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viernes, 20 de noviembre de 2009

Lección 8: Sacerdotes y levitas / Comentarios de Alejandro Bullón





Comentario del Pr. Alejandro Bullón
Nació en Perú, estudió y se graduó de Teología en el Seminario de la Unión Peruana. Trabajó diez años en su país como consejero de jóvenes, y luego fue invitado a continuar el desarrollo de dicho ministerio en el Brasil. Actualmente es evangelista de la
Voz de la Esperanza. Ex secretario de la Asociación Ministerial de la División Sudamericana de los Adventistas del Séptimo Día, y evangelista para toda América del Sur. Ha escrito varios libros, tales como "Conocer a Jesús es todo", "La crisis existencial", "Tú eres mi vida" y "Vuelve a casa hijo".

Guía de Estudio de la Biblia: Un pueblo en marcha: El libro de Números / Notas de Elena de White.
Periodo: Trimestre Octubre-Diciembre de 2009
Autor: Frank B. Holbrook. B.D., M.Th. Teólogo adventista ya desaparecido. De 1981 a 1990, fue director asociado del Instituto de Investigación Bíblica de la Conferencia General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Silver Spring, Maryland. También fue Profesor de Religión de la hoy Southern Adventist University.
Editor: Clifford Goldstein

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jueves, 19 de noviembre de 2009

Lección 8: Sacerdotes y levitas / Comentarios de Amazing Facts



Comentario hoy a cargo del Pr. Harold White, pastor asociado de la Iglesia Central Adventista del Séptimo Día de Sacramento, California. En lugar del Pr. Doug Batchelor, principal orador y Director de "Amazing Facts".

Guía de Estudio de la Biblia: Un pueblo en marcha: El libro de Números / Comentarios
Periodo: Trimestre Octubre-Diciembre de 2009
Autor: Frank B. Holbrook. B.D., M.Th. Teólogo adventista ya desaparecido. De 1981 a 1990, fue director asociado del Instituto de Investigación Bíblica de la Conferencia General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Silver Spring, Maryland. También fue Profesor de Religión de la hoy Southern Adventist University.
Editor: Clifford Goldstein

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sábado, 14 de noviembre de 2009

Lección 8: Sacerdotes y levitas / Para el 21 de noviembre de 2009

Sábado 14 de noviembre.

Lee Para el Estudio de esta Semana: Números 9, 18, 19; 1 Pedro 2:9; Apocalipsis 14:6-12.

Para Memorizar: “Y Jehová dijo a Aarón: [...] Yo soy tu parte y tu heredad en medio de los hijos de Israel” (Núm. 18:20).

DESPUÉS DE LA REBELIÓN DE CORÉ y la prueba de las varas, fue necesario enfatizar los papeles específicos de sacerdotes y levitas. Cada uno de ellos tenía funciones asignadas por Dios, y él quería trazar claramente esas funciones. Y, aunque todos estos papeles y funciones hace mucho que llegaron a estar fuera de uso, hay todavía lecciones que podemos obtener de ellos para nosotros hoy.

Nota, por ejemplo, cuán sagradas y solemnes eran estas funciones. De este modo, podríamos aprender para nosotros cómo debemos tomar en serio nuestras responsabilidades sagradas, cualesquiera que sean ellas.

Nota, también, cuán interdependientes entre sí y con la Nación, como un todo, eran esas personas. Ciertamente podemos obtener lecciones de esto hoy para nosotros mismos y para el cuerpo de la iglesia.

Además, presta atención al lugar que tiene la gracia en estos capítulos, especialmente con respecto a los dones dados a estas personas sin ningún mérito de parte de ellas. Se les habían dado cargos solo porque Dios les dio esas posiciones, no por causa de ningún valor que tuvieran ellos en sí mismos o por sí mismos.

¡Qué símbolo magnífico del evangelio!

División de Labores.
Domingo 15 de noviembre

“Ahora, pues, si dieres oído a mi voz, y guardares mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel” (Éxo. 19:5, 6).

¿De qué modo podemos relacionar estas palabras con nosotros mismos, hoy, y como iglesia llamada a dar un mensaje al mundo? ¿Es incondicional este llamado? Ver 1 Ped. 2:9; Apoc. 14:6-12.

En Números 18:1, Dios quería darles a los adoradores la certeza de que ellos no morirían únicamente si se acercaban al Santuario por medio de los sacerdotes especialmente elegidos, que actuarían como mediadores entre ellos y Dios. Los sacerdotes, que eran diferentes del resto de los levitas, eran responsables por ver que ninguna persona no autorizada se acercara al Tabernáculo y, con ello, que lo contaminara. Esto aplacaría los temores de la congregación de que al acercarse al Santuario se arriesgaban a morir.

Lee Números 18:1 al 7. ¿Qué distinciones se hicieron en los papeles dados a estos hombres?

Lo importante de notar aquí es que, aunque toda la Nación debía ser un “reino de sacerdotes”, solo ciertas personas tenían permiso para desempeñar ciertos roles, como se ve en la división hecha entre la familia de Aarón y los levitas. Obviamente, en tiempos del Nuevo Testamento, los papeles hereditarios, tales como se encontraban entre los levitas, claramente se habían abolido; no obstante, encontramos en el Nuevo Testamento roles diferentes en la iglesia (1 Cor. 12:28-31; Efe. 4:11).

¿Cuáles son tus dones, y cómo podrías usarlos mejor para servir a tu iglesia local?

Los Dones del Servicio Divino.
Lunes 16 de noviembre

Cuando leemos las instrucciones de Dios en Números 18:1 al 7, se destacan algunos puntos: Dios es quien asigna a las personas a estos cargos. Tal vez este énfasis se debió a problemas previos, no sólo con Coré y su séquito, sino aun con María y Aarón. No obstante, ahora no habría dudas acerca de por qué estas personas recibieron esos roles. Estaban allí porque Dios los dio, y punto.

Nota, también, la razón por la que Dios quería hacer estas divisiones. Era para que “no venga más la ira sobre los hijos de Israel” (vers. 5). Aquí, otra vez, vemos la misericordia de Dios aun en medio de castigos fuertes. Dios procura salvar a su pueblo, no condenarlo ni destruirlo. Todo el plan de salvación revela el deseo de Dios de redimir a los seres humanos pecadores de la destrucción que, de otro modo, produciría el pecado (Juan 3:16-18).

¿Qué término se usa para describir lo que los levitas eran para el sacerdocio, y lo que el sacerdocio era para la familia de Aarón? ¿Qué lecciones deberíamos obtener de esto?

Cuando piensas en un regalo, te resulta claro que no lo ganaste. Es totalmente gratuito. Este fue un privilegio otorgado a ese pueblo, no porque tuvieran algún mérito sino sencillamente por la gracia y la providencia de Dios. Al fin, Dios necesitaba a alguien que hiciera esta obra, y en su divina sabiduría ellos fueron los elegidos.

Por supuesto, con esta tarea sagrada vinieron responsabilidades sagradas. Los problemas de la vida y la muerte, tanto física como espiritual, estaban involucrados allí, porque el Tabernáculo era la morada de Dios sobre la tierra. El Santuario también era un modelo de lo que Jesús haría aquí sobre la tierra, y de su ministerio en el cielo (Heb. 9). Era como un Calvario en miniatura, que se mostraba en tipos y sombras. El destino de las almas estaba en la balanza. Por eso, Dios asignó gran solemnidad a las funciones dadas a estos hombres.

Piensa acerca de tus talentos naturales. No importa cuánto trabajes para cultivarlos, siguen siendo regalos, algo que Dios te ha dado. ¿Qué estás haciendo con estos dones? ¿Los estás usando para ti mismo o para el bien de otros y el avance de la obra de Dios? ¿Podría ser necesario que hicieras un examen interior serio y algunos cambios?

Sostén del Santuario.
Martes 17 de noviembre

Habiendo distinguido entre los dos grupos de obreros religiosos, Dios luego da instrucciones acerca de su apoyo económico. Aparentemente, sus cargos eran de tiempo completo. Es decir, no estaban para “servir a las mesas” (Hech. 6:2) a fin de sostenerse. El sostén tenía que provenir de otra parte.

Lee Números 18:8 al 20. ¿Qué aspectos te parecen más pertinentes?

Muchos pensamientos interesantes surgen de estos textos. Nota, por ejemplo, cuán estrechamente relacionaba Dios la ofrenda dada a él con lo que se les daba a los sacerdotes. Esto es, aunque las ofrendas y los dones eran hechos a él, él se los daba a los sacerdotes. De este modo, al dar ofrendas a Dios, al mismo tiempo las estaban dando a los sacerdotes. Esto muestra el estrecho vínculo entre Dios y el sacerdocio, que servía como intermediarios entre Dios y el pueblo.

Al mismo tiempo, podemos ver también la humanidad de los sacerdotes. Aunque en esa posición privilegiada, todavía dependían del pueblo al que servían para su sustento. Sin duda, al darle la gente los mejores aceite, vino, granos, etc., el sacerdocio debía recordar constantemente su obligación de servir a esas personas fielmente y no aprovecharse del cargo que se le había dado.

También, redimir a un niño o un animal por medio de dinero era una de las maneras en que Dios enseñó a Israel el concepto de la sustitución. Un día en el futuro, Cristo daría su vida como sustituto por los pecadores (ver 1 Ped. 1:18, 19). La sal que se añadía a todo sacrificio era un símbolo que significaba la permanencia del pacto de Dios con su pueblo (ver Lev. 2:13).

¿Qué clase de responsabilidades sagradas tienes tú? ¿Cuán fiel eres en las tareas que otros te confían? ¿Cómo podrías hacer mejor en el cumplimiento fiel de tus responsabilidades?

El Plan del Diezmo.
Miércoles 18 de noviembre

Aunque la tribu de Leví no tenía tierras, se le dieron 48 ciudades, 13 de las cuales eran para las familias de los sacerdotes (Jos. 21:19, 41). Dios declaró que él era la “parte”, o porción, de ellos (Núm. 18:20).

Además de las porciones de las ofrendas sacrificiales de ellos, ¿qué otro plan diseñó Dios para atender tanto a los sacerdotes como a los levitas? Núm. 18:21-32.

Devolver a Dios un diezmo del ingreso de una persona (Lev. 27:30) era una práctica antigua. Se menciona por primera vez en la Biblia cuando Abraham le dio los diezmos a Melquisedec, el rey-sacerdote de Salem (Gén. 14:18-20; Heb. 7:1, 2). Jacob le prometió a Dios que le daría “el diezmo” de todo lo que ganara en su futuro (Gén. 28:22). Ahora bien, Dios adaptó el uso del diezmo de Israel, dándolo para el sostén de toda la tribu de Leví, incluyendo las familias de los sacerdotes.

Aun los levitas, que eran pagados con el diezmo, también diezmaban, y su diezmo iba a Aarón. Los levitas habían de dar la “mejor parte” de lo que recibían como diezmo. Por eso, no solo ese diezmo estaba destinado al sostén del sacerdocio; también permitía que los levitas se dieran cuenta de su dependencia de Dios y de que todo lo que recibían era de él. Ellos también necesitaban mostrar su gratitud devolviendo el “diezmo del diezmo”. Si la gente siempre necesitaba recordar su dependencia de Dios, ¿cuánto más los levitas?

Lee Números 18:32. ¿Qué aspecto deberíamos notar especialmente con respecto a lo sagrado de su llamamiento?

En este plan divino, todos tenían lugar; cada uno tenía algo que hacer. Los sacerdotes y los levitas tenían sus deberes sagrados que cumplir con respecto al servicio y el ministerio en el Santuario, mientras la gente tenía los suyos con respecto a la devolución de un diezmo fiel. El diezmo era algo pequeño para dar, considerando lo que los levitas y los sacerdotes realizaban en favor de ellos. En un sentido, todos los diferentes grupos dependían de las funciones de cada uno de los demás, y todos dependían de Dios.

La Vaca Roja.
Jueves 19 de noviembre

El sacrificio de una vaca alazana (rojiza) era el rito más extraño del sistema del Santuario (Núm. 19). ¿Qué lecciones podemos obtener de esto?

Esta vaca, o vaquilla, debía ser rojiza, un símbolo de la sangre de Cristo. Tenía que ser sin mancha, y que nunca hubiera sido puesta bajo un yugo, otro símbolo de Cristo: un sacrificio sin mancha, voluntario, para realizar la obra de la expiación.

Esa vaca era degollada fuera del campamento. Cristo sufrió fuera de las puertas de Jerusalén (Heb. 13:12, el Calvario estaba fuera de la ciudad). Esto debía mostrar que Cristo no murió solamente por los hebreos sino por toda la humanidad (Rom. 5:12-20). Él proclama al mundo que vino para ser su Redentor, e invita a todos a aceptar la salvación.

El sacerdote, vestido de ropas blancas, tomaba de la sangre de la víctima, y la salpicaba hacia el Tabernáculo siete veces. De este modo, Cristo, en su propia justicia sin mancha, después de derramar su preciosa sangre, entró en el Santuario celestial para ministrar en favor del pecador. Y allí su sangre actúa en la obra de reconciliar a Dios con la humanidad (ver Heb. 10:21-23).

El cuerpo de la vaca se quemaba hasta ser reducido a cenizas, lo que significaba un sacrificio amplio y total. Una persona no contaminada recogía las cenizas y las guardaba en un lugar limpio, fuera del campamento. Para realizar una ceremonia de purificación, se ponía parte de estas cenizas en un recipiente con agua de un arroyo que corría. Una persona limpia tomaba una vara de cedro con una tela escarlata y un manojo de hisopo, y salpicaba del contenido del recipiente sobre la carpa y la persona. Esta ceremonia se repetía varias veces a fin de ser completa, y se hacía como purificación del pecado.

