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viernes, 20 de noviembre de 2009

Lección 8: Sacerdotes y levitas / Comentarios de Alejandro Bullón





Comentario del Pr. Alejandro Bullón
Nació en Perú, estudió y se graduó de Teología en el Seminario de la Unión Peruana. Trabajó diez años en su país como consejero de jóvenes, y luego fue invitado a continuar el desarrollo de dicho ministerio en el Brasil. Actualmente es evangelista de la
Voz de la Esperanza. Ex secretario de la Asociación Ministerial de la División Sudamericana de los Adventistas del Séptimo Día, y evangelista para toda América del Sur. Ha escrito varios libros, tales como "Conocer a Jesús es todo", "La crisis existencial", "Tú eres mi vida" y "Vuelve a casa hijo".

Guía de Estudio de la Biblia: Un pueblo en marcha: El libro de Números / Notas de Elena de White.
Periodo: Trimestre Octubre-Diciembre de 2009
Autor: Frank B. Holbrook. B.D., M.Th. Teólogo adventista ya desaparecido. De 1981 a 1990, fue director asociado del Instituto de Investigación Bíblica de la Conferencia General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Silver Spring, Maryland. También fue Profesor de Religión de la hoy Southern Adventist University.
Editor: Clifford Goldstein

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jueves, 19 de noviembre de 2009

Lección 8: Sacerdotes y levitas / Comentarios de Amazing Facts



Comentario hoy a cargo del Pr. Harold White, pastor asociado de la Iglesia Central Adventista del Séptimo Día de Sacramento, California. En lugar del Pr. Doug Batchelor, principal orador y Director de "Amazing Facts".

Guía de Estudio de la Biblia: Un pueblo en marcha: El libro de Números / Comentarios
Periodo: Trimestre Octubre-Diciembre de 2009
Autor: Frank B. Holbrook. B.D., M.Th. Teólogo adventista ya desaparecido. De 1981 a 1990, fue director asociado del Instituto de Investigación Bíblica de la Conferencia General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Silver Spring, Maryland. También fue Profesor de Religión de la hoy Southern Adventist University.
Editor: Clifford Goldstein

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sábado, 14 de noviembre de 2009

Lección 8: Sacerdotes y levitas / Para el 21 de noviembre de 2009

Sábado 14 de noviembre.

Lee Para el Estudio de esta Semana: Números 9, 18, 19; 1 Pedro 2:9; Apocalipsis 14:6-12.

Para Memorizar: “Y Jehová dijo a Aarón: [...] Yo soy tu parte y tu heredad en medio de los hijos de Israel” (Núm. 18:20).

DESPUÉS DE LA REBELIÓN DE CORÉ y la prueba de las varas, fue necesario enfatizar los papeles específicos de sacerdotes y levitas. Cada uno de ellos tenía funciones asignadas por Dios, y él quería trazar claramente esas funciones. Y, aunque todos estos papeles y funciones hace mucho que llegaron a estar fuera de uso, hay todavía lecciones que podemos obtener de ellos para nosotros hoy.

Nota, por ejemplo, cuán sagradas y solemnes eran estas funciones. De este modo, podríamos aprender para nosotros cómo debemos tomar en serio nuestras responsabilidades sagradas, cualesquiera que sean ellas.

Nota, también, cuán interdependientes entre sí y con la Nación, como un todo, eran esas personas. Ciertamente podemos obtener lecciones de esto hoy para nosotros mismos y para el cuerpo de la iglesia.

Además, presta atención al lugar que tiene la gracia en estos capítulos, especialmente con respecto a los dones dados a estas personas sin ningún mérito de parte de ellas. Se les habían dado cargos solo porque Dios les dio esas posiciones, no por causa de ningún valor que tuvieran ellos en sí mismos o por sí mismos.

¡Qué símbolo magnífico del evangelio!

División de Labores.
Domingo 15 de noviembre

“Ahora, pues, si dieres oído a mi voz, y guardares mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel” (Éxo. 19:5, 6).

¿De qué modo podemos relacionar estas palabras con nosotros mismos, hoy, y como iglesia llamada a dar un mensaje al mundo? ¿Es incondicional este llamado? Ver 1 Ped. 2:9; Apoc. 14:6-12.

En Números 18:1, Dios quería darles a los adoradores la certeza de que ellos no morirían únicamente si se acercaban al Santuario por medio de los sacerdotes especialmente elegidos, que actuarían como mediadores entre ellos y Dios. Los sacerdotes, que eran diferentes del resto de los levitas, eran responsables por ver que ninguna persona no autorizada se acercara al Tabernáculo y, con ello, que lo contaminara. Esto aplacaría los temores de la congregación de que al acercarse al Santuario se arriesgaban a morir.

Lee Números 18:1 al 7. ¿Qué distinciones se hicieron en los papeles dados a estos hombres?

Lo importante de notar aquí es que, aunque toda la Nación debía ser un “reino de sacerdotes”, solo ciertas personas tenían permiso para desempeñar ciertos roles, como se ve en la división hecha entre la familia de Aarón y los levitas. Obviamente, en tiempos del Nuevo Testamento, los papeles hereditarios, tales como se encontraban entre los levitas, claramente se habían abolido; no obstante, encontramos en el Nuevo Testamento roles diferentes en la iglesia (1 Cor. 12:28-31; Efe. 4:11).

¿Cuáles son tus dones, y cómo podrías usarlos mejor para servir a tu iglesia local?

Los Dones del Servicio Divino.
Lunes 16 de noviembre

Cuando leemos las instrucciones de Dios en Números 18:1 al 7, se destacan algunos puntos: Dios es quien asigna a las personas a estos cargos. Tal vez este énfasis se debió a problemas previos, no sólo con Coré y su séquito, sino aun con María y Aarón. No obstante, ahora no habría dudas acerca de por qué estas personas recibieron esos roles. Estaban allí porque Dios los dio, y punto.

Nota, también, la razón por la que Dios quería hacer estas divisiones. Era para que “no venga más la ira sobre los hijos de Israel” (vers. 5). Aquí, otra vez, vemos la misericordia de Dios aun en medio de castigos fuertes. Dios procura salvar a su pueblo, no condenarlo ni destruirlo. Todo el plan de salvación revela el deseo de Dios de redimir a los seres humanos pecadores de la destrucción que, de otro modo, produciría el pecado (Juan 3:16-18).

