa ser guardado por la paz?
2. Sentir: Paz con Dios
A. Jesús nos dio su paz como una herencia aquí y ahora. ¿Cómo hacemos que esta paz sea nuestra en situaciones de conflicto y provocación?
3. Hacer: Hacer las paces
A. Estar en paz tiene muchas dimensiones. ¿Cómo hacemos la paz con Dios? ¿Los unos con los otros? ¿En nuestros propios corazones? B. ¿Por qué es cierto que si no conocemos la paz en nuestras propias vidas, no la podremos transmitir a otros? C. ¿Cómo describirías la ausencia de paz en la vida de una persona?
Resumen: Somos guardados por la paz y la gozamos solamente en comunión con Jesús. La paz debe primero vivir en nuestros corazones antes de que podamos generar paz en nuestras relaciones. CICLO DE APRENDIZAJE
PASO 1: ¡Motiva!
Concepto clave para el crecimiento espiritual: Cuando estamos en paz con Dios –hecho posible por su sacrificio, que produjo la reconciliación con él– estaremos en paz con nosotros mismos y con los que nos rodean.
Solo para los maestros: Enfatiza que, aunque por naturaleza no seamos pacíficos, Dios nos ha dado los medios para llegar a tener mucha paz.
Hace pocos años, uno de los primeros “videos virales”, ahora tan difundidos en Internet, mostraba a dos conductores de automóviles preparándose para pelear por un espacio para estacionar. Después de una serie de maniobras dignas de un espectáculo de demolición de autos, el conductor desanimado y derrotado salió a toda velocidad, haciendo sonar las ruedas. El cuadro final del video mostraba el paragolpes trasero que informaba a todos que “La guerra no es la respuesta”.
Aunque es una evidente exageración, este video revelaba un hecho desagradable. Todos queremos paz, pero somos incapaces de lograrla, aun en nuestras reacciones más básicas en el mundo que nos rodea.
No estamos en paz con nosotros mismos o con los demás, porque no estamos en paz con Dios. Las buenas nuevas (o el evangelio) son que, durante los últimos dos mil años, Dios ha estado en paz con nosotros. Todo lo que necesitamos hacer es reconocerlo. Entonces, podemos ser los pacificadores que Dios quiere que seamos, esparciendo el mensaje de reconciliación por medio de nuestras palabras y nuestros ejemplos.
Analiza con tu clase: ¿Qué significa estar en paz? ¿De qué modo Dios nos da paz? ¿Por qué tenemos que trabajar para ser pacíficos? Analiza si la paz es un resultado natural de estar reconciliado con Dios o una combinación de lo mencionado arriba.
PASO 2: ¡Explora!
Solo para los maestros: Enfatiza que, sea dentro de nosotros mismos o en nuestras relaciones con otros, lo que buscamos se describe como paz. Y, no obstante, la paz puede ser más difícil de lograr que cualquier otra cosa. De acuerdo con la Biblia, ¿cuál es la raíz de nuestro fracaso de estar en paz? Analiza esta idea.
Comentario de la Biblia
I. La paz en el Antiguo Testamento (Repasa con tu clase Isa. 26:2-4: Eze. 37:26; y Deut. 28).
La palabra para paz, en casi todas las ocasiones en que se usa en el Antiguo Testamento, es shalóm. Puede referirse a la paz en la vida personal, en las relaciones dentro de la sociedad, entre los pueblos y naciones, y es la relación ideal con Dios. La paz era considerada necesaria para la salud y la seguridad, tanto personal es como colectivas, y para la prosperidad económica, todo lo cual se veía como los resultados de una relación correcta con Dios.
Un ejemplo de esto puede verse en Deuteronomio 28, donde las bendiciones por la obediencia eran esencialmente bendiciones de paz, mientras que las maldiciones por la desobediencia involucraban guerras; interrupción del orden personal, natural y social; y el caos.