El agua purificadora, rociada sobre la persona impura, simbolizaba la sangre de Cristo derramada para limpiarnos de las impurezas morales. Las salpicaduras repetidas ilustran la obra completa que debe realizarse en favor del pecador arrepentido. Todo lo que esa persona tenía debía ser consagrado. No solo el alma del pecador debía ser purificada, sino también todos los aspectos de su existencia.

Considera tu vida. ¿Qué cosas todavía necesitan ser sometidas al proceso de purificación? ¿A qué te estás aferrando, y por qué?

Para Estudiar y Meditar.
Viernes 20 de noviembre


“El plan de Dios en el sistema del diezmo es bello en su sencillez y equidad. Todos pueden aceptarlo con fe y valor, porque su origen es divino. En él se combinan la sencillez y la utilidad, y no requiere profundo saber para comprenderlo y ejecutarlo. Todos pueden sentir que les es posible hacer una parte en promover la preciosa obra de salvación. Cada hombre, mujer y joven puede hacerse tesorero del Señor, y puede ser un agente para suplir las demandas hechas a la tesorería [...].

“Este sistema logra grandes objetos. Si todos lo aceptaran, cada uno sería un vigilante y fiel tesorero de Dios; y no habría falta de recursos con que llevar a cabo la gran obra de proclamar el último mensaje de amonestación al mundo” (OE 235).

Preguntas Para Dialogar:

1. ¿Cuáles son algunos de los problemas con respecto al diezmo en la iglesia hoy? ¿Por qué el diezmo es tan importante, no solo para el funcionamiento de la iglesia, sino también para el bienestar espiritual de aquel que diezma?

2. Vuelve a la sección del jueves sobre la vaca rojiza. Medita en lo que nos indica acerca de la muerte y el ministerio de Cristo en nuestro favor. ¿Qué nos sugiere acerca de nuestra necesidad de ser limpiados del pecado? ¿Qué hizo Cristo que nos capacita para obtener victorias sobre el pecado?

3. Piensa en tu hogar. ¿Hay cosas allí que necesitas limpiar, cosas que podrían estar contaminándolo? ¿Libros, DVD, música, revistas, lo que sea? ¿Cuáles son, y por qué deberías eliminarlas?

4. ¿En qué formas puedes ayudar a otros, especialmente a los jóvenes en tu iglesia, a usar para Dios los talentos que Dios les dio? Es decir, ¿cómo podemos ayudar a guiar a las personas que tienen dones en la dirección correcta, a fin de que usen esos dones para el propósito correcto? ¿De qué modo podemos ayudarlas?

Resumen: Por causa de la rebelión y el deseo de Coré de obtener el cargo de sacerdote, Dios instruyó a Moisés (para decirle al pueblo) con respecto a la distinción entre los sacerdotes y los levitas. El sacerdocio era un don de Dios; los levitas eran un don para el sacerdocio. Ambos eran sostenidos por el plan del diezmo. Con las cenizas de la vaquilla roja mezcladas con agua, Dios proveyó un rito especial de purificación, que representaba la gracia de Dios al limpiar a una persona de la mancha del pecado.


Guía de Estudio de la Biblia: Un pueblo en marcha: El libro de Números /
Edición Adultos.

Periodo: Trimestre Octubre-Diciembre de 2009
Autor: Frank B. Holbrook. B.D., M.Th. Teólogo adventista ya desaparecido. De 1981 a 1990, fue director asociado del Instituto de Investigación Bíblica de la Conferencia General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Silver Spring, Maryland. También fue Profesor de Religión de la hoy Southern Adventist University.
Editor: Clifford Goldstein

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Lección 8: Sacerdotes y levitas / Notas de Elena de White

Sábado 14 de noviembre

Cuando Dios libró a Israel desde Egipto para que fuera un tesoro especial para él, le enseñó a dedicar el diezmo de sus posesiones al servicio del Tabernáculo. Esto era una ofrenda especial dedicada a un trabajo especial. Todo lo que quedaba de sus bienes pertenecía a Dios y debía ser usado para su gloria. Pero el diezmo era apartado para el sostenimiento de los que ministraban en el Santuario. Debía darse de las primicias de los productos agrícolas, y juntamente con los donativos y las ofrendas, proveía abundantes recursos para sostener el ministerio del evangelio para ese tiempo.

Dios no requiere menos de nosotros de lo que exigía a su pueblo de la antigüedad. Los dones que nos da no son menores sino mayores que los que ofrecía al Israel antiguo. Su servicio requiere recursos económicos, y siempre los necesitará. La gran obra misionera en favor de la salvación de las almas debe proseguir avanzando. Mediante el diezmo, los donativos y las ofrendas, Dios ha establecido una amplia provisión para su obra. Se propone que el ministerio del evangelio sea plenamente sustentado. Reclama el diezmo como suyo, y éste siempre debería considerarse como una reserva sagrada que debe colocarse en su tesorería para beneficio de su causa, para el adelanto de su obra, para enviar sus mensajeros a "los lugares más allá", hasta los últimos rincones del mundo (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 76).

División de Labores.
Domingo 15 de noviembre

En virtud de las instrucciones divinas, se apartó a la tribu de Leví para el servicio del Santuario. En tiempos anteriores, cada hombre era sacerdote de su propia casa. En los días de Abrahán, por derecho de nacimiento, el sacerdocio recaía en el hijo mayor. Ahora, en vez del primogénito de todo Israel, el Señor aceptó a la tribu de Leví para la obra del Santuario. Mediante este señalado honor, Dios manifestó su aprobación por la fidelidad de los levitas, tanto por haberse adherido a su servicio como por haber ejecutado sus juicios cunado Israel apostató al rendir culto al becerro de oro. El sacerdocio, no obstante, se restringió a la familia de Aarón. Aarón y sus hijos fueron los únicos a quienes se les permitía ministrar ante el Señor; al resto de la tribu se le encargó el cuidado del Tabernáculo y su mobiliario; además debían ayudar a los sacerdotes en su ministerio, pero no podían ofrecer sacrificios, ni quemar incienso, ni mirar los santos objetos hasta que estuviesen cubiertos (Patriarcas y profetas, p. 362).

Cuando el Tabernáculo debía construirse en el desierto, ciertos hombres escogidos fueron especialmente dotados por Dios con habilidad y sabiduría para la construcción del sagrado edificio. Y cuando la construcción fue terminada, otros hombres fueron elegidos para ocuparse de diferentes partes del servicio santo. Moisés, Aarón y sus hijos habrían de ministrar ante el Tabernáculo del testimonio. "Tú y tus hijos, y la casa de tu padre contigo, llevaréis el pecado del Santuario; y tú y tus hijos contigo llevaréis el pecado de vuestro sacerdocio. Y a tus hermanos también, la tribu de Leví, la tribu de tu padre, haz que se acerquen a ti y se junten contigo, y te servirán, y tú y tus hijos contigo serviréis delante del Tabernáculo del testimonio... Porque he aquí, yo he tomado a vuestros hermanos los levitas de entre los hijos de Israel, dados a vosotros en don de Jehová, para que sirvan en el ministerio del Tabernáculo de reunión. Mas tú y tus hijos contigo guardaréis vuestro sacerdocio en todo lo relacionado con el altar, y del velo adentro, y ministraréis. Yo os he dado en don el servicio de vuestro sacerdocio; y el extraño, que se acercare, morirá" (Números 18:1, 2, 6, 7). Tan definido fue el Señor que este sagrado trabajo fuera realizado únicamente por aquellos que él había designado, que si un extraño se acercaba, debía morir. Cada obrero conocía su tarea y debía cumplirla fielmente, no debía entrar en las tareas que otros debían hacer.

A los levitas se les confiaba el cuidado del Tabernáculo y todo lo que se relacionaba con él, tanto en el campamento como cuando se viajaba. Cuando se levantaba el campamento para reanudar la marcha, eran ellos quienes desarmaban la sagrada tienda; y cuando se llegaba adonde se había de hacer alto, ellos debían levantarla. A ninguna persona de otra tribu se le permitía acercarse so pena de muerte. Los levitas estaban repartidos en tres divisiones, descendientes de los tres hijos de Leví, y cada una tenía asignadas su obra y posición especiales. Frente al Tabernáculo, y cercanas a él, estaban las tiendas de Moisés y Aarón. Al sur estaban los coatitas, que tenían la obligación de cuidar del arca y del resto del mobiliario; al norte, estaban los meraritas, quienes tenían a su cargo las columnas, los zócalos, las tablas, etc; atrás estaban los gersonitas a quienes se les había confiado el cuidado de los velos y del cortinado en general (Review and Herald, octubre 5, 1905; parcialmente en, Patriarcas y profetas, p. 392).

Los Dones del Servicio Divino.
Lunes 16 de noviembre

Dios no anula sus leyes. No obra contrariamente a ellas. No deshace la obra del pecado: la transforma. Por medio de su gracia, la maldición se convierte en bendición.
De los hijos de Jacob, Leví fue uno de los más crueles y vengativos, uno de los dos más culpables del asesinato traicionero de los habitantes de Siquem. Las características de Leví, reflejadas en sus descendientes, atrajeron sobre éstos el decreto de Dios: "Las apartaré en Jacob, y los esparciré en Israel". Pero el arrepentimiento dio por resultado la reforma, y mediante su fidelidad a Dios, en medio de la apostasía de las otras tribus, la maldición se transformó en una señal del más alto honor.

"En aquel tiempo apartó Jehová la tribu de Leví para que llevase el arca del pacto de Jehová, para que estuviese delante de Jehová para servirle, y para bendecir en sus nombre, hasta hoy".
"Mi pacto con él fue de vida y de paz, las cuales cosas yo le di para que me temiera; y tuvo temor de mí, y delante de mi nombre estuvo humillado... en paz y en justicia anduvo conmigo, y a muchos hizo apartar de la iniquidad" (Deuteronomio 10:8; Malaquías 2:5, 6) (La educación, p. 148).

Además tanto el primogénito de los hombres como el de las bestias, había de ser del Señor, si bien podía ser redimido mediante un rescate con el cual reconocían que, al perecer los primogénitos de Egipto, los de Israel, que fueron guardados bondadosamente, habrían sufrido la misma suerte de no haber sido por el sacrificio expiatorio. "Mío es todo primogénito -declaró el Señor- desde el día que yo maté todos los primogénitos en la tierra de Egipto, yo santifiqué a mí todos los primogénitos de Israel, así de hombres como de animales: míos serán" (Números 3:13). Después de la institución del culto en el Tabernáculo, el Señor escogió para sí la tribu de Leví, para la obra del Santuario, en vez de los primogénitos de Israel. Dijo: "Me son a mí dados los Levitas de entre los hijos de Israel... helos tomado para mi en lugar de los primogénitos de todos los hijos de Israel" (Números 8:16). Sin embargo, todo el pueblo debía pagar, en reconocimiento de la gracia de Dios, un precio por el rescate del primogénito (Números 18:15, 16) (Patriarcas y profetas, p. 281).

Dios otorga sus dones según le agrada. Concede un don a una persona, y otro don a otra, pero todos son para el beneficio de todo el cuerpo. Está de acuerdo con el designio de Dios que unos sirvan en un ramo de trabajo y otros en otros ramos, sirviendo todos bajo el mismo Espíritu. El reconocimiento de este plan será una salvaguardia contra la emulación, el orgullo, la envidia o el desprecio recíproco. Fortalecerá la unidad y el amor mutuo (Consejos para los maestros, padres y alumnos, p. 298).

Se le han confiado talentos, no para que los malgaste, sino para ponerlos en manos de los cambiadores, de manera que cuando venga el Maestro pueda recibir lo suyo con usura. Dios no ha distribuido estos talentos indiscriminadamente. Ha otorgado estos sagrados cometidos de acuerdo con la capacidad reconocida de sus siervos. "A cada uno su obra" (S. Marcos 13:34). Da a todos imparcialmente, y espera la ganancia correspondiente. Si todos cumplen su deber de acuerdo con la medida de su propia responsabilidad, la cantidad que se les ha confiado, se grande o pequeña, será duplicada. Su fidelidad es sometida a prueba, y ella misma es positiva evidencia de su sabia mayordomía, y del hecho de que era digno de que se le confiaran las verdaderas riquezas, inclusive el don de la vida eterna (Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 226).

En las leyes que dio Dios para el cultivo del suelo, estaba dando al pueblo la oportunidad de vencer su egoísmo y tener inclinación por las cosas celestiales. Canaán sería como el Edén si obedecían la Palabra del Señor. Mediante ellos, el Señor tenía el propósito de enseñar a todas las naciones del mundo cómo cultivar el suelo para que diera frutos sanos y libres de enfermedad. La tierra es la viña del Señor, y ha de ser tratada de acuerdo con su plan. Los que cultivaban el suelo habían de comprender que estaban haciendo el servicio de Dios. Estaban tan ciertamente en su destino y lugar como lo estaban los hombres nombrados para ministrar en el sacerdocio y en la obra relacionada con el Tabernáculo. Dios dijo al pueblo que los levitas eran una dádiva para ellos, y no importa cuál fuera su oficio, habían de ayudar a sostenerlos (Comentario bíblico adventista, t. 1, p. 1126).

Sostén del Santuario.
Martes 17 de noviembre

Aun antes de que se pudiera reservar el diezmo, había que reconocer los derechos de Dios. Se le consagraban los primeros frutos que maduraban entre todos los productos de la tierra. Se apartaban para Dios las primicias de la lana cuando se trasquilaban las ovejas, del trigo cuando se trillaba, del aceite y del vino. De idéntica manera se apartaban los primogénitos de los animales; y se pagaba rescate por el hijo primogénito. Las primicias debían presentarse ante el Señor en el Santuario, y luego se dedicaban al uso de los sacerdotes.

En esta forma se le recordaba constantemente al pueblo que Dios era el verdadero propietario de todos sus campos, rebaños y manadas; que él les enviaba la luz del sol y la lluvia para la siembra y para la siega, y que todo lo que poseían era creación de Aquel que los había hecho administradores de sus bienes (Patriarcas y profetas, pp. 565, 566).

