sábado, 19 de diciembre de 2009

Lección 13: Ciudades de refugio / Edición para Maestros

El sábado enseñaré...

Texto Clave: “Tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. La cual tenemos como segura y firme ancla del alma” (Heb. 6:18, 19).

Enseña a tu clase a:

Saber cuál era el propósito de las ciudades de refugio para los homicidas, y las lecciones que podemos aprender de ellas acerca de la salvación.
Sentir la necesidad de huir a Cristo para tener refugio.
Hacer la decisión de aprovechar las provisiones de refugio que Dios ha provisto.

Bosquejo de la Lección

1. Saber: Ciudades de refugio

A. No solo se asignaron ciudades y tierras a los levitas sino también fueron repartidas en forma pareja entre las tierras de las diferentes tribus, pero también las ciudades de refugio estaban distribuidas regularmente entre las ciudades de los levitas. ¿De qué modo este plan de distribución ilustra el plan de Dios para la distribución de sus bendiciones?
B. ¿Qué provisiones se hicieron para los que estuvieran involucrados en homicidios y asesinatos, y cuáles fueron sus responsabilidades en el uso de estas provisiones?
C. ¿De qué modo se involucraba a la comunidad en este sistema de justicia?

2. Sentir: La presencia de Cristo, nuestro Refugio

Aunque las ciudades de refugio habían de ser usadas por los que eran acusados de asesinatos, estos símbolos ilustran nuestra necesidad crítica de refugiarnos en Cristo. ¿De qué manera esto ilustra la seriedad de nuestro pecado?

3. Hacer: Permanecer en nuestro lugar de seguridad

A. Los homicidas no solo debían apresurarse a ir a la ciudad de refugio, sino también debían permanecer allí, bajo pena de muerte. ¿Cómo ilustra esto nuestra relación con Cristo?
B. ¿De qué modo podemos nosotros, como un sacerdocio regio al servicio de Dios hoy, ofrecernos como lugares de refugio e intercesión para los que sufren alrededor de nosotros?

Resumen: No solo estaban los levitas viviendo entre las tribus de Israel para recordarles de los dones espirituales para ellos, sino también sus ciudades de refugio ilustran aún más las lecciones acerca de la justicia y la mediación de Dios.

CICLO DE APRENDIZAJE

PASO 1: ¡Motiva!

Concepto clave: A lo largo de toda la historia, Jesús es nuestro Refugio.

Solo para los maestros: Muy a menudo hemos oído que no tenemos nada que temer excepto que olvidemos cómo Dios nos ha guiado en el pasado.

Mientras los hebreos se acercaban a Canaán, Moisés les recordó las etapas del viaje. Cada etapa sería un recordativo de la conducción divina, presagiando el más detallado registro del Deuteronomio. Este registro fue el nacimiento del pueblo prometido, que viajaba hacia la Tierra Prometida. La mano de Dios podía verse en cada etapa: los milagros del cruce del Mar Rojo, el agua que salió de la roca, la construcción del Tabernáculo y el maná diario; pero también había solemnes advertencias en la revuelta de Coré y la plaga de las serpientes. ¿Quién olvidaría la serpiente de bronce y la mirada de fe que salvaba? Ahora, en los umbrales de Canaán, se añadió otro símbolo: las ciudades de refugio. Aquí había un remedio para aquellos que habían pecado, pero que no lo habían hecho por malicia premeditada.

Cristo es el refugio de todos los pecadores. Él es el Pan de Vida, la Luz del mundo, el Sacrificio sobre el altar. Es asombroso notar cuántas de las metáforas básicas para el ministerio de Cristo surgieron durante estos cortos cuarenta años.

Actividad: Canta el himno, “Peregrinos en desierto” (Nº 386 en el Himnario Adventista). El maestro puede iniciar la actividad compartiendo cómo Cristo ha sido su refugio, hablando de eventos específicos o de oraciones contestadas que demuestran el cuidado activo de Dios. Invita a otros a compartir cómo Dios ha sido para ellos un refugio (recordando momentos y eventos específicos). Luego, pide a los miembros de la clase que recuerden eventos específicos durante el éxodo y la peregrinación de Israel por el desierto que mostraban el cuidado y la misericordia activos de Dios. Entonces, analicen cómo Dios preservó la vida de Jesús en el tiempo anterior a su nacimiento y durante su infancia.

PASO 2: ¡Explora!

Comentario de la Biblia

I. Las ciudades de los levitas (Repasa, con la clase, Núm. 35:1-8).

Después de que se hubieron otorgado a la tribu de Leví las funciones sacerdotales, su vida nunca fue la misma. A diferencia de sus hermanos, los levitas no recibieron tierras. Tal vez Dios retuvo este privilegio a fin de que la adquisición de riquezas no fuera una tentación para abandonar su propósito espiritual. Su herencia era el Señor, y habían de satisfacer sus necesidades temporales a través de su servicio.

No obstante, los levitas necesitarían un lugar para vivir, un lugar para su ganado y sus huertas. Dios ordenó que las otras tribus donaran pequeños terrenos que rodeaban a 48 ciudades, para atender esta necesidad. La provisión era proporcional: las tribus mayores contribuían con más ciudades; las menores, con menos. La consecuencia natural de este arreglo era que el liderazgo espiritual de Israel estaba esparcido por toda la Nación, en lugar de estar concentrado en un solo lugar.

Considera: ¿Qué responsabilidad tiene la iglesia en atender las necesidades temporales de sus líderes espirituales? ¿De qué modo debería tratar la iglesia con los líderes espirituales que parecieran subvertir su propósito espiritual procurando obtener riquezas? ¿Cómo pueden los principios de proporción y de descentralización ser aplicados al liderazgo espiritual actual?