La palabra shalóm, así como las palabras similares en otros idiomas semíticos de la región, también implicaba un estado completo o integral. Esto está vinculado con la salud o, literalmente, con la “cualidad de estar sano”. Paz significaba estar en armonía con uno mismo, con los otros y con el ambiente que lo rodeaba. Por ejemplo, la paz en el sentido literal de ausencia de guerra significaba que uno tenía que estar en armonía con un adversario potencial. La integridad corporal o paz significaba que el cuerpo estaba “entero”, que todas las partes actuaban juntas para garantizar un estado óptimo de salud y de sus funciones.
El hecho conmovedor es que las personas en el Antiguo Testamento idealizaban la paz y la integridad aunque la lograban solo raramente y en forma muy breve. La historia de Adán y Eva en el Génesis puede verse, entre otras cosas, como una explicación de por qué la paz es tan rara y breve. Esto fue, por supuesto, porque el estado original de integridad y unidad que Dios quería que hubiera en su creación fue interrumpido por el primer acto de desobediencia.
Considera: ¿Cuán central es la idea de la paz en las promesas del Antiguo Testamento, y cómo se cumplieron estas promesas en el Nuevo? II. La paz en el Nuevo Testamento (Repasa con tu clase Rom. 5:1-11; 12:18).
La palabra griega para paz que se usa en el Nuevo Testamento (y en el Antiguo Testamento en griego, la Septuaginta) es eiréne. Como es una palabra común en griego, tenía un significado mucho más limitado que la palabra hebrea shalóm, al referirse exclusivamente a la ausencia literal o al cese de la guerra o de las hostilidades. No obstante, en la Septuaginta y en el Nuevo Testamento se usaba de la misma manera que la palabra hebrea.
Como en el Antiguo Testamento, la paz puede verse como el requisito previo de todas las cosas buenas; así, vemos que Jesús siguió la costumbre universal de su tiempo y lugar, al saludar a discípulos, seguidores y otros con deseos de paz (Mar. 5:34; Luc. 7:50; Juan 20:19-21). Muchas epístolas en el Nuevo Testamento también comienzan con deseos de paz para los lectores u oyentes.
El Nuevo Testamento explicita lo que está solo implícito en el Antiguo Testamento. Este claramente reconoce que la presencia de la paz era una señal de la presencia de Dios (Núm. 6:26, por ejemplo). El Nuevo Testamento va más allá y reconoce que la ausencia de paz típica de la experiencia humana es una señal de que la humanidad está literalmente en un estado de hostilidad o guerra con Dios, del cual origina toda otra falta de paz. Al ver que la humanidad no estaba lista para tomar la iniciativa, Dios dio el primer paso al enviar a su Hijo (Rom. 5:1-11). Al hacer la paz con nosotros, Dios nos hace pacíficos y también pacificadores (Rom. 12:18). (Adaptado de “Peace in the OT”, “Peace in the NT”, The Interpreter’s Dictionary of the Bible, t. 3, pp. 704-707.)
Considera: ¿De qué modo el Nuevo Testamento expande y profundiza el ideal de paz como también se halla en el Antiguo Testamento? (Ver Mat. 5:43, 44).
PASO 3: ¡Aplica!
Solo para los maestros: Usa las siguientes preguntas para desafiar a tus alumnos a aferrarse del don espiritual de la paz que Dios nos da y a ser instrumentos para que ese don llegue a otros.
Preguntas para reflexionar:
1. En Juan 14:27 Jesús dice que la paz que él nos deja es diferente de la que el mundo llama paz. ¿De qué manera es diferente? ¿Por qué la paz que da Jesús es más permanente? ¿Por qué la paz dada por Dios es más que la ausencia de conflictos o peleas?
2. ¿Qué significa que Jesús nos llama a ser pacificadores (Mat. 5:9), siendo que la paz permanente casi seguramente nunca se alcanzará de este lado del milenio? ¿Cómo y con quién hemos de hacer paz?
