sábado, 23 de mayo de 2009

Lección 9: El cielo. Para el 30 de mayo de 2009

Sábado 23 de mayo

Lee Para el Estudio de esta Semana: Eclesiastés 9:5, 6; Colosenses 1:10-14; 1 Tesalonicenses 4:13-18; Apocalipsis 21:1-4, 8.

Para Memorizar: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo” (Juan 14:2, 3).

PARA MUCHOS, LA PALABRA CIELO ha perdido totalmente su significado, un concepto que pertenece al campo de los cuentos de hadas. Dicen ellos: Nos engañamos a nosotros mismos, si pensamos que hay alguna clase de vida más allá de la existencia terrenal. Algunos hasta llegan a decir que es totalmente erróneo decir a la gente que hay un cielo. Alegan que impide que la gente ponga todos sus esfuerzos en lo que podrían lograr aquí y ahora en la vida.

Aun muchos cristianos luchan con este concepto. No están seguros de que el cielo sea un lugar real. ¿No sería mejor que el cielo sea interpretado como un estado de la mente? Por otro lado, hay muchos que creen que en la muerte el alma es liberada y entra en el cielo para vivir con Dios. Están confiados de que su padre, su madre, su esposo, su esposa o su hijo –que los han precedido en la muerte– están ahora con Dios en el cielo y que unos pocos años los separan para reunirse con sus amados.

¿Cuál es la verdad en este tema importante?

Un Vistazo a la Semana: ¿Por qué la promesa del cielo es tan importante para nosotros? ¿Cómo será la vida allá? ¿Cómo podemos experimentar un anticipo de ello ahora? ¿Qué destino espera a aquellos cuyas elecciones los excluyan del cielo?.

¿Cuándo Llegamos al Cielo?
Domingo 24 de mayo

Es sorprendente cómo la idea de un alma inmortal –que puede separarse del cuerpo físico y que asciende al cielo al morir– ha llegado a ser tan dominante entre los cristianos. Satanás hábilmente usó las ideas de los filósofos griegos para repetir la mentira de Satanás en el Edén: “No moriréis” (Gén 3:4).

¿Qué nos enseñan los siguientes pasajes acerca de la verdadera naturaleza de la muerte? 1 Rey. 11:21; Sal. 13:3; Ecl. 9:5, 6; 1 Cor. 15:51.

Cuando morimos, entramos en un estado de inconsciencia que la Biblia compara con el sueño. Sin saber lo que ocurre en el mundo, esperamos la mañana de la resurrección. Solo entonces la gran multitud de los redimidos entrará en el cielo para unirse a los pocos, tales como Enoc y Elías, que los han precedido. Pero no será una espera larga. Luego del momento en que cerramos los ojos en la muerte, lo siguiente que sabremos será que Cristo viene por segunda vez. En otras palabras, en lo que respecta a los que mueren en Cristo, no hará diferencia si murieron hace tres mil años o el día antes del regreso de Cristo. Cierran sus ojos en la muerte, y lo siguiente de lo que son conscientes es que Jesús regresa para llevarlos consigo. Para ellos, les parecerá instantáneo.

¿Cuál es la gloriosa verdad acerca de nuestra entrada futura en el ámbito celestial? Juan 14:1-3; 1 Tes. 4:13-18.

“En el Nuevo Testamento, la esperanza bienaventurada nunca se concentra en la muerte individual, sino siempre en el regreso de Cristo, y en la resurrección y la traslación de los santos para encontrarse juntos con Cristo al mismo tiempo. Es en este futuro, y no en lo que sucede en la muerte, donde los santos pueden encontrar consuelo”.–Norman Gulley, ¡Cristo viene!, p. 315.

¿Por qué la promesa del cielo es tan importante para nosotros? Si no hubiera cielo y esta vida fuera todo lo que existe, ¿qué esperanza habría para todos?