Los levitas, como ministros del Santuario, no recibieron tierras por herencia; moraban juntos en ciudades apartadas para su uso, y su sostén lo constituían las ofrendas y los diezmos dedicados al servicio de Dios. Eran los maestros del pueblo, huéspedes de todas sus fiestas, y honrados por todas partes como siervos y representantes de Dios. Toda la nación recibió el mandato: "Ten cuidado de no desamparar al levita en todos tus días sobre la tierra". "Por lo cual Leví no tuvo parte ni heredad con sus hermanos; Jehová es su heredad, como Jehová tu Dios le dijo" (Deuteronomio 12:19; 10:9) (La educación, pp. 148, 149).

Hemos de alabar a Dios mediante un servicio tangible, haciendo todo lo que podamos para aumentar la gloria de su nombre. Dios nos imparte sus dones para que podamos también dar, y hacer así que el mundo conozca su carácter. En el sistema judío, las ofrendas formaban una parte esencial del culto de Dios. Se enseñaba a los israelitas a destinar una décima parte de todas sus entradas al servicio del Santuario. Además de esto habían de traer ofrendas por el pecado, ofrendas voluntarias, y ofrendas de gratitud. Estos eran los medios para sostener el ministerio del evangelio en aquel tiempo. Dios no espera menos de nosotros de lo que esperaba de su pueblo antiguamente. Debe llevarse adelante la gran obra de la salvación de las almas. Él ha hecho provisión para esa obra por medio del diezmo y las ofrendas. Él espera que así se sostenga el ministerio del evangelio. Reclama el diezmo como suyo, y siempre debería ser considerado como una reserva sagrada, a fin de ser colocado en su tesorería para beneficio de la causa de Dios. Él nos pide también ofrendas voluntarias y ofrendas de gratitud. Todo esto ha de ser dedicado para la propagación del evangelio hasta los confines de la tierra (Palabras de vida del Gran Maestro, pp. 241, 242).

El Plan del Diezmo.
Miércoles 18 de noviembre

Los diezmos y las ofrendas dedicados a Dios son un reconocimiento de su derecho sobre nosotros por la creación, y son también un reconocimiento de su derecho por la redención. Por cuanto todo nuestro poder deriva de Cristo, esas ofrendas han de fluir de nosotros a Dios. Deben recordarnos siempre lo que por la redención Dios tiene derecho a pedirnos, pues ese derecho abarca todo lo demás. La comprensión del sacrificio hecho en nuestro favor se ha de conservar siempre fresca en nuestra mente y debe influir siempre sobre nuestros pensamientos y planes. Cristo debe estar entre nosotros como quien fue en verdad crucificado (Joyas de los testimonios, t. 3, p. 77).

A fin de fomentar las reuniones del pueblo para los servicios religiosos y también para suplir las necesidades de los pobres, se le pedía a Israel que diera un segundo diezmo de todas sus ganancias. Con respecto al primer diezmo de todas sus ganancias. Con respecto al primer diezmo el Señor había dicho. "He aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel" (Números 18:21). Y acerca del segundo diezmo mandó. "Y comerás delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiera para hacer habitar allí su nombre, el diezmo de tu grano, de tu vino, y de tu aceite, y los primerizos de tus manadas, y de tus ganados, para que aprendas a temer a Jehová tu Dios todos los días" (Deuteronomio 14:23).

Durante dos años debían llevar este diezmo o su equivalente en dinero al sitio donde estaba el Santuario. Después de presentar una ofrenda de agradecimiento a Dios y una porción específica para el sacerdote, el ofrendante debía usar el remanente para un festín religioso, en el cual debían participar los levitas, los extranjeros, los huérfanos y las viudas. Se proveía así para las ofrendas de gracias y los festines de las celebraciones anuales, y el pueblo había de frecuentar la compañía de los sacerdotes y levitas, a fin de recibir instrucción y ánimo en el servicio de Dios. Pero cada tercer año este segundo diezmo había de emplearse en casa, para agasajar a los levitas y a los pobres, como dijo Moisés: "Y comerán en tus villas, y se saciarán" (Deuteronomio 26:12). Este diezmo había de proveer un fondo para los fines caritativos y hospitalarios (Patriarcas y profetas, p. 570).

Por orden de Dios, Moisés estableció los límites de la tierra de Canaán y seleccionó un príncipe por cada tribu con el propósito de dividir la tierra que cada una de ellas tendría cuando llegaran a poseerla. Pero la tribu de Leví no estaba incluida en la distribución; habían sido elegidos para un servicio sagrado y no tendrían herencia entre sus hermanos. No obstante, cuarenta y ocho ciudades en diferentes partes del territorio serían su lugar para vivir (Signs of the Times, enero 20, 1881).

La Vaca Roja.
Jueves 19 de noviembre

A los hijos de Israel se les ordenó antiguamente que trajesen una ofrenda para toda la congregación, a fin purificarla de la contaminación ceremonial. Este sacrificio era una vaquillona roja que representaba la ofrenda más perfecta que debía redimirlos de la contaminación del pecado. Era un sacrificio que se ofrecía circunstancialmente para purificar a todos los que habían llegado, por necesidad o accidente, a tocar muertos. A todos los que habían tenido algo que ver con la muerte es consecuencia del pecado, y por lo tanto representa al mismo. La vaquillona, el archa y la serpiente de bronce. cada una de estas cosas señalaba en forma impresionante a la única gran ofrenda: el sacrificio de Cristo.

Esta vaquillona debía ser roja, símbolo de la sangre. Debía estar sin mancha ni defecto y no debía haber llevado nunca el yugo. En esto también prefiguraba a Cristo. El Hijo de Dios vino voluntariamente a realizar la obra de la expiación. No pesó sobre él ningún yugo obligatorio; porque era independiente y superior a toda ley. Los ángeles, como inteligentes mensajeros de Dios, estaban bajo el yugo de la obligación; ningún sacrificio personal de ellos podía expiar la culpabilidad del hombre caído. Únicamente Cristo estaba libre de las exigencias de la ley para emprender la redención de la especie pecaminosa. Tenía poder para deponer su vida y para volverla a tomar. "El cual, siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación ser igual a Dios" (Filipenses 2:6).

Sin embargo, este Ser glorioso amaba al pobre pecador y tomó sobre sí la forma de siervo, a fin de sufrir y morir en lugar del hombre. Jesús podría haber permanecido a la diestra de su Padre, llevando su corona y vestiduras regias. Pero prefirió cambiar todas las riquezas, honores y gloria del cielo por la pobreza de la humanidad; y su alto puesto por los horrores del Getsemaní y la humillación y agonía del Calvario. Se hizo Varón de dolores, experimentado en quebranto, a fin de que por su bautismo de sufrimiento y sangre pudiese purificar y redimir a un mundo culpable. "Heme aquí -fue su gozoso asentimiento- para que haga, oh Dios, tu voluntad" (Hebreos 10:7) (Joyas de los testimonios, t. 1, pp. 483, 484).

Después de rociar con hisopo la tienda, sobre la puerta de aquellos que habían sido purificados se escribía: "No soy mío, Señor; soy tuyo". Así debe ser con los que profesan ser purificados por la sangre de Cristo. Dios no es menos exigente ahora que en tiempos antiguos. En su oración, el salmista se refiere a esta ceremonia simbólica cuando dice: "Purifícame con hisopo, y seré limpio: lávame y seré emblanquecido más que la nieve". "Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; y renueva un espíritu recto dentro de mí". "Vuélveme el gozo de tu salud; y el espíritu libre me sustente" (Salmo 51:7, 10, 12).

La sangre de Cristo es eficaz, pero necesita ser aplicada continuamente. No sólo quiere Dios que su siervos empleen para su gloria los recursos que les ha confiado, sino que desea que se consagren ellos mismos a su causa. Hermanos míos, si os habéis vuelto egoístas y estáis privando al Señor de aquello que debierais dar alegremente para su servicio, entonces necesitáis que se os aplique cabalmente la sangre de la aspersión, para consagraros vosotros y todos vuestros bienes a Dios (Joyas de los testimonios, t. 1, p. 485).

... Si en la antigüedad los que eran impuros debían purificarse con la sangre aspergida, tanto más necesitan los que viven en los peligros de los últimos días y están expuestos a las tentaciones de Satanás que la sangre de Cristo se aplique a sus corazones. "Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más las sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?" (Hebreos 9:13, 14) (Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 124).

Para Estudiar y Meditar.
Viernes 20 de noviembre

"El de Dios en el sistema del diezmo es bello en su sencillez y equidad. Todos pueden aceptarlo con fe y valor, porque su origen es divino. En él se combinan la sencillez y la utilidad, y no requiere profundo saber para comprenderlo y ejecutarlo. Todos pueden sentir que les es posible hacer una parte en promover la preciosa obra de salvación. Cada hombre, mujer y joven puede hacerse tesorero del Señor, y puede ser un agente para suplir las demandas hechas a la tesorería [...].

"Este sistema logra grandes objetos. Si todos lo aceptaran, cada uno sería un vigilante y fiel tesorero de Dios; y no habría falta de recursos con que llevar a cabo la gran obra de proclamar el último mensaje de amonestación al mundo" (OE 235).


Guía de Estudio de la Biblia: Un pueblo en marcha: El libro de Números / Notas de Elena de White.

Periodo: Trimestre Octubre-Diciembre de 2009
Autor: Frank B. Holbrook. B.D., M.Th. Teólogo adventista ya desaparecido. De 1981 a 1990, fue director asociado del Instituto de Investigación Bíblica de la Conferencia General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Silver Spring, Maryland. También fue Profesor de Religión de la hoy Southern Adventist University.
Editor: Clifford Goldstein

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Lección 8: Sacerdotes y levitas / Edición para Maestros

El sábado enseñaré...

Texto Clave: Números 18:20.

"Y Jehová dijo a Aarón: De la tierra de ellos no tendrás heredad, ni entre ellos tendrás parte. Yo soy tu parte y tu heredad en medio de los hijos de Israel".

Enseña a tu clase a:

Saber de qué modo cuidadoso Dios designó el trabajo de los sacerdotes y los levitas, y proveyó su sostén.
Sentir los roles sagrados de nuestros líderes espirituales y nuestra interdependencia mutua.
Hacer nuestra parte con fidelidad para sostener a los obreros que están al servicio de Dios.

Bosquejo de la Lección

1. Saber: El don del trabajo para Dios

A. La obra de los sacerdotes y de los levitas era un don de Dios, sus servicios en el Santuario eran un don a Israel; y los diezmos y las ofrendas de la gente los sostenían. ¿Cómo señalan, estos dones, hacia el ministerio de Cristo y nuestra parte en ese ministerio?
B. ¿De qué modo el diezmo ilustra la gracia?
C. ¿De qué manera el complicado sistema para la purificación de los que eran impuros por causa del contacto con muertos habla de la gracia?

2. Sentir: Respeto por el servicio sagrado

Las claras distinciones de quién era responsable y por qué cosas lo era, y cómo debían ser usadas las ofrendas para el sostén de quienes servían en el Tabernáculo (y más tarde en el templo) estaban diseñadas para salvar a Israel de la muerte por ignorancia. ¿Por qué el cultivar un sentido de respeto por lo sagrado es tan importante? ¿Cómo cultivas el respeto por lo sagrado en tu familia y en la iglesia?

3. Hacer: Sostener a los siervos de Dios

A. ¿Qué revisión deberías hacer de la forma en que das regalos, a la luz de las lecciones sobre el diezmo y las ofrendas en Números?
B. Aunque nosotros no tenemos ceremonias complicadas después de estar en contacto con muertos hoy, ¿qué podemos hacer para acordarnos de las lecciones de las cenizas de la vaquilla rojiza?

Resumen: El sostén del servicio de Dios es un deber sagrado y un honor.

CICLO DE APRENDIZAJE


PASO 1: ¡Motiva!

Concepto clave: El don del liderazgo espiritual se origina en la elección de Dios, y deberíamos sostenerlo como un cometido sagrado.

Solo para los maestros: La iglesia fue organizada por Cristo como el centro de adoración y de evangelización. Los líderes designados deben compartir la visión de Dios con su pueblo. No todos son llamados para el mismo tipo de ministerio, pero todos tienen una función importante en el cuerpo de Cristo.

Cuando se permite que los celos, la negligencia, las críticas o el egoísmo infecten el cuerpo, disminuye la efectividad de la iglesia. Tres factores pueden reducir el peligro de difusión de este mal: Primero, la iglesia necesita tener una comprensión clara de las diversas funciones de los miembros en la iglesia. Las manos no pueden hacer lo que deben hacer los pies, ni puede el corazón sustituir a un pulmón. No obstante, somos una comunidad interdependiente de creyentes, y cuando sufre una función del cuerpo, todo el cuerpo es afectado. Segundo, la iglesia necesita un aprecio profundo por los diversos ministerios y vocaciones espirituales. Cuando se descuidan algunos ministerios, la gente es herida, y la obra de Dios sufre. Tercero, el poder purificador de Cristo es suficiente para purificar nuestros motivos y lavar la envidia, los celos y cualquier otra cosa que, si no se controla, puede causar divisiones dentro de la iglesia.

Actividad: Usando un modelo anatómico del cuerpo humano, o diagramas de la anatomía humana (como las hojas transparentes que se superponen mostrando los diferentes órganos), analiza los diversos sistemas del cuerpo, como el digestivo, el circulatorio, el respiratorio, el reproductivo, el sensorial, el esqueleto, etc., o las partes del cuerpo. ¿Qué hace cada parte para contribuir a la salud del todo? ¿De cuál quisieras desprenderte? ¿Cuán importante es que los sistemas y sus partes trabajen juntos?

PASO 2: ¡Explora!