¿Qué término se usa para describir lo que los levitas eran para el sacerdocio, y lo que el sacerdocio era para la familia de Aarón? ¿Qué lecciones deberíamos obtener de esto?

Cuando piensas en un regalo, te resulta claro que no lo ganaste. Es totalmente gratuito. Este fue un privilegio otorgado a ese pueblo, no porque tuvieran algún mérito sino sencillamente por la gracia y la providencia de Dios. Al fin, Dios necesitaba a alguien que hiciera esta obra, y en su divina sabiduría ellos fueron los elegidos.

Por supuesto, con esta tarea sagrada vinieron responsabilidades sagradas. Los problemas de la vida y la muerte, tanto física como espiritual, estaban involucrados allí, porque el Tabernáculo era la morada de Dios sobre la tierra. El Santuario también era un modelo de lo que Jesús haría aquí sobre la tierra, y de su ministerio en el cielo (Heb. 9). Era como un Calvario en miniatura, que se mostraba en tipos y sombras. El destino de las almas estaba en la balanza. Por eso, Dios asignó gran solemnidad a las funciones dadas a estos hombres.

Piensa acerca de tus talentos naturales. No importa cuánto trabajes para cultivarlos, siguen siendo regalos, algo que Dios te ha dado. ¿Qué estás haciendo con estos dones? ¿Los estás usando para ti mismo o para el bien de otros y el avance de la obra de Dios? ¿Podría ser necesario que hicieras un examen interior serio y algunos cambios?

Sostén del Santuario.
Martes 17 de noviembre

Habiendo distinguido entre los dos grupos de obreros religiosos, Dios luego da instrucciones acerca de su apoyo económico. Aparentemente, sus cargos eran de tiempo completo. Es decir, no estaban para “servir a las mesas” (Hech. 6:2) a fin de sostenerse. El sostén tenía que provenir de otra parte.

Lee Números 18:8 al 20. ¿Qué aspectos te parecen más pertinentes?

Muchos pensamientos interesantes surgen de estos textos. Nota, por ejemplo, cuán estrechamente relacionaba Dios la ofrenda dada a él con lo que se les daba a los sacerdotes. Esto es, aunque las ofrendas y los dones eran hechos a él, él se los daba a los sacerdotes. De este modo, al dar ofrendas a Dios, al mismo tiempo las estaban dando a los sacerdotes. Esto muestra el estrecho vínculo entre Dios y el sacerdocio, que servía como intermediarios entre Dios y el pueblo.

Al mismo tiempo, podemos ver también la humanidad de los sacerdotes. Aunque en esa posición privilegiada, todavía dependían del pueblo al que servían para su sustento. Sin duda, al darle la gente los mejores aceite, vino, granos, etc., el sacerdocio debía recordar constantemente su obligación de servir a esas personas fielmente y no aprovecharse del cargo que se le había dado.

También, redimir a un niño o un animal por medio de dinero era una de las maneras en que Dios enseñó a Israel el concepto de la sustitución. Un día en el futuro, Cristo daría su vida como sustituto por los pecadores (ver 1 Ped. 1:18, 19). La sal que se añadía a todo sacrificio era un símbolo que significaba la permanencia del pacto de Dios con su pueblo (ver Lev. 2:13).

¿Qué clase de responsabilidades sagradas tienes tú? ¿Cuán fiel eres en las tareas que otros te confían? ¿Cómo podrías hacer mejor en el cumplimiento fiel de tus responsabilidades?

El Plan del Diezmo.
Miércoles 18 de noviembre

Aunque la tribu de Leví no tenía tierras, se le dieron 48 ciudades, 13 de las cuales eran para las familias de los sacerdotes (Jos. 21:19, 41). Dios declaró que él era la “parte”, o porción, de ellos (Núm. 18:20).

Además de las porciones de las ofrendas sacrificiales de ellos, ¿qué otro plan diseñó Dios para atender tanto a los sacerdotes como a los levitas? Núm. 18:21-32.

Devolver a Dios un diezmo del ingreso de una persona (Lev. 27:30) era una práctica antigua. Se menciona por primera vez en la Biblia cuando Abraham le dio los diezmos a Melquisedec, el rey-sacerdote de Salem (Gén. 14:18-20; Heb. 7:1, 2). Jacob le prometió a Dios que le daría “el diezmo” de todo lo que ganara en su futuro (Gén. 28:22). Ahora bien, Dios adaptó el uso del diezmo de Israel, dándolo para el sostén de toda la tribu de Leví, incluyendo las familias de los sacerdotes.

Aun los levitas, que eran pagados con el diezmo, también diezmaban, y su diezmo iba a Aarón. Los levitas habían de dar la “mejor parte” de lo que recibían como diezmo. Por eso, no solo ese diezmo estaba destinado al sostén del sacerdocio; también permitía que los levitas se dieran cuenta de su dependencia de Dios y de que todo lo que recibían era de él. Ellos también necesitaban mostrar su gratitud devolviendo el “diezmo del diezmo”. Si la gente siempre necesitaba recordar su dependencia de Dios, ¿cuánto más los levitas?

Lee Números 18:32. ¿Qué aspecto deberíamos notar especialmente con respecto a lo sagrado de su llamamiento?

En este plan divino, todos tenían lugar; cada uno tenía algo que hacer. Los sacerdotes y los levitas tenían sus deberes sagrados que cumplir con respecto al servicio y el ministerio en el Santuario, mientras la gente tenía los suyos con respecto a la devolución de un diezmo fiel. El diezmo era algo pequeño para dar, considerando lo que los levitas y los sacerdotes realizaban en favor de ellos. En un sentido, todos los diferentes grupos dependían de las funciones de cada uno de los demás, y todos dependían de Dios.

La Vaca Roja.
Jueves 19 de noviembre

El sacrificio de una vaca alazana (rojiza) era el rito más extraño del sistema del Santuario (Núm. 19). ¿Qué lecciones podemos obtener de esto?

Esta vaca, o vaquilla, debía ser rojiza, un símbolo de la sangre de Cristo. Tenía que ser sin mancha, y que nunca hubiera sido puesta bajo un yugo, otro símbolo de Cristo: un sacrificio sin mancha, voluntario, para realizar la obra de la expiación.