¿Cielo o Infierno?
Lunes 25 de mayo

No todas las personas serán salvadas. Algunos estarán eternamente perdidos. Los seres humanos fueron creados con libre albedrío. Alguien una vez lo dijo de este modo: Hay solo dos clases de personas: los que dicen: “Señor, sea hecha tu voluntad”, y aquellos a quienes el Señor dice: “Tengo que respetar tu elección; ¡sea hecha tu voluntad!” Al fin, ninguno pidió nacer. Estamos aquí solo porque hemos sido creados sin nuestro consentimiento. Dios nos ofrece la esperanza de la vida eterna, si la escogemos. Si no lo hacemos, entonces volveremos a ser nada, que es desde donde salimos. Al fin, es nuestra propia elección.

Toda la humanidad espera uno de los dos destinos finales. ¿Cuáles son? Mat. 25:46; Juan 5:29; Apoc. 21:1-4, 8.

El cielo es una realidad. Es un lugar. Es donde vive Dios junto con los otros miembros de la Deidad y una hueste de ángeles no caídos. También es donde viviremos si permanecemos del lado de Dios. Cuando Cristo regrese y ocurra la primera resurrección, los santos resucitados acompañarán al Señor al cielo, donde permanecerán por mil años (Apoc. 20:4-6). Después de mil años ocurrirá una serie de eventos, que culminarán con la creación de un “cielo nuevo” y una “tierra nueva” (Apoc. 21:1), donde vivirán para siempre los redimidos.

Pero el infierno también será una realidad. La creencia popular en un lugar donde los pecadores serán atormentados y quemarán durante toda la eternidad no tiene apoyo bíblico. Pero tampoco lo tiene la idea popular de que al fin todas las personas serán salvadas. Aquellos que rechazan las buenas nuevas de salvación y rehúsan ser obedientes a Dios serán juzgados y condenados, y afrontarán una muerte de la cual nunca habrá resurrección. Los que creen que toda la gente se salvará alegan que un Dios de amor no permitirá que ninguno se pierda la bienaventuranza eterna. Es cierto que Dios es, realmente, el amor personificado y quiere salvar a todos los hombres y las mujeres. Pero, trágicamente, no todas las personas quieren ser salvas. Cristo no podría haberlo dicho más claramente: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación”, pero añade: que “Los que hicieron lo malo, [saldrán] a resurrección de condenación” (Juan 5:24, 29).

Es nuestra elección. El cielo puede ser nuestro si elegimos creer en Dios y estamos dispuestos a ser discípulos de su Hijo, Jesucristo.

El Reino - Ahora y Entonces.
Martes 26 de mayo

Cuando aceptamos a Jesucristo como nuestro Salvador, entramos en una nueva clase de existencia. Aunque todavía estamos sujetos a los resultados del pecado –envejecimiento, enfermedad y el “sueño” temporario de la muerte–, ya tenemos, en un sentido muy real, la vida eterna. Es importante que nunca perdamos de vista este hecho vital. Hemos nacido de nuevo y tenemos una vida nueva “en Cristo”. Los que han declarado su lealtad a Cristo son “hijos” de Dios (1 Juan 3:2). “Han pasado”, declara Jesús, “de muerte a vida” (Juan 5:24). Han llegado a ser ciudadanos del Reino de Dios al incorporar los valores del Reino en su vida. Ahora tienen un Amo diferente y su foco, en última instancia, ya no son las cosas de este mundo, sino la Ciudad Eterna.

¿De qué modo expresó Jesús la realidad de la ciudadanía del Reino para sus seguidores aun en este mundo? Luc. 17:21; Juan 14:27.
¿Qué confirmación de esta verdad encontramos en las palabras de Pablo? Rom. 14:17; Col. 1:10-14.

Pero no se detiene allí. Lo que experimentamos de la realidad del Reino celestial mientras estamos aquí sobre la tierra es solo un anticipo de la “herencia” que vendrá. Esto nos hace desearla aún más. Cuando Jesús venga en su gloria, “todas las naciones” se reunirán delante de él (Mat. 25:32). “Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” (vers. 34). ¡Ese es el momento que los hijos de Dios han estado esperando, por fin estarán en casa!

“Mejor que toda la amistad del mundo es la amistad de los redimidos de Cristo. Mejor que un título de propiedad para el palacio más noble de la tierra es un título a las mansiones que nuestro Señor ha ido a preparar. Y mejores que todas las palabras de alabanza terrenal serán las palabras del Salvador a sus siervos fieles: ‘Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación el mundo’ (Mat. 25:34)” (PVGM 308).