Comentario de la Biblia

Solo para los maestros: Después de la rebelión de Coré, Dios procuró que todos tuvieran una clara comprensión de las funciones que él había asignado a los diversos grupos dentro de Israel. Aunque, en el sentido más amplio, Israel era una nación de sacerdotes, Dios había reservado ciertas funciones a ciertas personas. Cada miembro de la comunidad era importante, pero no todos fueron llamados a cumplir la misma función. La unidad del cuerpo dependía, en parte, de una clara comprensión del llamado de Dios. También se requería la pureza de motivos, y una conciencia libre de celos y promoción propia.

I. División del trabajo y el don del servicio divino (Repasa, con la clase, Éxo. 19:5, 6; Núm. 18:1-7; Juan 3:16-18; Rom. 12:3-8; 1 Cor. 12:28-31; Efe. 4:11; Heb. 5:4; 9; 1 Ped. 2:9; Apoc. 14:6-12).

Dios había elegido un pueblo para llevar adelante su misión al mundo. En un sentido, la nación de Israel llegó a ser una “nación sacerdotal”, para mediar la gracia de Dios a un mundo caído. Israel era el don espiritual de Dios al mundo. Dentro de ese don, estaban las personas individuales, a quienes Dios había elegido para funciones específicas en la misión de redención.

No todos tenían la misma función. Las funciones de los sacerdotes eran más visibles, y por lo tanto, “más importantes” que las funciones de apoyo realizadas por otros levitas en el sistema del Templo. Esto fue lo que llevó a Coré a la insatisfacción que lo condujo a rebelarse. Después de que Dios sofocó el levantamiento, él reveló una descripción cuidadosa de las responsabilidades y las funciones de los sacerdotes, y de los levitas. En vez de ser una ocasión para la rivalidad, su sagrada vocación había de ser un fundamento para la gratitud. Comprender su parte podría permitir que el trabajo en conjunto fuera armonioso.

En la iglesia de Corinto también había facciones. Algunos se inclinaban por esta personalidad y otros por otras. Había contiendas sobre quién tenía “los mejores” dones espirituales. La evidencia sugiere que algunos codiciaban los dones, las habilidades y las funciones de otros. Quince siglos después del tiempo de Moisés, en un marco cultural diferente (conversos paganos versus judíos), en un contexto espiritual diferente (después de la Cruz versus antes de ella), encontramos al pueblo elegido de Dios disputando sobre quién hace qué cosa, quién recibe los cargos más prominentes y quién llega a ser el líder. ¡Cuán frustrado debe sentirse Dios con su pueblo!

Considera: La Biblia dice que Dios origina los dones y los asigna. ¿Cuál debería ser la actitud del cristiano hacia sus capacidades y sus tareas individuales? ¿Cuán espiritual es el pastor que siempre está preocupado por “ascender” a la iglesia más grande y más rica de otro pastor? ¿Cuán espiritual es el anciano o la diaconisa que siempre está dictando al pastor lo que necesita hacerse, especialmente con la inferencia de que si esa persona tuviera el cargo haría las cosas en forma diferente? ¿Cuánta gratitud demostramos hacia Dios cuando nos rebelamos contra nuestras oportunidades actuales de servir, procurando algún “honor más elevado”? ¿Cómo crees que se siente Dios cuando nuestra rivalidad nos impide alcanzar a los perdidos, o cuando damos prioridad a cosas mundanas por sobre la misión de Dios?

II. El sostén del Santuario y el plan del diezmo (Repasa, con la clase, Gén. 14:20; Lev. 2:13; 27:30; Núm. 18:8-32; Jos. 21:19; Mal. 3:8-12; Mat. 23:23; Hech. 6:2; 1 Cor. 9:6-14; Heb. 7:1, 2; 1 Ped. 1:18, 19; Gén. 28:22).

En los designios de Dios, una tribu se dedicaría al ministerio de tiempo completo del Santuario, el centro de la obra redentora de Dios. Dios no estaba satisfecho con personas de “tiempo parcial”, un grupo que ofreciera a Dios los restos de su tiempo una vez que se hubieran completado las tareas de plantar, cosechar y otras. Esto demandaba un grupo de personas cuya primera obra fuera el Santuario, lo que significaba que las otras once tribus tendrían que proveer el sustento para las necesidades físicas de los levitas. Les proveerían alimento, abrigo y las necesidades temporales básicas. Mientras que las otras tribus eran libres para enriquecerse de acuerdo con sus capacidades, los levitas habían de depender de Dios y de aquellos fieles a él para su sustento. El sistema consistía en: 1) ofrendas y 2) el diezmo. Las ofrendas tenían significado ritual, pero también proveían alimentos para los sacerdotes. El diezmo era una décima parte del incremento de los bienes de una persona.

Considera: Si retengo el sostén del ministerio de Dios, ¿qué indica eso acerca de mi aprecio por el plan redentor de Dios?

III. La vaquilla rojiza (Repasa, con la clase, Núm. 19; Heb. 10:21-23 ; 13:12; Rom. 5:12-20).

Aunque tener un cuadro claro de nuestras funciones y la fidelidad financiera para sostener la obra de Dios es vital, solo el poder purificador de Dios puede limpiar nuestros motivos y calificarnos para el servicio.

Considera: ¿Cómo podía un líder, con tantos dones y siendo que estaba bien sostenido financieramente, estar comprometido con eficiencia sin la limpieza de Dios?

PASO 3: ¡Aplica!

Solo para los maestros: Al plantear las funciones distintivas de los sacerdotes y de los demás levitas, Dios afirmó sus posiciones. El llamado de Dios para cualquier tarea o ministerio es lo que hace que nuestra participación sea legítima. Si Dios está en favor de esto, ¿quién puede estar en contra? La carta a los Hebreos (Heb. 5:4) dice que el sacerdocio no es algo que debemos procurar sino algo que uno recibe de Dios, porque él lo eligió. Así sucede con los dones espirituales enumerados en el Nuevo Testamento. Aunque no es nuestra tarea elegir qué dones debería dar Dios a quién, podemos afirmar los dones que Dios ha dado a nuestros compañeros creyentes. Cuando recibimos afirmación, será menos probable que codiciemos los dones de otros. Cuando damos afirmación, el resultado es el mismo, extrañamente. ¿Por qué codiciaríamos algo de alguien que hemos afirmado en él?

Repasa los dones espirituales en preparación para la actividad que sigue: Rom. 12:6-8; 1 Cor. 12:7-10, 28; Efe. 4:11. Nota la diferencia entre dones espirituales y talentos o capacidades naturales. Los talentos incluyen: música, cocinar, diversas capacidades técnicas, arte, una voz clara, capacidades atléticas, amigabilidad, conocimiento bíblico, etc.

Actividad: Escriban notas de afirmación a compañeros de la clase, diciéndoles qué dones o talentos reconocen ustedes en ellos. Díganles cómo creen que estos talentos podrían usarse o haberse usado en la misión de la iglesia. Esto puede hacerse como una asignación: por ejemplo, pueden pedir a cada alumno que escriba algo de la persona a su izquierda, o enfrente de ella, etc., o el reconocimiento puede ser voluntario.

PASO 4: ¡Crea!

Solo para los maestros: Siendo que amamos y valoramos a nuestros hijos y nuestros nietos, exhibimos ese afecto por medio de las fotos que sacamos, que coleccionamos o que exhibimos. ¿Por qué no deberíamos demostrar, del mismo modo, cuánto valoramos y amamos la misión de la iglesia de Dios?

Actividad: Afirma los dones de tu iglesia al crear un montaje fotográfico de aquellos dones en acción. Escribe una leyenda bajo cada foto, con unas pocas palabras acerca del don que ejemplifican. Esta actividad puede hacerse como proyecto individual, pero será mucho más placentera si se hace como una actividad del grupo. Pídele a tu pastor si puedes poner este montaje en exhibición en la entrada de la iglesia, o en el salón de uso general que haya en la iglesia.


Guía de Estudio de la Biblia: Un pueblo en marcha: El libro de Números / Edición para Maestros.

Periodo: Trimestre Octubre-Diciembre de 2009
Autor: Frank B. Holbrook. B.D., M.Th. Teólogo adventista ya desaparecido. De 1981 a 1990, fue director asociado del Instituto de Investigación Bíblica de la Conferencia General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Silver Spring, Maryland. También fue Profesor de Religión de la hoy Southern Adventist University.
Editor: Clifford Goldstein

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miércoles, 11 de noviembre de 2009

Lección 7: Lucha por el poder / Comentarios de Alejandro Bullón





Comentario del Pr. Alejandro Bullón
Nació en Perú, estudió y se graduó de Teología en el Seminario de la Unión Peruana. Trabajó diez años en su país como consejero de jóvenes, y luego fue invitado a continuar el desarrollo de dicho ministerio en el Brasil. Actualmente es evangelista de la
Voz de la Esperanza. Ex secretario de la Asociación Ministerial de la División Sudamericana de los Adventistas del Séptimo Día, y evangelista para toda América del Sur. Ha escrito varios libros, tales como "Conocer a Jesús es todo", "La crisis existencial", "Tú eres mi vida" y "Vuelve a casa hijo".

Guía de Estudio de la Biblia: Un pueblo en marcha: El libro de Números / Notas de Elena de White.
Periodo: Trimestre Octubre-Diciembre de 2009
Autor: Frank B. Holbrook. B.D., M.Th. Teólogo adventista ya desaparecido. De 1981 a 1990, fue director asociado del Instituto de Investigación Bíblica de la Conferencia General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Silver Spring, Maryland. También fue Profesor de Religión de la hoy Southern Adventist University.
Editor: Clifford Goldstein

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sábado, 7 de noviembre de 2009

Lección 7: Lucha por el poder / Para el 14 de noviembre de 2009

Sábado 7 de noviembre.

Lee Para el Estudio de esta Semana: Génesis 17:10-17; Números 16; 17; Josué 4:3-9; Mateo 26:13; Lucas 22:19.

Para Memorizar: “Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu” (Prov. 16:18).

LA MULTITUD GUARDABA UN ODIO MAL DISIMULADO contra Moisés y Aarón. Vagar por el desierto hasta que la primera generación que salió de Egipto muriera parecía más de lo que podían tolerar. En lugar de someterse a Dios, algunos complotaron para librarse de los dos hermanos, como si ellos, y no Dios, fueran los responsables.

“Coré, el instigador principal de este movimiento, era un levita de la familia de Coat y primo de Moisés. Era hombre capaz e influyente. Aunque designado para el servicio del Tabernáculo, se había quedado desconforme de su cargo [...] y, por algún tiempo, Coré había estado resistiendo secretamente la autoridad de Moisés y de Aarón. [...] Por último, concibió el osado propósito de derrocar tanto la autoridad civil como la religiosa” (PP 417).

Esta lección debería recordarnos la corrupción del corazón humano. El orgullo, los celos y el amor al poder, si crecen, pueden dar frutos terribles. Solo Dios conoce cuánto dolor, sufrimiento y pérdida han resultado, y resultarán, de aquellos que permiten que esas semillas produzcan su cosecha. Aprendamos de estos errores, y no los cometamos nosotros.

Rebelión (Otra vez).
Domingo 8 de noviembre

Lee Números 16:1 al 3. Lee cuidadosamente las palabras que los rebeldes dijeron a Moisés. ¿Qué cuatro mentiras se encuentran allí?

La reacción de Moisés a este ataque (vers. 4) revela cuán frustrado debió haberse sentido por tales acusaciones distorsionadas y retorcidas, especialmente por parte de aquellos que deberían haber sabido mejor las cosas. “Pertenecían al grupo que acompañó a Moisés en el ascenso al monte y presenció la gloria divina.[...] Con la excusa de interesarse mucho en la prosperidad del pueblo, comenzaron a susurrar su descontento el uno al otro, y luego a los jefes de Israel. Sus insinuaciones encontraron tan buena acogida que se aventuraron a ir más lejos y, por último, creyeron verdaderamente que los movía el celo por Dios” (PP 419).

Otra vez vemos aquí la manifestación del pecado original de Satanás en el cielo. No importa cuán exaltados hayan sido estos hombres y príncipes, o los altos cargos que habían recibido, no era suficiente para ellos. Querían más.

¡Cuán cuidadosos debemos ser!

¿Qué otra cosa había detrás de esta rebelión? ¿Por qué, también, estas acusaciones eran totalmente falsas? Núm. 16:12-14.

Lo que es tan increíble son las palabras de estos hombres, llamando a Egipto (¡nada menos que a Egipto!) la tierra que “fluye leche y miel”. Es sorprendente cómo el pecado fue capaz de pervertir su juicio de tal modo que el país de su esclavitud se mencionaba en términos que representaban la Tierra Prometida por Dios.

¿En qué formas nos engañamos, formas en que racionalizamos o justificamos nuestros pecados y nuestros hechos malos? ¿Cómo podemos protegernos contra esta triste y peligrosa trampa espiritual?

Si Dios Creara Algo Nuevo.
Lunes 9 de noviembre

Consideren la reacción de Moisés ante estos hombres (Núm. 16:4-11). A pesar de la exaltada posición que ellos habían recibido, querían más. Moisés veía eso claramente.

Pero, más importante todavía, si observas sus palabras, parecía como si estuvieran rebelándose contra Moisés y Aarón, como si ellos dos hubieran usurpado toda esa autoridad, hubiesen sobrepasado sus límites y se hubieran exaltado por sobre todos los demás, así como si los hubiesen llevado al desierto para matarlos.

En realidad, sin embargo, ¿contra quién estaban rebelándose ellos? Núm. 16:11.

Otra vez, nos preguntamos de dónde sacaron estos hombres tales acusaciones falsas. ¿El poder de quién dividió las aguas del Mar Rojo: el de Dios o el de Moisés y Aarón? ¿Quién hizo que hubiera maná cada mañana: Dios o Moisés y Aarón? ¿Quién se encargó de la nube de día y del fuego de noche: Dios o Moisés y Aarón? Es difícil imaginarse cómo, con todo lo que habían presenciado, actuaron de esa manera.