Esa vaca era degollada fuera del campamento. Cristo sufrió fuera de las puertas de Jerusalén (Heb. 13:12, el Calvario estaba fuera de la ciudad). Esto debía mostrar que Cristo no murió solamente por los hebreos sino por toda la humanidad (Rom. 5:12-20). Él proclama al mundo que vino para ser su Redentor, e invita a todos a aceptar la salvación.

El sacerdote, vestido de ropas blancas, tomaba de la sangre de la víctima, y la salpicaba hacia el Tabernáculo siete veces. De este modo, Cristo, en su propia justicia sin mancha, después de derramar su preciosa sangre, entró en el Santuario celestial para ministrar en favor del pecador. Y allí su sangre actúa en la obra de reconciliar a Dios con la humanidad (ver Heb. 10:21-23).

El cuerpo de la vaca se quemaba hasta ser reducido a cenizas, lo que significaba un sacrificio amplio y total. Una persona no contaminada recogía las cenizas y las guardaba en un lugar limpio, fuera del campamento. Para realizar una ceremonia de purificación, se ponía parte de estas cenizas en un recipiente con agua de un arroyo que corría. Una persona limpia tomaba una vara de cedro con una tela escarlata y un manojo de hisopo, y salpicaba del contenido del recipiente sobre la carpa y la persona. Esta ceremonia se repetía varias veces a fin de ser completa, y se hacía como purificación del pecado.

El agua purificadora, rociada sobre la persona impura, simbolizaba la sangre de Cristo derramada para limpiarnos de las impurezas morales. Las salpicaduras repetidas ilustran la obra completa que debe realizarse en favor del pecador arrepentido. Todo lo que esa persona tenía debía ser consagrado. No solo el alma del pecador debía ser purificada, sino también todos los aspectos de su existencia.

Considera tu vida. ¿Qué cosas todavía necesitan ser sometidas al proceso de purificación? ¿A qué te estás aferrando, y por qué?

Para Estudiar y Meditar.
Viernes 20 de noviembre


“El plan de Dios en el sistema del diezmo es bello en su sencillez y equidad. Todos pueden aceptarlo con fe y valor, porque su origen es divino. En él se combinan la sencillez y la utilidad, y no requiere profundo saber para comprenderlo y ejecutarlo. Todos pueden sentir que les es posible hacer una parte en promover la preciosa obra de salvación. Cada hombre, mujer y joven puede hacerse tesorero del Señor, y puede ser un agente para suplir las demandas hechas a la tesorería [...].

“Este sistema logra grandes objetos. Si todos lo aceptaran, cada uno sería un vigilante y fiel tesorero de Dios; y no habría falta de recursos con que llevar a cabo la gran obra de proclamar el último mensaje de amonestación al mundo” (OE 235).

Preguntas Para Dialogar:

1. ¿Cuáles son algunos de los problemas con respecto al diezmo en la iglesia hoy? ¿Por qué el diezmo es tan importante, no solo para el funcionamiento de la iglesia, sino también para el bienestar espiritual de aquel que diezma?

2. Vuelve a la sección del jueves sobre la vaca rojiza. Medita en lo que nos indica acerca de la muerte y el ministerio de Cristo en nuestro favor. ¿Qué nos sugiere acerca de nuestra necesidad de ser limpiados del pecado? ¿Qué hizo Cristo que nos capacita para obtener victorias sobre el pecado?

3. Piensa en tu hogar. ¿Hay cosas allí que necesitas limpiar, cosas que podrían estar contaminándolo? ¿Libros, DVD, música, revistas, lo que sea? ¿Cuáles son, y por qué deberías eliminarlas?

4. ¿En qué formas puedes ayudar a otros, especialmente a los jóvenes en tu iglesia, a usar para Dios los talentos que Dios les dio? Es decir, ¿cómo podemos ayudar a guiar a las personas que tienen dones en la dirección correcta, a fin de que usen esos dones para el propósito correcto? ¿De qué modo podemos ayudarlas?

Resumen: Por causa de la rebelión y el deseo de Coré de obtener el cargo de sacerdote, Dios instruyó a Moisés (para decirle al pueblo) con respecto a la distinción entre los sacerdotes y los levitas. El sacerdocio era un don de Dios; los levitas eran un don para el sacerdocio. Ambos eran sostenidos por el plan del diezmo. Con las cenizas de la vaquilla roja mezcladas con agua, Dios proveyó un rito especial de purificación, que representaba la gracia de Dios al limpiar a una persona de la mancha del pecado.


Guía de Estudio de la Biblia: Un pueblo en marcha: El libro de Números /
Edición Adultos.

Periodo: Trimestre Octubre-Diciembre de 2009
Autor: Frank B. Holbrook. B.D., M.Th. Teólogo adventista ya desaparecido. De 1981 a 1990, fue director asociado del Instituto de Investigación Bíblica de la Conferencia General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Silver Spring, Maryland. También fue Profesor de Religión de la hoy Southern Adventist University.
Editor: Clifford Goldstein

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Lección 8: Sacerdotes y levitas / Notas de Elena de White

Sábado 14 de noviembre

Cuando Dios libró a Israel desde Egipto para que fuera un tesoro especial para él, le enseñó a dedicar el diezmo de sus posesiones al servicio del Tabernáculo. Esto era una ofrenda especial dedicada a un trabajo especial. Todo lo que quedaba de sus bienes pertenecía a Dios y debía ser usado para su gloria. Pero el diezmo era apartado para el sostenimiento de los que ministraban en el Santuario. Debía darse de las primicias de los productos agrícolas, y juntamente con los donativos y las ofrendas, proveía abundantes recursos para sostener el ministerio del evangelio para ese tiempo.

Dios no requiere menos de nosotros de lo que exigía a su pueblo de la antigüedad. Los dones que nos da no son menores sino mayores que los que ofrecía al Israel antiguo. Su servicio requiere recursos económicos, y siempre los necesitará. La gran obra misionera en favor de la salvación de las almas debe proseguir avanzando. Mediante el diezmo, los donativos y las ofrendas, Dios ha establecido una amplia provisión para su obra. Se propone que el ministerio del evangelio sea plenamente sustentado. Reclama el diezmo como suyo, y éste siempre debería considerarse como una reserva sagrada que debe colocarse en su tesorería para beneficio de su causa, para el adelanto de su obra, para enviar sus mensajeros a "los lugares más allá", hasta los últimos rincones del mundo (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 76).