Repasa los textos para hoy. ¿Cómo has experimentado la realidad de lo que se promete en ellos? ¿Qué elecciones estás haciendo que podrían impedirte gozar de lo que Cristo ofrece ahora mismo?

Más Allá de Nuestras Mayores Expectativas.
Miércoles 27 de mayo

¿Te has preguntado alguna vez cómo será el cielo y la nueva tierra? ¿Nos reconoceremos unos a otros? ¿Tendremos una juventud eterna? ¿Qué haremos allá? ¿Tendremos nuestras propias ocupaciones? ¿O solo cantaremos alabanzas a Dios? ¿Cuánto recordaremos de nuestra existencia sobre la tierra? ¡No somos los primeros en hacernos estas preguntas!

¿Qué quisieron saber los saduceos acerca de la vida en el más allá? Mat. 22:23-28.
¿Qué les contestó Jesús? Mat. 22:29, 30.

La declaración de Jesús que se registra en Mateo 22 fue parte de una discusión con los saduceos. Estos eran un grupo de líderes judíos que negaban la posibilidad de una resurrección corporal. Es claro que no era la intención de Jesús darles una descripción detallada de las condiciones de la vida eterna. El contexto aclara que Jesús quería enfatizar que la muerte había sido conquistada. Él les señaló más allá de la realidad de la muerte y la resurrección. Los que mueren están seguros en la memoria de Dios, y él, por lo tanto, puede todavía llamarse el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. No obstante, las declaraciones de Jesús también indican claramente que, a pesar de toda continuidad, seremos resucitados con la identidad singular que teníamos en esta vida temporaria; pero también habrá mucha discontinuidad.

¿Cuáles son algunas de las cosas que ya no experimentaremos en la tierra hecha nueva? Apoc. 21:1, 4, 22-27; 22:5.

A los que nos gusta tomar vacaciones a orillas del mar podremos estar chasqueados de que el mar “ya no existía más”. Sin embargo, para la gente que oyó estas palabras por primera vez, el mar era una amenaza. Israel nunca fue una nación navegante. Por buenas razones, temían las oscuras profundidades del océano. Y sabemos, por los evangelios, que aun cruzar el mar de Galilea podía ser una experiencia aterradora. Juan el Revelador nos cuenta que, en el nuevo mundo que Dios creará, todo lo que pudiera ser una amenaza para nosotros habrá sido eliminado y todo lo que pudiera representar un peligro para nosotros estará ausente. ¡Estaremos eternamente seguros!

Trata de imaginarte un mundo sin enfermedades, muerte, temor, pérdidas, un mundo en el que solo creceremos en conocimiento y amor. ¿Qué cosas aquí nos dan una sugerencia de cómo será allí? Permite que tu imaginación capte cómo será esa nueva existencia. ¿Qué estás esperando tú en forma especial?

Encontrar Al Señor en el Aire.
Jueves 28 de mayo

Tenemos razones para creer que sobre la Tierra Nueva podremos reconocer a quienes conocimos en esta vida. Nuestros cuerpos resucitados se parecerán a los del Salvador resucitado. Cuando él apareció a sus seguidores después de su resurrección, claramente fue reconocido por lo que habían estado con él antes de su muerte. Qué gozo indecible será estar reunidos con los que perdimos por la muerte. Pero, la experiencia suprema será encontrarnos con el Señor del universo. Nuestros cantos serán una realidad: “Cara a cara allá en el cielo, he de ver a mi Jesús”. Qué privilegio será estar ante el Alfa y la Omega del universo.

¿Qué seguridad tenemos de que nos encontraremos con el Señor de señores? 1 Tes. 4:16, 17; Apoc. 21:22, 23.

No podemos todavía imaginar qué será encontrarnos con nuestro Salvador. ¡Cuántas preguntas desearemos hacer! Las preguntas acerca de por qué, que tan a menudo estuvieron en nuestros labios, finalmente recibirán su respuesta definitiva. Por fin entenderemos por qué Dios permitió ciertas pruebas y tentaciones específicas en nuestra existencia terrenal. Nunca más dudaremos de la sabiduría y la bondad de Dios. Toda desconfianza será disipada al descubrir por qué Dios permitió que ciertas cosas ocurrieran. Y solo entonces nos daremos cuenta plenamente de cómo hemos sido protegidos de toda clase de peligros.