Lee Números 16:15 al 35. Nota las palabras de Moisés en los versículos 28 al 30. ¿Qué está diciendo, que muestra cuál era el verdadero problema?

Piensa en su situación. Si estos hombres hubieran sido capaces de fomentar una rebelión más amplia, quién sabe que consecuencias podrían haber sucedido. Los hijos de Israel, apenas afirmados en Dios, fácilmente podrían haberse descarriado totalmente. Tenían que saber que Dios estaba en los controles, que Dios era quien que los estaba guiando, y que Moisés y Aarón estaban haciendo lo que Dios los había llamado a hacer, y que no estaban actuando por sí mismos. Todo eso debió haber sido obvio, pero otra vez vemos cómo el pecado tiene una manera tan fuerte de nublar nuestras mentes. El espíritu de rebelión, una vez fomentado, es difícil de apagar, y a menudo toma un gran impulso propio.

¿Cuán susceptible eres de albergar sentimientos de envidia con respecto a los que ocupan cargos o tienen autoridad sobre ti? ¿Qué puedes aprender del ejemplo de Cristo que podría ayudarte a vencer este sentimiento potencialmente dañino?

Recordativos.
Martes 10 de noviembre

La investigación arqueológica en Palestina no ha encontrado muchos materiales escritos (fuera de los rollos del Mar Muerto); no obstante, las Escrituras se refieren a una variedad de recordativos como señales visibles para traer continuamente a la memoria de Israel su significado. Por ejemplo, en Génesis 28:11 al 22, Jacob levantó una piedra como recordativo, a fin de rememorar las promesas del pacto que Dios les había hecho a él y a sus descendientes.

¿De qué manera se estableció un recordativo de esta rebelión terrible contra Moisés y Aarón? Núm. 16:36-40. ¿Qué debía hacerles recordar esto?

La mayoría de los recordativos mencionados en el Antiguo Testamento debían rememorar a Israel la voluntad de Dios: su bondad, su gracia y las bendiciones del Pacto. Señalaban a las personas que miraran a Dios, hacia arriba. Por ejemplo, el arco iris después del Diluvio (Gén. 9:13), la circuncisión (Gén. 17:10-17), la celebración de la Pascua (Núm. 9:1-14), las franjas o borlas azules en su ropa (Núm. 15:38-41) o las piedras que levantó Josué en memoria del cruce del Jordán (Jos. 4:3-9).

En contraste, las placas de bronce en el atrio fueron una recordación preventiva, para advertir a un extraño o a alguien que no fuera descendiente de Aarón que no intentara usurpar el sacerdocio. En un sentido más amplio, recordaría a la gente lo que ocurrió cuando seres humanos –racionalizando su propia avaricia, ambición y deseo de poder– se rebelaron contra Dios. Era un recordativo, que advertía a la gente que “no sea como Coré y como su séquito” (Núm. 16:40).

¿Cuáles son algunos otros recordativos que puedes encontrar en la Biblia, y cuáles fueron sus propósitos? Ver, por ejemplo, Éxodo 20:8 al 11; Números 31:54; Mateo 26:13; Lucas 22:19. ¿De qué maneras los sacrificios animales eran una especie de recordativo? ¿Qué cosas acerca de Dios y de sus promesas necesitas recordar constantemente? ¿Por qué es importante mantener sus promesas constantemente delante de ti?

Recordativos.
Martes 10 de noviembre

Deberíamos pensar que los castigos que cayeron sobre Coré, Datán, Abiram y los doscientos cincuenta príncipes habrían serenado a la congregación en el desierto. Después de todo, el fuego descendió del cielo y consumió a algunos, mientras la tierra se abría y consumía a los otros. ¿Qué más podría haber hecho Dios para mostrar su justa indignación por esa rebelión y esa apostasía directas?

Lee Números 16:41 al 50. ¿Qué debería indicarnos esto acerca de la naturaleza humana caída? ¿De qué modo la acusación de ellos reflejaba la misma acusación que Coré y los otros acababan de hacer?

Lo que este sorprendente informe debería revelarnos es que el espíritu de rebelión, entre algunos del pueblo, no había terminado con Coré. Permaneció en el campamento, aun después de todo lo que había sucedido. Es difícil de comprender cómo alguien pudo haber actuado de esa manera, especialmente después de lo que recién habían presenciado. Pero, otra vez, esto solamente sirve para mostrarnos cómo, una vez que se inicia el camino de la rebelión y la apostasía, podremos encontrarnos haciendo cosas locas e irracionales. Cuán importante es que, por medio de la gracia de Dios, reclamando sus promesas (1 Cor. 10:13; Fil. 1:6), eliminemos estos sentimientos antes de que nos conduzcan a la ruina.

Lee Números 16:48. ¿Qué significa el hecho de que Aarón se paró entre los vivos y los muertos? ¿De qué modo, nosotros, en esta escena, obtenemos una vislumbre de lo que Jesús ha hecho por nosotros?

Hay solo dos clases de personas en este mundo, los vivos y los muertos, no los físicamente muertos sino los espiritualmente muertos. “El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:18). Jesús está entre los vivos y los muertos; él es el borde, el punto de transición de uno a otro. Solo por medio de él podemos pasar de muerte a vida.
¿Estás tú entre los vivos? Justifica tu respuesta.

La Vara de Aarón que Reverdeció.
Jueves 12 de noviembre

Aunque habían muerto varios miles en la rebelión iniciada por Coré, Dios sabía que el problema del liderazgo sacerdotal todavía tenía que resolverse. Aun con todo lo que Dios había hecho, los castigos grandes y dolorosos derramados sobre los rebeldes, Dios debió haber sabido que la gente todavía estaba inquieta. Justificadamente, él podría haber eliminado a todos, aunque nunca fue su deseo hacer eso. Aun después de todo lo que había sucedido, Dios estaba todavía dispuesto a trabajar con este pueblo y a revelarle su gracia salvadora.

Lee Números 17 y responde las siguientes preguntas: * ¿Cuál fue la razón de esta prueba? * ¿De qué manera esta prueba era un medio para prevenir otras rebeliones, con los castigos resultantes? * ¿De qué modo revela la reacción del pueblo que ellos parecen haber recibido finalmente el mensaje de que solo ciertas personas podían ser sacerdotes?

No había manera de negar el milagro del florecimiento y la producción de almendras de la vara de Aarón. Los israelitas tuvieron que admitir que Dios había realizado un milagro dentro del Tabernáculo que, de una vez por todas, asignaba a Aarón y a sus descendientes la tarea de ser sacerdotes del Santuario de Dios. La tragedia es que costó tanto sufrimiento llegar a este punto. Lo asombroso es que Dios estaba dispuesto aun a hacer esto por ellos, a fin de dejar claro el mensaje.

Desde nuestra perspectiva, es muy fácil condenar y juzgar a los hebreos. No obstante, ¿qué sucede si nos consideramos a nosotros mismos, individualmente (2 Cor. 3:15)? ¿Por qué a menudo es tan difícil para nosotros aprender las lecciones que Dios procura enseñarnos? ¿Por qué, aun cuando se nos ha dado evidencias más que suficientes del amor y la gracia de Dios, dejamos de confiar en él? ¿Por qué cometemos los mismos errores vez tras vez? Pero, aún más importante, ¿por qué es vital que no procuremos justificar nuestros errores?

Para Estudiar y Meditar.
Viernes 13 de noviembre

Lee en Patriarcas y profetas, “La rebelión de Coré”, pp. 417-429.

“La rebelión y la apostasía están en el mismo aire que respiramos. Seremos afectados por ellas a menos que, por fe, apoyemos en Cristo nuestras almas desvalidas. Si los hombres son tan fácilmente descarriados, ¿cómo podrán permanecer firmes cuando Satanás personifique a Cristo y obre milagros? [...] Profesando ser Cristo, cuando es tan solamente Satanás, cuando tome la persona de Cristo y aparentemente obre las obras de Cristo, ¿qué impedirá a los hijos de Dios entregar su lealtad a falsos Cristos? ‘No vayáis en pos de ellos’.

“Las doctrinas deben entenderse claramente. Los hombres que se acepten para enseñar la verdad deben estar anclados; entonces, su navío se sostendrá contra tormenta y tempestad, porque el ancla los sostendrá firmemente. Aumentarán los engaños, y hemos de llamar a la rebelión por su nombre correcto. Debemos mantenernos firmes, con toda la armadura puesta”.–“Comentarios de Elena G. de White” (CBA 1:1.128).

Preguntas Para Dialogar:

1. ¿De qué maneras el pecado nos engaña? ¿Cómo podemos saber si el pecado nos engaña? (Después de todo, ¿no es parte del engaño del pecado hacernos pensar que realmente no estamos siendo engañados?) ¿Cómo responde la Biblia esta pregunta? ¿De qué manera otros pueden también ayudarnos?

2. Por abierta y directa que haya sido la rebelión que consideramos esta semana, ¿de qué otras maneras ese mismo espíritu puede manifestarse entre nosotros? ¿Cómo podemos reconocerla cuando surge entre nosotros, especialmente cuando está revestida de tal forma que pensamos que no estamos rebelándonos, sino que realmente defendemos lo correcto? ¿Cómo podemos descubrir la diferencia?

3. ¿Por qué los recordativos, religiosos o seculares, son importantes? ¿Cuáles son algunos recordativos seculares comunes en tu cultura, y qué representan?

Resumen: La rebelión de Coré y sus asociados contra Moisés y Aarón era tan profunda que Dios tuvo que destruirlos con un terremoto, fuego y plagas. Esto debería servirnos como advertencia contra la envidia y los celos, como lo hicieron las placas de bronce sobre el altar. Si oráramos por nuestros dirigentes, y apreciáramos lo que Dios ha hecho por ellos y por nosotros, se podría evitar que los problemas internos que sufrió el antiguo Israel nos afectaran a nosotros.


Guía de Estudio de la Biblia: Un pueblo en marcha: El libro de Números /
Edición Adultos.
Periodo: Trimestre Octubre-Diciembre de 2009
Autor: Frank B. Holbrook. B.D., M.Th. Teólogo adventista ya desaparecido. De 1981 a 1990, fue director asociado del Instituto de Investigación Bíblica de la Conferencia General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Silver Spring, Maryland. También fue Profesor de Religión de la hoy Southern Adventist University.
Editor: Clifford Goldstein

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Lección 7: Lucha por el poder / Notas de Elena de White

Sábado 7 de noviembre.

Aquellos que simpatizaron con Coré, Datán y Abiram en su apostasía, trajeron sobre sí mismos condenación y muerte. Así también será en estos últimos días. La causa de cristo será traicionada por aquellos que tuvieran la luz de la verdad y gozaron de sus bendiciones, pero se apartaron de ella. Guiados por el espíritu de las tinieblas tratarán de destruir lo que antes ayudaban a construir. Pero todas las almas temerosas de Dios comprenderán que aunque ellos digan hablar con la verdad y la justicia, no se puede confiar en ellos; sus obras y actitudes testifican que están traicionando al Señor. Incluso lo que ellos denominan como manifestaciones del Espíritu Santo no son otra cosa que los atributos de Satanás (Review and Herald, mayo 24, 1898).

En la rebelión de Coré se ven en pequeña escala el desarrollo del espíritu que llevó a Satanás a rebelarse en el cielo. El orgullo y la ambición indujeron a Lucifer a quejarse contra el gobierno de Dios, y a procurar derrotar el orden que había sido establecido en el cielo. Desde su caída se ha propuesto inculcar el mismo espíritu de envidia y descontento, la misma ambición de cargos y honores en las mentes humanas. Así obró en el ánimo de Coré, Datán y Abiram, para hacerles desear ser enaltecidos, y para incitar en ellos envidia, desconfianza y rebelión. Satanás les hizo rechazar a Dios como su jefe, al inducirles a desechar a los hombres escogidos por el Señor. No obstante, mientras que, murmurando contra Moisés y Aarón, blasfemaban contra Dios, se hallaban tan seducidos que se creían justos, y consideraban a los que habían reprendido fielmente su pecado como inspirados por Satanás (Conflicto y valor, p. 108).

Rebelión (Otra vez).
Domingo 8 de noviembre

Esos israelitas estaban determinados a resistir toda evidencia que les probara que estaban equivocados, y prosiguieron más y más en su proceder leal hasta que muchos fueron impulsados a unirse a ellos. ¿Quiénes fueron esos? No los débiles, no los ignorantes, no los faltos de inteligencia. En esa rebelión, hubo doscientas cincuenta príncipes famosos de la congregación, varones de renombre.

Acusaron a Moisés de ser la causa de no entrar en la tierra prometida. Dijeron que Dios no los había tratado así. No había dicho que debían morir en el desierto. Nunca creerían que todo había dicho así, sino era Moisés el que había dicho eso, no el Señor; y que todo había sido arreglado por Moisés para no llevarlos nunca a la tierra de Canaán.

Coré había fomentado su envidia y rebelión hasta que se engañó a sí mismo, y realmente pensó que la congregación era gente muy justa y que Moisés era un gobernante tiránico que se ocupaba continuamente de la necesidad de eso, pues eran santos.

Los israelitas pensaron que si Coré podía guiarlos y animarlos, y ocuparse de sus buenas acciones en vez de recordarles sus faltas, ellos tendrían un viaje muy pacífico y próspero, y que sin duda los guiaría no avanzando y retrocediendo en el desierto sino entrando en la tierra prometida. Decían que era Moisés quien les había dicho así. Coré, con su exaltada confianza propia, reunió a toda la congregación contra Moisés y Aarón "a la puerta del Tabernáculo de reunión" (Comentario bíblico adventista, t. 1, p. 1129).