División de Labores.
Domingo 15 de noviembre

En virtud de las instrucciones divinas, se apartó a la tribu de Leví para el servicio del Santuario. En tiempos anteriores, cada hombre era sacerdote de su propia casa. En los días de Abrahán, por derecho de nacimiento, el sacerdocio recaía en el hijo mayor. Ahora, en vez del primogénito de todo Israel, el Señor aceptó a la tribu de Leví para la obra del Santuario. Mediante este señalado honor, Dios manifestó su aprobación por la fidelidad de los levitas, tanto por haberse adherido a su servicio como por haber ejecutado sus juicios cunado Israel apostató al rendir culto al becerro de oro. El sacerdocio, no obstante, se restringió a la familia de Aarón. Aarón y sus hijos fueron los únicos a quienes se les permitía ministrar ante el Señor; al resto de la tribu se le encargó el cuidado del Tabernáculo y su mobiliario; además debían ayudar a los sacerdotes en su ministerio, pero no podían ofrecer sacrificios, ni quemar incienso, ni mirar los santos objetos hasta que estuviesen cubiertos (Patriarcas y profetas, p. 362).

Cuando el Tabernáculo debía construirse en el desierto, ciertos hombres escogidos fueron especialmente dotados por Dios con habilidad y sabiduría para la construcción del sagrado edificio. Y cuando la construcción fue terminada, otros hombres fueron elegidos para ocuparse de diferentes partes del servicio santo. Moisés, Aarón y sus hijos habrían de ministrar ante el Tabernáculo del testimonio. "Tú y tus hijos, y la casa de tu padre contigo, llevaréis el pecado del Santuario; y tú y tus hijos contigo llevaréis el pecado de vuestro sacerdocio. Y a tus hermanos también, la tribu de Leví, la tribu de tu padre, haz que se acerquen a ti y se junten contigo, y te servirán, y tú y tus hijos contigo serviréis delante del Tabernáculo del testimonio... Porque he aquí, yo he tomado a vuestros hermanos los levitas de entre los hijos de Israel, dados a vosotros en don de Jehová, para que sirvan en el ministerio del Tabernáculo de reunión. Mas tú y tus hijos contigo guardaréis vuestro sacerdocio en todo lo relacionado con el altar, y del velo adentro, y ministraréis. Yo os he dado en don el servicio de vuestro sacerdocio; y el extraño, que se acercare, morirá" (Números 18:1, 2, 6, 7). Tan definido fue el Señor que este sagrado trabajo fuera realizado únicamente por aquellos que él había designado, que si un extraño se acercaba, debía morir. Cada obrero conocía su tarea y debía cumplirla fielmente, no debía entrar en las tareas que otros debían hacer.

A los levitas se les confiaba el cuidado del Tabernáculo y todo lo que se relacionaba con él, tanto en el campamento como cuando se viajaba. Cuando se levantaba el campamento para reanudar la marcha, eran ellos quienes desarmaban la sagrada tienda; y cuando se llegaba adonde se había de hacer alto, ellos debían levantarla. A ninguna persona de otra tribu se le permitía acercarse so pena de muerte. Los levitas estaban repartidos en tres divisiones, descendientes de los tres hijos de Leví, y cada una tenía asignadas su obra y posición especiales. Frente al Tabernáculo, y cercanas a él, estaban las tiendas de Moisés y Aarón. Al sur estaban los coatitas, que tenían la obligación de cuidar del arca y del resto del mobiliario; al norte, estaban los meraritas, quienes tenían a su cargo las columnas, los zócalos, las tablas, etc; atrás estaban los gersonitas a quienes se les había confiado el cuidado de los velos y del cortinado en general (Review and Herald, octubre 5, 1905; parcialmente en, Patriarcas y profetas, p. 392).

Los Dones del Servicio Divino.
Lunes 16 de noviembre

Dios no anula sus leyes. No obra contrariamente a ellas. No deshace la obra del pecado: la transforma. Por medio de su gracia, la maldición se convierte en bendición.
De los hijos de Jacob, Leví fue uno de los más crueles y vengativos, uno de los dos más culpables del asesinato traicionero de los habitantes de Siquem. Las características de Leví, reflejadas en sus descendientes, atrajeron sobre éstos el decreto de Dios: "Las apartaré en Jacob, y los esparciré en Israel". Pero el arrepentimiento dio por resultado la reforma, y mediante su fidelidad a Dios, en medio de la apostasía de las otras tribus, la maldición se transformó en una señal del más alto honor.

"En aquel tiempo apartó Jehová la tribu de Leví para que llevase el arca del pacto de Jehová, para que estuviese delante de Jehová para servirle, y para bendecir en sus nombre, hasta hoy".
"Mi pacto con él fue de vida y de paz, las cuales cosas yo le di para que me temiera; y tuvo temor de mí, y delante de mi nombre estuvo humillado... en paz y en justicia anduvo conmigo, y a muchos hizo apartar de la iniquidad" (Deuteronomio 10:8; Malaquías 2:5, 6) (La educación, p. 148).

Además tanto el primogénito de los hombres como el de las bestias, había de ser del Señor, si bien podía ser redimido mediante un rescate con el cual reconocían que, al perecer los primogénitos de Egipto, los de Israel, que fueron guardados bondadosamente, habrían sufrido la misma suerte de no haber sido por el sacrificio expiatorio. "Mío es todo primogénito -declaró el Señor- desde el día que yo maté todos los primogénitos en la tierra de Egipto, yo santifiqué a mí todos los primogénitos de Israel, así de hombres como de animales: míos serán" (Números 3:13). Después de la institución del culto en el Tabernáculo, el Señor escogió para sí la tribu de Leví, para la obra del Santuario, en vez de los primogénitos de Israel. Dijo: "Me son a mí dados los Levitas de entre los hijos de Israel... helos tomado para mi en lugar de los primogénitos de todos los hijos de Israel" (Números 8:16). Sin embargo, todo el pueblo debía pagar, en reconocimiento de la gracia de Dios, un precio por el rescate del primogénito (Números 18:15, 16) (Patriarcas y profetas, p. 281).