II. Ciudades de refugio: Cristo, nuestro Refugio (Repasa, con la clase, Núm. 35:6-34; 2 Sam. 22:3; Juan 8:10, 11; Efe. 1:7; Col. 1:14; Heb. 6:18).

El pecado, incluyendo los horrendos crímenes de asesinato, no era meramente un asunto personal, sino también constituía una ofensa corporativa a un Dios santo. Los hebreos, por lo tanto, fueron amonestados a no tolerar la “contaminación” de la tierra provocada por el “derramamiento de sangre”. Esta contaminación “corrompía” la tierra, y esta requería ser “expiada”. Por cuanto un Dios santo vivía entre su pueblo, ellos habían de mantener un ambiente “santo” para él. La presencia de Dios está, de este modo, planteada como el motivo principal para una vida santa.

En su obra clásica Christian Storytelling, A. W. Spalding comparte una leyenda que fue impresa en la Review and Herald [La Revista Adventista, en inglés], titulada: “El ermitaño y el rey”. Al principio de la historia, el rey visita a un ermitaño que vive en la miseria. Al volver repetidamente a visitarlo, el ermitaño, motivado por el regreso del rey, gradualmente es transformado de un habitante de un barrio pobre a ser el dueño de un hermoso refugio en la montaña. La presencia de Dios es así de poderosa.

Sin embargo, el celo por preservar la tierra como santa debía ser equilibrado por la misericordia hacia aquellos que accidentalmente mataran a un hombre. Por esta razón, se crearon seis ciudades de refugio. Los que hubieran matado a alguien en forma inocente podían huir a la seguridad de sus muros, y encontrar refugio. Seguiría luego un juicio para determinar los hechos de cada caso específico. Los que eran encontrados inocentes de un homicidio premeditado conservaban la vida siempre que se mantuvieran dentro de los confines de las ciudades. (Los que eran juzgados culpables eran apedreados.) Sin embargo, cuando moría el sumo sacerdote, el homicida quedaba libre. Aunque el homicida era considerado inocente, solo otra muerte podía expiar la sangre de la persona asesinada. La muerte del sumo sacerdote proveía esa expiación ritual.

Considera: La muerte del sumo sacerdote y la liberación del homicida fueron prefiguradas por la muerte y la libertad ¿de quién? Si el homicidio no fue intencional, ¿por qué era necesario que el homicida permaneciera en la ciudad en lugar de regresar a su casa inmediatamente? ¿Qué tiene el ministerio del Sumo Sacerdote celestial que nos libera de las garras del pecado? ¿De qué modo este sistema de justicia enfatiza la importancia y la santidad de la vida para Dios? ¿Qué problemas y prácticas modernos deberían ser considerados a la luz del valor que Dios le atribuye a nuestra vida?

PASO 3: ¡Aplica!

Solo para los maestros: Ninguna ciudad terrenal (por gloriosa que sea), ningún sacrificio de animales (no importa el tamaño), ningún sacerdote humano (por consagrado que sea), ningún rito sagrado que los humanos diseñen, podría al fin proveer expiación por el pecado. Cristo es la única esperanza del pecador, el único refugio seguro.

Actividad: Distribuye himnarios a la clase e invítalos a estudiar el texto de los himnos y los coros de Navidad. Pídeles que busquen frases que se relacionen con las formas en que Cristo es nuestro refugio, la expiación de nuestros pecados. Mantén una lista conjunta para la clase en un pizarrón o una cartulina grande. No pases por alto los himnos menos conocidos.

Anima a los miembros a decir cómo las frases o los conceptos (rescate, reconciliación, libertad, limpieza, etc.) de un himno seleccionado se aplican a sus propias vidas.

PASO 4: ¡Crea!

Solo para los maestros: Mientras que los escépticos debaten la confiabilidad del registro bíblico y niegan la existencia de Dios, hay una cosa que no pueden negar: el testimonio personal del creyente de lo que Dios ha hecho en sus vidas. Los argumentos apologéticos son valiosos, un razonamiento sólido es un don de Dios, pero ninguno de ellos pueden reemplazar la sencilla afirmación de lo que Dios está haciendo por ti. Si el propósito y la misión de la iglesia es hacer discípulos, no puede haber nada más importante que esto: que expresemos claramente lo que Dios ha hecho y lo que eso significa para nosotros.

Actividad: Este proyecto es bueno para una asignación de deberes para la casa, pero, dependiendo de la cantidad de tiempo dedicada al estudio, puede ser completado en la clase. Reparte hojas de papel, para escribir, e invita a los miembros a escribir un párrafo o una afirmación más larga acerca de cómo Dios ha sido el refugio de ellos. Este párrafo es su testimonio personal de la obra de Dios en sus vidas. Los temas pueden incluir una búsqueda personal de sentido, prosperidad financiera, liberación de adicciones, seguridad contra la violencia, reconciliación familiar, logros académicos, una búsqueda de la verdad, encontrar paz, empleo, etc. Concentra la atención en las promesas de Dios, las oraciones respondidas, y el perdón y la liberación del pecado. Concluye el estudio con un canto tal como “Al andar con Jesús” (Nº 238 del Himnario Adventista), o “Castillo fuerte es nuestro Dios” (Nº 255), u otro canto que enfatice la fe y la confianza en Cristo como nuestro Refugio.


Guía de Estudio de la Biblia: Un pueblo en marcha: El libro de Números / Edición para Maestros.

Periodo: Trimestre Octubre-Diciembre de 2009
Autor: Frank B. Holbrook. B.D., M.Th. Teólogo adventista ya desaparecido. De 1981 a 1990, fue director asociado del Instituto de Investigación Bíblica de la Conferencia General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Silver Spring, Maryland. También fue Profesor de Religión de la hoy Southern Adventist University.
Editor: Clifford Goldstein

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