Coré y sus compañeros en la conspiración habían sido favorecidos con manifestaciones especiales del poder y de la grandeza de Dios. Pertenecían al grupo que acompañó a Moisés en el ascenso al monte y presenció la gloria divina. Pero desde entonces habían cambiado. Habían albergado una tentación ligera al principio, pero ella se había fortalecido al ser alentada, hasta que sus mentes quedaron dominadas por Satanás, y se aventuraron a emprender su obra de desafecto. Con la excusa de interesarse mucho en la prosperidad del pueblo comenzaron a susurrar su descontento el uno al otro, y luego a los jefes de Israel. Sus insinuaciones encontraron tan buena acogida que se aventuraron a ir más lejos, y por último, creyeron verdaderamente que los movía el celo por Dios.

Los conspiradores trabajaron luego con el pueblo. A los que yerran y merecen reprensión, nada les agrada más que recibir simpatía y alabanza. Y así obtuvieron Coré y sus asociados la atención y el apoyo de la congregación. Declararon errónea la acusación de que las murmuraciones del pueblo habían atraído sobre él la ira de Dios. Dijeron que la congregación no era culpable, puesto que sólo había deseado aquello a lo cual tenía derecho; pero Moisés era un gobernante intolerante que había reprendido al pueblo como pecador, cuando era un pueblo santo, entre el cual se hallaba el Señor.

Coré reseñó la historia de su peregrinación por el desierto, donde se los había puesto en estrecheces, y muchos habían perecido a causa de su murmuración y de su desobediencia. Sus oyentes creyeron ver claramente que se habrían evitado sus dificultades si Moisés hubiera seguido una conducta distinta. Decidieron que todos sus desastres eran imputables a él, y que su exclusión de Canaán se debía por lo tanto a la mala administración y dirección de Moisés y Aarón; que si Coré fuese su adalid, y les animara, espaciándose en sus buenas acciones en vez de reprender sus pecados, realizarían un viaje apacible y próspero; en vez de errar de acá para allá en el desierto, procederían inmediatamente a la tierra prometida (Patriarcas y profetas, pp. 419, 420).

Si Dios Creara Algo Nuevo.
Lunes 9 de noviembre

Coré, el instigador principal de este movimiento, era un levita de la familia de Cota y primo de Moisés. Era hombre capaz e influyente. Aunque designado para el servicio del Tabernáculo, se había quedado desconforme de su cargo y aspiraba a la dignidad del sacerdocio. El otorgamiento a Aarón y a su familia del oficio sacerdotal, que había sido ejercido anteriormente por el primogénito de cada familia, había provocado celos y desafecto, y por algún tiempo Coré había estado resistiendo secretamente la autoridad de Moisés y de Aarón, aunque sin atreverse a cometer acto alguno de abierta rebelión. Por último, concibió el osado propósito de derrocar tanto la autoridad civil como la religiosa; y no dejó de encontrar simpatizantes...

Por algún tiempo esta obra se llevó adelante secretamente. No obstante, tan pronto como el movimiento hubo adquirido suficiente fuerza como para permitir una franca ruptura, Coré se presento a la cabeza de la facción, y públicamente acusó a Moisés y Aarón de usurpar una autoridad que Coré y sus asociados tenían derecho a compartir. Alegó, además, que el pueblo había sido privado de su libertad y de su independencia. "¡Mucho os arrogáis -dijeron los conspiradores- ya que toda la congregación, cada individuo de ella, es santo, y Jehová está en medio de ellos! ¿por qué pues os ensalzáis sobre la Asamblea de Jehová?" (Números 16:3, V.M.).
Moisés no había sospechado la existencia de tan arraigada maquinación y cuando comprendió su terrible significado, cayó postrado sobre su rostro en muda y fervorosa súplica a Dios. Se levantó entristecido, pero sereno y fuerte. Había recibido instrucciones divinas. "Mañana -dijo- mostrará Jehová quien es suyo, y al santo harálo llegar a sí; y al que él escogiera, él lo allegará a sí" (Números 16:5). La prueba había de postergarse hasta el día siguiente, a fin de dar a todos tiempo para reflexionar. Entonces los que aspiraban al sacerdocio habían de venir cada uno con un incensario y ofrecer incienso en el tabernáculo en presencia de la congregación. La ley decía explícitamente que sólo los que habían sido ordenados para el oficio sagrado debían oficiar en el Santuario. Y aun los sacerdotes, Nadab y Abiú, habían perecido por haber despreciado el mandamiento divino y ofrecido "fuego extraño". No obstante, Moisés desafió a sus acusadores a que refirieran el asunto a Dios, si osaban hacer una apelación tan peligrosa (Patriarcas y profetas, pp. 417, 421).

Recordativos.
Martes 10 de noviembre

Mientras Moisés suplicaba a Israel que huyera de la destrucción inminente, todavía podría haberse evitado el castigo divino, si Coré y sus asociados se hubiesen arrepentido y hubiesen pedido perdón. Pero su terca persistencia selló su perdición. La congregación entera compartía su culpa, pues todos, cual más, cual menos, habían simpatizado con ellos. Sin embargo, en su gran misericordia Dios distinguió entre los jefes rebeldes y aquellos a quienes habían inducido a la rebelión. Al pueblo que se había dejado engañar se le dio plazo para que se arrepintiera. Había tenido una evidencia abrumadora de que los rebeldes erraban y de que Moisés estaba en lo justo. La señalada manifestación del poder de Dios había eliminado toda incertidumbre.

Jesús, el Ángel que iba delante de los hebreos, trató de salvarlos de la destrucción. Se prolongó el plazo para obtener perdón. El juicio de Dios había venido muy cerca, y los exhortó a arrepentirse. Una intervención especial e irresistible del Cielo había detenido la rebelión de ellos. Si querían responder a la intervención de la providencia de Dios, podían salvarse. Pero aunque huyeron de los juicios por temor a la destrucción, su rebelión no fue curada. Regresaron a sus tiendas aquella noche, horrorizados, pero no arrepentidos.

Todo Israel había huido alarmado cuando oyó el clamor de los pecadores condenados que descendían al abismo, y dijo: "No nos trague también la tierra". Pero al "día siguiente toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón, diciendo: Vosotros habéis muerto al pueblo de Jehová", y estaba a punto de hacer violencia a sus fieles y abnegados jefes.
Se vio una manifestación de la gloria divina en la nube sobre el tabernáculo y salió de la nube una voz que habló a Moisés y a Aarón, diciendo: "Apartaos en medio de esta congregación, y consumirélos en un momento".

No había culpabilidad de pecado en Moisés. Por tanto, no temió ni se apresuró a irse para dejar que la congregación pereciera. Moisés se demoró y con ello manifestó en esta temible crisis el verdadero interés del pastor por el rebaño confiado a su cuidado. Rogó para que la ira de Dios no destruyera totalmente al pueblo por él escogido. Su intercesión impidió que el brazo de la venganza acabara completamente con el desobediente y rebelde pueblo de Israel.

Pero el ángel de la ira había salido; la plaga estaba haciendo su obra de exterminio. Atendiendo a la orden de su hermano, Aarón tomó un incensario, y con él se dirigió apresuradamente al medio de la congregación, "e hizo expiación por el pueblo". "Y púsose entre los muertos y los vivos". Mientras subía el humo de incienso, también se elevaban a Dios las oraciones de Moisés en el Tabernáculo, y la plaga se detuvo; pero no antes que catorce mil israelitas yacieran muertos, como evidencia de la culpabilidad que entraña la murmuración y la rebelión (Patriarcas y profetas, pp. 424-426).

Cuando Israel obtuvo victorias especiales después de salir de Egipto, se conservaron ciertos recordativos de estas victorias. Dios ordenó a Moisés y a Josué que hicieran esto mismo: edificar monumentos recordativos. Cuando los israelitas conquistaron una victoria especial sobre los filisteos, Samuel levantó una piedra conmemorativa y la llamó Eben-ezer, diciendo: "Hasta aquí nos ayudó Jehová" (1 Samuel 7:12).

¡Oh!, ¿dónde, como pueblo, están nuestras piedras conmemorativas?, ¿Dónde están establecidas nuestras columnas monumentales grabadas con letras que expresen la historia preciosa de lo que Dios ha hecho por nosotros en nuestra experiencia? ¿No podemos nosotros, en vista de lo pasado, esperar nuevas pruebas y perplejidades adicionales -aun aflicciones, privaciones y tristezas- y no desmayar, sino que, mirando hacia el pasado digamos: "Hasta aquí nos ayudó el Señor"? Yo encomendaré el cuidado de mi alma en manos del Todopoderoso como un fiel Creador. Él guardará lo que yo le encomendé para que lo guardara para aquel día. "Como tus días, serán tus fuerzas" (Mensajes selectos, t. 3, pp. 366, 367).

Entre los Vivos y los Muertos.
Miércoles 11 de noviembre

... Podemos aprender aquí lecciones preciosas de la paciencia de Jesús, el Ángel que fue delante de los hebreos en el desierto.

Su dirigente invisible los salvaría de una destrucción ignominiosa. Se prolonga para ellos el perdón. Pueden encontrar perdón aun si ahora se arrepienten. La venganza de Dios ha llegado ahora cerca de ellos y los ha llamado al arrepentimiento. Una intervención especial, irresistible, desde el cielo ha detenido su presuntuosa rebelión. Si responden ahora a la mediación de la providencia de Dios, pueden salvarse. Pero el arrepentimiento y la humillación de la congregación deben ser proporcionales a su transgresión. La revelación del poder notable de Dios los ha colocado más allá de la incertidumbre. Si lo aceptan, pueden tener un conocimiento de la verdadera posición y la sagrada investidura de Moisés y Aarón. Pero su descuido en considerar las evidencias que Dios les había dado fue fatal. No comprendieron la importancia de una acción inmediata de su parte para buscar el perdón de Dios por sus graves pecados.

Esa noche de prueba para los hebreos no la pasaron confesando y arrepintiéndose de sus pecados, sino ideando alguna manera para resistir las evidencias que les mostraban que eran grandes pecadores... Satanás estaba cerca para pervertir el juicio y guiarlos a ciegas a la destrucción. Sus mentes se habían envenenado completamente con desafecto... En su indignación estaban listos para atacar violentamente a los hombres designados por Dios, quienes, según ellos creían, habían cometido un gran error al matar a aquellos que eran buenos y santos...

Aquí encontramos una impresionante exhibición de la ceguera que envuelve a las mentes humanas que se apartan de la luz y la evidencia. Vemos la fuerza de la rebelión que se ha arraigado, y cuán difícil es someterla. Seguramente los hebreos habían tenido la evidencia más convincente en la destrucción de los hombres que los había engañado; pero todavía resistieron en forma audaz y desafiante, y acusaron a Moisés y Aarón de matar a hombres buenos y santos. "Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación" (1 Samuel 15:23) (Testimonios para la iglesia, t. 3, pp. 392-394).

Moisés aquí simboliza a Cristo. En este momento crítico Moisés manifestó el interés del verdadero pastor por el rebaño que está a su cuidado. Imploró que la ira de un Dios ofendido no destruyera completamente al pueblo de su elección. Y por su intercesión detuvo el brazo de la venganza para que no fuera exterminado completamente el Israel desobediente y rebelde. Le dio instrucciones a Aarón en cuanto a qué hacer en esa terrible crisis cuando la ira de Dios se había manifestado y había comenzado la plaga. Aarón se mantuvo de pie con su incensario, agitándolo ante el Señor, mientras la intercesión de Moisés ascendía con el humo del incienso. Moisés no se atrevió a cesar sus ruegos. Se aferró a la fuerza del Ángel, como hiciera Jacob en su lucha nocturna, y como Jacob, prevaleció. Aarón estaba entre los vivos y los muertos cuando llegó la misericordiosa respuesta: "He oído tu oración, y no consumiré completamente". Los mismos hombres a quienes la congregación despreciaba y a quienes habrían dado muerte fueron los que intercedieron en su favor para que la espada vengadora de Dios pudiera enfundarse y el Israel pecador fuera perdonado (Testimonios para la iglesia, t. 3, pp. 394, 395).

La Vara de Aarón que Reverdeció.
Jueves 12 de noviembre

Por misericordia, Dios condescendió en dar a las huestes de Israel otra evidencia, la que estaba calculada para corregir su juicio pervertido. Requirió que cada tribu tomara una vara y escribiera sobre ella el nombre de la casa de sus padres, y declaró: "Y florecerá la vara del varón que yo escoja, y haré cesar de delante de mí las quejas de los hijos de Israel con que murmuran contra vosotros. Y Moisés habló a los hijos de Israel, y todos los príncipes de ellos le dieron varas, cada príncipe por las casas de sus padres una vara, en total doce varas; y la vara de Aarón estaba entre las varas de ellos. Y Moisés puso las varas delante de Jehová en el Tabernáculo del testimonio. Y aconteció que el día siguiente vino Moisés al Tabernáculo del testimonio; y he aquí que la vara de Aarón de la casa de Leví había reverdecido, y echado flores, y arrojado renuevos, y producido almendras. Entonces sacó Moisés todas las varas de delante de Jehová a todos los hijos de Israel; y ellos lo vieron, y tomaron cada uno su vara. Y Jehová dijo a Moisés. Vuelve la vara de Aarón delante del testimonio, para que se guarde por señal a los hijos rebeldes; y harás cesar sus quejas de delante de mí, para que no mueran" (Números 17:5-10). Dios realizó un milagro que era suficiente para acallar las quejas de los israelitas y para confirmar la elección que él había hecho para el sacerdocio. Todos los notables cambios ocurrieron en la vara en una noche para convencerlos de que Dios positivamente había distinguido entre Aarón y el resto de los hijos de Israel. Después de ese milagro del poder divino, la autoridad del sacerdocio no fue más puesta en duda. Esta vara maravillosa fue preservada para ser mostrada con frecuencia al pueblo para recordarle el pasado, para impedir que murmurara y pusiera otra vez en duda a quién pertenecían legítimamente el sacerdocio. Después de que los hijos de Israel estuvieron plenamente convencidos de su error de acusar injustamente a Moisés y Aarón, como lo habían hecho, vieron su rebelión pasada en su verdadero significado y quedaron aterrorizados. Hablaron a Moisés diciendo: "He aquí nosotros somos muertos, perdidos somos, todos nosotros somos perdidos". Al fin fueron compelidos a creer la ingrata verdad, que su destino era morir en el desierto. Después de que creyeron que ciertamente era el Señor quien había dicho que no entrarían en la tierra prometida sino que morirían, entonces reconocieron que Moisés y Aarón estaban en lo correcto y que ellos habían pecado contra el Señor y justamente habían sufrido su ira (Spiritual Gifts, t. 4a, pp. 35, 36; parcialmente en, Comentario bíblico adventista, t. 1, p. 1129).