Dios otorga sus dones según le agrada. Concede un don a una persona, y otro don a otra, pero todos son para el beneficio de todo el cuerpo. Está de acuerdo con el designio de Dios que unos sirvan en un ramo de trabajo y otros en otros ramos, sirviendo todos bajo el mismo Espíritu. El reconocimiento de este plan será una salvaguardia contra la emulación, el orgullo, la envidia o el desprecio recíproco. Fortalecerá la unidad y el amor mutuo (Consejos para los maestros, padres y alumnos, p. 298).

Se le han confiado talentos, no para que los malgaste, sino para ponerlos en manos de los cambiadores, de manera que cuando venga el Maestro pueda recibir lo suyo con usura. Dios no ha distribuido estos talentos indiscriminadamente. Ha otorgado estos sagrados cometidos de acuerdo con la capacidad reconocida de sus siervos. "A cada uno su obra" (S. Marcos 13:34). Da a todos imparcialmente, y espera la ganancia correspondiente. Si todos cumplen su deber de acuerdo con la medida de su propia responsabilidad, la cantidad que se les ha confiado, se grande o pequeña, será duplicada. Su fidelidad es sometida a prueba, y ella misma es positiva evidencia de su sabia mayordomía, y del hecho de que era digno de que se le confiaran las verdaderas riquezas, inclusive el don de la vida eterna (Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 226).

En las leyes que dio Dios para el cultivo del suelo, estaba dando al pueblo la oportunidad de vencer su egoísmo y tener inclinación por las cosas celestiales. Canaán sería como el Edén si obedecían la Palabra del Señor. Mediante ellos, el Señor tenía el propósito de enseñar a todas las naciones del mundo cómo cultivar el suelo para que diera frutos sanos y libres de enfermedad. La tierra es la viña del Señor, y ha de ser tratada de acuerdo con su plan. Los que cultivaban el suelo habían de comprender que estaban haciendo el servicio de Dios. Estaban tan ciertamente en su destino y lugar como lo estaban los hombres nombrados para ministrar en el sacerdocio y en la obra relacionada con el Tabernáculo. Dios dijo al pueblo que los levitas eran una dádiva para ellos, y no importa cuál fuera su oficio, habían de ayudar a sostenerlos (Comentario bíblico adventista, t. 1, p. 1126).

Sostén del Santuario.
Martes 17 de noviembre

Aun antes de que se pudiera reservar el diezmo, había que reconocer los derechos de Dios. Se le consagraban los primeros frutos que maduraban entre todos los productos de la tierra. Se apartaban para Dios las primicias de la lana cuando se trasquilaban las ovejas, del trigo cuando se trillaba, del aceite y del vino. De idéntica manera se apartaban los primogénitos de los animales; y se pagaba rescate por el hijo primogénito. Las primicias debían presentarse ante el Señor en el Santuario, y luego se dedicaban al uso de los sacerdotes.

En esta forma se le recordaba constantemente al pueblo que Dios era el verdadero propietario de todos sus campos, rebaños y manadas; que él les enviaba la luz del sol y la lluvia para la siembra y para la siega, y que todo lo que poseían era creación de Aquel que los había hecho administradores de sus bienes (Patriarcas y profetas, pp. 565, 566).

Los levitas, como ministros del Santuario, no recibieron tierras por herencia; moraban juntos en ciudades apartadas para su uso, y su sostén lo constituían las ofrendas y los diezmos dedicados al servicio de Dios. Eran los maestros del pueblo, huéspedes de todas sus fiestas, y honrados por todas partes como siervos y representantes de Dios. Toda la nación recibió el mandato: "Ten cuidado de no desamparar al levita en todos tus días sobre la tierra". "Por lo cual Leví no tuvo parte ni heredad con sus hermanos; Jehová es su heredad, como Jehová tu Dios le dijo" (Deuteronomio 12:19; 10:9) (La educación, pp. 148, 149).

Hemos de alabar a Dios mediante un servicio tangible, haciendo todo lo que podamos para aumentar la gloria de su nombre. Dios nos imparte sus dones para que podamos también dar, y hacer así que el mundo conozca su carácter. En el sistema judío, las ofrendas formaban una parte esencial del culto de Dios. Se enseñaba a los israelitas a destinar una décima parte de todas sus entradas al servicio del Santuario. Además de esto habían de traer ofrendas por el pecado, ofrendas voluntarias, y ofrendas de gratitud. Estos eran los medios para sostener el ministerio del evangelio en aquel tiempo. Dios no espera menos de nosotros de lo que esperaba de su pueblo antiguamente. Debe llevarse adelante la gran obra de la salvación de las almas. Él ha hecho provisión para esa obra por medio del diezmo y las ofrendas. Él espera que así se sostenga el ministerio del evangelio. Reclama el diezmo como suyo, y siempre debería ser considerado como una reserva sagrada, a fin de ser colocado en su tesorería para beneficio de la causa de Dios. Él nos pide también ofrendas voluntarias y ofrendas de gratitud. Todo esto ha de ser dedicado para la propagación del evangelio hasta los confines de la tierra (Palabras de vida del Gran Maestro, pp. 241, 242).

El Plan del Diezmo.
Miércoles 18 de noviembre

Los diezmos y las ofrendas dedicados a Dios son un reconocimiento de su derecho sobre nosotros por la creación, y son también un reconocimiento de su derecho por la redención. Por cuanto todo nuestro poder deriva de Cristo, esas ofrendas han de fluir de nosotros a Dios. Deben recordarnos siempre lo que por la redención Dios tiene derecho a pedirnos, pues ese derecho abarca todo lo demás. La comprensión del sacrificio hecho en nuestro favor se ha de conservar siempre fresca en nuestra mente y debe influir siempre sobre nuestros pensamientos y planes. Cristo debe estar entre nosotros como quien fue en verdad crucificado (Joyas de los testimonios, t. 3, p. 77).

A fin de fomentar las reuniones del pueblo para los servicios religiosos y también para suplir las necesidades de los pobres, se le pedía a Israel que diera un segundo diezmo de todas sus ganancias. Con respecto al primer diezmo de todas sus ganancias. Con respecto al primer diezmo el Señor había dicho. "He aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel" (Números 18:21). Y acerca del segundo diezmo mandó. "Y comerás delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiera para hacer habitar allí su nombre, el diezmo de tu grano, de tu vino, y de tu aceite, y los primerizos de tus manadas, y de tus ganados, para que aprendas a temer a Jehová tu Dios todos los días" (Deuteronomio 14:23).