¿Cuál será un aspecto dominante de la vida eterna? Rom. 14:11; 1 Tim. 1:17; Apoc. 5:13.

La vida eterna será cantar alabanzas eternas y adorar al Rey. ¿Por qué? Porque él es digno de nuestra adoración. “El hecho de que el Hacedor de todos los mundos, el Árbitro de todos los destinos, dejara su gloria y se humillase por amor al hombre despertará eternamente la admiración y la adoración del universo. Cuando las naciones de los salvos miren a su Redentor y vean la gloria eterna del Padre brillar en su rostro; cuando contemplen su trono, que es desde la eternidad hasta la eternidad, y sepan que su Reino no tendrá fin, entonces prorrumpirán en un cántico de júbilo: ‘¡Digno, digno es el Cordero que fue inmolado, y nos ha redimido para Dios con su propia preciosísima sangre!’” (CS 709, 710).

¿Cómo será encontrarnos cara a cara con Jesús? ¿Qué piensas que le dirás, y por qué? ¿Qué piensas que él te dirá?

Para Estudiar y Meditar
Viernes 29 de mayo

Elena de White escribió mucho acerca del cielo y de nuestra entrada al Reino celestial. Los capítulos finales de El conflicto de los siglos son una descripción sublime de eso que será nuestro. Pero la compilación La historia de la redención también capta este tema en forma admirable. Considera los cuatro últimos capítulos, pp. 438-453.

“‘Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron’ (Apoc. 21:1). El fuego que consume a los malvados purifica la tierra. Todo rasgo de maldición desaparece. Ningún infierno eterno mostrará a los redimidos las terribles consecuencias del pecado. Solo queda un recuerdo: nuestro Redentor llevará siempre las marcas de su crucifixión. En su frente herida, sus manos y sus pies, se encuentran los únicos vestigios de la cruel obra que el pecado realizó” (HR 450).

Preguntas Para Dialogar:

1. ¿Cómo tratamos el tema de la salvación con aquellos que nunca oyeron el nombre de Jesús? ¿De qué modo el hecho de que Jesús murió por los pecados de toda la humanidad, aun de aquellos que nunca escucharon de él, nos ayuda a confiar en que Dios no se ha olvidado de ellos tampoco?
2. La Biblia describe la muerte como un sueño, un estado de inconsciencia. ¿Cómo podemos explicar las experiencias “cercanas a la muerte”, en las que la gente pretende haber visto seres celestiales en luz incomparable, o a amigos y familiares ya muertos? ¿Cómo podemos ayudar a estas personas a darse cuenta de que lo que experimentaron puede no ser lo que ellos creen que fue? En otras palabras, ¿cómo podemos ayudarlas a darse cuenta de que lo que vieron no pudo ser lo que ellos creen que era, no importa cuán real les pareció a sus sentidos?
3. ¿De qué modo la gente ha abusado de la promesa de vida eterna de maneras que les permitió manipular a otros para su ganancia personal o política? ¿Cuáles son algunas maneras en que podemos ser culpables de hacer lo mismo, aunque sea en escala menos dramática?

Resumen: Somos personas con un destino que se extiende mucho más allá de nuestra breve existencia en este mundo actual. Somos ciudadanos de un reino celestial. Este Reino es tanto presente como futuro. Ya está con nosotros, pero se manifestará plenamente en toda su gloria cuando Cristo regrese para llevarnos a casa. Entonces la vida eterna, en la presencia de Dios, será nuestra.


Guía de Estudio de la Biblia: Caminar la vida cristiana / Edición Adultos.
Periodo: Trimestre Abril-Junio de 2009
Autor: Reinder Bruinsma, nacido en Holanda, ha servido en distintas responsabilidades a lo largo de su larga carrera en la iglesia. Autor de casi veinte libros, algunos de los cuales han sido traducidos a varios idiomas, y era presidente de la Iglesia Adventista del Séptimo Día de Holanda cuando escribió esta Guía de Estudio de La Biblia.
Editor: Clifford Goldstein

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