Pero se dio otra prueba de que el sacerdocio se había instituido en la familia de Aarón. Por orden divina cada tribu preparó una vara, y escribió su nombre en ella. El nombre de Aarón estaba en la de Leví. Las varas fueron colocadas en el Tabernáculo, "delante del testimonio". El florecimiento de cualquier vara indicaría que Dios había escogido a esa tribu para el sacerdocio. "A la mañana siguiente aconteció que... vino Moisés al Tabernáculo del testimonio; y he aquí que la vara de Aarón de la casa de Leví había brotado, y echado flores, y arrojado renuevos, y producido almendras". fue mostrada al pueblo, y colocada después en el Tabernáculo como testimonio para las generaciones venideras. El milagro decidió definitivamente el asunto del sacerdocio (Patriarcas y profetas, p. 426).

Para Estudiar y Meditar.
Viernes 13 de noviembre

Patriarcas y profetas, pp. 417-429

Los CASTIGOS infligidos a los israelitas lograron por un tiempo refrenar su murmuración y su insubordinación, pero aun tenían el espíritu de rebelión en el corazón, y produjo al fin los más amargos frutos. Las rebeliones anteriores no habían pasado de ser meros tumultos populares, nacidos de los impulsos repentinos del populacho excitado; pero ahora como resultado de un propósito obstinado de derrocar la autoridad de los jefes nombrados por Dios mismo, se tramó una conspiración de hondas raíces y grandes alcances.

Coré, el instigador principal de este movimiento, era un levita de la familia de Coat y primo de Moisés. Era hombre capaz e influyente. Aunque designado para el servicio del tabernáculo, se había quedado desconforme de su cargo y aspiraba a la dignidad del sacerdocio. El otorgamiento a Aarón y a su familia del oficio sacerdotal, que había sido ejercido anteriormente por el primogénito de cada familia, había provocado celos y desafecto, y por algún tiempo Coré había estado resistiendo secretamente la autoridad de Moisés y de Aarón, aunque sin atreverse a cometer acto alguno de abierta rebelión. Por último, concibió el osado propósito de derrocar tanto la autoridad civil como la religiosa; y no dejó de encontrar simpatizantes. Cerca de las tiendas de Coré y de los coatitas, al sur del tabernáculo, acampaba la tribu de Rubén, y las tiendas de Datán y Abiram, dos príncipes de esa tribu, estaban cerca de la de Coré. Dichos príncipes concedieron fácilmente su apoyo al ambicioso proyecto. Alegaban que, siendo ellos descendientes del hijo mayor de Jacob, les correspondía la autoridad civil, y decidieron compartir con Coré los honores del sacerdocio.

El estado de ánimo que prevalecía en el pueblo favoreció en gran manera los fines de Coré. En la amargura de su desilusión revivieron sus dudas, celos y odios antiguos, y nuevamente se elevaron sus quejas contra su paciente caudillo. Continuamente se olvidaban los israelitas de que estaban sujetos a la dirección divina. No recordaban que el Ángel del pacto era su jefe invisible ni que, velada por la columna de nube, la presencia de Cristo iba delante de ellos, como tampoco que de él recibía Moisés todas sus instrucciones.

No querían someterse a la sentencia terrible de que todos ellos debían morir en el desierto, y en consecuencia estaban dispuestos a valerse de cualquier pretexto para creer que no era Dios, sino Moisés, quien los dirigía, y quien había pronunciado su condenación. Los mejores esfuerzos del hombre más manso de la tierra no lograron sofocar la insubordinación de ese pueblo; y aunque en sus filas quebrantadas y raleadas tenían a la vista las pruebas de cuánto había desagradado a Dios su perversidad anterior, no tomaron la lección a pecho. Otra vez fueron vencidos por la tentación.

La vida humilde de Moisés como pastor, había sido mucho más apacible y feliz que su puesto actual de jefe de aquella vasta asamblea de espíritus turbulentos. Sin embargo, Moisés no se atrevía a escoger. En lugar de un cayado de pastor se le había dado una vara de poder, que no podía deponer hasta que Dios le exonerase.

El que lee los secretos de todos los corazones había observado los propósitos de Coré y de sus compañeros, y había dado a su pueblo suficientes advertencias e instrucciones para permitirle eludir la seducción de estos conspiradores. Los israelitas habían visto el castigo de Dios caer sobre María por sus celos y sus quejas contra Moisés. El Señor había declarado que Moisés era más que profeta. "Boca a boca hablaré con él," había dicho, y había agregado: "¿Por qué pues no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés?" (Núm. 12: 8.) Estas eran instrucciones que no iban dirigidas solamente a Aarón y a María, sino también a todo Israel.

Coré y sus compañeros en la conspiración habían sido favorecidos con manifestaciones especiales del poder y de la grandeza de Dios. Pertenecían al grupo que acompañó a Moisés en el ascenso al monte y presenció la gloria divina. Pero desde entonces habían cambiado. Habían albergado una tentación, ligera al principio, pero ella se había fortalecido al ser alentada, hasta que sus mentes quedaron dominadas por Satanás, y se aventuraron a emprender su obra de desafecto. Con la excusa de interesarse mucho en la prosperidad del pueblo comenzaron a susurrar su descontento el uno al otro, y luego a los jefes de Israel. Sus insinuaciones encontraron tan buena acogida que se aventuraron a ir más lejos, y por último, creyeron verdaderamente que los movía el celo por Dios.

Lograron conquistar a doscientos cincuenta príncipes, que eran hombres de mucho renombre en la congregación. Con estos poderosos e influyentes sostenedores se creyeron capaces de efectuar un cambio radical en el gobierno, y de mejorar en gran manera la administración de Moisés y Aarón.

Los celos habían provocado la envidia; y la envidia, la rebelión. Tanto habían discutido el derecho de Moisés a su gran autoridad y honor, que llegaron a considerarlo como ocupante de un cargo envidiable que cualquiera de ellos podría desempeñar tan bien como él. Se convencieron erróneamente, a sí mismos y mutuamente, de que Moisés y Aarón habían asumido de por sí los puestos que ocupaban. Los descontentos decían que aquellos caudillos se habían exaltado a sí mismos por sobre la congregación del Señor, al investirse del sacerdocio y el gobierno, sin que la casa de ellos mereciese distinguirse por sobre las otras casas de Israel. No eran más santos que el pueblo, y debiera bastarles el estar equiparados a sus hermanos, quienes eran igualmente favorecidos con la presencia y protección especiales de Dios.

Los conspiradores trabajaron luego con el pueblo. A los que yerran y merecen reprensión, nada les agrada más que recibir simpatía y alabanza. Y así obtuvieron Coré y sus asociados la atención y el apoyo de la congregación. Declararon errónea la acusación de que las murmuraciones del pueblo habían atraído sobre él la ira de Dios. Dijeron que la congregación no era culpable, puesto que sólo había deseado aquello a lo cual tenia derecho; pero Moisés era un gobernante intolerante que había reprendido al pueblo como pecador, cuando era un pueblo santo, entre el cual se hallaba el Señor.

Coré reseñó la historia de su peregrinación por el desierto, donde se los había puesto en estrecheces, y muchos habían perecido a causa de su murmuración y de su desobediencia. Sus oyentes creyeron ver claramente que se habrían evitado sus dificultades si Moisés hubiera seguido una conducta distinta. Decidieron que todos sus desastres eran imputables a él, y que su exclusión de Canaán se debía por lo tanto a la mala administración y dirección de Moisés y Aarón; que si Coré fuese su adalid, y les animara, espaciándose en sus buenas acciones en vez de reprender sus pecados, realizarían un viaje apacible y próspero; en vez de errar de acá para allá en el desierto, procederían inmediatamente a la tierra prometida.

En esta obra de desafecto reinó entre los elementos discordantes de la congregación mayor unión y armonía que en cualquier momento anterior. El éxito de Coré con el pueblo aumentó su confianza, y confirmó su creencia de que si no se la reprimía la usurpación de la autoridad por Moisés resultaría fatal para las libertades de Israel; también alegaba que Dios le había revelado el asunto, y le había autorizado para cambiar el gobierno antes de que fuese demasiado tarde. Pero muchos no estaban dispuestos a aceptar las acusaciones de Coré contra Moisés. Recordaban la paciencia y las labores abnegadas de éste último y el recuerdo perturbaba su conciencia. Fue menester, en consecuencia, atribuir a algún motivo egoísta el profundo interés de Moisés por Israel; y se reiteró la vieja imputación de que los había sacado a perecer en el desierto a fin de apoderarse de sus bienes.

Por algún tiempo esta obra se llevó adelante secretamente. No obstante, tan pronto como el movimiento hubo adquirido suficiente fuerza como para permitir una franca ruptura, Coré se presentó a la cabeza de la facción, y públicamente acusó a Moisés y Aarón de usurpar una autoridad que Coré y sus asociados tenían derecho a compartir. Alegó, además, que el pueblo había sido privado de su libertad y de su independencia. "¡Mucho os arrogáis -dijeron los conspiradores,- ya que toda la Congregación, cada individuo de ella, es santo, y Jehová está en medio de ellos! ¿por qué pues os ensalzáis sobre la Asamblea de Jehová?" (Núm. 16:3, V.M.)

Moisés no había sospechado la existencia de tan arraigada maquinación y cuando comprendió su terrible significado, cayó postrado sobre su rostro en muda y fervorosa súplica a Dios. Se levantó entristecido, pero sereno y fuerte. Había recibido instrucciones divinas. "Mañana-dijo-mostrará Jehová quien es suyo, y al santo harálo llegar a sí; y al que él escogiera, él lo allegará a sí." (Véase Números 16.) La prueba había de postergarse hasta el día siguiente, a fin de dar a todos tiempo para reflexionar. Entonces los que aspiraban al sacerdocio habían de venir cada uno con un incensario y ofrecer incienso en el tabernáculo en presencia de la congregación. La ley decía explícitamente que sólo los que habían sido ordenados para el oficio sagrado debían oficiar en el santuario. Y aun los sacerdotes, Nadab y Abiú, habían perecido por haber despreciado el mandamiento divino y ofrecido "fuego extraño." No obstante, Moisés desafió a sus acusadores a que refirieran el asunto a Dios, si osaban hacer una apelación tan peligrosa.

Hablando directamente a Coré y a sus coasociados levitas, Moisés dijo: "¿Os es poco que el Dios de Israel os haya apartado de la congregación de Israel, haciéndoos allegar a sí para que ministraseis en el servicio del tabernáculo de Jehová, y estuvieseis delante de la congregación para ministrarles? ¿Y que te hizo acercar a ti, y a todos tus hermanos los hijos de Leví contigo; para que procuréis también el sacerdocio? Por tanto, tú y todo tu séquito sois los que os juntáis contra Jehová: pues Aarón, ¿qué es para que contra él murmuréis?"

Datán y Abiram no habían asumido una actitud tan atrevida como la asumida por Coré; y Moisés, movido por la esperanza de que se hubieran dejado atraer por la conspiración sin haberse corrompido totalmente, los llamó a comparecer ante él, para oír las acusaciones que ellos tenían contra él. Pero no quisieron acudir, e insolentemente se negaron a reconocer su autoridad. Su contestación, pronunciada a oídos de la congregación, fue: "¿Es poco que nos hayas hecho venir de una tierra que destila leche y miel, para hacernos morir en el desierto, sino que también te enseñorees de nosotros imperiosamente? Ni tampoco nos has metido tú en tierra que fluya leche y miel, ni nos has dado heredades de tierras y viñas; ¿has de arrancar los ojos de estos hombres? No subiremos."

Así aplicaron al escenario de su esclavitud las mismas palabras con que el Señor había descrito la herencia prometida. Acusaron a Moisés de simular estar actuando bajo la dirección divina para afianzar su autoridad; y declararon que ya no se someterían a ser dirigidos como ciegos, primero hacia Canaán, y luego hacia el desierto, como mejor convenía a sus propósitos ambiciosos. Así se le atribuyó al que había sido como un padre tierno y paciente pastor, el negrísimo carácter de tirano y usurpador. Se le imputó la exclusión de Canaán que el pueblo sufriera como castigo de sus propios pecados.

Era evidente que el pueblo simpatizaba con el partido desafecto; pero Moisés no hizo esfuerzo alguno para justificarse. En presencia de la congregación, apeló solemnemente a Dios como testigo de la pureza de sus motivos y la rectitud de su conducta, y le imploró que lo juzgase.
Al día siguiente, los doscientos cincuenta príncipes, encabezados por Coré, se presentaron con sus incensarios. Se los hizo entrar en el atrio del tabernáculo, mientras el pueblo se reunía afuera, para esperar el resultado. No fue Moisés quien reunió la congregación para presenciar la derrota de Coré y su compañía, sino que los rebeldes, en su presunción ciega, la convocaron para que todos fuesen testigos de su victoria. Gran parte de la congregación se puso abiertamente de parte de Coré, cuyas esperanzas de realizar su propósito contra Aarón eran grandes.

Cuando estaban todos así reunidos delante de Dios, "la gloria de Jehová apareció a toda la congregación." Moisés y Aarón recibieron esta divina advertencia: "Apartaos de entre esta congregación, y consumirlos he en un momento." Pero ellos se postraron de hinojos y rogaron: "Dios, Dios de los espíritus de toda carne, ¿no es un hombre el que pecó? ¿y airarte has tú contra toda la congregación?"