Durante dos años debían llevar este diezmo o su equivalente en dinero al sitio donde estaba el Santuario. Después de presentar una ofrenda de agradecimiento a Dios y una porción específica para el sacerdote, el ofrendante debía usar el remanente para un festín religioso, en el cual debían participar los levitas, los extranjeros, los huérfanos y las viudas. Se proveía así para las ofrendas de gracias y los festines de las celebraciones anuales, y el pueblo había de frecuentar la compañía de los sacerdotes y levitas, a fin de recibir instrucción y ánimo en el servicio de Dios. Pero cada tercer año este segundo diezmo había de emplearse en casa, para agasajar a los levitas y a los pobres, como dijo Moisés: "Y comerán en tus villas, y se saciarán" (Deuteronomio 26:12). Este diezmo había de proveer un fondo para los fines caritativos y hospitalarios (Patriarcas y profetas, p. 570).

Por orden de Dios, Moisés estableció los límites de la tierra de Canaán y seleccionó un príncipe por cada tribu con el propósito de dividir la tierra que cada una de ellas tendría cuando llegaran a poseerla. Pero la tribu de Leví no estaba incluida en la distribución; habían sido elegidos para un servicio sagrado y no tendrían herencia entre sus hermanos. No obstante, cuarenta y ocho ciudades en diferentes partes del territorio serían su lugar para vivir (Signs of the Times, enero 20, 1881).

La Vaca Roja.
Jueves 19 de noviembre

A los hijos de Israel se les ordenó antiguamente que trajesen una ofrenda para toda la congregación, a fin purificarla de la contaminación ceremonial. Este sacrificio era una vaquillona roja que representaba la ofrenda más perfecta que debía redimirlos de la contaminación del pecado. Era un sacrificio que se ofrecía circunstancialmente para purificar a todos los que habían llegado, por necesidad o accidente, a tocar muertos. A todos los que habían tenido algo que ver con la muerte es consecuencia del pecado, y por lo tanto representa al mismo. La vaquillona, el archa y la serpiente de bronce. cada una de estas cosas señalaba en forma impresionante a la única gran ofrenda: el sacrificio de Cristo.

Esta vaquillona debía ser roja, símbolo de la sangre. Debía estar sin mancha ni defecto y no debía haber llevado nunca el yugo. En esto también prefiguraba a Cristo. El Hijo de Dios vino voluntariamente a realizar la obra de la expiación. No pesó sobre él ningún yugo obligatorio; porque era independiente y superior a toda ley. Los ángeles, como inteligentes mensajeros de Dios, estaban bajo el yugo de la obligación; ningún sacrificio personal de ellos podía expiar la culpabilidad del hombre caído. Únicamente Cristo estaba libre de las exigencias de la ley para emprender la redención de la especie pecaminosa. Tenía poder para deponer su vida y para volverla a tomar. "El cual, siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación ser igual a Dios" (Filipenses 2:6).

Sin embargo, este Ser glorioso amaba al pobre pecador y tomó sobre sí la forma de siervo, a fin de sufrir y morir en lugar del hombre. Jesús podría haber permanecido a la diestra de su Padre, llevando su corona y vestiduras regias. Pero prefirió cambiar todas las riquezas, honores y gloria del cielo por la pobreza de la humanidad; y su alto puesto por los horrores del Getsemaní y la humillación y agonía del Calvario. Se hizo Varón de dolores, experimentado en quebranto, a fin de que por su bautismo de sufrimiento y sangre pudiese purificar y redimir a un mundo culpable. "Heme aquí -fue su gozoso asentimiento- para que haga, oh Dios, tu voluntad" (Hebreos 10:7) (Joyas de los testimonios, t. 1, pp. 483, 484).

Después de rociar con hisopo la tienda, sobre la puerta de aquellos que habían sido purificados se escribía: "No soy mío, Señor; soy tuyo". Así debe ser con los que profesan ser purificados por la sangre de Cristo. Dios no es menos exigente ahora que en tiempos antiguos. En su oración, el salmista se refiere a esta ceremonia simbólica cuando dice: "Purifícame con hisopo, y seré limpio: lávame y seré emblanquecido más que la nieve". "Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; y renueva un espíritu recto dentro de mí". "Vuélveme el gozo de tu salud; y el espíritu libre me sustente" (Salmo 51:7, 10, 12).

La sangre de Cristo es eficaz, pero necesita ser aplicada continuamente. No sólo quiere Dios que su siervos empleen para su gloria los recursos que les ha confiado, sino que desea que se consagren ellos mismos a su causa. Hermanos míos, si os habéis vuelto egoístas y estáis privando al Señor de aquello que debierais dar alegremente para su servicio, entonces necesitáis que se os aplique cabalmente la sangre de la aspersión, para consagraros vosotros y todos vuestros bienes a Dios (Joyas de los testimonios, t. 1, p. 485).

... Si en la antigüedad los que eran impuros debían purificarse con la sangre aspergida, tanto más necesitan los que viven en los peligros de los últimos días y están expuestos a las tentaciones de Satanás que la sangre de Cristo se aplique a sus corazones. "Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más las sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?" (Hebreos 9:13, 14) (Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 124).

Para Estudiar y Meditar.
Viernes 20 de noviembre

"El de Dios en el sistema del diezmo es bello en su sencillez y equidad. Todos pueden aceptarlo con fe y valor, porque su origen es divino. En él se combinan la sencillez y la utilidad, y no requiere profundo saber para comprenderlo y ejecutarlo. Todos pueden sentir que les es posible hacer una parte en promover la preciosa obra de salvación. Cada hombre, mujer y joven puede hacerse tesorero del Señor, y puede ser un agente para suplir las demandas hechas a la tesorería [...].

"Este sistema logra grandes objetos. Si todos lo aceptaran, cada uno sería un vigilante y fiel tesorero de Dios; y no habría falta de recursos con que llevar a cabo la gran obra de proclamar el último mensaje de amonestación al mundo" (OE 235).


Guía de Estudio de la Biblia: Un pueblo en marcha: El libro de Números / Notas de Elena de White.

Periodo: Trimestre Octubre-Diciembre de 2009
Autor: Frank B. Holbrook. B.D., M.Th. Teólogo adventista ya desaparecido. De 1981 a 1990, fue director asociado del Instituto de Investigación Bíblica de la Conferencia General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Silver Spring, Maryland. También fue Profesor de Religión de la hoy Southern Adventist University.
Editor: Clifford Goldstein

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Lección 8: Sacerdotes y levitas / Edición para Maestros

El sábado enseñaré...