3. ¿Cómo reconciliamos esta misión de ser pacificadores con el hecho de que Jesús (Mat. 10:34) dijo específicamente que no solo él, sino también su mensaje, serán una causa de conflicto, de división y de luchas, sino que esa es su intención (por ejemplo, él dice que no vino “para traer paz, sino espada”)? ¿Qué concepto de paz esperaba Jesús perturbar, y cómo es diferente de la paz que él espera darnos?
Aplicaciones a la vida:
1. Filipenses 4:7 se refiere a la “paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento”, que resulta de nuestra aceptación de Cristo. No obstante, todos conocemos personas que han aceptado a Cristo y dejan de tener la seguridad de su salvación. Probablemente nosotros mismos hemos sentido eso, por lo menos de vez en cuando. ¿Cómo harías para ayudar a tal persona a obtener la seguridad que trae esa paz?
2. Aunque se nos dice que “si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres” (Rom. 12:18), ese es un reflejo de la paz con Dios, dada por él a nosotros. No obstante, claramente, hay situaciones en las cuales no es posible estar en paz, o por lo menos evitar la confrontación con otros. ¿Bajo qué circunstancias debiera el cristiano aceptar la confrontación, y cómo podemos hacerlo mientras nos mantenemos como personas pacíficas?
PASO 4: ¡Crea!
Solo para los maestros: Como otros aspectos de la vida cristiana, el don de la paz es algo que existe dentro de nosotros; no obstante, si existe solo dentro de nosotros, es irrelevante. La siguiente actividad tiene la intención de dar a tus alumnos un medio práctico de esparcir paz y reconciliación a su círculo inmediato de amigos, conocidos, compañeros de trabajo, miembros de su familia, miembros de la iglesia, etc.
1. Alguien dijo una vez: “La paz comienza contigo”, y así es. Tu actitud pacífica no es una garantía de que el ambiente externo que te rodea sea pacífico, pero la falta de esa actitud pacífica virtualmente te garantiza que el ambiente no será pacífico.
2. Pide a tu clase que considere maneras en las que pueden hacer más fácil para sí mismos reclamar la paz que Dios tiene para darnos. Estas maneras pueden incluir técnicas proactivas (comenzar el día de cierto modo, por ejemplo), maneras de tratar a las personas o las situaciones que te empujan en la dirección opuesta a tu naturaleza e inclinaciones, elección de música o de lecturas, etc. Escribe en un pizarrón o una hoja de papel grande las sugerencias que aparezcan. Pide a los miembros de la clase que compartan experiencias que hayan tenido con cualquiera de estos métodos.
Guía de Estudio de la Biblia: El Fruto del Espíritu / Edición para Maestros. Periodo: Trimestre Enero-Marzo de 2010
Autor: Richard O'Fill, es escritor (El Cristiano Victorioso, Un Fruto Divino entre otros libros) y orador del ministerio Revival Sermons, ha trabajado para la iglesia en tres continentes, incluyendo siete años en las oficinas centrales de la Asociación General. Reside actualmente en Orlando, Florida, EE.UU. Editor: Clifford Goldstein
Comentario delPr. Alejandro Bullón Nació en Perú, estudió y se graduó de Teología en el Seminario de la Unión Peruana. Trabajó diez años en su país como consejero de jóvenes, y luego fue invitado a continuar el desarrollo de dicho ministerio en el Brasil. Actualmente es evangelista de la Voz de la Esperanza. Ex secretario de la Asociación Ministerial de la División Sudamericana de los Adventistas del Séptimo Día, y evangelista para toda América del Sur. Ha escrito varios libros, tales como "Conocer a Jesús es todo", "La crisis existencial", "Tú eres mi vida" y "Vuelve a casa hijo".