Coré se había retirado de la asamblea, para unirse a Datan y a Abiram, cuando Moisés, acompañado por los setenta ancianos, bajó para dar la última advertencia a los hombres que se habían negado a comparecer ante él. Como multitudes los seguían, antes de pronunciar su mensaje, Moisés ordenó al pueblo por instrucción divina: "Apartaos ahora de las tiendas de estos impíos hombres, y no toquéis ninguna cosa suya, porque no perezcáis en todos sus pecados." La advertencia fue obedecida, porque se apoderó de todos la aprensión de que iba a caer un castigo. Los rebeldes principales se vieron abandonados por aquellos a quienes habían engañado, pero su osadía no disminuyó. Se quedaron de pie con sus familias a las puertas de sus tiendas, como desafiando la advertencia divina.

Entonces Moisés declaró, en el nombre del Dios de Israel, a oídos de la congregación: "En esto conoceréis que Jehová me ha enviado para que hiciese todas estas cosas; que no de mi corazón las hice. Si como mueren todos los hombres murieren éstos, o si fueren ellos visitados a la manera de todos los hombres, Jehová no me envió. Mas si Jehová hiciese una nueva cosa, y la tierra abriere su boca, y los tragare con todas sus cosas, y descendieron vivos al abismo, entonces conoceréis que estos hombres irritaron a Jehová."

De pie, llenos de terror y expectación, en espera del acontecimiento, todos los israelitas fijaron los ojos en Moisés. Cuando terminó de hablar, la tierra sólida se partió, y los rebeldes cayeron vivos al abismo, con todo lo que les pertenecía, "y perecieron de en medio de la congregación." El pueblo huyó, sintiéndose condenado como copartícipe del pecado.

Pero el castigo no terminó en eso. Un fuego que fulguró de la nube alcanzó a los doscientos cincuenta príncipes que habían ofrecido incienso, y los consumió. Estos hombres, que no habían sido los primeros en rebelarse, no fueron destruidos con los conspiradores principales. Se les dio oportunidad de ver el fin de ellos, y de arrepentirse; pero sus simpatías estaban con los rebeldes, y compartieron su suerte.

Mientras Moisés suplicaba a Israel que huyera de la destrucción inminente, todavía podría haberse evitado el castigo divino, si Coré y sus asociados se hubiesen arrepentido y hubiesen pedido perdón. Pero su terca persistencia selló su perdición. La congregación entera compartía su culpa, pues todos, cual más, cual menos, habían simpatizado con ellos. Sin embargo, en su gran misericordia Dios distinguió entre los jefes rebeldes y aquellos a quienes habían inducido a la rebelión. Al pueblo que se había dejado engañar se le dio plazo para que se arrepintiera. Había tenido una evidencia abrumadora de que los rebeldes erraban y de que Moisés estaba en lo justo. La señalada manifestación del poder de Dios había eliminado toda incertidumbre.

Jesús, el Ángel que iba delante de los hebreos, trató de salvarlos de la destrucción. Se prolongó el plazo para obtener perdón. El juicio de Dios había venido muy cerca, y los exhortó a arrepentirse. Una intervención especial e irresistible del Cielo había detenido la rebelión de ellos. Si querían responder a la intervención de la providencia de Dios, podían salvarse. Pero aunque huyeron de los juicios, por temor a la destrucción, su rebelión no fue curada. Regresaron a sus tiendas aquella noche, horrorizados, pero no arrepentidos.

Tanto los había lisonjeado Coré y sus asociados, que se creyeron realmente muy buenos, y que habían sido perjudicados y maltratados por Moisés. Si llegaban a admitir que Coré y sus compañeros estaban equivocados, y que Moisés estaba en lo justo, entonces se verían obligados a recibir como palabra de Dios la sentencia de que debían morir en el desierto. No querían someterse a esto, y procuraron creer que Moisés los había engañado. Habían acariciado la esperanza de que se estaba por establecer un nuevo orden de cosas, en el cual la alabanza reemplazarla a la reprensión, y el ocio y el bienestar a la ansiedad y la lucha. Los hombres que acababan de perecer habían pronunciado palabras de adulación, y habían profesado gran interés y amor por ellos, de modo que el pueblo concluyó que Coré y sus compañeros debieron ser buenos hombres, cuya destrucción Moisés había ocasionado por alguno u otro medio.

Es casi imposible a los hombres infligir a Dios mayor insulto que el que consiste en menospreciar y rechazar los instrumentos que él quiere emplear para salvarlos. No sólo habían hecho esto los israelitas, sino que hasta se habían propuesto dar muerte a Moisés y a Aarón. No obstante, no se percataban de la necesidad que tenían de pedir perdón a Dios por su grave pecado. No dedicaron aquella noche de gracia al arrepentimiento y la confesión, sino a idear alguna manera de resistir a las pruebas de que eran los mayores de los pecadores. Seguían albergando odio contra los hombres designados por Dios, y se preparaban para resistir la autoridad de ellos. Satanás estaba allí para pervertir su juicio, y llevarlos con los ojos vendados a la destrucción.

Todo Israel había huido alarmado cuando oyó el clamor de los pecadores condenados que descendían al abismo, y dijo: "No nos trague también la tierra." Pero al "día siguiente toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón, diciendo: Vosotros habéis muerto al pueblo de Jehová." Y estaba a punto de hacer violencia a sus fieles y abnegados jefes.

Se vio una manifestación de la gloria divina en la nube sobre el tabernáculo y salió de la nube una voz que habló a Moisés y a Aarón, diciendo: "Apartaos de en medio de esta congregación, y consumirélos en un momento."

No había culpabilidad de pecado en Moisés. Por tanto, no temió ni se apresuró a irse para dejar que la congregación pereciera. Moisés se demoró y con ello manifestó en esta temible crisis el verdadero interés del pastor por el rebaño confiado a su cuidado. Rogó para que la ira de Dios no destruyera totalmente al pueblo por él, escogido. Su intercesión impidió que el brazo de la venganza acabara completamente con el desobediente y rebelde pueblo de Israel.

Pero el ángel de la ira había salido; la plaga estaba haciendo su obra de exterminio. Atendiendo a la orden de su hermano, Aarón tomó un incensario, y con él se dirigió apresuradamente al medio de la congregación, "e hizo expiación por el pueblo." "Y púsose entre los muertos y los vivos." Mientras subía el humo de incienso, también se elevaban a Dios las oraciones de Moisés en el tabernáculo, y la plaga se detuvo; pero no antes que catorce mil israelitas yacieran muertos, como evidencia de la culpabilidad que entraña la murmuración y la rebelión.

Pero se dio otra prueba de que el sacerdocio se había instituido en la familia de Aarón. Por orden divina cada tribu preparó una vara, y escribió su nombre en ella. El nombre de Aarón estaba en la de Leví. Las varas fueron colocadas en el tabernáculo, "delante del testimonio." (Véase Números 17,) El florecimiento de cualquier vara indicaría que Dios había escogido a esa tribu para el sacerdocio. A la mañana siguiente aconteció que ... vino Moisés al tabernáculo del testimonio; y he aquí que la vara de Aarón de la casa de Leví había brotado, y echado flores, y arrojado renuevos, y producido almendras." Fue mostrada al pueblo, y colocada después en el tabernáculo como testimonio para las generaciones venideras. El milagro decidió definitivamente el asunto del sacerdocio.

Quedó plenamente probado que Moisés y Aarón habían hablado por autoridad divina; y el pueblo se vio obligado a creer la desagradable verdad de que había de morir en el desierto. "He aquí nosotros somos muertos -dijeron,- perdidos somos, todos nosotros somos perdidos." Confesaron que habían pecado al rebelarse contra sus jefes, y que Coré y sus coasociados habían recibido de Dios un castigo justo.

En la rebelión de Coré se ve en pequeña escala el desarrollo del espíritu que llevó a Satanás a rebelarse en el cielo. El orgullo y la ambición indujeron a Lucifer a quejarse contra el gobierno de Dios, y a procurar derrocar el orden que había sido establecido en el cielo. Desde su caída se ha propuesto inculcar el mismo espíritu de envidia y descontento, la misma ambición de cargos y honores en las mentes humanas. Así obró en el ánimo de Coré, Datán y Abiram, para hacerles desear ser enaltecidos, y para incitar en ellos envidia, desconfianza y rebelión. Satanás les hizo rechazar a Dios como su jefe, al inducirles a desechar a los hombres escogidos por el Señor. No obstante, mientras que, murmurando contra Moisés y Aarón, blasfemaban contra Dios, se hallaban tan seducidos que se creían justos, y consideraban a los que habían reprendido fielmente su pecado como inspirados por Satanás.

¿No subsisten aún los mismos males básicos que ocasionaron la ruina de Coré? Abundan el orgullo y la ambición y cuando se abrigan estas tendencias, abren la puerta a la envidia y la lucha por la supremacía; el alma se aparta de Dios, e inconscientemente es arrastrada a las filas de Satanás. Como Coré y sus compañeros, muchos son hoy, aun entre quienes profesan ser seguidores de Cristo, los que piensan, hacen planes y trabajan tan anhelosamente por su propia exaltación, que para ganar la simpatía y el apoyo del pueblo, están dispuestos a tergiversar la verdad, a calumniar y hablar mal de los siervos del Señor, aun a atribuirles los motivos bajos y ambiciosos que animan su propio corazón. A fuerza de reiterar la mentira, y eso contra toda evidencia, llegan finalmente a creer que es la verdad. Mientras procuran destruir la confianza del pueblo en los hombres designados por Dios, creen estar realmente ocupados en una buena obra y prestando servicio a Dios.

Los hebreos no querían someterse a la dirección y a las restricciones del Señor. Estas los dejaban inquietos, y no querían recibir reprensiones. Tal era el secreto de las murmuraciones de ellos contra Moisés. Si se les hubiera dejado hacer su voluntad, habría habido menos quejas contra su jefe. A través de toda la historia de la iglesia, los siervos de Dios han tenido que arrostrar el mismo espíritu.

Al ceder al pecado, los hombres dan a Satanás acceso a sus mentes, y avanzan de una etapa de la maldad a otra. Al rechazar la luz, la mente se obscurece y el corazón se endurece de tal manera que les resulta más fácil dar el siguiente paso en el pecado y rechazar una luz aun más clara, hasta que por fin sus hábitos de hacer el mal se hacen permanentes. El pecado pierde para ellos su carácter inicuo. El que predica fielmente la Palabra de Dios y así condena a los pecados de ellos, es con demasiada frecuencia el objeto directo de su odio. No queriendo soportar el dolor y el sacrificio necesarios para reformarse, se vuelven contra los siervos del Señor, y denuncian sus reprensiones como intempestivas y severas. Como Coré, declaran que el pueblo no tiene culpa; quien lo reprende es causa de toda la dificultad. Y aplacando su conciencia con este engaño, los celosos y desconformes se combinan para sembrar la discordia en la iglesia y debilitar las manos de los que quieren engrandecerla.

Todo progreso alcanzado por aquellos a quienes Dios llamó a dirigir su obra, despertó sospechas; cada una de sus acciones fue falseada por críticos celosos. Así fue en tiempo de Lutero, Wesley y otros reformadores, y así sucede hoy.

Coré no hubiera tomado el camino que siguió si hubiera sabido que todas las instrucciones y reprensiones comunicadas a Israel venían de Dios. Pero podría haberlo sabido. Dios había dado evidencias abrumadoras de que dirigía a Israel. Pero Coré y sus compañeros rechazaron la luz hasta quedar tan ciegos que las manifestaciones más señaladas de su poder no bastaban ya para convencerlos, Las atribuían todas a instrumentos humanos o satánicos. Lo mismo hicieron los que, al día siguiente después de la destrucción de Coré y sus asociados, fueron a Moisés y Aarón y les dijeron: "Vosotros habéis muerto al pueblo de Jehová." A pesar de que en la destrucción de los hombres que los sedujeron, habían recibido las indicaciones más convincentes de cuánto desagradaba a Dios el camino que llevaban, se atrevieron a atribuir sus juicios a Satanás, declarando que por el poder de éste Moisés y Aarón habían hecho morir hombres buenos y santos.

Este acto selló su perdición. Habían cometido el pecado contra el Espíritu Santo, pecado que endurece definitivamente el corazón del hombre contra la influencia de la gracia divina. "Cualquiera que hablare contra el Hijo del hombre, le será perdonado: mas cualquiera que hablare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado" (Mat. 12: 32), dijo nuestro Salvador cuando las obras de gracia que había realizado en virtud del poder de Dios fueron atribuidas por los judíos a Belcebú. Por medio del Espíritu Santo es cómo Dios se comunica con el hombre; y los que rechazan deliberadamente este instrumento, considerándolo satánico, han cortado el medio de comunicación entre el alma y el Cielo.

Por la manifestación de su Espíritu, Dios obra para reprender y convencer al pecador; y si se rechaza finalmente la obra del Espíritu, nada queda ya que Dios pueda hacer por el alma. Se empleó el último recurso de la misericordia divina. El transgresor se aisló totalmente de Dios; y el pecado no tiene ya cura. No hay ya reserva de poder mediante la cual Dios pueda obrar para convencer y convertir al pecador. "Déjalo" (Ose. 4: 17), es la orden divina. Entonces "ya no queda sacrificio por el pecado, sino una horrenda esperanza de juicio, y hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios." (Heb. 10: 26, 27.)


Guía de Estudio de la Biblia: Un pueblo en marcha: El libro de Números / Notas de Elena de White.

Periodo: Trimestre Octubre-Diciembre de 2009
Autor: Frank B. Holbrook. B.D., M.Th. Teólogo adventista ya desaparecido. De 1981 a 1990, fue director asociado del Instituto de Investigación Bíblica de la Conferencia General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Silver Spring, Maryland. También fue Profesor de Religión de la hoy Southern Adventist University.
Editor: Clifford Goldstein

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