Texto Clave: Números 18:20.

"Y Jehová dijo a Aarón: De la tierra de ellos no tendrás heredad, ni entre ellos tendrás parte. Yo soy tu parte y tu heredad en medio de los hijos de Israel".

Enseña a tu clase a:

Saber de qué modo cuidadoso Dios designó el trabajo de los sacerdotes y los levitas, y proveyó su sostén.
Sentir los roles sagrados de nuestros líderes espirituales y nuestra interdependencia mutua.
Hacer nuestra parte con fidelidad para sostener a los obreros que están al servicio de Dios.

Bosquejo de la Lección

1. Saber: El don del trabajo para Dios

A. La obra de los sacerdotes y de los levitas era un don de Dios, sus servicios en el Santuario eran un don a Israel; y los diezmos y las ofrendas de la gente los sostenían. ¿Cómo señalan, estos dones, hacia el ministerio de Cristo y nuestra parte en ese ministerio?
B. ¿De qué modo el diezmo ilustra la gracia?
C. ¿De qué manera el complicado sistema para la purificación de los que eran impuros por causa del contacto con muertos habla de la gracia?

2. Sentir: Respeto por el servicio sagrado

Las claras distinciones de quién era responsable y por qué cosas lo era, y cómo debían ser usadas las ofrendas para el sostén de quienes servían en el Tabernáculo (y más tarde en el templo) estaban diseñadas para salvar a Israel de la muerte por ignorancia. ¿Por qué el cultivar un sentido de respeto por lo sagrado es tan importante? ¿Cómo cultivas el respeto por lo sagrado en tu familia y en la iglesia?

3. Hacer: Sostener a los siervos de Dios

A. ¿Qué revisión deberías hacer de la forma en que das regalos, a la luz de las lecciones sobre el diezmo y las ofrendas en Números?
B. Aunque nosotros no tenemos ceremonias complicadas después de estar en contacto con muertos hoy, ¿qué podemos hacer para acordarnos de las lecciones de las cenizas de la vaquilla rojiza?

Resumen: El sostén del servicio de Dios es un deber sagrado y un honor.

CICLO DE APRENDIZAJE


PASO 1: ¡Motiva!

Concepto clave: El don del liderazgo espiritual se origina en la elección de Dios, y deberíamos sostenerlo como un cometido sagrado.

Solo para los maestros: La iglesia fue organizada por Cristo como el centro de adoración y de evangelización. Los líderes designados deben compartir la visión de Dios con su pueblo. No todos son llamados para el mismo tipo de ministerio, pero todos tienen una función importante en el cuerpo de Cristo.

Cuando se permite que los celos, la negligencia, las críticas o el egoísmo infecten el cuerpo, disminuye la efectividad de la iglesia. Tres factores pueden reducir el peligro de difusión de este mal: Primero, la iglesia necesita tener una comprensión clara de las diversas funciones de los miembros en la iglesia. Las manos no pueden hacer lo que deben hacer los pies, ni puede el corazón sustituir a un pulmón. No obstante, somos una comunidad interdependiente de creyentes, y cuando sufre una función del cuerpo, todo el cuerpo es afectado. Segundo, la iglesia necesita un aprecio profundo por los diversos ministerios y vocaciones espirituales. Cuando se descuidan algunos ministerios, la gente es herida, y la obra de Dios sufre. Tercero, el poder purificador de Cristo es suficiente para purificar nuestros motivos y lavar la envidia, los celos y cualquier otra cosa que, si no se controla, puede causar divisiones dentro de la iglesia.

Actividad: Usando un modelo anatómico del cuerpo humano, o diagramas de la anatomía humana (como las hojas transparentes que se superponen mostrando los diferentes órganos), analiza los diversos sistemas del cuerpo, como el digestivo, el circulatorio, el respiratorio, el reproductivo, el sensorial, el esqueleto, etc., o las partes del cuerpo. ¿Qué hace cada parte para contribuir a la salud del todo? ¿De cuál quisieras desprenderte? ¿Cuán importante es que los sistemas y sus partes trabajen juntos?

PASO 2: ¡Explora!

Comentario de la Biblia

Solo para los maestros: Después de la rebelión de Coré, Dios procuró que todos tuvieran una clara comprensión de las funciones que él había asignado a los diversos grupos dentro de Israel. Aunque, en el sentido más amplio, Israel era una nación de sacerdotes, Dios había reservado ciertas funciones a ciertas personas. Cada miembro de la comunidad era importante, pero no todos fueron llamados a cumplir la misma función. La unidad del cuerpo dependía, en parte, de una clara comprensión del llamado de Dios. También se requería la pureza de motivos, y una conciencia libre de celos y promoción propia.

I. División del trabajo y el don del servicio divino (Repasa, con la clase, Éxo. 19:5, 6; Núm. 18:1-7; Juan 3:16-18; Rom. 12:3-8; 1 Cor. 12:28-31; Efe. 4:11; Heb. 5:4; 9; 1 Ped. 2:9; Apoc. 14:6-12).

Dios había elegido un pueblo para llevar adelante su misión al mundo. En un sentido, la nación de Israel llegó a ser una “nación sacerdotal”, para mediar la gracia de Dios a un mundo caído. Israel era el don espiritual de Dios al mundo. Dentro de ese don, estaban las personas individuales, a quienes Dios había elegido para funciones específicas en la misión de redención.

No todos tenían la misma función. Las funciones de los sacerdotes eran más visibles, y por lo tanto, “más importantes” que las funciones de apoyo realizadas por otros levitas en el sistema del Templo. Esto fue lo que llevó a Coré a la insatisfacción que lo condujo a rebelarse. Después de que Dios sofocó el levantamiento, él reveló una descripción cuidadosa de las responsabilidades y las funciones de los sacerdotes, y de los levitas. En vez de ser una ocasión para la rivalidad, su sagrada vocación había de ser un fundamento para la gratitud. Comprender su parte podría permitir que el trabajo en conjunto fuera armonioso.