Guía de Estudio de la Biblia: El Fruto del Espíritu / Edición para Adultos. Periodo: Trimestre Enero-Marzo de 2010
Autor: Richard O'Fill, es escritor (El Cristiano Victorioso, Un Fruto Divino entre otros libros) y orador del ministerio Revival Sermons, ha trabajado para la iglesia en tres continentes, incluyendo siete años en las oficinas centrales de la Asociación General. Reside actualmente en Orlando, Florida, EE.UU. Editor: Clifford Goldstein
Comentario hoy a cargo del Pr. Doug Batchelor,principal orador, Director de"Amazing Facts" ypastor de la Iglesia Central Adventista del Séptimo Día de Sacramento, California.
Guía de Estudio de la Biblia: El Fruto del Espíritu / Edición para Adultos. Periodo: Trimestre Enero-Marzo de 2010. Autor: Richard O'Fill, es escritor (El Cristiano Victorioso, Un Fruto Divino entre otros libros) y orador del ministerio Revival Sermons, ha trabajado para la iglesia en tres continentes, incluyendo siete años en las oficinas centrales de la Asociación General. Reside actualmente en Orlando, Florida, EE.UU. Editor: Clifford Goldstein
Este trimestre enfocaremos nuestra atención en la División del África Centroriental, la cual incluye los países de Burundi, República Democrática del Congo, Djibouti, Eritrea, Etiopía, Kenia, Ruanda, Somalia, Tanzania y Uganda. En esta división hay más de 286 millones de personas, de las cuales más de 2.4 millones son Adventistas del Séptimo Día. Eso da un promedio de un adventista por cada 119 habitantes.
Los desafíos
Burundi y Ruanda son los dos países más pequeños del continente africano. También son los más poblados. Aunque ambos países tienen un alto porcentaje de adventistas, regiones importantes carecen de servicios o aún no fueron alcanzadas por el evangelio.
Burundi tiene un adventista por cada 78 habitantes. Sin embargo, la mayoría de los miembros viven en las áreas rurales, hecho que indica que la capital, Bujumbura, tiene una feligresía reducida.
Bujumbura tiene gente preparada en negocios, educación, y asuntos de gobierno. Este grupo de personas debe tener la oportunidad de escuchar el último mensaje de amonestación de Dios.
Una pequeña clínica ofrece sus servicios a los habitantes de Bujumbura y, en consecuencia, la Iglesia Adventista se ha hecho presente en esta ciudad. Un hospital instalado en el terreno de la iglesia será una agencia ganadora de almas de primer orden al esparcir el evangelio en esta ciudad capital.
Ruanda tiene uno de los porcentajes más elevados de adventistas en el mundo: un adventista porcada 22 habitantes.El país ha sufrido grandemente durante el genocidio de 1994. La Universidad Adventista de África Central (AUCA) perdió su campus al ser destruido por los brotes de violencia.
Como una compensación, el gobierno donó a la iglesia una parcela de tierra en el corazón de la capital, Kigali, para que construyera su nuevo campus. Con sólo algunos salones de clases y las oficinas administrativas, la escuela ha abierto sus puertas a 2.200 alumnos, la mayoría de los cuales no son adventistas. La mayor y más urgente necesidad es un edificio suficientemente grande que sirva como iglesia, capilla y sala de conferencias/auditorio. Este proyecto ya está en marcha. Parte de las ofrendas de este decimotercer sábado ayudarán a terminar este edificio y así poder reunir a los alumnos de AUCA para los servicios religiosos, semanas de oración y otras reuniones importantes así como conferencias, etc.
La iglesia ha sido bendecida con una población infantil muy numerosa. Pero los líderes de los departamentos de niños necesitan entrenamiento adecuado para guiar con eficacia a estos niños hacia la eternidad. Parte de las ofrendas de este decimotercer sábado contribuirán a este propósito y a equipar a los líderes de los niños para el ejercicio de este ministerio.
Mientras estudia la Lección o Guía de Estudio de la Biblia / Escuela Sabática, en Ojo Adventista, lo invitamos -para beneficio de todos- escribir sus comentarios y consideraciones sobre dicho estudio al pie de cada entrada.