En la iglesia de Corinto también había facciones. Algunos se inclinaban por esta personalidad y otros por otras. Había contiendas sobre quién tenía “los mejores” dones espirituales. La evidencia sugiere que algunos codiciaban los dones, las habilidades y las funciones de otros. Quince siglos después del tiempo de Moisés, en un marco cultural diferente (conversos paganos versus judíos), en un contexto espiritual diferente (después de la Cruz versus antes de ella), encontramos al pueblo elegido de Dios disputando sobre quién hace qué cosa, quién recibe los cargos más prominentes y quién llega a ser el líder. ¡Cuán frustrado debe sentirse Dios con su pueblo!

Considera: La Biblia dice que Dios origina los dones y los asigna. ¿Cuál debería ser la actitud del cristiano hacia sus capacidades y sus tareas individuales? ¿Cuán espiritual es el pastor que siempre está preocupado por “ascender” a la iglesia más grande y más rica de otro pastor? ¿Cuán espiritual es el anciano o la diaconisa que siempre está dictando al pastor lo que necesita hacerse, especialmente con la inferencia de que si esa persona tuviera el cargo haría las cosas en forma diferente? ¿Cuánta gratitud demostramos hacia Dios cuando nos rebelamos contra nuestras oportunidades actuales de servir, procurando algún “honor más elevado”? ¿Cómo crees que se siente Dios cuando nuestra rivalidad nos impide alcanzar a los perdidos, o cuando damos prioridad a cosas mundanas por sobre la misión de Dios?

II. El sostén del Santuario y el plan del diezmo (Repasa, con la clase, Gén. 14:20; Lev. 2:13; 27:30; Núm. 18:8-32; Jos. 21:19; Mal. 3:8-12; Mat. 23:23; Hech. 6:2; 1 Cor. 9:6-14; Heb. 7:1, 2; 1 Ped. 1:18, 19; Gén. 28:22).

En los designios de Dios, una tribu se dedicaría al ministerio de tiempo completo del Santuario, el centro de la obra redentora de Dios. Dios no estaba satisfecho con personas de “tiempo parcial”, un grupo que ofreciera a Dios los restos de su tiempo una vez que se hubieran completado las tareas de plantar, cosechar y otras. Esto demandaba un grupo de personas cuya primera obra fuera el Santuario, lo que significaba que las otras once tribus tendrían que proveer el sustento para las necesidades físicas de los levitas. Les proveerían alimento, abrigo y las necesidades temporales básicas. Mientras que las otras tribus eran libres para enriquecerse de acuerdo con sus capacidades, los levitas habían de depender de Dios y de aquellos fieles a él para su sustento. El sistema consistía en: 1) ofrendas y 2) el diezmo. Las ofrendas tenían significado ritual, pero también proveían alimentos para los sacerdotes. El diezmo era una décima parte del incremento de los bienes de una persona.

Considera: Si retengo el sostén del ministerio de Dios, ¿qué indica eso acerca de mi aprecio por el plan redentor de Dios?

III. La vaquilla rojiza (Repasa, con la clase, Núm. 19; Heb. 10:21-23 ; 13:12; Rom. 5:12-20).

Aunque tener un cuadro claro de nuestras funciones y la fidelidad financiera para sostener la obra de Dios es vital, solo el poder purificador de Dios puede limpiar nuestros motivos y calificarnos para el servicio.

Considera: ¿Cómo podía un líder, con tantos dones y siendo que estaba bien sostenido financieramente, estar comprometido con eficiencia sin la limpieza de Dios?

PASO 3: ¡Aplica!

Solo para los maestros: Al plantear las funciones distintivas de los sacerdotes y de los demás levitas, Dios afirmó sus posiciones. El llamado de Dios para cualquier tarea o ministerio es lo que hace que nuestra participación sea legítima. Si Dios está en favor de esto, ¿quién puede estar en contra? La carta a los Hebreos (Heb. 5:4) dice que el sacerdocio no es algo que debemos procurar sino algo que uno recibe de Dios, porque él lo eligió. Así sucede con los dones espirituales enumerados en el Nuevo Testamento. Aunque no es nuestra tarea elegir qué dones debería dar Dios a quién, podemos afirmar los dones que Dios ha dado a nuestros compañeros creyentes. Cuando recibimos afirmación, será menos probable que codiciemos los dones de otros. Cuando damos afirmación, el resultado es el mismo, extrañamente. ¿Por qué codiciaríamos algo de alguien que hemos afirmado en él?

Repasa los dones espirituales en preparación para la actividad que sigue: Rom. 12:6-8; 1 Cor. 12:7-10, 28; Efe. 4:11. Nota la diferencia entre dones espirituales y talentos o capacidades naturales. Los talentos incluyen: música, cocinar, diversas capacidades técnicas, arte, una voz clara, capacidades atléticas, amigabilidad, conocimiento bíblico, etc.

Actividad: Escriban notas de afirmación a compañeros de la clase, diciéndoles qué dones o talentos reconocen ustedes en ellos. Díganles cómo creen que estos talentos podrían usarse o haberse usado en la misión de la iglesia. Esto puede hacerse como una asignación: por ejemplo, pueden pedir a cada alumno que escriba algo de la persona a su izquierda, o enfrente de ella, etc., o el reconocimiento puede ser voluntario.

PASO 4: ¡Crea!

Solo para los maestros: Siendo que amamos y valoramos a nuestros hijos y nuestros nietos, exhibimos ese afecto por medio de las fotos que sacamos, que coleccionamos o que exhibimos. ¿Por qué no deberíamos demostrar, del mismo modo, cuánto valoramos y amamos la misión de la iglesia de Dios?

Actividad: Afirma los dones de tu iglesia al crear un montaje fotográfico de aquellos dones en acción. Escribe una leyenda bajo cada foto, con unas pocas palabras acerca del don que ejemplifican. Esta actividad puede hacerse como proyecto individual, pero será mucho más placentera si se hace como una actividad del grupo. Pídele a tu pastor si puedes poner este montaje en exhibición en la entrada de la iglesia, o en el salón de uso general que haya en la iglesia.


Guía de Estudio de la Biblia: Un pueblo en marcha: El libro de Números / Edición para Maestros.

Periodo: Trimestre Octubre-Diciembre de 2009
Autor: Frank B. Holbrook. B.D., M.Th. Teólogo adventista ya desaparecido. De 1981 a 1990, fue director asociado del Instituto de Investigación Bíblica de la Conferencia General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Silver Spring, Maryland. También fue Profesor de Religión de la hoy Southern Adventist University.
Editor: Clifford Goldstein

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